Maria Merlot
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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29-12-2025, 12:05 AM
(Última modificación: 29-12-2025, 01:07 AM por Maria Merlot.)
Narrador / María Merlot
……………………………………………..
Había sol…
Había brisa…
Había un cielo despejado…
Otro día más, o menos, en aquella isla que parecía que emergió de las profundidades, con sus picos, acantilados y arenas doradas. La mujer estaba encerrada en su camarote, desde que sucedió lo de Cara Melo, había estado algo cabizbaja, después de todo perder a un amigo no era fácil, y al animal le había cogido cariño sobre manera; esperaba algún día, regresar por él… y tendría esa meta en la vida, se lo había prometido, que lo buscaría, pagaría el precio de su cabeza y volverían a ser una familia; por ahora, solo tenía que confiar en que el gigante había tomado la mejor decisión, y que ahora el komashika estaba en buenas manos, unas manos que le darían abrigo, alimento y amor.
En la pared de su camarote, más allá de la jaula de oro, veía la foto de su Peluche. Descubrir que era un pirata, había sido irrelevante… descubrir su nombre (Varo Ganchin) le había alegrado el día. No sabía que había sido de él, más allá que lo vio correr hacia un barco lejano, esperaba en el fondo de su corazón que estuviera bien, y lograra encontrar la paz y tranquilidad que la fosa de paredes falsas le arrebato. En la cabeza de la joven semi sirena, el mink era un individuo débil que tenia que ser protegido, por eso lo cuido tanto, y porque también le recordaba a Helena y Paavo, sus queridos amigos lobos; a los que no veía desde hacía mucho tiempo ya. Ahora su vista se posaba sobre los papeles pergaminos y lápices que había comprado. Tenía este deseo latente de escribir, escribir y ser leída… la información le gustaba, aunque no podía recordarla en su totalidad; en cambio, los chismes mientras más jugosos mejor se establecían en su cabeza. Ella quería contar como el vecino era infiel, o el elevado precio de la leche de vaca impedía la compra de pasteles, o tal vez entrevistar a alguien, que le contara cosas sobre su vida… ¡El periódico! Ella quería algo así pero ya era mucho soñar, por ahora se levanto y tomo la caja dónde tenía cuatro postales de Whisky Peak… con fechas y mensajes diferentes pero el mismo destinario “Esposo Rojo Granate, el mejor Marine de mi Corazón”…
¿Te diste cuenta? Como el sol brilla mucho más luego de la tormenta. Siento que el cielo tiene un azul más hermoso estos días… juraría que me robó el tinte del cabello. Con cariño, tu Esposa Azul Celeste.
Hoy estoy feliz, mis nakamas lograron sobrevivir a la tormenta. Algún día te presentare a mi Unnie, ella nos ayudará a convencer a mi hermano de nuestro falso matrimonio. Con cariño, tu Esposa Azul Celeste.
Hoy comí brochetas de fruta, estaban coloridas y había una roja como tu cabello. Quizás no lo sepas pero soy vegana. Ahora lo sabes, tenlo presente para cuando me invites a comer. Con cariño, tu Esposa Azul Celeste.
¿Sabes? Me niego a repudiar a toda una facción por las acciones de pocos. Tus ojos y los míos no son tan diferentes. Con cariño, tu Esposa Azul Celeste.
Con un suspiro se las metió en su bolsillo con cierre y que tenía un revestimiento antimojadas. ¿Y si intentaba enviarla a alguna base de la marina? ¿Cuántos pelirrojos podrían existir? Considerando que en su tripulación había uno, y en la del Cocinero había otro, seguro eran muchos… pero ella había hecho una promesa, iba a enviarle postales a su Esposo de Mentiras. Sin perder tiempo, y sin supervisión alguna. Dejo el barco y nado hasta la orilla. Ahí se seco con el sol, y comenzó a caminar hacia ningún lado en particular, total orientación y ella en la misma frase nunca coincidían, solo dejaría que el destino la guiara hacia dónde podía enviar las postales al arquero que conoció en aquel foso del averno…
Tres horas después…
Algo muy gracioso había sucedido...
Peco de ingenua, y termino en un pequeño gran problema…
En algún lugar inhóspito de la isla.
Un grupo de maleantes, posiblemente piratas, la habían encontrado vagando sin rumbo. Su sentido común le dijo que huyera, pero su corazón confió en ellos, igual… ¿Qué podría salir mal? Tenía su daga escondida entre su ropa, y sus zapatos tenían esa punta de hierro que hacia tanto daño. Bueno, todo salió mal, los tipos eran unos contrabandistas, que, aunque su principal mercancía era el licor de mala calidad, ahora querían comercializar mujeres bellas para mercaderes con mucho dinero, y justo una muy hermosa paso por delante de sus narices… tan perdida como un turista sin mapa. Así fue como termino con las manos amordazadas, sentada en el medio de la nada. ¿Tenia miedo? La verdad es que no, porque parecían… a simple vista unos novatos. Así que solo se puso cómoda mientras intentaba soltar sus muñecas de la cuerda.
Cactus…
Arenas…
Aridez…
Acantilados...
Ese lugar le recordaba al foso…
— Es muy bonita… ¿vamos a venderla? — la voz del primer tipo, un tipo robusto se dejó escuchar.
— Claro que vamos a venderla. ¿Sabes cuanto pagaran por alguien con esa cara y cuerpo? — afirmo otro de los tipos.
— … yo no haría eso si fuera ustedes — comento con su suave y alegre voz, mientras cruzaba las piernas. La sentaron, cabe destacar, en una roca muy cómoda.
— Claro que lo vamos a hacer… aunque, ¿por qué lo dices? — hablo el que parecía ser el líder, al que diremos número 1, no tenía la apariencia de alguien malo, le recordaba a Thrym.
— … porque mis nakamas se van a molestar, y entonces ustedes la van a pasar mal… tengo sed, denme algo de agua… — indico y luego les pidió algo de beber, el tipo numero 4, fue a buscarle algo de beber y se lo dio con mucha diligencia… ¿de verdad eran tipos malos?
— Tus nakamas nos dan igual…— respondió el tipo número 2, haciéndose el valiente.
— Bueno si Algodón de Azúcar no les asusta, esta también mi hermano… él tiene muy mal humor cuando se trata de mi y que me hagan daño… — recordó a Jensen Valentine, quien sin duda mataría a todos los de esa isla si algo le sucedía a ella.
— ¿Algodón de Azúcar? ¿Un hermano? No nos asusta… miedo nos dan los supuestos karoos carnívoros que anda rondando esta zona, Dah. — recalco el tipo número 5.
— ¿Qué es un Karoo? Aunque, también esta mi esposo… es un marine… — comento, quizás su mención si causaría miedo.
— Ha ha ha ¡Mientes! — rio nervios el tipo número 1, ignorando la pregunta sobre qué era un Karoo.
— Eeeeh, jefe… no miente, mire… — le mostró el tipo número 8. Habían sacado las postales que estaban en su bolso. Mal educados esos señores.
— No sé leer tonto… — refuto el tipo numero 1 mientras veía las postales.
— Son cartas de amor, jefe… dirigidas a un tal Esposo Rojo Granate, el mejor Marine de mi Corazón. Si es la esposa de un marine… — dijo chismoseando el contenido, que bueno que no había escrito nada picante… aun.
— Vendrán los marines por nosotros. Los almirantes, y lo que venga después de los almirantes. Nos van a matar a todos por tocar a la esposa de uno de ellos — la histeria fue colectiva, todos corrían de un lado a otro; era una escena refrescante, contrario a la que su hermano, Jensen Valentine, hacia cuando nombraban esa facción… al parecer, él más bien disfrutaba de esos encuentros que terminaban en hombres de ley muertos.
— ¡Basta, Cucarachas de Mar! — grito numero 1 poniendo orden al zafarrancho — … solo debemos devolverla a donde la encontramos e irnos… no nos pasara nada. ¿Verdad, Señorita? — todos giraron a verla, con aquellos ojos suplicantes.
