Mareas azarosas de confusión [Stroud]
#1
El camino a la gloria era arduo, peligroso y lleno de altibajos. Ella siempre era eso y mas, un montón de inconsistencias, berrinches, escandalo y rudeza, no era una flor delicada, no era la damisela que buscaba ser rescatada pero siempre deseaba serlo, no estar siempre jodidamente a cargo de todo. Solo… quería pasarla bien, acompañar a sus amigos y finalmente llegar a ver cumplidos sus sueños.
 
Era una noche extrañamente fría, arrebujada en su capa temblaba un poco, le cagaba las patas el frio y lo odiaba con todas sus fuerzas… caminaba rumbo a una especia de bar para comprar algo de ron y vodka, planeaba esta noche portarse mal con su amante, el capitán del Last Whisper solo esperaba que el zopenco de Owen hubiera salido por que no le gustaba que estuviera ahí rondando mientras ellos se divertían.
 
[Imagen: Maki-Cold.png]
 
Caminaba por las calles sin su guitarra, la había dejado al cuidado de sus camaradas mientras Uker cocinaba algo, Rochallor su montura se había quedado en el establo en la entrada de la ciudad calentito dispuesto a llevarla de vuelta al puerto donde atraco el barco. Era un ave muy inteligente y quería mucho a su duela, ya casi dejaba de picarle la cabeza cuando ella le daba una orden.
 
Se rascaba la cabeza sobándose el ultimo picotón del canario super desarrollado cuando llego a la tienda cagada de frio y metida en su mundo intentaba pasar desapercibida, que no la reconocieran pues en los periódicos rondaba el rumor de una pirata con quemaduras que saqueaba tesoros y golpeaba marines, aun no tenia una recompensa oficial, pero tenia esperanza que si mantenía un bajo perfil le olvidarían pronto, eso de golpear marines era divertido, pero era contraproducente si no podía salir de su barco a hacer diligencias para su expedición e incluso para alguna misión de reconocimiento.
 
Cuando entro el dependiente le quedo mirando fijamente, era viejo y sin duda era capaz de reconocer la marca de la herejía en la piel de la gente, lo suficiente como para reconocer a una pirata cuando la veía. —Que me ves las tetas viejo degenerado— Basto para que dejase de mirarla y quizás reconocerla, vendían un mundo de licores, aperitivos y no podía decidirse… tomaría dos botellas, una de ron para Uker y otra de vodka para ella, pero en el fondo, bien en el fondo sabía que ella se bebería ambas y haría que él se aprovechara de ella. Maní, papas fritas, unas galletas y uy… quesitos. Amaba el queso y las masas. Se agacho para ver los precios cuando apareció un imbécil. vestido de negro, tez blanca, rubio, ojos verdes, con cicatrices de cortes en los brazos y con un aroma a que no se había bañado en días. -ARRIBA LAS PATAS HIJO DE GYOJIN- Grito y Maki apenas levanto la cabeza de la góndola donde buscaba los putos maníes.
 
Fue entonces que el dependiente cagado de miedo se desmayo y Maki se ocultó detrás de esa misma góndola. El imbécil se quito la mascara y salto el mostrador. Ella se sentó tranquilamente oculta para esperar a que pasase todo, el problema no era con ella y no ayudaba a nadie a hacer nada que pudieran ellos mismos… entones lo vio… un Takis fuego picante de la isla picante… dios cuanto los amaba… miro una vez más al imbécil luchando contra la caja registradora y gateo a este anaquel para sacar uno… las saliva le corría por la comisura de la boca y cuando llego a ellos… en silencio… intento abrirla… ¡POP! Resonó…
 
