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[Pasado] [+18] - El mundo está borracho - Maeve Knox - 14-02-2024 Día 59, invierno, año 10
East Ballywood | Reino de Ballywood | West Blue
OST PARA LA ESCENA Pensaba que Ballywood Boulevard me daría lo que estaba buscando, pero el tipo de comercios de aquella zona de la isla no me satisfizo. ¿Una espada? No. ¿Un bate? Por favor. ¿Un arco? Tampoco. ¿Un tirachinas? ¿UN TIRACHINAS?
Estaba buscando un arma más... menos... No sabía el qué, pero no eso, desde luego. Aquellas eran armas típicas y yo no quería algo así. Bueno, típicas... Definamos "típico". La cuestión era que no me veía blandiendo nada de aquello. En mi cabeza lucía espectacular encontrar algún tipo de arma con la que me sintiese cómoda, una prolongación de mí. De momento, llevaba dos dagas, pero me eran insuficientes, como si hubiese algo que me estuviese perdiendo y no lograse dar con qué era.
Llevaba dos días por Ballywood Boulevard cuando, en uno de mis whiskeys nocturnos de rigor, un tipo que me importaba un carajo intentó hacerse con su conquista nocturna de rigor y, vaya por dios, tuvo que tocarme a mí. Ligar, no ligó conmigo, pero conseguí llevar la conversación de modo que me reveló que, si quería buenas armas, armas de verdad, debía dirigirme a East Ballywood. Que, además de las fábricas y las viviendas de los trabajadores, también podía encontrar mercado negro si sabía dónde buscar. Y la mitad de la búsqueda me la reveló él: las tabernas.
Por supuesto: todo conduce a las tabernas. El mundo está borracho. O, tal vez, alguien a quien le gusta beber se mueve en un ambiente de borrachos, como borracho que es. O borracha. Y, ni aun borracha, le daría a aquel ser tan simple el privilegio de liarse conmigo. Bastante lujo le había dado ya solo con dejarle hablarme. Y me había sido útil. Así que al día siguiente dejé mi hostal, que ni recuerdo el nombre, de Ballywood Boulevard para hospedarme en algún otro de East Ballywood. El ambiente era bastante distinto: más sucio, más industrial. Más oscuro. Más para alguien como yo. El Mirador era mi nuevo alojamiento. Mirador de no sé el qué exactamente, porque más bien miraba a ningún sitio. Una callejuela lóbrega y solitaria no contaba. Dormí hasta la noche para matar el tiempo y el aburrimiento. Luego, antes de salir a mi caza particular, me miré en el espejo. Guapa, sí, pero no tan oscura como para satisfacerme. Ahumé mis párpados con maquillaje negro, el mismo que empleé para colorear mis labios. Mi cabello caía, liso en toda su longitud, sobre mis hombros. Blanco, contrastaba con mis ropas de cuero también negro. La mirada oscura venía de serie, dibujada por mis iris grises demasiado claros y con tonalidades rojizas. En la calle hacía un frío horrible y las nubes que tapizaban la noche amenazaban con dejar caer la nieve en cualquier momento. No en vano había restos blancos de la noche anterior. Quien dice blancos, dice grises de pura suciedad.
De hecho, estaban empezando a caer los primeros copos.
El Cascarón era la taberna que el pobre diablo me había indicado. Una vez dentro, debía revelar una contraseña a quien regentase la barra. Si me pagasen por visitar tabernas —y por consumir lo que había dentro—, podría costearme un barco en condiciones. Pero no engañemos a nadie: un barco que se precie no puede manejarse con una tripulación de uno, por muchos conocimientos de navegación que yo tuviese. De momento, me bastaba como estaba. Con ambas manos empujé las puertas de madera que cerraban el local. La luz anaranjada del interior me hizo entrecerrar los ojos.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Kisuke Kageyama - 14-02-2024 OST Kiuske no solía frecuentar East Ballywood, pero aquella vez tenía que hacerlo en verdad. Lo que él necesitaba solo podría encontrarlo en aquel agujero infecto de corrupción, drogas y tráfico de armas; los incidentes de sangre eran algo habitual en aquel tugurio y, aunque Kisuke no era ningún cobarde, tampoco era tan estúpido como para frecuentar un lugar en el que cada dos días había tres apuñalamientos, como poco.
