[Autoaventura T3] Quien no conoce a Ashura teme al ser equivocado. [PRES. ABSOLUTO]
#1
Día 2 Otoño Año 13 
Costas de Kyodaina - En las cercanías de la Rémora -

No siento pena al pensar que debo de alejarme de este lugar. Esta selva me ha arrebatado tiempo, vida... Pero en consecuencia me ha dado muchas cosas buenas, me ha dado un ejercito, gente poderosa y un objetivo más centrado al que ya tenía. Esta isla en esencia se ha convertido en mi cautiverio y en mi punto de partida. Ha sido algo que aunque yo no lo supiera lo necesitaba, pues, en el mundo aguardan peligros de gran tamaño, hay cosas muchos más peligrosas que yo y todavía no estaba listo. Mis poderes... Me hacen más dificil de matar, pero Nicolás insiste en que eso llegará a su fin en algún momento, si sigo subiendo en la escala encontraré a gente que bien pueda hacerme frente porque su poderes son mejores que los míos o porque son mejores combatientes, por eso no puedo depender de ellos, algún día llegará alguien más fuerte y que sepa encontrar mis debilidades, como el mar... Observé aquella gran mancha azul, mi mayor enemigo hasta la fecha. 

Me encontraba sentado en la misma costa dónde se había dado el conflicto que terminó con la vida de Zarek, Eaa y de los demás, para que renacieran como nuevos seres bajo mi mando: Un ejercito de pesadilla.  A un lado la rémora, mi carta de partida, había ordenado a todos que lo dejarán preparado todo, partiríamos en cuestión de días. Mi cruzada estaba apunto de comenzar y aquellos pequeños diablos habían cometido el error de verse en mi camino. Ser tan fuerte es algo... Peculiar, te da las capacidades de gobernar por el miedo o el respeto, dependiendo de como seas, en mi caso... Creo que no es miedo, ellos respetan a la muerte y ven su sombra en mi espalda, supongo que posicionarse del lado que la origina y no del que la recibe es algo respetable. Toqué con mis manos la arena, la misma que hace bastantes días había sido teñida de sangre, la misma que había dado inicio a este grupo tan peculiar... 

Un tritón, por lo que me había dicho el mismo, que nadaba en tierra. Un Oso que hablaba con las capacidades para dejar parado a cualquiera en el sitio y dejarlo a mi merced. Otro Oni, mucho más grande que yo, con un bate y poderes parecidos a los del difunto Zarek. Un hombre con los poderes para destruir ciudades en sus manos y... Eaa la renacida. Todos esos bajo la orden de mi Hoja de luto, esgrimida por un ser de humo, por un demonio. Sonreí de manera macabra, aquella tropa podría destruir ciudades, seríamos el terror del mar, todo lo que nos quedaba era simplemente hacerlo. Escapar de esta prisión de fauna y vegetación enorme, este lugar que se había convertido en mi hogar durante casi un año, dónde había estado encerrado, dónde Nicolás había aparecido. 

La idea de partir de allí sin Zarek me parecía sin lugar a dudas rara, ya me había echo a la día de que aquel macabro ángel de la muerte me acompañaría en mi misión por destruir el mundo, pero... Llevaría su fe conmigo, haría que viera todo lo que podía haber conseguido si no hubiera muerto, esa sería mi señal de respeto, llevar al otro lado a tanta gente como pudiera para que le explicara como estaba masacrando islas, destrozando sueños, arrebatando vidas... 

