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[T1 - Presente relativo] La profundidad de una akuma - Versión para impresión

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[T1 - Presente relativo] La profundidad de una akuma - Irina Volkov - 04-11-2023

Irina consumió su akuma no mi cuando solo tenía cinco años. En su momento fue algo realmente extraño, pues imagínate a una niña sin saber qué hacía. Llegó a desarrollar una idea de si misma un poco cruenta, "la niña de la maldición" siempre pensaba que era. Por suerte o por desgracia, no solía mezclarse con muchos niños en su infancia, la vida era solo para entrenar, trabajar y aprender el oficio de agente, su padre era algo que tenía extremadamente claro. Irina se volvería un arma de combate para el gobierno, como tal, no viviría como una humana corriente, porque en el fondo, no lo era.
—  La historia de las akuma no mi es muy siniestra, y hablo de siniestro en el aspecto de poco conocido. —  Era un anciano que acompañaba a Irina por la inmensa biblioteca de Ohara, buscando libros. —  Me resulta extraño que preguntes por algo así, aunque te parezca una locura no es tan normal que la gente se interese por este maravilloso aspecto de la naturaleza. Las akuma no mi no dejan de ser objetos preciados que son muy raros de ver. —  Sacó un libro, leyó por encima y volvió a dejarlo en su lugar. —  Todos los misterios merecen una respuesta, una búsqueda y sobre todo, un objeto de deseo. Como humanos siempre estamos sedientos de ... Deseo.
—  De sexo. —  Comentó muy bruta ella.
—  Jjejejeje, no me refería a eso jovencita, aunque también. El deseo sexual es un gran potenciador de emociones, buenas y malas y como tal nos lleva a realizar cosas que de normal jamás haríamos. Emprender búsquedas, tocar límites, aprender ... —  Lo cierto es que el hombre era un tipo sabio, sus canas hablaban por él. Irina solía respetar más a los hombres ancianos, por lo menos hasta que descartara cualquier tipo de deseo sexual hacia ella. No le gustaba sentirse siempre deseada, eso también era una losa no tan fácil de sortear en ocasiones. —  El caso, que nos vamos del tema. —  Tomó otro libro, ese tenía la figura de unas akumas particulares, en total diez y todas eran tipo "zoan" o eso ponía en la portada. —  En este viejo libro debería estar lo que buscar, akumas de tipo zoan, animales marinos ... —  Pasaba página. —  No me has querido concretar por qué quieres esta información, pero supongo que lo dejaré pasar. —  Mostraba una sonrisa encantadora el viejo. Irina no se diaba en absoluto.
—  Soy yo, es mi akuma no mi. No tengo por qué mentirse más. —  Nuevamente, seca.
—  Sí, me lo veía venir ...
—  Pues no insinúes nada más. Axolote es el animal por lo que he descubierto, es un bicho feo a más no poder, pero me gustaría saber que características tiene la akuma y el animal de ser posible. Llevo toda la vida con esta habilidad, pero nunca he sabido como sacarle partido. —  La seriedad de Irina no pareció importar al historiador, que continuó pasando página tras página sin responder a la fémina directamente.
—  La fruta que buscas es Sara Sara: modelo axolote. —    Hizo un parón. —  Es una akuma curiosa, no hay muchas zoan de tipo animal marino. ¿Podrías transformarte?
—  No. —  Finalizó.
—  Está bien, está bien, solo quería ver la transformación, no todos los días un abuelo como yo puede ver una zoan en riguroso directo jajajaja, es interesante, para mi. —  Siguió leyendo.
—  Hombre viejo, sigue con la descripción. Deja de pedir cosas absurdas, haz el favor. —    El viejo levantó la mano y siguió.
—  El axolote es una especie de anfibio caudado ambistomátido del género Ambystoma relacionado con la salamandra tigre. Aquí dice que es un animal que puede recuperar un brazo perdido, eso es regeneración ... Y también se camufla con el ambiente, como haría un camaleón. Vaya eras una mujer con suerte, supongo.— Irina le miraba extrañado, nunca supo que podría llegar hacer cosas así. ¿Sería posible? Realmente tampoco lo intentó, tan solo utilizaba la forma híbrida en combates y la completa cuando quería pasar un tiempo a solas, sin que nadie la molestara en absoluto. Lo cierto es que en misiones de infiltración, convertirse en un bicho tan pequeño le ayudaba en demasía. Se infiltraba donde fuera, en el momento que fuera y daba igual la dificultad o los guardias que tuviera la entrada y salida. Nadie sospechaba de una lagartija asquerosa. Además, muchas veces le daba por ir en forma híbrida, nadie sabía quién era y encima solía tener energía extra cuando se transformaba.
—  Me pregunto, jovencita, ¿por qué no has buscado tú este conocimiento?
