La mataperros [+18][Akashi]
#1
Heart 
Caminaba por la calles de Samba… sus pies le mataban y sus zapatos no parecían ayudarle. Meras sandalias a medio coser y recocer, medio rotos y medio viejos, la sed le mataba, el hambre le acuciaba y mantenía algo entre sus brazos… algo peludo que se movía con una especie de espasmos. Maki como nunca caminaba rápidamente, tanto como se lo permitían sus cansados y hechos pedazos pies.

Cada carruaje que pasaba ella se volteaba y levantaba el dedo pulgar… necesitaba con gran urgencia ir al siguiente lugar donde tuvieran alguna veterinaria o algo así, era una pirata ciertamente, pero se dice que todos los piratas tienen conexiones con algo más terrenal suele ser un objeto, una esposa, un marido, un niño o una mascota, en este caso ella sentía la necesidad de cuidar y no hacer la vista gorda con los animales o los niños. Esta vez era un perrito, era extraño, rechoncho, negro y de ojos rojos. Se retorcía y parecía moverse entre dolores de algún tipo… no tenía heridas aparentes, quizás un hueso roto, no tenía ni puta idea de la estructura de una animalejo aunque los cuidaba como si fuera su madre pero, no era una maldita ingeniera agrónoma ni veterinaria.

Un nuevo par de caballos y nuevamente su dedo se alzó… no se detuvo —Egoístas hijos de puta solo quiero un aventón no matarlos!!! Pero ahora si los encuentro de nuevo los mataré!!— Gritó frustrada al par de caballos que se alejaba. La criaturita acurrucada nuevamente se removió en sus dolores y la chica quemada lo había encontrado a un costado de la carretera herido y sollozante… su habilidad de primeros auxilios sano gran parte de sus heridas, pero aun así seguía quejándose como si tuviera un puñal entre las tripas y ella no era de las que mantenía una cantidad extensa de artículos para sanación.

El calor era tremendo, no recordaba que hiciera tanto calor en esta isla, pero no era otra cosa que el dolor en su cabeza que le producía una desesperación inusual y el caminar era tan duro que estaba a punto de quitarse la mierda de zapatos e ir a pie descalza por la orilla del camino… su mente estaba completamente volcada en el bienestar del pequeñín seguro los malditos ni siquiera se detuvieron a ver si estaba vivo o por lo menos acabar con su sufrimiento si no podían sanarlo en su bolsillo llevaba un pedazo de plástico negro, quizás parte del carruaje de los idiotas. Ya los buscaría… pero por ahora. Veterinario o un alma caritativa que los lleve al siguiente asentamiento quizás.

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#2
Un día de lo más aburrido, eso había sido. A excepción de lo que acababa de hacer. La madre que lo parió, ese cabrón no dejaba de perseguirle ni un minuto. Corría como una centella, detrás de ella.
 
¿La razón? Lampedusa le había robado la cartera.
 
—¡A la ladrona! ¡Se lleva mi monedero! —gritó a pleno pulmón.
 
—¿Qué dices, gilipuertas? ¡Ahora es mía! ¡Si tanto la querías no haberla dejado en el puñetero bolsillo tan a mano!
 
Dos veces giró a la izquierda, luego a la derecha y, por fin, se libró del pelmazo. Lampedusa saboreó su victoria y su botín. Por fin tendría algo con lo que llenar el estómago. A ver que llevaba… Bueno, calderilla, pero menos daba una piedra. Con eso bastaría por el momento. Guardó el dinero en el bolsillo y continuó su camino.
 
Ahora tocaba encontrar una taberna o algo por el estilo para llenar su estómago. Halló a lejos una cola de gente, y Lampedusa se desperezó. ¡Por fin el destino era generoso con ella! Decidida a guardar cola, se puso la última y echó un vistazo a la fila. Hombres, mujeres, niños… De todas clases y edades. Lo raro es que esperaban junto a varios animales. Cerdos, vacas, caballos, perritos… ¡Más perritos y gatitos! Maldita sea, a Lampedusa le costaba cabrearse con un gatito o un perrito, ¡eran tan cucos!
 
