El conducto de ventilación descendía en una pendiente irregular que obligaba a avanzar entre salientes de basalto afilado y refuerzos metálicos incrustados con remaches toscos, vestigios de una instalación que en otro tiempo debió de haber sido ordenada y funcional. Las paredes interiores estaban recorridas por tuberías parcialmente arrancadas y cables gruesos que colgaban como lianas muertas, algunos todavía vibrando con una energía residual que se manifestaba en leves chasquidos intermitentes. La humedad lo impregnaba todo; el agua condensada resbalaba por la roca y formaba pequeños regueros que se perdían en ranuras talladas artificialmente en el suelo, como si el drenaje hubiera sido planificado antes de que la guarida cambiara de manos. El aire era pesado, cargado de un olor mezclado de óxido, sudor animal y una tenue fragancia química que persistía como recuerdo del laboratorio que fue.
Las diez avispas adelantadas atravesaron primero un corredor estrecho que desembocaba en una galería más amplia, donde el techo se elevaba en una bóveda irregular sostenida por vigas metálicas ennegrecidas. Desde su perspectiva fragmentada, la sala parecía una intersección estratégica: varios túneles secundarios partían en distintas direcciones, y en el centro se alzaba una estructura improvisada hecha con mesas de acero volcadas y apiladas, formando una especie de plataforma elevada. Sobre ella descansaban restos de equipo humano reorganizado con un propósito nuevo, cajas abiertas cuyos contenidos habían sido redistribuidos en montones ordenados, armas desmontadas clasificadas por piezas, y fragmentos de uniformes extendidos como si alguien hubiera intentado comprender su diseño.
Más allá de esa intersección, las avispas avanzaron por el túnel más profundo, donde la temperatura aumentaba perceptiblemente y la luz natural desaparecía por completo, sustituida por un resplandor rojizo procedente de grietas en la roca que dejaban ver el pulso volcánico de la isla. Fue allí donde percibieron la presencia de diez figuras apostadas en formación semicircular, cada una de ellas más alta y robusta que los simios que habían patrullado el exterior. Su musculatura era más definida, sus cicatrices más numerosas, y portaban no solo lanzas de hueso sino también piezas de armadura improvisada hechas con placas metálicas ajustadas al torso y los antebrazos. Sus movimientos no eran inquietos ni erráticos; permanecían erguidos, intercambiando señales breves y controladas, como oficiales que aguardaban órdenes en una sala de mando.
Estos diez no se limitaban a vigilar, sino que manipulaban objetos con una atención analítica inquietante. Uno sostenía un casco marine, observándolo por dentro antes de ajustarlo sobre su propia cabeza para comprobar su encaje; otro trazaba marcas en la roca con la punta de una lanza, replicando patrones geométricos que recordaban esquemas tácticos; un tercero desmontaba y volvía a montar un rifle con movimientos lentos pero cada vez más precisos. La jerarquía entre ellos era evidente en la forma en que cedían espacio y bajaban ligeramente la cabeza cuando una presencia mayor se movía en el fondo de la sala.
Al final del túnel se abría la cámara principal, una estancia natural ampliada artificialmente, donde el techo se elevaba lo suficiente para que columnas de vapor ascendieran desde fisuras incandescentes en el suelo. La iluminación rojiza proyectaba sombras alargadas que distorsionaban las siluetas y convertían cada figura en algo más grande de lo que realmente era. En el centro de la cámara, sobre una plataforma de roca más alta que el resto del terreno, se encontraba el albino.
Su pelaje claro contrastaba con el entorno oscuro como una mancha de hueso viviente, y su tamaño superaba al de los diez que lo rodeaban, no solo en altura sino en densidad física, con una espalda ancha y brazos largos que descansaban sobre las rodillas en una postura que no era de reposo, sino de contemplación calculada. Sus ojos, adaptados a la penumbra, reflejaban la luz volcánica con un brillo pálido mientras observaba el movimiento de sus subordinados, y de vez en cuando emitía un sonido bajo que provocaba ajustes inmediatos en la actividad de los otros. A un lado de la sala, tras una estructura de barrotes improvisados con vigas y cadenas, se distinguían siluetas humanas inmóviles, custodiadas indirectamente por la presencia dominante del albino.
La cámara no era solo un refugio; funcionaba como núcleo de mando. Los diez subjefes formaban una barrera viva entre el líder y cualquier intrusión, ocupados en estudiar, replicar y perfeccionar aquello que habían arrebatado a los humanos, mientras el albino permanecía en el centro, inmóvil pero atento, como si cada vibración en la roca le informara de lo que sucedía más allá de los túneles que lo protegían.
