Usted no aprende, ¿Verdad? - Priv.Lan [Pasado]
#1
Verano - Año 16
Isla del Karate
Bar: "A Pierna Suelta"
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-¿¡TÚ MOVISTE LA MESA?!- 
-¡NO, JODER, TE DIGO QUE EL CHAVAL TIENE LOS DADOS TRUCADOS!-
-¡TRUCADA ESTÁ TU HERMANA!-
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-Mala suerte tíos, SSSSSSSSS, otra vez que gano yo.-

Owen llevaba haciendo de las suyas durante bastante tiempo en la Isla del Karate. Honestamente, es difícil culparlo; Muchas de las personas presentes en la isla solían ser artistas marciales con MUY poca picardía, y el pelirrojo, demasiada. En una de las tantas mesas del bar "A Pierna Suelta" (Un nombre casi que pintado) se encontraba el joven malandro que no dudó en aprovechar esas tremendas habilidades de engaño para, con una serie de dados que obtuvo y a los cuales les hizo unas "pequeñas modificaciones" llevar una seguidilla de dos victorias pero posteriormente cinco derrotas a la hora de adivinar el número de uno de los artistas marciales más fosforitos.

El negocio era simple: Permitir las primeras victorias, para después recuperar lo perdido y, posteriormente, obtener ganancias. BASTANTES ganancias, ya que el pelirrojo sabía cómo manipular la mente de las personas incapaces de controlar las ansias del juego y que son más sencillas de mente. Evidentemente cualquier artista marcial podría tirar al chico al suelo en un solo segundo, pero Owen la torció a su favor con mucha rapidez: Mirando cómo jugaban y qué es lo que hacían uno de los piratas notó un posible fraude y, con una serie de comentarios del chico que oscilaban entre "Yo ya tuve problemas con estos, quieren que pierdas una y otra vez para robarme afuera porque no tienen pelotas de ir contra ti directamente". Era tan fácil manipular a un individuo así, más a sabiendas que son más de hacer que de pensar, y eso que el muchachito pirata y jugón también pecaba de ser fuertemente impulsivo, pero los berries eran los berries.

Una pequeña batalla campal se armó con mucha rapidez, ¡PAM, BRUM, CRASH!, volaban golpes del karateka en múltiples direcciones, parte de la tripulación del pirata que detectó el posible engaño saltó en defensa de este intentando separarles porque, literalmente, el artista marcial si podría patearles el trasero con una velocidad criminal. La escena resultaba ser tan bizarra que podría formar parte de una función humorística donde había gente tan borracha que disfrutaba de su bebida y del momento, el joven pelirrojo sonriente acumulando berries como si fuesen caramelos, el que servía las bebidas intentando calmar la situación y el desastre campando a sus anchas. Solamente quedaba levantar el campamento y acumular las ganancias para su barco, contratos con mercenarios y piratas si hiciese falta y restar un día para salir disparado hacia su objetivo final: La Isla Tamanegi.

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-¿¡No lo escuchaste!? ¡Dijo que tu madre es una guarra!-
-¡MI MADRE ES UNA SANTA!-
Y sí, Owen no dudaría en seguir provocando al desastre de la situación para poder sacarse rápidamente la situación de encima y hacer como si no hubiese pasado nada.
O al menos eso era lo que él creía.
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#2
Suspiré fuertemente hacia el atardecer luego de cortar el último tronco de madera. El sudor me corría por las sienes; bajé el hacha y me arrodillé frente al árbol cortado en diagonal.
—Te agradezco… que tu madera tenga un buen uso —murmuré para mí misma hacia el árbol que acababa de talar, como había hecho con todos los demás.
Me puse de pie y comencé a caminar hacia la cabaña de mi empleador, que había quedado aparentemente mudo ante mi regreso al anochecer, tal como le había prometido, cargando las piletas sobre mis hombros.
—Sabe usted, señorita… usted pudo haber sido un muy buen hombre —me decía el anciano mientras saltaba la pila de troncos a su lado y me entregaba el dinero correspondiente a mi trabajo.
Me limité a sonreír de oreja a oreja.
—Hombres y mujeres no son muy diferentes entre sí, buen señor.
Y con ello, me despedí antes de que pudiera responderme aquella oración.

—Gracias por permitirme el trabajo. Si algún día me necesita y sigo en la isla, no dude en llamar por mi nombre, Lan Caihe —dije. Y con ello, tomando mi piel de lobo, me retiré hacia el interior del pueblo.
No me apetecía, definitivamente, pasar la noche sola, así que mi primer movimiento fue dirigirme directo al bar. El primero que vi llevaba por nombre “A pierna suelta” y no dudé ni un minuto en entrar. Con una sonrisa en el rostro y mi piel de lobo a la espalda, me senté en una de las mesas libres y esperé a que alguien me atendiera. Al levantar un brazo, uno de los meseros, ajetreado por la cantidad de personas que había, me hizo una seña, y así lo aguardé.

