[Auto T3] - Inflación y Ashura es lo mismo. Pres Abs.
#1
Día 60 Otoño Año 13
15:37 Ciudad de Légance


Desde la llegada a la isla, los cabrones con los que convivía se habían mantenido haciendo el vago, hacían de todo menos ser productivos. Creo que era momento de ponerles las pilas... Igual debería darles una lección de combate a Kenjo y Kaguya y cuando me refiero a una lección, me refiero a engancharles por el cuello y barrer con ellos el suelo. No hay nada como recordarles los peligros a los que nos vamos a enfrentar a partir de ahora y que si están conmigo todo lo que vendrá será mucho más fuerte que yo. Pero por ahora tenía algo en mi mente que no podía quitarme de encima: Necesitábamos un barco. 

Había echo un recuento aproximado del dinero de los rastreros que tenía por acompañantes y todavía necesitaba juntar unas cuantas monedas para llegar a la suma que necesitaba para comprar un nuevo navío. Así que tendría que mover mi puto culo peludo y hacer lo mío. Lo bueno de haber sido un mercenario es que aprendes a regatear y yo cuando hablo de regatear me refiero a la extorsionar, amedrentar o sustraer por la fuerzas todo lo que quiero o necesito. Así que no me quedaba de otra de moverme hacia la ciudad y dejar los tranquilos barrios marginales en los que nos hospedábamos los Piratas Mushoku. Eso barrios estaban bastante bien para que nadie nos inflara la polla, pero si quería parne, guita, pasta, dinero o cualquiera de sus derivados tendría que utilizar las 2 neuronas que tenía y buscármela yo solo. 

Así es como emprendí camino desde los suburbios portuarios hacia la flagrante ciudad que se cimentaba sobre los faldones del castillo. Dejé a los chicos haciendo sus cosas, es decir, nada y caminé mientras miraba mis pertenencias a ver cual de ellas podía vender para sacar un dinero. Disponía de: un caracol la mar de peculiar que Eaa me había dicho que debería de guardo "por si acaso", mi preciada espada, la cual, como siempre llevaba en mi mano diestra desenfundad y a Nicolás. Miré el coco pensando en cuanta rentabilidad podría sacarle a una fruta parlante. 

- Ni se te ocurra churrita - Dijo Nicolás. Suspiré, seguramente por ese trozo de basura no me darían ni 100 Beries. 

- Seguiremos con el plan "A" entonces - Susurré. 

- ¿Y cual es McGyver? - Me preguntó Nicolás. ¿Quién cojones era McGyver? Dejé pasar aquella pregunta totalmente confuso, tenía cosas más jodidamente prioritarias. 

Subía las cuestas de la ciudad con una marcha tranquila. Muchos de los urbanitas me miraban, pero rápidamente apartaban su mirada de mi cuando cuando se encontraban con mi ojos, quizá, les llamara la atención ver mi oscura katana o quizá fuera mi hedor a sangre, o quizá fuera mi altura... El caso es que cuando clavaba mis ojos en ellos apartaban los suyos con nerviosismo, aquellos que iban solo o emparejados cuchicheaban en voz baja cosas sobre mi quiero suponer... El momento de matarlos a todos llegaría, solo debía esperar. Kazuya estaba muy pesado con lo de pensar las cosas y eso, joder, se ve que la presión marina lo había acojonado. 

Observaba los puesto había algunos en los que vendían ropa, otros en los que vendían comida, algunos joyas... Pero no había nada que pareciera de gran rentabilidad. Otra cosa que me llamó la atención fue la presencia de la seguridad en las calles, patrullaban marines en rondas de a 2, sabía de ellos porque alguna vez que otra habían aparecido en mis... Encargos. Pero no solían ser extremadamente fuertes, había muchos, eso si que era cierto, pero de ahí a que fueran algo relevante había un gran paso. Su gran presencia me llamó la atención, tanto que pensé que algo había pasado en aquella ciudad hacía pocos días, hasta que al cruzarme con una de parejas en guardia les oí decir: 

- Estuvo bien la cena de ayer en el cuartel - Aquel tipo lo pronunciaba con fuerza mientras me miraba. 

