[Pasado] Messy | Tezca - Social
#1

Suciedad.

Funesta suciedad.

La inmundicia de una noche llena de hollín y grasa, de caos y sudor, de la pérdida de una hermosa prenda de vestir y de desperdigadas flechas rotas que al final no significaron nada. ¿Héroes? ¿Piratas? ¿Antiguos conocidos y nuevos aliados? Citas innominadas que mueren antes de florecer y curiosos nombres y apelativos que parece estar en la obligación de aprender. Ryota, Heras, Liora, Tezca. Libertad, poder, objetividad, belleza y destreza. A Runin tan solo le queda la complejidad de la ambivalencia.

Eso y la imperiosa necesidad de escapar de la mediocridad de un simple baño y un irrelevante cambio de ropa. No. Necesita ir más allá. Necesita una tarde de relajación, una larga ducha cálida, recortar ligeramente las puntas quemadas de su cabello, atenuar el maquillaje correcto, aventurarse a buscar un nuevo vestido, claro, si logra obtener algo decente en la isla. ¿Ponerse un keikogi? No, gracias. ¿Utilizar pantalonetas? Ni en sus peores pesadillas. ¿Algo de su bien acostumbrado vestuario? Plausible, como una última opción.

Es justamente por ello que el desnudo cuerpo se ducha una y otra vez, permitiendo que la dulzura del agua recorra su agarrotada anatomía. Lo único que no abandona su cuerpo es el brazalete en su bíceps, siempre acompañándola. Debe prepararse correctamente antes de entrar al osen, una de las bellezas ocultas que encontró entre palabras, recomendaciones y, sobre todo, advertencias. ¿Algo sobre lo abandonada que se encuentra la zona? Sin importancia. ¿Una anciana solitaria regenta el lugar? Mejor, menos incordios alrededor.

El cabello cae, empapado, tras su espalda. Ha tomado prestado de la anciana un cepillo que queda atorado varias veces entre las azabaches hebras. Runin maldice entre dientes hasta terminar hastiada, suspirando con pesadumbre. Corta el suministro de agua para seguido estirar su mano hacia una botella de vino, necesita desestrezarse un poco.

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—Espero que esa botella de sake le haya valido la pena al estúpido de Ryota…

Murmulla, bueno, habla alto, considerando que no tiende a susurrar a menudo. Después de un trato de alcohol, vuelve a intentar cepillar su cabello, está vez cede con mayor sencillez gracias a un líquido acondicionador. —Nada que un poco de esfuerzo no lleve a la victoria. —La voz repentinamente suena más melosa, agradable, menos violenta. Los labios se humedecen, no por el agua, sino por la caricia de su propia lengua.

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—No lo crees, ¿cariño?

Lleva un rato escuchando ruido de fondo, como si alguien estuviera cerca, haciéndole compañía, llevando a cabo las mismas acciones que ella. Un día de autocuidado junto al desconocido destino o, visto de otra forma, junto a la nueva conocida sinergia que solo el narcisismo puede crear.

Karmas Activos
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#2
Aún así me veía hermoso frente al espejo; Necesitaría una larga noche de sueño para poder recuperarme, salir un rato, explorar y por supuesto; comprar nueva ropa ya que el maldito oso le había hecho un gran rasguño a mi camisa.
 
Nos habíamos dispersado, por supuesto, no tan lejos ya que la ciudad era ligeramente… pequeña. Necesitaba un baño, igual, y cremas y acondicionador y muchas otras cosas. Por suerte había cargado algunos aditamentos.
 
Decidí darme una ducha, quitándome la ropa y usando el espejo para mirar la herida que seguía allí: roja, con algunos rastros de sangre seca y tierra. Tenía ese aspecto incómodo entre “no es grave” y “si la ignoro me va a reclamar después”. La limpié con cuidado, sintiendo el ardor recorrerme el costado y soltando uno que otro quejido que se perdía con el golpeteo del agua contra el azulejo. A este punto no me preocupaba demasiado; honestamente, nunca me quedaban cicatrices en el cuerpo, así que podía relajarme… al menos en teoría. Aun así, verla de cerca siempre despertaba esa punzada de incomodidad que prefería ignorar.
 
No me daba mucha confianza dejar mi ropa y pertenencias con una persona desconocida. La anciana no parecía ser mala, incluso tenía ese aire de abuela estricta pero amable que en otros tiempos me habría generado ternura. Pero yo no era tan ingenuo. Prefería no confiar tanto, mantener siempre un margen, una precaución. Y, obviamente, mi colgante no estaba a discusión. Eso iba conmigo. Aunque todo lo demás pudiera extraviarse, ensuciarse o cambiar de dueño por algún descuido, ese pequeño objeto tenía un valor que no estaba dispuesto a negociar ni por cortesía, ni por hospitalidad, ni por nada.
 