Off


Mientras tanto, observé a mi alrededor y me quité la capucha con cabeza de lobo que llevaba colocada. Saqué de uno de los bolsillos una pipa y le vertí un poco de hierba; de otro bolsillo extraje un pequeño encendedor rústico que había hecho con algo de aceite, algodón, pólvora y poco más. Prendí la pipa mientras recorría con la mirada el lugar, dándome cuenta de que mi figura había atraído a más de un curioso. Pero, en principio, no reparé en ellos, sino en una especie de juego de apuestas que se desarrollaba frente a mí.

—¿¡TÚ MOVISTE LA MESA!?
—¡NO, JODER, TE DIGO QUE EL CHAVAL TIENE LOS DADOS TRUCADOS!
—¡TRUCADA ESTÁ TU HERMANA!

Y así fue como comenzó todo. Esa simple frase me hizo carcajear como nunca antes, aunque era verdad que la primera calada de hierba había hecho efecto rápidamente también. Me descojoné allí, observando todo con aquella gran carcajada, justo cuando el mesero me trajo el primer trago de cerveza.
—Se lo agradezco, buen mozo —le dije, para luego ver cómo iba corriendo a atender a otros clientes.
“Todos maleantes… aunque no somos diferentes… qué hipócrita”, pensé, mientras observaba con atención el siguiente juego y escuchaba los murmullos sobre trampas, dados trucados y comentarios malintencionados hacia el pequeño que llevaba ventaja.

De repente, todo tomó otro tono. Tuve que levantar mi tarro, pues las cosas comenzaron a volar; se estaban tirando objetos entre sí y dándose golpes con un estilo marcial propio de la isla. Mi sonrisa se ensanchó y tuve una buena idea, sin que me importara todo lo demás.

Off


Me levanté de la silla y encaminé mis pasos hacia el pelirrojo que se encontraba recogiendo los berries, mientras el camarero intentaba calmar el ambiente y algunos otros abucheaban o aplaudían el estruendo, siendo poco probable que aquello se calmara rápido.
—¡Buenas! —dije, exhalando el humo de la calada y colocando mi tarro en la mesa, que ahora sujetaba con la mano libre—. ¿Jugamos?
Saqué de mi busto una bolsa de cuero medio llena de berries que usaba. Si lo perdía, de todas maneras hacía buen día para dormir entre los árboles o en algún cobertizo.
—Vi que tienes habilidad, ¿te animas? —pregunté, sonriéndole al niño, mostrando aquella bolsa que sin duda tal vez quisiera agregar a su fortuna.
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Karmas
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#3
El caos era la invitación absoluta a la retirada para aquel muchacho pillo; Mientras todos estaban más preocupados de sacarse los sesos entre sí, Owen contaba cada berry obtenido con su pequeña treta. Coser y cantar, simple y llanamente levantar campamento para seguir con su camino.

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-...cuarenta y cuatro...cuarenta y cinco...-

Con su vista centrada en su botín, alzó la mirada un solo segundo hacia arriba. Uno solo. Sentía que algo o alguien estaba fijando su atención en él, alguien, incluso, a no demasiada distancia. Veía como una mujer estaba haciendo contacto visual con su persona.
Y siguió contando.
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-...cuarenta y seis...cuarenta y sie-
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-¿¡QUÉ!?-

En cuanto prestó atención...una mujer tan espectacular como solo imaginable en su mente tenía sus ojos clavados en él; Tenía una pipa tan extensa como llamativa, una piel de lobo que le colgaba en forma de capa, un cuerpo tan musculado y enorme que parecía un ente celestial, unas piernas tan grandes que le querían hacer gritar "písame" y una mirada absolutamente bellísima. Era, probablemente, la mujer más increíble que sus ojos habían visto desde que había salido de Isla Tamanegi por escándalo.

Literalmente Owen (?)


En cuanto la observó levantarse y dirigirse hacia él sin perder ni un solo segundo del contacto visual, su corazón empezó a palpitar con una intensidad increíble. Se sentía demasiado nervioso, ¿Quién era? Era demasiada mujer para ser real -¡COÑO! ¡ESTÁ VINIENDO HACIA AQUÍ!- Tenía un porte absolutamente imponente. Owen era un muchacho absolutamente repleto de valentía, pero...esa tipa, ¿Quién era? ¿QUÉ era? Era extremadamente voluptuosa, rostro de mil maravillas y unos abdominales que podrían volver diamante hasta el carbón. Tenía que pensar rápido, el tiempo parecía ir cada vez más lento mientras sentía el palpitar de su corazón y el sudor que caía desde su frente con un nerviosismo muy notable. De esa confianza tan desmesurada a la cobardía propia de un niño, el pelirrojo estaba seguro que no sería el único hombre que no se sentiría enloquecido por alguien así. Era como los dinosaurios: Espectaculares y hermosos, pero asesinos despiadados.