— No lo sé… mi esposo parece tener malas pulgas, siempre esta serio… aunque lo comprendo no debe ser fácil ser un uniformado, siempre luchando contra el mal y esas cosas que hacen los marines… — suspiro, negando con la cabeza, lo que le dio la imagen de una esposa… incomprendida.
— ¿Es serio con usted señorita? — pregunto el cotilla del número 7.
— Si, mucho. Aunque lo entiendo, nuestro matrimonio fue algo apresurado, pero no es como que uno se case todos los días… ¿Saben? — bueno, solo lo conoció por… 60 minutos, o menos.
— Marine tenía que ser… son los malos — farfullo el tipo número 5.
— … ni siquiera tienes un anillo en tu anular — agrego el tipo número 3.
— … ¿es tan importante el anillo? — cuestiono la joven inclinando la cabeza, la respuesta le interesaba porque si estaba casada y ese era un requisito debía ir ya mismo a comprarse un aro de oro.
— ¡Claro que son importante! Simbolizan amor eterno, constante, que no se interrumpe con nada… — exclamo con emoción el tipo número 1, parecía todo un romántico.
— … ya veo, entonces, tendré que conseguir dos anillos, uno para mi esposo y otro para mi — musito pensativamente… no sabía donde podría conseguirlos pero iba a buscarlos hasta hallarlos, y luego se lo enviaría en una de las postales.
— ¿Tu? Pobrecita, por eso dicen que las bonitas lo tienen más difícil. ¿Por qué entregaste tu corazón a un hombre tan cruel? — entre lagrimas número 7, se acerco y la abrazo a modo de consuelo.
— Ustedes no parecen malos… — cuestiono, porque viendo ese interactuar parecían más blandos que un flan.
— … no lo somos, Señorita… pero últimamente han pasado cosas, el valor del licor bajo, y tenemos que rebuscarnos. Hay familias que mantener, y la verdad es que usted es la primera mujer que secuestramos, antes de usted… nunca se nos hubiera ocurrido… el dinero mueve al mundo, Jusep tiene una hermana enferma, y Carles debe a sus acreedores… y así todos, necesitamos subsistir… — explico el tipo número 1, a lo que María solo asentía con su cabeza. Ciertamente, la vida no era negra ni blanca, tenía sus matices. Tal vez Thrym tenia problemas económicos, por eso vendió a Cara Melo.
— Lamento escuchar eso, espero pueden solventar sus problemas — les comento con bondad y una sonrisa encantadora que los escandilo, al punto de sonrojarlos y hacerles salir corazones de sus ojos. Ella era naturalmente hermosa.
Luego de esa interacción la soltaron, hablaron un rato más de la vida haciéndose amigos. Como lo imagino, y siempre confiando en su corazón, no eran tipos malos, solo… hacían lo que debían hacer para sobrevivir. Ella se despidió, guardando sus postales en el bolsito, mientras se daba cuenta que… no sabía dónde estaba. Tenía que haberse ido con ellos, pero ya era tarde, así que empezó a caminar de nuevo, sin sentido o dirección…
Hasta que de la nada salto un animal emplumado a su camino, se parecía a un pato. Así que ella solo se agacho y lo llamo, pero cuando le mostró los dientes afilados ocultos en el pico, supo que era mejor no meterse con él — Adivinaré, eres el Karoo carnivoro… — dijo, dando un paso hacia atrás, a lo que el animal dio un paso hacia delante — … porque no sigues tu camino, y yo sigo el mío, soy vegana, nunca funcionara lo nuestro... — dio dos pasos hacia atrás, el pato dientón dio dos pasos hacia adelante… ¿acaso la estaba viendo como su presa? Esto parecía más peligroso que los ocho piratas de papel.
Resumen: María es secuestra por una banda de piratas que trafican licor barato, empiezan a conversar, se hacen amigos y la dejan libre. Luego, como no sabe orientarse, termina aun más perdida y se encuentra con un animal carnívoro con cara de pocos amigos. La mujer lleva consigo las postales que prometió escribirle a su esposo, porque el plan inicial era enviarlas por correo al cuartel de la marina más cercano a Whisky Peak.
Karmas:
Positivos: Belleza/Toque divino, Alegre, Extrovertido.
Negativos: Charlatán, Cotilla, Sin orientación.
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
Bertram Gaufrid
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El joven arquero aún estaba acostumbrándose a la sensación posterior a ese maldito evento que no esperaba ocurriera justo cuando una división marine se adentraba en el Grand Line. Por fortuna su embarcación sobrevivió al desastre, tocado y con rasguños pero al menos estaba entero, y su fiel mascota Rasmussen estaba ilesa, algo que le alivió bastante, nunca se hubiera perdonado si un animal sufría daños por su culpa. Por mucha paciencia y calma tuviera el arquero eléctrico y por mucho que supiera que viviría situaciones peligrosas al unirse a la marina, no estaba preparado para que durante un viaje que se requiere autorización del gobierno y que la marcha supuestamente estaba controlada para evitar problemas y criminales invadiendo los mares más complicados. Durante unas noches, el joven no lograba dormir del tirón, parte de su mente siempre estaba atenta a cualquier movimiento o ruido del entorno, dando igual donde se encontrara, en el barco, en un árbol, donde fuera, no podía simplemente tumbarse y dormir, siempre estaba esperando que de la nada volvieran a meterle en una encerrona a pelear contra una criatura que casi lo mató de un solo golpe.
Ese combate le dejó claro que le falta mejorar su equipo, su pequeño arco ya no daría abasto para las peleas que le esperaban en el futuro, además de que debía ponerse ya a improvisar sus propias flechas para aprovechar mejor su estilo elemental o para aumentar su daño sin depender de ese estilo, pues en situaciones como la del foso, la luz llamaría la atención aún más tomando en consideración que el arquero siempre anunciaba sus técnicas por costumbre de cuando era cazador de avisar a los demás cazadores del tiro y no herir a nadie por accidente. Cuando mejor dormía era cuando se acostaba junto al hipopótamo notando su calor y su ritmo calmado ayudaba que el ritmo de Bertram se sincronizara al suyo y se relajara bastante más. Además, le recordaba cuando dormía con los lobos que ayudaban a su familia con la cacería, debido a que el propio arquero y su abuelo salvaron a una camada de cachorros del ataque de un furtivo, la manada los reconoció como los líderes a los que proteger, aunque por desgracia no pudieron evitar la tragedia, pero el joven arquero dormía varias veces junto a los lobos pues se sentía más unido a la naturaleza de esa forma.
Pasaban los días y las noches y no parecía que su nerviosismo bajara y su sensación de que si bajaba la guardia volverían a meterle en una especie de jaula a pelear por diversión. Lo que más le molestaba era no haber podido descubrir ni arrestar a los verdaderos culpables de todo ello. Aún se estaba recuperando de todo el estrés, y teniendo que forzarse a dormir y dejar de estar pensando en diseños de flechas y arcos para poder descansar apropiadamente, por fortuna conocía algunas infusiones que ayudaban con el problema y prepararlas no requería una gran pericia en la cocina. Durante los días trabajaba en diseños para sus nuevas armas y algunas cosillas que se le ocurrían para mejorar el desempeño o para determinadas situaciones, principalmente algo que evitara que tuviera que rescatar a toda su tripulación si alguna vez el barco se hundía.
