Enemigos Amantes Olvidados Zanahorias | Pasado | Cinder.
#1
Las personas siempre piensan que la vida en la Isla Karate es lo ideal para aprender de los artistas marciales. Supieran lo celosos que son con su arte. Así como los pintores , los músicos, los escultores, todos tienen su gremio y se evalúan los unos a los otros. No compiten de manera artística, lo hacen con los puños, con los pies y a mordidas si es necesario. En este punto ya prefiero más evitarlos pues no sabes cuando uno de ellos se fijará en querer pelearse contigo. 

Desplegar mis alas para sobrevolar la isla me permitía estar más tranquilo, aunque igual sigo siendo llamativo pues no pasó disfrazado a la idea de que sea un ave, cualquiera podría verme y pensar que soy una especie de ángel de la muerte. Mi tez oscura, tatuada; mi cabello blanco cómo una perla, alto, imponente, musculoso, sensual y deseable. 

Es muy agradable volar cuando no hay lluvias, generalmente en este otoño suele llover y hace difícil el volar o el trabajar en los campos de arroz, pero hoy estoy tranquilo. Puedo sentir la brisa fría bajo mis alas. Planeo sobre los caminos marcados por los años de transeúntes y carretas que han pasado por allí. Mi vuelo no es demasiado alto, pero sí lo suficiente para que las personas se vean un tanto más pequeñas de lo que ya son. 

Pasé a sobrevolar sobre los muelles buscando aterrizar cerca de aquellos extensos caminos de tabla, que conectados dando puesto de anclaje a los múltiples barcos que decidieron atracar por esta costa. Se siente el olor a pesca fresca, se siente la presencia de aquellos que ya están hasta las trancas de licor. Sí, con el tiempo te terminas acostumbrando y eventualmente hasta te termina gustando. 

Cada día me hago la pregunta de si hice lo correcto al no haber aceptado la propuesta que me hizo ese hombre  Uker. Por las noche pienso si hice lo correcto al no aceptar semejante propuesta en la que podría yo ser finalmente libre como una lombriz, sin ataduras. Tuve algo de miedo. Ya era la segunda vez que rechazaba una propuesta tan sugerente. No podía perder otra oportunidad así. La próxima persona con la que pudiera emprender un viaje no dudaría en zarpar y sin dudarlo recorreremos el mundo.  Si de eso va esta vida de disfrutarla como una sola y no estar atrapado en esos pensamientos que solo crean resentimiento con uno mismo. Agité mi cabeza de un lado al otro para que esos pensamientos se esfuman cómo quien ahuyenta las moscas de las frutas. 

Ahora voy a tener que sentarme a buscar algo de comer, lo bueno es que me había hecho amiga de una señora que era dueña de un restaurante y bueno, ella me dejaba comer tanto como quisiera. Ajustar cuentas no era problema para ninguno, yo disfrutaba mucho de su compañía y de su comida. Nunca me negaba nada, aunque ahora habían cambiado de cocinero y no tenía la misma cantidad de antes yo la verdad apreciaba mucho que ella me diera de comer y sería agradecido con ella siempre estando disponible cada que pudiera. 

Curiosamente en ese mismo restaurante estaban llegando Zanahorias, papas, todo tipo de alimentos que habían traido en barcos. Se sabe por que yo iba directo hacía allí y podía ver como la comida ya estaba llegando. Tenía algunos comensales, no tantos, pero sí para tener al personal trabajando. 

—Hola Jefa. ¿Cómo está?—

—Heras, no pensé que vinieras hoy. No a esta hora, te esperaba más tarde~—

—Si. Solo pasaba por algo rápido. Queria ver si podía trabajar con los pescadores, aunque no se está dando mucho la pesca…—

Ya saludarnos con un poco de confianza era lo usual, no demasiado, sin mucho contacto.

