[Presente Relativo-Entrenamiento] Vecinos de antaño
#11
Mientras sus piernas se cerraban, el gigante pudo sentir dos cortes más, dirigidos a la parte interna de sus muslos, un corte en el derecho y un corte en el izquierdo. Si bien no dolían si que ardían, como cuando uno se corta la mano con el filo de un simple papel.

La mano izquierda de Beto, que originalmente se dirigía a golpear a aquella bestia, pasó de ser un puño gigante a ser un soba pelotas gigante. El ataque en sus dos campanas le habían dejado sensible la zona, y el movimiento brusco de cerrar sus piernas hizo que tuviera que agarrarlas como acto reflejo.

El olor de la bestia ahora había cambiado de nuevo, y el sonido que antes era el de una bestia de respiración acelerada y ronroneo, parecía ser el de una criatura más calmada y acompañada de un aleteo. Beto estaba realmente intrigado y confundido, nunca, jamás, le había ocurrido algo similar. ¿Acaso se estaba volviendo loco?

Beto se levantó lo más rápido que pudo, al mismo tiempo que un fuerte viento acarició su enorme cuerpo, y su cara que se encontraba oculta debajo de una capucha se descubrió. Ahora, su contrincante podria notar aquel cabello negro, aquella cicatriz horizontal a lo largo de su frente y la ausencia de irises en sus ojos.

Sin dejar que aquella cosa que ahora era voladora reaccionara al ver su rostro, Beto lanzó un latigazo descendente, con todas las fuerzas que le quedaban, que no eran pocas. Sin embargo, luego del ataque, al concentrarse en el olor y sonido de lo que tenía enfrente, un fugaz recuerdo vino a su mente.

— ¿Señor Kelo? ¿Es usted? —dijo Beto—. Sería un milagro de Dios. Amen.

OFF
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1383 - 2 = 1381
Energia: 934 + 0 = 934
Espiritu: 45 + 0 = 45
#12
Justo cuando sus piernas se cerraban, ya estaba en el aire, pero no sin antes dejarle un par de recuerdos donde más duele. Dos cortes precisos. Lo justo para que no sangrara… pero sí para que picara como un papel afilado en la yema del dedo. O peor.

El muy bestia se encogió de golpe y su mano pasó de querer partirme en dos a sobarse las pelotas con desesperación. Una escena grotesca. Por poco no me meo de la risa.

—¿Qué cojones? Maldito gigante salido...—solté con sorna mientras me alzaba por encima de él, flotando con las alas abiertas.
Aquella imagen fue lo más surrealista que había visto jamás...tardaría en borrarlo de mi mente. 

Sentí cómo cambiaba el aire.

Ya no rugía, ya no bufaba. Se había calmado. Pero no de forma normal… era raro. Como si de golpe todo tuviera otro peso. Y entonces lo vi levantarse.
Rápido.
Demasiado para ese tamaño. Un viento fuerte le levantó la capucha, y ahí fue cuando el mundo se me encogió un poco por dentro.

Cabello negro.

Una cicatriz, de lado a lado de la frente.

Y esos ojos... joder.

Esos ojos sin iris, como lechos secos. Blancos como hueso.

Algo dentro de mí hizo clic. No por miedo. Por duda. Por una sombra vieja, como si alguien hubiese encendido una vela en una habitación cerrada desde hace años. Me quedé ahí, en el aire, sin bajar la guardia pero sin avanzar. El filo de Kurimuzon aún humeaba de calor. Mi fuego, vibrando suave sobre mi cabeza.

—No puede ser... —murmuré, en voz baja, más para mí que para él— Esos ojos…

El latigazo que soltó me pilló. Pero no me importaba el ataque.

Me importaba lo que vino después.

Esa voz. Esa forma de decir mi nombre.

Me quedé en silencio un segundo, clavando la mirada en él. El corazón me dio un golpe en el pecho. No era un rival. No del todo.

—…¿Beto?

Bajé ligeramente la guardia, sin llegar a romper la postura de combate.

—Joder… ¿Eres tú, cabrón?

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 777 - 34 = 743
Energia: 720 + 0 = 720
Espiritu: 186 + 0 = 186
#13
Las lágrimas empezaron a correr por aquellos gigantes cachetes. Esa voz, ese olor. Ahora lo recordaba. Solo bastó escuchar su nombre para que Beto confirmara su sospecha. Se trataba del señor Kelo. El corazón del gigante latía de alegría, y sus lágrimas no paraban de caer en la tierra.

— Que Dios me perdone por haberle hecho daño a un amigo. Y por haberle llamado demonio. Amén —dijo Beto arrodillándose en tierra y autoflagelándose literalmente con su propio látigo.

Un latigazo, dos latigazos, tres latigazos. Con eso debía bastar por haber sido violento con un ser querido. De repente, la cara de Beto se sonrojó al pensar que el señor Kelo le había tocado la entrepierna. Todo estaba mal, muy mal. ¿Necesitaba más latigazos?

El gigante metió sus manos entre sus ropas y sacó algunas monedas que cargaba encima. No eran muchas. Pero por tacto nuestro ciego amigo pudo determinar que serian suficiente para compensar los daños.

