¿Crónica de un nunca jamás? :: Privado :: Pasado
#11
Las dos últimas semanas pasaron en un suspiro, cuidar de la pequeña había cambiado mi vida por completo, junto a ella cada minuto contaba, era un ser insaciable de juegos, curiosidad e ilusión. Yo mismo me contagie de esa energía, teniendo la responsabilidad de cuidar de ella, no tenía tiempo para preocuparme por otras cosas ¿Y si se caía por un barranco? ¿Y si se perdía en la selva? No me preocupaba que se cayese al río porque podía respirar bajo el agua pero... ¿Y si había cocodrilos?  Nunca vi cocodrilos en el río, pero uno nunca puede estar seguro. Era un foco constante de preocupación en mi vida pero, más que nada, era un sol que trajo calidez al hogar que se sentía más frío cada día previo a su llegada.

La noche antes de un fatídico día trasnoché bastante ordenando las cosas que tenía en la cabeza. Pronto me enlistaría en la Marina, pero eso significaría que tendría que moverme por todo el mar mientras cumplía mi deber y no podía dejar a María sola, tomé la decisión de hacerme cargo de ella y actualmente esa era mi prioridad número uno, por lo que me decidí a posponer mi ingreso al cuerpo, al menos hasta que ella fuese mayor de edad y pudiera hacer su vida. —Podría ensañarle a defenderse. Es una niña muy buena, incluso podría acabar siendo marine y trabajar juntos si es que le gusta.— Pensé, con la esperanza de no tener que separarme nunca de ella. Tras aclarar mi mente me fui a dormir, ya me ocuparía en otro momento de cerrar los detalles, de momento lo importante era el día de mañana, que prometía ser muy especial.

Me levanté perezoso, a mi ritmo, con mi mente aún ajena a los planes de hoy, después de todo soy de empezar las cosas a mi ritmo —¡¡Es verdad era hoy!!— Dije mientras me estiraba en la cama, con la mirada fija de la piraña sobre mí, que parecía haber estado un rato, quieta, acechante a la espera de que me levantase mientras me juzgaba con esos ojos dorados. Me levanté lo más rápido que pude y la ayudé a vestirse, la elección de hoy fue sencilla, iba a ser un día feliz lleno de aventuras, por lo que había que usar ropa que igualase esa energía, colores chillones y vibrantes como el mar. Después de pedirle que de una vuelta sobre si misma para ver como le quedaba dije con mi confianza habitual —La piraña más bonita del mar ¡Estamos listos!— Y tras coger las provisiones salimos rumbo al puerto, donde Zheng nos esperaba. —¿Panqueques? Claro que si ¡Haremos los más ricos!— Le sonreí de vuelta, contento de que le gustase tanto la comida que solíamos hacer, no era un gran cocinero así que siempre me preocupaba por eso.  —¿Un árbol con un columpio? ¿Qué tal si ponemos dos y ponemos una hamaca? Y nos tumbamos a la sombra en verano mientras nos balanceamos...— Todo esto era muy bonito ¿Pero un manzano aguantaría mi peso y el de María? Podía ser problemático, últimamente ella había estado comiendo vorazmente y había ganado bastante peso...

Nos subimos al barco con Zheng y su tripulación, la mayoría eran hombres mayores ya curtidos en la mar, pero también había algunos jóvenes marineros, muchachos que aprendían el oficio para, algún día, relevar a la vieja guardia. De hecho Zheng me había comentado hace poco que estaba pensando en jubilarse, sus huesos ya no eran los de antes, según me contaba, era capaz de levantar ballenas pequeñas sobre sus hombros, pero esos días quedaron atrás hace mucho tiempo.

10:17 p.m

El espectáculo de luces reflejado en la superficie del mar era tan bonito como siempre, recordaba con nostalgia la primera vez que mis padres me llevaron a verlo en su pequeño balandro. Mi pequeña se acercó para mostrarme su afecto así que respondí acariciando su cabeza como si de un cachorro se tratase, alborotando su celeste cabello —Gracias a ti por aparecer en mi vida— Le dije con una sonrisa mientras seguía acariciando su pelo. 

La tranquilidad y armonía se vieron interrumpidas por un golpe que hizo tambalear el barco, agarré rápidamente a María para que no se precipitase por la borda y traté de tranquilizarla —Tranquila, seguro que es solo un arrecife— Y me separé de ella para preguntar que había ocurrido a la tripulación para saber si podía ayudar en algo. La preocupación que percibí de todos los tripulantes era anormal, al parecer no debería haber arrecifes en esta zona y la mar estaba bastante tranquila, solo Zheng logró mantenerse sereno, aunque algo le mosqueaba, nadie conocía mejor que él esas aguas y no encontraba explicación alguna. 