- Dolor, Desdén, Duelo, Destino, Deferencia... - Susurré. Mis habilidades crecían, disponía de tácticas y contramedidas a todo lo que me había encontrado. Pero había muchas cosas que todavía no sabía, aquel viaje me nutriría y me convertirían en el ser más temido de los mares. Me levanté y agarré mi katana - Voy a convertirme en el espadachín más mortal que se haya conocido -  Dije mientras apretaba su mango y movía su filo en diestro movimientos. Si quería ser el ser más mortal debería serlo con el arte de mi espada. Nadie me había enseñado a usarla, simplemente aquel trozo de acero se sentía natural en mi, era como si mi destino fuera empuñar aquel material en pos de arrebatar vidas con él. Solté un bocanada de humo, como si estuviera fumando, y vi como se convertía en una pequeña espada, era capaz de controlarlo a voluntad y debería de utilizarlo más en mi estilo, pero resultaba complicado, el simple hecho de ser ya de aquel gas era suficientemente útil, me daba capacidad alejadas a las que alguien normal podría soñar pero tenía ideas... Necesitaba más control sobre él, más fuerza sobre mi poder para que pudiera tocar y agarrar, pero todavía no había descubierto la manera ni la forma. Moví aquella espada pequeña de humo que había formado y la choqué contra la mía, el humo se dividió y ante mi orden se disipó - Puedo ser más fuerte... - Me dije. Necesitaba ser más fuerte. Había gente poderosa bajo mi mando y yo debía de seguir siendo el ser más poderoso para que no me arrebataran mi puesto. Si querían marcharse podían hacerlo, pero antes de eso debían pelear a muerte contra mi.  

Clavé la katana en el suelo y me crucé de brazos. No podía dejar de mirar al mar, estaba tan cerca de salir que podía oír el sonido de la gente pidiendo auxilio, el olor de la carne quemada, las lagrimas derramadas por las perdidas que iba a generar. 

Me giré y contemple la gran y frondosa selva que había a mis espaldas. Allí dentro había masacrado tantas vidas... Bueno y en sus costas también. Por un momento me dio pena pensar que nadie sabría de mis hazañas allí, que aquel nunca diría nada de mi pasada por él, pero en cierto modo era mejor, había sido un entrenamiento, una puesta en marcha, me había dado la posibilidad de poner todo en orden... Una vez había llegado allí solo, siendo cazado por un pescador de gran inteligencia, pero ahora, me marchaba con un barco, nuevas habilidades y un equipo con el que desatar el caos. Igual Dios había pensado que moriría allí, que la depresión me haría suicidarme, que no sería capaz de escapar de aquél lugar, pero estaba equivocado. Soy tan soberbio que me enfrentaré al mismo Dios si hace falte. 

- Bien pedazo de mierda - Me dijo Nicolás desde mi cintura. Dios, ese cabrón nunca se callaría - ¿Qué vamos a hacer ahora? - Era una buena pregunta. ¿Dónde me llevarían las aguas? ¿A que isla nos dirigiríamos? ¿Y si volvíamos a ser encarcelados por el destino en otro lugar? 

- No lo sé - Me vi contestando - Lo único que sé es que halla donde nos lleve el destino destruiremos todo a nuestro paso - Descrucé los brazos y moví mi mano diestra, el humo empezó a salir de ella - Una vez nos marchemos, no habrá vuelta atrás, todo aquel que no acepté nuestros deseos irá a visitar a Lily y a Zarek - Volvía a formar mi mano - Hasta que sea yo el que vaya a visitarlos - Había un tono amargo en aquellas palabras, no quería que mi camino se acabara, necesitaba más, saber cual era mi culmen, conocer la cima de mi potencial - Me da igual a quién nos enfrentemos. No existen el gris, o se unen bajo mi mando o se enfrentan a nosotros - Sonaba rabioso e imperiosos, sentía en mi pecho la necesidad acuciante de salir de allí y sumir el mundo en caos. 

- RAhRAhRAh - Rio Nicolás - Para ser un completo inútil te veo bastante bien con eso de llevarte a la gente contigo... - Nicolás titubeó un momento - Sobre todo porque querías irte solo... Porque ibas a luchar solo, ¿será que tienes mie... - 

- Cierra tu puta bocaza - Dije furioso sin permitirle terminar la frase - ¿Miedo? ¿Eso ibas a decir? - Con mi mano izquierda agarré a Nicolás y empecé a emitir fuerza - Yo soy el señor del miedo. Te lo demostraré. Podría hacer esto solo. Si ellos vienen es porque serán útiles y sumarán potencia - Todavía no había sentido el miedo, sé que está dentro de mi, que en algún momento saldrá, que habrá momentos en los que me vea superado, pero... ¿Miedo? Yo soy quien genera el miedo - Si vienen conmigo no es por salvarles... Les estoy condenando a una vida de batallas y dolor, a convertir el mundo en un lugar mucho peor... Nosotros no seremos heroes Nicolás, nosotros vamos a ser los villanos, nos encargaremos de arrebatar los sueños de los demás por gusto, si yo no puedo ser feliz, nadie lo será - Solté a Nicolás. Me giré levemente y agarré de nuevo mi katana con la mano diestra, sin enfundar, como la llevaba siempre. Empecé a caminar por la orilla del angosto mar que se esparcía hacia el horizonte. 