Eso hizo que entrecerrara los ojos. Gente. Con animales. Haciendo cola. Eso le olía mal.
 
—Oye, vieja, ¿esto es una cola para entrar a la taberna o la granja de Pepito? —le preguntó a la mujer que tenía delante.
 
—¿Qué dices, chica? ¡Si esto es la veterinaria!
 
—¿Qué? ¡Y yo perdiendo el tiempo todo el puto rato pensando que iba a comer! —Se dio media vuelta y le sacó el dedo sin mirar atrás—. Ahí os follen, tener que aguantar una cola de mierda como esa, ¡anda ya a la mierda! ¡Puff!
 
Ya decía ella que había sido demasiado fácil. ¿Encontrar una taberna? ¿De buenas a primeras? Ja, el mundo siempre le hacía la puñeta y escondía las cosas cuando ella las buscaba. Anduvo otra hora por ahí en la que estaba hasta la punta de la nariz de tanta mierda sin encontrar un sitio en el que comer cuando, de golpe y porrazo, vio a una mujer de cabello verde que iba directa hacia ella a toda prisa. Demasiado tarde para esquivarla.
 
El trompazo lo sufrió más ella, por lo que acabó en el suelo. Menudo golpetazo. Se levantó de inmediato, hecha una furia y le plantó cara.
 
—Me cago en ti, curvilínea, ¿tú eres gilipollas o…? —Fue en ese momento cuando reparó en que llevaba un perrito herido en brazos—. ¡Ostia! ¿Pero qué le ha pasado a ese pequeñín? —Miró a la tipa con cara de pocos amigos—. Más vale que estés buscando algún sitio para que le curen las heridas y no raptando perritos, ¡con los animales no se juega! ¡Y menos con uno tan bonito!
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#3
El camino se hacía más duro, más pesado, el cachorro ocasionalmente lamia la barbilla de Maki y ella le abrazaba con un poco más de fuerza como queriendo absorber todo el dolor que sentía el animalito era terrible, no podía soportarlo, aunque la realidad era que solamente tenia una magulladura interna por un golpe de un carruaje, por eso la queja constante de la criatura. Su pelaje tenia sangre, pero no podía encontrar la herida.

Finalmente llego a la puta ciudad… le había traído un carruaje de una familia que venia a la ciudad al carnaval semanal, uno donde el tema principal era la recuperación de los bosques de las afueras. Cada semana una temática diferente y esta vez era la conservación natural. Maki no hablo nada con la familia, pero recordaría que la niña que estaba con ellos se había preocupado tanto como ella del pequeño animalito. Los ojos vidriosos, las manos temblando y los balbuceos cada que le preguntaban algo le daban el indicio.

La pareja acelero por los caminos tan rápido como pudo viendo la gravedad del cachorrito o más bien la urgencia de la mujer pues ella no dejaba que nadie tocase a la criatura. Solo se mantenía con la cabeza agachada rezando por encontrar un lugar donde tratarlo, donde le aseguraran que estaba recuperándose. Se bajo rápidamente del transporte, y como alma que lleva el viento salió corriendo… giro una esquina y

PAFFFF

El golpe contra la figura oscura que le azoto fue suave, como si chocase contra dos balones de agua gigantes… retrocedió, trastabillo y sus ojos se volvieron verdes y las escamas esmeraldas casi emergieron pensando que era una especie de ataque sorpresa de la marina o algo parecido. Pero cuando vio a la otra en el suelo… el cachorro solo se lamento con un largo aullido de dolor, Maki sintió que era una afrenta, una emboscada, no, su ímpetu se redujo distraída con el dolor del cachorro… —Apártate zorr…— Se mordió la lengua e inmediatamente comprobó el estado del animalito… —Descuida corazón ya llegaremos a un lugar donde nos ayuden… resiste un poco más.— Su voz ahora era más apacible, reconfortante y protectora con la criaturita… miro con desprecio a la chica pero se suavizo cuando demostró un atisbo de preocupación… —He?... raptar?... no… sanar… necesito llegar a un lugar donde me ayuden. ¿Eres de aquí? Soy Zen´in… Maki D. Zen´in.— Menciono preocupada y mirando erráticamente no recordaba donde cojones estaba la dichosa veterinaria.
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#4
Oír que la mujer decía que iba a ayudar a ese pequeño animalito y que necesitaba llegar a algún lugar donde poder curarlo fue suficiente para Lampedusa. Relajó los músculos y suspiró de alivio.
 
