[T1-Autonarrada] Cicatrices de mar
#1
El South Blue es uno de esos mares que tienen bastantes cosas por explorar y conocer. La historia que guarda en cada una de sus islas son el reflejo de lo que el mundo ha ido escribiendo a lo largo de los años. La nueva era está marcando y dejando distinto tipo de cicatrices en todo el globo terráqueo. No muy lejos del Reino Sorbet, unos cuantos kilómetros en altamar, una embarcación mercantera, no muy grande, navega con rumbo a la isla. Es un navío bastante simple, de color marrón, con unas velas blancas y con no más de diez personas a bordo, las suficientes para navegar cómodamente con la mercancía que transportan. 

Sanemi, nuestro protagonista, se encuentra en la misma. Está recostado en unos sacos de arroz tirados en el suelo. Lleva una capa de color negro que tiene una capucha del mismo color. Está durmiendo, descansando un poco, puesto que trabajaba a cambio de que lo estén transportando. Si bien conoce sobre navegación, no tenía mucho humor para hacerlo, eso y que esos mercantes son bastantes celosos con sus cosas. Un peso menos. 

Los minutos pasaban en su interminable flujo. Un segundo bastó para que todo se distorsionara, para que la gente comience a correr de un lado a otro, temerosos. Las palabras entre los miembros de la tripulación se elevaban de tono cada vez más. Hasta que un grito potente, cargado de tensión se disparó al aire - ¡Nos atacan! -Era el capitán del navío, el mismo que navegaba el mismo. Esto interrumpió el sueño de Sanemi, quien abrió primero el ojo derecho y logró presenciar como sus compañeros de viaje iban y venían, desesperados. Se levantó de un tirón con sus piernas y, con su mano derecha sujetó a uno de los desesperados – Oe… oe… ¿Qué está pasando? -Su mirada gris se mostraba en todo su esplendor con sus ojos abiertos de par en par -Nos atacan, piratas… vinieron en tres pequeños barcos, cinco en cada uno de ellos -Sanemi lo soltó para que pudiera continuar con su desesperada marcha. 

Sanemi comenzó a caminar, tranquilo. Se puso en altura horizontal del jefe mercante, se quitó la capucha y sin mirarlo pronunció -Oe.. viejo, esto no tiene buena pinta ¿qué piensas hacer? -Realmente no deseaba intervenir, proteger lo suyo es parte de él y los miembros de su tripulación -¿Qué te crees mocoso? Este es nuestro hogar, nuestro trabajo… dependemos de esto ¿No está claro que lo defenderemos? o moriremos en el intento ¿No es así? -Aunque temerosos todos rugieron en un tímido grito -¡Gajajaja! Así se habla viejo -Sin demora, usó su mano derecha para quitarse la capa que portaba dejando a lucir una negra en su totalidad, solo la parte superior dejaba notar sus brazos al no tener mangas. Sus músculos se tensaron dejando a relucir su buen estado físico. 

Un leve suspiro. Ese fue el inicio. Sanemi emprendió carrera hasta proa donde uno de los invasores estaba por subir. Antes de llegar al final se detuvo, pero la inercia lo llevó hacia adelante, deslizándose. Su puño derecho pegado a su cintura y su brazo izquierdo hacia adelante, para que segundos después su puño impactara contra la cara del antes mencionado. La sensación fue bastante buena, pudo notar como la nariz de su rival fue rota dejando su puño manchado de sangre, si bien no era suficiente para matarlo, quedó inconsciente en el acto, lo que provocó no tenga fuerzas para sujetarse y cayera al mar- Uno -Se tronó el cuello, sacudió su brazo derecho con fuerza en dirección al suelo para que la sangre cayera.

Los que lograron presenciar aquello, mayoría enemigos que ya estaban en el barco, quedaron sorprendidos, causando el efecto contrario en los aliados que sintieron un alivio, entendían que podía pelear para proteger lo que es suyo. Sanemi no se creía punto de inspiración, ni mucho menos, lo que realmente le interesaba es pelear. Su cuerpo vibra cuando tiene enfrentamientos. Levantó su mirada al cielo y sonrió -Lo necesitaba, esta sensación -Bajó sus ojos y corrió donde un combate dos contra uno se libraba. Dio un salto lo suficientemente alto para que pasara por encima de uno de los invasores, no sin antes sujetarlo de su cabeza, la misma que terminó contra el suelo al momento de descender. Ya tenía dos bajas, eso emparejaba un poco los números siendo once contra trece. 

