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[Pasado][Fic] A plena luz en el Teatro Rojo [Parte 2] - Versión para impresión

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[Pasado][Fic] A plena luz en el Teatro Rojo [Parte 2] - Aspros - 28-03-2024

- Así que, recapitulando… -el inspector de la marina, Lissard, ojeaba la pequeña libreta en la que había estado garabateando notas durante las declaraciones de los testigos. El tipo era colosal, de tez mortecina y pelo ceniza, repeinado hacia atrás con una abusiva cantidad de gomina que hacía que brillase bajo las luces de los focos. Su voz me resultaba un tanto estridente y molesta. Él y el resto de marines habían desalojado el patio de butacas y las gradas, por lo que en el teatro tan solo quedaba el personal y los actores y actrices. Y bueno, yo-. …durante el receso de 15 minutos, el cuerpo sin vida del señor Marcus Goldman, el Duque Clavel, ha sido encontrado colgado del decorado perteneciente al siguiente acto de la obra, el balcón de la Duquesa Rosa. Después de que los encargados de decorado dejasen todo listo, el escenario quedó vacío y sin vigilancia hasta que el cuerpo fue encontrado por… la Señorita Amapola, Ginny Rocktail.

- S-sí -contestó, compungida-. Al inicio del segundo acto yo debía estar bajo el balcón de la duquesa, así que decidí posicionarme y esperar a que terminase la pausa. Al llegar…

- Entiendo, entiendo – cortó desganado Lissard, con evidente prisa por marcharse. Podía ver restos de comida cobijados en su perilla, por lo que supuse que habíamos interrumpido su almuerzo-. Bueno – cerró bruscamente su pequeño bloc de notas y lo guardó en el bolsillo interno de su chaqueta, la cual cargaba en los hombros sin llegar a vestirla por las mangas- está claro que es un suicidio. A la gente de teatro le gusta ser bastante melodramática. El tipo quería acabar con su vida a lo grande. Caso cerrad…

- No creo que se haya suicidado, señor.

Fue en ese momento cuando el enorme marine reparó en mi presencia. Se volteó hacia su zurda y bajó la mirada hasta chocar prácticamente contra el suelo, desde donde yo observaba cómo bajaban el cuerpo del duque del balcón y lo tumbaban sobre el suelo. Su cuerpo comenzaba a ponerse grotescamente duro, por lo que al moverlo parecía una suerte de maniquí hiperrealista. Aunque no le mirase directamente a la cara, podía sentir palpitar la enorme vena que Lissard esgrimía en su frente, cargada de impaciencia hacia un crío que no le dejaba marcharse y terminar su sándwich de mostaza y panceta; seguramente le estaba haciendo un gran favor a sus arterias. Sin esperar respuesta del inspector, avancé unos cuantos pasos hasta parar a un metro del cuerpo.

- Si hubiese querido suicidarse, ¿no habría sido más fácil atar la cuerda directamente a las barras del balcón y tirarse desde ahí? -desplacé mi mirada desde el balcón hasta el lateral del teatro, donde se alineaban una serie de contrapesos que mantenían erguido el decorado de la escena-. La cuerda está atada a uno de los pesos de allí, ¿por qué haría algo así?

- Pero ¿quién es este mocoso y qué hace aquí? -colérico, el detective buscaba respuesta en los rostros de los asistentes, que se miraban desconcertados.

- Es mi hijo, discúlpele, es muy curioso- contestó mi madre, alzando la mano a la altura del pecho en señal de disculpa. A pesar de ello, no mostraba indicios de querer pararme, y es que veía en mí a aquel pequeño niño curioso y sabelotodo del que se había enamorado durante su infancia, Yusaku, mi padre; de tal palo, tal astilla, dicen.

- Bueno, pues encárguese de su… -paró de reprender a mi madre para volver a poner la atención en mí, que me encontraba inclinado sobre el cuerpo. Al acercarme, pude ver que había restos de maquillaje en los dedos de Marcus y que su frente lucía una leve rojez- ¿Se puede saber qué estás haciendo? -su gran envergadura no le impidió aproximarse a mi rápidamente, cogerme del cuello de la camisa y elevarme del suelo como si fuese un simple saco de patatas- Este señor se ha suicidado, fin. Los niños no tendrían que estar en este tipo de sitios.

- ¿En un teatro?

- ¡En la escena de un crimen!

- Entonces reconoce que ha sido un crimen.

- ¡YO NO…YO…AGH! -me bajó lentamente y respiró hondo, haciendo acopio de los pocos gramos de paciencia que le quedaban bajo aquel caso de gomina-. ¿Insinúas que ha sido asesinado?

- Sí -deslicé mi mirada por entre los presentes, haciendo hincapié en la Duquesa Roja, el Señor Lirio y la Señorita Amapola- y creo que ha sido uno de ustedes tres.

Los tres aludidos, exaltados, intercambiaron miradas escandalizadas. Pareciese que sus ojos iban a abandonar sus orbitas. Curioso, Lissard también les dedicó una mirada que, dejando de lado su incredulidad y el desprecio ante la opinión de un simple niño, mostraba un atisbo de duda- ¿Por qué dices eso, criajo? – contestó al fin, volviendo a mirarme con aquellos ojos de besugo- ¿es que has visto algo?

- No, pero son los únicos sin una coartada sólida – repliqué en referencia a los testimonios que, minutos antes, el propio Lissard había presenciado. Tanto el equipo de decoración como el de iluminación y vestuario se encontraban en sus respectivos puestos en el momento del suceso. Era bastante gente trabajando, pero no la suficiente como para que su ausencia no se notase. Por otro lado, todos los actores se habían retirado a sus camerinos, solos, a excepción de Yukiko Kudo, que había recibido la visita de un par de fans en su camerino, los cuales habían corroborado su coartada. Eso dejaba como principales sospechosos del asesinato a los otros 3 actores, que además parecían tener motivos suficientes como para guardarle rencor a Marcus y llevar a cabo el crimen.

- ¿Qué estás diciendo niño? -al fin se pronunció uno de los acusados, el Señor Lirio.

- Yo…yo no soy una asesina -contestó también la Señorita Amapola.

- ¿Va a dejar que un mequetrefe nos acuse de esa manera? -cerró la Duquesa Rosa, que miraba con despreció al inspector Lissard.

El marine, volviendo otra vez a blandir aquella gruesa vena frontal, se agachó para poner su enorme rostro frente al mío. Efectivamente habíamos cortado su almuerzo, puesto que de su boca emanaba un fuerte olor a mostaza que hizo que mis ojos lagrimasen- deja de entrometerte, ¿ha quedado claro? No me eches encima a estos tarados -se volvió a incorporar y se aproximó a la zona donde se encontraban los actores- Disculpen, pueden marcharse…

Aprovechando la distracción, comencé a correr hacia el lateral del escenario, encauzando uno de los pasillos tras bambalinas para descender por la escalinata de madera y dirigirme a la zona de camerinos. Ante aquello, el inspector, un par de marines y el elenco comenzaron a perseguirme. No estaba dispuesto a que se marchase ninguno de ellos, puesto que tenía la convicción de que entre ellos se encontraba el asesino.