No obstante, Kisuke nunca iba sin su querida Yamigiri, así que evidentemente, si algún pobre diablo buscaba asaltarle o simplemente le hinchaba las pelotas de más, iba preparado. Además, su entrenamiento diario había dado sus frutos con el paso del tiempo desde que recibiese a Yamigiri con apenas diecisiete años; ya no era aquel chavalito flacucho y vivaracho que hacía poco más que agitar un palo contra enemigos invisibles. "El esfuerzo tiene su recompensa, al que se pase de listo, mínimo le hundo el tabique." También era cierto que en sus pocas visitas a aquel lugar, no le había hecho falta emplear la violencia, su altura de dos metros y su musculatura tonificada, junto a su expresión de "me vale verga todo" y su aspecto avejentado, resultaban bastante intimidatoria para la mayoría de los tipejos que andaban por allí. Al entrar en el distrito, el olor a cloaca ya le dio nauseas, y tuvo que sacar un cigarrillo y prendérselo para relajarse. Dio un par de caladas antes de continuar con su búsqueda; una tienda de armas donde debía comprar el equipo de mantenimiento para su katana, que ya necesitaba una urgente renovación. Sabía que en aquel lugar era donde iba a encontrar lo que necesitaba sin ningún tipo de problema. "Este puto agujero huele a culo de mono mezclado con sobaco de siete días sin ducharse." En realidad no tenía ni idea de a que olía aquella combinación pero el solo pensarlo era más que suficiente para hacerse una idea de que era algo cuanto menos desagradable, por no decir vomitivo. Caminando por la calle, y discretamente, iba fijándose en la decadencia de aquel distrito. Gente en un callejón pinchándose droga intravenosa, a tres puertas de allí un tipo con gabardina dándole discretamente a otro una piedra de hachís. Incluso vio a uno con una gabardina hasta los pies un sombrero de ala ancha y gafas de sol que desprendía un cierto olor a químicos. "Este sé de qué palo va, así que a los degenerados asquerosos como tú, sé como tratarlos". Había mucha gente y Kisuke buscó pasar lo más cerca posible de aquel tipo, así que al pasar a su lado, desenvainó ligeramente su katana y cortó el cinturón que sujetaba la gabardina de aquel tipejo. Entonces cuando empezó se rompió el cinto, Kiuske le puso la zancadilla y siguió caminando como si nada. El tipo tropezó y cayó completamente desnudo, no llevaba nada debajo de la gabardina, porque seguramente era un violador. La gente al verlo se escandalizó y empezó a chillar porque al caer había perdido también las gafas y el sombrero y su cara fue reconocida como la de un violador en serie que llevaba muchos crímenes a sus espaldas. Kisuke sin girarse en ningún momento, siguió caminando por la concurrida calle y solo oía los golpes del linchamiento que le estaban haciendo a aquel tipo. "Bueno, un violador menos siempre es algo bueno, aunque que haya uno ya es demasiado para mi." Siguió con su tarea de buscar el quipo de mantenimiento para Yamigiri, y, en una tienda, el dependiente entre susurros le comentó que había una taberna en la que encontraría material de la mejor calidad para lo que quería, aunque también intentó estafarle comprándole a Yamigiri por unos míseros cincuenta mil berries. Él no sabía el valor real de su katana, pero eso a él le importaba una mierda, puesto que lo importante de aquella espada era que, para Kisuke, portaba la voluntad de su padre. Tras salir de aquel sitio se encaminó al lugar que le había dicho el timador. "Espero no olvidarme de la contraseña." Le había dicho el timador que necesitaría susurrarle una contraseña al camarero para que le vendiese su mercancía "secreta", pero claro, sin tres dientes y con el labio partido después del puñetazo que se llevó por parte de Kisuke, fue difícil entender la dichosa contraseña. La taberna en cuestión era un sitio lúgubre y bastante sucio. Tenía el suelo lleno de polvo y las luces de los candelabros revelaban multitud de telarañas por doquier. Tampoco fue algo que ahuyentase al pescador, al fin y al cabo, había comido en sitios peores, pero si le resultó ciertamente desagradable. Se acercó a la barra y le dijo al camarero: -Señor Mugre, ponme una pinta de su mejor cerveza. Puso un billete en la barra se sentó a esperar a que le sirvieran, necesitaba tiempo para recordar. "¿Cuál coño era la puta contraseña que me dijo ese subnormal?"