Al tercer día el joven decidió salir a reabastecer el barco, siendo que iba a comprar de todo un poco, mayormente ingredientes para que Kibai pudiera cocinar, agua para mantenerse hidratados y algunas infusiones para diversas situaciones, no solo falta de sueño. En el camino de salida tomó el periódico que dejaron en el barco antes de todo lo sucedido y decidió volver a leerlo, viendo con calma las noticias que asolaban el mundo, desde la muerte de uno de los shichibukai, el nuevo líder del banco de la moneda y los wanteds, repasando de nuevo pues aún no se hacía a la idea de haber peleado codo con codo con tantos piratas, siendo totalmente consciente de que fue algo necesario, pero ahora tenía una pirata autoproclamada su esposa. Esa pirata en concreto no le pareció ser pirata, daba más la impresión de alguien que tomó el camino equivocado por circunstancias de la vida, lo poco que vio de ella emanaba bondad. El joven arquero llevaba su arco a espaldas, montado a lomos de su compañero se movían por las calles de aquella extraña isla que parecía tener un cactus absurdamente grande, tanto como una montaña, resultando ser realmente una montaña repleta de lápidas que le daban ese aspecto de cactus.
En un punto el joven marine dio la vuelta a la esquina y no pudo evitar llevarse la mano a la cara y agarrarse el puente de la nariz, no creyendo lo que estaba viendo, una especie de pato con una hilera de afilados dientes parecía querer atacar a su autoproclamada esposa, quien corría huyendo del pato que la perseguía de forma que sin dudarlo, y por su impulso de ayudar a la gente, el pelirrojo tomó una flecha, tensó la cuerda del arco y disparó al animal atravesando su cuerpo de un tiro certero que dejó al animal quieto en el suelo mientras él, tras bajarse del lomo de su mascota, se acercaba con calma y sonriendo diciendo
-Parece que siempre que te veo estás en peligro. ¿Cómo lograste dar con un pato carnívoro? Si conoces un buen cocinero la carne de pato está deliciosa, si quieres te ayudo a llevarlo a tu barco, si no lo quieres me lo llevo yo, un compañero es chef y quiero ver qué logra hacer con ese animal. Parece que los piratas no podéis estaros sin meteros en problemas, sir.-
Por mucho que Bertram viera a la joven como una víctima del destino, al haberse hecho pirata hacía que reviviera todo el dolor de cuando perdió a sus abuelos, y encima al parecerse a Titta era aún peor. Pese a ello, no podía simplemente no ayudarla, mayormente porque se sentiría como si estuviera abandonando a Titta de nuevo.
Resumen: Bertram decide salir del barco a reabastecerlo de comida, ingredientes y bebidas y tomar algo de aire a ver si de una vez calmaba su mente de lo sucedido ya que aún se despertaba esperando otro problema inesperado. Como sabía que iba a acabar cargado decidió ir montado en su hipopótamo, pero en mitad ve a un pato perseguir a la joven con la que peleó y por instinto la ayuda a pesar de ya saber que es una pirata.
Karmas:
Positivos: Perceptivo
Negativos: Rivalidad, Tic, Muletilla, Risa Excéntrica, Épico, Mal pasado
Maria Merlot
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Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
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C. de Haki
C. de Akuma
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Narrador / María Merlot
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En algún lugar inhóspito de la isla.
Un ave…
Plumas…
Y una fila de dientes muy afilados.
¿Qué clase de fauna había en ese lugar?
Ella no lo sabía, ni que fuera exploradora pero lo que si podía discernir con claridad es que un mordisco de ese pato mutante le arrancaría un trozo de carne, y quien sabe, tal vez la infectaría de algo muy contagioso que la enviaría a cama por el resto de su estancia en Whisky Peak. Eso no le gustaría a Hyakinthos, a él no le gustaba verla herida, ni a nadie de la tripulación… si al caso vamos, porque su corazón era así de grande y bondadoso.
— … escuche que habían unas nutrias muy deliciosas por el oeste — señalo al este, ella no sabía nada de geografía ni ubicarse. Dio otro paso atrás mientras hablaba, el pato volvió a dar un paso hacia ella — … ¿vas a comerme? ¿a mí? ¿qué nunca me he comido un pato? ¡Estas siendo justo! — lo señalo con el dedo indice como si el animal pudiera entenderla. Ella tenia gran parte de su vida (la que recordaba) siendo vegana, sería muy irónico morir a manos de un animal, un animal que nunca probo por respeto a la vida… Internamente se lamentó no haber probado aquel pato a la naranj... ¡NO! No se arrepentía, ella no se apartaría de su camino de consumo consciente, sin maltrato animal ni… esas cosas.
No había nada más que pensar, esa bestia alada no la dejaría en paz, entonces hizo lo más lógico que su cabeza razono: correr. Se giro y empezó a correr hacia donde su vista daba, su largo cabello bailando al viento, y su ropa agitándose con la vertiginosa rapidez. No quiso voltear, pero sabia que el pato la perseguía. Salto unas rocas, esquivo unos cactus, intento esconderse… pero el pato siempre la encontraba, pero nunca la alcanzaba, ella era más ágil — ¿Desde cuando los patos comen peces? ¡Eres una desgracia para tu especie! — gritaba al animal como si la entendiera. Se estaba agotando, seguir corriendo no era opción, quizás si lo pateaba con suavidad se quedaría quieto. No quería hacerle daño al monstruo, aunque por lo que dijeron los ocho piratas de antes, ese animal había estado causando problemas en esa parte de la isla.
En algún del pueblo.
Sus pensamientos cambiaron de rumbo cuando vio el pueblo, llegando a un lado baldío del mismo. Se detuvo en seco, no podía continuar… no podía llevar a ese animal carnívoro a un poblado lleno de civiles indefensos: mujeres, niños, ancianos. Así que se giró, haciendo casi un derrape y con su pie derecho, y sin tanta fuerza, golpeo al pato como una pelota, que termino rodando en sentido contrario un par de metros y soltando un lastimero Cuaaaunghas.
¡Catástrofe evitada!
No llego al pueblo, no había nada que lamentar. No soportaría pensar que, por su culpa, la buena gente de Whisky Peak resultaba lastimada. El pato se levanto, y mostró más sus dientes, en sus ojos el enfado era visible; y ella ya no podía darse el lujo de escapar, no con esa amenaza latente… — Habl… — iba a decir algo, entre su respiración entrecortada por la carrera, cuando el tiempo se alentó:
El pato salto hacia su dirección, con su hilera de dientes.
Una flecha paso a su lado, tan rápida que hizo danzar su cabello.
El pato caía frente a ella… muerto.
Un parpadeo… seguido de otro y otro. María estaba a espalda de dónde provino la flecha, cuando su mirada busco a su salvador… se encontró con la ultima persona que deseaba encontrar pero que curiosamente estaba buscando: El Marine del Foso, Su Autoproclamado Esposo, aquel al que prometió escribir, y cuyas postales llevaba ese día en el bolso para enviarlas a cualquier cuartel de la marina. Por puro instinto de preservación, se movió hacia un lado, dejándolo pasar hacia el cadaver.
Vio su sonrisa, una que ella no pudo descifrar.
Vio el animal del que desmonto… tan grande como Cara Melo.
Por un momento la semi sirena se quedo en blanco. Estaba procesando el escenario al tiempo que escuchaba la voz masculina, tan calmada y… confiable. Sus orbes ámbar detallaron su apariencia, si… muy pelirrojo, si… muy sosegado, justo como en el foso. Él era un marine, ella era una pirata… debería estar corriendo, mucho más rápido que cuando el pato dienton la persiguió. Recordó la locura de aquella noche, y como no deseaba ver mas sangre derramada, su hermano jurado Jensen Valentine detesta a los marines y por esa razón, ella había armado todo ese show. Se lo dijo cuando sus ojos se cruzaron aquella noche fatídica “yo… solo espero… no equivocarme… contigo… por favor”. El mundo no era blanco o negro, tenia matices, muchos colores, y no siempre… significaban el lado incorrecto de la historia.
