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[T1 Autonarrada] No puede faltar nada - Versión para impresión

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[T1 Autonarrada] No puede faltar nada - Eaa - 05-01-2024

Otoño del año 11
Día 13

Leyenda

Me desperté, como siempre, con Mandarina pidiéndome comida. - Sí, sí - le dije, quitándomelo de encima. - Me levanto y bajamos a desayunar, ¿vale? - le dije. Me estiré mientras me incorporaba. - Luego si quieres podemos ver qué van a hacer Pandita y Peteiro. La verdad es que me están empezando a caer bien. - hablé, más conmigo misma que con mi peludo amigo. Bueno, amigo no era la palabra más acertada para definir la relación que había entre el felino y yo. De hecho, seguramente si les preguntara a Maeve o Peteiro, dirían más que Mandarina es mi pequeño hijo peludo. Pequeño y consentido posiblemente, pero bueno, no era algo tan descabellado tratándose de un hijo único.
Tras unos minutos de reflexión interna, decidí que era la mejor idea. - Pero si vamos a ver a estos tendré que lavarme primero. - pensé en voz alta. Me aseguré nuevamente de que la puerta de la habitación estaba cerrada, antes de ir hacia el baño. - No, tú te quedas fuera, que si no me distraes y no salgo nunca. - le dije al animal al ver que me seguía al baño. Cerré la puerta una vez entré y comencé a desvestirme mientras se calentaba el agua. - Vamos Eaa, tú puedes. Solo tienes que hacer como si no estuviera. - cerré los ojos, intentando no mirar en el espejo la marca de mi espalda, ni tampoco tocarla con la mano. Escuché entonces como Mandarina comenzaba a rascar la puerta para que le abriera. - Que no vas a entrar, pesado - le respondí, tras lo cual comenzó a maullar. Como era de esperar, terminé abriendo la puerta. - Mi pequeño niño mimado - suspiré, soltando una risita. - Te vas a asustar con el agua, te lo aviso. - fui entonces hacia la ducha, olvidando por completo la marca de mi hombro. En cuanto abrí el grifo Mandarina se asustó. - ¿Ves? Te lo dije - me reí, viendo al pequeño animal erizado en una esquina de la ducha. - Anda que te lo digo siempre, y te sigues asustando como el primer día. - sonreí. Me quedé un rato pensativa, mirando al animal. Tras hacer cuentas, me percaté de que había pasado casi un año desde que me encontré al pequeño animal. - Mierda - dije nerviosa. Me duché lo más rápido que pude y me sequé. - Mierda, mierda, mierda... - hablé, mientras utilizaba una venda para cubrir mi hombro derecho. Apretaba un poco y era algo molesta, pero era la forma más fácil de asegurarme de que no se iba destapar en algún descuido. - Casi el día y yo sin comprarte el regalo. - hablé, mientras me agachaba rápidamente para peinarme. Cogí a Mandarina antes de levantarme, yendo rápidamente a vestirme. - Vale, ahora tú te tienes que portar bien y quedarte con la recepcionista. - le dije al animal, metiéndolo dentro de mi abrigo mientras salía de la habitación en dirección a la recepción.


