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[Pasado] Primera huella - Versión para impresión

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[Pasado] Primera huella - Eaa - 20-02-2024

Leyenda


Otoño, Año 11
En un claro del Bosque Umbrío
Día 15, 08:10 AM

- Vale, aquí no debería de molestarnos nadie - le dije a Mandarina, antes de dejarle salir de mi abrigo. Me quité la capucha, dejando de esa forma mi pelo carmesí libre. Me aseguré de que nadie nos hubiera seguido. Parecía que la capucha había hecho su función. Tenía que ir con cuidado, ya que ahora era una mujer buscada. - Hablando de buscada... - dije, y me senté para rebuscar en mi pequeña bolsita. Saqué el cilindro que contenía el dibujo de Eli, aquel que la pequeña me había regalado en Ohara. Lo abrí, sacando su contenido, y me quedé mirándolo unos instantes.

- Va a ser muy complicado que volvamos a vernos, Eli - hablé, mirando al cielo. Sorprendentemente, aquel día no llovía. Había enormes nubarrones grises que amenazaban tormenta, pero parecía que aguantaría un poco más antes de mojarme. Enrollé el dibujo y lo volví a meter en el cilindro, el cual cerré y devolví a la bolsita. Saqué entonces lo que estaba buscando en primer lugar, los carteles de recompensa.

Había podido hacerme con algunos de los nuevos carteles de recompensa, aunque principalmente me importaban tres. - Peteiro Gorgullo, cuatro millones- murmuré, antes de pasar al siguiente. - Eaa, seis millones trescientos mil. - nuevamente, puse este al final, revelando el tercero. - Maeve Knox, catorce millones setecientos mil. - una mueca se dibujó en mi rostro. - ¡Catorce millones! - exclamé, echándome hacia atrás bruscamente, quedando tumbada en el suelo, con el cartel en lo alto. Irónicamente, aquel cartel tapaba parte de los pocos rayos de sol que entraban al claro, haciendo que no pudiera ver el cartel en sí, debido a la sombra que este proyectaba sobre mí. Me eché a reír, bajando los brazos, apoyando el cartel sobre mi pecho. Me alegraba enormemente ver la recompensa de la que posiblemente era mi única amiga (si ella así quería considerarme, puesto que por mi parte era así). - Dejar huella - recordé, las palabras de la albina con una sonrisa. En realidad, aquel era un muy buen primer paso para llevar a cabo su sueño. Tener una primera recompensa de casi quince millones en verdad era algo a tener en cuenta. Como era de esperar, las críticas voces en mi cabeza comenzaron a hacer de las suyas. - Si les dimos una paliza a los guardias entre los tres, ¿por qué su recompensa es el doble que la mía? - saqué la libreta en la que apuntaba esas cosas. - ¿A parte de cargarse a dos guardias, múltiples intentos de homicidio y asesinato, allanamientos de morada, extorsión, robo, torturas y quemar vivo a un grupo de personas, qué ha hecho para merecer esa recompensa? - pregunté en alto, como si esperando que alguien me respondiera. Me quedé unos instantes en silencio, pensativa - Bueno, tiene ojos bonitos - afirmé. No tenía ninguna relación con aquel tema, pero a decir verdad fue lo único que me vino a la cabeza. Asentí, antes de coger de mi abrigo el Den Den, disponiéndome a llamarle. Me acordé entonces de que no tenía forma de contactar con ella, puesto que el día le pregunté su número de Den Den esta me respondió, como siempre, con una broma que no entendí y por ello apunté un número equivocado. De hecho, cuando conseguí encontrarla después de leer los periódicos se rio de mí por aquello.

- Te voy a acabar comprando un Den Den y los vamos a sincronizar, así no vas a tener excusa para no cogerme - hablé yo sola, algo molesta. A decir verdad, Maeve no tenía ninguna culpa de nada de eso, pero parándome a pensar en ello, es posible que me sintiera algo celosa por la diferencia entre las recompensas de ambas.

Antes de dejar más libertad de acción a mis propias críticas para que me llevaran a hacer alguna tontería que involucrara a la otra mujer, me levanté de un salto. - Vale, a lo que habíamos venido. - dije, quitándome el abrigo. Me agaché, separando los mechones con cuidado. Tras quitar un par de hojas secas me levanté bruscamente. Procedí a quitarme entonces la camisa, puesto que posiblemente me supondría una molestia. Me agaché, antes de comenzar a realizar flexiones.