El responsable de los anormales balanceos no tardó en aparecer, acaparando completamente mi atención, no sabía que quería, pero seguro que nada bueno, y era mi deber proteger a todos en el barco —¿La niña? ¿Quieren a María?— Pensé. Entonces le di la espalda a ese gyojin para poner mi preocupación en ella, pero para mi sorpresa y desgracia, otro gyojin había emergido de las profundidades a nuestras espaldas y tenía a la niña agarrada del brazo.

.—SUELT-—

Antes de que pudiese terminar de hablar, uno de los marineros trató de arremeter contra él, pero, sin que pudiese ver nada ni entender lo que había pasado, vi como salió volando al otro lado del barco, con el pecho atravesado y muriendo en el acto. No sabía quienes eran estos tipos, pero ahora estaba seguro de que eran monstruos. Bramaron algo sobre que yo era un esclavo, nada más lejos de la realidad, estas personas eran mis amigos y la pequeña mi familia. Intenté hacer salir mi voz para decirlo, pero antes de que pudiese hacer nada aquel tipo mató a otro de los tripulantes, parecía que había usado una pistola, pero una vez más, no pude ver ni hacer nada ¿De que me había servido tanto entrenamiento? 

Por último el gyojin azul agarro a Zheng y parecía dispuesto a matarlo, pero, aprovechando que estaba concentrado en mi amigo, me acerqué por detrás y le di con mi golpe más poderoso en la sien, teniendo la esperanza de derrotarlo rápidamente para tratar de acabar con los otros dos entre todos y rescatar a María. Pero nada pasó, no solo no lo derroté, sino que ni siquiera pude obligarle a soltar a mi amigo, mi cuerpo temblaba al ver que iba a perderlos a todos, especialmente a María, no de miedo, temblaba de rabia, rabia al ver lo impotente que era, la misma escena que hace dos años cuando perdí a mis padres, otra vez contra piratas... Ninguna palabra pudo salir de mi boca mientras miraba a María, quería decirle que todo estaría bien, que saldríamos de esta, pero simplemente no podía.

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#12
Narrador / María Merlot

………………….

Una semana antes…

— ¿Dónde queda Sabaody? — pregunto la joven María mientras ayudaba a Juan a limpiar la sala, él barría, ella quitaba el polvo. El pensamiento vino fugazmente a su cabeza, ella no sabia de geografía, ni siquiera sabia dónde se encontraba esa isla, tampoco le importaba por ahora, supuso que en alguien momento iría a la escuela como los otros chicos de su edad, el gyojin no le había comentado nada, pero en su cabeza era el paso siguiente luego de su completa recuperación ¿No? Ser un miembro activo y positivo de la comunidad, su gran sueño — Carlisle me pidió ir allá… — musito mirando el suelo, era la primera vez que hablaba de algo de sus recuerdos, porque no podía catalogarse de pasado… ese “pasado” ni siquiera lo recordaba, su vida antes del barco del Capitán Borracho estaba en blanco — … dijo que buscará a Sasha Ostras, y le pidiera disculpas en su nombre… — su expresión se llenó de confusión, no entendía de que se arrepintió en sus últimos minutos de vida el gyojin gris pero la sensación que le había dejado a la pequeña semi sirena fue la de… un deber que debía cumplir, un deber heredado, una misión en su vida que lograría en cualquier momento — ¿Podríamos ir alguna vez, Pa Levi? ¿Por favor? No ahora, no, tal vez más adelante, seguro es un viaje divertido, veríamos islas y conoceríamos más personas, y seguro aprenderíamos muchísimo, y habría comida deliciosa, pero nada que hubiera estado vivo ¿Okey? — recupero su ánimo y alegría para finalizar contándole que Carlisle había muerto en la jaula que había caído más allá de la suya, ella resulto ser la única sobreviviente de ese naufragio, una persona muy afortunada.

Así termino ese día de limpieza, con una promesa por conocer y explorar juntos el Archipiélago Sabaody, en un futuro lejano. 

Fin…

Ahora…



Dicen que la vida pasa a través de los ojos antes de morir…
Dicen que vez una luz al final de un túnel…
Dicen tantas cosas sobre la muerte…
Se les olvida que el infierno está en la tierra…
Y esa noche… comenzó su espiral hacia la desgracia.
Una espiral que, por mas que lo deseo, nunca la llevo a la muerte.


Tranquila, seguro que es solo un arrecife.

La suave voz de Juan, protectora y confiable alejo sus pensamientos de cualquier aspecto negativo. Lo cierto es que la joven María nunca pensó más allá de una ola o algo así, ella estaba demasiado sumergida en su propia felicidad y la alegría por descubrir a los gusanos bioluminiscentes... que cualquier cosa a su alrededor era un ruido colorido, ajeno a la preocupación en algunos rostros.

¡A ver, hijos de puta! No les haremos mucho daño si nos entregan a esa niña que viaja con ustedes.

