26-09-2024, 08:40 PM
Día 60 del año 13, Verano - 4:48 a.m.
Corriente Akai - Mitad del Grand Line - Frog Guild
Corriente Akai - Mitad del Grand Line - Frog Guild
Alejado de cualquier atisbo de civilización - más allá de la que residía en el Frog Guild -, el cielo de aquella noche de verano lucía sumamente hermoso. Las estrellas del firmamento brillaban con tal fuerza que dolía hasta los ojos con tan sólo poner la vista en ellas y la luna, en su máximo esplendor, se hallaba en el cénit de la bóveda celestial recordando, amargamente, la noche en la que se tuvo que despedir - si es que aquello se le podía llamar siquiera despedida - de la isla de Momoiro.
Aquel asalto había dejado profundas heridas en todos y cada uno de los miembros de los Alas Negras, algunas psicológicas - como el caso de Aspros, que tuvo que abandonar temporalmente la banda - y otras físicas - siendo el claro ejemplo la ausencia de brazo de Tobías, ausencia que a Garnet aún le costaba horrores aceptar -. Con la "implementación" de Yojimbo, Triana, Jolyne y Kenzo al velero que una vez fue exclusivamente de los Shogun Gari, el espacio que había en los camarotes para dormir estaba más que ajustado. No todo el mundo podía permitirse un camarote individual y aunque al pelirrojo pervertido no le habría importado dormir con la "mami salami" de Triana o con Jolyne - como si alguna de las dos mujeres le hubieran dejado -, ciertamente, pasar la noche en la cofia a la intemperie, tenía cierto encanto que no sabía muy bien describir. Al fin y al cabo, era un lugar dónde se las había pasando en vela encontrándose a sí mismo, descubriéndose y reflexionando sobre sus inseguridades y virtudes. Era su lugar cuando estaba solo.
En ese momento, a esas horas, todos sus amigos estaban durmiendo la mona pero Garnet - con tan sólo un tanga azul marino con estrellas blancas y tapado con una manta -, por más que lo intentara, no era capaz de conciliar el sueño, pues no dejaba de darle vueltas a la cabeza. En primer lugar, sentía que debían hablar todos sobre todo lo que sucedió días atrás... Pero al mismo tiempo, tenía el pálpito de que aún era demasiado pronto para hurgar en la herida. Garnet creía que no era casualidad que a todos le hubieran emboscado, lo que tenía pinta, de ser un grupo de marines organizados. El propio Seandass, que en paz descanse, ya se lo había comentado y es que habían recibido el chivatazo de unos compañeros marines, no pudiendo evitar pensar en Ikirami y en sus compañeros, en el propio Sephiroth e incluso Ryze. Para bien o para mal, y por lo que tenía entendido del resto de Alas Negras, el que más había llamado la atención había sido el propio pelirrojo. No sólo dio un concierto, pidiendo que pregonaran su nombre, sino que se estuvo viendo continuamente con su amada, además de encontrarse con Sephiroth y conocer a la tontatta pelimorada. Y si bien era cierto que Ryze no parecía conocer su identidad, ¿y si se estaba haciendo la tonta - que no tontatta -? ¿Y si ahora por su culpa, la relación con Ikirami había salido a la luz y la había metido en problemas? No se lo podría perdonar jamás, desde luego.
Con todo eso en mente, Garnet, sacó sus manos de debajo de la manta, mostrando que, entre ellas, tenía su Den Den Mushi, mirándolo fijamente y serio durante varios segundos, para acabar suspirando y mirando hacia las estrellas.- ¿Y el menda qué cojones hace ahora?- Preguntaba al aire, a la nada, ante la idea de hacerle una llamada a su novia y es que, desde que hablaron el mismo día que le asediaron para verse esa noche, ni él sabía nada de ella, ni - probablemente - ella de él, y eso le mataba por dentro y continuamente, como si se hubiera bebido un vaso de ácido y le estuviera corroyendo por dentro. Deseaba llamar a la pelirroja, escuchar su voz y, sobre todo, contarle todo lo que había pasado. Sinceramente, el mero pensamiento de que la marine le dejara tras enterarse de que había matado a uno de los suyos, se sentía como si mil puñales se clavaran en su estómago pero, en una relación así de seria como la suya, no se debían ocultar asuntos tan relevantes como aquel. Producía pavor la posibilidad de que su relación acabara, sí, pero eso no era lo que le impedía a Garnet llamar a su amada.