Detectó automáticamente el olor de la marihuana exhalada de la muchacha que saludó, mostrando su voz femenina tan altamente seductora. Owen se vio incluso más descolocado que antes, siendo tapado por la sombra del mujerón delante de él que colocó su tarro en aquella mesita. Estaba congelado, petrificado, con los berrys frente a él mientras no perdía ni una milésima de segundo el contacto visual.

¿Jugamos?
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-Jugamos a lo que quieras.-

Estaba hechizado absolutamente, más viéndola sentarse delante de él. No sabía adonde ver: Hacia arriba, hacia abajo, hacia la enorme cantidad de detalles que habían en su rostro, cuerpo, ropas, torso, brazos, casco de cabeza de lobo, era tan absurdamente exótica que sentía que se le iban a salir las cuencas de los ojos. Su mirada fue directamente hacia la mano de la muchacha que se la llevó al busto, fue imposible no abrir aún más la boca -¡SI ESTOY EN COMA MANTÉNGANME ASÍ!- de la impresión y la sorpresa mientras sus ojos se salían como platos, viendo como, de allí, sacaba una llamativa bolsa de lo que notablemente eran monedas, ya que el oído del pelirrojo era absurdamente preciso a la hora de detectar el repiqueteo de aquellos discos metálicos tan característicos. Qué le importaba, incluso los karatekas y piratas combatiendo habían pasado no a segundo plano, a quinto si fuese necesario. Ella estaba rebosante de confianza, Owen se sentía una pulga al lado de semejante maravilla caminante -...de verdad quieres jugar?- estaba sonrojado, mucho, la miraba hacia arriba y hacia abajo. Dentro de él sabía que no debía estafarla ni engañarla, pero, ¿Que le pise la cabeza en el proceso? Dios mío, un sueño hecho realidad -Mira, tía...aquí entre nos,- la nariz del chico se retorció por la cercanía del humo de la evidente sustancia ilícita, aproximándose un poco a la chica mientras mantenía cierto gesto de complicidad -esto...- miró a los dados, la miró a ella -No.- la mujer tenía una mirada demasiado seductora, pero peligrosa. El instinto le gritaba que desistiese -...tengo una idea mucho mejor.- quiso ir por otro lado...aunque manteniendo el desafío implícito.

-¡Camarero! ¡Tráeme cuarenta jarras de cerveza! ¡Te las pago por adelantado!- la exclamación del muchacho mantenían su rostro algo nervioso, tembloroso, una expresión llena de falso coraje en el cual no le quitaba ni un solo segundo la vista de encima a aquellos obres ámbar que el mujerón traía consigo. Si bien la diferencia de alturas era mínima, de musculatura y físico...era descomunal -Veinte yo, veinte tú.- Owen, con esa sonrisa ladina que lo caracteriza, se encorvó, usando su mano derecha para barrer los berrys hacia su lado y que el encargado de las bebidas las tomase una por una. Había contado cuántas tenía, y sabía que le alcanzaba exactamente para esa cantidad -El que se las tome todas sin vomitar, se lleva lo que tenga el otro.- y de abajo de sus piernas, al igual que lo hizo la muchachita, una bolsita marrón apareció, como si la hubiese tenido sobre los muslos todo este tiempo. ¡PLISH!, el repiqueteo metálico se escuchó cuando la misma dio contra la mesa. Encorbado, se estiró hacia adelante, buscando aproximarse un poco más a la diosa olímpica -Me llamo Owen. Owen Yang. Me quedo corto si digo que es un placer.-.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
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#4
Ese era un momento de alegría, un momento donde nada importaba y todo podía darse de manera natural. Atravesaba mis ojos una escena divertida que podía escalar a algo realmente hilarante; ese estado era el ser natural, sin expectativas ni prejuicios. Lo observé incluso antes de sentarme y sonreí con picardía mientras expulsaba el humo de la pipa. Su reacción no tenía precio: jamás ningún hombre había tenido una reacción tan evidente como aquel chico, y eso me parecía sumamente gracioso, haciéndome esbozar una sonrisa que pasaba de ser solo dulce a la de una persona que de verdad está a punto de partirse de la risa. Apoyé una mano en una pierna, flexionándome ligeramente hacia adelante para escucharlo y verlo todavía mejor.