- Sí y eso que tienen que cocinar para todos los que somos... Y mira que somos bastantes eh - El otro pazguato que lo acompañaba tampoco me quitaba la mirada de encima. Lo entendí como una alerta, algo en plan "Oye puto animal, mira, estamos aquí para defender toda esta gente y tú no nos gustas aquí así que ten cuidadito" pero... Para mi fue información.

- Así que aquí hay un cuartel de mezquinos... Vaya, vaya -  pensé. Aquello podría complicar un poco mis planes o... Darle un plus de prioridad a ciertas cosas. Los chicos deberían de conocer aquello. 

Mientras caminaba ensimismado en mis pensamientos, me tope con una tienda que de verdad llamó mi atención. Un cartel de hierro forjado rezaba el nombre: "Armas Albacete: el mejor hierro de la ciudad" 

- Interesante - Pensé. Y así fue como me adentré en ella. Empujé la puerta de madera, fabricada con unos fuertes vástagos y unida por unos remaches de hierro forjado, de un color negruzco y áspero. La puerta rechinó por su peso y antigüedad a la par que me agachaba para entrar por ella, pues estaba pensada para humanos. Aquel sonido, que en otros momentos parecería de un uso descuidado para aquel portón, se tornó en una alerta, que llamó la atención de un pequeño hombre barbudo y calvo que salió de la trastienda.  

- ¡Hola! - Saludaba enérgico - Bienvenido a Armas Alba... - Las palabras empezaron a perder fuerza a la vez que me pega un repaso con la mirada y mi hedor se hacía presente en toda la estancia. El hombre, que era de una estatura pequeña, de un metro y medio más o menos, se veía fornido y cuadrado fruto de trabajar los hierros, hacer extensas jornadas de forja y cargar con materiales pesados, pero su labio empezó a titubear en la siguiente oración - ¿Que-Qué Quieres? No tengo nada para ti -  Prosiguió con un leve tartamudeo fruto del nerviosismo. 

Supongo que no estaba acostumbrado a la gente de mi tamaño, si supiera que yo era el más pequeño de mi grupo... Bueno estaba rapax, pero el era arena de otro costal, era un simple humano. 

- Quiero ver el genero - Dije mientras camina al pequeño mostrador y esquivaba un par de lámparas que había en la tienda. Las paredes de la tienda estaban llenas de espadas, mazos de hierro parecidos al de Kenjo, lanzas como la de Kazuya, guantes, botas y pistolas muy parecidas a la que tenía Ben. Allí había armas para suministrar a un ejercito. En un par de pasos llegué al mostrador, pues al ser la tienda tan pequeña y estar tan llena de artículos, no había mucho más que recorrer, por un segundo llegué a sentirme un poco agobiado presa del calor que emanaban los hornos de la trastienda y del claustrofóbico sitio en el que se vía convertida con tantas armas. Apoyé mi katana en el mostrador. El rostro atemorizado del herrero rápidamente torno del miedo a la curiosidad al ver que la envergadura de la misma era 2 veces la del mostrador, su filo mellado y su característico color negro. 

- Esa espada - El titubeo había desaparecido, el oficio o la curiosidad muchas veces superaba al miedo - ¿Quién la ha forjado? - Preguntó curioso. 

- No tengo ni puta idea - Respondí mientras cruzaba los brazos. Había venido a comprar una de sus espadas, no ha hablar de la mía. 

- Es una Ō Wazamono - Dijo. ¿Mono? ¿Me acababa de insultar?

- ¿Mono yo? Para mona la babuina de tu puta madre - Dije mientras descruzaba los brazos y me apoyaba en el mostrador acercando mi cara a la suya apretando los dientes. 