Información
Tras entrar por el conducto de ventilación conseguirás llegar donde el mono albino. Tus insectos te informarán de lo que ven. Antes de poder hacer frente al mono albino deberás derrotan a los diez monos subjefes. Estos tienen una fuerza similar a la de una horda de rango 5. Cada uno de esos diez monos equivalen a 5 de los que derrotaste antes.
Horda Rango 5
Formada por 10 monos.
Tienen 500 PV (50PV cada miembro). Si llega a 0PV serán derrotados.
Dañan el 50% de su PV total por turno. Su velocidad de movimiento/ataque es 50 puntos.
Se pueden derrotar de una sola vez a cambio de 500 energía.
El descenso por las entrañas de la montaña demostró ser para Kibai una auténtica prueba de paciencia y precisión. El mink avanzó paso a paso por el conducto, teniendo que arrastrarse en alguna que otra ocasión, mientras continuaba siguiendo la estela silenciosa de sus avispas exploradoras.
El aire, cada vez más saturado de azufre y el calor que emanaba de las grietas volcánicas debido a la cercanía a las chimeneas activas de Little Garden, hacía que el vapor humedeciese la tela de su camisa y que esta se le pegara al pelaje bajo el uniforme. Sin embargo, su atención no flaqueaba; sus sentidos estaban expandidos, rastreando el mínimo clic metálico o la vibración de un cable que delatara una trampa mecánica.
Al alcanzar la entrada de la cámara principal, el mink se detuvo ante el resplandor rojizo. Con un gesto imperceptible, las diez avispas de vanguardia regresaron a él, fundiéndose con el enjambre de setenta que ya cubría su espalda. La información era clara: diez objetivos bastante más grandes que los treinta que había masacrado antes en el claro de la selva, y uno mucho más grande que el resto. Aquel tenía que ser sin duda el Sujeto A-0.
Con la agilidad de todo un depredador, Kibai no usó el suelo. En lugar de eso, clavó sus garras en las tuberías de acero que recorrían el techo, desplazándose con una agilidad invertida, como una araña que ignora la gravedad. Se movió en silencio sobre los oficiales, examinado sus acciones y la distancia con el líder que los observaba con aburrimiento, así como tomando nota de las figuras humanas atrapadas en la jaula de metal, antes de posicionase exactamente en el centro del semicírculo que formaban.
Kibai respiró hondo antes de exhalar el aire de sus pulmones, y soltó el agarre. El tiempo pareció ralentizarse mientras caía desde las sombras. El acero de Raimei abandonó su vaina con un siseo que cortó el aire caliente y, antes de que el primer oficial pudiera reaccionar, el mink aterrizó en una explosión de movimiento.
Al aterrizar, Kibai hundió a Raimei directamente a través del casco que el simio acababa de ajustarse, atravesando la prenda y el cráneo antes de que pudiera parpadear. El simio ni siquiera hizo un solo ruido, con las extremidades extendidas temblando entre espasmos nerviosos. Sin extraer la espada, Kibai empleó la rigidez que aún tenía su víctima para lanzar una patada lateral con sus garras traseras, desgarrando la yugular del siguiente simio más cercano.
Los enemigos, tomados por sorpresa, reaccionaron despacio. Con su garra libre, el mink atrapó el brazo del simio que montaba el rifle, desgarrándole los tendones del codo y hundiendo sus uñas en su pecho hasta alcanzar el corazón.
Escuchando como sus otros oponentes ya lo rodeaban, Kibai pivotó sobre una sola pierna, usando la inercia para decapitar a un cuarto oponente con un tajo circular de Raimei. El resto se le echaron encima.
Esquivando una estocada de lanza, Kibai se deslizó bajo el brazo del atacante y le abrió el vientre de un solo tajo ascendente, interponiendo los cuerpos de los caídos con el resto, mientras echaba ojo hacia la zona donde se encontraba el Sujeto A-0. Sin embargo, tampoco podía distraerse en demasía, pues otros dos rivales, vestidos con capas de oficial (lo cual no hizo sino incrementar su furia), cargaron a la vez. El mink saltó sobre sus hombros, hundiendo las garras de sus pies en la base del cráneo de ambos, y dio un fuerte tirón hacia atrás, rompiendo sus espinas dorsales de manera simultánea.