Y como si un chiste hubiera sido contado con naturalidad, me carcajeé ante su respuesta y di un golpe con el pie mientras reía:
—¡HUHUHYYAAAHYYAAA KAKAKHUHUYAA HUHYYAA!—
Limpié una pequeña lágrima de mis ojos con el dedo índice, al tiempo que recargaba el codo sobre la mesa y ladeaba la cabeza.
—¡Paciencia en la forma, juguemos! —dije al ver que sacaba aquella bolsa de berries.
Escuché sus términos y condiciones; ya veía por dónde iba la cosa.
—¡ESPLÉNDIDO! —acepté el reto en voz alta, y poco a poco el tumulto a nuestro alrededor se fue calmando. Cada vez más personas prestaban atención a lo que decíamos y hacíamos: las mesas volvían a sus lugares y la gente dejaba de golpearse entre ellos, murmurando que el niño había retado a la señora —a veces señorita— a beber.
Lo vi quitar las monedas de la mesa para pagarle con todo ese dinero al camarero; se escucharon los gruñidos de algunos en la parte de atrás, a quienes volteé a ver con una sonrisa en el rostro.

—¿Y podría traer un cenicero, por favor? Esto se pondrá interesante —le dije al mozo mientras este asentía. No sabía qué estaba pasando, pero como las cosas parecieron calmarse alrededor, no tuvo más remedio que obedecer la petición. Además, ayudó un poco que le dedicara la misma sonrisa que al chico frente a mí, dándole las gracias por su arduo trabajo. Después se las diría en palabras, si salía consciente de allí.
Ese pensamiento me provocaba cierta emoción; además, no podía retirarme de un duelo, fuese como fuese.
—Oh, no te quedas corto. Estas cosas pasan, siempre habrá una fascinación mayor —dije, guiñándole el ojo y comenzando a sacar un tarro de hierbas de entre los pliegues de la piel roja. En cuanto el cenicero estuvo en la mesa, añadí:
—Lan Caihe es mi nombre. Igualmente, es un placer, querido. —Le di un golpe fuerte al cenicero con el cuenco de la pipa al revés, irguiéndome en el taburete, desprendiendo las hierbas quemadas para volver a rellenarla.

Entonces llegaron los primeros dos tarros, y le hice una señal con la mano para que esperara antes de tomarlos.
—Sin embargo, yo también tengo tres condiciones. Primero: “se lleva todo lo que tenga el otro” se referirá solamente al dinero —dije mientras tomaba una de las monedas que habían sobrado encima de la mesa, para finalmente ponerla en el centro—. Y dos —rellené el cuenco de la pipa con hierbas—, empezaremos el juego con una calada de esto, ambos.
Entonces se la ofrecí.
—Cuidado con el metal del extremo, está caliente —le advertí, sosteniéndosela con el brazo izquierdo. Continué: —Luego, después de cada dos tarros enteros de cerveza, ambos deberemos fumar. Entonces, quien se las tome todas sin vomitar será quien se quede con todo el dinero del otro.
Cuando dije aquello, le ofrecí mi mano derecha para estrecharla.
—¿Qué te parece?
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Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
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#5
—¡HUHUHYYAAAHYYAAA KAKAKHUHUYAA HUHYYAA!—
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-¿Qué pasó? ¿Te electrocutaste? ¿Será que tiene una tribu amazona rara y es su cántico de apareo?-

Aquello tenía toda la pinta de ser una risa, más aún al verla derramar una lágrima. Ella era tan impresionante, tan musculada y tan espectacular que parecía un elemento sacado de una fantasía muy rocambolesca -¿En la forma?- le miró con confusión, esa expresión burlona y tan desafiante que le caracterizaba se tornó confusa mientras arqueaba una ceja con duda -Mira que soy muy malo dibujando, no me pidas que te dibuje nada.- porque tal vez el mensaje se había malinterpretado y, en su cabeza, creía que se refería a la "paciencia en la forma de la hora de dibujar". Bueno, ya sacará conclusiones luego: Habían unos berries que ganar.

