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The Spoils of war [Presente Absoluto] - Kael Omuyaga - 22-10-2026 Día 39 de Otoño. Año 18
16:23
Los días se habían sucedido uno tras otro en aquella isla de geografía particular. El mundo de las corrientes del Grand Line era incorregiblemente diferente a cómo lo era el conocido South Blue, donde el caballero de traje y corbata había vivido toda su vida, reviviendo todos aquellos años como agente de la Marina, a la que incluso ahora servía con firmeza y lealtad, pese a que ya no formaba verdaderamente parte de sus filas como uno más entre tantos.Incluso con su línea de avance, quedándose atrás respecto al resto de sus compañeros de división, Kael seguía cumpliendo un importante papel entre los miembros de su grupo, siendo aquel que se encargaba de las cuentas, gestiones, papeles y cuestiones de oficina en aquella división tan variopinta de marines. El reciente ascenso de Stroud a comodoro suponía un nuevo avance para todos ellos, algo que pronto podría permitirles posicionarse como una división superior si continuaban granjeándose méritos en medio de aquel viaje, manteniendo la seguridad de las islas tal y como debía ser. Pero hoy no estamos aquí para hablar del epilogista, sino del motivo por el que aquel antiguo comandante de la división, ahora ascendido de rango en el brazo militar del Gobierno, había alcanzado semejante posición. Como si aquel acontecimiento no hubiese dejado de perseguirnos durante toda la estación, la eliminación de la banda de los Sepultura había supuesto una cantidad de papeleo que Omuyaga, si bien había trabajado con diligencia, consideró mucho más desorganizada de lo que cabría haber esperado. Se trataba de una banda cuyos integrantes, pese a no ser demasiado numerosos, acumulaban recompensas que, sumadas, casi alcanzaban los mil millones de berries. Algo así suponía, por descontado, un auténtico logro para todos ellos, especialmente para los tres miembros de la división que habían tenido algo que ver con semejante hazaña. Pero... ¿cómo que tres? ¿Acaso no habían sido cuatro los marines responsables de semejante buen acto para el mundo entero? Bueno, lo cierto era que el joven Omuyaga ya había supuesto que algo así llegaría a suceder, incluso días antes de que el periódico llegase a sus manos. Lo que en su día consideró una simple teoría terminó convirtiéndose en una auténtica realidad cuando lo vio con sus propios ojos: Los Sepultura, a la tumba, por obra del "espectacular y gallardo" Saint Vangelis, el comodoro Nanashi y, posteriormente, el comandante Hasegawa. El nombre del soldado raso no parecía figurar en ninguna de las páginas de aquel periódico, evidenciando así la realidad de los hechos. El Gobierno se encargaría de cubrir todas las huellas de sus actos para que estos no perjudicasen su misión. El apellido Omuyaga jamás aparecería en ninguno de los periódicos y eso... Era algo que tendría que aceptar hasta el final de sus días. Él había decidido caminar a través de la oscuridad y, por tanto, el mundo entero jamás lo vería ascender hasta que ya fuese demasiado tarde. Por suerte, aquella noticia no fue leída en la cubierta del Ford's Transit, como habría acostumbrado a hacer, sino en las calles de Meleé, donde había estado informándose poco a poco sobre el paradero de la última pieza del rompecabezas que faltaba en aquel lugar. Si había un pequeño detalle que al «marine» se le había escapado durante toda aquella cruzada contra aquellos piratas, era el paradero de su barco. Actuando discretamente, el agente del Cipher Pol encubierto se había preocupado de evitar que nadie más en la isla descubriera la ubicación de aquello que andaba buscando, tratando de burlar la curiosidad de aquellos oportunistas que, si tenían algo más de suerte, podrían adelantársele y robar lo que hubiese en la embarcación. No esperaba encontrar la bandera pirata ondeando en ningún puerto corriente, por lo que tendría que buscar...un poco más a fondo. Hasta que, finalmente, consiguió dar con el susodicho. Apenas un par de segundos después, no tardó en llamar a través de su Den Den Mushi habitual al primer compañero de su división que atendiese la llamada, avisándole del punto de encuentro donde, finalmente, había sido hallado el barco de aquella banda pirata. De este modo, podrían avisar a los marines de Water Seven para que se llevasen el navío mientras ellos requisaban todo cuanto tuviese algún valor en su interior, con el propósito de financiar el resto de la incursión hasta, por lo menos, llegar al Nuevo Mundo. —Soldado Omuyaga al habla. He encontrado el barco de los piratas de los Sepultura. Os envío las coordenadas enseguida. Puedo encargarme de la mayor parte, pero toda ayuda será bien recibida aquí. Y así, obteniendo un par de minutos de ventaja con respecto a sus compañeros, se adentró en aquella embarcación hasta alcanzar lo que entendía que debía de ser su bodega, buscando lo único que el gestor de la división podía considerar verdaderamente importante en todo aquello: el dinero.