- Ho.. hola - me saludó la nieta de la dueña, quien se encontraba en recepción.
- ¿Qué, hoy te ha tocado a ti? - pregunté, sonriendo.
- Sí, mi abuela tenía que hacer unas cosillas, así que me ha pedido que hoy esté yo aquí. Me ha dicho que en principio no va a venir nadie, así que no voy a tener problemas - sonrió ella, animada. - Oh, Mandarina - dijo, feliz, al escuchar al felino maullar.
- ¿Puedes hacerme un favor? - le pregunté, tras sacar al pequeño animal para que esta le acariciara. - ¿Puedes quedarte con Mandarina un momentito? Tengo que ir a hacer unos recados muy urgentes.
Antes siquiera de que terminara la joven aceptó, extremadamente feliz de poder estar más tiempo con mi pequeñín. Tras agradecerle infinitamente salí del hostal, casi corriendo.
Ya me había acostumbrado al horrible clima de aquel lugar. Salí corriendo, buscando alguna tienda mientras pensaba en qué podía comprarle a Mandarina. - Necesita un collar nuevo, eso seguro - dije mientras caminaba. - Podría comprarle un muñeco para que tenga un amiguito. - la idea me parecía maravillosa.
No tardé mucho en encontrar una tienda infantil. Una vez me resguardé de la lluvia junto a la puerta me agaché, escurriendo mi pelo de esa forma. Tras levantar la cabeza entré.
- Hola - sonreí, saludando al dependiente. - Venía buscando un muñeco.
Este me miró con desdén. Era una mirada que conocía demasiado bien, para mi desgracia.
- ¿Para qué? - preguntó. Hablaba extremadamente rápido, como si alguien le cobrara por cada segundo que pasaba hablando. - Es muy pequeño para ti. - Tenía una voz muy irritante, que sumada a su forma de hablar y el tono en el que lo hacía, realmente comenzaban a mermar mi paciencia.
- No es para mí. - respondí lo mejor que pude. - Es un regalo.
- Son muy caros - respondió. - Demasiado para ti
Suspiré, intentando calmarme. Realmente ese hombre parecía que hacía todo lo posible por sacarme de quicio. Cogí uno de los peluches, el cual tenía forma de pollito que no había terminado de salir del cascarón.
- Deja eso. - me gritó, casi como si le fuera la vida en ello. - Si lo rompes lo pagas.
Me disponía a dejarlo de nuevo en su sitio cuando entró una hermosa mujer. Aprovechando que aquel viejo se quedó mirando a la joven, babeando, me guardé el peluche.
- Fuera, fuera - me dijo entonces el hombre. Se notaba que tenía prisa por que me fuera, y según abrí la puerta fue junto a la joven, a quien comenzó a atosigar, seguramente con la intención de venderle algo.
Una vez estuve relativamente lejos de aquel establecimiento, saqué el muñeco para analizarlo. Era realmente bonito, y muy suave. - Seguro que a Mandarina le encanta - sonreí, mientras lo volteaba para seguir analizándolo. - ¿Medio millón? - miré el precio, enormemente sorprendida. Tal era mi sorpresa que casi se me cae al suelo. - ¿Cómo iba a costar aquello medio millón de berries? - me pregunté. - Estafador… - musité mientras lo guardaba. - Ahora hace falta el collar. - dije, pensativa. - Va a ser una fiesta, así que igual hace falta algún gorrito. - me paré. - ¿Pandita y Peteiro querrán venir? - me pregunté. - Voy a llamarles a ver. - Me dispuse a sacar mi den den, aunque paré en seco. - No, no es buena idea. - pensé en voz alta. - Si lo hago seguro que me dice algo de que estoy enamorada de ella y que por eso le llamo. - murmuraba a la vez que comenzaba a caminar nuevamente. - Seguro que me hace alguna broma como la del otro día. - suspiré, guardando el den den en el bolsillo. - Voy a comprar las cosas y voy a suponer que vienen. - decidí.
Parecía que había bastante barullo en las calles. - Habrá algún concierto - pensé. A pesar de tratar de ignorarlo, sentía como la gente se me quedaba mirando. Aquello no era raro, al fin y al cabo era una chica de piel blanca y pelo rojo, y medía casi cinco metros, pero en esta ocasión era distinto. Me miraban más de lo normal. Aceleré el paso, intentando salir de aquella calle tan concurrida. Tras varios minutos encontré una tienda, donde vendían distintos accesorios para mascotas.
- Buenos días, ¿con qué te puedo ayudar? - Me preguntó la dependienta tan pronto puse un pie dentro de la tienda.
- Vengo a por un collar para - antes de terminar, la mujer me interrumpió.
- Déjame adivinar. - habló y me miró de arriba a abajo. - Es para un gato. - dijo después. - Acerté - se rió al ver mi cara de sorpresa. - Tienes pelos de gato en el abrigo. - sonrió. - Aunque a decir verdad te pegan los gatos. Siendo tan grande me imagino a… - me dejó espacio para que completara su frase.
- Mandarina - respondí.
- Me imagino a Mandarina en tu hombro. A los gatos les gustan mucho las alturas, así pueden vigilar todo mejor. - me explicó. No tenía mucha idea al respecto, así que tampoco podía confirmar si eran ciertas sus palabras.
- Entonces, un collar para Mandarina. - comenzó a mirar. - ¿De qué color es?
- Negro. - la mujer me miró con cierta sorpresa, aunque no hizo ningún comentario al respecto y continuó buscando.
- ¡Este! - sacó uno, mostrándomelo. - Como puedes ver es de la mejor calidad.  - expuso - Es rojo, para que así vaya a juego con tu pelo. Por cierto, espero que no te moleste, pero tienes un pelo precioso. – me sonrojé un poco con esas palabras, no voy a mentir. - Se nota mucho que lo cuidas. 
- Muchas gracias. La verdad es que me da muchos problemas. - expliqué - Es casi una manía que tengo. Me siento rara cuando estoy despeinada. - sonreí.
Tras hablar con la mujer durante un tiempo acerca de mi pelo y de cómo a Mandarina le gustaba dormir sobre mi cabeza,  finalmente decidí comprar aquel collar. Le pedí también indicaciones para encontrar una tienda donde poder comprar algún artículo de fiesta. Me costó más de lo que me gustaría admitir entenderlo, puesto que me mencionaba calles y lugares de referencia que me sonaban a algún idioma remoto. Tras pagar a la mujer, la cual me hizo un descuento por la entretenida charla y los consejos sobre el cuidado del pelo, salí de la tienda. - Uf, que viento - me tapé un poco con el abrigo, caminando en la dirección que esta me había indicado. No llevaba ni diez pasos cuando una hoja de periódico golpeó mi cara. La cogí, y la ojeé levemente. - Un tal Finn Slingerland, North Blue - mi cara cambió en el momento en que vi mi foto en el periódico. - Discordia en Isla Toroa - decía el artículo. Saqué el den den corriendo, para llamar a Maeve.
- ¿Tiene que no contestar justo en un momento como este? - pensé, mientras comenzaba a correr en dirección al hostal, para recoger a Mandarina e ir a buscar a Maeve y Peteiro.



Resumen


Karmas



RE: [T1 Autonarrada] No puede faltar nada - Sentomaru - 05-01-2024

Aventura Tier 1 Completada


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