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Maeve Knox - 15-02-2024 OST DE LA ESCENA Sitios como aquel siempre se caracterizan por un amplio catálogo de aromas, cada cual más repulsivo que el anterior. Pocas veces un lugar huele de esa forma por sus componentes naturales. No, suele ser la gentuza que lo frecuenta quien deleita con fragancias a sudor, humo, suciedad, comida rancia, podredumbre, mal aliento, meados o incluso mierda. Muy representativo.
Al cruzar al otro lado de las puertas, una amalgama de todos aquellos olores me dio la bienvenida. No era algo nuevo para mí, dados los ambientes por donde me solía mover, pero el golpe inicial siempre era desagradable. Luego una se acostumbraba. Qué remedio. Una vida como esta no estaba rodeada de lujos, jabón y espuma, aunque intentaba disfrutar de ellos cada vez que tenía ocasión. Mi último baño había sido esa misma tarde, antes de mi siesta. ¿El último baño de esa gente? Con suerte, el siglo pasado. Se veía que tampoco sabían hablar a un volumen civilizado. Más que personas —término benévolo— bebiendo, parecían osos en celo. Y osas, que también había unas cuantas. Pasada la bofetada aromática inicial, el olor a diferentes tipos de alcohol inundó mis fosas nasales. Después, comida. Efectivamente, también comían como osos. Como buena madriguera, la suciedad era un invitado más, así como las arañas que tejían su arte. Todo tan desagradable y, para mí, con tanto tinte familiar. No solo las mesas estaban ocupadas (aunque no todas), sino que en la barra también descansaban almas desdichadas que buscaban alcoholizar su noche una vez más. Yo también sería una de ellas, así que ocupé uno de los huecos. La superficie de madera se notaba más pegajosa de lo que me habría gustado. Entonces, vi al atareado camarero, a quien se supone que debía decir la estúpida contraseña. Se trataba de un hombre muy delgado, con grandes ojeras oscuras y gesto indiferente. Su cabello oscuro era aún más largo que el mío, tan grasiento que tal vez lo utilizaran para cocinar.
Entonces, escuché cómo, a pocos metros de mí, alguien se dirigía al tipo como "señor Mugre". Grandísima descripción con tan pocas palabras. Reprimí una sonrisa, pues mi cara de mala hostia era más adaptativa en aquel lugar.
También escuché "cerveza".
—Otra pinta para mí —exigí cuando me aseguré de que el camarero se había fijado en mí.
Pensé en decir la contraseña, pero mi cuerpo estaba pidiendo la bebida primero, así que le obedecí. Aún quedaba mucha noche, mi potencial adquisición de arma podría esperar un poco más.
Si es que allí realmente trapicheaban, como me habían dicho.
Si es que no me habían engañado.
Si aquel borracho me había mentido, me encargaría personalmente de buscarlo y tirarle los dientes abajo.
Pero no quería adelantar acontecimientos. Le daría una oportunidad al sitio, tan mugroso como su camarero, y si luego resultaba ser un engaño, obraría en consecuencia. Primero, la cerveza.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Kisuke Kageyama - 15-02-2024 OST Kisuke se sorprendió ante la voz de la mujer, no era habitual que una mujer llamativa y atractiva, sobre todo por su condición de albina, ya que no era demasiado común la gente con aquella anomalía genética, estuviese en un tugurio como ese, así que solo había dos opciones, o era una loca inconsciente o era mucho más fuerte de lo que parecía. Pese a tener una apariencia linda, su mirada serena y fría le hizo ver a Kisuke que aquella mujer estaba allí conscientemente. Aún así, su lengua no fue capaz de contenerse y como era habitual en él tuvo que soltarle una impertinencia:
-Tenga cuidado señorita Mapache, que aquí en este agujero infecto hay mucho maleante... kuahahaha. Se rio nerviosamente, intentando hacer ver que no la estaba insultando, si no más bien a modo de broma; aunque claro normalmente no bromeas con una persona que ni conoces, pero Kisuke era así, era superior a sus fuerzas. En realidad, sin contar a su madre que llevaba ya más de diez años muerta, su interacción con el sexo opuesto era prácticamente inexistente, apenas con la tendera que le vendía el pan y alguna anciana con problemas económicos a las que le llevaba pescado a precio de coste, si insistían en pagarle. Así que no tenía mucha idea de como hablar con una mujer joven. "Bueno supongo que se ofenderá, así que a ver como hago ahora." Intentando quitarle importancia a su comentario, se centró en la jarra que le había puesto el camarero de pelo grasiento que lo miraba con el ceño fruncido. Kisuke supuso que sería por haberse dicho lo de agujero infecto, pero a él no le importaba, en realidad se refería al distrito entero. -Vamos señor Mugre, no me mire así, que no me refería a su "acogedora" taberna, sino a todo el distrito que huele a cloaca como retrete público en el barrio de diftéricos... kuhahahaha. Sacó un cigarrillo y se lo prendió satisfecho con su comparativa. No se atrevía a mirar a la mujer, porque su apariencia hacía ver que tenía que ser todo un carácter, y no sabría como lidiar con eso. "Un momento... Debería dejarme de decir estupideces y centrarme en intentar recordar la puta contraseña que se supone que tengo que decir. No quiero regresar aquí otro día a por el material para mantener a punto a Yamigiri." Se empezó a rascar la cabeza y siguió bebiendo y fumando, cavilando sobre lo que le dijo el estafador, mientras prestaba atención a que hacía la mujer, ciertamente tenía un aura atrayente.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Maeve Knox - 16-02-2024 ¿Señorita Mapache?