—Vale, no te preocupes, Cena —¿Había dicho que se llamaba Cena? Creía que sí. Bueno, el caso era centrarse y ayudar al pobre animalito. A la dueña le podía atropellar un auto mientras el pequeño cachorro no corriera peligro—. Hace un rato estaba guardando cola por error en una clínica veterinaria porque el jodido universo, —Volteó la cabeza llena de rabia—, ¡no para de cambiarme las cosas de sitio y así no hay quien se oriente! —Volvió a mirar de nuevo a la mujer mientras se ponía en marcha para no detenerse—. Estaba cerca de aquí, pero como el universo se empeña en hacerme la puñeta fijo que ya no está donde antes, ¡pero si encontramos a algún parguela estoy segurísima que ayudaremos al pequeñín!
 
Sin rumbo fijo, mientras caminaban, Lampedusa trató de hallar a cualquier persona, cualquier imbécil o primo que supiera donde quedaba, porque más que andaban no lograba encontrar el camino de vuelta. ¡Maldita fuera su suerte siempre igual! Cuando no buscaba una cosa la encontraba y cuando no… ¡Eh! ¡Eso era!
 
—¡No deseo encontrarte, maldita veterinaria! —Gritó hacia el cielo. Luego le guiñó un ojo a la mujer llamada Hamaca para que comprendiera que estaba engañando al universo—. ¡Quiero una jodida puta taberna de los huevos que tengo hambre! ¿Te has enterado, puto subnormal?
 
Dio un paso hacia la derecha sin mirar y se volvió a dar un tortazo contra una señora. Estuvo a punto de cagarse en todos sus muertos habidos y por haber, hasta que vio que la mujer llevaba un gato con una pata escayolada. Al ver la cola que le seguía, sonrió con una sonrisa feroz.
 
—¿Ves, Máquina? ¡Sabía que engañar al universo le daría donde más duele! Vamos, yo te abro paso. —Le pegó patadas y empujones a todo gilipollas que se encontraba por el camino—. ¡Abrid paso, capullos! ¡El adorable perrito de acá necesita tratamiento más urgente que vuestras putas mierdas con garras y plumas!
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#5
La desesperación de querer ayudar al pequeñajo le llevo al peligro, de confiar en la primera indecente que se encontrase, pero no tenía más remedio que hacerlo, para su fortuna parecía que sabía dónde había efectivamente una veterinaria en una increíble historia de suplantación de edificios… vale… Maki decidió que no podía confiar en esta… estaba orate sin duda. O ebria o quizás un poco de ambas. El motivo de su estupidez: Seguro que las enormes tetas que portaba la chica no la dejaban pensar por que debia luchar todo el tiempo contra la gravedad… pero no era el punto, ahora debía seguirla — Vale te sigo, pero que sea rápido… no pareces muy confiable a pesar de tu apariencia de vagabunda impecable.— Sentencio Maki con el cachorrito acongojado entre sus brazos… … … vale, estaba completamente loca… pero… demonios. Le funciono, se topó con una vieja de mierda con otro pequeñín y entonces descubrió que era una ruidosa…

Maki Era mas sutil, solo caminaba a través de la gente topándola apartándola con la mano, en silencio con cara de que si le decías algo te desollaría viva… pero no solo eso, te desollaría para hacer un mameluco de tu piel, pero no solo eso, usaría ese mameluco para vestirse de ti… pero no solo eso, pediría prestamos a muchos bancos y amigos para no pagarlos y arruinar tu reputación, pero no solo eso, sino que lo haría para acudir a tu funeral donde profanaban tu tumba tus acreedores entre escupitajos y maldiciones, condenando tu vida al infierno para siempre.