Resumen

Aclaraciones

Akuma

Karmas relevantes



RE: [Pasado] Primera huella - Maeve Knox - 20-02-2024


     Había abierto los ojos antes de que el sol apareciese por el horizonte. En Toroa era complicado, sin embargo, coincidir con el momento del amanecer, ya que las nubes perpetuas dificultaban la tarea de conocer el momento exacto. No obstante, ese día supe que el astro aún no había hecho acto de presencia. La iluminación, el aroma, la temperatura. Aprender a identificar esas cosas podía ser de utilidad.
     Una pesadilla me había hecho despertarme de un modo abrupto, empapada en sudor y con el corazón latiéndome como si un gran peligro se cerniese sobre mí. En mi cabeza, lo había: el Patrón. ¿Cuánto habían pasado ya, quince años? Ese puto hombre seguía torturándome desde lo más recóndito de mi cerebro. Me jodía demasiado pensar que, después de tanto tiempo, y sin que él lo supiese, continuase teniendo tal influencia sobre mí.
     ¿Para qué dar vueltas en la cama si no me volvería a dormir? No quería volver a dormir. Aún guardaba la sensación helada en el pecho y no quería volver a encontrarme con él. No sería la primera vez que cerraba los ojos otra vez y volvía a encontrarme de frente con el contenido de mi pesadilla.
     Por eso, aun sin amanecer, había salido por la puerta del hostal en el que me alojaba.
     La ciudad aún dormitaba, era demasiado pronto. No había nada que hacer allí, tan solo recorrer las calles vacías y húmedas a la espera de la chispa de vida de quienes comienzan su jornada laboral en empleos legales. Tampoco es que tuviese otra cosa que hacer, así que me dediqué a serpentear por la ciudad sin rumbo fijo mientras trataba de desprenderme de la horrible y fría sensación onírica.
     Tampoco estaba tan mal campar a mis anchas en Murkhold, pues sabía a ciencia cierta que oficialmente era una mujer buscada. Sonreí para mis adentros, y para fuera también. No mentiré: era agradable recordar la recompensa que le habían puesto a mi cabeza. Masoquista, pero agradable.
     Tras un buen rato perdiéndome y encontrándome por esas calles, llegué al límite de la ciudad justo en el momento en el que una luz tenue indicaba que por fin estaba amaneciendo. No llovía, para variar, pero las grandes nubes grises se negaban a abandonar su territorio. El sol, sin embargo, consiguió hacerse un huequito ese día. Al menos, algunos de sus rayos.
     Miré en derredor. Me había topado con un camino que, según sabía, conectaba con el Bosque Umbrío. Tan precioso nombre y todavía no me había dignado a visitarlo. Se me hizo buen momento para hacerlo.
     El camino de tierra era, en realidad, un camino de barro. La abundancia de días de lluvia allí hacían que el suelo estuviese casi siempre mojado. Húmedo, como mínimo. Nada que me molestase, pues aquel era un clima que disfrutaba especialmente.
     Tras un pequeño paseo cargado de olores de naturaleza que embriagaron mi olfato, por fin llegué a la linde del bosque. Los primeros árboles, altos y frondosos, me dieron la bienvenida con el susurrar de sus hojas. Sin pensármelo dos veces, me adentré entre ellos. Al hacerlo, sentí algo especial. Los lugares como aquel me causaban ese efecto, algo que no sé explicar pero que me conecta con mi alrededor. Paz, tal vez. Unión.
     Conforme fui avanzando, el camino se convirtió en algo pasado y pronto tan solo estuve rodeada de árboles que apenas dejaban ver el cielo. Una frondosa vegetación dificultaba el avance, pero había zonas en las que se podía caminar mejor.
     El sonido de los pájaros componía una armónica melodía que acompañaba a mis pisadas amortiguadas.
     Para mí, un oscuro y bello paraíso.
     Entonces, un sonido me arrancó de mi estado de bienestar y me hizo ponerme alerta. Era una voz. Algo rígida, seguí avanzando, no sin antes aumentar mi sigilo. Un paso detrás de otro, buscando la fuente del ruido. Conforme el sonido fue haciéndose más claro, no solo supe que se trataba de una voz de mujer, sino que me sonaba. 
     La conocía, claro que la conocía.
     Desde detrás de unos grandes helechos, pude ver a Eaa haciendo... ¿flexiones? Aquel cabello rojo, junto con los cuernos, era inconfundible. Por no hablar de la altura.
     ¿Flexiones, a esas horas? ¿Y allí? ¿Y con el abrigo por la cintura?
     Qué chica tan rara.
     También vi a Mandarina. Sonreí. Un poco.
     Eaa me había llegado a resultar simpática, primero desde la noche en la que reventamos a aquellos guardias, y después desde el día siguiente, donde volvimos a compartir bebidas alcohólicas, junto con Peteiro, revelando algunas cosas de nosotros. Donde armé ese pequeño espectáculo al saber que la muchacha había sido abandonada por el padre y... en fin. Imagino que, desde entonces, me caía mejor. Igual que el hombre pez, solo que él era más... menos... En fin, un tipo peculiar, como me gustaba llamarlo.
     Con cuidado, rodeé el helecho y me limité a esperar sobre el tocón de un árbol que, muy convenientemente, estaba cerca. Estaba frío y húmedo, pero no me importó. Me dediqué a observarla. Me pareció divertido dejar pasar el tiempo para ver cuánto tardaba en darse cuenta de que estaba allí.
     Pero se me acabó la paciencia antes al ver que no reparaba en mi presencia.
     —¿Cuántas llevas ya? —Una sonrisa de medio lado acompañó a mi pregunta.