Una de las razones era la poca privacidad que tenía en el barco ahora siendo tantos. Es verdad que preferiría que solo Sasha supiera de su pequeño secreto, desde luego. Pero al igual que en su relación con Ikirami no deberían existir secretos, tampoco debía haberlos entre los miembros de su familia. No obstante, el motivo principal no era ese y es que, era innegable que ahora, todos y cada uno de ellos estaban puestos en el punto de mira de la marina. Eso quería decir, que observarían y vigilarían, de ahora en adelante y con lupa, cada uno de los movimientos que hiciera la banda pirata. Garnet sentía que, si habían sido capaces de invadirlos a todos al unísono, podrían hacer cualquier con tal de rastrearlos siendo, una de ellas, interceptar llamadas. De entre todos los objetos que saqueó del cadáver de Seandass, se encontró uno de lo más peculiar, un Den Den Mushi de muñeca de color negro cuya función era, justamente, poder meterse en llamadas ajenas. ¿Y si llamaba a Ikirami y uno de estos marines tochos usaba uno de esos aparatos para espiar su conversación? Ya no sólo rastrearían a la banda, es que además pondría en peligro la reputación y prestigio de la marine, tirando toda su carrera por la borda, y haciéndole más difícil el poder llevar a cabo su objetivo.- Es que vaya putísima mierda, joder, ¿es o no es?- Susurraba, anclando su mirada en el firmamento, con tristeza. Era cierto que, justamente, había adquirido otro Den Den Mushi especial de color blanco que servía justamente para evitar que, oídos ajenos, entraran a espiar las conversaciones, pero desconocía si Ikirami poseía uno, y era potencialmente peligroso arriesgarse de momento.
Por otro lado, otra cosa que le preocupaba era que él tampoco había recibido ninguna llamada de la marine. Varias opciones, cada una igual de catastróficas, aparecían en su mente. ¿Había sido pillada por sus compañeros de la marina? ¿Los revolucionarios de la isla habían descubierto su identidad al final? ¿Y si su gran amigo Okaliva se enteraba de toda la movida? ¿Cómo se lo tomaría? Muchas preguntas asaltaban su cabeza, preocupando en demasía al skypiean por el estado de su amada. Pero sobre todo, una pregunta intrusiva y nociva que le invadía era, ¿se habría enfadado la marine con él por no llamarle? Y, a raíz de eso, ¿le habría olvidado por despecho? ¿Le habría echado la cruz de por vida? Una gota de sudor frío descendía su rostro desde la frente, volviendo a fijar su vista en su caracolófono con los labios temblorosos. Meneó su cabeza hacia los lados, buscando disipar esos pensamientos que de poco servía tener presente.- Si al menos tuviera a Fallen Sound todo sería más fácil...- Musitó, con tono melancólico, al no poder ser capaz ahora de expresar sus sentimientos a través de la música. La de veces que habrá llorado mientras tocaba a la luz de la luna.- Al menos os tengo a vosotros peña, ¿es o no es?- Volvió a decir, posando su mirada en las distintas estrellas de la noche, representando algunas de ellas, a ojos de Garnet, a sus amigos y amada que fallecieron por el camino.
En ese preciso momento, sus ojos se clavaron en una constelación que le sonaba particularmente, haciendo que su corazón latiera con fuerza al recordar el por qué. Se trataba de esa agrupación de estrellas que Ikirami le enseñó la noche en la que dieron rienda suelta a su amor por primera vez.- La conspiración de los amantes... O como sea...- Se dijo para sí mismo acordándose, entonces, de las promesas que se hicieron el uno al otro esa misma noche, bajo esa misma constelación, quedando en un pacto que no se podía romper por los jamases de los jamases. Ese mero recuerdo, hizo inspirar a Garnet grandes cantidades de aire para, acto seguido, exhalar y, tras ello, esbozar una débil sonrisa.- Sé fuerte, y confía, ¿es o no es? Puejeje- Se tranquilizó, quedándose absorto en la nocturnidad de la noche - valga la redundancia - y guardando el Den Den Mushi bajo la manta, nuevamente. Debía ser fuerte y esperar al momento adecuado, por muchas ganas que tuviera y por mucho que la echara de menos, y confiar en que su amor podría con todo, tal y como ya habían jurado. Nada más poner un pie en la siguiente isla, ya encontraría la manera de establecer contacto con ella.
![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)