El ruido al otro lado de su posición la hizo mirar del Cangrejo al nuevo Gyojin que emergió de las aguas tranquilas, con poco sigilo y mucha presencia. Lo primero que pensó la chica fue en sus colores neones, verdes y anaranjados, eran llamativos, pero luego su cabeza procesó sus palabras “… esa niña” … ella era la única en el barco. Dio un paso más en dirección a Juan, su instinto le dijo que corriera a refugiarse entre sus brazos, que cerca de él no le pasaría nada malo… pero sus pies no se movieron.

El sonido del agua romperse…
El sonido del agua caer sobre la madera…
Una presencia detrás…
Un escalofríos recorrer desde las puntas de sus pies hasta su cabeza…

María lo sabía antes de verlo, había algo… o más bien alguien detrás de ella, y su cuerpo reacciono con una mezcla de miedo y ansiedad. Levanto la cabeza por puro instinto, encontrándose con los ojos más fríos, vacíos y llenos de nada, que había visto en su vida. Un par de gotas se deslizaron de su tez morena, y cayeron sobre la cara de la más pequeña, recordándole que no se trataba de una pesadilla, sino que era la pura y llana realidad.

Kassandra

La semi sirena no lo sabía, pero sería la primera vez de muchas veces que escucharía aquel nombre con el que la estaba bautizando y marcando su monstruo personal. La sonrisa que se ensancho en aquellos labios morados, la hicieron temblar, por las promesas oscuras no pronunciadas. Él era malo. Él era peligroso. Tenia que alejarse, tenia que llegar hasta Juan, su papá nunca permitiría que nadie le hiciera daño ¿verdad? Quiso correr, sus piernas no se movían pero sus intenciones serían claras para cualquiera por eso cuando él la sujeto por el brazo, con una fuerza que la hizo soltar un chillido, y arder la piel, sintió su mundo apagarse… las voces intrusivas en su cabeza le gritaban que lo que había visto en el barco que naufragio, no sería nada si ese gyojin se la llevaba…

Tenía que soltarse…
Debía soltarse…
Gritar…
Correr…
Pelear…


SUELT-

A lo lejos pudo escucharlo pero su voz fue eclipsada por uno de los marineros, que con un remo intento salvarla… lo conocia, el hermano mayor de Sussy, habían jugado juntas en una oportunidad mientras esperaba a Juan quien estaba haciendo las compras en la tienda de víveres. Era un buen muchacho, uno que termino… atravesado por otro gyojin, este de un hermoso color violáceo azulado. La sangre salpico, y en la garganta se perdió el grito de terror de María. No solo llego a su sombrero, la sangre cayo en su cara, caliente y fresca. La peliazul levanto la mano temblando y toco la gota carmesí en su mejilla. Su estómago se revolvió, arcadas la invadieron, su cuerpo llena de pánico empezó a temblar y sus ojos solo pudieron buscar con desesperación la figura del cangrejo rojo, a quien suplicaba sin decir una sola palabra AUXILIO…

Caos.
Violencia.
Masacre.

Los orbes ámbar llenos de brillos se apagaron, se llenaron de lágrimas que caían sin esfuerzo por sus mejillas, mientras veía a sus amigos, a sus queridos marineros caer uno tras otro a manos de esos monstruos. Su cuerpo no reaccionaba, era una espectadora petrificada esperando su turno para… morir. Vio a Juan intentando salvar a Zheng pero fue en vano, y hasta ella, con su fe inquebrantable por él… se dio cuenta del justo momento donde… se rindió, dónde entendió que no era rival para ninguno de los tres.

No…
Ella no quería morir…
No quería que Juan muriera…
Podían nadar….
Podían huir…
Solo debía soltarse…

— ¡PAPAAAAAAAA! — grito con la desesperación de quien no tiene nada más que perder. Busco zafarse del agarre, pero fue en vano. Ella no podía soltarse, pero él estaba libre… él podría escapar — DEJAME… VETEEEEE — siguió gritando en su desesperación ¿A quien? A Juan, por supuesto. Él tenia oportunidad de vivir, ella no quería que él muriera, él la había salvado, era su turno de salvarlo. Juan le permitió vivir una vida feliz… por su culpa, por querer ir a ver a los gusanos, estaban en esa situación. Si ella los distraía, si ella hacia algo, le daría la oportunidad de irse… en su ingenuidad, pensó que sería así.

— OYE, MONSTRUO, MIRAMEEEE — le grito al moreno saliendo de su shock inicial y dándole una patada en la pantorrilla, una patada que no le hizo ni cosquillas, pero si atrajo su atención. Esos ojos azules, la veían como si se tratara del tesoro que siempre estuvo buscando y que nunca encontró… hasta ahora. Sus ojos, su sonrisa, decían que nunca la soltarían; y si ella veía la expectativa en el monstruo moreno, seguro el cangrejo también. En ese momento, aunque fuera joven, María comprendido dos cosas:

1. La atención de Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal se traducía como dolor…
2. El Capitán no tenia ni una pizca de paciencia, ni tampoco piedad...