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RE: [Pasado] Primera huella - Eaa - 20-02-2024

Leyenda


OST de Eaa entrenando

Tras tratar de hacer dominadas sin mucho éxito, decidí que lo mejor era continuar con las flexiones. Tenía las manos húmedas y frías, pero a decir verdad no me importaba lo más mínimo. Me quedé un ratito pensativa, tratando de recordar alguna vez que me hubiera resfriado, pero ninguna vino a mi mente. Seguramente se tratara de algún rasgo de los onis, puesto que tampoco recordaba haber visto a mamá enferma nunca. - Seguro que si soy tan fuerte como mamá, aunque no sea tan alta como ella tendré más recompensa. - hablaba, mientras continuaba con mi entrenamiento. Cerré los ojos, centrándome en los siguientes ejercicios a realizar. - Flexiones, luego toca correr,...

*La música se detiene*

Entonces, escuché una voz que me preguntaba. - Doscientas seis, ¿quieres unirte? - respondí casi al instante. No sabía la razón, pero respondí de manera inconsciente, seguramente porque había reconocido la voz. Continué con las flexiones, hasta que, casi un minuto después, me di cuenta. - Espera, ¿qué hago yo respondiendo? - hablé, notablemente molesta. Aunque más molesta conmigo misma que con cualquier otra persona que allí pudiera haber. Me levanté de un salto, aprovechando el impulso al levantarme, y miré hacia donde provenía la voz. Maeve se encontraba allí, sentada, con las piernas cruzadas como si estuviera sentada en un majestuoso trono, mirándome con una media sonrisa. Me giré, mirando a la rama que había roto al intentar hacer dominadas. - Sí que me he dado un buen golpe, para que Pandita venga a verme. O me he dormido y estoy soñando - caí entonces en que Mandarina estaba allí, junto al tocón, mirando a la albina mujer. - Si Mandarina está allí... -  me giré. Efectivamente, se trataba de Maeve, y ahora Mandarina se encontraba sobre su regazo, hecho una bolita.

- Ah, Maeve. - hablé, no menos sorprendida, mientras cogía mi bolsa. - Siento lo de antes, pensaba que estaba soñando, o que me había dado un golpe en la cabeza y eras una alucinación. - me acerqué lentamente a ella, mientras sacaba la toalla de la bolsa y comenzaba a secarme. - Posiblemente eras la última persona a la que esperaba ver aquí, la verdad. ¿Qué te trae por aquí? - pregunté. - Yo había venido a entrenar, como te habrás podido intuir. - expliqué, secándome la cara. Me senté entonces en el suelo, frente a esta, antes de colgarme la toalla al cuello. - Había pensado que como yo no tengo unos ojos tan - miré a esta a los ojos. Mala idea - bonitos - pensé - de panda - fue lo que dije en su lugar, mientras bajaba la mirada, algo sonrojada. ¿Por qué me costaba tanto mirarle a los ojos?. Respiré profundamente, para calmarme antes de continuar hablando. - Pues había pensado que si me hago más fuerte, igual me suben también la recompensa. - sonreí.

- Tenía pensado seguir entrenando un rato. ¿Te apetece unirte? - propuse, aunque rectifiqué rápidamente - Bueno, podemos hacer alguna otra cosa, si quieres. - propuse después, sin poder mirarle a los ojos



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RE: [Pasado] Primera huella - Maeve Knox - 21-02-2024

