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[Pasado] Viejas conocidas - Versión para impresión

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[Pasado] Viejas conocidas - Eaa - 04-04-2024

Leyenda


Un olor dulce, con un toque ácido se escapa por la ventana. - Me encanta el pastel de mandarinas - dejo escapar mientras muevo los pies, animada, sentada al borde del porche. Hace un día precioso. El sol brilla en lo alto, radiante, pero hay una suave brisa que hace que estar en la calle sea agradable. Sorprendentemente no se escucha cantar a los pájaros. - Estarán durmiendo - sonrío, tarareando la canción que me enseñó mamá. Un ligero olor a humo llega hasta mi nariz. - Mamá, ¿Qué es eso? - pregunto, señalando las numerosas columnas de humo que se alzan sobre las copas de los árboles, más allá del bosque. - Que fiesta más rara. - a decir verdad, se escucha mucho barullo proveniente del pueblo. - Eaa, entra y coge tus cosas. - habla mamá, asomándose por la ventana. Se la nota enormemente apurada. - Nos vamos de excursión - No quiero irme de excursión, pero mamá seguro que tiene sus razones. Seguro que ha encontrado un sitio nuevo que me quiere enseñar. Entro en casa, y comienzo a rebuscar entre mis cosas. El barullo va acercándose, mientras meto las cosas en un pequeño petate. - Mamá, no encuentro a Bigotes - le miro, mientras intento recordar donde he dejado mi pequeño peluche de conejo. - No te preocupes mi vida, seguro que él nos alcanza luego - me coge de la mano, dirigiéndose conmigo hacia la puerta trasera - Pero a Bigotes le da miedo estar solo.  Seguro que si le dejamos aquí se pone triste y llora. - recuerdo entonces donde se encontraba el animal de peluche: sentado en el pequeño columpio del porche. Me suelto de la mano de mamá, corriendo hacia la puerta delantera. - ¡No tardo nada! - le digo, mientras abro la puerta. Tan pronto la abro, una sombra se cierne sobre mí. Un grupo de hombres esperan en la puerta. Uno de ellos me agarra por el brazo. Trato de zafarme, sin éxito. Entonces, un vendaval y el hombre sale despedido. A mi lado, mamá, quien, tras propinarle un rápido y potente puñetazo a aquel indeseable me sujeta del brazo, apartándome. - Sal por atrás. Espérame en el patio de juegos. Yo cojo a Bigotes y voy contigo - obviamente, el patio de juegos no es un patio, si no un recóndito claro en el bosque, donde mamá me lleva de vez en cuando para jugar al aire libre. Hago caso a mamá sin pensarlo dos veces y corro hacia la puerta de atrás. Antes de llegar, esta se abre de un golpe, y al otro lado, otro grupo de personas. - ¿Pensabas que íbamos a venir tan pocos, zorra demonio? - habla el que parece el jefe, antes de ordenar a dos hombres que me agarraran. Un grupo se abalanza sobre mamá, la cual se deshace de ellos sin demasiado problema. Se gira, en dirección a donde me encuentro, lo cual propicia que le alcancen con varios dardos tranquilizantes. La pelea continúa unos minutos, mientras mamá se va apagando, debido al cansancio y los sedantes. Cae finalmente al suelo, sobre una montaña de cadáveres y hombres inconscientes.