El agarre en el brazo se hizo más fuerte, alzando a la joven celeste por este sin esfuerzo hasta dejarla a la altura de sus orbes: azul gélido sobre ámbar. María con su temeridad, nacida de la ignorancia y del miedo, lo escupió directo a la cara — … déjanos monstruo…  — pronuncio, pero antes de poder continuar un grito salió disparado de su boca empapado de dolor agónico…

CRACK…

Brazo roto… ¿lo escucharía Levi? Era lo de menos, porque sería lo primero de su tragedia a manos del Capitán de los Piratas del Abismo… nadie podía salvarla, cuando se acababa de convertir en el juguete favorito de un... vil e inestable ser.
Karma Fanático: Hyakinthos. 
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#13
Los humanos se creen dueños de todo, poseedores del mundo, del mar. No pueden estar más equivocados, el mar no les pertenece, nunca les ha pertenecido. Estorban.

Ninguno de los tres puede soportarlo.

Esos de cuerpos frágiles son los mismos que se han atrevido, durante siglos, a tratarlos a ellos, los reyes de los océanos, como criaturas inferiores.

Les molestan.

Hoy, aún cuando han visto lo que son capaces de hacer, estos humanos miserables siguen en pie.

¿Por qué se empeñan en pelear?

¿No se han dado cuenta de que nada de lo que hagan podrá servirles?

Índigo fue el primero en notar esa obstinación. Ese hombre, que se retorcía bajo la presión de su única mano, aún intentó defenderse. El gyojin de piel celeste sintió esas manos más pequeñas, viejas y débiles, aferrarse alrededor de su muñeca, lo sintió presionar la piel escamosa con fuerza suficiente para que pudiera darse cuenta, aunque no con una que pudiera hacer daño real.

—Shihihihi…¿De verdad piensas pelear? No tienes oportunidad ¿Sabe? —Su mano se cernió con más ímpetu en aquel cuello arrugado, solo bastaba un poco más de fuerza, un impulso que lo motivara a quebrarlo, aunque, muy lejos no estaba de conseguir esa motivación esperada o, al menos, eso es lo que se mostraba en los hipnotizantes ojos naranjas del gyojin…Hasta que algo consiguió moverlo.

No soltó al supuesto capitán del barco pesquero, pero aquel leve golpe en su sien lo desorientó por el tiempo suficiente para que sus piernas tambalearan y su cuerpo se moviera al menos medio metro hacia la derecha.

—¿Qué? —Su primera reacción fue de absoluta sorpresa, algo que se notó en aquel rostro que ahora portaba una expresión de confusión que solo aumentó cuando giró su cabeza y notó al responsable de haberlo golpeado de esa manera. —¿Ah? ¡Oe! ¿Qué pasa contigo? Se supone que vamos a ayudarte a escapar de la maldad de estos humanos ¿Por qué me golpeas a mi y no a tus amos? —Su voz parecía más grave ahora que cuando se le escuchó hablar por primera vez y, esos ojos naranjas tan enigmáticos, ahora parecían brillar con la intensidad de una hoguera…no, de un incendio, algo que se agravó cuando escuchó la risa borracha de Pistol Paco.

—¿Dominado por un esclavo, putito? —La voz rasposa de su compañero hizo que el gyojin más joven girara su cabeza en dirección al “camarón” verde y su rostro, bello pero letal, se frunciera en una expresión de molestia…una molestia que no sería descargada contra su compañero de tripulación, si no con la del humano que tenía en su mano.

—¡CÁLLATE! —Al mismo tiempo que gritaba aquello sujetó al humano con más fuerza y lo estrelló contra la madera de la pared del barco. Dio un golpe con tanta fuerza que escuchó el quejido del viejo capitán acompañado de un sonido similar al de la pasta cruda cuando se parte: los huesos de su cráneo rompiéndose, un detalle que el gyojin confirmó cuando su excelente visión lo hizo notar la sangre que había quedado embarrada en la madera, ahora resquebrajada del barco.

—¡CAPITÁN!

Ese crack tan sonoro fue el que hizo que los tres tripulantes restantes de los pescadores espabilaran pues, hasta ahora, el shock de ver morir a sus compañeros y al ver capturado a su capitán, los había mantenido pegados al piso. Nunca en su vida en los mares habían presenciado semejante muestra de desprecio hacia una vida…claro, nunca se habían encontrado con piratas, de ningún tipo.

Los pasos de dos de los tres hombres fueron rápidos, firmes y, ni siquiera de ese modo, hubo forma de escapar de las garras del gyojin camarón. No supieron qué pasó, cómo o cuándo, pero en menos de lo que canta un gallo, los dos hombres sintieron como algo los levantó del suelo desde el cuello de sus camisas y, de repente, se vieron frente a frente, aunque sus pies colgaban a varios centímetros del suelo.