Dos escopetazos volaron catorce bolsas de papas de diferentes sabores… Maki con los takis en la boca corrió agachada por el borde de mas al fondo de la tienda como alma que lleva el diablo el asaltante recargo veloz como el trueno. -SAL CON LAS MANOS EN ALTO O TE HAGO PEDAZOS GALLINA- Grito con un tercer escopetazo y un cuarto reventando los cristales de las cervezas… Maki entonces se detuvo… mientras el liquido explosionado corría como ríos por los coolers y se detuvo una vez más… resguardada… —AQUÍ EL COBARDE ERES TU IMBECIL— Tomo una lata perforada y comenzó a beber desesperada el contenido hasta que uno de los perdigones se le metió en la boca, lo escupió, se levanto y vio que el tonto ya había recargado… la lata medio vacía salió disparada directo al entrecejo del delincuente que perdió el equilibrio y disparo al techo haciendo añicos las luces… cuando recupero la visión… solo vio dos plantas de pie frente a si… Maki había corrido a toda velocidad para saltar el mesón y darle dos patadas en la cara al idiota haciendo que rebotase contra el muro y después contra el mostrador… cayendo ella sentada sobre el mostrador con los Takis fuego picante de la isla picante… se comió un par y de un salto cayo al suelo… fue entonces que el viejo dependiente despertó y Maki ahí de pie le tendió la mano… pero este malinterpreto su apariencia otra vez y grito…
 
—LADRON!!! LADRON!!! PIRATAS!!!— Su voz enloquecida… Maki agitando sus manos no podía negar que se veía sospechosa de cojones…
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
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#2
Hacía poco que había llegado a Samba, y sabía que su estancia allí sería más bien corta. Pronto, tanto él como su división habrían de poner rumbo una vez más, esta vez con dirección a los Cabos Gemelos, y, tras ello, el Grand Line. La isla, de humedad y calidez notables, parecía enfriarse significativamente durante la noche, cuando el viento cambiaba y la humedad se convertía en esa frialdad que se le metía a uno en los huesos si no se andaba con cuidado. En comparación con, incluso, los veranos más cálidos de lugares como Roshwan o Spider Miles, sin embargo, aquello hubiera pasado por una agradable brisa primaveral. Habiendo dejado a punto su material de navegación en la bodega, y habiendo hecho un pequeño inventario de lo que les faltaba por adquirir aún para su travesía, Stroud descendió del Royal Quiver para hacer una última ronda de compras por la alegre urbe.

Caminó por las calles de la ciudad, lista de la compra en mano, y cargando con una bolsa de la compra. Aún necesitaban, claro, algunas limas frescas que pudiesen llevar a bordo, fundamentales para prevenir el escorbuto, y algunos recambios para el barco no les irían mal. Unos cuantos clavos, tal vez algún tablón; nada especial, el tipo de suministro del que un navío regular, simplemente, no podía permitirse prescindir en cualquier eventualidad. Algo más de sal no les vendría mal tampoco, para preservar los alimentos en la lúgubre bodega del Royal Quiver. Vestía su uniforme, como siempre, su gorra e incluso su abrigo, que colgaba de sus hombros, cuya superficie se ondulaba delicadamente con la brisa nocturna de Samba. Nunca había sido especialmente partidario de llevar el abrigo sin necesidad; sentía que solo suponía una molestia a la hora de combatir o moverse. Sin embargo, la prenda empezaba a hacerse un hueco entre sus gustos, y empezaba a entender por qué era importante llevarla, también, en ocasiones en que el protocolo no lo dictase.

Mil pensamientos cruzaban su cabeza a cada segundo durante aquellos días. La anticipación por llegar al Grand Line, el enfrentarse a nuevos peligros y los rumores que corrían del nacimiento de nuevas tripulaciones que no se podían desdeñar. Ya no solo era el Grand Line: hasta el South Blue parecía infestado de matoncillos y maleantes disfrazados de simpáticos idealistas, ligeros de ideas pero duros de mollera. Las reacciones que su uniforme provocaba entre el gentío parecían más polarizantes, incluso, que apenas unos meses atrás. Todo parecía estar cambiando, para mejor o para peor, a velocidad vertiginosa. Siempre había sido plenamente consciente de que la labor de la Justicia no era una fácil de llevar a cabo; a nadie que hubiera vivido aquella infancia se le escapaba aquello, pero últimamente los acontecimientos parecían precipitarse más de lo habitual. Había mucho trabajo por hacer, sacrificios que ofrecer, injusticia que erradicar. Sacudió ligeramente la cabeza para sí, como intentando deshacerse de aquellos pensamientos. No era lo que tocaba ahora.