Todos se molestaban, nadie reclamaba… en nada quedo al frente, dejo al perrito y su mirada seguía sombría. Le doctor le dijo que era un tratamiento simple, pero ella solo se digno a poner una bolsa con berris en la mesa… miro a su acompañante y le tomo del hombro… —Ven aquí mi escotada amiga… espera… mírame…— Le dio una suave bofetada mientras la llevaba fuera de la tienda de animales… —… Shhhhh… necesito que te centres y cierres el pico… mira. Esto es un pedazo del vehículo.— Saco de su bolsillo un pedazo de madera, parecía ser de un carruaje.

—Mira este supongo es un trozo de madera del vehículo, usa tus poderes disformes para encontrar al jodido culpable… vamos vamos… no tengo todo el día. — Era una ridiculez lo que le pedía, pero Maki era una estúpida para investigar, operaciones de sigilo y tonterías similares, le dio el pedazo de madera… la palmeo la los brazos, sus tetas rebotaron y parecía que la magia daba resultado pues inesperadamente una carreta casi les arrollo… —Hey par de zorras… salid del puto camino… o quieren que les arrollemos? A cagar el palo a otro lado…— Dijo el cochero con ira y con un látigo en la mano, el chasqueo sonó atrás y se dispuso a atacar a la mujer… eligió a…. a la no quemada. Parecía más blanda y fácil de intimidar. La otra era horrible.

Maki adelanto la mano y se enredo con fuerza el cuero terminado en acero, sintió el dolor intenso pero comprobó que la rueda de la derecha le falta un pedazo. Justo el que aun su compañera tenia entre las manos… Maki entonces con furia tiro el látigo… el cochero perdió el equilibrio y cayo de bruces al suelo… —Que mierda pasa afuera… Scott… Scott!! Que haces tarado… mata a esas perras como lo hiciste con ese cachorro en la carretera…— La vista de Maki se encendió. Miro a si “Amiga” Y decidió matar a los tres que salieron del carruaje, eran grandes, mucho mas grandes que cualquier humano común…
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#6
Entrar fue pan comido para las dos gracias a que Lampedusa quitó de en medio a todos esos imbéciles a base de empujones y amenazas. En nada de tiempo ya estaban las primeras de la cola, por lo que el turno de entrar les llegó cuando el criajo de mierda y su caniche salieron por la puerta. Lampedusa le metió un golpazo a la puerta y comenzó a gritar.
 
—El gilipuertas que esté al mando, ¡aquí tiene un trabajo que hacer con este pobre perrito herido! ¡Y rápidito!
 
El tipo que se hacia llamar doctor las atendió ipso facto y comenzó a tratar al pobre animalito. La tía máquina soltó una pedazo bolsa al lado de la camilla y luego se acercó a ella.
 
—Ven aquí mi escotada amiga… espera… mírame…—Le pegó un intento de caricia que le dolió cual guantazo soltado por un crio de tres años. Estuvo a punto de replicarle, pero la otra la contuvo—. Shhhhh… necesito que te centres y cierres el pico… mira. Esto es un pedazo del vehículo.
 
Lampedusa no entendía que mierda le estaba contando.
 
—No tengo ni pajolera idea de qué cojones hablas, máquina, pero el guantazo te lo voy a devolver como no hables más claro, ¿te enteras?
 
—Mira este supongo es un trozo de madera del vehículo, usa tus poderes disformes para encontrar al jodido culpable… vamos vamos… no tengo todo el día. —¿Poderes disformes? ¿Esta tía estaba loca o recién fugada de un manicomio?
 