El aspecto de ambos individuos, ciertamente y luego de que todo comenzó a volver a la normalidad lenta pero progresivamente, llamaba poderosamente la atención de una buena parte de los que estaban en el bar; No solamente había una mujer inmensa, exageradamente hermosa y voluptuosa, sino, un muchacho pelirrojo, destellante, que parecía un punto carmesí tan o más llamativo que ella. Ambos rojos, ambos locos (A sus maneras) y ambos apasionados por competir el uno con el otro. Incluso, la inmensa muchacha solicitó un cenicero para su extensa pipa, la cual desprendía un olor a madera amarga quemada...muy reconocible para el pelirrojo, evidentemente -Y encima...va a poner hasta más.- porque automáticamente su nariz reaccionó al llamativo aroma, vio como la muchacha sacaba más, verdes, triturados, reconocibles, alimentando su pipa mientras ella se presentaba como "Lan Caihe" -Imposible que me olvide de tu nombre a partir de ahora.- si mirada, ahora sí, se envolvía en un desafío sin igual mientras fruncía su ceño y escuchaba el sonido seco, ¡PAK-PAK!, del culo de ambas grandes jarras de cerveza impactando contra la madera de la mesita que les dividía -¡VENG- pero, justo cuando estaba por agarrar la suya, fue interrumpido rápidamente por esa pelirroja valquiria que tenía justo delante, deteniéndole en seco en cuanto la escuchó: "Tengo tres condiciones: Nos llevaremos todo lo que tenga el otro" -Con que andamos con esas, ¿No? Vaaaaaaaale, ¿Y la segunda?- le encantaba la propuesta; Duplicar o hasta triplicar sus ganancias, ciertamente, podría ser tan provechoso que no cabía en sí el gozo...aunque tal vez, la avaricia rompa el saco, claro está.

—Cuidado con el metal del extremo, está caliente —
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-¿Caladas? ¿Con...María Juana?-

Utilizó un nombre propio para poder camuflar el nombre real de aquello, mientras sintió, efectivamente, cómo el metal del extremo -Tss, carajo.- estaba realmente al rojo vivo al atraparlo entre sus dedos de la mano derecha y al pasárselo a la izquierda empezar a sacudir la primera como si estuviese mojada, en un claro ademán para aliviar el dolor repentino. La apuesta se ponía más peligrosa y hasta atrevida: "Tomar y fumar a la vez. Quien vomita, pierde" -No me desagrada, ¿Eh? A ver, dejame darle una cala- y en el instante que le dio una calada directa a la misma, quemó tantísimo su garganta el humo que, inevitablemente, abrió las cuencas de sus ojos de la impresión -JODER, ESTÁ- se aguantaba como loco las ganas de toser, tanto, que apretujaba los labios hacia adentro casi como si hubiese tomado algo sumamente ácido -BUENÍSIMO.- sus ojos estrujados, una sonrisa repleta en falsedad y un disfrute inexistente le hicieron darse cuenta que aquellas hiervas eran de una calidad tan excelsa que, sin lugar a dudas, aquel desafío sea aún más difícil de lo que se habría imaginado -Espera, pero dijiste tres condiciones, ¿Cuál es la tercera?- aún confundido pero repleto de intensidad, su cuerpo se enervó tantísimo que sentía el fuego recorrer en todo su interior.


-Jamás puedo negarme a una apuesta, ¡VENGA!-


Y arrancó la competencia con un pitido casi imaginario en la cabeza del pelirrojo que comenzó a tragar sin parar su primera bebida -¡GLUP,GLUP,GLUP!- Sus ojos se tornaron saltones, las jarras eran tan altas como lo podría tener una botella y tan anchas como una de las piernas de la muchacha delante de él (Gigantes, podría pisarte y quebrarte el cráneo (El deseo de muchos)), pero no iba a flaquear, muchísimo menos cuando "todo lo apostado estaba en juego" -¡AGH!- ¡PAM!, el culo del cristal de su cerveza vacía golpeó con intensidad, sintiendo cómo bajaba el etanol por su cuerpo para estremecerlo y moverle el mundo durante un segundo -¡FFFFFF!- volviendo a tomar la pipa que había dejado ligeramente de lado, inhaló con muchísima fuerza mientras su ceño se fruncía, haciendo que comiencen a caerse lágrimas en su rostro debido a lo mucho que quemaba en el interior de su garganta -¡SIGUIENTE! ¡COF-COF-COF!- fue inaguantable la quemazón, llevándose su mano izquierda hacia la garganta mientras se sostenía con fuerzas para no flaquear y, de repente, ¡PAM!, el bartender colocaba una nueva jarra completa del líquido amarillento y helado, casi como si Owen jamás se hubiese tomado la anterior -¡VAMOS LAN! ¡DEMUÉSTRAME QUE ESE CUERPO NO LO TIENES SOLAMENTE PARA FARDAR!- se envalentonó demasiado, el alcohol subió a su cuerpo con tantísima rapidez que su rostro estaba deformado en la intensidad del momento; Su corazón empezó a quemar, a latir como si se fuese a salir del pecho, pasándole la pipa que más que ser la de la paz, parecía la de la guerra -¡¿O así te piensas que te llevarás toda la pasta?!- la señaló, acusadoramente, se habían vuelto la atracción principal del bar...el pelirrojo ya por segunda vez y más con el griterío que estaba haciendo. ¿Ella? Sin duda alguna por lo espectacular que era, claro está -¡HOY LO DEJAS TODO AQUÍ, CARAJO!-.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#6

Los desvaríos y energía de aquel chico me contagiaron entera, la apuesta, las ganas de saber que iba a pasar y de ver si podría salirse o no con la suya, llevándose todo el dinero que había puesto sobre la mesa, me envalentonaban como si estuviera a punto de fundirme en una batalla y eso solo hacía revelar mi verdadero rostro frente a los ajenos. Para algunos, una loca vagabunda, para otros, un formidable oponente. Pues aquello para mi no se trataba sólo de haberlo retado.