Miré a mi izquierda, a mi derecha, incluso detrás de la barra.
Ah, que la Señorita Mapache soy yo.
Los ojos del hombre que había hablado estaban primero fijos en mí y, después, observando su recién adquirida jarra de cerveza, como si hubiese algo harto interesante en ella.
¿Me había llamado mapache?
En la punta de mi lengua había quedado la frase de que igual el mapache era su puta madre, pero me lo pensé dos veces, y no por el tipo, sino porque igual la señora no había tenido la culpa de parir a un idiota.
El camarero puso la jarra de cerveza frente a mí con un pequeño golpe seco. Me salpicó parte de la espuma.
—¿Sabes lo que ocurre si tienes la lengua muy larga? Que tu vida es muy corta —le dije al simpático fan de los motes.
Me fijé mejor en el hombre. Lucía un cabello grisáceo que solía asociarse a personas con más arrugas. Su piel era morena, adornada por una barba de pocos días en el rostro. Tenía los ojos grises, de eso sí me había dado cuenta antes de que centrara la atención en el contenido de su jarra. No podía apreciar mucho de su cuerpo debido a los ropajes, pero sin duda se intuía fuerte.
Que tuviera cuidado, me dijo. Habló de maleantes. Ja. Luego se excusó con el camarero, que tenía la misma cara de culo sirviendo a sus clientes que mirándolos. Entonces, el extraño rio.
A lo mejor no está bien de la cabeza, dije para mí misma. Pero en aquel lugar, ¿quién lo estaba?
—Si piensas amenazarme, esfuérzate más —añadí después, clavando mis ojos en el hombre con descaro—. Un mapache está acostumbrado a rebuscar entre la basura, así que estoy en el lugar perfecto, ¿no te parece, Caramierda?
¿Caramierda? Menudo insulto absurdo. Bueno, tampoco me habían llamado mapache antes. Y, desde luego, la cara de ese hombre estaba lejos de parecer una mierda. Pero debe de ser que la idiotez se pega, así que quedé satisfecha con mi intervención. Bebí de mi jarra. Aquello era una cloaca infecta, sí, pero la cerveza sabía a gloria. —Hola, guapa —escuché, de pronto, a mi izquierda.
Al mirar, vi que se trataba de un tipo rechoncho y con la gracia física de un mejillón. Se tambaleaba, su nariz estaba enrojecida y apestaba a ron. Entre otras cosas menos agradables.
—Piérdete —le respondí, sin disimular mi desagrado.
El hombrezuelo me miraba como si hubiese encontrado un tesoro, incluso le brillaban los ojos. Aunque tal vez esto último fuese por borracho. Entonces, alargó la mano hacia mí y la posó sobre mi hombro.
—Te haré pasar un buen rato —insistió.
Sentí cómo algo hacía clic en mi cabeza.
—Quita la mano o te la corto. Y la mano también.
Cuando quise darme cuenta, una de mis dagas descansaba entre mis dedos. Me aseguré de que él la viera. Fue un movimiento sutil, no era cuestión de montar un espectáculo. No podía irme de allí sin aquello que había venido a buscar, fuese lo que fuese. Pero si tenía que acuchillar a ese gilipollas, lo haría. Y pareció captar el mensaje.
