No olvides empacar al Gato! (Presente/Bai)
#1
No olvides empacar al Gato!
Sorbet, Dia 60 de Verano, año 16.
[Imagen: C6kX3Y6.png]
El pequeño gato, de pelaje negro y brillante presencia, esperaba paciente su momento, observando con detenimiento el pomo metálico de una puerta de madera que todavía no había decidido repicar, a su lado había un grupo de maletas, equipaje conformado en su mayoría por distintas prendas de ropa y alguno qué otro recordatorio de las aventuras en la isla, nada que destacara particularmente, ninguna posesión ilícita de la cual preocuparse, porque en esta oportunidad debíamos ir seguros y considerando la aversión de mi pareja no podía estar enfocándome más que en ella durante el viaje.

Regresando a mi forma original, me habría tomado un respiro o dos, pero al cabo de un momento acabaría repicando con el reverso de mi palma de la puerta de madera dando mi aviso de regresar, pese a qué era la primera vez estando en esta forma, decidí jugarme mi mejor cara de poker sobre aquel asunto tomando bajo premisa la siguiente reunión con el grupo variopinto de la fiesta del té, necesitábamos trasladarnos a isla karate para asistir a esta nueva reunión, de manera que debimos organizar nuestros itinerarios, equipaje y para mi sorpresa, sobrellevar un severo temor a los viajes.

Hoy era justo el día pactado para nuestro viaje. Razón por la qué, vestido con mis mejores prendas y sosteniendo un ramo de rosas con la mano izquierda estaba decidido en hacerla olvidar de lo malo, pese a ser consciente de cuan difícil podría ser, espere y espere hasta que la puerta fue abierta para entonces encontrarme con su mirada y no poder esperar más para entregar las rosas en sus brazos, -Hola Taka Taka, hoy te ves hermosa ¿iremos juntos cierto?- puntualice, alegre mientras admiraba en ella gestos de bienvenida y bromeaba para mí mismo la desdicha de no compartir un idioma común.

Era un poco cruel decirle Taka Taka a su idioma.
Pero me gustaba pensar que pronto hablaríamos,
Un día tal vez seria regañado con esa misma voz,
Hermosa e ilegible en tantos sentidos diferentes.

Por supuesto, además de solo quedarme observándola como un completo idiota también guarde como pude la sonrisa cerrada de mis labios y relamiendome con un gesto hambriento solo a ella, busque concentrarme en entregar un pequeño mapa, un gesto nada complicado o refinado qué realmente pudiera vender o tuviera valor, sino una breve ilustración subjetiva de parte de la avenida en donde nos ubicábamos hasta el puerto en donde nos esperaba el crucero, dibujado con presura, probablemente podrías juzgar mi nivel artístico duramente gracias a la rapidez con la que había ideado aquello, más como un mapa mental, una ilustración indicativa, intuitiva, no como mapa real.

Razonablemente había colocado nuestros boletos junto con el mapa, esperando que no necesitara explicar y llegara a sentirse como una cita junto al ramo de rosas todo lo que había organizado, siendo que poco después me acerque a su equipaje, agachándome levemente de manera qué esperaba que asintiera y una vez hecho empaque junto a mis pertenencias cada una de las cosas, todo sobre un pequeño carruaje alquilado, conducido por un viejito local, de manera que seria bastante romántico el paseo si ignorábamos algunos equipajes pesados como nuestras armas.

En todo caso, una vez adentro y en camino del puerto, a pesar de qué no teníamos muchas cosas de las cuales hablar tampoco iba a ser muy diferente después así que me había preparado también, mostrandole una bolsa que había reunido, con juegos de mesa de todos los tipos, libros para colorear y algunos juguetes infantiles de dinosaurios y caballitos, como peluches esponjosos, realmente dudaba de esto ultimo, pero el comprador parecia indicar que a las mujeres solia gustarle aquel tipo de presentes así que solo habia decidido incluirlo, sin saber de su reaccion o si gustarian.

Una vez llegado al puerto y reubicado nuestro equipaje empezó el verdadero reto.

