23-12-2025, 12:52 AM
Menudo circo de tortas, iban y venían ya sin objetivo claro ni intencionalidad, en ese punto la gente se pegaba porque si, porque no, por todo, por nada y por si acaso también. Yo había logrado mantener el tipo, pero no porque fuese bueno peleando, a decir verdad, creo que era el que mas golpes se había llevado, por suerte mi cuerpo lo aguantaba. Tras quitarme de encima al último borracho miré la escena, habiendo ya sanado la herida miré a mi alrededor, aquella vorágine de caos no parecía que fuese a disminuir, no, en todo caso no hacía mas que aumentar.
-Uff... Limpiar esto va a ser un problema gordo.- De nuevo mi despiste me salió caro, pues un tipo me empujó, haciéndome rodar sobre una mesa para caer sentado en la silla de delante. Yo ya no sabía si este tío tenía algo personal o no contra mi, yo creo que simplemente vio alguien a quien golpear y no iba a quedarse fuera de la fiesta que todos habían montado. El hombre comenzó a escalar la mesa para pillarme de las solapas del kimono e intentar arrearme un puñetazo, por suerte estuve rápido y cogí una botella de la mesa de al lado, estampándosela contra la cabeza. Sin conocimiento el embriagado ser cayó redondo al suelo, quedándome sentado mientras observaba la botella rota. -Que desperdicio de bebida.- Dije mientras dejaba caer el cuello de la botella, lo único que había quedado intacto en mis manos.
No tenía tiempo de parar, otro oponente corría hacia mi, este no parecía demasiado preocupado por a quien pudiera pisar por el camino. Venía directo a mi, así que con el pie le lancé la mesa sobre la que había rodado antes, haciendo que su carrera acabase entre tablones rotos de la mesa y su cabeza sangrando, al menos aún respiraba. -Eso te pasa por correr en un local.- Dije aleccionando a una persona que seguramente ya no me escuchaba, mucho menos entre el griterío del lugar. La gente parecía no acabar nunca ¿Es que acaso estaba entrando mas gente nueva al bar solo para sacudirse? Desde luego, aunque no fuese así, lo parecía. Fugazmente vi a Alana viniendo hacia mi, esquivando pisotones y caídas ajenas, para ella esto debía ser peor que una guerra, con su reducido tamaño parecía que iba esquivando montañas. La pequeña mujer se quejaba de todo lo que había acontecido, y advertía de que el ambiente solo podía empeorar. Igual que a mi, se le cortó el apetito, esto me recordaba a aquella noche en la que Kay comenzó esa pelea, por desgracia no estaba aquí, pus hubiese podido congelar el suelo y detener toda esta locura.
Tanto ella como yo estábamos de acuerdo en que era hora de hacer mutis lo antes posible. Le sonreí y alcé la mirada a las paredes del establecimiento, encontrando una ventana cerca de donde Alana y yo descansábamos por unos instantes.-Siempre tengo fe.- Le dije mientras le agarraba y le cubría con mis brazos. -Nos vamos.- Le dije justo antes de comenzar a correr hacia la ventana, sin quiebros, solo los esquives y recortes que tuve que hacer para evitar todo conflicto, aunque si que algunas botellas se estrellaron contra mi cabeza y mi espalda, pero nada de eso me frenó ni me detuvo. En apenas un par de segundos salté por aquella ventana, atravesándola con el cuerpo encogido como una pelota para llevarme yo los cristales clavados y evitar algún daño a mi pequeña gran aliada. -Ahhgg... Eso duele.- Dije mientras abría mi postura para dejar salir a la tontatta y los cristales comenzaban a caerse de mi cuerpo, dejando ver mis heridas sanar con una velocidad superior a la de una persona normal. Miré a los lados de la calle y le señalé uno a Alana. -Por aquí, corre.- Comencé la carrera por donde señalé con la esperanza que la mujer me siguiese. Aquella era la dirección donde se encontraba el hostal de descanso de la Mano Vacía, allí estaríamos seguros, pues mis compañeros frenarían la disputa que nos siguiera en un visto y no visto.
-Uff... Limpiar esto va a ser un problema gordo.- De nuevo mi despiste me salió caro, pues un tipo me empujó, haciéndome rodar sobre una mesa para caer sentado en la silla de delante. Yo ya no sabía si este tío tenía algo personal o no contra mi, yo creo que simplemente vio alguien a quien golpear y no iba a quedarse fuera de la fiesta que todos habían montado. El hombre comenzó a escalar la mesa para pillarme de las solapas del kimono e intentar arrearme un puñetazo, por suerte estuve rápido y cogí una botella de la mesa de al lado, estampándosela contra la cabeza. Sin conocimiento el embriagado ser cayó redondo al suelo, quedándome sentado mientras observaba la botella rota. -Que desperdicio de bebida.- Dije mientras dejaba caer el cuello de la botella, lo único que había quedado intacto en mis manos.
No tenía tiempo de parar, otro oponente corría hacia mi, este no parecía demasiado preocupado por a quien pudiera pisar por el camino. Venía directo a mi, así que con el pie le lancé la mesa sobre la que había rodado antes, haciendo que su carrera acabase entre tablones rotos de la mesa y su cabeza sangrando, al menos aún respiraba. -Eso te pasa por correr en un local.- Dije aleccionando a una persona que seguramente ya no me escuchaba, mucho menos entre el griterío del lugar. La gente parecía no acabar nunca ¿Es que acaso estaba entrando mas gente nueva al bar solo para sacudirse? Desde luego, aunque no fuese así, lo parecía. Fugazmente vi a Alana viniendo hacia mi, esquivando pisotones y caídas ajenas, para ella esto debía ser peor que una guerra, con su reducido tamaño parecía que iba esquivando montañas. La pequeña mujer se quejaba de todo lo que había acontecido, y advertía de que el ambiente solo podía empeorar. Igual que a mi, se le cortó el apetito, esto me recordaba a aquella noche en la que Kay comenzó esa pelea, por desgracia no estaba aquí, pus hubiese podido congelar el suelo y detener toda esta locura.
Tanto ella como yo estábamos de acuerdo en que era hora de hacer mutis lo antes posible. Le sonreí y alcé la mirada a las paredes del establecimiento, encontrando una ventana cerca de donde Alana y yo descansábamos por unos instantes.-Siempre tengo fe.- Le dije mientras le agarraba y le cubría con mis brazos. -Nos vamos.- Le dije justo antes de comenzar a correr hacia la ventana, sin quiebros, solo los esquives y recortes que tuve que hacer para evitar todo conflicto, aunque si que algunas botellas se estrellaron contra mi cabeza y mi espalda, pero nada de eso me frenó ni me detuvo. En apenas un par de segundos salté por aquella ventana, atravesándola con el cuerpo encogido como una pelota para llevarme yo los cristales clavados y evitar algún daño a mi pequeña gran aliada. -Ahhgg... Eso duele.- Dije mientras abría mi postura para dejar salir a la tontatta y los cristales comenzaban a caerse de mi cuerpo, dejando ver mis heridas sanar con una velocidad superior a la de una persona normal. Miré a los lados de la calle y le señalé uno a Alana. -Por aquí, corre.- Comencé la carrera por donde señalé con la esperanza que la mujer me siguiese. Aquella era la dirección donde se encontraba el hostal de descanso de la Mano Vacía, allí estaríamos seguros, pues mis compañeros frenarían la disputa que nos siguiera en un visto y no visto.