     —Doscientas seis —repetí . Si yo llegase por casualidad a ese número de flexiones, estaría lista para que me amputasen los brazos. Bueno, dado el estado físico de la semi oni, no era de extrañar—. Vaya, me halagas al creer que podría haber sido producto de tu imaginación —dije después mientras acariciaba el suavísimo pelaje negro de Mandarina. Lo notaba ronronear bajo mis dedos.
     Por supuesto, le estaba tomando el pelo a Eaa.
     Que estaba entrenando, ya lo había visto. Menuda energía tenía por la mañana temprano. Igual era algo propio de su raza. O pura fuerza de voluntad. O las dos cosas.
     —Estaba dando un paseo. No podía dormir. —Tampoco eran necesarios más detalles.
     Entonces, afirmó que como ella no tenía "ojos de panda", su recompensa no era tan alta como la mía y que por eso entrenaba, para ver si se la subían. ¿En serio había dicho eso?
     —Sí que debes de haberte dado un buen golpe en la cabeza. —Torcí el gesto. Qué puta manía de compararme con un oso—. Ojos de panda no tendrás, pero estás como una puta cabra, y no solo por los cuernos.
     Luego me propuso entrenar con ella. O, según ella, cualquier otra cosa.
     Arqueé las cejas. Entrenar. A esas horas. A ver, me gustaba hacer ejercicio en ocasiones, ya que más me valía mantenerme en forma si quería desenvolverme bien en las peleas. O si tenía que escabullirme en una persecución. Y porque me gustaba, me hacía sentir bien y me ayudaba a liberar tensiones. Pero no esperaba tal proposición aquel día, en mi paseo matutino. Y, seré sincera: físicamente, Eaa me daba mil vueltas. Entrenar con ella me condenaba a quedar siempre por debajo en cualquier ejercicio que me propusiera, y tengo mi orgullo.
     Aunque, bueno, si el ejercicio era volar, salvo sorpresa, estaba segura de que ganaría yo. Pero, por alguna razón, no quería desvelar mi akuma no mi. Todavía. Tal vez, si el destino nos seguía uniendo, lo hiciera algún día en su presencia.
     Por supuesto, no le diría nada de esto a la pelirroja. Aparte de orgullo, tenía una reputación que mantener.
     —No te preocupes por mí, tú puedes seguir entrenando, haz como si yo no estuviera. Me quedaré aquí con Mandarina tranquilamente. —No había dejado de acariciar a aquel gato adorable. Claro, que si había propuesto una alternativa es que quizá le apeteciese algo diferente—. Si no, ¿qué te apetece? Salvo pasear o algo así, no hay mucho más que hacer por aquí. Igual aprovechas más el tiempo con tus flexiones y tus cosas.
     Otra alternativa, que tampoco dije, era cazar. No siempre había tenido la posibilidad de comer de un plato y, como buitre, solía tener éxito haciéndome con alguna presa. Aunque los buitres como animales son carroñeros, prefería algo recién muerto, y no con el proceso de putrefacción iniciado. Pero cazar no era una opción por la misma razón por la que no quería volar.
     En cualquier caso, noté que Eaa no me miraba a la cara al hablarme. Quizá por cansancio, quizá porque estaba siendo educada y en realidad quería seguir entrenando sin ser molestada.
     —O puedo irme, así no te interrumpo.
     Total, aún quedaba mucho bosque por explorar. Y no había desayunado.


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RE: [Pasado] Primera huella - Eaa - 21-02-2024

Leyenda


Sonreí al escuchar que era un halago para Maeve. No pude evitar sonrojarme un poco con sus palabras, a decir verdad. - No podía dormir - repetí en mi cabeza. Era algo que había sufrido mucho. Durante muchos años, las pesadillas no me habían dejado pegar ojo. El miedo a que él entrara en la habitación, a que alguien me descubriera y volver a aquel infierno, me quitaban el sueño muchas noches. Por suerte, desde la aparición de mi pequeño Mandarina las pesadillas habían remitido, posiblemente porque era él quien se encargaba de perturbar mi apacible sueño.

La propuesta de la mujer sobre seguir entrenando mientras ella me miraba era, como poco, muy extraña. Nunca había entrenado frente a alguien que no fuera Mandarina, aunque posiblemente a Maeve le gustara más la idea de acariciar al pequeñín mientras charlábamos. A decir verdad, la albina no parecía alguien que se ejercitara con intenciones de aumentar su fuerza física, como mucho la imaginaba entrenando su destreza con aquel látigo que portaba siempre en su cintura. Bueno, siempre que no estuviera peleando. Una imagen apareció intrusivamente en mi mente. La descarté casi al momento, centrándome en la siguiente pregunta de esta.

