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[Presente Absoluto-Viaje]Chupinazo en Mogaro... ¡Que empiece la aventura! - Kisuke Kageyama - 24-10-2026 Puerto de Ciudad Kamome, República Democrática de Mogaro, Nuevo Mundo.
7:00 de la mañana, Día 47 de Otoño, Año 18. El ruido de las olas mecía suavemente el casco del Grand Prix, con su interminable y armónico vaivén mareal, y el olor a salitre impregnaba el ambiente fresco de aquella mañana de mitad del otoño. El cielo estaba despejado, con alguna solitaria nube aquí y allá pero nada que augurase temporal, ni siquiera lluvias; el viento estaba tranquilo soplando suavemente desde el interior de la isla hacia afuera. Los rayos matutinos del sol recién desperezado de su letargo nocturno bañaban la cubierta del galeón revolucionario, pero no eran asfixiantes ni agobiantes, transmitían cierta calidez, abrazando al viajero que estaba a punto de emprender su marcha hacia nuevas islas. ¿Qué encuentros les esperarían hacia donde se dirigían?
"Bueno... después de tanto tiempo, por fin volvemos a la mar..." Kisuke había pasado la noche en vela, revisando el barco y poniendo a punto todo lo necesario para el viaje que iba a comenzar aquel día. Había citado a sus compañeros en el puerto a las ocho de la mañana de aquel día para emprender un viaje cuyo primer destino sería la isla de Foodvalten, donde tenía sede el famoso banco Goldreich, con el que Kelvin tenía una deuda desde hacía tiempo. El Comandante de la Armada Revolucionaria quería zanjar aquella cuestión cuanto antes, puesto que sabía de sobra lo celosas que eran ese tipo de organizaciones con el tema del dinero y, más que nada, sabiendo quien era el dueño del mismo, mejor no tener problemas con aquellos tipos. Tras revisar el cofre y constatar que llevaba lo necesario para el viaje, como el dinero, colocó las cartas de navegación que había estado ojeando durante la noche tras poner a punto los cabos y velámenes del gran barco, y se fijó en que había un periódico fechado unos cuantos días atrás. "Joder... He estado tan ocupado que ni siquiera he visto este periódico..." Tampoco es que fuese muy importante, puesto que la información que solía transmitir el panfleto partidista de Intha era habitualmente sesgada y curiosamente dirigida a ensalzar las "bondades" del Gobierno Mundial, por lo que de manera normal, Kisuke solía leerlo sentado en el trono de los hombres, cuando tenía un apretón, según sus propias palabras, el mejor lugar para leer semejante mierda. Encendió un cigarrillo y agarró el periódico desplegándolo para darle una lectura rápida, y, a pesar de que no quería entretenerse, ya la primera página le sorprendió al ver que habían nombrado a un gyojin como nuevo Almirante de la Marina. Un tal Fuguwu, que, al parecer, pertenecía a la división de Joe el Héroe, y que estuvo en Sabaody cuando estuvieron ellos. El antiguo pescador no sabía nada de aquel tipo, pero sentía cierta lástima por él, puesto que si le habían dado ese puesto era una maniobra totalmente política para enmascarar el racismo sistémico que había en el Gobierno Mundial hacia la gente como él, como pudo comprobar en el Archipiélago hacía unos años. "Es un movimiento inteligente por parte del Gobierno Mundial a nivel de imagen... aún así me da pena este tipo... lo están utilizando vilmente, aunque bueno, veremos a ver de que palo va... quizá nos sorprende a todos..." Más allá de la elección del nuevo Almirante, los Marines estaban haciendo una profunda reestructuración de sus divisiones, reorganizando a los Vicealmirantes. Después llegó a la foto en la que se habló de la muerte de Joe Joestar, el famoso Vicealmirante. Viso lo visto en Impel Down, con la fuga masiva, no le extrañaba que el marine hubiese fallecido, puesto que, por lo que él sabía, estaba gravemente herido tras el incidente. Le hubiera gustado poder debatir con él en algún momento, pues, por lo que tenía entendido era un tipo con sentido común y bastante abierto de mente, no como la norma general en aquella organización llena de fascistas opresores. Lamentablemente ya no podría darse; las viejas leyendas iban cayendo poco a poco. "Por eso es importante que los cachorros aprendan rápido... en cualquier momento podemos palmarla Panda o yo y se quedarían solos..." También había varias noticias referentes a movimientos de nuevas bandas piratas en el South Blue, como los Piratas Wanga, cuyo capitán Taito tenía pinta de ser un pieza de mucho cuidado y unos piratas conocidos como "Hijos de la Libertad". Aquello le hizo mostrar una medio sonrisa al antiguo pescador, pesando que ese nombre era más adecuado para un escuadrón revolucionario