25-09-2025, 01:21 AM (Última modificación: 05-10-2025, 06:14 PM por Kayseira Ashter.)
Día 39 de Primavera, año 16
Me gustan esta clase de lugares, clubs que parecen ser demasiado selectos, demasiado llenos de gente que nunca apostarías que están allí. Hombres que seguramente están casados, alejándose con otros hombres, como si fuera pecado. Mujeres bonitas que se divierten con todo el mundo y susurran entre risas nerviosas.
Alcohol, tabaco, y una sutil tensión en el aire, casi me siento como en casa.
Me hundo en uno de los sofás de aquel lugar, revolviendo de forma suave mis cabellos blancos hacia atrás, dejándolos caer de forma tranquila y casi descuidada. Voy vestida para la ocasión, claro, es importante no desentonar en esa clase de lugares, un traje de chaqueta a mi estilo, algunas cadenas y puedo fumarme un cigarro mientras disfruto del espectáculo.
Me llevo el cigarro a los labios mientras una bonita camarera de ojos grises me pone un vaso de whisky. Le sonrió de forma divertida, suave, levanto ambas cejas de forma tranquila, con curiosidad.
Tal vez pueda salir algo más interesante esta noche que un par de copas.
-¿Hum?-Termino distrayéndome cuando escucho revuelo, gente cuchicheando o ha llegado alguien importante o se está armando una buena. Me incorporo en el sofá, mirando con curiosidad a ver si puedo ver que está pasando por ahí.
Me terminó la copa de un trago, alejándome de las mesas de forma tranquila, paseando por el lugar mientras miro el ambiente. Hay gente bailando en la pista de baile, otros charlando, se nota que es un ambiente donde la gente ha venido a desahogarse, a dejar de pensar en algunas cosas que les preocupaban.
Al final lo más cómodo es acercarme a la barra, desde allí puedo ver a la gente mejor, tengo un ángulo exacto de lo que está pasando. Apoyo la espalda con cuidado, me dejan un cenicero al lado y me enciendo otro cigarro, mientras intento ver quien es el invitado estrella.
Parece que ha pasado algo, puedo ver copas en el suelo, una bandeja, uno de los camareros ha tirado una de las copas al suelo, hay cristales desparramados y alguien le parece estar gritando por su torpeza. Apago el cigarro de forma tranquila en el cenicero, mientras me voy acercando hacia el tumulto de gente que empieza a reunirse en aquel escándalo.
Es algo incomodo de ver, el muchacho es joven, hasta cute podría decirse e intenta recoger todo mientras el hombre le grita. Tiene una pinta de ricachón insoportable que tira hacía atrás.
-Oh vamos, estoy segura de que el muchacho no lo hizo a propósito, haya calma.- No voy a quedarme callada, de normal no lo hago, mucho menos en esa situación. Con las manos en los bolsillos del pantalón del traje me adelanto hacia donde está pasando la escena.
Una vez me planto delante del hombre, cruzo los brazos bajo mi pecho, alzando suavemente una ceja. Luego miro alrededor.- ¿Alguien ha visto lo que ha pasado?-Estoy dando una oportunidad de que alguien diga algo, antes de que hable yo, para saber cuál ha sido la situación.
Un día de estos, me llevo una ostia por andar preocupándome por estas cosas.
El murmullo del club se volvió una orquesta disonante cuando los cristales tintinearon contra el suelo. ¡Crash! Un sonido tan delicioso que me hizo alzar la vista de mi copa, porque sí, honey, yo ya estaba allí desde hace rato. Mezclado con el humo del tabaco, el perfume barato de algunos y el whisky caro de otros, el aroma de este lugar era casi una sinfonía de vicios.
— Jususususu, qué entrada más aburrida para un acto que prometía glamour —musité, dejando que mi risa, tan musical como inquietante, se escapara por mis labios pintados de carmesí.
Reclinado en la barra, con el codo apoyado de manera dramática y la otra mano girando un pequeño espejo de bolsillo, me aseguraba de que cada mechón de mi cabello plateado cayera justo donde debía, because, darling, even in the misfortune of others you have to look presentable, la sangre y las lágrimas resaltan mejor sobre un rostro impecable.