—Pasa, hoy estamos preparando un platillo nuevo, quisiera un par de opinion. Ya sabes, no te costará Berris.—
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#2
Estaba en los muelles, con una caña de pescar, su estomago vacío estaba que retumbaba, haciendo que las personas que pasaran a su lado pensaran que eso era el sonido de una bestia o algo de ese estilo, por otro lado, realmente no tenia muchas opciones, si quería de alguna forma ganarse el sustento, tenia que traer al menos un pescado, por esa misma razón, paso mucho tiempo sentada, con el trasero doliéndole en las tablas del muelle, una vez que el hilo de la caña de pescar se comenzó a mover, indicando que algo había picado, comenzó a jalarlo con fuerza, negándose a dejar ir su futuro almuerzo.

Jalo con fuerza y logro arrastrar el pescado afuera del agua, atrapándolo en un balde de agua, sentía como su boca comenzaba a babear del pensamiento de comerse este pescado, pero, tenia que aguantar, no iba a cocinarlo de la forma rustica como siempre hacia, esta vez, iba a cocinar como es debido, pues logro encontrar a alguien capaz de enseñarle a preparar comida, después de mucho esfuerzo, parece que este rostro bonito que tenia le estaba sirviendo de algo.

Tomo el balde y se alejo de los muelles, devolviendo la caña de pescar que había pedido prestada a un pescador muy amigable, aunque no le gustaba del todo la forma en que la miraba, aun así, tenia que agradecerle por compartir algo con una pobretona como ella. Camino por las calles de isla Karate, de vez en cuando viendo a un grupo de personas hacer artes marciales o un anciano con una barba extremadamente larga enseñando a su estudiante. Diablos incluso pudo jurar ver a unos cuantos peleando y el perdedor mermando algo sobre "30 años en blablabla no intimides a los jovenes con los fuertes" o algo así raro, realmente no le dio mucha importancia.

Entro por la puerta trasero del restaurante, mientras comenzaba a preparar los ingredientes y los utensilios, escucho a la jefa del restaurante que la acogió acercarse.

Cinder querida, ¿Tuviste suerte con la pesca? ¿Tuviste algún problema?-pregunto la jefa del restaurante, la mujer la encontró en la calle mientras cocinaba un pescado con herramientas rusticas y según sus palabras, vio "La dedicación de un futuro chef", o lo que sea a que se refería, ella solo quería comer y intentar que su comida supiera bien al intentar hacer un caldo con el pescado, hongos y demás plantas que podía recoger sin tener que pagar.

Si y no.-asintió con la cabeza, aunque su oreja izquierda se inclino hacia un lado, no le gustaba como algunas personas la miraban, pero, era una mujer autosuficiente, no iba a cargar a esta mujer con sus problemas, cuando perfectamente podía lidiar con eso ella misma. La jefa estaba a punto de decirle algo mas hasta que salió de la cocina para recibir una persona, solo por curiosidad asomo la cabeza para ver.

Off


Lo que recibió su vista fue un hombre de piel oscura y cabello largo, algo esponjoso y puntiagudo de color blanco, aun así, pensaba que su cabello podría cuidarse mejor, por lo que definitivamente le dio un 6.5 de 10, tenia potencial, pero, había visto cabello brilloso y bien cuidado antes, aun así era guapo bajo estándares humanos, supuso, escucho la conversación hasta que la jefa se giro hacia ella, haciendo que sus orejas se sobresaltaran.

Esta es Cinder, Heras, es una de nuestras nuevas cocineras, querida ¿Qué tal si vas a preparar el platillo mientras Heras se pone cómodo?

Asintió con la cabeza mientras volvía a la cocina, primero encargándose de los vegetales, aunque ver la zanahoria le dio hambre y ganas de darles un mordisco, sabia que primero tenia que ganarse su comida antes de comer en este lugar.
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#3
Esta señora me encanta siempre me enseña que de los humanos hay gente buena. Compartir una buena presentación la jefa, aquella mujer pelirroja dueña de esta cocina, me hizo pasar pero casi que al rincón más interno ahora parecía tener un banco de dimensiones ideales para mi, era más alto, y más amplio que el resto. Tomé asiento contento observando como me presentaban a una nueva cocinera. 