El penúltimo, un ejemplar claramente más anciano, intentó una retirada táctica, puede que tratando de reunirse con su líder, pero Kibai le lazó un tajo con Raimei, atravesándole la pantorrilla, y lo remató de una rápida estocada, aunque la espada se quedó atorada en el hueso. Viendo su oportunidad, el último simio en pie se lanzó hacia él con un salto, buscando usar sus largos caninos para atrapar a su enemigo. Decidido a terminar con aquello de una vez, Kibai soltó a Raimei y atrapó al último por el rostro con su garra libre y estampó su cabeza contra la roca volcánica, antes de hundir sus propios colmillos en su carótida. La sangre, caliente y salada, le empapó la mitad inferior del rostro, así como el blanco de la camisa.
Kibai se puso en pie lentamente en mitad del círculo de cadáveres, arrancando la espada del cadáver dódne seguia clavada con un seco crujido de hueso. No intentó limpiarse; dejó que la sangre caliente de los simios empapara su pelaje y su ropa, convirtiéndose en una visión demoníaca bajo el resplandor rojo de la lava. Su pecho subía y bajaba rítmicamente, pero su pulso era frío.
Apretó la empuñadura de Raimei y , adoptando una pose de guardia baja, colocó una mano detrás de su espalda. Sus ojos, ahora con las pupilas verticales totalmente dilatadas por la adrenalina, se clavaron directamente en los ojos del Sujeto A-0. El mink hinchó el pecho y soltó un rugido profundo, vibrante y gutural que sacudió las paredes de la cámara, mientras chispas de color azul comenzaban a recorrer su cuerpo. No era un desafío para ver quién era más fuerte; era el dictado de una sentencia de muerte.
La Caja de Pandora
Resumen
Kibai avanza por el túnel oculto, cubierto por las avispa que continúan al frente. Cuando llega a la cueva volcánica, recoge a las diez avispas detrás de la espalda con las demás y se deja caer en medio de los simios jefes, acabando con ellos en una vorágine de sngre y destrucción. Una vez ha finalizado, suelta un rugido de desafío contra el Sujeto A-0.
Bélico
Empleo 500 de Energía para acabar con la horde de nivel 5
Inventario
Raimei
Creaciones propias
4
Especificaciones
Requisitos: 20 Fuerza | 30 Destreza
Resistencia: 2000
Daño: 80
Escalado: 1 Fuerza | 0,6 Destreza
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 99999999
Descripción: Raimei es un sable de diseño elegante, con una empuñadura negra envuelta en un patrón entrelazado y una guarda dorada curva. Su vaina, de un verde intenso, está rematada con detalles dorados tanto en la parte superior como en la inferior.
Arma de Poder Oculto
raimei001
Punteras
Objetos bélicos
1
Especificaciones
Requisitos: 7 FUE / 10 RES
Resistencia: 500
Daño: 20
Escalado: 0,2 FUE
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 5000
Descripción: Un tipo de arma que se coloca en las piernas para aumentar la potencia de los golpes. Hechos de metal, cuero u otros materiales resistentes.
punteras001
Den den mushi
Comunicación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 4000
Descripción: Animal que constituye el principal método de comunicación. Es idéntico a los caracoles y su tamaño varía entre 5 y 40 cm, aunque algunos alcanzan tamaños superiores al metro y medio. En su estado natural se comunican mediante ondas de radio.
dendenmushi001
Akuma no mi
Haibu Haibu no mi
Paramecia
3
Otorga al consumidor el poder de almacenar en su cuerpo enjambres enteros de insectos y permitirles vivir ahí, convirtiendo al usuario en un humano colmena.
Especificaciones
La Haibu Haibu No Mi otorga a su usuario la capacidad de albergar en su interior enjambres de insectos relacionados a su Control de Akuma. Es una fruta extraña y versátil cuyo potencial es solo alcanzable de manera absoluta mediante el uso de técnicas. Esta fruta se comienza a dominar al alcanzar 60 Puntos de Control de Akuma, al llegar a ese punto el usuario puede usar sus manos para dejar salir insectos y manipularlos. Estos insectos tendrán una resistencia fija y estable de 5 de Vitalidad cada uno y tan solo podrá crear 50 de ellos simultáneamente. Cada insecto gastará 1 de Energía.
Al llegar a 180 Puntos de Control de Akuma el usuario podrá crear hasta 175 insectos simultáneamente, que podrán salir desde ambas manos o desde la boca del usuario. Estos insectos tendrán una resistencia fija y estable de 5 de Vitalidad cada uno. Cada insecto gastará 1 de Energía.