El alboroto crecía, y mis ojitos carmesí lo devoraban todo con curiosidad teatral. Un camarero joven, con manos temblorosas, trataba de recoger los pedazos de vidrio mientras un ricachón gritaba con el pecho inflado de arrogancia. ¡Qué cliché tan mal actuado! Si al menos supiera proyectar la voz como en un buen cabaret. Me incorporé con un movimiento ligero, casi felino, dejando que mi chaqueta corta en tonos rojos y dorados destellara bajo las lámparas. El aroma a miel que siempre me acompaña se mezcló con el humo, abriéndose paso como si yo mismo fuera un perfume viviente.
— Ohhh, honey, honey —chasqueé la lengua con desaprobación mientras avanzaba entre las mesas —¿De verdad desperdicias tus pulmones gritando así? Con esas arrugas que ya asoman, darling, deberías guardar aire para suspirar en la cama, stop ruining my show. — Me agaché de forma repentina, como un bailarín que se arroja al escenario, y con una sonrisa traviesa recogí uno de los vidrios. Lo hice solo para que mi mano rozara la del muchacho, tan nerviosa, tan tierna, que casi quise darle un beso ahí mismo solo por verlo enrojecer hasta las orejas.
— Don’t worry, sweetheart —le susurré, dejando que mi voz fuera un mimo en medio del caos —Todos rompemos copas, lo importante es cómo bailamos entre los cristales. —Luego me levanté de golpe, girando sobre mí mismo con un movimiento exagerado, abriendo los brazos como si el mundo entero fuese mi escenario. Una copa medio llena apareció en mi mano ¿la robé de una mesa? Quizás. ¿Importa? Para nada. — ¡Ladies and gentlemen! —exclamé con voz fuerte, teatral, acallando algunos murmullos — ¿Qué será de nosotros esta noche? ¿Seguimos con esta comedia barata de gritos y culpas o alguien quiere un verdadero espectáculo? — Mi mirada, carmesí brillante y juguetona, se clavó entonces en ella. La había visto antes, cariño. Esa mujer de cabello blanco que se acomodaba con descuido elegante, traje a medida, cigarro entre los labios. Su porte desprendía la clase de calma peligrosa que me intrigaba, y yo soy adicto a las intrigas.
Caminé hacia ella con pequeños saltitos, casi danzando al ritmo de una música inexistente, tarareando una melodía alegre mientras la multitud abría paso. Me detuve justo frente a ella, inclinando la cabeza como un gato curioso.
— Tú —sonreí de medio lado, dejando que mi dedo índice se acercara juguetonamente a mis labios antes de morderlo suavemente, intrigado —Tú tienes cara de saber bailar, cariño. ¿O acaso prefieres whisky y cigarros conmigo en la barra, mientras dejamos que este pobre hombre se muera de rabia solo? De todas formas, podemos conseguir un hombre mejor cada una, ¿Qué dices? —Di un paso más, invadiendo su espacio con descaro, inclinándome lo suficiente para que mi perfume de miel y flores la envolviera. — Hi, honeeey… my name is Rosse Bellecour y te advierto algo, si cruzas miradas conmigo esta noche, cariño ya no podrás apartarla de mi espectáculo. — Luego hubo un silencio dramático, mis ojos clavados en los suyos, y luego una carcajada musical que retumbó entre las paredes del club. — Jususususu… curtain call, darling. —
Vale, de todas las cosas que podían pasar, esta es sin duda la que menos me esperaba, pero oye, un cambio siempre viene bien de vez en cuando. Cruzo de forma suave los brazos debajo de mi pecho, mientras una sonrisa ladeada algo traviesa me delata, se de sobra que se me nota en la cara que estoy disfrutando del espectáculo.
Pero vamos, siempre es interesante cuando es alguien más quien llama la atención y no soy yo la que termina haciendo el desmadre.
-Puedo hacer ambas, little bunny, todo depende de si te apetece saltar o beber, acepto ambas opciones.-¿Qué? Es un conejito, ojos rojos, cabello blanco, dando pequeños saltos de un lado a otro mientras todos lo siguen con la mirada.