— Le ruego que me perdone señor Kelo. Acepte por favor estas monedas para que pueda ir a que un médico revise sus heridas —le dijo el gigante ofreciéndole aproximadamente unos 2000 berries en monedas—. Me llena de alegría escuchar su voz. Ha pasado ya mucho tiempo.

Aunque la mayoría de las personas de Korossasu viven en Cobo, habían ciertas excepciones, entre ellas, Beto y Kelo. Ambos, años atrás, residían en Yasu. Eran muchas las anécdotas del pasado que compartían. Y al igual que Beto le debía mucho a los aldeanos de Cobo, también le debía a Kelo.

— Por favor, le ruego que me acompañe hacia donde mis compañeros se han ido. No logro ubicarme. Nos dirigimos a mi cabaña. Agradecería su ayuda para no tener que molestar a nadie en Cobo a estas horas de la noche —le pidió Beto a su querido amigo—. Ha sido Dios el que lo ha puesto en mi camino. Amen.

resumen


regalo
#14
Lo vi venirse abajo. Literalmente.

Las lágrimas le cayeron como si fueran cascadas por los cachetes, y su cuerpo, ese tanque viviente que hacía un minuto intentaba aplastarme, ahora se arrodillaba en la tierra con una devoción que me dejó en blanco.

Y entonces... ¡se fustigó!

—¡Pero que cojones!

Tres latigazos en plena calle, sin dudar, sin pestañear. Como penitencia absurda por haberme confundido con un enemigo. Me quedé en el aire, medio atónito, medio flipando, con la katana aún en la mano, mirando a ese coloso flagelarse como si fuera culpa suya que el mundo diera tantas vueltas.

No pude evitarlo. Apreté los labios para no soltar la carcajada cuando vi cómo se sonrojaba. El muy mamón estaba empezando a entender que un conocido suyo lo había tocado... Ahí. 

—Vamos, Beto… —dije bajando lentamente al suelo, envainando a Kurimuzon.
—No hace falta hacer de esto una misa sangrienta. Fue una pelea, no un juicio divino.

Y entonces sacó las monedas.

Pocas, contadas. Pero las sostuvo como si fueran oro bendito, como si pudiera comprar mi perdón con 2000 berries y un buen gesto.

—¿Un médico? ¿Por un par de arañazos? —me reí con suavidad, más por ternura que por burla.
—He sido azotado por un invidente... Créeme amigo mío si te digo que el único herido aquí es mi orgullo.

Bajé el fuego de mi espalda con un soplo controlado y me acerqué.

—No tienes que pagarme nada.—dije cogiendo el dinero de mala gana.
—Solo dime que ya no vas a atacarme ni a hacerle un homenaje a algun cruel pasaje de esa biblia tuya en plena calle y estamos en paz.

Hubo un momento de silencio, de esos que se sienten cómodos. De esos que solo existen entre viejos y buenos amigos. 

—Ha pasado tiempo, sí… Pero te juro que nunca esperé reencontrarte entre palizas y azotes. Aunque bueno, supongo que no sería Korossasu si no hubiese algo de caos.

Lo miré de arriba abajo. Estaba hecho polvo, pero entero. La cabaña, dijo. Sus compañeros. Estaba desorientado.

—Claro que te acompaño, Beto. Vamos a buscar a los tuyos. No sé si ha sido Dios o el destino… pero está claro que alguien quiere que nuestras historias se crucen de nuevo.

Le di un par de palmadas suaves en el antebrazo, lo más alto que llegaba desde el suelo, estando el arrodillado. 

—Y deja ya de llamarme “señor Kelo”, anda.—Dije mientras me enchufaba un cigarro.
—Que me hago viejo de tanto respeto. Ya tengo bastante con parecer un anciano allá donde voy por mi cabello blanco...

Los dos recorrimos juntos el camino hasta encontrar a sus compañeros, los cuales no daban crédito de la situación tan cómica e irreal.
Después, juntos nos dirijo hacia Yasu.
Hacía casa. 

Off
#15
Cita:Según la guía de Reputación Beto y Kelo han parado el entrenamiento. Por lo que, tanto Beto como Tenoch reciben un multiplicador x4. También se tomarán en cuenta los Karmas que aumenten o resten vuestra reputación.
 
Beto Obtiene:
 
  • Calidad del rol: 0,5
  • Personaje: 0,25
  • Estrategia: 0,25
  • Rolear acorde a las guías: 1
  • Total: 2
     
  • Reputación conseguida: 6 x 4 = 24 Reputación
  • Mugiwaras conseguidos: (5 + 1) X (2 /2) /4 = 2 Mugiwaras
     
Kelo Obtiene:
 
  • Calidad del rol: 0,5
  • Personaje: 0,5
  • Estrategia: 1
  • Rolear acorde a las guías: 0,25
  • Total: 2,25
     
  • Reputación conseguida: 5 x 4 = 20 + 15 (karmas) = 35 Reputación
  • Mugiwaras conseguidos: (6 + 0) X (2,25 /2) /4 = 2 Mugiwaras
      Además, Kelo recibe 2.000 Berries de parte de Beto

importante


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