Al alcanzar 240 Puntos de Control de Akuma el usuario podrá crear hasta un máximo de 360 insectos, desde cualquier parte de su cuerpo. Estos insectos tendrán una resistencia fija y estable de 5 de Vitalidad cada uno. Cada insecto gastará 1 de Energía.
Estos insectos se mueven en enjambres conjuntos de 25 miembros, a una velocidad del 60% del Control de Akuma, y se pueden alejar del usuario hasta una distancia de 1 metro por cada 6 puntos en Control de Akuma
Control de Akuma: • 60 CA: Uso básico
• 180 CA: Permite emitir insectos desde las dos manos y desde la boca, y albergar tres especies distintas simultáneamente.
• 240 CA: Permite emitir insectos desde cualquier parte del cuerpo, y albergar cinco especies distintas simultáneamente.
Ventajas:
• Estos insectos agrupados en enjambres dañan aplicando Veneno II, teniendo acceso al efecto Entumecimiento mediante este.
• Mediante el uso de técnicas, el usuario podrá crear insectos venenosos que puedan infligir hasta Veneno III.
• Los insectos son capaces de compartir información que hayan visto con su usuario.
Debilidades:
• Las típicas de una Akuma.
• El daño elemental ígneo afecta a los insectos x2.
Código: Haibu
Gastos de energía y regeneración
Gasto 500 de ENE en aniquilar la horda y recupero 11 por mi nivel, dano un resultado de -489.
Karmas empleados
Ojo felino
Insectos
Ninguna avispa ha sido creada ni destruida en este turno.
Contenido Oculto
Kibai activa su Electro, aumentando su Agilidad en 50 y sus Reflejos en 15
Electro
Mink
7
Información
Requisitos: Mink Nivel 8
Daño: Ninguno.
Coste: 230 de energía por turno
Efecto:
Aumenta en 50 puntos la Agilidad y en 15 los Reflejos. Provoca entumecimiento con los impactos. Causa daño eléctrico.
Enfriamiento:
Dos turnos.
El usuario Mink potencia su cuerpo con energía eléctrica, aumentando sus capacidades físicas y dañando de forma elemental a sus rivales, además de provocar problemas de coordinación por la energía desprendida.
Código: electro001
Contenido Oculto
Kibai prepara su técnica Shugo Gumpuu, ejecutada de manera dual, cumpliendo los requisitos de 100 puntos de Akuma y 80 insectos, para parar el primer ataque del Sujeto A-0
Shugo Gunpū (Enjambre Protector)
Propio
2
Información
Requisitos: 40 insectos | 50 CA
Daño: No tiene
Coste: 72 Energía
Efecto:
Bloquea 40 + 2 x CA
Enfriamiento:
1 turno
Los insectos que viven dentro de Kibai se agrupan en un círculo compacto de aproximadamente medio metro de diámetro que lo escuda de un ataque inminente.
27-02-2026, 10:59 PM (Última modificación: 27-02-2026, 11:02 PM por Moja.)
El eco del rugido aún vibraba en las grietas incandescentes cuando los últimos movimientos espasmódicos cesaron alrededor del círculo de cuerpos abatidos, dejando la cámara envuelta en un silencio espeso únicamente interrumpido por el burbujeo lejano de la lava filtrándose bajo la roca. La sangre se extendía en canales oscuros que serpenteaban entre las irregularidades del suelo volcánico, mezclándose con el vapor caliente y creando un olor metálico que impregnaba el aire con una densidad casi tangible. Los diez subjefes, que minutos antes formaban una barrera disciplinada ante su líder, yacían ahora dispersos en posiciones grotescas, sus armas aún sujetas por manos sin vida y sus armaduras improvisadas abolladas o partidas por la violencia del enfrentamiento, testimonio inequívoco de la rapidez devastadora con la que habían sido superados.
En el centro elevado de la cámara, el albino no reaccionó con el arrebato animal que podría esperarse ante la aniquilación de su guardia más cercana, sino con una inmovilidad aún más inquietante que la furia. Sus ojos claros recorrieron uno a uno los cadáveres, deteniéndose brevemente en los rostros de aquellos que habían ocupado posiciones jerárquicas bajo su mando, como si estuviera archivando mentalmente la escena y extrayendo conclusiones. Solo después de ese análisis silencioso sus dedos se flexionaron sobre la roca, marcando surcos superficiales en la piedra endurecida por el calor, y su pecho se expandió con una inhalación lenta que no transmitía rabia descontrolada sino una especie de reconocimiento frío ante la magnitud de lo que tenía delante.