No tengo problema en inclinarme también, dejando que mis propios cabellos blancos, escalonados se deslicen al frente, el gesto mostrando las tatuajes de mis hombros y parte del pecho por el escote.- ¿Tienes cambio de billetes grandes? Es que si tengo que metérselos a alguno en el tanga prefiero que sean billetes pequeños.-Le guiño el ojo con calma, divertida, mis ojos entre azules y lilas, ese color ligeramente nuboso, brillan.
Sin duda siempre es agradable este tipo de cosas.
-Kayseira, Kay, pero puedes llamarme como quieras, aprecio me digas tu nombre, pero creo que prefiero llamarte little bunny.-Extendí suavemente mi brazo, esperando que lo agarrara para que me acompañara hacia un lugar donde pudiéramos hablar más tranquilamente.-No pensaba apartar la mirada, estoy disfrutando demasiado del espectáculo como para perdérmelo a estas alturas.-Refunfuño de forma suave, con algo de indignación, vamos, no siempre puedes ir del brazo de una estrella.
Y little bunny sabe de sobra que brilla totalmente como una.
Caminamos hacia la zona más reservada, de momento voy a tomar algo y luego seguramente bailemos, seguro es divertido. Una vez llegamos a los sofás y tomamos asiento, puedo ver como ese camarero tan adorable se acerca.
El hombre nos deja unas copas que, no recuerdo haber pedido aun, y con algo de vergüenza, mientras lucha por no sonrojarse mientras mira a little bunny, dice tres de mis palabras favoritas.
-I-invita la casa.
No puedo evitar silbar con cierta diversión, causando que el hombre de un pequeño respingo, incómodo y nervioso.-Vamos, te prometo que yo no muerdo, no puedo hablar por nuestra little bunny, pero no creo que pongas quejas si ella lo hace.- Sonrió divertida, alzando ambas cejas, no pudo evitarlo.
— Little bunny— La palabra se deslizó de sus labios hacia mis oídos como una caricia cargada de veneno dulce. — Jususususu— Mis ojos carmesí brillaron con picardía en cuanto escuché el apodo. —Oh, honey, si supieras lo peligroso que es darle nombre a una criatura como yo… Los nombres son cadenas, ¿sabes? Pero en tu boca suena como una joya engastada en oro. —
— Cariño… si soy tu conejito, prométeme que al menos no me meterás en una jaula. —incliné mi cabeza hacia un lado, dejando que mi cabello plateado cayera en mechones juguetones sobre mi rostro, mientras mis labios se curvaban en esa sonrisa fina, tan dulce como amenazante.
Ella se inclinó también, dejando que la luz del club rozara sus tatuajes y parte del pecho. Mi mirada se paseó con descaro, sin disimulo alguno. Ohhh, darling, no soy de los que apartan los ojos ante un espectáculo tan generoso, mis uñas pintadas golpearon suavemente contra mi copa, como si marcaran un ritmo invisible.
— Billetes pequeños, billetes grandes, honey, con que sean verdes me basta. Y si prefieres meterlos en el tanga de algun stripper, te aseguro que encontraré la forma de que ganemos mas. —la guiñé un ojo, sacando de golpe una sonrisa peligrosa y traviesa. Ella me extendió el brazo y yo, como el caballero más descarado de este cabaret, tomé su mano con exagerada reverencia, besando el dorso de sus dedos con mis labios rojos. La multitud aún cuchicheaba, aún me miraba, pero yo no pertenezco al público, cariño, im the star. Y esta noche ya tenía pareja en el escenario.
— Rosse Bellecour, darling. Ese es mi nombre, pero puedes llamarme como quieras. Aunque advierto… si sigues con eso de little bunny, puede que un día despierte y me coma las zanahorias que se supone deberian haber sido tuyas. Jususususu— Fuimos caminando hacia la zona reservada, mi paso ligero, casi danzante, acompasado por pequeños saltitos, como si cada movimiento fuese coreografía. Las miradas se clavaban en nosotros como reflectores, y yo me alimentaba de cada segundo de atención., no había telón, pero lo sentía como si lo hubiese, the scene was ours.
