30-11-2025, 06:35 PM
Día 1 de invierno, año 16
Con la llegada del invierno, llegó el frío, un frío que calaba profundamente en Juan Sebastián, no había nevado aún, pero la humedad tropical de la isla era una mala combinación, se sentía como si las gotas de sudor fruto de sus tareas en el trabajo pudiesen congelarse en cualquier momento —Que ganas de que se acabe el invierno, y acaba de empezar...— Musitaba el crustáceo mientras realizaba las tareas propias de su puesto como recluta. Fregar nunca era agradable para él, pero hacerlo en estas condiciones era inhumano, Juan se determinó aún más en escalar puesto en la marina, así no tendría que volver a coger una fregona.
A media mañana, una vez terminadas sus tareas en el cuartel, a Juan le asignaron una misión especial. Debía acudir a un viejo orfanato para hacerlo habitable, las tormentas del verano habían dejado el lugar inhabitable y con la llegada del frío los niños no podrían vivir allí, y era el único lugar que tenían. Así pues, el cangrejo partió a su misión, contento de poder dejar sus aburridas tareas del cuartel para poder ayudar a los niños, lo único malo de dejar el cuartel era el estar a la intemperie, bajo el despiadado frío que asolaba la isla.
Una vez llegó lo primero que hizo fue saludar a los encargados de cuidar a los niños, el señor Jack González, un señor de mediana edad, estatura media, de complexión delgada , con un corto cabello marrón claro y ropa algo desgastada y la señora Molly Brown, una mujer en sus cincuenta, de alta estatura, de complexión fornida, con el cabello pelirrojo con gran cantidad de canas y vestida con una chaqueta y pantalones vaqueros algo viejos—Buenos días, Soy Juan Sebastián, el manitas, me han enviado para hacer habitable de nuevo el orfanato— . Habían estado trabajando cuidando de esos niños juntos durante años y se veía que les tenían mucho aprecio, tanto como para invertir gran parte de sus sueldos en cosas para ellos, Molly le respondió. Seguido de esto Juan se presentó a los niños, en orden de edad, de más pequeños a más grande estaban, los gemelos Tímoti y Tómiti, Anabel, Doko, Mike y Shang Zhou. Eran un grupo variopinto y multicultural, cuidar de las necesidades y gustos de cada uno por separado sin dudas no debía de ser nada fácil.
Una vez puesto al día con la situación se dispuso a dar todo de si para hacer aquel lugar habitable, no era un carpintero o un artesano, pero con sus habilidades de manitas debería bastar para hacer de aquel lugar un sitio habitable, unos parches de madera y quedaría como nuevo. Mientras estaba manos a la obra Shang se le acercó y le dijo —¿Hay algo en lo que pueda ayudarte? Quiero aprender para ser carpintero— Juan vio con muy buenos ojos la iniciativa del joven —¡Claro que si! Si te parece coge ese martillo de allá y clava los tablones sueltos, son un peligro para los peques— Mientras le daba las indicaciones podía sentir como algo reptaba por su espalda ¿Un bicho? ¿Una rata? No, era el pequeño y nervioso Tómiti, que se había propuesto a escalar a Juan como si de una montaña se tratase, el crustáceo le cogió con su pinza como el que coge a una cría de gato y tras darle una sonrisa burlona, lo depositó en el suelo. Todo apuntaba que iba a ser una tarea de varios días, pero el ambiente era agradable y, aburrir, no se iba a aburrir.
Tras unos días de trabajo y gracias al joven Shang, ya estaba todo casi terminado pero aquella tarde-noche ocurrió un incidente, los fondos del orfanato estaban dentro del mismo, y un dúo de ladrones entró para apoderarse de ellos. Lo que no esperaban era encontrarse de bruces con Juan, que rápidamente actuó de barrera entre los delincuentes y los niños, miró a Shang, que estaba aterrado como el resto de sus amigos, con una confiada sonrisa le dijo —Parece que deberíamos haber arreglado primero la puerta— Y acto seguido noqueó a ambos ladrones de un simple golpe, les habría dado una paliza hasta matarlos, robar en un orfanato no merecía menos a ojos de Juan, peor había niños delante y debía dar ejemplo.
Una vez terminado su trabajo se llevó a los ladrones, mientras era vitoreado por los niños y los tutores, Anabel y Dojo decían querer ser marines después de verle detener a los ladrones. Había vuelto a sembrar semillas de justicia aparte de haber ayudado a los niños por lo que esa noche podría dormir estupendamente, además al día siguiente no tenia que madrugar.

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