Cuando finalmente habló, su voz emergió áspera y grave, cada palabra moldeada con esfuerzo consciente, como si extrajera sonidos de una memoria reciente que aún no dominaba por completo, pronunciando las sílabas con una cadencia irregular que mezclaba imitación y comprensión incipiente.
-Tú… rompes… estructura…- articuló con una ligera pausa entre términos, inclinando apenas la cabeza mientras observaba la figura ensangrentada frente a él. -Ellos… fuertes… pero tú… más fuerte… más rápido… más… preciso.-
Sus labios se tensaron en algo que no era exactamente una sonrisa, sino una reproducción imperfecta de la expresión que había visto en rostros humanos tras una demostración de superioridad.
-Aprendo… de esto- continuó, señalando con un movimiento lento de su mano abierta el círculo de cuerpos caídos. -Error… confiar… en número… en rango. Ahora… yo ajusto.-
La última frase fue pronunciada con mayor fluidez que las anteriores, como si cada palabra dicha consolidara su capacidad de utilizarlas, y en sus ojos no había duelo por los caídos ni furia ciega, sino un brillo calculador que indicaba que la masacre no había quebrado su voluntad, sino que la había alimentado con nueva información.
El silencio posterior a sus palabras no fue el vacío previo a un arrebato, sino la pausa exacta que precede a una decisión irrevocable. El albino descendió de la plataforma de roca con un movimiento controlado, apoyando primero una mano enorme sobre la superficie para amortiguar el peso antes de dejarse caer al suelo volcánico con una estabilidad que desmentía su tamaño. No hubo rugido ni exhibición innecesaria de fuerza; sus ojos permanecían fijos, analizando postura, distancia, ángulos y posibles trayectorias como si cada variable formara parte de un cálculo interno que se resolvía en tiempo real. Sus hombros giraron apenas unos grados, liberando tensión acumulada en la espalda, y sus dedos se flexionaron lentamente, probando el agarre contra el aire caliente como si ya anticiparan el contacto.
Entonces avanzó, pero no en línea recta ni con la carga torpe de una bestia enfurecida, sino describiendo un arco amplio que obligaba a reajustar el centro del enfrentamiento, reduciendo la posibilidad de un intercambio frontal inmediato y buscando un flanco donde la inercia pudiera volverse decisiva. Cada paso era pesado, pero sorprendentemente silencioso para su masa, y el suelo vibraba no por descontrol sino por potencia contenida. A mitad del trayecto, sus músculos se contrajeron en una explosión repentina y se impulsó hacia adelante con una velocidad que desafiaba su tamaño, recorriendo la distancia en un parpadeo y cerrando el espacio con un salto bajo y tenso que mantenía su silueta compacta.
En el aire, su brazo derecho se extendió en un barrido horizontal diseñado no solo para impactar, sino para obligar a retroceder y romper equilibrio, mientras la otra mano permanecía preparada para enganchar, sujetar o redirigir cualquier intento de evasión. No atacaba al azar; apuntaba a zonas vitales y puntos de articulación, intentando medir la resistencia real de su adversario en el primer intercambio. Su mandíbula se abrió ligeramente, dejando ver los colmillos bajo el resplandor rojizo, no en un gesto de rabia sino como preparación para una segunda fase del asalto si lograba acortar aún más la distancia.
Al aterrizar tras el impulso inicial, no se detuvo a comprobar resultado alguno, sino que encadenó el movimiento en una secuencia fluida: un giro de cadera para aprovechar la torsión acumulada, seguido de un descenso abrupto de su peso corporal que pretendía aplastar o inmovilizar, y finalmente un intento de agarre directo al torso que buscaba probar la fuerza comparativa en un choque puro, cuerpo contra cuerpo. La cámara entera pareció tensarse con la violencia latente del impacto inminente, mientras el albino, lejos de actuar como una criatura irracional, demostraba que cada golpe formaba parte de una estrategia emergente, aprendida y adaptada en cuestión de segundos tras observar la masacre de sus propios subjefes.
Información
El albino se lanza a atacarte, ves venir el ataque y lo superas en velocidad, el resto es cosa tuya.
El olor a sangre saturaba la estancia. Era tan pesado que casi podía verlo, moviéndose a su alrededor como una niebla roja que salía de la decena de cuerpos desperdigados a su alrededor como marionetas sin hilos. Y sin embaego, Kibai se sentía más vivo que nunca.
