“Hey, viejo shaman!” Helena no se veía muy contenta con el plan que el curandero tenía “Mira, ella ha pasado por mucho, la han obligado a hacer cosas que no quiere durante mucho tiempo. Si no quiere tomarse la medicina, no podemos forzarla...”
El shaman no estaba de acuerdo, pues su deber era atender al enfermo; María, en este caso. Suspiró, y desistió, pero pareció entender, dándole la medicina verdosa y mocosa a Helena. “Estaré afuera atendiendo a los demás” Y si que tenía mucho que hacer. La ultima vez que María vio a los otros esclavos, estaban sucios, con sed y con hambre. Y Paavo pepino bonito, tenía un orbe morado, seguramente el shaman loco también le dio de beber algo raro.
Helena se acercó a María, y puso la medicina cerca de la mesa de la cama donde la peliazul se encontraba. “Los doctores dan miedo ¿Verdad?” le dio una sonrisa tierna, tratando de ser gentil con la enferma “¿Te cuento un secreto? La primera vez que me quisieron poner una vacuna, vomite del miedo. No me gustan las agujas, ni las medicinas que saben y se ven raras” dio una pequeña risilla, algo apenada de compartir el susodicho secreto “Pero el hombre viejo semi desnudo ese parece buena persona. No se hubiera animado a ayudar a tanta gente por tan poca paga” con mucho cuidado, puso su palma sobre la frente de María “Vaya, si que tienes fiebre...” la cara cambió a una preocupada rápidamente “Se que tienes miedo, hermanita, pero es por tu bien. Te lo juro que no es ningún veneno, Paavo y yo vimos cómo preparaba el… Um, zumo medicinal. Pavito es muy listo, y sabe que los ingredientes que utilizó no son tóxicos ¿Quieres que tomé yo un poco primero?” No se escuchaba muy entusiasmada con la idea de probarlo, pero si con eso lograba que María se sintiera un poco más animada a beber el mejurge.
Helena intentó olfatearlo, pero se arrepintió de inmediato. Hasta los ojos le lloraron un poco por el hedor “Uff… Okey, bueno, igual y podemos convencer a Pavito que lo pruebe por nosotras. Y así después le damos un pequeño cumplido a su pepino ¿Eso le gusta a los hombres, no?” Helena rio un poco ante la idea, para después suspirar “Realmente se lo quiero ver, pero le da pena enseñármelo. Me gustaría que él fuera un poquito más valiente con su cuerpo, y su cosita de hombre”
La mujer movió la cabeza de un lado a otro “Perdón, quizás no es el mejor momento para andar hablando de penes. Pero, pues supongo que me dio un poco de miedo ver cómo lo golpearon” eso explicaba por que tenia el ojo morado “O cuando te dispararon en el brazo cuando me distraje” Bueno, María no tenía pene, al menos hasta donde Helena sabía. Pero seguramente no se refería a eso. Helena se desinfló, sus orejas planas, y sus ojos enfocados en el brazo vendado de María “Fue mi culpa que vosotros dos salieran lastimados” si que estaba triste y arrepentida. “Por mi culpa tienes que tomar esta cochina medicina para sentirte mejor” quería aventar el plato donde estaba el moco que supuestamente iba a curar a María, pero sabía que no podía, o haría peor la situación.
“¿Estas enojada conmigo?” su voz se cortó al momento que terminó la pregunta, cómo si quisiera tragarse el enunciado “¿Q-quieres que te deje sola? Puedo traer a Paavo para que cuide de ti… Bueno, con el ojo que si pude ver. Te ofrecería llamar a otra persona, pero dices que tampoco las conoces” tomó la mano de María, esperando a que le respondiera que quería. O si se animaba a tomar la medicina. O si estaba enojada. O… O algo.[/color]
El shaman no estaba de acuerdo, pues su deber era atender al enfermo; María, en este caso. Suspiró, y desistió, pero pareció entender, dándole la medicina verdosa y mocosa a Helena. “Estaré afuera atendiendo a los demás” Y si que tenía mucho que hacer. La ultima vez que María vio a los otros esclavos, estaban sucios, con sed y con hambre. Y Paavo pepino bonito, tenía un orbe morado, seguramente el shaman loco también le dio de beber algo raro.
Helena se acercó a María, y puso la medicina cerca de la mesa de la cama donde la peliazul se encontraba. “Los doctores dan miedo ¿Verdad?” le dio una sonrisa tierna, tratando de ser gentil con la enferma “¿Te cuento un secreto? La primera vez que me quisieron poner una vacuna, vomite del miedo. No me gustan las agujas, ni las medicinas que saben y se ven raras” dio una pequeña risilla, algo apenada de compartir el susodicho secreto “Pero el hombre viejo semi desnudo ese parece buena persona. No se hubiera animado a ayudar a tanta gente por tan poca paga” con mucho cuidado, puso su palma sobre la frente de María “Vaya, si que tienes fiebre...” la cara cambió a una preocupada rápidamente “Se que tienes miedo, hermanita, pero es por tu bien. Te lo juro que no es ningún veneno, Paavo y yo vimos cómo preparaba el… Um, zumo medicinal. Pavito es muy listo, y sabe que los ingredientes que utilizó no son tóxicos ¿Quieres que tomé yo un poco primero?” No se escuchaba muy entusiasmada con la idea de probarlo, pero si con eso lograba que María se sintiera un poco más animada a beber el mejurge.
Helena intentó olfatearlo, pero se arrepintió de inmediato. Hasta los ojos le lloraron un poco por el hedor “Uff… Okey, bueno, igual y podemos convencer a Pavito que lo pruebe por nosotras. Y así después le damos un pequeño cumplido a su pepino ¿Eso le gusta a los hombres, no?” Helena rio un poco ante la idea, para después suspirar “Realmente se lo quiero ver, pero le da pena enseñármelo. Me gustaría que él fuera un poquito más valiente con su cuerpo, y su cosita de hombre”
La mujer movió la cabeza de un lado a otro “Perdón, quizás no es el mejor momento para andar hablando de penes. Pero, pues supongo que me dio un poco de miedo ver cómo lo golpearon” eso explicaba por que tenia el ojo morado “O cuando te dispararon en el brazo cuando me distraje” Bueno, María no tenía pene, al menos hasta donde Helena sabía. Pero seguramente no se refería a eso. Helena se desinfló, sus orejas planas, y sus ojos enfocados en el brazo vendado de María “Fue mi culpa que vosotros dos salieran lastimados” si que estaba triste y arrepentida. “Por mi culpa tienes que tomar esta cochina medicina para sentirte mejor” quería aventar el plato donde estaba el moco que supuestamente iba a curar a María, pero sabía que no podía, o haría peor la situación.
“¿Estas enojada conmigo?” su voz se cortó al momento que terminó la pregunta, cómo si quisiera tragarse el enunciado “¿Q-quieres que te deje sola? Puedo traer a Paavo para que cuide de ti… Bueno, con el ojo que si pude ver. Te ofrecería llamar a otra persona, pero dices que tampoco las conoces” tomó la mano de María, esperando a que le respondiera que quería. O si se animaba a tomar la medicina. O si estaba enojada. O… O algo.[/color]

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