Lo único que había entendido era que quería que encontrara una mierda de carro. ¿Acaso era el que había atropellado al perrito? Buah, si ese era el caso, se pondría manos a la obra. La cosa es que ella lo de encontrar cosas, como que no. Pero si había funcionado el truco de antes para joder al universo que le cambiaba las cosas de sitio, ¿por qué no probarlo?
 
—Esta bien, cara culo llena de mocos, voy a intentar encontrar a los maltratadores de chuchos. Pero no te prometo nada. —Cogió aire y se puso a gritarle al universo—. ¡Que te den por culo hijo de puta, no quiero encontrar el carruaje que atropelló al perrito! ¿Te enteras o te hago un croquis? ¡Como me plantes al puto hijo de su madre delante de mis narices te pienso hundir la vida, pargue…!
 
No estaba ni cinco segundos blasfemando que apareció delante un carro que hizo que Lampedusa se echara hacia atrás. Por suerte se detuvo antes de llevárselas por delante, pero bastó para sacar a Lampedusa de sus casillas.
 
—¡Hijos de puta! ¿Es qué os han comido los buitres los ojos o es que sois medio topos? ¡Me cago en todos vuestros muertos habidos y por haber!
 
—Hey par de zorras… salid del puto camino… o quieren que les arrollemos? A cagar el palo a otro lado…
 
—¡Tu puta madre en paños menores va a ser la que arrolle, subnormal! ¡Que estás más ciego que un alérgico a las avispas con toda la cara hinchada! —le soltó Lampedusa, con los puños preparados para hacer llover dientes por todo el suelo.
 
El cochero eligió violencia, y se puso a intentar golpearlas… Solo que la máquina detuvo el golpe con facilidad y enrolló el látigo en su brazo con gran habilidad.
 
—Que mierda pasa afuera… Scott… Scott!! Que haces tarado… mata a esas perras como lo hiciste con ese cachorro en la carretera…
 
¡Habían sido ellos! La puta madre que los parió, tanto la máquina como Lampedusa estallaron en llamas. Las dos se miraron, pero la decisión ya estaba tomada. Dos tipejos más se bajaron y vaya, Lampedusa se tiró a ellos como alma que llevara el diablo.
 
—¡Os voy a enseñar la tabla del cuatro a base de ostias hijos de puta!
 
Y sin dudarlo un instante, Lampedusa pegó un salto y le propinó un golpe poderoso con las dos manos, dirigido hacia el cráneo del atropella perritos. Le iba a mostrar lo que eran las matemáticas… ¡A golpes!
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#7
Parecía que la tetas con patas era una de esas problemáticas, aquellas que su padre y su madre le advirtió que nunca se juntara, así que determino que era agradable y un poderoso aliado en menos de tres o cuatro palabras que intercambiaron. ¿Qué podía salir mal? Pues anda, ella era Maki… Maki zen´in una máquina de dar guitarrazos y patear culos sin igual, además era parte de una temida banda de piratas y podrían iniciar una masacre por un perrito, seguro cuela.

Sus poderes latentes eran formidables. Tal como lo predijo… Maki sintió que estaba frente a una basa de la naturaleza, un torbellino de buena suerte, una colosal titanide… y muy pechugona señora que podía hacer y dictar lo que desease con la suerte.

Sus palabras habían sido su sentencia de muerte… Maki sonrió ante las declaraciones. Y sin decir mas nada vio como el cochero sonrió maquiavélico por el costado, intento incorporarse, pero… Maki pateo la cara del hombre… su rostro imperturbable, su sonrisa desvanecida… un pisotón y su cabeza exploto en mil pedazos… lanzando sangre, huesos, dientes, cabello y sesos por todos lados. Bajo su bota armada con una puntera de acero negro quedo hecha un estercolero… el hombre descabezado dio un par de espasmos antes de dejar de moverse y los gritos de la gente no se hicieron esperar… un disparo… Maki retrocedió… mierda un tirador, el disparo le mordió el brazo, pero sus reflejos consiguieron moverse para solo rosarle. Por el otro lado bajaron dos tipos más, un hombre, grande moreno, con una gran hacha y cara de poquísimos amigos, el otro llevaba un mazo en cada mano, cortos y con cara de querer problemas y solucionarlos.