El hombre mejillón perdió el color de su fea cara y se marchó murmurando por lo bajo. Por supuesto: su valentía era la de un percebe.
En fin, di un nuevo trago a mi cerveza.
Nada había cambiado a mi alrededor. La escenita con el tipo gordo parecía no haber creado alarma. Mejor.
Volví a repetir en mi mente la dichosa contraseña. No tardaría mucho en hacer la petición.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Kisuke Kageyama - 16-02-2024 OST Kisuke no respondió de primeras a las palabras de la mujer, ciertamente era algo cierto y que a él le decían a menudo. Así que se limitó a seguir bebiendo y fumando, hasta que un borracho, bastante baboso por cierto, se acercó a la joven con intenciones bastante turbias, mirando de reojo se llevó la mano izquierda a Yamigiri y con el pulgar aflojó la hoja de la vaina, pronto a desenvainar rápidamente si la situación lo requería.
"¿Otro marrano al que tendré que dar un escarmiento?" Pero en el momento en que puso la mano sobre el hombro de la mujer, Kisuke, que seguía la escena de reojo, vio el brillo acerado de lo que parecía ser un cuchillo o una daga en la mano de la joven. El pescador sonrió impresionado, su velocidad de reacción había sido muy buena y se veía que sabía como defenderse de los tipos como aquel, aunque no le sorprendía, una mujer como ella, atractiva y llamativa, debía de estar lista para espantar moscones a diario, ya fuese con sutilezas o con amenazas. "Cojonudo, resulta que si sabe defenderse, debo haber quedado como un completo subnormal... kuhahahaha." Aún así, no le importó mucho pero si se quedó mirando a la chica cuando se marchó el baboso y decidió que tenía que responder a lo que le había dicho al propio Kisuke. Así que con una sonrisa torcida de la que colgaba un cigarrillo, le dijo: -Evidentemente no era mi intención amenazarla, señorita, y, visto lo visto, no es algo que hubiese podido conseguir, y he de decir que Caramierda es lo más original que me han llamado esta semana. Dio una calada al cigarro antes de añadir: -He comprobado por mi mismo que mi consejo era innecesario, así que le pido disculpas por eso. En realidad me ha impresionado su habilidad. Realmente era sincero, el era hábil con su katana pero estaba seguro que no sería capaz de hacer algo como lo que había hecho la joven. -De todas maneras, si no es mucha impertinencia, ¿qué busca el mapache en el cubo de la basura? Como alguien nacido y criado en el vertedero, puede que sea capaz de ayudarla. Como ella misma había usado el apodo culero que él le había dado, se tomó la libertad de usarlo de nuevo. Aunque no lo pareciese, Kisuke era una persona curiosa y que le encantaban los misterios, por eso era un ávido lector, y aquella mujer era un misterio total y absoluto para él, porque, ¿cuántas veces ves a una mujer albina que parece una muñeca de porcelana en un tugurio mugriento como aquel? Y más aún, ¿cuántas podrían cortarte los dedos de una mano con la rapidez de un parpadeo? -Me llamo Kisuke, y soy un pescador de Ballywood Beach. Se presentó con una sonrisa amistosa, aquella mujer lo había conseguido, había captado su curiosidad; lo malo es que ya sí se había olvidado completamente de la dichosa palabra que era la contraseña.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Maeve Knox - 17-02-2024 OST DE LA ESCENA —Lo más original de la semana... —repetí mientras observaba el cigarro perezoso de sus labios—. Así que acostumbras a recibir insultos, me pregunto por qué será. —Levanté una ceja, centrando la atención en sus ojos esta vez.
Después, expresó abiertamente que había quedado impresionado por mi "habilidad". No sé si se refería a la daga entre mis dedos o a mandar a tomar por culo a un imbécil. ¿Esto último contaba como habilidad? En cualquier caso, me sorprendía que me lo hubiese hecho saber. No solía recibir halagos por algo que no fuese mi envoltorio externo. No voy a mentir: sienta bien. Y no se conformó con eso, sino que continuó con la metáfora del mapache y la basura. Y se dirigía a mí con respeto en su lenguaje. Yo no me andaba con tantos protocolos.