Pese a las horas intempestivas, las calles de Samba estaban tan animadas como de costumbre. En terrazas y balcones, decenas de personas se juntaban para charlar, disfrutar de una bebida en compañía o comentar los últimos sucesos y la actualidad más reciente de la isla. Stroud jamás había visto un sitio tan animado como aquel, aunque la presencia simultánea de tantas personas, todo el tiempo, podía resultarle algo enervante. Bajo la visera de la gorra, sus ojos grises iban de un lado para otro, midiendo los espacios, manteniendo un cierto control visual sobre la situación, procurando captar cualquier movimiento extraño o demasiado rápido. Nada de lo que preocuparse, sin embargo. La velada parecía transcurrir con plena normalidad. A sus lados, iban pasando, una tras otra, tiendas que continuaban abiertas, incluso a aquellas horas de la noche. Algunas empezaban a cerrar, o recogían algunas de las mercancías que ofrecían en el exterior de la fachada, bajo la luz de las farolas: sacos de café, de azúcar, cajas en cuyo fondo tan solo quedaban algunas frutas poco frescas... La mayoría, sin embargo, continuaban ofertando sus productos con normalidad, y los compradores, de hecho, seguían llegando. Como si fueran las tres de la tarde, los habitantes de Samba hacían sus compras al abrigo de la noche, fuese lo que fuese que necesitasen. Muchos, sin embargo, habían desempolvado chaquetas y abrigos que seguramente no sacasen ni en lo más crudo del invierno. Cuando en un lugar así de cálido las temperaturas bajaban algunos grados, la gente tendía a exagerar.

Repentinamente, algo lo sacó de sus pensamientos, rompiendo la introspección del momento. ¿Un disparo? Alzó una ceja, deteniéndose en seco. En el interior de una de las tiendas, en el callejón a su izquierda, otro disparo, unos cristales rompiéndose, unos gritos. La bolsa de plástico quedó allí mismo, sobre el pavimento empedrado, mientras el Marine se ceñía sus guantes, e instantes después la puerta de la tienda se abría de golpe con el sonido de una campanita. El uniformado Stroud contempló la estancia desde el umbral, bloqueando la salida. La estampa era pintoresca: minúsculos pedazos de cristal repartidos por todas partes, como perlas resplandecientes, un tipo desmayado, y el que debía de ser el tendero, aterrorizado, frente a una tipa de pelo verde cubierta con un abrigo. Trocitos de vidrio crujieron al agrietarse bajo sus botas. "Manos en alto, señora," se limitó a ordenar.
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#3
Se suponía que sería una noche agradable, sin problemas de ningún tipo. Algo de alcohol, un poco de yerba, buena compañía, sexo con su amante y prepararse para ir a la Gran Line, rumbo a lo que estaba segura era la misión de su vida. Paradójicamente era cumplir el sueño de su amor. Esperaba completar esa misión pronto pues la energía en todo lo que hacía era sumamente importante. Había pasado por algunas tiendas, pero ninguna “Le hablo”. No le causaban buena espina o simplemente no había la suficientes ofertas o descuentos. Las frutas era lo que mas disfrutaba, las jugosas y cítricas eran una maravilla que no podía negarle a nadie.

El escenario paso por su mente como si fuera una cámara lenta en proceso de enseñarle todo lo mal que había echo y claro… con el grito del imbécil a sus pies, claro que lucía la hostia de sospechosa… con la cara llena de satisfacción, el dependiente en el suelo y el delincuente sobando como si le pagaran por ello… estuvo a punto de decir algo o de simplemente patearle la cara al imbécil. claro que estaba tentada, no por robar, sino porque le hacía cortocircuito que por que fuera pirata pensasen que era una desgraciada sinvergüenza. Ella no era así. Eso creía

Aunque los disparos habían saltado como serpentina y confeti de la muerte intentando hacerle festejar con el barquero, no llamaron la atención de nadie pues, aunque eran pocos, los que aun rondaban en busca de licor, sueños y putas, eran tan ruidosos como ciudades carnavalizadas, lo que producía que no se escucharan guerras por el poder en medio de la ciudad cada disparo cubierto por una trompeta, cada grito danzando a la par de cada uno de los cantos de sinfonías sin fin de algarabía y cada doloroso corazón roto se envolvía con danzas de risas y dinero corriendo como ríos de luz de luna plateada. Una ciudad siempre en alegría era mucho mas peligrosa que una llena de una aparente paz.