El golpe de la muchacha fue potente. El de los dos mazos quiso defenderse pero solo logro que estos cayeran al suelo junto con parte de su lengua porque se la mordió al tatar de insultar a la mujer morena… Maki se movió como el rayo, escondiéndose detrás de un muro, el enemigo disparo dos veces mas y recargo para voler a mantener a raya a la peliverde, pero esta era astuta… cuando recargo, tomo una piedra y se la lanzo a la cara, está la esquivo de manera magistral -JA… estúpida no me ha dad…- Pero solo quería distraerlo.

Apenas pudo alzar la vista, solo pudo ver un puñetazo directo a su nariz. Partida, sangrante y ciertamente deformada para siempre… cayo de espaldas, disparando al aire un nuevo disparo. Se azoto contra la carreta y reboto cayendo de rodillas. Maki le pateo la cara con furia… escupió a un lado y no pronuncio más apalabras. Pateo otra… otra… otra y otra vez su cara, sus costillas, sus manos… piso sus dedos… la furia. La furia era tremenda, pisoteando y golpeando sin cesar. Sin control. Solo se detuvo cuando vio a su amiga medio en peligro cuando un tipo con una gran hacha se le acerco mientras golpeaba a otro que comenzó a sangrar profusamente por la boca… entonces ella hablo —Hey tu… leñador, secreto en la montaña ven aquí enfrenta a una mujer como un hombre si es que lo eres… — fue su provocación, miro con ira a Maki con tanta ira que detuvo su golpe en el aire y se volvió a ella… hecho vapores por las narices de ira y quiso caminar hacia ella… pero Maki solo sonrió, ahí de pie.

También le estaba distrayendo, el hacha silbo, Maki giro sobre si misma… dos veces para quedar a espaldas del enemigo y esta con un solo palmetazo en la oreja derecha hizo eu se tambaleara derecho hacia la pechugona artista marcial… el blanco desorientado, el hacha demasiado pesada para mantenerla en control, grito de dolor, cerro los ojos y Maki se reia con una sonrisa malvada, psicodélica, deseando matar,

La gente alrededor solo escapo, huyo y en la lejanía podía escucharse el clamor de los caballos, los pedidos de auxilio y los niños llorando. A ella. Maki solo le importaba la venganza, de echo jamás mataba, solo tenia dos reglas, no comer helado los viernes en la mañana y no dañar ni animales ni niños pequeños. Todo lo demás estaba permitido.
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#8
La tal Makina era una bestia sanguinaria que solo pensaba en una cosa: matar a esos desgraciados. A Lampedusa no le iba eso de matar, no quería ensuciarse las manos. Ella era más de dar golpizas y dejar a los pringados con vida para que supieran quien era la que mandaba.

Se unió a la fiesta como un perro se lanzaba a por un intruso que ingresara en su casa. Pasó al lado del hombre reventado, cosa que le parecía absurda que alguien tuviera tanta fuerza, y le propinó un puñetazo a uno de los dos gilipollas que aparecieron detrás de la carreta. Recibió dos puñetazos, pero a cambio Lampedusa le zurró de lo lindo al primero y luego le golpeó una buena tunda al otro cantamañanas.

—Ay, amigo, te voy a dar de ostias de dos en dos hasta que sean impares. ¡Vas a aprender a no tocarme las tetas y a no lastimar a perritos indefensos! ¡Puff!

De reojo vio un movimiento a su derecha y por poco no acabó partida por la mitad. Intentó de nuevo golpearla y de milagro salió ilesa… Salvo la última vez, que se llevó un pequeño corte en el brazo. Apenas un rasguño, pero el escozor le devolvió a una realidad preocupante. Como no hiciera algo pronto, ese capullo le haría la tabla del dos desde el melón hasta la cintura.