Entré en el onsen y cerré los ojos; en definitiva, esto era más de mi estilo. El suave murmullo del agua caliente envolvía mis oídos y el vapor me abrazaba como si quisiera convencerme de que nunca más saliera de ahí. Me relajé, tal vez de más. Sentía cómo cada músculo se aflojaba, cómo la tensión que cargaba desde hacía horas se disolvía entre las ondas del agua.
 
Poco a poco, mi respiración se volvió pesada y lenta, y mi cabeza cayó hacia atrás sin que me diera cuenta. Comenzaba a sentir que me quedaba dormido, casi como si el onsen mismo me estuviera arrullando. Un parpadeo más, otro… y mis pensamientos empezaron a desvanecerse, arrastrados por el calor, por la calma y por la deliciosa sensación de no tener que preocuparme por nada en ese instante, en ese entonces una voz femenina me despertó… ah, la arquera bonita. — A la próxima iré a un maldito festival en una ciudad… — Mascullé antes de hundir hasta el mentón en el agua. — Hiciste bien en escucharme ¿me entiendes? Sigue así y llegarás muy lejos. —
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#3

Jocosa y diáfana es la risa que aflora desde el pecho de la fémina. A pesar de la agradable noche post desastroso festival, debe admitir que, si pudiera cambiar más de un suceso del pasado cercano, lo haría. Juega durante un par de segundos con su cabello; esta vez da la impresión de ceder con mayor sencillez. Ya no está tan enredado gracias al acondicionador y tampoco parece una pasta grasosa y mugrienta, producto del baño de aceitosa carne. ¿Algo a tomar en consideración a futuro? No volver a combatir cerca de la comida, nunca más.



—Oh, disculpe usted, gran Tezca.

La voz evidencia un deje de gracejo imposible de obviar—. —La próxima vez que tenga ganas de llevarme un zarpazo amplio en el pecho, seguiré sus consejos… fufufufu.—Vuelve a reír, esta vez un poco más alto, provocando que algunas personas frunzan el entrecejo ante su desfachatez y su carencia de empatía hacia el prójimo. ¿No es demasiado descabellado que, en el festival, todos se hayan comportado de forma ruidosa, pero que en otros espacios finjan decoro y quietud?

Remilgados de mierda.

Cavila, procurando no prestar atención.

—No vayas a pensar que me preocupo, cariño, pero ¿no deberías mantenerte fuera del agua con esa herida? —Cuestiona, buscándolo al fin con la mirada. No demora en encontrarlo: parece más que relajado, casi a punto de dormir. —Si te ahogas, no prometo sacarte. —Ensanchando una sonrisa, levanta los hombros, demostrando un claro qué-me-importismo. No le importa si el rubio la observa desnuda; es lo de menos. El cuerpo humano, en situaciones cotidianas, pasa de ser impresionante a algo más normativo.



—Lo menciono porque sería una lástima que el mundo perdiese un rostro tan bonito.

Finge afectación. —Claro que seguiría teniéndome a mi, cuento como un ciento de personas o más. —Si fuese posible el egocentrismo le haría crecer la nariz. —¿Vino, cariño? También tengo acondicionador, creo que te hace falta.

No se considera la mujer más agradable o servicial, al contrario, si puede abandonar a alguien que no conoce en demasía, lo hará sin vacilación. Entonces ¿A qué se debe la cortesía? Al mero hecho de aún encontrarse ligeramente extasiada por la velada pasada, alegre por haber ganado alguna apuesta contra Ryota y lista para demostrarle al joven de hebras doradas que su victoria en la pasarela no ha sido más que suerte de principiante o mala suerte de la expertiza.
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#4
La arquera tenía razón; no solo estaba cansado, el sueño me caía encima como una manta húmeda. El murmullo del onsen me envolvía, constante, casi maternal. Me deslicé un poco más hasta que el agua me quedó al pecho, dejando que el calor me aflojara los hombros y la nuca. Apoyé el codo en el borde de piedra, sintiendo su aspereza contrastar con la suavidad líquida, y exhalé lento, como si al hacerlo pudiera sacar del cuerpo todo lo que el día había dejado atrás.
 