Vaya, a este sí le funciona el cerebro, comenté para mis adentros. No era el prototipo de hombre que solía encontrarme en zonas pútridas como aquella, para variar, así que era algo que también sentaba bien. Me ofreció ayuda para lo que fuese que estaba buscando. Ojalá yo lo supiera. Entorné los ojos sin quitárselos de encima.
Bebí de nuevo, con la mirada clavada en el gris de la suya. A nuestro alrededor continuaba la jarana, el vocerío, las risas escandalosas, el sonido de jarras chocando unas con otras en ebrios brindis. Peticiones al camarero. La puerta del local que abrían de vez en cuando, dejando entrar una invernal brisa helada por unos segundos.
Se presentó. Kisuke. Pescador. Volvió a sonreír.
"Maeve, pirata de ningún sitio" no quedaba igual. De hecho, no era una buena carta de presentación. Los piratas no solíamos recibir cálidas bienvenidas, y con razón. Nuestro estilo de vida solía interferir en el de los demás y casi nunca para bien. A no ser que la otra parte fuese igual de cabrona. Si era cierto que aquel tipo era un pescador, sería buena persona. Una lógica de mierda, pero lógica al fin y al cabo.
—Maeve —dije, al fin. Dudé en si extender la mano, pero aquello no era un maldito encuentro de negocios. Al menos, no con él. Con el camarero y su gente, tal vez después. No lo hice—. ¿Qué trae a un pescador de Ballywood Beach a un antro como este?
¿Y qué hace un pescador con una katana? Eso no lo pregunté, pero me quedé mirándola sin disimulo. Tampoco él parecía preocuparse en ocultarla. Tal vez el arma no significase nada, pero mi experiencia (a aquellas alturas, extensa) me indicaba que ese hombre sabía más allá de cañas, redes y cebos.
Quizá fuese precisamente por la katana que decidí que mi siguiente revelación no le escandalizaría, así que la hice sin dejar —aún— que respondiese a mi anterior pregunta:
—Busco un arma.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Kisuke Kageyama - 17-02-2024 Así que buscaba un arma. Kisuke enarcó una ceja, aunque no le sorprendió el hecho de que buscase un arma, sino que se lo contase así, no era algo que esperase, ya que la joven parecía bastante hermética, pero, al ver que ella se fijaba en Yamigiri, entendió que él podría saber algo o quizá aconsejarla en su elección.
-Evidentemente, y como bien has dicho, me dicen muchos insultos por mi lengua larga... kuhahaha.
Dijo esto respondiendo al primer comentario de Maeve, y con una sonrisa sarcástica añadió:
-Así que Maeve, suena bien y creo que te pega. Te da un aire misterioso.
Se quedó un momento pensando, tampoco era tan estúpido como para revelar mucho de sí mismo, pero ella le había respondido con honestidad a su pregunta, así que le parecía feo no decirle que hacía él por esos lares. Así que señalando con la cabeza a Yamigiri le respondió:
-Simplemente busco un equipo para llevar el mantenimiento de mi katana. Y se que en este agujero infecto es donde hay mejor material bélico en toda la isla. También era cierto que no parecía muy común ver a un pescador con katana, así que pensó que eso al menos si debería explicárselo, aunque fuese superficialmente. -Se que no es común que un pescador lleve katana, pero es el último recuerdo de mi padre, y por eso la llevo, además de que no la llevo de adorno, simplemente, se defenderme con ella. kuhahaha. Levantó su jarra ofreciendo un brindis a Maeve, le había caído bien y si podía ayudarla lo haría. -Brindemos por este encuentro en el basurero. En ese momento se dio cuenta de algo. Sus neuronas habían hecho contacto y había caído en un detalle. Si aquella joven estaba ahí y buscaba un arma, era más que probable que supiese la contraseña de los cojones que él había escuchado mal primero y olvidado completamente después. No estaba seguro pero tendría que probar suerte. -Una cosa, Maeve. Por casualidad, ¿no estarás aquí precisamente para comprar el arma? Esperaba no haber sido demasiado directo con esa pregunta, pero no conocía las sutilezas y detestaba dar rodeos. Así que continúo explicándose. -Verás, yo estoy aquí por lo mismo, lo malo que el tipo que me dio la información estaba sin dientes y con el labio partido por intentar estafarme, así que, ¿podrías decirme la contraseña? Diciendo esto se llevó la mano a la vaina de Yamigiri, como si mencionar de nuevo aquello fuese a hacer que desapareciese, y eso sería lo más doloroso que podría pasarle al pescador en aquellos momentos, era el recuerdo de su padre y la conservaría hasta el fin de sus días, cumpliendo con el anhelo del viejo.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Maeve Knox - 17-02-2024 OST PARA LA ESCENA Sus halagos no eran en versión cerdo como los mamarrachos faltos de inteligencia que me tenían acostumbrada. Y lo había vuelto a hacer con mi nombre: nunca nadie antes había destacado la palabra que me representaba como algo positivo. ¿Un aire misterioso? Puede que fuese ese el término, "misterio", el que también comenzaba a envolverlo a él, pues destacaba entre tanto paleto de taberna. Era como si, frente a mí, revolotease una luciérnaga en un cenagal rebosante de moscas.