Con su diestra sujeto su bolso, ese donde llevaba las postales. Recordó como escribió cada una de ellas, una promesa hecha en el fulgor de decisiones apresuradas pero que mantendría porque en su corazón era lo correcto, aunque estuviera equivocada, aunque eso le trajera desgracias. A veces sentía que su vida no tenia sentido, que su entorno y realidad estaban lejos de… lo que su esencia realmente necesitaba. Una tienda, una casa, amigos y tranquilidad, ella podría verse en un sitio como Whisky Peak siendo feliz, saliendo cada mañana por el pan fresco, saludando al verdulero, intercambiando risas con los niños que corrían de aquí por allá. No quería ser su enemiga, no quería dañar a nadie… ni siquiera a ese pato malvado y dienton… ¿Qué quería María? Solo ser feliz, con sus hobbies que le daban libertad.
— Oie… puedo decir exactamente lo mismo, Esposito. Aunque ciertamente, voy perdiendo 2 a 1… — sus palabras salieron, con una mezcla fingida de reproche y diversión — … no lo sé, solo salió de la nada. Aunque los hombres de antes me dijeron que había estado molestando a los lugareños, solo fui otra de sus víctimas. Pobre patito, no debió meterse con una mujer casada — bromeo con lo último, con una sonrisa que delataba incomodidad.
Él no parecía hostil contra ella, lo que podría significar que no sabia que era una pirata, eso la hizo relajarse en su presencia. Él era fuerte, ella lo había visto atacar y defenderse contra aquel primo de piel dorada, y ella, bueno… ella solo era una inútil semi sirena — … No, es tu recompensa por salvarme. Puedes llevarlo con tu cocinero… — respondió rápidamente, desviando la mirada… no llevaría a un marine hacia dónde estaban sus nakamas, jamás los expondría así… y tampoco al hombre pelirrojo, quien, hasta ahora, solo había sido amable. Ese momento le pareció perfecto para preguntarle su nombre, así podría enviar las postales, y quizás luego huir lejos de él…, se sentía perdida, porque nunca había estado casada, y aunque fuera una broma tonta que buscó salvarlo, no pensó que volvería a verlo… en persona. No era tímida, no para nada, pero no lo conocía, y la premisa era una que los ponía de lados opuestos de la balanza: Marine/Pirata.
“… parece que los piratas no podéis estaros sin meteros en problemas, Sir.”
María dio un paso atrás, acercándose más al animal peludo del pelirrojo que a él mismo. ¡Él ya lo sabía! ¡Sabía que ella era una pirata! Eso hizo saltar su corazón, y por un momento se sintió indefensa y vulnerable, solo estaban ellos en esa encrucijada, si él decidía… atacarla y matarla como al pato… ¿Quién lo evitaría? ¿Es lo que hacían los marines con los piratas, no? ¿Matarlos, no? Un paso atrás, y otro más… mientras un leve temblor recorríó su cuerpo, y el aire empezó a faltarle… ¿Pánico? ¿Miedo? Entonces choco con algo, algo muy suave. Cuando alzo la cabeza se encontró con el animal del que descendió el pelirrojo. ¿Los animales eran perceptivos? Eso escucho una vez, y en ese momento, pudo comprobarlo porque una lengua grande la lamió, dándole un consuelo que no sabia que necesitaba. Luego solo la empujo con el hocico hacia adelante, como si primero le dijera “no tengas miedo, no te haremos daño” y luego reafirmara “… somos buenos”. O así lo interpreto ella.
— … Oh… — musito saliendo del trance y empezando a reír, una suave risa que paso de nervios a diversión porque le recordó a Cara Melo, y así solía demostrarle su cariño — … ¿Tienes nombre? ¡Que lindo eres! ¡Un peluche gigante! — la celeste le hablo al animal con ternura, le hubiese prestado más atención, pero recordó que no estaban solos, y que el hombre pelirrojo estaba a unos metros de distancia — … ¿meternos en problemas? — su mente volvió a funcionar, el animal la calmo de la ansiedad anterior — … ¿no sería esa tu culpa…? — le sonrió con picardia para luego agregar — … un esposo que abandona a su esposa justo después del matrimonio. Siempre me meto en problemas, por eso no deberías dejarme sola — se llevó las manos a ambos lados de la cintura, mientras su mirada ámbar recuperaba su brillo alegre, el miedo inicial iba desapareciendo poco a poco — … No tenemos anillos… ¿lo sabías? Es mi primer matrimonio, nunca había estado casada antes… no sabía que eran TAN importantes, pero parece ser una parte esencial del ritual matrimonial. Me lo dijeron los tipos rudos, problemáticos y románticos de antes… — le comento frunciendo un poco el ceño como si fuera la preocupación más grande de su vida. No importaba que expresión colocara la sirena, siempre se vería bonita — … yo… — comenzó a decir, sin dejar de mirarlo, en el fondo… no podía negar una verdad, y no iba a guardársela — … me alegro de que también estés a salvo… que todos lo lográramos — miro al suelo, recordando aquellas horas tan oscuras a merced de quien sabe quienes malvadas personas, luego subió la mirada, una llena de calidez y sintonía natural — … ¿lograste encontrar a tus amigos? — ¿quería saberlo? Si, porque así fue como comenzó su interacción en aquel sitio, ayudándolo a gritar en busca de sus amigos. Y porque ella también conocía el valor de los nakamas, esperaba que no le faltara ninguno a él. Y eso la hizo pensar también en Brownie… ¿habría encontrado al suyo? Y eso la llevaba a otra cuestión, debería escucharlo... y luego correr... sin dudas, estaba atenta para volver a correr.
Resumen: María corre mientras el pato dienton la persigue. Llega a esta área del pueblo baldía. Se siente un poco intimidada al ver al Marine del Foso. Se mantiene cerca del animal peludo, y lejos de Bertram.
Link al tema dónde nos casamos, recordar es vivir.
Karmas:
Positivos: Belleza/Toque divino, Alegre, Extrovertido, Sintonía Natural.
Negativos: Charlatán, Cotilla, Sin orientación.
Karma Fanático: Hyakinthos.
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Bertram Gaufrid
Fuerza
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El joven arquero de la división 84, tras todo el caos de los eventos sucedidos en el cruce en los cabos gemelos, esa masacre sangrienta en donde no habrían podido salir vivos de haber dejado que rencillas personales, que si uno odia piratas, que si otro odia marines, en ese momento nada de eso importaba, pues todos eran los objetivos de una bestia claramente más fuerte que ellos, y por ello fue que tuvieron que unir fuerzas para vencer y salir vivos, aunque no ilesos. Todos y cada uno de ellos sufrieron heridas, algunos más serias que otros, pero al final todos salieron con vida de aquél lugar, y pudieron reunirse con sus compañeros y seguir con su viaje, como si nada hubiera pasado. Durante los días siguientes todo resultó extraño y raro, era una sensación de que habían sido parte de algo que no estaba previsto que pillara marines, como si los que organizaron no esperaran que un grupo de marines se vería afectado por ello, o más bien les daba igual lo que pasara a un pequeño grupo de marines que recién iniciaban sus andadas por los mares y decidieron avanzar hacia el Grand Line. El marine cada noche despertaba sudando, incapaz de tener una noche de sueño completa, cada que cerraba los ojos recordaba el foso, el no saber cómo llegó allí o porque había algo así en mitad del mar, recordaba la sensación de continuo peligro al enfrentar a una criatura claramente más fuerte que él y una impotencia brutal le inundaba nuevamente.
El joven pelirrojo llevaba tiempo apenas durmiendo, y cada que despertaba echaba la vista al horizonte, perdiéndose en sus pensamientos y recuerdos, preguntándose dónde estaría ahora mismo Titta mientras su rostro mostraba la tristeza que normalmente escondía, junto a la frustración de no haber podido hacer nada por salvar a sus abuelos, viendo sus cuerpos inertes cada tantas noches desde entonces. Debido a eso era que el joven no cesaba su entrenamiento, fortaleciendo sus capacidades, mejorando cada vez más su manejo del arco, y planificando municiones, mejores arcos y accesorios que le ayudaran a pelear con mayor soltura y lograr su objetivo con mayor eficiencia, sin recurrir a matar a los criminales prefiriendo encerrarlos siempre. Primero porque él no se consideraba con el derecho de decidir quien vive y quien muere, solo cumplía con su deber de arrestar a los criminales y hacer que enfrentaran el castigo correspondiente a sus crímenes. A sus ojos la justicia residía en que cada quien tuviera un castigo acorde a su crimen, pues no era lo mismo alguien que había robado a alguien que arrebató la vida a otra persona, o quien le arrebata su libertad a gente inocente por diversión o dinero, siendo el primero el que menos molestaba al marine de ojos y pelos rojos.