Nos hundimos en los sofás, y el camarero, my sweet waiter, todavía con los nervios a flor de piel apareció con copas en la bandeja y sus tiernas y preciosas manos temblaban mientras las dejaba frente a nosotros, con su voz quebrada apenas logró decir que la casa invitaba.
— ¿Invita la casa? —repetí con dramatismo, llevándome una mano al pecho como si estuviera conmovido hasta las lágrimas —Ohhh, cariño, si supieras lo peligroso que es regalar cosas a alguien como yo, un regalo es un lazo, ¿sabes? Y yo cobro los favores en intereses muy altos. —El pobre casi dejó caer la bandeja otra vez, sus mejillas encendidas, y yo no pude resistir acercarme un poco más. Incliné mi cuerpo hacia él, lo bastante como para que el perfume de miel lo envolviera.
— Don’t worry, sweetheart, si yo muerdo, te aseguro que será con cariño. — Mi lengua chasqueó juguetona al final, y lo dejé ir con una palmada ligera en la espalda, él escapó casi corriendo, y yo lancé una carcajada musical que resonó en la sala, entonces me giré hacia Kayseira, cruzando una pierna sobre la otra de forma elegante, mi copa en una mano, el espejo de bolsillo en la otra. Me miré un segundo, ajusté un mechón de cabello que, francamente, no lo necesitaba, y luego la miré de nuevo con mis ojos carmesí encendidos.
— ¿Ves, darling? El caos me sigue como un amante fiel. Tú dices que te encanta, pero cuidado, cariño, porque el caos conmigo no se comparte a medias. Si entras a mi danza, you dance until the last light goes out.— Di un trago largo al whisky, dejando que el ardor recorriera mi garganta, y luego dejé el vaso sobre la mesa con un golpe seco que atrajo un par de miradas curiosas. — Así que, Kayseira ¿será whisky, cigarro y conversación o quieres sacar al little bunny a la pista y hagamos de esta noche un cabaret inolvidable? — Me incliné hacia ella, invadiendo su espacio sin permiso, mi voz bajando a un susurro cargado de miel.
— Lo advierto, cariño, conmigo no hay medias tintas, una vez entras al espectáculo, no hay salida, curtain call,darling. —
-Me gusta demasiado verte saltar como para encerrarte.-Le guiñe un ojo de forma divertida, escuchando sus palabras mientras ambas simplemente nos dirigimos hacia nuestro destino, sin duda es todo un espectáculo. Los besos en la mano, el aire travieso, me resulta divertido poder jugar con alguien que no solo sabe que es un juego.
Si no que sabe jugarlo.
-Si puedes cometerlas, no son mías, little bunny, son nuestras.-Le explicó de forma tranquila, con una sonrisa suave, como alguien que simplemente aclara un punto que ambos saben.
Una vez me acomodo contra el sofá, paso el brazo por el respaldo, mirando el lugar una última vez para ver cómo está el ambiente general. -Todo o nada, siempre hay algo peligroso en la totalidad de esos términos.- No es que yo sea de medias tintas, pero elegir entre dos extremos siempre resulta peligroso al final.
-Pensaba en tomar algo, charlar un poco, y luego bailar, algo me dice que necesito más de un par de copas para seguirte el ritmo.- Me inclino hacia delante con una sonrisa divertida, al estar ya little bunny invadiendo mi espacio, parece que prácticamente me inclino contra su cuerpo, pero en último momento, cuando mi rostro pasa por su mejilla, tomo la copa de la mesa, echándome hacia atrás para acomodarme en el sofá.
-Me encanta como me avisas para repetirme que eres una persona traviesa y quizás hasta peligrosa, little rabbit.-Llevo la copa a mis labios, dándole un trago largo, disfrutando del sabor tostado de la copa, relamiéndose de forma suave.-Esta bien que uno de los dos avise de su peligro, a mi me suele gustar que la gente descubra el mío.-Y algo me dice que ambos somos conscientes de que existe, y que no necesito un arma o para demostrarlo.