- Pues, ahora que lo dices... - hablé en bajo, hasta que escuché a esta decir que si no mejor se iba. No quería que se fuera. No me interrumpía para nada. De hecho, estar con ella era bastante mejor que hacer flexiones. - No, no no - hablé, nerviosa, levantando la mirada. - No interrum... - otra vez, esos ojos. Ahora estaban mucho más cerca, y me miraban fijamente. Agaché la mirada rápidamente, volviendo a mirar a su pecho. Estaba roja como un tomate, podía percibirlo por lo mucho que me ardían las mejillas y las orejas. - No interrumpes... - dije tímidamente. - Podemos... podemos dar un pequeño paseo, ahora que no llueve todavía. - propuse - Es la primera vez que vengo al bosque, pero parece muy bonito para pasear. - me frotaba las manos, nerviosa. - Bueno, con bonito me refiero a solitario y lúgubre, pero a ti te gustan esas cosas, ¿no? - pregunté, sonriendo. Instintivamente volví a levantar la mirada. - Esos malditos y bonitos ojos. - Me eché hacia atrás, dejándome caer al suelo bruscamente, tumbada. Me di un buen coscorrón, pero estaba demasiado nerviosa como para que me afectara. Cogí la bolsita, buscando en ella algo de comer. Al levantarla los carteles de se busca salieron volando, cayendo estos entre ambas al suelo. Saqué de la bolsa algo de carne seca que había guardado para después de entrenar y le ofrecí. - Tenía pensado comerlo luego, pero bueno. ¿Quieres un trozo? - pregunté. Mamá me había enseñado que era de mala educación comer delante de gente sin ofrecerles comida. Por lo general me importaba un pimiento el resto de gente, pero estaría bastante feo comer delante de alguien que me cayera bien sin decirle nada. - ¿Si eso después de pasear me ayudas con el entrenamiento? - le pedí. - Mandarina está muy tranquilo cuando estás cerca.


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RE: [Pasado] Primera huella - Maeve Knox - 21-02-2024

     OST DE LA ESCENA

     Eaa respondió a mi pregunta: no quería que me fuera, no la estaba interrumpiendo. Pero sucedió algo peculiar, y es que su rostro enrojecía por momentos. Ladeé la cabeza, curiosa. Pues sí que se debía de haber esforzado Eaa en sus ejercicios como para tener la piel de esa forma.
     Seguía sin mirarme. O, al menos, la mayor parte del tiempo. De hecho, hubo un momento en el que la trayectoria de sus ojos se quedó a la altura de mi pecho. Miré hacia abajo, a ver si es que tenía algo, o quizá llevaba un escote demasiado pronunciado y revelador. Pero no, mi chaqueta negra permanecía, aunque ajustada, cerrada. Se ve que con el pequeño trastorno de por la mañana me había olvidado de qué llevaba puesto. O mejor dicho, cómo lo llevaba, porque tampoco tenía un gran armario donde elegir. 
     ¿Qué mosca le había picado?
     Preferí centrarme en lo que decía y no en intentar interpretar a esa chica, porque estaba claro que, de momento, no se me daba muy bien. Le pareció buena idea eso de pasear y destacó la preciosa oscuridad de aquel bosque, aludiendo a mis gustos. Esbocé una pequeña sonrisa. Pues sí, amaba este tipo de cosas.
     Al parecer, me conocía mejor que yo a ella. Eso me hizo sentir un poco... mal. O sea, no está bien la falta de reciprocidad en ese aspecto, sobre todo, con alguien que había empezado a agradarme.
      El malestar se acentuó cuando me ofreció de su comida. Parecía carne algo seca, desconocía la procedencia. Pero, teniendo en cuenta las cosas que había llegado a comer en mi vida, no me daba ningún reparo. Y menos viendo que no tenía mucha cantidad y aun así me ofrecía.
     Empezaba a ser consciente de que Eaa tenía muy buen corazón.
     Y el mío se estremeció un poquito. 
     Depositó un trocito de esa carne en mi mano y la partí con los dientes. En ese aspecto, mi pico afilado era más útil para desgarrar ciertos tipos de carne, pero me apañaba bien.
     —Si quieres, te puedo ayudar en tu entrenamiento, aunque no sé qué es lo que esperas de mí —comenté cuando tragué el último pedazo. Aunque la cantidad había sido insuficiente, ayudaría a calmar mi hambre.
     El comentario de Mandarina me pareció... adorable. Y estaba empezando a pensar que quería que esa chica dejase de hacer y decirme cosas adorables, porque me hacía sentir incómoda. No incómoda en el mal sentido: precisamente porque me hacía sentir bien, me incomodaba. Eran pocas las personas con las que había ido más allá que simplemente hablar del tiempo (aquel día, con grandes nubarrones, para variar), pero supongo que ella se ganó el derecho desde que, junto con Peteiro, intercambiamos cierta información en aquella taberna. En el fondo, es un escudo que levanto a mi alrededor para que no me hagan daño. Soy plenamente consciente de eso, aunque, por supuesto, no se lo confieso a nadie.
     Aún sosteniendo a Mandarina entre mis brazos, me puse en pie. Fue en ese momento cuando el gato decidió que estaría mejor en mi hombro y, con sus uñas afiladas de felino, escaló por mi ropa hasta colocarse en su trono improvisado. Era una sensación agradable que su pelaje rozase mi cuello y rostro.
     —Te preguntaría que a dónde quieres ir, pero sería raro en un bosque. Y más si es tu primera vez aquí y la mía también. No lo conozco. Me he dejado guiar por mis pasos y te he encontrado, así que puede que encontremos otras cosas si avanzamos.
     Entonces, reparé en los papeles que habían salido volando de su bolsa minutos antes. Levanté las cejas.
     —¿Llevas nuestros carteles de recompensa? —Lo que no le conté es que yo también tenía guardadas unas copias. Estaban en mi habitación del hostal, junto al resto de efectos personales a excepción del dinero y el látigo—. Salimos guapos, ¿eh?
     Y arranqué a andar. Cuando avancé unos metros, me di cuenta de que todavía no se había levantado del suelo.
     —Bueno, ¿vienes o qué? —la apremié, volviendo a esbozar un gesto parecido a una sonrisa.

