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La emoción de cazar [Presente Absoluto] - Versión para impresión

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La emoción de cazar [Presente Absoluto] - Sohem - 07-11-2023

77 de Primavera. Año 11.
Barranca profunda, Isla Toko, Corriente Daiya ~ 11:39 a.m.

Vengo de aquí



Mis pasos eran lentos y pesados tratando de acompasar al ritmo que yo mismo me marcaba con cada palmo de distancia que entablaba. Estaba sólo, como en más tiempo del que me habría gustado reconocer, pues pese a haber conocido - y hasta recordado a algunos - a unos u otros en mis andanzas, al final mi camino siempre abogaba por dejarme sólo. Dejando atrás los días, el tiempo, y ahora también... las islas. El crujir de mis pisadas en la arena de aquella barranca mantenía un crepitar casi rítmico que abogaba a conducirme a la introspección y hacerme reflexionar sobre todo lo ocurrido.
Cuando por fin me había decidido a dar el paso de tratar de buscar mis propias presas por mi propia cuenta, había acabado trabajando con un tipo... ¿cómo se llamaba? Juancar o algo así, que se transformaba en una especie de caballo. Él me había dado un soplo de un tesoro que había resultado ser la akuma no mi que ahora me brindaba fuerza y poder por encima del promedio. Desde luego que no hacerse con una de estas era una estupidez para cualquiera que fuese a entrar en el Grand Line. Después vino el evento de los Cabos Gemelos y ahí el exceso de información me bloqueó por completo el cerebro y mi capacidad de retención se fue al garete. Decenas o cientos de personas, un puñado enorme de recompensas con cifras desorbitadas que conseguía ubicar porque guardaba los wanteds. Una tripulación pirata... los piratas Miliki o algo así rezaba el periódico, nos habrían dado una paliza a todos y nuestra aventura habría terminado ahí de no ser por la intervención de un Shichibukai, Mdma no se qué, quien había terminado con los piratas aquellos de mala muerte y me había dejado un recuerdo permanente en el hombro. Si no hubiera sido por los Marines capitaneados por Joe, el culebrillas de barba extraña, - un tío que extrañamente se me había quedado en la cabeza - seguramente habría tenido que hacer de tripas corazón y subirme al barco de cualquier otro, a las buenas o a las malas, para salir de aquel lugar. También tendría que agradecer su comida y el trato médico del tal Porka, el pelirrojo ese de las gafas que parecía un kappa. Pero si habíamos llegado aquí, no había sido por ellos, así que, junto eso y haberme llevado a Mesié Papagondi estábamos en paz.

Con lo que no contaba era con encontrarme a un gigante que quisiera quitarme mi presa. Ni mucho menos con un gigante tan débil que pude tumbarlo sólo a puñetazos, cuando ni siquiera era mi fuerte ni una habilidad física reseñable o que me gustase emplear... pero era la opción más suave y menos desgastante para mi, sin duda. Y con resultados fascinantes. Llegué hasta a preguntarme si mi akuma no mi hacía algo más que el poder que manifestaba y empleaba con asiduidad - algunas veces fruto involuntario de mi mal carácter - pero suponía que no podría saberlo a menos que lo intentase. Y eso es lo que pretendía hacer: intentarlo. Había descubierto con el encuentro con el titán barbudo y calvo que mi potencial debía ser refinado, puesto a prueba y llevado hasta el límite en distintas situaciones. Y por eso estaba ahí, caminando despacio por el desierto siguiendo un reguero dispar y un rastro errático bajo la cálida y atenta mirada del astro rey, cargando mi Ein Hauch al hombro zurdo.
Estando maniatado Papagondi no podía estar lejos y gastar energía en perseguirlo con prisa sólo me sería contraproducente, cuando simplemente tenía que seguir este camino que me estaba regalando y lo acabaría encontrando cuando parase para dormir, comer, o tratar de ponerse a cubierto. Cuando lo encontrase, le partiría el cuello para evitar futuros escapes y charlas y diálogos molestos, y lo cargaría como antes hacia cualquier punto de intercambio para cobrar su recompensa. Esa recompensa la usaría para comprar mi entrada a un gran gremio, y ahí intentaría respaldarme con otros miembros para cazar presas que pudieran ponerme a prueba y descubrir mi verdadero potencial, y con suerte... poder indagar más sobre mis habilidades con gente con renombre y poder para tratar de ubicar los umbrales y límites de mis capacidades. No iba a lanzarme a la aventura en solitario, pero no me iba a rebajar a renunciar a lo que por derecho ahora era mío, aunque tuviera que arrasar el pueblo al que llegase para esconderse. Sin testigos, no habría delito alguno.

Sólo era cuestión de horas que pudiera dar con él. Y lo iba a atrapar.