La campanilla le volvió a sus pensamientos… se puso en guardia y vamos, era tonta pero no tanto como para darse cuenta que quien sea que entrase le culparía o le pondría en el mismo nivel que este imbécil inconsciente… Maki escupió a un lado apenas escucho que alguien entro —Bueno… aquí vamos… Tu… ahora si te has fregado carbón. No vez que…. Uuuuyyyyy… estúpido!!!— Maki con una fuerza contenida pateo la cara del tendero mientras escucho la alerta de que se detuviera.

—Y tu quien carajos er… ha ya veo, la ley… vale… me quedare aquí rendida a tus pies… claro… por que soy una niña buena… pero antes…— Condiciono con una voz melosa, cariñosa y aparentemente sumisa mientras se apoyaba en el mostrador y alzando las piernas se giro sobre el para pasar al otro lado donde estaba el marine para dar un salto muy cortito, aterrizando graciosamente al lado de los anaqueles destruidos. —… Así que tu eres el comisario? He?...— Entrecerró los ojos y tomo una lata de cerveza y con gracia, con una sola mano, la abrió mientras gesticulaba con las manos. Alzo un dedo frente al primer movimiento del oficial y bebió de la lata. —Waaaaaa…. Que rica esta… le ofrecería, pero seguro esta de servicio… no oficial?... bien ya estoy lista para rendirm…— Con gran fuerza agarro el anaquel del costado y lo lanzo sobre el camino del marine…

Maki rápidamente sonrió y voló hacia atrás de las dependencias. Claro al baño y sin perder el impulso se agarro del dintel de esa puerta y con ambos pies como si fuera una gimnasta profesional, rompió la ventana, una pequeñísima que daba ventilación al baño y como un misil salió por la parte de atrás. Cuando cayo al suelo giro sobre si misma y miró hacia atrás con una sonrisa amplia comenzó a correr por las calles, ahora si entrando en calor. Disfrutando el sabor de la lata de cerveza robada.

Risueña salto entre todos los puestos de comerciantes, esquivo la gente bailando, trepo cercos y rejas y sentía como le perseguían… estaba frente a un marine persistente? Hace mucho que no se encontraba un oficial de la marina tan comprometido… termino de beberse la cerveza y lanzo la lata a un basurero con precisión increíble. —Vaya… eres rápido muchacho… pero yo tengo mas destreza…— Dijo mientras corto una cuerda que tenia un peso alzado y esta con la gravedad la alzo como por arte de magia al cielo, sobre las techumbres… ahí ágil como una pluma se deslizo por otro techo y salto a uno mas bajo rodando por el suelo rumbo a los establos, si llegaba a Rochallor su montura, nadie la detendría.
[Imagen: Maki_NNM.gif]
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#4
Para él también se suponía que sería una noche agradable, sin problemas de ningún tipo. La idea era comprar algunas frutas, algunos recambios para el mantenimiento habitual del barco de la División, alcohol que pudiesen llevar durante meses en la bodega sin que se pudriese, café... Lo normal antes de emprender una travesía significativa, y lo que cualquier marinero echaba en falta en su bodega en cualquier momento. Hacer unas cuantas compras como aquella, en Samba, donde la ciudad parecía no dormir jamás, no tendría que haberle supuesto demasiados problemas. Después, podría volver a bordo, entrenar un poco en cubierta, ¡quién sabe si darse un chapuzón, si las aguas estaban lo suficientemente limpias! ¿Qué más se podía pedir?

En cambio, aquella era la típica situación mugrienta que se daba en los poblachos de poca monta, y con las que los Marines debían lidiar regularmente cuando no había piratas de por medio, y si los problemas no venían por mar, vendrían por otro lado: listillos intentando pasar una noche de juerga, pasados de rosca, que encontraban un cierto placer en crear un poco de caos para amenizar la velada. Mejor aún si las autoridades iban tras ellos, claro. La adrenalina iba bien con el alcohol. Stroud y sus compañeros de cuartel habían tenido que lidiar con infinidad de situaciones similares durante su estancia en Roshwan. La mayoría eran niñatillos sin suficientes problemas en la vida, o con unas ganas irrefrenables de llamar la atención, de sentirse delincuentes buscados por un rato, casi como piratas con una recompensa sobre sus cabezas. Pese a lo profundamente cansino, no solían ser peligrosos, pero aquella vez había habido disparos de por medio y la vida de al menos un civil en riesgo, y eso ya eran palabras mayores, suficiente como para que un Marine interviniese.