A veces hay cosas más peligrosas que el filo de una cuchilla.
-Y dime, little bunny…¿Qué te trae por aquí? ¿Has venido a dar un espectáculo e irte? ¿Eres de la zona? -Le pregunto con curiosidad, ladeando el rostro, alzando suavemente una ceja.
Dudo que lo sea, las personas como little bunny suelen ser como yo, de todas partes y a la vez de ninguna. Sin embargo tengo curiosidad por nuestra adorable estrella, no todos se atreven a jugar conmigo, algunos suelen temer las consecuencias.
Algunas personas prefieren no jugársela al mordisco, otros saben precisamente lo dulce que puede ser que te claven los dientes.
— Ohhh, cariño… me matas cuando dices esas cosas. — Mi voz se deslizó entre nosotras como humo dulce, un susurro cargado de miel que se colaba por las grietas del ruido del club. Me recliné en el sofá, mis piernas cruzadas con una elegancia calculada, dejando que la tela de mi chaqueta corta se abriera apenas, mostrando la fina línea de piel pálida en mi clavícula, con cada movimiento, mi perfume se hacía más intenso; miel con un toque floral, un olor que invitaba y avisaba al mismo tiempo.
— Si puedes cometerlas, no son mías, little bunny, son nuestras —repetí despacio, con ese acento juguetón que mezcla inglés y español, dejando que cada palabra rodara por mi lengua —¿Sabes, darling? Nadie nunca me dice eso. La mayoría ve mis travesuras como algo para mirar desde la distancia como fuegos artificiales, bonitos desde lejos, peligrosos de cerca. — Mis ojos carmesíes se clavaron en los suyos, tan azules y lilas que parecían cielos nublados. La intensidad me arrancó una sonrisa ladeada. Di un pequeño saltito en el asiento, costumbre mía cuando me emociono y me incliné hacia ella, sin pudor, dejando que mis dedos, adornados con anillos, trazaran un círculo invisible en la mesa.
— Todo o nada—repetí como si saboreara la frase —Eso es música para mis oídos, honey. Porque yo nunca he sabido quedarme en el ¨un poquito¨. ¿Medias tintas? Pfff no me van. En mi mundo o saltas conmigo o me miras saltar desde abajo. JUSUSUSUSU — Mi risa ligera y musical flotó entre nosotras como una burla dulce. Ella se inclinó hacia mí, su rostro pasando por mi mejilla, y yo contuve un impulso casi felino de atraparla allí mismo, en lugar de eso, la dejé tomar su copa, la miré relamerse los labios y sentí la tensión deliciosa de dos cazadores jugando al mismo juego.
— Cariño me encanta cómo dices “traviesa y peligrosa” como si fueran dos cosas distintas. —me incliné yo ahora, invadiendo su espacio por puro gusto, mi voz bajando a un murmullo cerca de su oído —Lo mío es todo uno. El peligro es mi perfume, la travesura es mi piel. —Volví a acomodarme en el sofá, dejando que el respaldo me recogiera como un trono improvisado. Saqué mi pequeño espejo de bolsillo, lo abrí y me miré un instante, a lock of hair that didn't need fixing was fixed, por supuesto y cerré el espejo con un chasquido. — ¿Qué me trae por aquí? —hice un gesto amplio con la mano, como un presentador presentándose en el escenario —Mi brújula, cariño, está rota desde hace años o mejor dicho apunta siempre al lugar donde las historias se cuecen. Sorbet Norte olía a dinero, a secretos y a gente con máscaras y yo bueno, yo soy adicto a las máscaras ajenas. — Bebí un trago largo de mi copa, el líquido tostado quemándome la garganta de la forma justa y mis ojos no se apartaron de los suyos ni un segundo.