Mis cavilaciones atribulaban mi tormentosa cabeza, no quería ser una pirata al uso, quería engendrar pavor, miedo... Seríamos un ejercito. 

- Ben Power, brigada médica - Empecé a enumerar - Kazuya, brigada especial - Daba pasos tranquilo - Rapax Gin... Brigada de demolición - Mis pasos quedaban marcados en la arena - Kenjo, brigada de combate - Me llevé la mano izquierda al mentón mientras me paraba por un momento - Eaa... - No sabía muy bien que hacer con ella. Ya lo pensaría. 

- Ashura, la catástrofe, Señor de la guerra y general de los Piratas Mushoku - Dijo Nicolás terminando de enumerar nuestras tropas. Bufé en señal de respuesta. Éramos pocos para un ejercito, pero ya conseguiría más números. Algunas tropas de menor importancia que pudieran morir sin dejar un vacío como Zarek. 

Proseguí mi camino alejándome un poco de la Rémora. En uno de los acantilados que generaba una preciosa cala un gran y enorme árbol permanecía solo, como si la selva no fuera su lugar. Un poco de hierva sobrevivía a duras penas a sus pies, mientras que todo el suelo restante era la misma piedra del acantilado. Aquel árbol, parecía haber elegido la soledad, parecía soberbio, era como si el solo se enfrentase a la inmensidad. Me paré frente a él y empecé a observarlo, la altanería con la que se elevaba era envidiable. Al observarlo todos mis recuerdos durante el tiempo que había pasado allí empezaron a inundar mi mente:  Mi llegada a manos de aquel marinero llamado Caronte, la masacre de aquella raza de monos, el encuentro con Nicolás, mi combate contra Zarek y la creación de nuestra banda, mi combate contra la tripulación de piratas pez, el combate contra Ben, todas las charlas que había tenido con Nicolás, los paseos por la selva, todos los combates que había tenido contra su fauna, debía de haber exterminado gran parte de la vida que recorría aquella selva, mi posterior encuentro con Eaa y la muerte de Zarek, la inclusión de los nuevos tripulantes... Había pasado tanto tiempo allí y habían pasado tantas cosas que me daba rabia pensar que ese lugar en algún momento se olvidaría de mi, que no hubiera un registro de todo lo que había hecho, de que si había un dueño para aquella selva debería de ser yo. De que yo era el gobernante de aquel lugar y que aquel sitio me pertenecía por derecho, pues yo había sido el regente y regidor de aquel espacio... Pero mi camino debía de avanzar, no tenía sentido que me quedara en aquel mausoleo de soledad, debía de llevar el dolor al mundo. Así que yo, debía de dejar allí mi marca. Debía dejar algo para que aquel lugar me recordara, pues los cadáveres... Tarde o temprano se descompondrían. Así que me acerqué al árbol y le observé desde sus raíces a su copa. Asentí.  

Agarré mi espada y empecé a marcar la corteza del árbol, la sabía del mismo salía como si sangrara, con unos leves movimientos gravé en el tronco del mismo un recuerdo de mi estancia por aquel lugar, para que la selva nunca olvidara cual fue la mayor bestia que había dormido bajo la sombra de sus árboles, que yo era el mayor depredador que había conocido y que por derecho aquel lugar era mío. Al terminar de grabar aquellas palabras me di la vuelta y me volví a la Rémora, deberíamos de empezar con la partida, si Rapax decía la verdad debía de haberlo mejorado para que entráramos todos y pudiéramos partir. En el solitario árbol que ahora dejaba a mi espalda quedaba la siguiente frase gravada para la posteridad:


"Quién no conoce a Ashura teme al ser equivocado"
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ASHURA - INVENTARIO
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#2
Aventura Tier 3 Autonarrada Completada
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