Owen me parecía encantadoramente tierno, coloque mi barbilla apoyada en mi palma mientras me inclinaba hacia enfrente y veía la duda en su cara con aquella sonrisa lobuna en el rostro que paulatinamente mientras lo veía fumar se convirtió en una de esas sonrisas que rayaban en lo grotesco hasta explotar en una carcajada — HUHUHYYAAAHYYAAA KAKAKHUHUYAA ¡COÑO! ¡HACÍA AÑOS QUE NO ME DIVERTÍA ASÍ! —proferí, dando palmadas sobre la mesa, haciendo que las jarras de cerveza amontonadas tintineaban entre ellas.
Y su reacción valió totalmente la pena, aquella calada que dió a las hierbas, me hizo cruzar de brazos y asentir satisfecha pues se trataba en efecto era mi cosecha especial —¡¿VEEEERDAAAD?! —dije levantándome un poco de mi asiento, con los ojos bien abiertos, porque a pesar de la poca costumbre, aquel niño había soportado bien el poder de la hierba.

Levanté la voz porque POR FIN alguien se dignaba a probar mi colección y además, ¡la alababa!. Se produjo el choque de palmas, sonoro y casi como un aplauso hueco que dejaba ese sonido rico flotando en el aire hasta mis oídos.
—¡VEAMOS HASTA DONDE LLEGAS, ROJO! —sin advertir en apodo, tras decir eso vertí el primer tarro a través de mi garganta como si mi boca fuera solo un embudo que hacía la cerveza caer directamente en mi estómago, tratando de no derramar absolutamente nada.
.
Nuestros tarros cayeron al mismo tiempo sobre la mesa con un fuerte CLACK, y enseguida tomé el segundo —GLUP GULP GULP GULP —la cerveza caía y caía, su saber era tan rico y frío que contrastaba con mezcla de sabor y ardor profundizando el dulzor terroso que me dejaba la hierba en la boca.
El camarero trajo el décimo tarro de cada uno entonces. 

—¡ERES BUENO NIÑO HUHUHYYAAAHYYAAA KAKAKHUHUYAA HUHYYAA! —otra carcajada resonó en el lugar que ahora estaba abarrotado de risas y gente que observaba la competencia entre el pequeño y yo. Di un pisotón ante sus palabras, todavía con aquella sonrisa en los labios. 
¡CLACK!
Volví a dejar el tarro al mismo tiempo que él sobre la mesa, y luego de que él diera la calada, la tomé para dar la mía, fuerte y placentera.
Mi cabeza comenzaba a estar en las nubes, pues llevaba ya hacía una hora que estaba colocada. Todo comenzaba a parecerme muy gracioso. Aunque aquello solo me hacía confirmar por milesima vez que, excepto aquellos que se alejaban, lo bueno del humo de Maria Juana era que, a algunas personas solo con olerla los ponía felices y eso era algo que agradecía para calmar las aguas de la violencia.

Solté eel humo de esa calada mientras tomaba mi tercera jarra de cerveza, lo dejé salir poco a poco por mis fosas nasales mientras que parecía que al desaparecer el liquido en la jarra este era reemplazado con humo denso de color blanquecino. —¡HUUHUHUHUHHYYAAA! ¡¿Y SABES QUÉ?! —dije, limpiándome la comisura de los labios y colocando el tarro en la mesa.
—¡ME LO LLEVARÉ TODO! —lo reté, en cuerpo y alma, aquella competencia me ponía tan de buenas como una pelea, sentía el pecho a rebotar, y la risa no podía hacer más que escaparse de la garganta.

—¡ESTAS MUY EQUIVOCADO! —dije, tomando la cuarta jarra —¿O QUÉ? ¿20 ES TU LIMITE? —solté, mientras que me tomaba de un sentón la cuarta jarra y volvía a llevarme la pipa a la boca, siempre respetando la recarga de 1 por cada 2 y pasandosela entonces al chico con una sonrisa en la boca y expulsando el humo por mis fosas nasales. —Si no puedes no deberías apresurarte, chico, tampoco quiero que te lastimes —solté, como una carta trampa, pero que contenía algo de verdad en ella.