—Shihihihi…Capitán Zheng ¿Cierto? —Cuando Índigo se dio cuenta de las intenciones de su compañero, su sonrisa se ensanchó al mismo tiempo que separaba a Zheng de la madera del barco, lo soltaba por un momento en el aire y lo volvía a tomar del cuello, pero esta vez asegurándose de que el anciano pudiera mirar hacia el frente, quedando el gyojin celeste a sus espaldas. —Soy tan compasivo que le permitiré ver lo que mi amigo hará con sus compañeros pescadores —. En ese instante un sollozo escapó de la ahogada garganta del capitán y el gyojin de un solo brazo hizo un movimiento afirmativo con su cabeza que le indicaba a Paco que podía actuar cuando quisiera.

—¡Ja! Será divertido —. Al decir eso, el enorme gyojin camarón estrelló entre sí mismos los cuerpos de ambos marineros: una, dos, tres veces. Cada vez sus cabezas chocaban con más fuerzas, cada vez los huesos crujían con una intensidad más siniestra, pues, en algún momento pasaron de ser simples golpes a escucharse con claridad como los huesos del cráneo se incrustaban en la carne y, para el cuarto golpe, los rostros de ambos viejos marineros estaban tan irreconocibles que, un ruido parecido a un “squash” se escuchó de parte de la cabeza de uno de los dos y, en ese instante, una masa entre rojiza y rosácea salió de la cabeza del hombre, ensuciando tanto su propio rostro como el de su compañero y, por consiguiente, los dedos de Paco.

Un quejido lastimero se dejó oír o quizá era un intento por respirar, difícil saberlo cuando ambos hombres tenían el rostro tan desfigurado que sus ojos ni siquiera se notaban. No lloraban, no gritaban, solo respiraban con dificultad y eso…eso fue aburrido para ambos gyojines.

Pistol Paco soltó un insulto por lo bajo y, con sus grandes manos, sostuvo con más firmeza a los hombres y usó su fuerza para lanzar a ambos al mar, tal como si se tratara de dos sacos de papa podrida, mercancía sin valor alguno.

—¿Ah? ¿Eso fue todo? Creí que le darías un mejor espectáculo a su capitán —. El gyojin celeste habló, quejumbroso, aun manteniendo vivo al capitán, mientras que su compañero decidió ignorarlo: faltaba otro de los tripulantes, había un tercer humano… ¿Dónde se había metido?

Paco escaneó la cubierta del barco y, en ese instante, notó que el único miembro de la tripulación que quedaba vivo, además del capitán y la niña, se arrastraba hacia el interior de una bodega…tal vez creyó que podía escapar… ¡Pobre iluso!

—¡Idiota! ¿A dónde crees que vas? —El hombre no tuvo más tiempo de moverse cuando el camarón verde lo jaló de ambas piernas para luego sostenerlo de cabeza, no sobre la cubierta del barco, si no sobre las heladas aguas del South Blue. —¿De verdad crees que puedes escapar de nosotros en nuestro propio reino?

No hubo respuesta, Paco no la esperaba, simplemente lanzó al hombre contra el cuerpo del enorme gyojin rojo que estaba en el barco desde antes.

—¡Eh, gyojin idiota! ¿Por qué no decides tu qué hacer con él, hermano? —En el instante en que Pistol Paco habló, los ojos de su capitán, Pedro Francesco, se clavaron en la espalda del feo gyojin camarón con el que se habían topado por casualidad…Esperaba una reacción, una respuesta y, lo habría mirado expectante hasta que actuara, de no ser porque la niña a quien aun sostenía entre sus dedos profirió un grito desgarrador...uno que le brindó información muy importante.

¿Papá?

Pedro sonrió.

La situación se había tornado más interesante y, además, Kassandra tenía más agallas de las que pensó.

La rompería.

Esos vacíos y fríos ojos celestes del tritón miraron hacia abajo cuando sintió un leve cosquilleo en su pantorrilla, un toque suave para alguien acostumbrado a peores dolores. Apenas y podía creer que esa niña tuviera más agallas que esos hombres humanos que se quedaron paralizados al verlos llegar. La observó como si ella fuera un espectáculo, la observó tanto y tan bien que se dio cuenta de aquello que ocultaba el cuello y las mangas de su camiseta infantil: escamas.

Esa sonrisa que antes se formó ahora se alargaba más, cínica, descarada.

—Kassandra —pronunció el nombre con placer al mismo tiempo que su mano se aferró con tanta fuerza en el delgado brazo de la niña que, no solo marcó su piel de rojo, hizo que los huesos de su brazo cedieran en un crack tan seco que silenció hasta las olas.

—¿Cómo puedes llamarme monstruo? —No le importó que la niña gritara, no le importó que llorara, que pataleara, que hiciera lo que quisiera, su agarre se mantuvo tan firme como la primera vez, retorciendo ese hueso cuya rotura podía sentir a la perfección bajo sus dedos. —Tu eres igual a nosotros ¿No es así? Me pregunto si eres consciente de ello —. Alzó su mirada para ver a Índigo aún sosteniendo al capitán del barco y a Paco esperar una acción del gyojin de rojo. —Quien sabe que intenciones tenían esos humanos contigo… ¡Ah! De seguro aprovecharse de la belleza de una sirena y tu “papá” no iba a impedirlo…porque parece muy cercano a ellos…más cercano a ellos que a ti. ¿Crees que no te habría vendido para escapar de su situación? —Ni siquiera sabía si había una “situación”, pero prefería especular, llenar la cabeza de la niña de terror.