Intenté recomponerme al escucharla, pero las palabras se me deshicieron en la boca. El vapor nublaba la vista y el mundo se volvía una acuarela tibia: luces difusas, ecos lejanos, el chapoteo leve de alguien moviéndose. El cuerpo, traicionero, empezó a reclamar tregua. El pulso se me hizo pesado, acompasado al latido del agua, y cada pensamiento tardaba un poco más en llegar al siguiente. —¿De qué hablas? Me curo más rápido en el agua ¿me entiendes? Fue un día cansado… El gran… Tezca hizo mucho…zzz….z...z…z…— El cansancio se volvió dulce. Sentí cómo la cabeza se me inclinaba apenas, cómo el borde sostenía mi peso con una paciencia antigua. El agua, cómplice, me sostenía también; mecía la respiración, me apagaba las aristas. Las últimas sílabas se me perdieron entre burbujas y vapor, y antes de darme cuenta, el día entero se deshizo en un zumbido lejano.
 
Me quedé dormido ahí mismo, suspendido entre el calor y el silencio, con el onsen guardando mi descanso como si fuera un secreto.
 
 
El murmullo se apagó de golpe cuando el agua me subió demasiado; una insolencia. El frío en la nariz fue una provocación imperdonable, suficiente para arrancarme del sueño sin contemplaciones. Mi cuerpo reaccionó al instante, como corresponde.
 
Me incorporé de un tirón, el agua estallando a mi alrededor, el aire entrando a la fuerza en los pulmones. Tosí una vez, más por fastidio que por necesidad, y afirmé las manos en la piedra, firme, dueño de mí otra vez. El vapor se disipó, la realidad volvió a su sitio. —que mier…— Me quejé entre la tos, acomodando rápidamente mi cabello esperando que la bonita arquera no se diera cuenta ¿Qué estaba diciendo de qué? Vino y acondicionador, lo había escuchado en mi sueño.—Si claro, ambos— Asentí regresando a mi usual ser, sonriéndole mientras extendía la mano esperando que me otorgara el acondicionador, leyendo los ingredientes con total atención y seriedad; era muy importante pues me negaba a poner cualquier cosa en mi cabello. —Okay, si, puedo usarlo… Gracias, linda. —
 
Apliqué un poco sobre la palma de mi mano antes de comenzar a aplicarlo lenta y diligentemente sobre mi cabello, no importa cuanto tiempo tardara este paso era el más importante de toda mi rutina. —Espero los demás se estén bañando también… Si los veo y huelen a sudor los bañaré en hierbas, no quiero que me relacionen con apestosos en el festival. —
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#5

¿Es su impresión o ha escuchado el sonido propio de alguien hundiéndose deliberadamente? La fémina retrae la mirada hacia la zona en la que debe encontrarse el joven de rubias hebras; sin rastro de su voz o su presencia, cree haber quedado sin compañero de aguas termales. Sin detenerse a pensar en ello eleva sus hombros con cierto desinterés propio de aquellos que no le temen a la solitud. Eso solo significa más vino para ella, al menos es así hasta que nota la presencia del hombre, saliendo en un estadillo de tos y agobio. Empleando madurez podría haberse quedado callada en un gesto solemne de empatía, pero la realidad siempre supera el pensamiento lógico: Runin se carcajea con tanta fuerza que incluso le duele el estómago.



—FUFUFUFUFU. ¡Claro, cariño! Para el hombre que casi muere dos veces en la noche, lo que desee.

Burlona y estridente une sus piernas, bajando un poco su pecho hasta cubrirlo con sus largos cabellos. Parece estar a punto de quedarse sin aire por la risa. Incluso la comisura de los ojos parecen lagrimear—Disculpa, disculpa. —No lo dice en serio, es una respuesta comodón, cómoda y común. Más relajada se levanta acercándose a su nuevo compañero, ofreciéndole la botella de acondicionador. —Sin sal, no soy una maldita salvaje. —Sentencia con una ligera sonrisa. Busca la botella de vino, utiliza su propio vaso para volver a rellenarlo.

—Tendrás que soportar utilizar la misma copa que he usado. Si eres algún tipo de misofóbico, permíteme decirte que no me importa. —Entrega la bebida antes de adentrarse en la calidez de las aguas. —Quiero creer que también se bañarán, es eso o recibir un flechazo donde no da el sol. —Se encoge de hombres, eso no ha parecido una broma en lo absoluto. Le gusta mantenerse limpia y que las personas a su alrededor también lo estén.

—¿Qué se siente ser el héroe de una isla de luchadores? ¿Eres de aquí? ¿O seguirás fingiendo ser misterioso y darás datos falsos? —No demora en levantar la botella de vino para beber directamente de la botella. Después de haber huído de la pasarela en esas condiciones, fingir glamour está de más. —Hay una frase que… alguien solía decirme. Es estúpida y suena horrible, pero contiene algo de verdad: Dando, dando, pajarito volando. —Quien solía decirla cada dos días era su “padrastro”, recordarlo provoca un gesto poco atractivo de odio puro, se cubre con el cabello para no hacerlo notorio.