- Quién diría que nos iba a dar tantos problemas una única zorra - habla uno de los hombres, gordo y apestoso, acercándose a mamá. Analiza a esta, sorprendiéndose de sus ocho metros de altura, así como de la longitud de sus cuernos - Mamá - Trato de llamarla, pero las palabras no salen de mi boca. Tampoco puedo moverme, por mucho que intente soltarme. - Además, está bien dotada. Lo que daría por poder tirarme a una de estas - sonríe, mientras se acerca para tratar de darle la vuelta. El jefe le para de inmediato. - No le toques ni un pelo. Cada marca le quita valor. Con lo que saquemos por esta, podrás follarte todas las putas que quieras, Pudding - replica, antes de ponerle unas esposas a mamá y ordenar a los otros que la encadenen. - Es una verdadera lástima que los onis sean tan caros - Una mujer se me acerca. Comienza a oler mi pelo, me pasa la mano por el brazo, subiendo desde la mano hasta el cuello. Siento un escalofrío. - Mira lo joven que parece y lo grande que es. Me moriría de ganas de tener a una como esta. Poder domar a una bestia tan... perfecta - se acerca más todavía, y pasa con su lengua por mi cuello hasta la mejilla.

- ¡Qué mierdas haces, Rachel! - grita, enfadado, el jefe. - Lo siento Dom. Esque no he podido resistirme al ver a esta preciosidad. Tiene una piel tan suave que seguro que cualquier marca que deje va a quedar maravillosa, y eso me pone a cien. - otra vez se acerca, esta vez a mi cuello, con intención de morderlo. Aparto el cuello tanto como puedo. Por suerte, Dom para a la mujer antes de que llegue a hacerlo. - ¡Te he dicho que no toques la mercancía! Sal de mi vista o te juro que te voy a meter el hierro al rojo por el coño para que dejes de querer follarte todo lo que se mueve. - le sujeta del pelo mientras grita. Esta sonríe, antes de besarle en los labios, tanto que este termina sangrando del labio inferior. - Luego te espero en el barco. - le dice, antes de salir de casa. El hombre se limpia la sangre, antes de girarse. - ¿Está listo? - pregunta. Alguien responde afirmativamente. Entonces los dos hombres que me sujetan me arrancan la ropa, obligándome a arrodillarme.

- Hora de marcar el ganado - entonces, noto como mi hombro empieza a arder. El dolor es infernal, y todo se torna negro.

Primavera, Año 12
Rémora Fatua, en una solitaria playa de Ohara
Día 73, 3:40AM

Aire. Me falta aire. Abro la boca anchamente, mi cuerpo intenta desesperadamente obtener ese oxígeno tan necesario para mi subsistencia. Abro los ojos. Ante mí, nada. Un vacío infinito. No veo nada. Mi respiración se acelera, al igual que el ritmo de los latidos de mi corazón. Tengo frío. Un frío que no había sentido nunca antes.

Un frío que penetra mi piel nívea, mis músculos y congela mis huesos. También tengo calor. Quema. Mi hombro derecho quema como si lo hubiera metido en un volcán. El intenso calor se extiende como el fuego en un campo lleno de paja. Estoy empapada, mi ropa está empapada, al igual que mis brazos, pero sobre todo mi cara.

Poco a poco mi vista se aclara, a medida que mis ojos se acostumbran a la escasa iluminación que aporta la luna nueva. La lámpara del palo mayor está apagada. Seguro que hace bastante que el aceite se ha consumido. Agacho la cabeza, me encuentro en un charco de sudor y lágrimas. Escurro el sudor de mi pelo, separando los mechones y deshaciendo los nudos de este, antes de levantar la cabeza para echar el pelo hacia atrás. Me doy un golpe contra la pared de madera de la bodega. Me duele la cabeza. Mejor, si me duele la cabeza no me duele el corazón. Me aparto del charco, sin llegar a ponerme de pie. Me quito la ropa, y la dejo en el suelo, sobre el charco. Sigo helada, por lo que me cubro con el abrigo y me quedo encogida, escondiendo la cabeza entre mis rodillas.

Las lágrimas hacen fuerza por salir. No les dejo - ¿Por qué? - me pregunto. - ¿Por qué te fuiste? - La nota de Peteiro hablaba únicamente de Balban y de volver a Ciudad Murkhold, su hogar. Perder de repente a un miembro de la familia hizo que me rompiera por dentro, y más habiéndose ido de esa forma.



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