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[PASADO] Recuerdos pasados por agua. - Ariel - 13-11-2023 Tal vez sea porque necesitaba refugiarme mentalmente, tal vez la nostalgia se apoderó de mí sin ningún motivo, o tal vez el cansancio de un largo día me hizo recordar un momento agradable para reconfortarme, ¿Quién sabe? El caso es que esa noche, dejándome llevar por las corrientes mientras miraba el cielo estrellado desde debajo del mar empecé a recordar. Aún recuerdo con nitidez el día en que mi padre me llevó a mi primera cacería en solitario, otra de sus pruebas para convertirme en una asesina sin piedad ni criterio propio...
Aquél día desperté tras una larga noche inquieta, nerviosa por lo que el día me deparaba, estaba ansiosa y emocionada por demostrar mis habilidades, y con ellas ganarme la aprobación de mi padre. La corriente salada del océano acariciaba mi escamosa piel según nadabamos hacia aguas más profundas, donde mi padre sabía que deambulaba una manada de jabalíes marinos, nunca había cazado presas tan grandes, pero papá me tranquilizó al decirme que fuera a por una cría, con eso sería suficiente, aunque yo me habría atrevido a ir por un adulto, pero en ese momento solo seguía órdenes.
El sol brillaba intensamente en el cielo, y la luz se filtraba a través del océano, reflejándose en mis escamas y haciéndolas resplandecer con un brillo azulado, era algo que me encantaba ver. En ese momento recuerdo que mi padre me miró con orgullo, tal vez porque sabía que su hija había sido entrenada meticulosamente y que demostraría su valía en solitario, o tal vez porque estaba a punto de presenciar como su obediente hija hacía exactamente lo que él le había ordenado... Yo prefiero creer que es lo primero... Nuestro nado sincronizado se detuvo en medio del océano, frente a nosotros solo la inmensidad azul se extendía. Papá me indicó que me sumergiera para esconderme y poder sorprender y cazar a mi propia presa. No era una tarea sencilla, según mi padre, ya que los jabalíes marinos eran conocidos por su gran fuerza, aunque eran pacíficos si no se les molestaba.
Ariel se escondió entre unas altas algas en el agua con gracia, fusionándose con el entorno lo mejor que pudo. Nadé hasta allí con gran determinación, era mi momento de lucirme y demostrar de lo que era capaz. Fue entonces, entre los gruesos tallos de las algas, que detecté un movimiento cercano, era la silueta masiva de una cría de jabalí marino nadando en las profundidades, acercándose a las algas en las que estaba oculta de forma lenta pero inevitable. La emoción y la adrenalina empezaron a inundarme, incluso empezaba a salivar, no solo era mi primera caza en solitario, también era mi primera vez cazando jabalíes marinos.
Con sigilo me deslicé entre las ramas de aquel bosque de algas, me acerqué sigilosamente a la criatura perdida. La cría de jabalí marino no parecía consciente de mi presencia ni de mis movimientos para acercarme. Con un movimento preciso, me lancé hacia adelante a alta velocidad, clavando mis afilados dientes en la parte posterior del cuello del jabato submarino. Hubo una lucha intensa, la cría de jabalí se revolvía y trataba de liberarse, pero yo mantuve la firmeza de mi mordisco, cerré mi mandíbula como si de un cepo se tratase, perforando la gruesa piel del animal. Después de una serie de movimientos calculados logré someter a la criatura, que dejó de debatirse cuado la sangre comenzó a abandonar su cuerpo por la herida que le había provocado mi dentellada. Agarré por el hocico al pobre jabato y nadé hacia el bosque de nuevo, avisando a mi padre para que supiera que la caza había concluido y había sido un éxito, el primero de muchos, de demasiados incluso.
Mi padre nado para ocultarse también entre las algas conmigo y recuerdo como me recibió con una mezcla de asombro y satisfacción en su rostro. No había duda de que había demostrado, no solo mis habilidades para la caza, sino también mi determinación. La carne de mi presa se convirtió en el festín de la noche, y descubrí que el sabor de esta criatura marina era excelente, al momento de hincarle el diente para matarlo no me di cuenta, por la situación estaba más centrada en acabarlo rápido que en saborear su carne, pero sin duda ese sabor se ha mantenido como mi favorito a lo largo de los años.
Hace demasiado que no pruebo uno de esos jabalíes marinos, tal vez debería buscar alguna manada y compartir una gran presa con... Un momento, ¿Compartir?
La idea dibujó una sonrisa en mi rostro, compartir. Tras tantos años al fin podía compartir.
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