A razón por la que, le daría una venda para los ojos y para que se tapara los oídos, luego de que lo hiciera tenia pensado llevarla cargada hasta nuestro camarote. Donde solo entonces le quitaria eso.


Off


➶ — Frases por aquí, también pueden ser Datos separados así
  Responder
#2
Es extraño verlo allí, de pie, esbozando una sonrisa mientras sostiene un ramo de rosas que, a su juicio, representan con exactitud el número de sentimientos que él ha quebrantado en ella. Y es que, desde que ha descubieryo que aquel gato es, en realidad, un lunarian, la herida que experimenta deja de ser una punzada efímera para convertirse en una fractura profunda en aquello que cree haber construido junto al animal.

Mas, sin embargo, en su fuero interno, ha intentado explicarse que, al fin y al cabo, lo único que él hace es dejarla en absoluta desventaja, tras haberse apropiado, a su manera, de todo lo que ella ha le confiado.
¡Y jura que se esfuerza por racionalizarlo de esa manera! De hacerlo ver como un gesto banal y de supervivencia.
Pero poco o nada funciona.
Eso es lo que siente y no importa si él lo comprende o no.

Por eso, el daño resulta doble, pues, de algún modo, no solo la posiciona de esa manera sino que, a su vez, ha devastado el vínculo mismo que los une.

Y aquello la expone como a una ingenua, dejándola inerme y vulnerable.

Todos esos pensamientos se aglutinan en su cabeza mientras posa la mirada sobre las rosas.
En su semblante apenas se distingue nada: ni una sonrisa, ni un rictus de amargura.
Le indica con un gesto que pase, y toma entre sus manos el pequeño dibujo de un mapa poco ortodoxo que viene con él. Lo examina con detenimiento y, al ver que se acerca a sus pertenencias, le advierte con un ademán que no las toque. Por ella, bien puede quedarse con las flores o… comerselas. Y así hace: primero se lleva el baúl, luego el cajón y, por último, lo poco que yace en el suelo.

Cumplido el ritual, sube al carruaje y extrae un pequeño libro, más parecido a una bitácora que a una novela. Después, con toda la calma del mundo, se sienta y comienza a leer.

—Eres un imbécil —dice de repente, a medio camino, alzando la vista del libro un instante y dirigiéndose a él—. Sé que no me entiendes y que, posiblemente, seguirás actuando de igual modo; pero quiero que sepas que eres un grandísimo imbécil.

Después, inclina de nuevo la cabeza hacia el libro, como si nada pasara, rehusándose a hablarle y, sobre todo, evitando mirarlo. Al menos todo lo que puede. Porque, al llegar al puerto, la conversación —prácticamente muda— se torna inevitable, sobre todo para señalarse mutuamente hacia dónde deben dirigirse.

Y, en medio de todos esos gestos e intentos fallidos de comunicación, Dong saca algo que la deja helada: una venda. Su rostro se tuerce, preguntándole para qué; su ceño se arruga y, sin acabar de entender la buena voluntad del hombre, que solo pretende ayudarla, decide hacer algo de forma muy impulsiva.

Toma la tela, coloca la mano con la venda a un lado del cuello del hombre, coloca la otra al otro lado del cuello, pasa la venda por detrás y lo empuja contra ella, acercando su rostro al de él.

—No voy a seguirte el juego en tus pequeñas fantasías —le escupe sin tapujos—. No sé quién piensas que soy o si te crees que por haberme visto desnuda...

En ese momento, un barco a lo lejos suena llamando a los pasajeros. Bai suelta al hombre, mira en dirección al sitio y un pequeño escalofrío le recorre la columna.
No ha sido nada; realmente, ni siquiera es un detonante de su trauma, pero, aun así, no sabe por qué lo ha sentido.

—Espero que hayas entendido lo que te acabo de decir —añade mirándolo muy seriamente—. Porque ni en tus mejores sueños te tocaría.

Y, dicho eso, con un aire de dignidad y orgullo, le entrega la venda para poder subir con él al barco.
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)