20-12-2025, 12:17 AM
(Última modificación: 20-12-2025, 12:36 AM por Zhang Guolao.
Razón: Baje el Tier de la Auto Narrada, ya que no he narrado una lvl 2
)
La Marcha del Gigante Dormido
49 de Invierno. Año 16. Isla Little Garden, Corriente Rakusei - 15:40 pm
Zhang decidió permanecer en la costa. Era una excusa a medias, una mentira piadosa que se contaba a sí mismo; pues si bien argumentaba que era para proteger aquella embarcación, en el fondo de su alma sabía que lo hacía para reclamar un poco de espacio. Necesitaba desesperadamente poder pensar sin el ruido constante de las voces jóvenes, sin las risas estruendosas y sin las preguntas que a veces no sabía responder.
Hacía unos meses, Zhang había recorrido el mundo como pudo, arrastrando sus pasado, su medicina y su soledad de puerto en puerto. Pero este era, sin lugar a dudas, un viaje mucho más entretenido que los anteriores. Aun así, parecía que poco a poco todos se convertían en una extraña y disfuncional familia. Y eso… eso era algo terriblemente nuevo para él. Una sensación cálida que, paradójicamente, le helaba la sangre, pues el miedo a perder lo que se ama es el precio inevitable del cariño.
Convivir no era sencillo, jamás lo había sido para un ermitaño acostumbrado al silencio de las montañas. Poco a poco se observaba cómo ciertas relaciones fluctuaban sin previo aviso. Zhang, por su parte, intentaba hacerse el loco con esos temas; desviaba la mirada hacia sus medicinas o mapas, se sumía en la limpieza de sus hierbas o fingía dormir. No quería cierto nivel de drama en su vida. Ya había tenido suficiente de eso en el pasado, y su corazón, remendado y lleno de cicatrices mal curadas, no estaba para soportar nuevas grietas. Por eso estaba allí, justo debajo de aquellas palmeras gigantes que, con sus hojas del tamaño de techos, ayudaban a ocultar la embarcación de miradas indiscretas, si es que había alguien más con raciocinio en aquel infierno verde.
Llevaba algunas horas observando el cielo, tratando de descifrar formas en las nubes que pasaban perezosas sobre la vegetación, mientras el viento del mar, movía su pelaje al unísono con las hojas. Allí, acostado sobre su lomo, con las manos cruzadas detrás de la nuca, se sentía relativamente tranquilo luego de aquel viaje tormentoso que los había traído hasta Little Garden. El sonido de las olas rompiendo contra la orilla era constante, un mantra rítmico, casi hipnótico, y por un instante se permitió el lujo de cerrar su único ojo bueno, dejando que la oscuridad le brindara un descanso que su mente rara vez le permitía.
Ya no tenía la misma vitalidad de antes. Lo notaba en las mañanas frías (No siente frio), sus manos le dolían en ocasiones, cómo si el frío de sus propias habilidades a veces se le metía en los huesos, recordándole que no era inmortal. Navegar por la Grand Line le cansaba el cuerpo más de lo que estaba dispuesto a admitir frente a los muchachos, pero se consolaba pensando que no había nada que una taza de té hirviendo y unas hierbas bien seleccionadas no pudieran aliviar… al menos por un rato.
—Hmmm… —resopló con suavidad, dejando escapar el aire por la nariz en un suspiro largo, cargado de recuerdos y resignación.
Fue entonces cuando un sonido, discordante y totalmente ajeno a la paz de la playa, lo hizo incorporarse de inmediato.
No fue un ruido fuerte al principio, sino una vibración que subió por su columna. Sus largas orejas se movieron con precisión, girando hacia la espesura, captando aquel murmullo grave y profundo que no pertenecía ni al mar, ni al viento, ni a las aves. Era un sonido pesado, rítmico, como si la tierra misma estuviera respirando con dificultad, o como si un corazón gigantesco latiera bajo el suelo de la isla. Zhang apoyó una pezuña en la arena y frunció el ceño, sintiendo cómo los granos temblaban levemente bajo su tacto, danzando al compás de algo que se acercaba.
El suelo vibró de nuevo, esta vez con más violencia. Apenas un temblor para un humano común, pero una alarma ensordecedora para un Mink. La arena se deslizó y las pequeñas piedras de la costa rodaron un poco hacia el mar. Zhang se puso de pie con lentitud, cuidando no hacer movimientos brusco, y avanzó unos pasos hacia la línea de árboles, atento.