La joven respondía a los patrones de comportamiento típicos precisamente entre aquel sector, aunque sus movimientos no eran los de cualquier borracho. Conocía bien aquella actitud aparentemente juguetona. Se le hacía agotadora. Stroud la observó mientras pasaba por encima del mostrador. Acababa de llegar, y aquello ya se le estaba haciendo pesado. "Haga el favor de comport...," dijo, ahogando un suspiro en el momento en que la chica tumbó uno de los estantes de la tienda, que cayó con pesadez justo frente a él. Esa tampoco era una nueva, aunque solía quedar mejor en la ficción. "Bueno," se limitó a mascullar con consternación para sí, viendo cómo se desparramaban por el suelo los productos del estante, al tiempo que la chica corría hacia la trastienda, sin lugar a dudas convencida de que aquella táctica maestra supondría un retraso para el Marine. Pasó por encima y echó a correr tras ella. Era ágil, pero no muy rápida, y a Stroud no le supuso más que un pequeño cálculo determinar que sería capaz de atraparla con facilidad.

En el instante en que la joven cayó sobre un bajo tejado a dos aguas, abuhardillado, una figura vestida de blanco se le abalanzó encima, sujetándole ambas muñecas con firmeza y presionándole en la parte posterior del hombro, llevándola hasta el suelo y forzándola a permanecer boca abajo. "Ya es suficiente. No tiene edad para estos trotes." Stroud había pasado el último minuto manteniendo control sobre el terreno, observando su trayectoria e intentando predecir a dónde se dirigía. Si bien la última acrobacia, la de cortar la cuerda, lo había pillado desprevenido, no le había supuesto ningún problema saltar hasta la azotea del edificio y continuar con la persecución manteniendo una distancia prudente. Como un cazador, era consciente de elegir correctamente el momento, y hasta entonces solo había que ser paciente y mantener a la presa vigilada, sin que ella misma lo supiese. Una vez se hubo asegurado de que permanecería en el suelo, se le quitó de encima, sentándose sobre la cornisa que descansaba a apenas un metro de ellos, observándola en silencio. "¿Cuál era la idea? ¿Drogas? ¿Robar por robar?," inquirió, apretando los labios, consternado. Pese a su edad, sonaba casi como un padre decepcionado. Suspiró. Sabía que ella sabía que, si intentaba escapar, no le llevaría más que un par de segundos volver a alcanzarla. Allí, pese a que solo estaban algunos metros por encima de la calle, el bullicio se sentía enormemente lejano. Stroud hizo un ademán con la cabeza hacia un tablón que colgaba del edificio frente a aquel, repleto de carteles de se busca. "¿Quiere acabar como ellos?"
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#5
El disparo, fue el trueno que gatillaba el inicio de la locura, Maki acostumbrada a rondar las calles, al peligro, la maldad de todos los desgraciados. Afortunadamente esquivo, afortunadamente tenía mala puntería, afortunadamente nadie salió herido de gravedad. Ni el gordo, ni el delincuente, ni Maki… aun así, cuando todo estuvo controlado, realmente no lo estuvo pues la evidencia jugaba en su contra, los acontecimientos, el clima, el arma, la recuperación del viejo… todo. Es el típico mal momento en el sitio incorrecto. Maki no pudo hacer otra cosa más que reírse.

Quiso escapar poniendo obstáculos, era una táctica fácil, sencilla, después de todo no quería hacer más daño del que ya se había provocado, solo… irse a la mierda, su suerte si era la peor. Buscando solo comprar un par de cosas, se veía ahora envuelta en una persecución… pero hey!! eso le gustaba, escapar, el tema del gato y el ratón. Casi todo era excitante. Sobre todo, cuando un hombre tan guapo quiere atraparte en esos brazos tan grandes y muscu…. Espera… parece un crio… Maki mirando mejor al rostro del chico, parecía que era demasiado menor para sus perversiones.

El marine era astuto, tanto como podía serlo un servidor de la ley, cortar la cuerda, elevarse, caer lamentablemente sobre un techo en mal estado, perdió el paso y sintió las manos del muchacho.