En esta ocasión el joven Bertram decidió adentrarse solo en la isla, acompañado únicamente por su montura peluda, su fiel amigo Rasmussen que seguramente pasó un muy mal rato con lo sucedido cuando todos salieron volando del barco. Por fortuna no le pasó nada y solo tuvo un susto, pero Bertram se sintió realmente mal por no poder acudir a ver cómo se encontraba su montura en un momento donde seguramente estaría bastante asustado y estresado. Desde entonces el arquero se decidió a acompañar a su pequeño gran hipopótamo en todo momento que estuviera descansando, así compensaba no asegurarse que estuviera bien tras ese tremendo impacto que tuvo que sufrir el barco cuando todos los marines salieron volando.
Realmente Bertram solo quería dar un paseo por la ciudad, comprar lo que necesitaran para el barco, tenerlo listo para en cuanto partieran a la siguiente isla tuvieran comida suficiente para no perecer en el intento o tener que racionar la comida hasta poder hacerse con más. A las malas podían pescar o si la siguiente isla tenía un bosque el propio arquero podría cazar algo, pero era mejor tener comida suficiente en el barco que apurar demasiado. Cuando llegó a una zona más apartada del pueblo, lejos de los negocios, lejos de todo, el joven arquero se reencontró con quien menos quería, la pirata que se parecía tanto a Titta que le hacía tener un conflicto entre su desprecio a los piratas y su incapacidad de tener odio a ella en concreto por recordarle a la persona más importante de su pasado que sigue viva, la única que estuvo con él junto a sus abuelos. El joven marine tuvo que salvarla de un animal que la iba a devorar, diciendo que siempre que la veía estaba en peligro, y al escuchar lo que dijo Maria tras sus palabras no pudo sino soltar su característica risa
-Trehehehehe, parece ser que tienes mala suerte. Si insistes, me llevaré el pato para que mi cocinero se encargue de él, pero en serio, deberías tener siempre al loco de tu hermano cerca, así evitarías estas cosas sir.-
Pese a sus palabras duras, el marine no tenía intención de hacer nada contra ella, por mucho que supiera que debía arrestarla, que debía cumplir su trabajo, cada vez que la miraba veía a Titta y no se veía capaz de atacarla por mucho que sintiera desprecio por los piratas. En cuanto el arquero mencionó que sabía ella era pirata pudo ver el miedo en sus ojos mientras se alejaba del marine. Sin embargo, antes de alejarse mucho se chocó con Rasmussen preguntando por su nombre y llamándolo peluche gigante, una descripción que no iba muy lejos del carácter del walkie que parecía haber animado a la joven con un lengüetazo cariñoso a que superara su miedo, un miedo razonable para una pirata pero innecesario debido al dilema interno del arquero. Y en ese momento la pirata pasó a la carga, desviando la culpa al marine diciendo que dejó a su esposa sola, la abandonó tras casarse, bueno ella casarlos, y dijo que no debería dejarla sola.
Sinceramente Bertram su pudiera la llevaría con él a todas partes, aunque fuera en una celda para mantenerla a salvo, pero no podía hacerlo sin tener que dejarla tirada en alguna base marine si no quería tener problemas con sus superiores, por ello era que su cuerpo era incapaz de moverse de forma totalmente hostil hacia ella. Mientras ella hablaba Bertram se rascó tras la cabeza, abrumado por todas las palabras de la mujer, la mención de la necesidad de unos anillos para el matrimonio también pilló al marine de sorpresa, sus abuelos no llevaban anillos y pasaron toda una vida juntos. Bertram suspiró y dijo
-Hi, hi entiendo. Yendo por partes parece que Rasmussen logró calmarte un poco, es algo que por algún motivo logra hacer con mucha facilidad. Respecto a lo de abandonarte ni sabía a donde te fuiste ni tu nombre, lo descubrí días después cuando mis compañeros me dieron el periódico de Samba. Y como mis abuelos me dieron una educación decente lo correcto es decirte mi nombre, Bertram Gaufrid. Y sí, logré encontrarme con ellos cuando regresaron de la torre mientras yo cuidaba del barco y de ese peludito. Imagino que tú también encontraste a los que te llevaron por el terrible camino de la piratería, los culpables de que hayas huido del hombre que tú misma declaraste tu esposo, sir.-
Bertram se acercó con calma al pato y lo levantó del suelo para luego llevarlo hasta donde Rasmussen y colocarlo en la parte trasera del mismo y sujetarlo bien con cuerdas para cuando fuera a llevarlo a su barco. Tras eso miró de nuevo a la pirata, miró la zona y recordó lo que mencionó de los tipos rudos de antes a lo que el joven marine dijo
-¿Y qué hacían esos tipos contigo?¿No serían basura pirata que hace daños a los demás, sir? –
Resumen: Bertram habla con Maria antes de tomar el pato y atarlo al walkie, presentándose a sí mismo y a su mascota. Termina preguntando por los sujetos que hablaron del anillo.
Karmas:
Positivos: Perceptivo
Negativos: Rivalidad, Tic, Muletilla, Risa Excéntrica, Épico, Mal pasado
Maria Merlot
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
120
103
120
51
120
83
89
110
0
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Narrador / María Merlot / Pensamientos
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Trehehehehe, parece ser que tienes mala suerte.
María parpadeo dos veces, ya parecía un tic cuando algo la sorprendía o desconcertaba, y ciertamente lo estaba. Escuchar reír al sereno marine del foso la descoloco por un breve momento. Por alguna razón, en su cabeza llena de grillos las sonrisas y la diversión no estaban ligadas a él, parecía demasiado calmado, serio y observador como para ver la vida color… de rosa, justo como ella lo hacía. Por esa razón la sonrisa que se formo en los labios del hombre cuando descendió del animal, la había confundido; y ahora la risa, mucho más. Fue un sonido que no espero escuchar en aquel silencioso lugar, y menos de una forma tan única y especial, jamás había escuchado reír a nadie de esa manera. Lo que causo en ella, luego que pasara su desbarajuste, una media sonrisa tonta. ¿Por qué? Porque quizás, lo que escribió antes no estaba alejado de la realidad, sin importar sus formas, sus ojos no eran tan diferentes.
Si insistes, me llevaré el pato para que mi cocinero se encargue de él.
¿Su cocinero? ¿Acaso el pelirrojo era uno de esos chicos ricos con su propio personal? No parecía ser alguien opulento, pero a veces, estos, eran los mas humildes. ¿Quién lo diría? Se había autocasado con un hombre de recursos, con cocinero propio. Eso significaba que él podría comprar los anillos de boda sin problemas, aunque recordando el foso, siempre había corrido por su cuenta ¿no? Ella se lo grito, que debía conseguir las alianzas color doradas en honor al primo que los unió. María no quería interrumpirlo, así que solo asintió a sus palabras, sin dejar de mirarlo mientras daba un par de pasos hacia atrás para regresar a apoyarse en el peluche gigante, quien la recibió de vuelta con un par de movimientos de su hocico. ¡Como le gustaban las mascotas! Ojala algún día poder recuperar a Cara Melo.
… pero en serio, deberías tener siempre al loco de tu hermano cerca, así evitarías estas cosas sir.