—¡Paco, Índigo! Ese gyojin no es nuestro hermano, no es como nosotros…ha sido corrompido por los humanos. Desháganse de él. Su “hija” ya no lo necesitará —. La mirada de Pedro bajó hasta “Kassandra”.

—¿Quieres quedarte a ver lo que le harán a tu “papá”? ¿O vas a venir conmigo? Hay algo que quiero probar —Saber si podía nadar, si su “respiración” bajo el agua era tan natural como los de ellos.

Pedro se encogió de hombros al mismo tiempo que índigo dejaba de jugar con el cuerpo de Zheng para estrellarlo contra la madera del barco tantas veces como para destrozar su cabeza y, luego, tirar el cuerpo al suelo. Paco se encargó de patearlo hasta levantarlo con un pie y patearlo tan fuerte que cayó al mar con un fuerte “splash” y, luego de eso, ambos gyojines se fijaron en Juan.

—Mejor dejo a tu imaginación lo que van a hacerle —. Al decir eso, Pedro tomó a la niña de la cintura y dio un salto sobre el barandal del barco y, con la gracia de un delfín, su cuerpo, aun sosteniendo el de “Kassandra”, se hundió en el mar acompañado de un sonoro ruido de las olas, aunque, antes de eso, tanto la niña como el capitán de los piratas del abismo pudieron escuchar con claridad la voz del gyojin pez betta pronunciando las palabras: “¡Hyakumaigawara seiken!” y, además, la rasposa voz de Paco, diciendo o, mejor dicho, gritando: “Uchimizu”.

No hacía falta ser un genio para entender las consecuencias de una orden directa del capitán: ambos ataques fueron dirigidos a Juan.

Léeme, por favor
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#14
Esos monstruos seguían con sus estupideces sobre salvarme, cuando eran ellos los únicos responsables de mi sufrimiento. Hablaban entre ellos como si mi presencia no fuese ni siquiera una molestia, era solo algo que comentar para ellos, como quien ve un gato cruzando la calle. Empezaron a torturar brutalmente a Zheng, aplastando su cabeza contra la madera del barco, pero, con todo el dolor de mi corazón, no podía hacer nada para salvarlo y ahora tenía un asunto de mayor prioridad del que encargarme, tenía que encontrar una manera de sacar de aquí a María, aunque ello supusiese dar mi vida para lograrlo.

Los tripulantes de Zheng fueron a salvar a su capitán, era un orgullo ver a hombres tan valientes darlo todo para salvar a los suyos, pensé que igual podrían darme tiempo para agarrar al tipo que tenía agarrada a María y tirarme con él al agua, pero antes de que pudiese dar un paso, aquel camarón los agarró a ambos —Maldita sea…— Musité, mientras veía como todas las opciones se apagaban frente a mis ojos. Tenía que haber algo, un rayo de esperanza que brillase, una forma de salir de esta…Pero no había nada, ningún tripulante capaz de hacer nada, ni mucho menos yo, lo que me hacía maldecir mi debilidad. 

Las torturas continuaron mientras que, con una voz ahogada, fruto de la desesperación y el horror de sus acciones, intentaba suplicar que se detuviesen —Basta… Por favor basta…— Pero mi voz no llegaba a nadie, mis palabras se perdían en la distancia del mar adornadas con el sonido atroz del acto depravado que estaban cometiendo los piratas. 

Cuando estaba a punto de dejarme caer sobre mis rodillas, el camarón agarró al último de los tripulantes de Zheng que quedaba con vida en el barco y, como si fuese un trapo sucio, lo lanzó contra mi. Intenté recibirlo con la mayor suavidad posible para amortiguar el impacto. Traté de tranquilizarlo, pero el pobre estaba histérico —Tranquilo, ponte detrás mía— Mis palabras no transmitían esperanza ninguna, solo una declaración de que haría lo posible por impedir lo inevitable. 

Me había rendido, todo se había acabado, pero fue en ese entonces cuando sus palabras despertaron el fuego en mi interior. 

—PAPAAAAA—

No podía hacerlo, no podía rendirme, no delante de ella, le había hecho creer que su padre era alguien genial, alguien fuerte y respetable, y ahora estaba dando un espectáculo lamentable. —¡¡Ya voy Piraña!! Tu papá va a salvarte— Mientras dejaba al tripulante a un lado y me dispuse a cargar contra él, escuché el brazo de mi niña romperse, ahora lo tenía claro… Lo mataría, mataría a cualquiera que intente ponerle una mano encima a mi hija. 