Acciones
Barco de los Sepultura
RE: The Spoils of war [Presente Absoluto] - Juan Sebastian - 24-10-2026 Me encontraba tranquilamente en la cubierta del Ford’s Transit, haciendo una rutina habitual de ejercicios. Era un día sorprendentemente agradable para la época del año, una brisa fresca soplaba de forma constante, pero el cielo estaba completamente despejado y el contacto del sol en mi rugosa coraza hacía que el equilibrio de temperatura fuese agradable. —Un… Dos… Un… Dos… —Murmuraba para mantener el tempo de mis flexiones con un brazo, intercalando entre mi pinza y mi mano para realizar el ejercicio. Después de lo que ocurrió en la isla desde que nosotros llegamos, lo único que había perturbado la paz eran las noticias del ataque a Impel Down, las cuales leímos juntos hace varias semanas. Ver que hasta los más grandes héroes podían caer ante el mal fue un duro golpe, sabía que no debía relajarme por la paz que estábamos viviendo en estos momentos. Mis pensamientos reflexivos durante el entrenamiento fueron cortados de raíz por el característico sonido de la llamada de un Den Den Mushi. —¿Habrá pasado algo? —me pregunté a mí mismo mientras agarraba el caracolófono. Era ni más ni menos que el bueno de Kael quien se encontraba al otro lado de la línea. —¡Entendido, llamo a los chicos y ponemos rumbo hacia allí! —Le respondí justo antes de colgar la llamada. —Ahheemm… —Carraspeé con la delicadeza de una flor para que mi mensaje llegase de forma nítida al resto de compañeros que se encontraban en el barco o los alrededores cercanos. —¡¡MUCHACHOOOSSS, KAEL NOS LLAMA!! —Mi voz se transmitió por el lugar dejando un eco que se hacía lejano en el mar. Varios minutos después.
Junto al resto de la división que estaba disponible, llegué a las coordenadas que Kael nos facilitó. Allí estaba, una imponente carabela de tablones oscuros adornada con unas llamativas velas moradas y una asquerosa carabela pirata dibujada en la vela mayor. —Kael no parece estar por fuera… —Mencioné al resto del grupo con los brazos cruzados. —Tch, quién diría que fuese alguien impaciente —agregué con una sonrisa complacida mientras negaba de forma irónica con mi cabeza. Sin intención de demorarme más, me adentré también en el navío corsario, subiendo de un salto que hizo retumbar la madera bajo mis pies al aterrizar. —Buscaré algún almacén, es posible que los piratas robasen algunos materiales durante sus viajes. Me adentré en barco con una confianza perfectamente fundamentada. Estaba seguro de que solo estábamos nosotros en la zona gracias a que había expandido mi mantra hasta doscientos metros de distancia, no pretendía dejar que nada ni nadie me pillase de imprevisto. Mientras me adentraba en las habitaciones de la nave, se podía notar lo evidente, había estado varias semanas vacía, pudiendo notar cómo una capa de polvo se levantaba de forma leve con cada paso que daba sobre el suelo firme de madera oscura. Tras echar un ojo por encima de varios habitáculos, llegué a lo que parecía ser un almacén, un lugar perfecto donde guardar objetos de interés profesional. La habitación estaba bien cerrada, sin dudas el tipo de lugar donde se guardaría algo valioso. Cuando traté de abrir la manilla, la puerta no cedió, por lo que no tuve más remedio que romperla con uno de mis más poderosos puñetazos, haciéndola astillas que se mezclaron con el polvo que se levantó por el estropicio.
Cajita de Tortuga
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