que para una banda pirata, pero bueno, a fin de cuentas, los piratas eran catalogados así por vivir su vida libremente sin someterse al Gobierno Mundial. Tras eso una noticia de un antiguo cazarrecompensas que al parecer buscaba venganza y se le veía un tipo duro. Siguió viendo por encima y leyendo en diagonal las noticas que no captaron su interés, hasta que llegó a la última que iba ilustrada con un trasero respingón y bien apretado por unos pantalones ajustados que dejaban poco a la imaginación. Kisuke no era un hombre muy interesado en estas cosas, pero tampoco era una estatua de piedra y se quedó un tanto impresionado ante el famoso "Superculao". -Madre mía... Tremendo buyate... El que tomo la foto tiene experiencia... Un ciudadano anónimo llamado M.B. aficionado a la poesía... Sin duda esa persona sabe lo que hace... kuhahahaha... Echó un vistazo rápido a los nuevos carteles de recompensa y corroboró sus sospechas con lo que había ido leyendo, centrando su atención en Taito y en el antiguo cazarrecompensas, que tenía una recompensa superior a los 100 millones el primero, y más alta que la de Panda el segundo. Habría que tener un ojo en ese elemento, y también en el joven Taito. "Bueno, es el momento de ponerse en marcha..." Salió a la cubierta y se cruzó de brazos subido en el mascarón de proa del Grand Prix, esperando que llegasen sus compañeros oteando el horizonte, con Yamigiri, Sembonsakura y Minazuki prendidas del cinto como siempre, y respirando profundamente mientras aguardaba fumando a que apareciesen los otros miembros de los Toros Negros.
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RE: [Presente Absoluto-Viaje]Chupinazo en Mogaro... ¡Que empiece la aventura! - Kelvin Einstein Nagumo - 24-10-2026 Y empieza el movimiento, al fin comienzan a moverse desde la isla del Reino de Mogaro, donde han estado establecidos las últimas semanas, entrenando, conviviendo y conociéndose mejor, y ahora, se empiezan a mover. El joven gigante aún tiene que aprender algunas cosas, tiene que mejorar otras y moverse con más frecuencia y fluidez, pero poco a poco va retomando la rutina, poco a poco, va sintiendo que realmente forma parte de algo, y eso es agradable, más después de todos los golpes que ha recibido cuando intentaba formar su propia división, cuando se unió a otra, iniciada por otro sujeto de gran estatura.
▻ La mente del joven se divaga en esas situaciones, en las memorias de momentos de alegría, momentos de tristeza y pesar, en toda una vida con altibajos, aunque con una mayor presencia de bajos que de altos a decir verdad, mientras se yergue de la cama. Había sido citado por su capitán en el puerto, junto a la embarcación de la división, por lo que la suya propia quedaría allí, al menos hasta que decidieran que hacer con la misma. El joven toma un trago del whisky en su petaca, no bebe en grandes cantidades, pero sí con bastante frecuencia, siendo que realmente no tiene un gran problema con el alcohol, solo que cada tanto bebe un poco de whisky, un vicio derivado de los pesares que ha vivido a lo largo de su vida, y el hecho de que se haya quedado pegado a barras de bares y tabernas incontables noches mientras pensaba como salir de aquel atolladero en el cual se hallaba. El joven se había despertado un par de horas antes del primer rayo del alba, la mentalidad de no llegar tarde, la exaltación y excitación de un nuevo viaje, hicieron que durmiera relativamente poco, pero lo poco que durmió lo durmió bastante bien. Aprovecha ese tiempo para pulir su arma, dejarla a punto, no sabe que puede ocurrir en el camino, y tampoco quiere arriesgarse a que su arma quede en mal estado o perder la costumbre por no hacerlo. El joven se encamina hacia la zona del puerto, su arma colgando de su espalda, apenas unos centímetros sobre el suelo, y sobresaliendo bastante por encima de la cabeza del gigante, lo que da un indicio del gran tamaño de la misma. En su cuello se puede ver un collar con las piedras y animales que representan a sus padres, mientras que en el bolsillo de su abrigo se esconde Mdofarak, el pequeño fenek que acompaña al gigante en sus viajes. ⇒