Los dos piratas que acompañaban a ese bastardo se interpusieron en mi camino, no sin antes rematar a Zheng, por quien no pude hacer nada —Lo siento amigo…— Un sudor frío recorría mi frente, no tenía nada que hacer contra ellos en igualdad de números, y me superaban tres a uno, o eso pensaba hasta que el capitán saltó del barco para escapar por el agua. —¡¡ESPERA!!— Ya no tenía tiempo para dudas, era todo o nada, cargué contra mis oponentes para poder saltar al rescate de María, pero todo sucedió en un parpadeo. Sin que me diese tiempo a reaccionar dos golpes impactaron en mi, estampándome contra el mástil del barco. 

Mi conciencia empezó a desvanecerse, todo estaba borroso y perdí la noción del tiempo —Pi…raña… Papi va… a…— Mis palabras se ahogaban en la sangre que salía de mi boca y de repente, mientras oía risas de fondo, acompañadas por el sonido de las olas chocar contra la cubierta del barco, todo quedó negro.

Me desperté en mi cama como todos los días, con la pequeña María corriendo  por toda la habitación mientras decía —¡¡Levy Levy!! ¡Levanta que es tarde! Tenemos que ir al pueblo que hoy son los bailes— Yo me quedé acurrucado en la cama, era muy típico en mi y ella lo sabía mejor que nadie, por lo que insistía con sus voces mientras me zarandeaba con energía y con un grito de agonía desgarrador me dijo —PAPAAA PAAPAAA— Entonces, abrí los ojos, no me encontraba en mi cuarto, estaba varado en la playa, sobre los restos de un barco. Nada había sido un sueño… No fue una pesadilla…Era la cruel realidad, se la habían llevado. Cubierto de arena y aún desorientado, como si no pudiese afrontar la realidad, miré a mi alrededor. Era la playa, aquella playa donde estuve con ella, aquella donde esa pequeña niña, aterrada del mundo me mordió, la playa estaba dolorosamente tranquila, como si fuese ajena a todo lo que había sucedido, hasta que mi llanto desesperado rompió con el silencio.

 —¡¡¡UAAAAA!!! ¡¡¡UAAAA!!!—

Mi llanto desesperado sonó infantil, se la habían llevado…Me la habían quitado… Mi piraña…

—Hablo—
—Pienso—
Off
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#15
Narrador / María Merlot



……………………….

Dolor…
Miedo…
¿Cuál predominaba?
El segundo, por supuesto.

Escuchó el hueso de su pequeño brazo romperse, gritó y lloró de dolor… pero nunca se superpuso al miedo que la aprisionaba en la agonía del desastre. Los ojos fríos del tritón y su voz sin emociones calaron en ella, quien no dejó nunca de intentar zafarse, de liberarse para correr hacia su padre cangrejo. Ese nombre, nombre que no era suyo, él lo decía con una embriaguez aterradora y posesiva.

¡¡Ya voy Piraña!! Tu papá va a salvarte.

La voz de Juan Sebastián, llegó hasta sus oídos. Él no mentía, él siempre le dijo la verdad. Él la salvaría, no dejaría que ese moreno malvado, ni los otros dos habitantes del mar le hicieran daño. La valentía y rebeldía que mostró en la jaula sumergida, el valor de saber que el crustáceo la protegería… le dio ánimos y fuerzas para responderle al cruel individuo que destruyó su paseo nocturno.

Tú eres igual a nosotros ¿No es así? Me pregunto si eres consciente de ello.

— N-no soy igual a ustedes… n-no soy un monstruo — le respondió con la voz entrecortada, con la histeria, las lágrimas y el dolor de su brazo. No iba a dejar de luchar, nunca, no podía rendirse, tenía que soltarse, tenía que volver a casa, había un árbol de manzanas que sembrar, una escuela a la cual asistir, un destino glorioso y brillante al lado de su padre cangrejo. María miró al Tritón con todo el asco que a sus 13 años podía sentir hacia algo o alguien. Él ni se inmuto, parecía tan dueño de todo, tan dueño de ella, tan dueño de la vida misma. Y lo era… como lo descubriría eventualmente.

¿Crees que no te habría vendido para escapar de su situación?

Las palabras de un adulto, las palabras de alguien cuyos ojos no mostraban nada, solo vacío… la congelaron en el sitio. Negó con la cabeza, con una fuerza que parecía podía estrangular su pequeño cuello — N-no sa-sabes na-nada… — le refuto con desprecio. Su Leviatan no era malo. El cangrejo le salvó la vida, le tuvo paciencia, limpio sus lágrimas, cuido su encía herida, la alimento, la abrazó, le dio un hogar pero por sobre todas las cosas materiales, le dio esperanza, le dio una vida, le enseñó a sonreír, le enseño la bondad, le enseñó el significado del amor, puro y desinteresado, le dio una familia… aunque fueran dos, era suficiente, porque juntos tenían todo lo que necesitaban, ni más ni menos. Juan Sebastián pudo hacerle daño, utilizarla, venderla, maltratarla, humillarla, pero nunca hizo nada de eso… él simplemente le abrió su corazón y le mostro lo que significaba ser amada, sin medias tintas, sin nada a cambio.

