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[FIC] Un rutina común. - Kald Viskn - 21-12-2023 El sol apenas se alzaba sobre el horizonte, pintando el cielo con tonos cálidos que acariciaban la base militar de la Marina donde Kald Viskn, el Lunarian alado y un poder latente que estaba empezando a desarrollar poco a poco, comenzaba su día. Las murallas de madera y las banderas ondeaban al viento marino, marcando la presencia de la justicia en la isla. Kald, con su uniforme impecable y su característico arco a la espalda, siempre listo en caso de que los terroristas atacaran de nuevo, caminó por los terrenos de la base. El bullicio de los reclutas entrenando resonaba en el aire mientras el sonido metálico de las espadas chocando creaba una sinfonía modesta pero constante. Era algo que apreciaba bastante, ya que el recientemente había empezado a entrenar el arte de la espada, algo que le costaba bastante puesto que sus dotes se centraban mas bien en la cocina y el arco, pero no hacía demasiado tiempo que entraron nuevos reclutas y siempre estaba bien el dar una pequeña demostración de las capacidades de uno ante los novatos mas jovenes. Su primera parada era todos los días la cocina, donde Kald desplegaba su arte culinario. Todos los días preparaba los desayunos y las cenas de la base, ayudaba en la preparación de la comida pero no solía tener mucho tiempo ya que tenía que entrenar en algún momento. No era un chef renombrado, pero su habilidad para mezclar sabores y crear platos reconfortantes había ganado el respeto de sus compañeros. Colocó los ingredientes sobre la mesa con precisión, y como todos los dias preparo los alimentos que le traían desde los mercados de la ciudad. Mientras cortaba verduras y encendía la estufa, Kald reflexionaba sobre su papel. No era un héroe de leyendas, sino un marine común con la tarea diaria de alimentar a sus compañeros y mantener la moral alta. La base militar vibraba con una energía rutinaria, donde cada marine desempeñaba su papel en la maquinaria de la justicia. El aroma tentador de sus creaciones llenó la cocina, atrayendo a marines hambrientos. Kald sirvió platos sencillos pero deliciosos, el sabor de sus comidas tejiendo una red de camaradería entre los soldados. Las risas y charlas llenaban el comedor mientras los marines disfrutaban de un breve respiro antes de volver a sus deberes. Después del almuerzo, Kald se dirigió a la zona de entrenamiento. Su don de la fruta del diablo, que le permitía crear licor, se manifestó en una pequeña demostración para entretener a sus compañeros. Ríos de licor fluían de sus manos, formando patrones caprichosos en el aire antes de desvanecerse en una bruma etérea. Las risas y los aplausos rompieron la seriedad de la base, al menos por un momento. La tarde continuó con deberes administrativos y patrullas rutinarias. Kald, aunque no destacaba por sus habilidades en batalla, aportaba a su manera. El crepúsculo envolvió la base, y Kald se retiró a su modesta habitación. Antes de dormir, se asomó al cielo estrellado desde la ventana de su cuarto. El amplio mar se extendía ante él, vasto y lleno de desafíos. Aunque no era un protagonista de leyenda, Kald encontraba satisfacción en su papel cotidiano como marine y cocinero. Si que había tenido alguna aventura pero sabía que vendrían mas con el tiempo y así pasaba los días, esperando pero siendo lo mas eficiente para el trabajo que le encargaban. Y así, entre platos reconfortantes, entrenamiento diario y camaradería, transcurría el día a día de Kald en la base militar de la Marina. Su historia no se contaba en épicas batallas, sino en las pequeñas contribuciones que tejían la red de la justicia en el gran entramado que era la Marina del Gobierno Mundial, manteniendo la paz y ayudando donde se podía. Y así se volvía a poner el sol y empezaría en unas horas el ciclo diario al que poco a poco se iba acostumbrando, esperando que pasara algo que rompiera esa rutina aunque no se lo dijera a nadie. |