Una raya más (Al tigre) [Pre. Relativo - Av. T2]
#11
El tigre corría desesperado con ardor en el pecho, las bocanadas de aire entraban como si prendiesen fuego sus vías respiratorias mientras huía ensangrentado del encuentro con el espadachín. Su instinto le gritaba que algo lo seguía, que los papeles se habían intercambiado. Sentía la presión invisible de la muerte persiguiéndole y sin importar cuantos pasos diese esta sensación no parecía alejarse sin importar cuanta distancia recorriese. No podía calmarse, solo debía huir y cada fibra de su ser se lo advertía. En su torpeza intentó saltar por encima de unas cajas apiladas para irse por los techos, sin contar con su peso al caer quebrando alguna de las cajas, y desparramando su contenido por el callejón: Mercadería de uno de los bares cercanos, botellas de vino importado que aun aguardaba cerca de la zona de bodegaje el ser repuestas por la puerta lateral del bar.

Con sus pocas fuerzas el tigre se levantó del suelo finalmente saliendo del callejón para avanzar por la calle un par de metros.

Al salir del callejón hacia la calle, el choque atronador de voces graves resonaron a su alrededor. Humanas, voces humanas. — ¡A lugar! —Ordenó uno de los marines que ahora rodeaban al tigre. Múltiples chasquidos metálicos se oyeron al unísono por parte de los reclutas removiendo el seguro de sus fúsiles por orden del sargento. Habían escuchado del incidente de los tigres en fuga días atrás, dirigiéndose a la situación y aunque tarde, ahora parecían tener al animal contras las cuerdas.

Los civiles miraban curiosos, aterrados, nerviosos. No había un solo alma que se animase a moverse alrededor del perímetro que habían montado alrededor de la calle los marines, el mismo tigre observaba dispuesto a matar. Su miedo ahora era furia, estaba herido y planeaba poner un fin a su cautiverio, vengar la muerte de sus aliados, su instinto lo impelía

Lo impelía a matar o morir.

Se dispuso a saltar hacia aquel que gritó las ordenes, más una lluvia de disparos comenzó a acribillarlo escuchándose un gruñido desgarrador antes de caer en un charco de su propia sangre. La gente gritaba horrorizada, se escuchaba el llanto de los integrantes del circo de la Luna que estaban deshechos en lágrimas de angustia mientras otros marines parecían disponerse a despejar la zona de civiles.

Pero pese a todo, el caos que envolvía esa plazoleta había pasado

En tan solo 5 minutos

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#12

Barald jadeaba a medida que corría detrás del tigre, el animal sin saber cual iba a ser su destino simplemente corría del pelinegro, pensaba que estaba corriendo de la muerte; pobre, realmente estaba acercándose a la que realmente iba a ser su muerte. Tras sortear todo lo que el tigre iba dejando a su paso el muchacho llegó a otra plaza donde un grupo de marines ya tenían rodeado al felino, momento en el que los sueños del muchacho de frontear con su tigre por todo Sorbet y conquistar a las babys fueron truncados por unos tipos uniformados armados con rifles y gorras a juego, encima se atribuirán el merito de dar caza al felino cuando realmente habían llegado tarde.

Tras un último aliento de su enemigo en un intento de salir de aquella situación demostró su última garra de coraje antes de caer al suelo tras recibir los disparos del pelotón de fusilamiento que habían apretado el gatillo al peligrar la vida del sargento. - Fuiste a por el más gordo eh ... tenias pelotas amigo tigre. - Al ver como lo mataban allí mismo un sentimiento de culpa y de tristeza al mismo tiempo invadió al muchacho. Era triste como un animal tan majestuoso caía de esa manera. Se acercó sin pensarlo mucho hasta el pelotón. - Dog-Tor Demetrius Jonshon, especialista en felinos cuadrupedos, permiso! - Dijo el muchacho que sin pensarlo se acercó al tigre con una seguridad inmensa haciéndose pasar por un médico veterinario.

Tal era su seguirdad en si mismo que sin dudarlo no le opusieron resistencia. Al acercarse al tigre noto que estaba en su último aliento, le colocó la mano derecha en su rostro y cerro sus ojos para que descansara. - Luchaste bien amigo, ojala hubieras sido mi mascota. - Dijo el "Dog-Tor" veterinario con nombre de ex campeon de peso gallo. Se levantó del lugar mirando a los reclutas allí presentes. - Bueno esta muerto, en estos casos creo que vosotros sabréis que hacer con un tigre, yo solo soy un Dog-Tor veterinario. Nos vemos - Se levantó y tras decir un darle una información falsa a los marines a cerca de su nombre y su procedencia haciéndose pasar por el afamado dog-tor veterinario no por miedo a ocultar nada si no por mantener su cuartada, salió de la plaza de vuelta hasta su casa, que era a donde iba a ir antes de encontrarse con el tigre.

Llegó a la plaza donde había ocurrido todo y allí lo paro la mujer a la que se le habían caído las naranjas que todavía no había vuelto a casa, se acercó a el. - Gracias por salvarme! No se como agradecértelo. - Barald simplemente se llevo la mano a la cabeza, rascándose el pelo en señal de incomodidad y sonrió - Bueno ¿ya sabes donde trabajo no? ven a verme, seguro podrías ayudarme con algo. -  La mujer de su bolsillo saco un colgante dorado, parecía oro. - Me gustaria darte esto, es lo menos que puedo hacer -

¿WHAAAAT? salvar a damiselas en apuros en sorbet podría ser un nuevo plan de negocio muy escalable. - Muchas gracias, nos vemos. - El espadachín prosigió su camino mientras veía como los marines ahora se acercaban a los cuerpos de los otros dos tigres tirados en la plaza y el protagonista de esta historia se alejaba del lugar para poner rumbo a su hogar de nuevo, no sin antes tocar el colgante de su pecho, ese que tanto apreciaba y que siempre tocaba cuando salía ileso de un combate. 

Off
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#13
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Aventura TX: Completada


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