— No quiero perder mi tiempo. Me sirve con que tú lo hagas y aprovecharme de ello.  —    El viejo no respondió. Simplemente asumió con la cabeza, sin decir nada. —  Soy una agente del gobierno. No puedo dejar que salgas de aquí con esta información sobre mi.
—  Me lo suponía ... —  Los pelos blanquecinos del hombre se elevaron, alejándose de un salto. Sacó un bastón. —  Lo suponía.
—  Te revelas ante la autoridad. —  El cuerpo de Irina comenzó a cambiar. Creció casi un metro, su cabeza se aplanó, creciendo en exceso y saliéndole algo parecido a antenas por los laterales de la cabeza. Su piel se volvió viscosilla, nadie tocaría eso voluntariamente. Sus manos crecieron, firmes. —  Lo siento. —  El rostro del hombre era un poema, lo que estaba viendo le alucinaba y aterraba a partes iguales. Era un monstruo de casi dos metros, con ojos que se iluminaban y emanaban oscuridad ... Vestida completamente de negro y encima buscaba descaradamente quitarle la vida. Que choque de emociones, el querer saber, el ver lo que buscaba y al mismo tiempo el tener que hacer algo para no morir. Porque moriría, eso creía él mismo.
Irina realizaría un salto poderosísimo que le elevó en el aire unos cuatro metros. Se enganchó a una de las estanterías, la cual, del peso, volcó hacia un lateral. Chocó contra otra y así sucesivamente hasta que unas cuatro hicieron efecto dominó. No fue un golpe simple, retumbó todo el maldito árbol de Ohara. Irina avanzó, ya en el suelo. El viejo dejó caer el bastón.
—  Está bien. —  Se arrodilló. —  Está bien. —  Abandonó cualquier idea de revelarse, de combatir, ni la esperanza le quedaba después de ver lo que sus ojos vieron.
Irina no lo mataría de forma simple, ella no. Le actuaría un bocado en plena cara. El grito del anciano vino precedido por clavarle un colmillo en pleno ojo y seguir masticando. La sangre empapó la sagrada madera de Ohara. Pasaron minutos, Irina seguía en estado híbrido y la cabeza del cuerpo ya muerto no estaba. Era como si la hubieran masticado hasta arrancarla. Se la había comido sin reparo alguno.
—  Los viejos tenéis mucha fibra, pero poca carne. Aunque tú tenías buena sangre. —    Se relamió con aquella lengua extensa que tenía cuando se transformaba en aquel ser del infierno. Todo creía tanto, cualquier tardaría mucho en acostumbrarse, pero es que Irina llevaba más del ochenta por ciento de su vida con la akuma, se transformaba todos los días mínimo una vez, dominaba ese “extraño” arte que dios o el diablo le había otorgado.
Tan pancha saldría por las puertas de la gran biblioteca. Tenía alguna mancha en el traje, pero ya estaba completamente transformada en humana, destacando lo menos posible. Buscaba a Daryl ¿dónde se habría metido? él sabía que Irina venía en busca de este conocimiento, el podría haberse aprovechado igual, pues a diferencia de ella, le hubiera servido mucho más, conocía menos su akuma. El poder lo determinaba todo y si el emanaba de aquella fruta, tenían que darle mucho más tiempo al conocimiento en bruto.
—  Daryl no está aquí y dijo que me esperaría. Siempre miente, como todos los hombres, que asco. —  Avanzó hasta poder contemplar desde el exterior el gigantesco árbol. Parecía que estuviera triste, pero eso era imposible, los árboles no sentían tristeza. Por un momento lo creyó Irina. —  Tengo que encontrarlo, me tiene que comprar los tacones, estos están empezando a quedar obsoletos. —  Caminaría a paso corto, sin prisa, ahora ya tenía el estómago lleno. Joder, se comió una cabeza humana, entera a bocados. ¿En qué lugar la dejaba eso? si Daryl supiera de este tipo de atrocidades probablemente la dejaría de hablar, dejaría de ser su amigo. ¿Era mucha perdida? quizás no, pero Daryl era lo único que tenía enel mundo, al menos lo único que ella sí había elegido tener.
Su fuego en los ojos se prendía con la llegada de una noche particularmente bonita. Por alguna razón la Volkov pensaba que todo la miraba, incluso la luna. Siempre que cometía sus signos religiosos, se sentía mucho más cerca de todo, sobre todo de la naturaleza. Especialmente de lo que traía la noche ... Su noche, desde luego era su zona del día favorita. Sus dioses agradecían la ofrenda más si se hacía de forma nocturna, eso ella lo sabía aunque su padre jamás se lo dijera directamente a la cara. Si ella no hubiera investigado ... En que cabeza cabe esconder ese tipo de secretos, ¿en cual? ah bueno, claro, en la del padre de Irina.



RE: [T1 - Presente relativo] La profundidad de una akuma - PX-5 - 04-11-2023

Aventura Tier 1 Completada


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