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RE: [Pasado] Primera huella - Eaa - 21-02-2024

Leyenda


Música para el paseo

Me comí un trozo de la carne mientras trataba de calmarme. - La verdad es que no se, algo se nos ocurrirá luego - dije, soltando una risita. A decir verdad, posiblemente la idea de que Maeve me ayudara en el entrenamiento era algo descabellada, pero me pareció buena cuando se me pasó por la cabeza. - Sí, seguro que encontramos algo bonito en el bosque - esbocé, nuevamente, una sonrisa. Estar acompañada era más que suficiente para mí, a decir verdad, y seguro que dando un paseo iba a poder conocer mejor a aquella mujer que tan interesante me parecía.

- Sí, los llevo siempre encima. - expliqué. Con siempre me refería a desde que los conseguí hacía dos días, pero bueno. - Es una forma de mantener siempre presentes mis metas. - confesé. entonces, Maeve siguió hablando. - ¿Acaba de decir que salgo guapa? - fue la deducción que saqué de sus palabras. Para sorpresa de nadie, me tapé la cara con las manos, pues volvía a tenerla roja como un cangrejo recién hervido. Entonces esta me llamó. Me levanté de un salto, y tras recoger la toalla y mi bolsa del suelo, aprovechando para peinarme en el proceso, fui a su lado. Comenzamos a caminar por el bosque, disfrutando de la agradable temperatura, el sonido de los pájaros y la vegetación.

Llevábamos aproximadamente cinco minutos caminando en silencio cuando decidí comenzar a hablar de algo. Reuní valor, aunque no el suficiente para mirar a mi acompañante a los ojos - El otro día no dije nada, pero tu sueño es realmente bonito - di mi opinión, sonriendo. - Dejar huella, gritarle al mundo: ¡Estoy aquí! -  Había escuchado siempre que el silencio es mejor no romperlo si no es para mejorarlo. Yo misma opinaba de esa forma, y por ello tenía miedo de que mi intervención causara incomodidad a Maeve. - Mi comida favorita es la tarta de Mandarinas. Mi mamá me la preparaba cuando era pequeña. ¿Y la tuya? - pregunté, intentando cambiar entonces de tema, por miedo a que esta pudiese enfadarse y decidiera irse

No tardamos en escuchar un río, tras lo cual insté a la mujer a dirigirnos hacia allí. Más que un río parecía un arroyo. Era estrecho, con aguas cristalinas, y rodeado de vegetación. - Me estoy muriendo de sed - expuse, antes de acercarme a recoger algo de agua.


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RE: [Pasado] Primera huella - Maeve Knox - 21-02-2024