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RE: [Presente Absoluto-Viaje]Chupinazo en Mogaro... ¡Que empiece la aventura! - Max D. Bambú - 24-10-2026 La noche del 46 de otoño Bambú se encontraba sumergido en una interesante lectura sobre las enfermedades del mundo en el que vivía. Las correctamente documentadas, claro. A la luz de las velas, en su despacho en el cuartel, llevaba ya tres horas sin despegar el hocico de aquel manual tan instructivo sobre su nuevo hobby: la medicina, cuando una tímida llamada a su puerta le sacó de su ensimismamiento. Se trataba de uno de los rasos del cuartel, al cual invitó a pasar con una cálida sonrisa. Observó con satisfacción cómo el raso ejecutaba un saludo revolucionario de manual y asintió como signo de que el hombre podía descansar. Sin duda alguna su constante empeño por mantener las formas con su comandante estaban empezando a dar sus frutos. Era bien conocida la rectitud revolucionaria del panda y aquellos que buscaban caerle en gracia intentaban imitarle con la mayor precisión posible. Siempre había algún detalle, claro. Una mano llegaba al lateral izquierdo de la cabeza antes en lugar de alcanzar su objetivo al mismo tiempo que la otra. No resonaba adecuadamente el taconazo al final del movimiento cuando el recluta daba un pisotón para señalar con fuerza que su saludo había llegado a su término. La lengua no bailaba al aire con la airosa soltura que debería... Pero Bambú agradecía el esfuerzo y la dedicación, aunque los intentos estuvieran plagados de pequeños errores. "Minucias", como decían algunos de los capitanes más laxos. ¡Eran precisamente esos errores los que debían corregirse cuanto antes para permitir a estos jóvenes ascender y respetar al Ejército como era deb-! —Mariscal D. Bambú. —La voz del intruso resonó en toda la habitación. ¿Acababa un raso de cortar el discurso narrativo? —Dime, esto... eh... —Bambú dudó por unos instantes. Eran tantos reclutas... pero logró recordar el nombre antes de que el joven tuviera que recordárselo. —Asier, ¿verdad? —El joven asintió. Bambú sonrió complacido. —El comandante Kageyama me envía a recordarle que mañana zarparán a las ocho en punto. —¡Ah! Perfecto. Sí, creo que lo tengo anotado por aquí, en algún lado. —El escritorio estaba lleno de papeles escritos a mano con una letra pulcra, anotaciones que hacía casi de forma inconsciente mientras leía. Entre ellos, una nota que sin duda habría pasado por alto hasta altas horas de la noche, provocando que comenzase el viaje extremadamente cansado. —Sí, aquí la tengo, perfecto. ¿Algo más? —Ante su negativa, Bambú recogió los folios y los apiló en un mismo montón. Ya los repasaría en otro momento. —Entonces puedes retirarte, buenas noches. —Otro saludo, el taconazo llegó un segundo antes de que la lengua saliese, pero Bambú no hizo comentario alguno. ¿Estaba contribuyendo a que ese recluta nunca llegase a sargento? Debería haberle dicho algo. La mañana siguiente, a las siete y media de la mañana, Bambú estaba completamente vestido, desayunado y equipado para el viaje. Lo bueno de haberle dado 10 millones a los Mushoku era que su cofre gozaba de mucho más espacio ahora. Pudo meter en él todas sus armas, sus botiquines, el periódico más reciente, el cual estaba completamente enrollado y no se había animado a leer todavía y el resto de las posesiones que consideró que podían serle de utilidad, como sus cuadernos, sus lápices, sus herramientas de carpintería y algunos libros. Con todo listo y cargado sobre sus hombros como si no llevase más que un par de almohadas, Bambú salió de su hogar y se encaminó hacia el puerto de Mogaro. Allí en la distancia podía ver dos cosas con extrema claridad: El Grand Prix, un galeón gigantesco y buque insignia de los Toros Negros, y a Kelvin, un gigante galeontesco y Negro insignia de los Toros buques, o algo así. —Ah, qué diligencia, capitán, ¡y ya veo al comandante! Debo de ser el penúltimo en llegar, o el último si es que Shirohime se me ha adelantado. Pero si no es así... ¡no seré el último! —Y emitiendo repentinamente una luz propia, evidencia de que Bambú había liberado el electro de su mullido pelaje, empezó a correr a toda velocidad por el puerto. A su paso, una violenta humareda se levantaba y llenaba de polvo las calles y el puerto. A unos cincuenta metros del barco, unas pequeñas grietas se materializaron en el suelo sobre el que Bambú apoyó ambas piernas para propulsarse de un potentísimo salto, que le elevó ochenta metros en el aire y le permitió avanzar sesenta y uno. Bambú sobrevoló la enorme estatura de Kelvin y aterrizó justo delante de él, a diez metros del gigante y a cinco de Kisuke. La cubierta se tambaleó sonoramente al soportar de golpe el peso y la fuerza del panda, pero los galeones eran fuertes. —¡ESTOY LISTO COMANDANTE! —Ambas manos se propulsaron al unísono hacia su cabeza. Los pulgares buscaron las sienes mientras la lengua danzaba con total libertad en el exterior. Un taconazo firme, fuerte y sonoro anunció el culmen del saludo militar. Tome ejemplo, recluta Asier. El taconazo va después de la lengua.
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