Por suerte, la Makina hizo frente al gilipollas del hacha. Lo vio sufrir, esforzarse en vano, hasta que la cabrona lo reventó como al resto. Lampedusa hasta aplaudió cuando lo dejó en el suelo molido a golpes. Por el rabillo del ojo vio al que parecía ser el causante de todo, el jefazo ricachón que había ordenado el atropello del animalito. Logró agarrarlo antes de que escapara por el pescuezo y sonrió con un monumental cabreo.

—Ah, no, picha ortopédica, tú no vas a huir. ¡Vas a sentir el baile de los puños de la Makina! ¡Puff!

Se lo lanzó en dirección a la tipa con una sonrisa de oreja a oreja. Se cruzó de brazos y esperó al fabuloso desenlace que estaba a pocos instantes de producirse, con una sonrisa en los labios.

—Ah, da gusto ver como pega. La Makina va a dormir muy bien esta noche. ¡Puff!
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#9
Matar o no matar, no tenía un verdadero problema, la vida para ella era cíclica, quien moría ahora tenía oportunidad de corregir sus errores o simplemente renacer en otra vida más cómoda o tranquila, para ella esto era una lección, no para esta vida, sino para la otra. No solía matar por matar, pero cuando se encontraba con bastardos que no respetaban animales o niños, la contención de sus fuerzas se iba a la mismísima mierda. La sangre, las tripas, las partes de cerebro en todos lados solo le hacía querer pelear más y más,

La sonrisa de Maki era extensa… los golpes volaban de un lado a otro y en su mente parecía que había encontrado una amazona dispuesta a hacer lo necesario. —Eso eso… que sepan que aquí a los únicos animales que se les daña es a los que andan a dos patas, JAJAJAJJAJA— Se limpio un poco la sangre de su ropa, pero solo lograba esparcir más y más las manchas. Solo se rio cuando descubrió que esto era inútil.

Alzo la vista y la muchacha se desenvolvía bien, la gente escapaba con un terror extremo, y podía ver la cara de todos blanca, con ojos llenos de pánico y terror. Maki entonces retrocedió en su pensamiento homicida. Y cuando al fin volvió en sí, respiro aliviada, los desgraciados muertos o al menos eso parecía, se acerco a la lunática… ósea a la muchacha y la agarro del brazo para arrastrarla lejos del lugar… —VAMOS MANIPULADORA DEL DESTINO!!! NOS HEMOS COBRADO UNA BUENA POR ESE CACHORRITO!!— Le grito al soltarla mientras corría por los callejones de la ciudad para perderse.

Uno o dos calles después aminoro el paso, dejo correr a la hermosa por delante y se asomo por la esquina… podía ver a la gente ya desapareciendo, pero seguro llegarían algunos marines. O tal vez la seguridad privada de la ciudad… aun así… nadie les seguía de momento. —oi oi oi… al fin… hey… buenos golpes… autodidacta o aprendiste en alguna escuela?... es… impresionante como crujes los huesos… me gusta, ahora debemos ver donde asearnos un poco... Ven vamos…— Dijo Maki mirando a todos lados y finalmente asomándose por una ventana… un golpe pequeño, un salto y entro en una casa que parecía sin gente… dentro rápidamente se encamino al baño y mirándose al espejo descubrió que estaba llena de sangre, pedazos de piel enemiga, hasta un ojo pegado tenia en su bota… —Pero pero pero… que demonios es esto… mira que desastre… al menos aprenderán que maltratar animales no es un juego de niños…— Terminado esta frase… Maki quedo frente a la chica y sin decir agua va. sus prendas cayeron al suelo… desnuda, marcada, sombría y cubierta de sangre —Me duchare… para quitarme la sangre… tenemos poco tiempo… entras?...— Su mirada era certera y autoritaria… necesitaba escapar de la zona, no darle problemas a su capitán y eso implicaba no llamar la atención en la ciudad. No mucho.
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