- No, no - Rectificó rápidamente mientras arqueaba la espalda echándose para atrás evitándome - Me refiero a la espada - Dijo mientras la señalaba nerviosamente - Di-Digo que es una Ō Wazamono - Volvió el titubeo nervioso - Es extremadamente inusual, es un espada muy difícil de ver yo solo tengo... - Pero paro la frase en seco, como si quisiera ocultarme aquella información. 

- ¿Solo tienes? - Le insté a seguir la frase con un movimiento en el mentón.

- Solo tengo un par... - Contestó resignado. 

- Bien - Asentí mientras me volvía a erguir y cruzaba los brazos - Quiero una -

- Pe- Pero son muy caras... No sé si tendrías el dinero para pag - 

- ¿Cuánto? - Dije cortándole la frase.

- 200.000 Berries - Respondió mientras miraba el suelo. Era una suma elevada, pero podría comprar 4 si quisiera. 

- Bien - Dije mientras volvía a agarrar mi espada del mostrador - ¿Qué te parece si te doy 160.000? - 

- Im-Imposible eso es muy bara - Contestó nervioso mientras gesticulaba.

- A cambio - Le volví a cortar - Tú te ahorras arreglar todo tu género - Dije mientras pasaba mi espada por una de las paredes y tintineaba al paso del metal que encontraba de las armas allí expuestas - Creo que sales ganando - terminé mientras recogía el arma y la clavaba en el suelo de madera. El herrero dejo escapar un agudo chillido ahogado - ¿Qué me dices? - Le pregunté con la sonrisa de un lobo hambriento. El herrero tragó saliva mientras jugueteaba con lo dedos. Podría intentar apretarle mucho más, intentar sacar un precio más bajo, pero con la presencia de los mezquinos y todas las calles abarrotadas sería un problema. Aquella cifra era justa, debería de servir. 

- No-No sé... - Respondió. Buena respuesta, eso es que se lo estaba planteando. Moví un poco mi espada, cortando sin problema uno de los tablones del suelo mientras le sostenía la mirada - Vale, vale. ¿Si te la doy te piras de aquí? - Asentí como respuesta - Pues déjame que la coja -  Saqué una bolsita con los berries necesarios y la dejé en el mostrador. El sonido del peso de la misma opacó los rápidos pasos del herrero que se acercaba a la trastienda - Aquí tienes -  Dijo dejando la espada en el mostrador, era preciosa... Estaba enfundada en una vaina de cuero, con un pomo de colores esmeralda, la abrí y vi su filo perfectamente trabajado, diseñado con un metal plateado que relucía levemente. Me podría servir. Agarró la bolsa y empezó a contar el dinero. 

- ¿No te fías de mi? - Dije mientras agarraba la espada que estaba en el mostrador. Una ágil mano del herrero la agarró también. Le sostuve la mirada desafiante. 

- Joder... - Susurró entre dientes mientras la soltaba - Vete de una vez - Respondió resignado. 

- Perfecto... Hasta la próxima - Dije mientras me giraba. Y salía de la tienda, un escalofrió recorrió la espalda del herrero, por el temor que le generaba que volviera a aparecer por allí. 

Salí a la calle agradeciendo el aire puro y la claridad de la misma, ahora solo necesitaba venderla. Caminé por las calles durante un rato, pensando en alguien a quien encasquetarle dicho artículo. Debía ser alguien adinerado, que pudiera pagar el dinero que costaba aquel artilugio... No sabía si encontraría en las zonas bajas mi objetivo. Seguí subiendo las cuestas de la ciudad, acercándome al castillo. Nicolás me había dicho que allí debería de encontrarse la gente más adinerada. Y de echo, se notaba en el ambiente, las tiendas se centraban más en ropas lujosas y abalorios coloridos, artículos gourmet y tonterías de esas que le gustan a lo ricos. También la seguridad aumentaba, había más mezquinos y otros tipos de solados de un uniforme con escudos y blasones parecidos a los que predominaban la ciudad, no sabía a que grupo pertenecían. Pero me observaban con cautela y me seguían con la mirada, portaba una espada a cada mano y una de ellas estaba sin enfundar, en realidad era normal que llamara la atención. Fue entonces cuando encontré a mi presa. Un tipo emperifollado que caminaba con una espada mediocre a la cintura, llevaba un bigote largo y el resto de la cara afeitada meticulosamente, sus ropas parecían caras y eran llamativas, aquel pimpollo de fijo tenía dinero. 