Se comenzaban a escuchar el intercambio de balas en diferentes lugares. Sanemi buscaba otro rival, moviendo sus ojos de un lado a otro pareció encontrarlo. Un sujeto de algo de dos metros de alto, cuerpo fortalecido, cabellera larga y mirada afilada. Esto le hizo recordar a la persona que le dejó una cicatriz en el pecho, la cual por unos cuantos segundos parecía arderle producto del recuerdo que evocaba. Se acercó caminando, como si el resto no existiera con sus ojos centrados en su nuevo objetivo -¡Maldito! Lucha contra mí -Esto lo decía como provocación, sí, pero con el fin de que este no atacar al capitán del barco, quien pese a todo seguía navegando, concentrado y sin titubear. El pirata soltó una carcajada áspera, como la madera del barco que pisaban - Heh… tienes agallas, mocoso. Pero estás en mi mar —dijo mientras giraba un hacha de filo curvo entre sus manos. La hoja reflejaba el sol como si buscara cegar al enemigo. 

Sanemi no respondió. Su respiración se volvió lenta, concentrada. Dio un paso al frente, otro más. El sonido del oleaje se mezcló con los gritos, los cañonazos y el crujir de la madera. El ambiente entero parecía vibrar con ellos. El choque fue inmediato: el hacha bajó con violencia, Sanemi la esquivó por centímetros y lanzó un golpe directo al abdomen. El pirata retrocedió un paso, pero se mantuvo en pie. Era fuerte. Otro intercambio. Chispa de metal contra piel. Sangre. Una línea roja cruzó el hombro de Sanemi, delgada pero ardiente, mientras la adrenalina lo impulsaba a no detenerse. 

La mente de nuestro protagonista voló durante ese intercambio. Los sonidos del campo de batalla se apagaron, pero volvió en sí, por así decirlo. Al sentir el arma de su rival, hace un momento, comprendió que sería un intercambio casi imposible de seguir a ese ritmo. Debía ser más inteligente, intercambiar golpes está bien, pero la idea no era acabar con cortes o perder alguna extremidad. Se volvió más cauteloso. Con cada embate de su rival el aire se cortaba producto de su potencia física. Esquivo. Golpe. Esquivo. Golpe. Esa fue la secuencia que pudo mantener durante dos minutos, su rival tampoco era tonto. Sanemi es más rápido y la sumatoria de golpes comenzaba a sentirla en su cuerpo. 

Se quedaron mirando uno al otro hasta que una bala pasó entre ellos rompiendo la tensión, fue como un campanazo que indicaba el reinicio de la batalla. El de pelo blanco corrió, buscando recortar distancia y pelear lo más pegado al cuerpo. Ágil, moviéndose de un lado al otro, jugando con la corporabilidad y velocidad de su enemigo. El intercambio se dio durante otros dos minutos más hasta que el puño de Toge golpeó el plexo solar provocando que el pirata se agachara lo suficiente para que pudiera pegar una patada en el lado derecho de su cabeza, provocando que se desplomara de inmediato. 

El resto de invasores no daba crédito a lo visto, es más, ni los mercantes comprendía muy bien lo que sucedió. El sujeto que acogieron solo por trabajo mientras lo trasladaban a Reino Sobert, resultó ser un peleador cuerpo a cuerpo entrenado. Esto logró que los demás se rindieran, puesto que su capitán era la mejor carta que tenían y Sanemi estaba todavía de pie, marcando la brecha entre ambos bandos.

Después de un par de minutos y con el navío limpio de los indeseables comenzaba la limpieza. Todos comenzaron a levantar los pedazos de madera que estaban desperdigados por todo el lugar. Sanemi, por su lado, se encontraba sentado en el suelo mientras el doctor de la tripulación lo vendaba -Ese viejo era algo rudo -Miró su puño, un poco decepcionado, lo alcanzó fácilmente, su herida, no dejaría cicatriz, pero el solo hecho de haber estado expuesto, pudo terminar en otro desenlace con un rival lo suficientemente capaz para aprovechar los espacios. 

El doctor terminó de asegurar la última venda y soltó un suspiro cansado. —Listo, chico. Nada que no cure el tiempo y un buen descanso —dijo mientras guardaba su botiquín improvisado. 

Sanemi asintió en silencio. Miró hacia la cubierta, el mar estaba sereno otra vez, casi como si el ataque nunca hubiera ocurrido. El olor a sal y pólvora todavía flotaba en el aire. Algunos de los mercantes reían nerviosos, otros evitaban mirarlo, aún sin entender del todo quién era el hombre que habían llevado a bordo. Sanemi soltó una leve sonrisa, realmente eso no le importaba. Cerró los ojos, faltaban minutos para tocar destino. Esta no era más que una pequeña prueba del tipo de personas que se encuentran en el mundo. Distintos poderes, indicativo de que el margen de mejora está bastante elevado.
#2
✓
Aventura Autonarrada: Completada
RECOMPENSAS:

— Puntos Mugiwara: 5

— Reputación: 15

— Berries: 10K

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