—No… eso no es el mar —murmuró para sí mismo, con la voz ronca de quien lleva horas en silencio.
El sonido volvió a repetirse, esta vez más cerca y más fuerte. Un golpe seco, bum, seguido de otro, bum. Eran pasos. Pasos colosales marcando el ritmo cardíaco de la isla. Zhang tragó saliva, sintiendo la sequedad en la garganta. Little Garden no era una isla común; eso ya lo había notado desde el primer día, desde el instante en que vio los insectos gigantes y sintió el clima que aplastaba los pulmones. Todo allí era antiguo, salvaje, detenido en el tiempo… y peligrosamente vivo. Era una tierra olvidada por los dioses, donde la evolución había decidido tomar una siesta de millones de años y dejar a los monstruos a cargo.
—Hmmm… —repitió, esta vez con un tono más serio, analítico, evaluando sus posibilidades.
Miró a su alrededor buscando a su fiel compañero, pero Silencio no estaba con él. Aquello lo tranquilizaba, pues sabía que el pequeño animal estaría a salvo lejos de allí, quizás persiguiendo mariposas del tamaño de platos, pero al mismo tiempo lo preocupaba; la ausencia de su amigo significaba que lo que se avecinaba era algo que incluso la naturaleza pequeña temía instintivamente.
Un rugido bajo, gutural, una mezcla entre el sonido de una roca partiéndose y el bramido de una bestia hambrienta, atravesó la selva como una ola. Las aves prehistóricas, con sus picos dentados y alas de cuero, alzaron el vuelo de inmediato, y Zhang se detuvo en seco. Sus orejas vibraron con el eco doloroso del rugido.
A través de la maleza, logró ver movimiento. Algo enorme, una sombra titánica, se desplazaba entre los árboles, arrancando ramas gruesas como si fueran simples hierbas secas. Zhang entrecerró su ojo, enfocando la vista.
Un dinosaurio. Un depredador. No uno pequeño, de esos que correteaban por la orilla robando pescado. No uno común. Aquella criatura era una mole, escamas grises y dientes diseñados para triturar huesos y desgarrar carne. Tenía una cabeza llena de cicatrices de batallas pasadas Era un rey, y Zhang estaba en su dominio.
El burro sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No era solo el tamaño; era la antigüedad que emanaba la bestia, la violencia contenida en sus ojos rojos.
Zhang sabía que huir era una opción, podía usar su velocidad, trepar, esconderse… pero también sabía que no podía desperdiciar una oportunidad como esa. Aquella criatura representaba la fuerza bruta en su estado más puro. Justo lo que necesitaba para comprender su propio poder, para domar ese Sulong que rugía en su interior y que temía liberar. Si podía pararse frente a un monstruo y no morir, quizás podría pararse frente a su propio monstruo interno y no perderse.
Durante unos segundos, que parecieron horas, ninguno se movió. El tiempo en Little Garden, que ya era lento, pareció detenerse por completo. Solo existían el burro y el lagarto.
El mundo contuvo la respiración.
—Tranquilo… no vengo a cazar —dijo con voz baja, carente de hostilidad—. Solo a aprender.
El dinosaurio no entendía de palabras, ni de filosofía, ni de intenciones. Solo entendía de territorio, hambre y amenazas. Y cargó contra el Mink. Zhang concentró su energía en las extremidades inferiores. La temperatura bajo sus pies descendió drásticamente en una fracción de segundo. —Paso del alba —susurró.
La nieve brotó de sus pezuñas. Creó instantáneamente una capa congelada, lisa y perfecta sobre el suelo irregular de la selva. La fricción desapareció. Zhang se deslizó, patinando sobre su propio hielo con una velocidad antinatural, justo cuando las mandíbulas del monstruo se cerraban en el lugar donde él había estado una fracción de segundo antes. La presión del aire generado por la mordida lo empujó hacia atrás, desestabilizándolo.
—Hmmm… eres rápido para alguien tan grande—murmuró, recuperando el equilibrio mientras se deslizaba en un arco alrededor de la bestia.