   Caminar en silencio no era incómodo, al menos para mí, pues, si una está atenta, puede escuchar las palabras del bosque en cada trino, cada crujir de ramas, cada hoja mecida por el viento.
     Eso no significa que cuando Eaa me habló me molestase. De ser así, no habría escogido su compañía. 
     Dijo que lo que les confesé el otro día, mi sueño, era bonito. Dejar huella. ¿Había admitido yo eso en voz alta? No me sorprendí, por aquel entonces había tenido una jarra entre las manos, y recordaba haber hablado de los engranajes que me motivaban, pero... "dejar huella" había quedado bastante poético. Ahora, sobria, sentía expuesta una parte íntima de mí. 
     Miré hacia otro lado, dejando que mi cabello cayese sobre mi rostro como si fuese una cortina. Solo así podía evitar que mi acompañante observase mi rubor. Mandarina, por su parte, continuaba en mi hombro, ajeno a lo que le sucedía a su vehículo humano.
     Estaba pensando qué podía decir para romper ese, ahora sí, incómodo silencio —al menos, para mí—, cuando la pelirroja me habló de su comida favorita. Tarta de mandarinas. Ja, ¿por qué no me sorprendía la coincidencia con el nombre del gato? Se la preparaba su madre. Ojalá yo hubiese conocido algo así. Y, aunque a estas alturas echarlo de menos estaba de más, sentí una pequeña punzada de nostalgia por algo que nunca existió.
     —¿Llamaste a Mandarina "Mandarina" por la tarta de mandarinas? —Traté de sonar despreocupada, como si nada me hubiese afectado segundos antes—. ¿Mi comida favorita? El marisco desde luego que no, me da puto asco. Creo que —dejé una pausa, pensativa— la lasagna de espinacas. Solo la he probado una vez, fue en un restaurante de una isla de aquí, del West Blue. No recuerdo el nombre ni de la isla ni del restaurante, pero sí que me gustó tanto que se convirtió en mi plato favorito. Jamás volví a probar algo tan delicioso.
     Mierda, se me estaba haciendo la boca agua. Mataría por volver a probar ese manjar. Literalmente.
     Iba deleitándome mentalmente en aquella maravillosa lasagna, cuando escuchamos agua. Ante nosotras se abrió un pequeño arroyo. En sus orillas, la vegetación agradecía tal regalo transparente, siendo más densa y florida. Eaa anunció que tenía sed y obró en consecuencia. La imité: el agua era tan cristalina que observarla era una invitación a beberla.
     Probarla era un placer de los dioses.
     Decidí que sería bueno sentirla también en otras partes del cuerpo. Me quité la chaqueta y la dejé en la hierba, a un lado. A continuación, me remangué y me froté los brazos con ese agua fría y sin restos de contaminación. Me quedé mirando, por un instante, el tatuaje del interior de mi muñeca derecha: dos tibias cruzadas. Luego, cogí otra poca agua con esa misma mano y me la lleve a la nuca. Lo cierto era que no hacía calor como para tener que refrescarme; de hecho, si esperábamos un poco, quizá la lluvia se encargaría de ello. Pero sentaba bien, muy bien.
     Por supuesto, Mandarina se había bajado de mi hombro al notar mis intenciones y ahora se dedicaba a olisquear una seta.
     —¿Cómo decidiste que querías ser pirata? —le pregunté a bocajarro. La idea me la había dado mi propio tatuaje de la muñeca. 
     Habíamos hablado de nuestros sueños, sí, pero poco acerca de cómo habíamos empezado a fantasear con ellos. Alcé la cabeza y me quedé mirándola a la espera de su respuesta.


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RE: [Pasado] Primera huella - Eaa - 22-02-2024

Leyenda


- Bueno, llamé a Mandarina así porque me gustan mucho las mandarinas, y se parece a una mandarina. - expliqué, mirando al pequeño animal. Como era de esperar, la albina mujer me echó una mirada muy rara. - No te rías, tiene una explicación. - le interrumpí. - Donde vivía con mamá había mandarinas, que eran pequeñas y de color negro. - expliqué. - Algún día, si puedo volver, te traeré alguna.

Me pareció interesante lo que dijo acerca de la lasagna de verduras, por lo que decidí apuntarlo en la libreta. - Entonces por tu cumpleaños te voy a hacer una lasagna de espinacas- comenté. A decir verdad, ni siquiera sabía cuándo era su cumpleaños, ni sabía cocinar una lasagna de espinacas. De hecho, estaba muy segura de que ni siquiera iba a seguir teniendo contacto con Maeve para cuando ese día llegara.

Tras saciar mi sed con el agua del arroyo, me giré para ver qué hacía mi pequeñín. Este olía una extraña seta, la cual tenía una apariencia muy extraña. Utilicé algo de comida para llamar su atención, de forma que no tratara de comerse aquel hongo. La mujer me preguntó entonces acerca de mi decisión de ser pirata. - A decir verdad, es la única opción que me quedaba. - hablé, con cierta tristeza, mirando el tatuaje en la muñeca de esta. Yo no tenía ningún tatuaje. No me agradaban del todo las agujas, a decir verdad, y el tema de que fuera algo permanente me inspiraba cierto miedo. Ya tenía una marca que quisiera poder eliminar de mi cuerpo. - Después de escaparme de... - me di cuenta entonces de que estaba hablando de más, por lo que paré en seco. La tristeza desapareció por completo de mi rostro, dejando únicamente visible una infinita seriedad. Instintivamente, llevé mi mano a mi hombro. La marca volvía a arder. Esta vez había sido únicamente culpa mía, no había excusas. - Eres tontísima - las voces de mi cabeza volvieron a la carga. Esperaba fervientemente que mi nueva amiga no siguiera indagando. No quería recordar aquella parte de mi pasado, y mucho menos para contarle nada al respecto. No estaba preparada. Esbocé una pequeña sonrisa, como si de esa forma todo fuera a desaparecer.