- Ee -  Dije llamando su atención - Tú pintamonas - El tipo se giró hacia mi y miró a su lado para saber si de verdad era a él a quien me dirigía y al darse cuenta de que así era su cara se tornó en una expresión asquerosa y de repugnancia. 

- ¡¿Me hablas a mi?! Idiota desarrapado - Respondió con un tono que entremezclaba la sorpresa y la ira.  

- Sí, sí - Le contesté - MIRA - le dije mientras levantaba la mano izquierda con la katana que había acabado de conseguir - Te quedaría de puta madre, ¿eh? - Le dije 

- Tráteme con más respe... ¿ESO ES LO QUE CREO QUE ES? - Dijo sorprendido. 

- Sí, es una puta espada, mucho mejor que el mondadientes que llevas ahí - Le dije mientras se acercaba a observarla con cara de entusiasmo y alucinación - Te la vendo tirillas - Le dije. Había mucha seguridad allí y todos me observan. Yo no debía de estar tan arriba en la ciudad, era un fallo en la logística de la meritocracia que un andrajoso como yo anduviera por allí. 

- Joder apestas - Dijo arqueando la nariz el pintamonas - Pero sí, la espada es preciosa. Llevaba mucho tiempo buscando una como esta -  Dijo asintiendo mientras la miraba - ¿Cuánto? - Pronunció elevando su mirada hacia mi. 

- 240.000 Berries - Le dije con una amplia sonrisa. 

- ¿Tú crees que soy imbécil? - Me contestó con velocidad. Me arqueé un poco hasta llegar hasta acércame a su oído y poder susurrar. 

- 240.000 Berries y te dejo vivir - Susurré - O antes de que puedas pedir auxilio te cerceno la garganta - Espeté con una voz amenazante. 

Una gota de sudor frío recorrió a mi comprador el cual palideció como si hubiera mirado a la mismísima muerte a los ojos. 

- Vamos, pide auxilio, llevo toda la tarde esperando una razón para destruir este sitio. Dame las razones necearías Pin ta mo nas - Termine pausándome en la totalidad de la palabra. 

El miedo se apoderó de él. Fue entonces cuando su olfato le dijo cual era ese hedor que provenía de mi, era de sangre y de matanza. 

- Me parece un precio la mar de razonable la verdad- Dijo mientras rebuscaba en sus bolsillos - Toma - Sacó una bolsa algo más abultada de la que le había dado al herrero. Putos ricos, siempre iban llenos de monedas. La agarré con un diestro movimiento mientras miraba al rededor, cada vez había mas presencia de los cuerpo de seguridad por la zona. Me miró con miedo a ser robado pero le entregué aquella pequeña espada. Era preciosa y seguramente igual de poderosa, pero no iba con mi estilo. Si mediar más palabra me giré y me metí en un callejón. Oí el ajetreo de las botas de los saldados empezar a andar tras de mi. Justo al girar la esquina y sin que nadie me viera me convertí en humo completamente y empecé a subir por dentro de uno de los canalones de la ciudad hacia el tejado. Desapareciendo completamente de la escena.  Oí el murmullo de los guardias preguntarse dónde había ido mientras yo sobrevolaba de tejado en tejado. 

- Pues ha sido una tarde productiva eh churrita - Me dijo Nicolás. "Vaya que si lo había sido" Pensaba mientras volvía completamente convertido en humo hacía los suburbios y volver a juntarme con el grupo para contarle lo que había aprendido sobre espadas y el cuartel. 

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ASHURA - INVENTARIO
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#2
Aventura Tier 3 Autonarrada Completada
Cita:Obtienes:
  • 7 Mugiwaras.
  • 15.000 berries.
  • 20 Reputación

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