[Pasado | Dharma] ¡Alianzas frúctiferas para un futuro!
#11
Elara sintió que el mundo se volvía de colores brillantes, muy brillantes y muy bonitos, cuando escuchó la risa de Dharma. Era una risa que le gustaba mucho, porque hacía que sus ojos esmeralda se vieran más nítidos y que él no pareciera tan serio como un muro de piedra. El corazón le dio un vuelco tan fuerte que sus alas soltaron una lluvia de plumas rosadas sin que ella pudiera evitarlo, ¡nee~! Se sentía tan feliz que casi se olvida de cómo respirar.

Cuando él se acercó a menos de un metro, Elara se quedó muy quieta, muy tiesa y con las mejillas ardiendo como si tuvieran fuego dentro. Podía sentir el calor que desprendía su cuerpo y sus sentidos aumentados no la dejaban en paz; veía cada detalle de su piel, de sus brazos tan fuertes y de esa mirada que ahora la hacía sentir como si fuera la única persona en toda la isla. Estaba totalmente entregada, se sentía como un pajarito que ya no quiere volar lejos de su nido.

— ¡Nee~! No soy extraña, es que... es que usted me pone así. Me hace decir cosas que no debería — confesó ella con una voz muy bajita y muy dulce, siendo tan honesta que le daba hasta vergüenza a ella misma. — Y sí, me animaría a ir con usted a donde sea. Aunque sea un desconocido... bueno, ya no lo es tanto, ¡porque ya sé que se ríe muy bonito! — añadió con una sonrisa pequeña y muy tímida, mirando hacia arriba para no perderse ni un segundo de su cara.

Su fetichismo la estaba traicionando otra vez, porque tenerlo tan cerca era una tentación demasiado grande. Elara quería tocar sus brazos, quería saber si de verdad eran tan "sólidos" como parecían, y como no sabía mentir, sus dedos empezaron a moverse inquietos cerca de la manga de la túnica de Dharma.

— Dice que no discrimina a nadie... ¿eso significa que aceptaría a una mujer rayo que se tropieza mucho pero que promete halagarlo todo el día? — preguntó inclinando la cabeza hacia un lado, con los ojos brillando de una forma muy especial. — Es que... es que me gusta mucho cómo se ve cuando habla de sus sueños. Se ve muy... muy guapo, ¡nee~! ¡O sea, imponente! — se corrigió rápido, pero ya era tarde porque su cara estaba más roja que su propio pelo.

Dio un pasito más, acortando todavía más ese metro de distancia, hasta que casi podía sentir la respiración de él. Estaba muy nerviosa, se sentía muy, muy nerviosa, pero también sentía que si Dharma le pedía que lo siguiera hasta el fin del mundo ahora mismo, ella diría que sí sin pensarlo ni un segundo.

— No me importa si es caótico, señor Dharma. Yo puedo ponerle chispitas al caos para que no sea tan oscuro, nee~. ¡Solo no me deje aquí solita hablando con las piedras! — susurró finalmente, buscando su mirada con una mezcla de esperanza y de una devoción que no podía ocultar de ninguna manera.
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#12
Dharma aun no comprendía del todo las reacciones de la pelirroja, sin embargo cada momento que pasaba sentía menos preocupación de ser timado o que fuera una clase de enemigo. No parecía serlo, realmente parecía honesta y además estaban en un lugar bastante alejado del bullicio y las personas. Si algo saliera mal realmente el podría defenderse o quien sabe. Entendía que en la mujer habitaba un poder muy interesante y de grandes capacidades, eso le intrigaba, aprender mas sobre las frutas del diablo y más las que eran extrañas y poco vistas. Su curiosidad era autentica, su interés aumentaba en saber que más podía hacer además de "lanzar" rayos y centellas.

| No... no suelo hacerlo... pero también es verdad que soy conocido por ser alguien peligroso... | Suspiraba tenuemente mientras seguía escuchando lo que Elara tenia que decir. | No entiendo mucho el por qué me halagas, aunque entiendo que pueda ser alguien imponente por el trabajo físico que he hecho en mi cuerpo, creo que es divertido de cierta forma que alguien lo aprecie| Sonreía levemente mientras estiraba un poco los músculos de sus brazos dejando verlos por completo y en extensión de fuerza. | Creo que eres muy interesante Elara... Hmm... pero aun no logro comprender |

Se encontraban ahora mas cerca que al principio, sin embargo las intenciones de Dharma no eran turbias ni mucho menos, solamente observaba y analizaba la peculiaridad que rodeaba a esta mujer rayo, sus alas, sus poderes, su forma de ser y expresarse, le parecían extrañas, pero no le causaban una incomodidad real, podía decir que le agrada de cierta manera, pero aun no podía confiarse, pues no era algo que el pudiera hacer de primeras.

El espadachín dio un par de pasos hacia tras, no de manera violenta o molesta, sino como acomodándose de mejor forma en el terreno. | Sabes eso de ponerle chispas al caos suena muy bien... pero es demasiado peligroso ir en este mundo con alguien como yo... | Lleva su mano derecha a detrás de su nuca, como pensando en lo que ella decía, sonaba bonito y agradable, pero el le advertía con una realidad algo tajante| No soy la mejor persona de estos mares. |

Miró como ella se acercaba más hacia el, denotando que tampoco le temía, era extraño que alguien no le temiera, además estaba siendo sincero, sus orbes esmeralda se abrían un poco abandonando la mirada amenazante que solía poseer, era una mujer extraña, pero en un sentido que le agradaba al pelinegro. El clima en aquella zona de isla Karate se mantenía aun agradable, el tiempo pasaba y ahora tenia el imprevisto de estar platicando con alguien, de una mantera poco usual, pero también entendía que era parte de las rarezas de este mundo encontrar otro tipo de personas y que al parecer a veces podía confiar un poco más.
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
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