Por supuesto, no me había equivocado con él: él también buscaba material bélico, como lo había llamado. En concreto, para su katana. ¿Sería de esos que tratan a su arma mejor que a algunas personas? De ser así, no podría culparlo: la mayoría de la gente no merece de nosotros más que indiferencia. Desprecio, si son demasiado idiotas. Que supiera usar la espada no me sorprendió. Era un legado de su padre, dijo. Él se reía, pero capté una pequeña emoción en sus palabras. Minúscula, pero allí estaba. Esto, mientras el humo abandonaba su cigarro. Yo también sentí algo, pero con menos melancolía. —Tu padre debió de ser buen hombre si merece que su último recuerdo forme parte de ti. El mío era un hijo de puta. Y hasta ahí. Demasiado precipitado contarle a un desconocido que, junto con la tipa que me parió, me abandonó en un puto circo de fenómenos cuando era un bebé que recién respiraba el mundo. Me propuso brindar. Desde luego, un plan mucho mejor que cagarme en los muertos de mis progenitores, por enésima vez. Y por vez primera desde que estaba allí, sonreí al escucharle. No fue una sonrisa abierta, más bien de medio lado. —Por el encuentro en el basurero. Alcé la jarra y la hicimos chocar. Después un trago, uno de esos largos donde notas las burbujas arañar tu garganta en la bajada al estómago, ávido de más. De mucho más.
—Sí, de hecho he venido aquí para eso. Ya que te he dicho lo que estoy buscando, no tiene sentido mentirte ahora. —Y cuando escuché su mini historia del estafador desdentado, no pude evitar soltar una carcajada. La cerveza ayudaba, por supuesto. No solamente estaba allí para lo mismo sino que la información que tenía también lo era. Pero, ah, yo jugaba con ventaja—. Así que quieres la contraseña, ¿eh? ¿Y qué me vas a dar a cambio? —Volví a posar los labios sobre el borde de madera. Intenté hacerme la seria, pero la expresión de su rostro me hizo perder la batalla. Comencé a reír—. No hace falta que me mires así, voy a decirla de todas formas. Espera y verás. ¡Camarero!
Tuve que llamarle un par de veces más para que se colocase frente a mí. Quién sabe, igual tenía tanta cera en los oídos como grasa en el pelo.
—Quiero un plato de judías verdes con azúcar.
El hombre me miró como si hubiese perdido el juicio. Claro, si yo oyese a alguien pedir esa mierda, también torcería la cara. La cuestión era que precisamente él debía saber de lo que estaba hablando... ¿no?
—Disculpe, señorita, no servimos esa clase de... cosas aquí. —Su voz era tan desagradable como su rostro.
—¿Estás seguro? Porque me han dicho que aquí sois especialistas en eso —rebatí; comencé a pensar en si de verdad me habían tomado el pelo. Fruncí el ceño.
—Es la primera vez que escucho algo así en la semana que llevo trabajando aquí. —Hablaba como si pierdiese dinero cada vez que soltaba una palabra.
—¿Y no hay alguien por aquí que lleve más tiempo?
—Pues sí, pero me pagan para servirte yo.
—Si yo no pago, no te pagan. No me vales, quiero hablar con alguien más.
El camarero me miró de arriba abajo (al menos, lo que la barra le permitía), puso cara de desagrado. Le dedicó la misma simpatía a Kisuke. Supuse que, al vernos hablar, nos atribuyó al mismo grupo. Por mi parte, no necesité fingir mi cara de asco.
—Enseguida, señorita.
No me pasó desapercibido el tonito con el que pronunció la última palabra.
