¡Denle un almuerzo gratis a ese hombre![Pasado][Hasegawa Shin]
#1
Día 13 de Primavera, Año 17


Era un soleado día de primavera, ya estaba claro para todos que distaba bastante del invierno de hace tan solo un mes y poco más, el sol brillaba con pasión en el cielo cubriendo la tierra del Reino de Samba con su luz, las construcciones de piedra de la zona comercial más pulidas reflejaban igual que algunos vidrios aquella luz que iluminaba a todos en aquellas amplias calles y grandes edificios de igual manera, pues quienes allí estuvieran serían afortunados y bendecidos con la opción de disfrutar una gran variedad de lujos y placeres.
 
En aquella zona donde el viento regresaba lo suficiente para que el sol no fuera agotador pero la humedad facilitaba sudar, había diversos establecimientos para comprar o rentar diversos productos o espacios, entre ellos había un restaurante con un modelo particular donde había mesas públicas a la calle o habitaciones privadas para que la gente pudiera disfrutar de su comida en privado desde la planta alta con ventanas a la calle si así lo deseaban específicamente.
 
Frente a ese establecimiento estaba una mujer de metro setenta de altura (1.7m) cubriendo su cabeza con una mano mientras por sobre aquella mano sobresalían un par de orejas de conejo blancas como la nieve, aquella joven tenía ojos como un par de rubíes y parecía estar esperando o buscando a alguien con expresión cansada y algo irritada, era fácil notar que estaba vestida para la ocasión con un atuendo nuevo y algo peculiar, bolso, moño y falta en rojo combinando con sus ojos; una camisa blanca para ir a juego con el blanco de su cabello y el pelaje que se podía ver fácilmente en sus hombros apretado en su abdomen con un mini corsé; zapatos, medias y guantes largos de color azul para resaltar con el resto del atuendo. Aquella que muchos a simple vista podrían decir que era una mujer hermosa se veía irritada y decepcionada por lo que probablemente fuera un plantón para una cita, al menos su lenguaje corporal tanto de animal como humana delataba aquello para cualquier espectador que estuviera dispuesto a mirar.
 
El tiempo ya hacía casi dos horas desde que la joven Hiiragi estaba parada en frente de aquel establecimiento llamado “La cocina de Pandora”, se suponía que tendría una cita con un posible socio de negocios pero un mensajero le había avisado a último minuto que había tenido una emergencia y no podría asistir, que pagaría él tanto la comida de hoy como al próxima reunión que tuvieran, pero eso no cambiaba que la jovencita se había arreglado y estaba muy poco interesada en la idea de comer sola en una habitación privada de un restaurante refinado sin nadie con quien platicar.
 
Fue entonces que lo vio un hombre que a simple vista resaltaba y cuanto menos a ojos de la mujer conejo era un individuo peculiar que seguramente tuviera alguna historia para contar, por no mencionar que era bastante hermoso y Hiiragi no era inmune a dejarse llevar por aquel tipo de atracción ocasionalmente -Hola caballero, buenas tardes- se le acercó sonriendo solo un poco mientras se acomodaba el pelo -Disculpa pero me han dejado plantada en una cita para comer en ese restaurante, pero no quiero entrar sola ¿Podrías venir a comer conmigo? ¿Tienes un rato para salvarme de esta triste situación?- suplicó la chica conejo mientras bajaba sus orejas e inflaba un poco los morros para ser lo más adorable posible ante el esbelto hombre que media al menos 20 centímetros más que ella de altura cuando la humink no tenía sus orejas extendidas al máximo posible.
Outfit
Código:
[b][color=#BF5741]-Habla-[/color][/b] / [i][color=#38A0C2]-38A0C2 Piensa-[/color][/i]
-Habla #BF5741- / -38A0C2 Piensa-
Cronología
  Responder
#2
Sus días en Samba habían sido un lujo que le encantaría repetir una y otra vez. Bailes, gente trabajadora y amable, búsqueda constante de placer o aventuras pasionales con ceses tan abruptos como lo que tardaba en temerle a los vínculos reales, y además buena y deliciosa comida en según que lugares.

No se podía negar que donde habitualmente se movía (entre zonas pobres) a veces costaba encontrar buenos restaurantes, y con ciertos antojos aquel día decidió moverse de espacio para probar suerte. La idea de un sector gastronómico ofreciendo intimidad para degustar los mejores platos del lugar se le hizo excesivamente interesante, a veces hasta los más carismáticos necesitan ese pequeño puntito de privacidad, y tras un largo paseo decidió ingresar a pedir disponibilidad.

En el camino se fijó que había una humink bastante hermosa esperando fuera, su mirada expresaba irritación, por ende decidió dejar escapar la idea de hablarle, sin embargo no pudo evitar seguirla con la mirada en lo que ingresaba al lugar, centrándose en el espacio entre la falda y sus medias, pues aquellos muslos lucían demasiado trabajados y para qué mentirse, apetecibles.

Suspiró entonces, aunque antes de seguir adelante y ya encarándose hacia los interiores del local se detuvo, buscando en el interior de su haori blanco el monedero para cerciorarse de haber traído consigo el dinero suficiente, y fue en ese lapso que se vio interrumpido de forma inesperada, como si sus ojos cerúleos hubiesen llamado a la ley de la atracción para poner a la conejita frente a él, ofreciéndole lo que a primera vista sonaba como un pequeño paraíso.

Sus palabras sonaban dulces, la expresión adorable, aunque la anterior a ella parecía incluso cargar cierto deje travieso. Se fijó en sus orejas acompañando el show y fue en ese preciso instante que se vio completamente convencido, sin lugar a debate. Si ya el propio aspecto físico resultaba lo suficientemente llamativo... en cuanto hizo alarde de sus capacidades sociales se vio envuelto en el punto más álgido de tentación.

—Triste es la vida de quien te haya dejado plantada. ¿Cómo fue que dejaron pasar semejante oportunidad de compartir un rato contigo? —se encaró por completo a la joven, recortando sutilmente las distancias hasta casi invadir su espacio personal —Pero esto suena demasiado bueno para ser verdad. Ya te robaste toda mi atención, ¿no tendrás algún truco, acaso, para robarme algo más? —ladea la cabeza, embelesando su comentario precavido con un tono de broma, tan dulce que podía derretir incluso parte de las defensas sociales más altas.

Shin podía ser endemoniadamente encantador cuando se lo proponía.

—Mira, no respondas. Contigo creo que valen la pena los riesgos, pero debes saber que no me interesa hacer amigos nuevos. —una declaración de intenciones, y al mismo tiempo escapar a vínculos. Le dijo a base de sutileza que se entregaría al placer carnal de darse la oportunidad, no a más.

Claro, Hasegawa era muy emocional, normalmente las buenas personas cruzaban esa línea con suma facilidad, pero no tenía por qué decirlo. Sería entonces que le sonreiría, haciendo contacto visual directo, con sus ojos cerúleos ofreciendo un brillo casi hipnótico —Mi nombre es Shin Hasegawa, si aceptas las condiciones entonces te permito guiarme. Asumo que tenías reserva si te dejaron plantada. —asumió, colocándose de perfil para permitirle pasar y dejarle tomar la delantera.

Karmas
[Imagen: vEBNZb3.png]
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: