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[FIC] - Juguete roto. - Erika Storm - 28-11-2023 Water 7
Isla Chatarra
Hace 17 años.
Aquel lugar era el único patio de recreo de Erika. El único sitio donde podía sentirse una niña pequeña y divertirse. Quizás no eran juguetes, quizás no había más niños de su edad para jugar, pero eso a ella le daba igual. Con tan solo sentarse en algún sitio de aquel destrozado sitio, coger 2 cosas metálicas, Erika soltaba rienda suelta a su imaginación. Y ahora encima, iba a poder hacerlo todo el tiempo que ella quisiese, puesto que decidió abandonar su hogar, dejando atrás a su madre, la cual tenía una botella de alcohol siempre en la mano y no prestaba atención a su hija. Y también su padre, el cual, directamente, no sabía nada de él. El poco conocimiento que retenía en su mente es que es un ladrón. Erika no era consciente de lo que estaba haciendo, pero para ella era algo normal. Simplemente, abandonó su sitio porque no le proporcionaba nada. No conocía el amor, no conocía el cariño, no conocía el calor humano. Solo conocía él estar sentada en una esquina de una casa sin hacer nada, salir alguna vez que otra a la calle, sin supervisión adulta, solo salir, rebuscar en la basura y poco más. Así 10 años. Toda su niñez así. Erika no sabía lo que hacía ni a donde iba, pero le daba igual. No conocía el peligro real de la vida, lo que suponía que una niña de su edad andara por ahí sola, ni el tipo de gente que había en el mundo. Le daba todo igual. Con una camiseta con un rayo estampado en el pecho, pantalones negros de chándal y unas zapatillas rosas, pero destrozadas, también dejando ver en su cara y brazos, manchas de suciedad, y su pelo totalmente revuelto y despeinado, teniendo un azul muy poco saturado, llegando incluso al tono cercano del gris, Erika llegó a isla Chatarra sola. El sol estaba escondiéndose en el horizonte del océano, haciendo que toda la zona adquiriera un tono anaranjado brillante debido a todos los metales y herramientas que cubrían todo el suelo. No había nadie por allí, tan solo Erika estaba estática de pie, contemplando el sol, puesto a que nunca había visto algo igual de bonito. Agachaba la cabeza lentamente para mirar alrededor suyo, estaba rodeada de basura y chatarra. Se agachó despacito, y cogió dos trozos, los cuales parecían que habían sido arrancados de algún tipo de maquinaria, literalmente, tan solo eran dos placas metálicas rotas. Pero para Erika, aquello era un mundo. Cogiendo una en cada mano, estiró los brazos y los colocó horizontalmente para empezar a correr. Erika hacía ruidos muy raros, difíciles de acertar, para saber que es lo que estaba imitando. Pero lo que sí hacía era agitar ambos brazos, de arriba a abajo y viceversa. Estaba imitando el vuelo de un pájaro. Solo corría en círculos mientras hacía aquellos ruidos extraños, ella sola. Lo más curioso de esto, es que Erika estaba sonriendo mientras lo hacía. Sabía que los pájaros vuelan debido a que los veía a través de una de las ventanas de su casa, y, de milagro, su madre le contó algo de ellos. Le fascinaba que un pájaro pudiera ir por el cielo sin limitaciones. Quizás, al irse de casa y estar allí, pudiera que se sintiera de la misma manera. Se sentía libre. Tras unas cuantas vueltas, paró lentamente, y tiró las dos placas al suelo. Volvió a buscar alrededor suya, dando pasitos pequeños y girando la cabeza de lado a lado, con una expresión muy neutra en su rostro. Se fijó en una pieza que tenía una forma muy particular. De nuevo, parecía que la habían arrancado de algún sitio, era peligroso, tenía zonas afiladas. La forma que tenía a primera vista era extraña, pero a lo que más se asemejaba era... una pistola. Esto Erika lo reconoció enseguida. De las pocas veces que veía a su padre pasar por casa, este llevaba encima una especie de revolver oxidado y feo, que dejaba encima de la mesa sin cuidado alguno, el cual usaba para amenazar a su esposa delante de Erika, pero ella solo veía como ese hombre empuñaba el arma y como la usaba a veces para disparar al techo o la casa en general. Esa era la imagen que tenía en su cabeza. Así que cogió aquel trozo de metal e hizo lo mismo que su padre, solo que ayudada de las dos manos. Comenzó a correr lentamente y con cuidado, puesto a que la pieza era pesada para ella, pero eso no frenó sus ganas de "jugar" con aquello. En aquel sitio no se escuchaba nada más que el sonido del océano de fondo y la pequeña de voz de Erika - ... pam ... pum ... - mientras jadeaba de cansancio, pero por algún motivo, no quería parar. De repente, en un movimiento algo más brusco de lo normal, se hizo un corte en la palma de la mano izquierda, la cual usaba para sujetar "la culata" de la placa metálica. Inmediatamente, la soltó - auch... - dijo mientras miraba sangrar la herida poco a poco. Por alguna razón, Erika se quedó estática mirándola. Su rostro era el mismo que hasta ahora, con una expresión neutra, la cual no podía decir nada, no reflejaba ningún tipo de sentimiento. Bajó el brazo sin mucho miramiento y prosiguió su búsqueda. Pero ahora, no estaba buscando ningún trozo de metal para jugar. Los ignoraba completamente. Estaba buscando otra cosa. No fue hasta unos metros más adelanté, que vio algo - ¡...ah...! - Exclamó muy bajito y salió corriendo de una manera muy débil. Encontró lo que parecía una caja, con unas telas rotas, las cuales estaban totalmente manchadas y llenas de suciedad. Rebuscó bien con su mano derecha, sacándolas lentamente afuera con su mano derecha, descartando las telas más grandes, hasta que dio con una que más o menos le convenció, del tamaño de un trapo de cocina. Lo usó para limpiarse la sangre de la herida de su mano izquierda. Empezó apretando de manera flojita, unas cuantas veces, hasta que vio toda su mano ensangrentada totalmente debido al trapo. A continuación, rodeó con el trapo toda la mano para tapar así la herida. No sabía hacerse un nudo, así que simplemente apretó cerrando su pequeño puño. Con una mano menos, Erika ya no podía jugar como ella quería - jo... - suspiró. Cogió una de las telas grandes con la mano derecha y avanzó unos cuantos metros arrastrándola, muy despacito, evitando tropezarse con toda la chatarra de allí, hasta que vio una gran caja metálica, era una caja fuerte que estaba abandonada y con la puerta abierta, la cual miraba hacia el mar. En su interior, más metales y basura. Una a una, Erika comenzó a quitar todo de allí dentro para dejar hueco, para finalizar con un débil soplido, en un intento de quitar el polvo y basura diminuta que quedaba por allí. Erika se metió dentro de ella, era demasiado grande y ella muy pequeña, cabía perfectamente en aquel hueco. Se tumbó como buenamente pudo, tapándose con aquella tela sucia, arrugada y rota, mirando de nuevo al sol, el cual estaba ya prácticamente escondiéndose en el horizonte del océano. Erika, una vez más, con una expresión neutra, solo contemplaba aquella bella vista que estaba teniendo. Seguía sin entender nada, sin entender la gravedad de la situación en la que se encontraba. Estaba sola, en un sitio para nada, poco peligroso, sin compañía de nadie, y entrando la noche. Apretando el pañuelo de la mano izquierda, la cual tenía la herida, y acurrucándose como mejor podía, tenía pensado totalmente pasar la noche allí. - ... Frío ... - Dijo.
RE: [FIC] - Juguete roto. - Erika Storm - 20-12-2023 La noche pasaba. El frío cada vez era más fuerte. Aquella caja fuerte abandonada en la playa no era suficiente para intentar entrar en calor junto a una pequeña tela rota. Pero eso le daba igual a Erika. Se durmió. Quizás la costumbre de dormir en las mismas condiciones donde creció hizo en ella que fuera algo normal y común. A pesar de estar en una zona completamente peligrosa, la noche pasó rápidamente, sin ningún problema, nadie fue allí de madrugada, por lo que estuvo a salvo durmiendo. Con los primeros rayos del sol saliendo, e impactando directamente en la cara de Erika, la pequeña se despertó refunfuñando y gruñendo por la incomodidad que la luz proyectaba en su rostro - gñgñgñ - Se la escuchaba levemente. Intentó cubrirse con la tela rota, escondiendo su cabeza dentro de ella, pero era demasiado fina como para impedirlo. Comenzó a dar vueltas como pudo, pero ya era tarde, la luz del sol cada vez iba a más, y además comenzaba a calentar aquella caja metálica, por lo que la sensación al estar allí dentro era muy incómoda. Erika salió de allí, dejando la tela caer al suelo, y acto seguido frotarse los ojos con sus pequeños puños - quiero dormir más - gruñía mientras ponía cara de culo. No se dio cuenta de que aún llevaba la otra tela con la cual tapó la herida de la mano, por lo que se manchó la cara aún más, dejando en ella un poco de sangre oscura, ya seca. Comenzó a mirar a sus laterales, moviendo la cabeza, como si no se acordase de que durmió allí, pero no la importaba mucho. Miró detrás de ella, por el cual podía verse la gran ciudad en lo alto - tengo hambre, jo - miraba con tristeza. Comenzó a andar lentamente hacia allí. Ella no era consciente de lo que hacía. No sabía que era una niña marginada para el resto de gente "normal", una sin techo, un lastre, una delincuente, daba igual que fuera una niña pequeña, ella no iba a ser bien recibida en la gran ciudad. Pero como no podía saberlo, siguió adelante, hasta llegar a una de las rampas que subía hacia la parte alta de la ciudad. Se quedó mirándola con asombro, era muy grande. Dicha rampa conectada con una de las fábricas de astilleros y carpinteros de la isla. Podía verse como desde temprano los trabajadores ya estaban manos a la obra, preparándose para la jornada laboral. Erika miraba como podía a la gente que había por allí - oe... ¡oe! - gritaba sin ningún tipo de respuesta, puesto que con el ruido de las maquinarias, jaleo y demás no se la llegaba a escuchar. Erika comenzó a entristecerse. Empezaba a sentirse mal y estaba muerta de hambre. Así que decidió tirar hacia delante ella sola, subiendo por una escalera que había al lado de la rampa para ir más segura, la cual llevaba a una pequeña garita en la que había un guarda, el cual estaba leyendo el periódico sin prestar mucha atención. Erika dio un par de golpecitos al cristal para llamar su atención, y resultó efectivo. Aquel hombre giró la cabeza lentamente, y cuando vio a la pequeña Erika despeinada, con la ropa y cara sucias, y la sangre en el pañuelo de su mano - ¡Pero bueno! - Se sorprendió aquel hombre, el cual se levantó rápidamente para abrir la puerta, y poniendo sus manos encima de los hombros de Erika le preguntó - ¿¡Que haces así, estás sola, donde están tus padres!? - Preguntaba confundido el guarda. Erika le miraba con cara triste, pero parece ser que no entendía bien lo que decía - Tengo hambre... - Dijo mientras se llevaba su mano izquierda a su barriga. Aquello puedo entenderlo el hombre - ¡Claro, ven! ¡Pasa, tengo galletas! - Le dijo efusivamente. Erika entró a la garita con alma en pena, mirando las cosas que había allí dentro. No sabía donde estaba, ni que hacía allí, solo miraba al hombre, el cual le prometió unas galletas - ¡Dame un segundo, tengo aquí también leche caliente! - Realmente, aquel guarda quería ayudarla. RE: [FIC] - Juguete roto. - Erika Storm - 23-12-2023 Aquel hombre comenzó a echar en una taza leche caliente de una cafetera, incluso tenía allí un propio fogón para hacer este tipo de cosas, era un hombre bien apañado - ¡Ten pequeña, come algo! - Dejo la taza y la bolsa de galletas encima de la mesa, para a continuación, coger a Erika y sentarla en la silla, puesto que ella no se movía - ¡Come cuanto quieras! - Erika miró aquel alimento con confusión, sobre todo la bolsa de galletas - ¿Qué es eso? - Preguntó extrañada, mirando al guardia, el cual, puso cara totalmente de asombro ante sus palabras. Le parecía inaudito que una niña pequeña no supiera lo que son unas simples galletas - Oh... pues, ¡mira! ¡Pruébala, están muy ricas y dulces! - dijo sacando una de la bolsa y ofreciéndosela a Erika para que ella misma la cogiera con la mano. La pequeña no se lo pensó mucho y así lo hizo, dándole un pequeño mordisco a la galleta, masticándola y probando un nuevo sabor para ella. Erika miró al guarda con una sonrisa de oreja a oreja - ¡Tá rica! - decía mientras movía las piernecitas, que le colgaban de la silla. Se acercó el vaso de leche y le pego un pequeño trago - ¡ay, tá caliente! - ¿Alguna vez has tomado una taza de leche? - Xi, de vez en cuanto la tomaba en casa - El hombre se llevó la mano derecha al pelo para comenzar a rascarse con cada de duda - ¿De dónde ha salido esta niña? - Pensaba una y otra vez - Quédate aquí desayunando tranquila, que voy a hablar con un amigo, ¿vale...? No me sé tu nombre, ¡Yo me llamo Frank! - Dijo amablemente para poder saber más de ella - Yo Erika - Contestó mientras seguía comiendo galletas y el vaso de leche. El guarda salió de la garita pensativo, no sabía qué hacer con esta situación - ¡Oye, Charl! - Gritó a otro hombre, el cual se acercó a él, mientras miraba unos papeles - Dime - Frank señaló a la garita sin decir ni media palabra a su compañero, el cual dejó de mirar sus cosas para observar a Erika, la cual desayunaba tranquilamente - Ha venido sola, completamente sucia y desaliñada, no sé qué hacer ¿Llamo a los marines? - Su colega le miró fijamente con cara de preocupación - Haz lo que tengas que hacer, pero no puede estar aquí. Que termine de desayunar y bien o se la llevan o se va ella sola, no es nuestro problema, Frank - Dijo mirando de nuevo los