Claro verla asomarse tras aquel umbral que separa la zona de los comensales de los cocineros. Un mirada tranquila, sin mucho gesto. Un ademán de saludo, simulando quitarse el sombrero justo antes de pasar a acomodar su cabello de manera que su cola de caballo quede alta. Es curiosa, parece una niña todavía. —Tiene que ser muy hábil para cocinar con el cabello suelto. aunque igual es muy bonito.— Hay que estar claro que ella me llamó la atención, pues siempre esperaré que por ahí aparezca Uker, ahora hay otra persona por lo que es innegable que el tiempo está pasando y yo sigo aquí. 


No me voy a quedar atrás. En algún momento se que lo volveré a ver.A simple vista no solo su muy bonito cabello llama la atención, sus orejas también. ¿Ella entonces es una humana? También me parece un poco tímida pues al instante no ha dicho nada y tampoco parece tener muchos deseos de aparecer. Un saludito moviendo los dedos, simulando repiquetear pero en el aire. —Un placer pequeñita.— Mi mirada dedicada no vió mucho más, tambíen tenía que admitir que la tiara la hacía ver mucho más infantil por lo que para mi era una niñita. 


—¿De dónde la sacaste la adoptaste?—


—Nada que ver esta chiquilla es más ruda de lo que puedes creer. ¿Por que no le preparas unos vegetales salteados y raya rayada?— Fijate que la miré cuando le pidió ese platillo me quedé sorprendido. Ciertamente los vegetales salteados era la especialidad que Uker me había preparado aquella ocasión así que ahora mismo estaba expectante de que tan buena puede ser la pequeña. 


—Además de que si ella es lo suficientemente adulta para viajar sola, no me la voy a adoptar, si quisiera un hijo sería mejor un bebé o uno propio, que tenga alas. — Sorpresa sorpresa, la que comentaba ella era algo que ciertamente a cualquiera lo dejaría expuesto. A mi no, ya que esos juegos son el pan de cada día cuando te das cuenta de quién es ella. Sin pensarlo mucho ella siempre me había tratado con esa confianza que pone a muchos hombres nerviosos. Creo que su cabello rojo es lo que más puede intimidar o despertar el apetito. 


—Ya llegará el hombre adecuado para ello, pero ahora quedate tranquila. No has sabido nada de….— No quiero ni decir su nombre ya que si bien la Isla Karate no tiene marines, desde que se fue se había sentido su ausencia, de todo el grupo. Ella me hizo una negativa y tras eso fue a buscar en su despensa de licores tomó unos papeles con un tono amarillento y me lo entregó. Estaban doblados y a su vez amarrados con una cinta. 


—Yo también lo extraño. Pero no tengo ni una pista de él. Si lo quieres encontrar, espero tengas el suficiente valor.— Agarré los papeles y lugar en la parte trasera de mi ropa. cómo suelo ir descamisado sobresalía pues sostenía la misma cinta que mantiene mis pantalones amarrados en mi cintura.
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#4
¿Pequeñita...?-frunció el ceño con cierto desagrado, siempre había sido pequeña, desde el nacimiento, que alguien se lo recalcara no hacia mas que molestarla, pero, de las calles aprendió a tener paciencia y no dejarse llevar por las palabras de los demás, así que respiro hondo y miro al hombre de piel oscura con el ceño fruncido-Ya tengo 18 años, no soy una niña pequeña, para que lo sepas.-soltó un bufido y asintió hacia la jefa cuando le pidió que cocinara los vegetales salteados y la raya.

Para ser honesta, se le daba mucho mejor cocinar vegetales que cocinar carnes o similares, mas que nada que porque de niña, encontrar vegetales o robarlos es mucho mas fácil que llevarse mariscos, carnes rojas y demás, por supuesto eso no significa que no haya intentando cocinar otros animales que cierta gente no podría encontrar muy apetitosa, pero, la gente no sabia lo que se perdía al no probar su brocheta de rata cocinada, una delicia que pocas veces tenia la capacidad de disfrutar, pues los animales pequeños eran unos cabrones que se escondían o te mordían incluso si estaban por morirse. 

Lamentablemente, al parecer cocinar ratas y palomas no estaba bien visto en un restaurante, pero, aprendió a adaptarse rápido y cocinar alimentos marítimos, pues había una buena cantidad de pescadores en la isla karate que vendían pescado, lo cual tenia sentido, o sea, en este mundo solo existen islas con entradas directas al mar, y el tamaño de las islas de los blues no era muy grande comparada a islas mas allá según había escuchado, por lo cual criar ganado y demás era difícil sin la exportación de por medio, pero, ya se estaba desviando.