La mención de su juramentado hermano Jensen Valentine, alias Rojo, la hizo sonreír con cariño. Si por ella fuera siempre tendría a sus hermanos cerca, no solo al pelinegro sino también a la valkiria besada por el sol. Cuando él leyera sus postales descubrirá que tenía otra cuñada, o quizás debería decírselo de una vez, pero algo más llamo su atención, porque había hablado mas ahora que en el foso, y eso era que parecía siempre terminar sus frases con un “Sir”. La curiosidad le pico, quiso preguntarle que significado tenía. Ella era curiosa por naturaleza, y también estaba acostumbrada a las personas y sus formas… no tan amables, pero justo, esa brusquedad en su tono, no le resultaba desagradable… porque sus palabras se sentían, de una extraña manera, cálidas.
La cabeza de la mestiza se inclino unos leves grados a la derecha, haciendo caer en cascada su largo cabello celeste hacia ese lado. Y sus ojos volvieron a parpadear dos veces. Luego de soltarle los grillos de su cabeza al pobre hombre, él hizo algo que la dejo en blando. Un simple gesto, ese rascar de su cabeza, la dejo cautivaba por un segundo; un gesto tan genuino, tan puro, tan mundano, tan… poco habitual en su mundo, el mundo que ella conocida, no sabía de ingenuidad, y menos soltaba suspiros que parecían querer decir mucho pero no encontrar el camino. Ese pelirrojo, podía ser muy pelirrojo… demasiado, si continuaba conociéndolo, ella podía decir eso con seguridad… porque una vez, hacía mucho tiempo, también conoció a alguien, que podía ser como él, y curiosamente, el rojo también era su color; y la ruptura abrupta con ese gyojin instalo de una herida permanente en su corazón.
Yendo por partes parece que Rasmussen logró calmarte un poco, es algo que por algún motivo logra hacer con mucha facilidad.
¿Rasmussen? María sonrió, no había que ser la persona más lista de esa isla para saber que se refería al peluche. Volteo a verlo con una mirada de emoción, mientras con su diestra lo acariciaba, su pelaje le parecía tan suave. Quería recostarse con él en la playa, y dormir utilizándolo como almohada, como había hecho con la mascota de Trhym muchas veces. Ahora tenía una pregunta mas para su esposo de mentiras. ¿Qué significaba Rasmussen? ¿Por qué Rasmussen? ¿Qué clase de peluche era Rasmussen? ¿Él se las respondería? Parecía que sí, porque más allá de su bando, y su tono brusco, estaba siendo amable… y respondía a sus inquietudes anteriores, sin quejas o reproches por sus locuras. Y al pensar en eso, se dio cuenta de algo… ¡Él la había escuchado! ¡Él le estaba respondiendo! Con calma, sin juzgarla y hasta se había reído. Ese “Trehehehehe” sería difícil de olvidar, por alguna razón, algo le decía, que podía llegar a gustarle y mucho, escucharlo de cuando en cuando… aunque, considerando la realidad, ya era de por si mucha suerte, o mala, haberse encontrado dos veces.
Respecto a lo de abandonarte ni sabía a donde te fuiste ni tu nombre, lo descubrí días después cuando mis compañeros me dieron el periódico de Samba.
Eso la hizo recordar cuan diferentes eran, no es que él fuera tranquilo y ella una revoltosa; sino que literalmente estaban en bandos contrarios, en lados distintos de la historia. Había una línea que ni ella, en su locura, sería capaz de traspasar, porque aunque en ese momento solo se estaba poniendo en peligro a si misma, no podría imaginarse… poner en peligro a sus nakamas… por alguien más, aunque ese alguien, fuera su esposo de mentiritas; un hombre al que solo había visto una vez, y al que no conocía realmente, aunque sabía ahora muchas cosas de él: El nombre de su mascota, como sonaba su risa, sus gestos dulces, su tono de voz brusco pero afable y que su cabello a la luz del sol, era mucho más rojo y, la verdad sea dicha, hermoso como una inalcanzable rosa de invernadero.
Y como mis abuelos me dieron una educación decente lo correcto es decirte mi nombre, Bertram Gaufrid.
Olviden cualquier otro gesto de sorpresa, que el masculino le dijera lo que ella tanto había anhelado desde que comenzó a escribirle las postales, la hizo abrir los ojos como plato y luego hacerla sonreír, como si por su mente pasara una gran travesura, y quizás… algo más brillo en sus ojos, así que solo pudo darle la espalda y pegar la cara del pelaje de Rasmussen, quien solo la miro extrañado, pero no mucho más que ella, quien en su cabeza pensaba “Bertram Gaufrid, así se ve un Bertram Gaufrid… ¿le habrán puesto sus abuelos ese nombre?” le gusto su nombre, parecía un buen nombre para él, le gusto como sonó, o habrá sido su propia entonación. Sin darle muchas vueltas, ella sin dudas aprobaba el nombre de su conyugue. Con cada cosa que decía, su interés aumentaba, ahora quería preguntarle ¿Por qué sus abuelos, y no sus padres? ¿Dónde estaban sus padres? ¿de que parte del mundo provenía ese nombre y apellido? Ella intentaría recordarlo, si llegaba a preguntárselo, lo escribiría en su libreta secreta pero no se lo mostraría a nadie, una parte de su corazón, una desconocida y egoísta, no quería compartir la información del pelirrojo con nadie, era suya y solo suya, después de todo… era su esposo ¿no?
María movió la cabeza, dejando que sus ojos volvieran al hombre, aquel que sostenía un pato, y respondía sus cuestionamientos anteriores con serenidad. Se alegro de verdad, que encontrara a su manada. Así que asintió, sin agregar nada más, posiblemente, algún día, sus amigos se matarían entre sí. Un futuro demasiado probable, pero uno del que ahora no pensaría, ella viviría el momento.
… los culpables de que hayas huido del hombre que tú misma declaraste tu esposo, sir.
Una sonrisa mas amplia se formo en los labios de la chica, separándose del animal y alejándose, discretamente, del marine que se acercaba a amarrar a su botín de caza. ¿Por qué sonrió? Porque le causo gracia su respuesta, porque escuchar “esposo” en su brusco tono, parecía una especie de ilusión que buscaba ser ruda, pero a ella le pareció encantadora, por eso sonrió. ¿Y por qué se alejó? Porque a pesar del ambiente ameno, a la mestiza no se le olvidaba que él era un marine, como seguro él tenia en mente que ella era una pirata. Ella lo volvió a observar, sus gestos, sus maneras… y lamento, que, en el fondo, quizás nunca podrían ser amigos. Seguro con sus locuras, podría hacerlo soltar mas de esas carcajadas “Trehehehehe”.
La semi sirena, dio algunos pasos más, hasta una pared cercana, dónde pego su espalda. Su mirada ámbar no dejaba de evaluar a Bertram Gaufrid. Otro punto a favor debía sumarle, porque mato a un ser vivo, pero iba a honrarlo comiendo su carne. No fue por crueldad o diversión, fue por salvarla y ahora sería su cena. ¿Eso lo hacia alguien que apreciaba la vida igual que ella? Una cosa en común para su matrimonio de mentiras.
¿Y qué hacían esos tipos contigo? ¿No serían basura pirata que hace daños a los demás, sir?
Cuando regreso su atención a ella, ella solo pudo sonreírle, con su característica nota alegre y llena de preciosidad. La primera pregunta sonó normal. La segunda parecía albergar algo más, que lamentablemente ella no pudo descifrar. Ahora que él la miraba, ella se daba su tiempo para responder, desviando la mirada en dirección contraria, en cualquier otro momento, con cualquier otra persona, hubiera soltado a los grillos en sus cabezas sin son ni ton, pero no era tonta como para saber, que, si hablaba de más, esos tipos rudos pero románticos podrían tener a un marine persiguiéndolos… aunque tal vez, su esposo necesitara esa terapia matrimonial con ocho contrabandistas de licor barato. Pensar en el tranquilo pelirrojo rodeado de aquellos expertos “del corazón y del amor”, la hizo reír, suave, femenina y encantadoramente mientras negaba con la cabeza alejando esa imagen mental.