—Así que comenzaré a dar. No soy de aquí, soy de una isla que no sé bien dónde queda pero sé que existe, tengo una serpiente mascota de casi tres metros llamada “Cardan” y espero aplastarte si hacemos una nueva pasarela. ¿Vas tú? Soy perceptiva con las mentiras, no seas aburrido y juega. —Una ligera risa escapa. No tiene nada mejor que hacer con su tiempo, en realidad desea averiguar si puede confiar en el muchacho, si vale la pena llevarlo en un viaje junto a Ryota. ¿Intenta proteger a aquel que la abandonó? La respuesta corta es: Sí. Las motivaciones son… irrelevantes.
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#6
Ahora mi cabello lucía más corto mientras dejaba que aquel shampoo de suave olor hiciera efecto, por suerte tenía buena compañía y vista o me aburriría terriblemente. Iba a tardar ¡Por supuesto que iba a tardar! ¿Saben cuanto tiempo requiere un buen cuidado capilar? Sueñen con eso, nunca les daría la receta.
 
Llevé la cabeza hacía atrás en un intento de relajarme de casi morir: Si mis ojos fueran dagas probablemente la chica a mi lado estuviera casi muerta. Debería dar gracias que no lo son. Pocos se burlan del gran Tezca y salen vivos. Ahí fue cuando le di un trago a la bebida, sintiendo el fuerte sentido del alcohol en el gusto. Delicioso, pude sentir antes de dejarlo a un costado para que la morena pudiera tomarlo una vez más, lo mejor no era emborracharme en este lugar.
 
Sus palabras no tardaron en llegar: Una pregunta tras otras sobre nuestra anterior actividad lo cual solo pensarlo me provocaba una sonrisa de satisfacción al recordar como había arrastrado a estos sin talento en la pista. Es más: Que se repita. Acompañado de ello, la frase que había comentado me llamó la atención. —¿Qué se supone que significa eso? — Pregunté sin estar muy seguro, volteando para notar a la hermosa chica con una cara de confusión ¿Dando, dando, pajarito volando? ¿Era como se dicho del anciano que decía “el pájaro que se levanta temprano puede matar a la lombriz”? No, no me daba ese sentido. —No voy dando mis datos a una isla aleatoria donde sabrá el mar que encontraré ¿Me entiendes? Y no somos héroes… Al menos no creo que lo seamos después del maldito desmadre que haremos esta noche. JA. — Tomé una vez más aquella bebida, con mucha más confianza y le di un largo sorbo antes de hundirme en el agua por completo y emerger con el cabello cubriendo mis mejillas.
 
 
Su descripción me hizo prestarle total atención, acercándome al pasillo que nos separaba mientras escuchaba ¿No sabía de donde venía? Supongo que eso nos hacía dos. —Podrás ser perceptiva con las mentiras, pero sigues siendo una mentirosa: No hay forma en la que puedas vencerme en una pasarela. Soy perfecto, bonita y sobre tu serpiente… Cardan ¿Puedo acariciarlo? Me gustan las serpientes, son muy intimidantes.  — Y solté una risa, decidiendo por dejar de atrasar lo inevitable. — Tezca Norova. Ese es mi nombre, el verdadero, lo juro por el mar. No estoy seguro de dónde vengo: No recuerdo mucho de mi niñez, pero viajé con mi tutor por algún tiempo hasta que nos asentamos en Torino, luego pasaron cosas y me largué ¿me entiendes? Desde entonces he estado trabajando para sus clientes, da buen dinero y conexiones ¿Quieres un consejo? Dedicate a trabajar para gente con dinero, pagan bien… pero que no sean mis clientes, soy celoso. —  Era lo más honesto que había sido esa noche, nunca hubiera imaginado que aquel festival me llevaría a esta situación.
 
Me estiré, pensando en como regresarle las preguntas, si ella quería jugar podíamos jugar. — Ya que no eres de aquí, como yo ¿Qué haces aquí? ¿A dónde piensas ir después? ¿Crees que haya algún spa que nos estemos perdiendo? Con respecto a tu isla ¿Piensas buscarla? ¿Tienes algún indicio? Iré primero, para que veas que sé jugar: Estoy aquí por negocios pero siempre me quedo un tiempo extra para divertirme. No sé a donde voy, por el momento nadie requiere mis servicios y finalmente no lo sé pero si lo hay y no nos lo han dicho voy a torturar al siguiente imbécil que se me ponga enfrente. —
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