19 Primaver Año 17, Isla Karate, Centro de prensa.
Tras mis entrenamientos ocurridos en la isla de Karate mientras entrenaba en el Dojo del Hasshoken me di cuenta de que la Isla tiene reglas que son super competitivas. Parece que tienen una historia sumamente importante. Recientemente me hice con una mítica prenda que me encanta portar. Desde que la había obtenido estaba con cierta incertidumbre, su significado era algo que me supera, implicaba que una persona tenía que ser capaz de dominar los estilos de combate más grandes que habían en la zona. Yo no era un experto en esto de las artes marciales. Con suerte había aprendido de la maestra Sira un poco del Hasshoken, pero dudaba de que eso me hiciera un experto.
Parecía una cuestión que quebraba un poco mi confianza, el temor de si es correcto quedarme con algo que puede que me meta en problemas el día de mañana o no. Pero indiferentemente si es así o si no es así ya la tengo encima se vuelve un Tesoro que no pienso perder. Los entrenamientos me llevaron todo el invierno y ya llegó la primavera, el frío ha ido bajando. Me encanta cuando no hace frío siento que puedo disfrutar del día. Si bien quizá no es la mejor época para la producción de arroz porque las tierras no están cargadas de lluvía, se puede disfrutar de otras maneras.
Me encontré con la oportunidad de tener un trabajo nuevo, algo que no fuera lo tipico de recoger arroz y entrenar. Cómo quería darme la oportunidad de tener un trabajo más tranquilo encontré algo interesante. Había encontrado una pequeña plaza en una especie de casa de periódicos que es donde se publica la información importante para que todos lo puedan saber en la Isla. Esa mañana de primavera volé, surcando los cielos con prisa. sintiendo el aire en mi piel expuesta. Mi piel tersa, siente el aire mientras planeo y las malas cambian de arriba a abajo. Es notorio lo mucho que crecí el año pasado en la Isla, me sentía más fuerte, más veloz, podía volar a una velocidad que solo podía imaginar en otras oportunidades.
Mi aterrizaje fue intenso frente a la casa de publicaciones. Llegan a primera hora de la mañana. Esta gente como que no duerme. Mi sorpresa es que ya estaban trabajando. Cuando entró pude darme cuenta que es un trabajo bastante, casero. Un grupo de trabajo pequeño con chicos jóvenes que corren de un lado al otro. —Buenas, vengo por el trabajo…— No puedo presentarme mucho más pues personas pasan corriendo y haciendo a un lado.
—Novedades, novedades, el evento de los cabos gemelos pasó con mucha gente de aquí…—
—Quién lo diría una docena de piratas que hacían vida en las costas de Karate, quien lo podría imaginar.—
—Supieron que la loca de la fotosintesis se comió la cabeza de otro como ella. Dicen que la vieron con Bacalao sabrá algo al respecto.—
—Dicen que entre esos piratas hay un asesino cereal que es muy guapo. También hay un tipo que dice sde el Pe-Pe-Pe.—
—El cocinero de la señora Georgina parece que es el líder de todos ellos.—
Los chicos abren paquetes de periódicos con noticias, encabezados, me dejaba sorprendido con todo lo que hacen tan pocas personas. Un señor que era más bigote que cabeza, de un tamaño bastante pequeño, va señalando a todos qué hacer. Me acerco hasta él para que note mi presencia y no lo hace hasta que estoy demasiado cerca. —Buenas, vine a asistir con el trabajo que hay en el cartel de afuera. Lo vi hace unos dias y quiero ayudar.— No quiero estorbar pero siendo tan grande es muy difícil no serlo para ellos que trabajan metidos en todo este desastre de papel y máquinas de tinta.
—Ñam, Ñam, Ñam, que bueno que llegaste. Necesito que publiques los nuevos carteles de se busca. —
—¿Los qué?—
—Los carteles muchacho, Estas personas que están aquí son buscadas a nivel mundial por la marina y si bien ellos no tienen jurisdicción aquí, no podemos aislarnos del mundo, todos deben saber que son caras peligrosas. En la Isla Karate siempre se busca inspirar a otros y cuando algún miembro de la Isla se vuelve famoso por cosas buenas o malas se busca dar una opinión al pueblo.—
La explicación fue clara, seguido de eso me dejaron un bolso con papeletas. estaba tan pesado que ni entre dos podían, pero al yo agarrarla noté que ellos simplemente son unos escuincles.