— … ¿Qué hacían conmigo? ¡Me daban consejo del corazón! — hablo intentando controlar la risa, que se negaba a irse — … ellos piensan que eres malo y cruel por no darle un anillo a tu esposa, ni antes ni después del matrimonio. Antes, lo entiendo, no nos conocíamos, pero después, no hay excusas… — su voz continuaba con aquel matiz divertido mientras sus ojos brillaban con alegría, disfrutando el momento y la broma que escalaba más y más — … Bertram Gaufrid — sus ojos ámbar se clavaron en los suyos oscuros, cuando pronuncio por primera vez su nombre, el cual, a pesar de ser extraño, no se sintió así en su boca.
María iba a agregar algo más, pero se detuvo, porque sabía que la atención de él ahora estaba sobre ella… y eso la hizo preguntarse ¿qué veía él? ¿pensaría que era hermosa? ¿le gustaría su color de cabello? ¿creería que estaba loca? Y eso la hizo meditar sobre lo que veían sus propios ojos, sobre lo que captaba su alma. El hombre ante ella era su opuesto, en personalidad y en historia, en lado de la sociedad, en todos los sentidos. Y eso, borro de sus labios la sonrisa, y la hizo apartar la mirada, que perdió el brillo juguetón de antes. La cabeza de grillos empezó a revolotear… gritándole las diferencias que su imaginación construyo.
Bertram Gaufrid seguramente, nunca en su vida, había… sido un esclavo, mucho menos pisado un prostíbulo, ni sido sujeto de voluntades ajenas, sin voz ni voto. Él seguramente era de esas personas, que vivían felices en sus perfectas casas con jardínes, con su amada familia, sin miedo a nada, sin tener que soportar un asqueroso cuerpo sobre el suyo en busca de un placer que solo traía más rabia y dolor, tal vez, nunca en su vida intento quitarse suicidarse, o suplicar por la muerte a sus amos o peor aún, ser drogado hasta que su mente, su único refugio, fuera vuelto papillas. Su cabeza creo una imagen de una casa, en un pueblo, con valla blanca y todo, una perfecta vida, para un perfecto marine pelirrojo… con una simpática risa.
De pronto María se sintió sucia, pocas, muy escasas veces se sentía así, porque ese sedimento en su cabeza nadie lo removía, los grillos siempre eran mas fuertes, que los dolorosos recuerdos. Pero ese hombre, su impuesto esposo, la hizo pensar y recordar porque, aunque quisiera ser una… simple civil sin nombre en una isla cualquiera, no podía, los despojos de la sociedad, las esclavas prostitutas inútiles como ella, no tenían cabida en muchos perfectos, solo en historias rotas y marginadas. Sus propios brazos la rodearon, llevando consigo los bordes la camisa a cuadros overside para intentar taparse, quería cubrirse de su mirada, no quiera que la viera, es más quería salir corriendo, encontrar el mar y lavarse con una intensidad que seguro la haría sangrar, pero nunca le quitaría la suciedad que sentía su cuerpo.
— … yo… — empezó a decir, casi en un susurro, y en un tono neutral, poco característico de ella — … me tengo que ir — se despegó de la pared, ni siquiera volteo a verlo, no quería verlo. Su estado de ánimo fue reemplazado, y para alguien que demostró ser suspicaz quizás no pasaría desapercibido. — … disfruta de ese pato dientón malvado — intento decir algo divertido, pero sonó sin vida, mientras veía a cualquier lugar menos a él. Entonces, dio media vuelta y empezó a caminar, justo en el mismo sentido que había venido, pero luego de un par de pasos se detuvo, recordando algo: Las postales. Era ahora o nunca. Así que se volteó, acorto la distancia, sin verlo a los ojos, metio la mano en su bolso y saco cuatro sobres, cada uno de un color diferente: rosado, amarillo, morado y azul. Y lo extendió hacia el hombre — … nunca olvido una promesa… solo que no sabía tu nombre… pero ahora lo sé… — dijo esperando a que los agarrara, con eso ella podría irse lejos, alejarse del perfecto esposo de mentiritas, quien la había hecho sentir… cosas desagradables sin saberlo o proponérselo. Y no lo culpaba, su asqueroso pasado no era culpa de nadie, ni siquiera de ella, solo era lo que era, y ya está…
Resumen: No hay, solo una imagen.
Karmas usados en este post.
Positivos: Belleza, Toque Divino.
Negativos: Charlatán, Cotilla.
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
Bertram Gaufrid
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
43
109
180
180
106
111
65
78
50
0
Bertram estaba en una situación delicada internamente, pues varios impulsos, sentimientos y pensamientos opuestos peleaban por tomar el control. Por un lado estaba su repulsión hacia los piratas, debido mayormente a que un grupo de piratas haya sido el responsable de la muerte de sus abuelos, una herida que lo marcó de forma permanente y que aún no lograba superar, de hecho podía no matar a criminales ni piratas, pero con los piratas no tenía un trato amable, de ahí que sus palabras con la peliazul fuesen tan secas y bruscas, al ser una pirata no podía evitar tratarla de esa manera. Por otro lado estaba el hecho de que los piratas eran criminales y como marine debía arrestarlos, algo aparentemente simple para muchos, y viéndolo desde el punto de vista lógico lo era, simplemente era un agente de la ley y un criminal, no había mucho que indagar o pensar. Sin embargo, en contraposición a ambos estaba un sentimiento que el joven pelirrojo no podía evitar ni borrar, uno que se debía a su pasado y a cómo era la pirata que tenía en frente, tanto físicamente como por su personalidad, ambas recordándole a Titta y por ende provocando que un enorme dilema se formara en su interior, por un lado su posición como marine y sus sentimientos hacia los piratas le decían que arrestara a la joven sin importar nada, pero por otro lado, el recuerdo de Titta, el sentimiento de impotencia que sintió cuando llegó a su casa y no encontró más que los cuerpos de sus abuelos y a Titta desaparecida hacían que ahora quisiera proteger a Maria de la forma que no pudo hacerlo con ella.
Conforme el joven pelirrojo de la marina iba hablando con la sirena podía ver cómo sus expresiones iban cambiando, siendo que al verla sonreír veía a Titta nuevamente, en esos días donde pasaban toda la tarde juntos, leyendo o contando historias, aquellos días tranquilos, donde el arquero solo quería regresar a casa con su familia y disfrutar de una vida pacífica sin molestar a nadie, sin atacar a nadie, solo viviendo en armonía con su entorno, teniendo el bosque como su gran jardín y una vida sencilla y plena. En cierto modo mirar a MM a los ojos le recordaba esos tiempos y realmente deseaba que no estuvieran en extremos opuestos de la sociedad, para él ella no era malvada, no era una criminal cruel o que mereciera ser perseguida, no, algo en su interior le gritaba a berridos que ella no eligió ese camino, algo le habría sucedido y no logró encontrar otro camino, bien por ser influenciada por las personas equivocadas o por alguna situación de su pasado que el joven desconocía, pero algo no encajaba entre su personalidad alegre y despreocupada con lo que solían ser los criminales.