Ella sonrió… se carcajeo… cuando suspiro intentando encontrar su daga entre sus ropas… Vaya… sintió que le soltaron, su apriete se aflojo y finalmente Maki se volvió extrañada, su hoja jamás salió… su guitarra. Toco el suelo o mas bien el techo y emitió una suave melodía, como de mil clarinetes, una sinfonía y un traqueteo hermoso. Ella fijo su mirada en el mientras el se sentaba… Maki con total naturalidad y aceptando en parte su aprehensión decidió una locura. Posicionar su guitarra sobre sus piernas… rasgar las notas que siempre deseaba para pensar. El silencio. La tranquilidad. La paz broto entonces en medio de las noches estrelladas, la fría brisa corrió, y ella sintió el frescor en el rostro, comprendió que tenia toda la apariencia de un criminal, de una escoria mas de la sociedad, pero golpeteo la guitarra y quiso responder.

Movió sus pies muy cómodamente, casi tocando los del rubio Marine. No tenia nada contra ellos, solo no soportaba a los corruptos y este… este sí que parecía uno de los buenos… o eso creía. —Déjame decirte… mmm… bueno, las cosas son a veces confusas… de echo no se no que paso ahí déjame aclararme…— SE aclaro la garganta un poco, miro al cielo estrellado, miles y millones de esferas incandescentes le cuidaban, o eso quería creer, la luz reflejada en sus ojos parecían difuminados suelos quebrados como su guitarra, como el interior de ella y su gran secreto guardado en ella. si se ponía atención, mucha… podía verse el arma… Maki miro los carteles cuando el se lo indico… ella dejo la guitarra en el suelo…

Se levanto… se acerco a la cornisa y los miro altiva, con sentimiento como si un sueño se le cumpliera en algún momento el estar entre ellos. era algo idílico, hace relativamente poco se había unido a esos “Maleantes” pero de verdadera piratería nada. por ahora. Simplemente vago en sus recuerdos en lo que fue o lo que podría haber sido… camino nuevamente a su guitarra la tomo… y le mostro su secreto… —Mira esto… como funciona, no lo sé, solo sé que una vez revelada se vuelve una sola hoja, tan pura y solida como cualquier otra…— Tomo la empuñadura y empezó a sacar la hoja de su guitarra, Maki cerro los ojos y su espada comenzó a emerger… cada pieza seguía a otra, golpeando su acero con otro y un resonar comenzó a salir de ella… poco a poco un tintineo tras otro, como una sinfonía de muerte, relampagueante, inmaculada, a merced de los crueles, déspotas y los venenosos que se alimentaban de sangre de otros. Pero cuando salió completa. —Es hermosa, simple aunque parece quebrada es tan cruel como cualquier otra… podría decapitar a quien sea, desprevenido o no, pero mira… la uso así…— Ella se acerco con la hoja en la mano, mientras su melosa voz se volvia solo azucar, no lucia amenazante, sino emocionada con el rubor subiendo por sus mejillas, cuarteadas por quemaduras horribles… y estando cerca del marino Maki se agacho… acerco el cuerpo de la guitarra al oído de él, y puso al otro lado su propio oído…

—Mira dulzura… esto es una sinfonía de muerte usada para crear magia. Se llama música de acero. Como funciona, tampoco lo se.— Maki penetro el cuerpo de la guitarra nuevamente con su espada la cual poco a poco comenzó a desprenderse pedazo a pedazo… cada caída de algún trozo de acero era una gota sumergiéndose en una espiral sinfónica, rebotando unas con la tonada de un clarinete, otras con un resoplido de flauta, cada una de ellas dotaba a la guitarra de ciertas melodías, matices de cientos de instrumentos diferentes y de “colores” danzantes… entonces cuando estuvo la mitad dentro de la guitarra, Maki empujo al marine para que cayese de espadas muy pero muy suavemente en esa cornisa, en ese lugar… desprevenido por la música. Maki se sentó justamente donde estaba el antes, dándole la espalda… mirándole de reojo. —No se si quisiera estar, empezar o quizás acabar como estos Piratas, pero sin duda… amo la libertad mi querido marine…— Dijo echándose esta vez sobre su torso… ambos mirando al cielo, las estrellas innumerables les cobijaban y ella se sentía ahora… mas calma, mas normal, mas… relajada. ¿Por qué? No lo sabía. —Quieres que te cante algo?... quizás con ello pague mi huida… por que te aseguro… no he robado nada.— Dijo rasgando una vez… otra vez y una tercera vez la guitarra.
[Imagen: Maki_NNM.gif]
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