Aquel burro, aprovecho la confusion del reptil, y frenó en seco creando una estela de escarcha y, utilizando la fuerza centrífuga de su propio movimiento —Huella de Invierno —pronunció. Zhang se movió de forma veloz, ejecutando un giro amplio y casi teatral. Su pierna derecha se convirtió en un látigo. Descargó una potente patada giratoria que buscaba impactar con su cuerpo.
La patada golpeó el costado de la bestia, justo debajo de las costillas. Sin embargo, el resultado fue desalentador. Fue como patear una montaña de piedra sólida. El impacto vibró a través de Zhang. El dinosaurio rugió, más por sorpresa que por dolor real.
La bestia giró la cabeza con una furia renovada, sus ojos inyectados en sangre. Lanzó un coletazo horizontal que barrió la zona como una guadaña. Zhang apenas logró esquivarlo, saltando y rodando por el suelo. —Hmmm… —dijo desde el suelo.—. Bien. Así será entonces jovencito —
Se puso de pie con dificultad, sacudiéndose la arena. Sus grebas crujieron. Zhang respiró hondo, llenando sus pulmones de ese aire prehistórico. Entendió rápidamente que no se trataba de vencer a la criatura por la fuerza. Se trataba de resistirla.
El dinosaurio atacó de nuevo, esta vez con una serie de pisotones y mordiscos. Zhang volvía a usar su velocidad para deslizarse entre las piernas de la bestia, esquivando la muerte por poco. Se convirtió en una sombra blanca en la selva verde. Su cuerpo comenzaba a sentirte, y su mente, empezaba a nublarse con la tentación de la ira interna. Respiro de nuevo.
El Electro chisporroteaba bajo su pelaje. El dinosaurio, frustrado por no poder atrapar a la pequeña presa resbaladiza, abrió la boca y se preparó para una embestida final, una carga con todo su peso. El aire alrededor de la bestia parecía arder por su furia. Zhang sabía que no podría esquivar esto eternamente. Necesitaba enfriar el mundo y, sobre todo, enfriarse a sí mismo.
Se detuvo, plantando cara a la bestia que se abalanzaba. Cerró los ojos por un segundo. —Frío del alma — Penso en voz alta, mientras su cuerpo se preparaba para el combate. Una capa densa, compacta y durísima de nieve se adhirió a su piel y pelaje, volviéndolo completamente blanco.
La temperatura de su cuerpo cayó, desafiando las leyes de la naturaleza. Su figura comenzó a absorber el calor del aire, enfriando su entorno inmediato. El dinosaurio chocó contra él. O mejor dicho, chocó contra el aura de helada.
La bestia se detuvo a escasos metros, confundida. El calor de su propia sangre parecía ser drenado por aquella figura blanca. La bestia rugió, intentó morder, pero el frío le quemaba las encías, le entumecía los músculos.
Zhang, cubierto por su armadura nevada, abrió los ojos. Eran gélidos, tranquilos. No había ira en ellos, solo una paz invernal. Soportó la presión, soportó el miedo. —Escúchame —dijo—No quiero hacerte daño.—
El dinosaurio lo miró, retrocediendo un paso. Sus instintos le gritaban que aquello no era natural. El depredador no ataca a lo que no puede comprender. Hubo una mirada entre dos seres de eras distintas. El combate se detuvo en ese punto muerto. Era un intercambio de voluntades hasta que el sol comenzó a caer.
Finalmente, el dinosaurio soltó un bufido, sacudiendo la escarcha que se había formado en su hocico. Giró su inmenso cuerpo, sus movimientos ahora un poco más rígidos por el frío, y se internó en la selva, rompiendo ramas a su paso, dejando atrás un campo de batalla que parecía un pedazo de invierno.
—Hmmm… —resopló, agotado, mientras golpeaba el suelo con firmeza. Permaneció allí largo rato, respirando, no había ganado. Pero había ganado algo más importante: había usado el frío de su alma no para destruir, sino para protegerse y calmar el entorno. Había resistido la fuerza de la naturaleza sin perder el control de la propia.
Cuando finalmente regresó a la costa, se sentó junto al barco, Little Garden no era solo una isla peligrosa, una trampa mortal para los navegantes incautos. Era una maestra cruel, antigua y despiadada… y absolutamente necesaria para alguien como él.
Resumen:
Dinosaurio
Técnicas:
Gastos:
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