— No soy de aquí. No soy de ningún sitio, o de todos, depende de a quién le preguntes. Hoy puedo ser estrella en Sorbet Norte, mañana una pesadilla en un puerto olvidado, mi corazón es demasiado grande para encerrarlo en una isla, cariño y mi espectáculo. —hice una pausa dramática, inclinándome otra vez, mi nariz a centímetros de la suya — mi espectáculo es más dulce cuando tengo público que sabe jugar. — Mis dedos se deslizaron por el borde de su copa, apenas rozándola, sin tocar su piel pero invitando a que lo hiciera. — Me gusta cómo me miras sin miedo, Kayseira. La mayoría huye cuando les muestro los dientes. —mi sonrisa se amplió, dejando entrever la línea de mis labios rojos —Pero tú… tú pareces de las que saben que a veces es más dulce cuando muerden. —Dejé que el silencio se estirara un segundo, mis ojos carmesí fijos en los suyos, y luego solté otra carcajada musical. —Jususususu—
— Así que, Darling tú tomas, charlas, bailas… y yo salto, bebo, muerdo. ¿Qué puede salir mal? —mi tono era puro teatro, pero debajo había verdad, esa chispa de peligro real que vibra en mi sangre —Dime ¿quieres que esta noche se quede en whisky y palabras o saltamos directo al cabaret y vemos si Sorbet Norte está listo para nosotros? —
Me incliné hacia ella, dejando que la risa y el humo quedaran atrás por un momento, mis ojos carmesí brillaron con una intensidad distinta, despojados del juego y el artificio. —Kayseira… little bunny… tú y yo sabemos que esto no acaba aquí.— Susurré con un dejo de emoción contenida, como si temiera que el resto del club pudiera escucharme. —Voy a formar una tripulación, no de cualquiera, sino de aquellos que no tienen miedo de brillar, de incendiar el mundo con su propia luz. Y quiero que estés conmigo. No como espectadora… sino como parte del espectáculo. ¿Te atreves a saltar conmigo más allá de esta noche? —
Me encogí suavemente de hombros, la realidad es la que es, hace tiempo que soy consciente de que soy peor que un niño pequeño para algunas cosas. Si me pones algo brillante seguramente me queme por agarrarlo, pero que vamos a hacerle.
Mala mía.
-Presiento que eres muchas cosas, a veces demasiadas, pero es la mentalidad que tiene que tener una persona que quiere todo o nada.- Quizás no puedo dejar de admirarla por eso, porque yo soy algo más cobarde que nuestra estrella, que mi little bunny.
Yo no soy capaz de ponerlo todo encima, de jugármela, tengo una moneda en el aire y mi mente a veces se pregunta qué tan cobarde soy. Hay recuerdos en mi mente que me traen palabras amargas, palabras que son todo lo contrario a lo que mi little bunny me dice.
-La gente tiene miedo cuando tiene algo que perder, yo apenas estoy empezando a preguntarme si me queda algo así.-Agarre el vaso entre mis dedos, podía notar como lo estaba apretando más de la cuenta, mientras lo llevaba a mis labios.
Últimamente mis pensamientos no andan bien, culpo de todo al recuerdo amargo de ella, y a cierto encuentro en la playa que no me deja descansar.
-Puedo hacerte una lista de lo que puede salir mal, yo estoy hecha y escrita para el desastre, y las estrellas más brillantes siempre causan las mayores catástrofes.-Una pequeña risa sale de mis labios, mientras me aparto el cabello hacia atrás, intentando calmarme, suspirar.
Escucho su proposición, pero yo he conocido a alguien antes como little bunny, ella también era tan brillante que me dolían los ojos al verla, los dedos al tocarla. Tan cálida, tan intensa, tan increíble, que intentaba sacarme de las tinieblas y cuanto más se acercaba a mí, más se apagaba.
Más la consumía.
-Todo espectáculo tiene que tener alguien que lo vea, little bunny, alguien que permanezca en las sombras mientras te ve brillar.-Una sonrisa leve pinta mis labios, cariñosa incluso, tengo debilidad por las personas así. Aquellas que hacen lo que quieren, cuando pueden, con una sonrisa en los labios.
Aquellas que brillan tanto que me hacen olvidarme un rato de la oscuridad.
-No puedo caminar a tu lado, pero te prometo que si alguien intenta pararte, te ayudaré a avanzar.-Porque se que la gente tiene envidia de ese brillo, a veces demasiada, y ya he visto cómo termina una estrella cuando se apaga.