Mientras regresaba, terminé el contenido de mi jarra. Cuando lo hizo, fue acompañado por más de dos metros de chica, con unos músculos que serían la envidia de muchos presumidos. Su cabello rubio oscuro caía en dos trenzas hasta la mitad del pecho. Pecho que no sabía si abultaba tanto por las tetas o por los pectorales. La suma de ambos, tal vez.
—¿Nuestro camarero no es de vuestro gusto? —preguntó la mujer. Su voz era demasiado aguda para su aspecto.
Mi siguiente intervención podría llevarme hasta lo que buscaba o darme el mayor ridículo de la noche.
—Vuestro camarero no quiere servirme un plato de... —dudé— judías verdes con azúcar.
El cambio en el rostro de la mujer apareció de inmediato. Levantó las cejas y luego sonrió.
—Debes perdonarle. Es nuevo. No conoce nuestras costumbres culinarias. Soy Brenda, a partir de ahora me encargaré personalmente de darte lo que necesites. —Pasó su brazo sobre la barra y me tendió la mano. Dubitativa, la imité. La fuerza que empleó para estrecharla me hizo daño, pero conseguí mantenerme impertérrita. Por la reputación y eso—. Por favor, ven conmigo.
—Somos dos —dije, mirando a Kisuke. En fin, para eso estábamos ambos allí, ¿no?
—Muy bien. Nos vemos al final de la barra.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Kisuke Kageyama - 17-02-2024 Cuando Maeve mencionó lo de su padre, Kisuke vio como un destello de rabia cruzaba sus ojos, así que intuyó que era mejor no preguntar al respecto; debía de ser un tema bastante espinoso para ella, demasiado personal, así que lo dejó estar. Por lo menos parecía que la conversación iba por buen camino, ya que aceptó su brindis con una medio sonrisa.
"Se nota que no está acostumbrada a sonreír." Brindaron por su encuentro en el basurero. A Kisuke le hizo mucha gracia que su estupidez inicial del mapache y el basurero hubiese dado pie a ese encuentro tan interesante. Normalmente sus estupideces con su hábito de insultar a la gente le solía conllevar peleas, contestaciones airadas o incluso perder la oportunidad de conocer a gente interesante; quizá por eso era tan solitario, pero bueno, en aquella ocasión parecía que iba a ser diferente. Hasta que le preguntó que qué le iba a dar a cambio por la información de la contraseña, lo que pilló por completo en fuera de juego al pescador y no ocultó su cara de estupefacción. ![]() Por fortuna, sólo estaba bromeando la joven, lo que a Kisuke le pareció fascinante, y no pudo más que reírse ante la agudeza e ingenio de Maeve. Sin duda aquella visita a East Ballywood estaba siendo la mejor que recordaba, aunque tampoco era algo demasiado complicado.
-Kuhahahaha, me pillaste por sorpresa. Entonces tras un rifi y rafe entre la joven y el mugriento camarero, que parecía no tener ni idea de que le estaba hablando Maeve, Kisuke cayó en la cuenta de que el estafador si le había dicho la verdad pero las hostias que había recibido por parte del pescador habían hecho que Kisuke le entendiese otra cosa. "Joder así que era eso yo le había entendido tías verdes con bazookas" Por fortuna para él se había encontrado con la joven albina, que en ese momento le estaba susurrando la contraseña a la que parecía ser o la dueña o la encargada del local. Una mujer tan alta y musculosa como el propio Kisuke, aunque sin duda su pecho era muchísimo más voluminoso que el del pescador. Vio como estrechaban las manos, y como Maeve le incluía en aquello, y la señora los citó la final de la barra, así que le lanzó una sonrisa de agradecimiento y una leve inclinación de cabeza. -Gracias por incluirme, Maeve. Jamás habría podido recordar la contraseña... kuhahahaha. Apuró su cerveza y se puso en camino hacia donde les había indicado la mujer enorme, y Kisuke no pudo evitar comentarle a la joven. -Lo que no se yo es lo que conservara el trabajo el señor Mugre, aunque la verdad me dan ganas de hundirle el tabique a codazos... kuhahaha Se encendió otro cigarrillo mientras esperaban, parecía que al final iba a conseguir lo que había ido a buscar allí, aunque había encontrado algo más y muy interesante. Sin duda Maeve había conseguido fascinarlo y tenía mucha curiosidad de saber más de la joven, aunque eso, seguramente debería esperar al menos a que terminase la transacción con la señora musculosa.
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