papeles -¡No podemos dejarla sola, es una niña pequeña que no sabe ni donde está! - Me da igual. Este sitio es un astillero, no una guardería ¿Entendido? - Frank apretó los puños con impotencia y miró a otro lado, chasqueando la lengua - Vale - Sin media palabra, el otro hombre, el cual parecía un superior, se fue por donde vino sin darle más importancia. Frank entró de nuevo a la garita, de manera lenta y apenada, cerrando la puerta y mirando de reojo a Erika, la cual, se percató de su presencia - ¡Tan muy buenas, señor! - Le dijo con una sonrisa enorme. Frank suspiró cabizbajo, y se puso al lado de la silla donde Erika estaba sentada, agachándose para estar así más cerca de ella - ¡Erika! Cuando termines de desayunar, vamos a ir a un sitio guay, te llevaré con una gente que quizás pueda ayudarte, ¿vale? Yo no puedo hacerlo, estoy trabajando - Dijo agachando la cabeza, sintiéndose culpable y mal por lo que iba a hacer, pero esto Erika no lo entendía, por lo que ella solo se limitaba a decirle lo que le interesaba - ¿Puedo llevarme más galletas? - Preguntó comiendo de nuevo otra galleta y moviendo sus piernas. Frank se mordió los labios para intentar aguantar los modales - ¡S...Si! ¡Claro que puedes, nos llevaremos toda la bolsa! - Erika empezó a agitar su cabeza en señal de felicidad por la respuesta. Por contraparte, Frank se llevó sus manos a la cara totalmente disgustado y apenado. RE: [FIC] - Juguete roto. - Erika Storm - 29-12-2023 Tras terminar de desayunar, Frank ayudó a Erika a bajar de la silla - Espera aquí, dame un minuto que recoja y nos vamos, ¿te parece bien, Erika? - Dijo en un tono entristecido mientras limpiaba la mesa de las migas de galleta que dejó Erika - ¡Toma! - Le dijo Frank a la vez que le daba la bolsa con las galletas a Erika - Gasias - Esperando al lado de la puerta, con la bolsa en la mano derecha, Erika espero a que terminase aquel hombre. Se la notaba como siempre, completamente distraída, sin ser consciente de nada, solamente se dejaba llevar. Esto era un problema, y Frank se dio cuenta de ello: A pesar de tener ya una edad - 10 años - Erika era demasiado inocente y vulnerable, no podía dejarla sola en la calle de ninguna manera. Tras terminar con todo, se puso su chaqueta negra y salió por la puerta - ¡Vamos, Erika! - Le dijo dándola paso a ella primero, saliendo después él y cerrando con llave su garita. Se agachó, doblando las rodillas, para estar a la altura de la pequeña - Vamos a ir a la ciudad a visitar a una gente ¿Vale? - Erika asintió con la cabeza sin decir palabra - ¿Alguna vez has estado en el centro de la ciudad? - Esta vez, negó con la cabeza. Estas preguntas servían a Frank para más o menos hacerse una idea de donde podía venir Erika, aunque la negativa de que nunca estuvo en el centro de la ciudad ya le hacía saber casi al 100% el motivo por el que estaba sola - Vamos a salir por la puerta grande del astillero, sígueme - Le dijo con calma, dirigiéndose hacia la puerta grande metálica de aquel sitio. Durante el trayecto, algunos de los trabajadores miraban a Erika fijamente. Unos con cara de pena y preocupación, otros con desprecio, como si de un bicho raro se tratase. Frank se percató de esto y se acercó a Erika un poco más - Dame la mano por seguridad - Pensaba que haciendo este gesto, la gente pensaría que era su hija o familiar o algo, y eso haría sentir a Erika mejor. Pero nada más lejos que la realidad, puesto que ella no se enteraba de nada, solo caminaba mirando al frente, y esta vez dándole la mano a Frank. Tras unos momentos algo angustiosos para el guardia, salieron de allí, no sin antes informar a su otro compañero que estaba en la entrada, que tenía que hacer una cosa, mandado por un superior. Frank y Erika avanzaron unos cuantos metros por la calle ancha en la cual estaba situada el astillero. A medida que se alejaban, el sonido de aquel sitio se iba desvaneció y otro nuevo aparecía, el ruido de la multitud, el ruido de la calle, de los comercios, del mercado... Esto no pasó desapercibido para Erika, la cual se iba fascinando cada vez más por ver aquel lugar lleno de vida. Aun dando la mano a Frank, esta tiraba cada vez más, quería salir corriendo para contemplar las cosas con más detalle - ¡Oye, Frank, vamos a ver eso de ahí! - decía con entusiasmo. Pero Frank no la soltaba - Sí, Erika... pero vamos a ir despacio, primero tenemos que lavarte la cara - Decía preocupado. Sabia que en cualquier momento, el lado mas terrible e inhumano de las personas, iba a salir a la luz. |