—Repartelos, también tienes una pega, que te ayudará con los papeles. Ahora vete, no vengas hasta que termines y te daré tu pago.—
Imité un saludo marinero al llevar mi mano izquierda a la frente. —Si señor. — Un trabajo sencillo, de inmediato me retiré pues las personas hasta pasan por debajo de mis piernas para buscar lapiceros y anotaciones. Que molesto. No hice esperar y comencé a salir de allí para comenzar con el poster que estaba justo en frente de la sala de los periódicos.
Lo bueno de haber vivido en la isla por todo un ciclo de estaciones es que conocía algunos de los lugares y luego de sacar los poster viejos al arrancarlos podía barnizar la pared y pegar los nuevos. El primero lo pegué sin ningún orden y fui sacando una y otra vez. Revisando con el bolso encontré muchas caras que no eran para nada conocidas para mi, mi sorpresa es que no fueron las únicas. Había ciertas caras, con los nombres y con sus montos en ellas.
Tras ponerlas, en diversos lugares se escuchaban historias, rumores de pasillo, cuentos de lo vivido y de los espectadores que solo tienen la verdad a medias. Admito que para mí fue un deleite pues estas historias me encantan. Muchas personas contaron demasiados chismes sobre los tripulantes. Cómo la gente podía ver un gigante de 20 metros orinando en las playas más retiradas.
Muchos decían lo buena que estaba la sopa del cocinero. Cómo muchas personas estaban encantados al ver a la chica de cabellos celeste correr girando o persiguiendo gente. Los rumores de que come gente eran demasiado frecuentes, pero era curioso, ella no parece una persona que pudiera comer a otro ser vivo.
Los póster cada vez más retirados me llevaron a caminos por barrios de otros artistas marciales. Cerca del Dojo del Karate gyojin, o del Okama Kenpo. Mientras más retirados se convertían en unos más aburridos. También había señores mayores que jugaban dominó y decían que la mujer mink les parecía atractiva. Yo la verdad es que para mi una tarea como esta es un paseo por la isla ya que mis alas me permitían recorrer grandes distancias en poco tiempo. Lo que me quitaba más tiempo era retirar y pegar los posters nuevos.
Me llevó su tiempo poder hacer una actividad y tuve que recorrer algunos locales entregando los pósters y me sorprendía que pasaba el día a tarde y yo aun los estaba repartiendo. Mientras más retirado más la gente miraba con miedo a las personas retratadas con precios y cuando más alto más miedo tenían. Algunos no querían que sus hijos vieran esas fotos pues podrían inspirarse.
El cocinero, La mujer lagarto me quedé con una copia de cada uno. También me quedé con uno de Mink y uno de la mujer de cabellos celestes. Me parecieron bonitas luego de la opinión popular fue fácil quedarme con uno de cada uno. También estaba uno de Lan que no podría quedarse por fuera. Último pero no menos importante: uno de un sujeto con cabellos rosados y el tipo de un tal Jensen Valentine. Esos me los quedé porque me parecían familiares por alguna razón.
Estos periodistas están como locos, me dieron una cantidad como para ser el triple de los carteles que había. Esto no tiene ningún sentido. La cantidad de comercios que me los recibían fueron disminuyendo y con el paso llegaba la tarde cada vez más pasada la hora hasta el punto que me harté. Mi paciencia se hizo cada vez menos. No me quedó de otra que volar por encima de los pueblos y repartirlos dejándolos caer desde las alturas. Una medida desesperada. Repartidos como si dejara caer la sal desde el codo, parecía una lluvia repartida donde las caras de los más buscados del south blue hacían sus mejores o peores poses.
Mi trabajo de vuelo fue mucho menos, pero sí pude escuchar mucha gente molesta que me decía todo tipo de cosas. Entiendan que yo solo estoy haciendo mi trabajo y estoy harto del mismo.
Volar de regreso hasta la casa de periódicos no fue una llegada tan energía era la de un hombre que estaba cansado de andar volando todo el día de un lado para el otro. Era un dolor de espalda muscular y por mucho que quisiera pararse erguido me provocaba jorobarme. Tras tocar la puerta el hombre de pequeño con bigote me abrió. Ahora el negocio estaba solo y curiosamente estaba todo ordenado.
—Aquí le traigo su bolso y su pega.— Le entregué.
—Pero aquí quedan unos 7-8 posters.— Se los retiré y los guardé pues eran para mi y no los perdería.
—Es que esos son miso, demenlos. —
—¿No seras tu un cazarrecompensas?—
—No se preocupe. De serlo sería el peor, por que a algunos de ellos los conocí.—
El hombre soltó una risa. me entregó un sobre con dinero. No era un monto astronómico pero todo esto serviría. Cada centavo era uno menos que le debía a mis deudores.
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