Calentó en un wok el aceite y se puso cocinar los vegetales, al mismo tiempo que intentaba desescamar la raya, teniendo cuidado de no pincharse con nada, aunque bueno, las rayas eran raras, no eran peces, pero, vivían en el mar, personalmente no le gustaba demasiado el sabor, pero, si a los clientes les gustaba, no podía decir nada. 

Escucho la conversación entre la jefa y el tipo grosero, no porque quisiera, pero, tener orejas de caballo significaba que podía escuchar un poco mejor que los humanos, al parecer estaban hablando de alguien que ya no estaba, tal vez un viajero o una persona que ha decidido dedicarse a la piratería o algo así, si fuera honesta, realmente no tenia nada en contra de los piratas, pero, tenia que alimentarse y cuidar de su salud, si conseguía volverse una cazarrecompensas, seguramente unas cuantas cabezas bastarían para pagar su deuda.

Llevo los platos ya listos a la mesa, costo un poco cocinar la raya, pero, le estaba cogiendo el truco-Aquí tienes, que lo disfrutes.
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#5
Mis palabras evidentemente no le gustaron, lo pude notar las dos veces. Pero no puedo cambiarla por ella, la verdad es que es una chiquilla, se ve adorable y las orejas no le ayudan a verse de una manera que pueda pensar que hablo con una mujer hecha y derecha. La cocinera de 18 primaveras solo dejó con la manera que le entregó el plato. Claro si trato un tanto no cordial descolocada ya que nada lo había dicho con intenciones de insultarla. 


—Heras lo lamento. Pero ella nunca se comporta así con los clientes.— Si la jefa se encogía de hombros yo no puedo andar tampoco haciendo el trabajo de comprender a los trabajadores. Pero ahora tengo curiosidad sobre la Huminik. A lo mejor la ofendí con algo de su naturaleza con ciertas cualidades animales. —Parecer joven no es un insulto. Es más un cumplido, pero creo que al final fue un mal juicio de mi parte. — No quería tratarla como al resto pero me gustaría que aquella cocinera pudiera aceptarme. 


—No tienes que forzarte, las mujeres somos complicadas. No lo entenderías.— Miró con complicidad a Cinder y le hizo un pulgar arriba. ¿Apoyo? ¿Complicidad? Quiero leer ese lenguaje que tienen entre ellas las mujeres. Conservó la calma, me ajusto bien el cabello para que no me moleste al comer y así mantengo bien lucida mi cola alta y mi cabello. Con los modales suficientes doy las gracias por la comedia y procedo a probar los vegetales, preparados en su punto se siente un agradable sabor de su parte. 


Se siente muy bien, tan bueno que puedo compararlo con el cocinero anterior. Mi rostro refleja todo el disfrute que me da probar una buena comida. Mis papilas gustativas les encanta la sazón que le pusiste, y se siente a la vez un sabor sencillo. Realizaste bien cada una de las verduras, pero yo que sé, me dejo impresionar cuando alguien me ofrece un plato de comida. 


—Siempre tuviste razón ella es muy buena en la cocina.— Claro los vegetales fueron una cosa pero la raya fue otra distinta. Estaba bien, pero para mi no fue igual de impactante. Igual me la comí con un gusto en cada bocado que era muy difícil de ocultar. Que una persona me diera una buena comida no era lo usual. —Ella está más que lista. Cómo dicen los marineros de la zona.— Aquello solo era una frase repetida muchas veces cuando una mujer que puede cocinar bien. 


La cara de orgullo de la jefa era algo que no se podía guardar y pronto comenzaron a llegar más comensales por consecuencia del olor de la comida. No tengo nada que guardarme. —Sigue así… ehm… Lo siento creo que no nos presentamos bien. Mi nombres es Heras.— Claro una presentación sencilla, ya que cualquier cosa que diga podría hacer que ella se molestara de nuevo o puede que ella simplemente ya no me quiera tratar por que le dije que era una niña.
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