Cuando el joven contramaestre le preguntó por lo que había ocurrido con esos hombres ella dijo que le daban consejos de corazón, y los ojos del marine se fijaban en ella tras guardar la comida, y todo parecía seguir como entonces, pero de pronto el ambiente cambió por completo, el clima tranquilo y alegre se apagó, la joven apartaba la mirada y sus brazos buscaban tapar su cuerpo, algo que hizo que el rostro del marine se tensara en una expresión firme, seria y de desagrado. No era necesario ser demasiado avispado para comprender el significado detrás de esos gestos, impulsivos y automáticos, los mismos que el marine pudo ver cada vez que había un caso de asalto, abuso o tráfico humano, era el gesto de alguien que se sentía sucio por actos ajenos a su control, por ser esclavizados, forzados y en muchas ocasiones drogados o quebrados mentalmente para mantenerlos sumisos en todo momento, siendo algo que desgraciadamente mayormente ocurría a mujeres, sin importar la edad. La joven dijo tener que irse, su voz no sonaba tan alegre, toda su postura se veía como asustada, aterrorizada incluso. Un marine promedio ya se percataría de lo que pasaba, pero el joven arquero tenía cierta facilidad para leer el entorno, encontrar detalles que se escondían en las palabras, actos y el entorno, y sabía que la joven había sufrido un auténtico infierno, que no siguió ese camino por su cuenta, sino que alguien en el pasado decidió que su voluntad no importaba y por ello decidió atacarla. Pese dentro de su remolino de emociones la joven trató de alegrar el ambiente y mantuvo la promesa, entregando unas cartas al marine, quien no sabía qué decir o si era mejor guardar silencio. El joven tomó los cuatro sobres que le entregó la joven, completamente callado, observando como la joven deseaba desaparecer, siendo que tuvo que usar todo lo que tenía para evitar lanzarse a abrazarla por varios motivos. El primero era que ver un marine abrazando una pirata sería el final de su carrera y no podría sobrevivir entre piratas odiándolos. Segundo, si su pasado era lo que el joven sospechaba, hacer algo así sin aviso en esa situación podría desencadenar una reacción traumática y eso solo le haría sentirse peor.
Bertram observaba a la pirata alejarse y luego se puso a leer las cartas, una a una, tras sentarse a lomos de su fiel mascota quien caminaba hacia el barco de la división luciendo apenado por la joven, casi parecía entender lo que había ocurrido. De entre las cartas la mención de una tal Unnie llamó su atención, sobre todo por el hecho de que mencionaba algo de convencer al loco de Jensen de su matrimonio, siendo que el imaginar esa situación esbozó una sonrisa apagada en el rostro del arquero, quien deseaba realmente que la joven Merlot pudiera lograr superar su pasado.
Resumen: Nothing.
Karmas:
Positivos: Perceptivo
Negativos: Rivalidad, Tic, Muletilla, Risa Excéntrica, Épico, Mal pasado
Maria Merlot
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
120
103
120
51
120
83
89
110
0
0
Narrador / María Merlot
………………………………………….
Tenía que irse…
Debía irse…
¿Quería irse?
La presencia del perfecto marine pelirrojo cayó en los sedimentos de sus recuerdos, levantando memorias aprisionadas que le gritaban porque era una mujer desterrada de la sociedad, marginada de una vida normal. La mayoría de las veces los grillos en su cabeza, tan ruidosos, ocultaban la realidad de su esencia, pero, hoy, Bertram Gaufrid los había apagado dejándola a merced de sus fantasmas.
¡Debería hacerse responsable!
¡Debería consolarla!
¿Por qué tendría que hacerlo?
Él no tenía ninguna obligación o lazo con ella. El marine solo se vio arrastrado en su “manera” loca de solucionar los problemas. María en su inocencia pensó que nunca más se cruzaría con él, después de todo estaban en lados opuestos de la balanza. Eso sí, siempre intentaba cumplir sus promesas, aunque fueran simples o causaran risas a otros; ella le había dicho que le escribiría postales, entonces, la celeste lo hizo, claro no tenía como enviárselas porque no conocía su nombre. Ese día, decidió simplemente enviarla a cualquier base de la marina, después de todo… ¿Cuántos pelirrojos con esposas pelicelestes podrían existir en esa facción? En su cabeza, pocos, quizás solo él. Claro, ahora conocía su nombre, un nombre que encajaba muy bien con su aura, eso haría que las próximas postales llegaran más rápido y, por supuesto, al destino correcto.
Los orbes ámbar de María estaban enfocados en los sobres coloridos extendidos hacia Bertram. El tiempo pareció ralentizarse a la espera de que este los tomara. Cuando lo hizo, sus manos quedaron en lados opuestos del papel. Las de ella delicadas, las de él, como alguien que ciertamente practicaba mucho con un arco. ¡Hasta en eso eran diferentes! Ella tenía sus dagas y tantos, pero aunque practicaba con estos, siempre protegía sus manos con guantes, y la verdad, le gustaba más usar sus puños y piernas… porque cuando eres esclava, solo tu cuerpo puedes usar para defenderte.
Cuando soltó los sobres, sabia que el tiempo se había acabado y que ese breve encuentro estaba llegando a su fin. Y posiblemente, nunca más se volverían a encontrar, el mundo era demasiado grande como para toparse por casualidad, dos veces. Ese pensamiento la hizo sentir un poco de decepción, aunque sus emociones, seguían revoloteando descontroladas, siendo el miedo y asco, las que se sobreponían a todos; no hacia él, porque el pelirrojo siempre fue un perfecto caballero, y hasta un breve confidente, sino hacia si misma, su pasado, y su vida.
María nunca subió la mirada, no volvió a verlo a los ojos. Dio un paso atrás, no había palabras que decirle, no había más que intercambiar, ahí finalizaba cualquier encuentro físico. Solo quedarían sus palabras plasmadas en postales de las aventuras que tuviera con sus nakamas… el arquero siempre sabría de ella, de una u otra forma, lo triste, y que en algún momento María entendería, es que él seguiría siendo un misterio porque no habrían respuestas, nunca leería una carta suya refutando, riéndose o contándole una anécdota, historia o algo, cualquier cosa. Lo único que sabría del marine pelirrojo, es lo que descifro en esos instantes robados.
Los ojos viajaron al animal detrás de Bertram, el peluche gigante. Actuando más por corazón, que, por lógica, paso a un lado del hombre, extendió los brazos y abrazo al Walkie Blanco, metiendo su cara entre su suave pelaje. Antes la había calmado, aunque ahora no buscaba consuelo, sino despedirse, la joven semi sirena, quizás por su herencia pez, sentía sintonía natural hacia los animales — … pórtate bien, Rassmusen. Come todas tus comidas, hasta las que no te gusten para que crezcas más grande y fuerte, y tu pelaje se mantenga tan bonito como mi cabello… aunque tiene que ir acompañado de peinarlo cada noche con un cepillo de celdas suaves, cien veces por mechón ¿Si? Cuida de tu amigo, aunque si se porta mal, como su esposa de mentiras, te doy permiso de morderlo, pero no tan fuerte que luego puede dolerle, queremos darle una lección, no hacerle daño ¿Ok? — la dulce voz de la chica, sonaba baja, no tan divertida como antes, solo… resignada al adiós.
Se separo de Rasmussen, dándole una última caricia, se giró y paso al lado del pelirrojo, aun sin verlo a los ojos, no quería observarlo viéndola en un momento tan patético, porque algo le decía que él había visto a través de ella — … Gracias — musito hacia sus pies. ¿A que le daba las gracias? ¿Dejarla ir? ¿Ayudarla en el foso? ¿Haber sido amable? ¿Darle un momento “normal”? Tal vez todas, tal vez ninguna — Adiós, Bertram Gaufrid — se despidió, con un tono indescifrable, pero sin dejar de lado el encanto en su voz. Su nombre, nunca podría olvidarlo, quizás fue lo vivido juntos en el foso, pero no había cabida en su cabeza para un apodo, no por ahora, y quien sabe por siempre sería solo, y todo, Bertram Gaufrid.
Así dio un paso más, y otro más. Hasta que empezó a correr a ningún lugar, porque ella siempre se perdía, así que dejaba que su rota brújula la llevara a donde quisiera, eventualmente conseguiría el camino al mar, dónde pensaba lavarse hasta arrancarse la piel, y luego escribir en su diario secreto lo que había aprendido sobre su Esposo de Mentiras, y sobre todo porque el Estatus Quo nunca debía romperse, siempre mantenerse, seguir la línea establecida…
THE END
Gracias Bertchan por jugar conmigo. Lo he disfrutado. Recuerda: Stick to the status quo jujujuju
Karma Fanático: Hyakinthos.
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