Un pequeño destello llamó entonces mi atención. - Es verdad. - dije en alto. - Quería preguntarte antes, pero me daba un poco de vergüenza - la idea que había descartado antes, por muy extraña que fuera, era sin duda infinitamente mejor que cualquier cosa relacionada con la marca de mi hombro. - ¿Cómo conseguiste ese látigo? Es bastante, digamos, exótico - pregunté con cierta intriga. A decir verdad ella también era bastante exótica. Posiblemente igual o más exótica que yo. - Te pega bastante y es realmente precioso. - acerqué el dedo índice hacia este, sin llegar a tocarlo, puesto que recordaba a la perfección su reacción cuando le abracé. Por suerte para mí, hablando de según qué temas, me era bastante fácil encadenar varias frases y conceptos forma bastante fluida, lo cual en este preciso instante me podría ayudar a que esta olvidara lo mencionado anteriormente. - ¿Qué cosas sabes hacer con el látigo? Me gustaría verlas. - sonreí, mirando a su pecho. Había aprendido la lección e iba a limitarme a no mirarle a los ojos por un rato. - Estoy realmente excitada de verte usar el látigo - Los nervios me jugaron una mala pasada. - Expectante - era la palabra que buscaba, pero estaba hablando posiblemente demasiado rápido. Me reí entonces, nerviosa.


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RE: [Pasado] Primera huella - Maeve Knox - 22-02-2024

OST DE LA ESCENA

     Mandarinas negras. Jamás había oído nada igual. En fin, peores cosas se habían visto. Aquello solo era una fruta de un color peculiar. Frutas inofensivas, a diferencia de aquellas diabólicas que otorgaban capacidades extraordinarias. Nadie debía alarmarse por una mandarina negra.
     —¿Sabes cocinar? —le pregunté. Por supuesto, no me refería a no quemar la cocina en el intento, sino a preparar platos como ha de hacerse, y no un triste huevo frito.
     Aunque de buena gana me comería un huevo frito.
     No recordaba haberle dicho la fecha de mi cumpleaños, pero si era capaz de preparar una lasagna de espinacas la mitad de deliciosa que la que moraba en mis recuerdos, tendría mi eterno agradecimiento. 
     Eaa, después, no quiso seguir hablando del sujeto del que había escapado en su hermético pasado. Luego, se tocó el hombro, gesto que no me pasó desapercibido. Y la vi sonreír.
     Todos tenemos nuestros secretos, ¿verdad? Y aunque a veces resulte tentador compartirlos con alguien más para, de algún modo, aliviar la carga, en el fondo sabemos que nosotros, y solo nosotros, somos quienes debemos soportar su peso.
     Ladeé la cabeza cuando me dijo que le avergonzaba preguntarme algo. Obviamente, eso solo aumentó mi curiosidad. Ese algo era mi látigo. Exótico y precioso, según sus palabras. Quería saber qué cosas sabía hacer con él, que la excitaba verme usarlo.
     Levanté una ceja. 
     —¿Te va ese rollo?
     Yo también sonreí, pícara. Vaya, no era algo que me esperase de ella y tampoco que me lo dijese abiertamente. Tenía sentido, pues me había advertido que le daba vergüenza.
     Sin embargo, al preguntar por el origen de mi precioso látigo, a mi mente vino la lucha, la sangre, el fuego. Kisuke.
     —Conseguirlo fue... complicado. Me tuve que relacionar con gente de los bajos fondos y... bueno, digamos que no acabó bien para ellos. Terminaron muertos. —Me ahorré muchos detalles, creía que no sería del gusto de Eaa escucharlos, y con razón. No era un recuerdo agradable. Bueno, en su mayor parte—. Y lo que sé hacer con él es pelear, como ya sabes.
     Desenrollé el látigo de mi cintura en toda su longitud metálica cubierta de pinchos. Oh, por supuesto que recordaba perfectamente la noche en que lo conseguí. De pronto, con un movimiento rápido con la mano derecha, la cadena serpenteó, veloz, por el aire hasta encontrar su chasquido contra el suelo mullido. Multitud de hojas secas y briznas de hierbas saltaron por los aires, creando una pequeña atmósfera de vegetación flotante por unos instantes.
     —¿Es que acaso te gustaría que le diera otros usos?
     Mi voz, deliberadamente sensual, acompañó a la pregunta. Entrecerré los ojos maquillados de negro, mirándola fijamente. Y sonreí con malicia.
     A los pocos segundos no pude evitar romper a reír. Me encantaba tomarle el pelo a esa muchacha.


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