Desháganse de él. Su “hija” ya no lo necesitará.

¿Qué dijo?

El pánico la invadió, esas palabras no… ¡NO! Ella si lo necesitaba, siempre lo necesitaría, aunque fuera una adulta, aunque fuera una anciana… siempre necesitaría a su “Padre”. ¿Quién más la cuidaría, abrazaría... la amaría sino él? Sin importarle su brazo roto, empezó con más fuerza a intentar liberarse, si tuviera una espada se lo cortaría solo para correr hacia el cangrejo — NOOOOOO… ¡VETE HUYE! PAPÁ, SÁLVATE…— gritó a todo pulmón, desgarradoramente, no quería que él muriera… en su mente en blanco, solo Juan Sebastián dibujo en colores, vivos y radiantes, no podía morir, él no. Tenía que irse, no importaba ella. La semi sirena, solo quería que el crustáceo estuviera sano y salvo, si eso significaba sacrificarse.

Mejor dejo a tu imaginación lo que van a hacerle.

El sonido del cuerpo del viejo Zheng contra el piso, los gritos de María, la desesperación de Juan. El escenario del desastre, la puesta en escena de monstruos que disfrutaban de hacer daño.

Juan no huyó.

Juan no la abandonó.

Juan en sus ojos reflejaba la determinación de salvarla.

Su papá la ayudaría.

La salvaría.

Todo estaría bien.

Se columpiarian en su árbol de manzanas dentro de unos años.

Todo sería un recuerdo doloroso, nada más.

Entonces, ellos se interpusieron: Morado y Verde.

Su captor la sujetó con fuerza contra su pecho.

Salto hacia atrás.

Los orbes de María nunca dejaron a su padre.

Fueron segundos eternos, en cámara lenta.

Las lágrimas quedando atrás, el sombrero colorido volando de su cabeza, la desesperación en sus ojos ámbar y el grito que salió de su alma.

— PAPAAAAAAAAAAAAAAAAAAAÁ —

Por debajo de su voz, la de los otros gyojines, gritando lo que parecían técnicas contra el cangrejo. Dos contra uno. No había posibilidad, nunca lo hubo. El agua la recibió, en cualquier otro momento la disfrutaría, en ese instante la odio… el vertiginoso viaje en los brazos del tritón se sintió perpetuo, su cuerpo se retorcía, las lágrimas se perdían entre el mar. La mente de la niña se rompió, tanto como su propio corazón. Cuando el frío de la noche los acobijo de nuevo… estaban en su territorio, en un barco.

— Bienvenida a tu nuevo hogar, Kassandra — le susurro al oído, luego la lanzó contra la fría madera — Traigan a Corina, deseo presentarle a su nueva pupila — su voz sonó normal, como quien habla del clima, sin quitar los orbes de la peliazul mientras sus labios formaban una sonrisa. Respiro bajo el agua, su curiosidad fue saciada, sus ideas iban cobrando vida.

María vio a su alrededor, estaba mojada, y las lágrimas se confundían con las gotas del basto océano. Vio gyojines, vio humanos encadenados. Ella ya había estado en un barco de esclavos… antes de que Juan la encontrara, solo que este lo percibió diferente pero no importaba, no se quedaría mucho tiempo, tenía que ir a buscar a Leviatan. Antes que pudiera levantarse, Pedro ya estaba a su lado, con un pie sobre su pequeña cabeza. A la distancia vio el brillo de determinación en sus ojos, la rompería e iba a disfrutarlo…

— Kassandra. ¿Quieres escapar? Hazlo, inténtalo una, cien, mil veces, si eso te hace sentir viva pero — se relamió los labios, y continuó — … siempre te buscaré, te encontraré y te arrastrare de regreso. Aprenderás por las buenas o por las malas, a dónde perteneces y sobretodo quien es tu amo — presiono con un poco más de fuerza la cabeza de la mestiza, lo que hizo que soltara un grito. Esa declaración la perseguiría por siempre, el escalofrío proveniente del terror la recorrió.

Con una sincronización fulminante, llegaron los otros dos monstruos. Chorreando agua, limpios, sin rastro de la sangre de la masacre perpetuada.

— Shishishishi Están todos muertos, Capitán — el gyojon morado fue el que hablo.

— ¡NO! — grito con sus últimas fuerzas, intentando liberarse del pisotón del hombre, fue en vano. Pedro presionó un poco más su cabeza — … mienten… déjame ir… con… mi… papá — balbuceo el mundo estaba oscureciéndose frente a sus ojos, el dolor físico, mental y emocional la abrazo, llevándola a la inconsciencia...

Ese día perdió al ser que más amaba.
Ese día los grillos nacieron.
Ese día su vida se torció.

Y descubrió, que solo su mente le pertenecía…

THE END.

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