Tomé la quinta jarra y bebí de ella casi como un animal. La sexta tuvo el mismo fin y para cuando di aquella tercera calada, las puertas del cielo se habían abierto para mi al menos. Hacía años que el humo había dejado de picar, convirtiéndose en una fuente de poder que olía  y sabía a gloria, me ayuda a ver por detrás de cualquier cosa, lo suficiente como para darme cuenta de que el chico tenía poca experiencia con ella y de que había tomado la calada antes de su segunda jarra, lo que me hacía sonreír sobremanera, su espíritu me encantaba.

Para este punto de la velada, la gravedad había pasado a segundo plano y por ello, al dar aquella tercera calada, subí sin pudor ni reparo mis pies sobre la silla, doblando una por debajo de la otra en posición de loto y tomando la pipa nuevamente después de su última calada para limpiarla, dándole un fuerte golpe al revez para que lo quemado se almacenara en el cenicero y rellenandola nuevamente con hierbas frescas.
—Puede que pronto comiences a sentir que podrás con todas las jarras, es parte de esta magia —dije, levantando un poco la pipa y meneandola hacia él para su siguiente calada. —Pero ten cuidado, querido. el respeto es primordial.

La preocupación no era algo que entrara seguido en mi organismo, no me suponía ningún esfuerzo tomar aquella cantidad de alcohol, pero… estaba por verse. Jamás había tomado tanto alcohol en mi vida, aunque sí que había fumado mucho más gramaje de lo que podía con los dedos de ambas manos y durante muchísimos años.
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Karmas
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#7
OFF


El escándalo se estaba gestando de una manera tan alevosa como criminal. Si antes el caos había sido originado por la cruenta batalla entre los "los estafadores versus los estafados" (Solo hubo estafados), ahora, la competencia entre ambas cabelleras color fuego estaban haciendo que el local eleve, incluso más, su temperatura; No solamente era la intensidad de los dos combatientes que parecían férreos a jamás admitir la derrota ante una competencia que forzaba los límites de su cuerpo con sustancias ilícitas y venenosas, sino, la intensidad que yacía en sus corazones y que parecía estarse contagiando a tanto curiosos como simples personas que pasaban por allí. El dueño del local pensaba: ¿Para qué pagar por un espectáculo cuando los tengo a estos dos?

Ella se estaba envalentonando tantísimo como lo estaba haciendo el pelirrojo. El problema no era beber las cervezas (De las cuales por suerte o por desgracia el muchacho tenía experiencia), sino, en el gigantesco ardor que podría en la garganta las largas caladas que había que darle a esa gigantesca pipa. El espectáculo estaba servido.

[Imagen: aYo5tAZ.png]
-¡Desde el periódico La Patada Estable estamos reportando desde el centro de la Isla del Karate donde dos degenerados se encuentran demostrando quién puede ser el peor!-

El ambiente estaba empezando a enloquecer; Owen tenía un serio problema para vivir llamando la atención y, ahora, ¿Con semejante mujerón al lado que vaciaba jarras como si estuviesen pinchadas desde abajo? La cosa se estaba poniendo hasta peor -¡AGH! ¡JOOOOOOOOODER!- el rostro del chico, ante la cuarta jarra, se apretó tanto que se arrugó por completo. Sintió un reflujo interior. A su alrededor, el bullicio estaba servido. Personas y personas se congregaban, como si aquello fuese una procesión, a rodear una mesa que hasta el propio dueño del local parecía haber perdido totalmente el control de la misma.

Ella había aumentado la velocidad de ingesta de las cervezas e, incluso, le estaba dando una tercera calada a una pipa que parecía no pedir piedad, al igual que el mujerón delante del pelirrojo -¡COÑO!- sus ojos picaban en demasía, ni siquiera el frescor de jarras infinitas donde solo quedaba la silueta del culo mojado de cada recipiente parecía calmarse al ser reemplazada por otra fría y dorada. No había piedad, aquello era tan salvaje que una sensación de reflujo invadió al chico que parecía envalentonadísimo a seguir con aquello.

—Pero ten cuidado, querido. el respeto es primordial.

[Imagen: c811618714858f9b50abdec025481ebb.jpg]
-Joder...esto es...demasiado...-

Iba por la sexta. Una cosa intentaba mitigar a la otra, pero resultaba imposible; Claro, la enorme mujer musculada y espectacular tenía muchísima costumbre de ingerir una sustancia que tenía controlada y practicada, ¿Pero el pelirrojo? Su cuerpo, por acto reflejo, estaba empezando a querer generarle cierta repelencia ante la sustancia que, solo a pura fuerza de extrema voluntad que tiene, ingería la séptima. Parecían infinitas, sus ojos comenzaban a marearse, viendo destellos de colores que invitaban a un posible desmayo -¡GLUB-GLUB!- y cuando la soltó a la mitad -¡COF-COF-COF!- tosió con tanta fuerza que, parte de la cerveza, salió desperdigada producto del acto reflejo. Sus ojos, de la impresión, parecían querer salir de sus cuencas, junto con un hilo de baba que hacía la escena aún más horrible -¡ES IMPRESIONANTE! ¡El chico que pareció comenzar con el desafío, ahora, parece estar flaqueando!- aquel periodista que inicialmente había arrancado en el exterior, realizando una nota periodística sobre "la odisea roja", había ingresado para poder tomar nota más de cerca sobre el festival de drogas en las que estaba volando el local -¡NO!- los ojos celestes del chico, con sus escleróticas enrojecidas por el reflujo y la maría juana, se clavaron justo sobre esos ardientes de la muchacha frente a él -¡NO ME VAS A GANAR!- y, con esa media jarra, siguió -¡GLUB-GLUB!- sus pupilas se empequeñecieron, sus párpados se apliaron y una lágrima a cada lado apareció, cayendo con rapidez por la impresión y la fuerte patada al hígado que estaba sufriendo.

¡PAK! el culo de la jarra séptima jarra impacto con fuerzas en la mesa, rebotando un poco.

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-¡Y DDDDDDDDDAMMMMMMME LA PIPA!-

El alcohol ya estaba pegando con mucha fuerza. El chico solía tener relativa resistencia al mismo y, con cerveza, resultaba mucho más difícil entrar en algún tipo de estado de envenenamiento profundo, pero, ¿Con la combinación de dos drogas? Ahora sí la cosa empezaba a distorsionarse -¡FFFFFFFFFFFFF! ¡COOOOOOOOOOOOOF-COF-COF-COF!- le dio la calada más grande que pudo, viendo cómo el humo se volvía más espeso y el vitoreo de los presentes se volvía tan intenso como si aquello fuese algún tipo de concierto o espectáculo (que ya de por sí lo era). Casi se derrumba, casi la pipa cae de su mano, pero, justo en el instante que estaba por caer hacia adelante, ¡TAK!, la atrapó con el dedo índice y anular para ponerla recta repentinamente -¡EEEEEESTTTO RECCCIEN EMPIEZA!- típico del muchacho cuando se embriagaba: Su lengua empezaba a pisarse, a resbalarse y, con el dedo acusador, señalaba a la mujer. Cuando abrió los ojos, la misma jarra de cerveza que había vaciado hacia un segundo y medio volvía a estar cargada -¡¿PEERRRRRRRO QUIEN COJJJJJONES LA ESSSSSSTÁ CARGAAAANDO?!- miró en múltiples direcciones, observando cómo, el mismo sujeto al cual él había estafado con los dados, ahora, era quien parecía estar proveyendo de todas y cada una de las bebidas que estaban provocando la perdición física, emocional y psicológica del muchacho.

[Imagen: Fsxo21J.png]
-¿¡ERRRRRAS TÚ, HIJJJJO DE PUTA!?-

-¡NADIE HABLA MAL DE MI MAMI!-

Estaba en la espada y la pared, y la mujer parecía que no iba a ceder. El cuerpo del chico, explotado a hormonas, producto de la adrenalina, estaba en desventaja. Todos apoyaban a la mujer que parecía estarse encendiendo cada vez más con la situación, enloqueciéndose a un punto que el cuerpo del chico comenzaba a ceder y que solo se mantenía en pie a pura voluntad -¡Esto es impresionante! ¡La chica parece, apenas, inmutarse luego de estar empatados en caladas y cervezas! ¿Cómo es que lo hace?- mientras que el muchacho, tambaleándose como si fuese una peonza, respiraba con dificultad -¡OOOOOTTTTTTTRA PUTA CERVEZA!- la tienes delante, Owen -¡JODER!- y, atrapándola, se le resbaló de las manos al igual que le cedía la pipa a la pelirroja justo frente a él -¡NNNO ME VASS A GANAR! ¡MMMME IMPPPPORTA UN COÑO EL DDDDDDINERO!- su griterío era apaciguado por las personas que, igual de entusiasmadas, aclamaban la valentía de ambos hacia su autodestrucción -¡NNNNNNO ME DIJISTE- Y sin siquiera terminar sus palabras, -¡GLUB-GLUB-GLUB!- comenzaba a tomar la octava, terminando con la misma y ¡PAK!, golpeaba la mesa con el culo de la misma -CUUUUAL ERA LA TTERCERA CONDDDDICIÓN! ¡BGMH!- y, llevando su mano libre hacia la mano, tapó su boca, en un reflujo que invitaba a querer devolver todo lo que había ingerido pero, apretando el completo de su cuerpo y tomando una fuerte bocanada de aire, evitó "llamar a hugo", al menos, por ahora.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
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