El mink escuchó las palabras del gigantesco mono albino con una sonrisa salvaje. Siempre era mucho mejor enfrentar a un enemigo con conciencia que a un animal que, al fin y al cabo, actuaba por instinto. A este ultimo podía llegar a entenderlo, incluso a sentir ocmpasión por él. Por lo que habían hecho aquellos seres con sus compatriotas de la Marina, en cambio, no había compasión posible.
A medida que el simio descendía de su plataforma de roca, Kibai se percató de que sus movimientos, si bien aún no eran del todo inteligentes, si superaban la burda astucia primordial de los primates que había enfrentado en el claro de la jungla y también sus ojos destilaban una maldad y una observación superior a los diez simios que acababa de aniquilar. Agitando a Raimei a un lado para sacudir el esceso de sangre que seguía corriendo por su filo, el mink apretó los dientes y sacó las garras de su mano libre y ambas patas traseras.
— Vamos allá, pues!
Cerrando los ojos un breve momento, Kibai buscó la sensación de hormigueo que había aprendido a disntiguir como la cerradura que liberaba un poder devastador. Aquel consquilleo se trasnformó en una cascada de electricidad que recorrió cada fibra de su ser, contrayendo sus pupilas y liberando chispas azules a lo largo de todo su pelaje y el filo de Raimei. El Electro, la forma tradicional de combate de todo Mink, por fin era suyo para usarlo.
Y no pensaba malgastar más segundos sin hacerlo.
Con un impulso de sus patas traseras que arrancó una lluvia de piedras al despegar del suelo, Kibai saltó por encima de su gigantesco rival, el cual se había desplazado para atacarlo por un flanco. Sonriendo en parte por como el Electro mejoraba enormemente su capacidad de movimiento, el mink concentró la corriente a lo largo del filo de Raimie a medida que describía un corte en espiral a lo largo de toda la espalda de su adversario.
¡¡GETSUI ZANGEKI!!
La sangre brotó de nuevo, saturando del aroma a hierro y sal el espacio de la caverna volcánica, unido al leve olor a carne quemada allí donde la espada imbuida de electricidad había cortado al Sujeto A-0. Queriendo asegurar el combate, Kibai no se detuvo allí. Con el último giro, clavó a Raimei en el suelo y pivotó sobre la empuñadura, lanzando un tajo con las garras traseras contra el talón de Aquiles de la pierna derecha del gigantesco simio.
Terminada su maniobra, Kibai saltó hacia atrás, dejando la pared volcánica a un metro y medio de su espalda, mientras apuntaba a la criatura con Raimei, la cual volvía a gotear sangre.
— Vas a tener que ajustar mucho más para detenerme, maldito engendro!
La Caja de Pandora
Resumen
Kibai ve venir al Sujeto A-0 y activa su Electro. Acto seguido, esquiva su embestida, ejecutando una técnica a lo largo de la espalda del simio, y un ataque blanco extra con sus garras traseras contra su pierna derecha
Bélico
En primer lugar, desvelo mi hide, en el cual Kibai ha activado su Electro con anterioridad al inicio del movimiento del Sujeto A-0.
Electro
Mink
7
Información
Requisitos: Mink Nivel 8
Daño: Ninguno.
Coste: 230 de energía por turno
Efecto:
Aumenta en 50 puntos la Agilidad y en 15 los Reflejos. Provoca entumecimiento con los impactos. Causa daño eléctrico.
Enfriamiento:
Dos turnos.
El usuario Mink potencia su cuerpo con energía eléctrica, aumentando sus capacidades físicas y dañando de forma elemental a sus rivales, además de provocar problemas de coordinación por la energía desprendida.
Código: electro001
Con ello sufre los siguientes cambios en sus características:
Agilidad: 83+50 = 133
Reflejos: 119+15 = 134
Además, el daño de Kibai pasa a ser considerado como elemental (eléctrico) y sus golpes provocan el Estado Entumecimiento.
Con esto reflejado, Kibai ejecuta contra la espalda del simio gigante su técnica Getsui Zangeki
Getsui Zangeki
Propio
2
Información
Requisitos: 50 Destreza | 30 Fuerza
Daño: Arma + 1,5xDestreza
Coste: 85 de energía
Efecto:
Aumenta la Destreza en 14 puntos durante el ataque.
Enfriamiento:
Un turno
Kibai utiliza su fuerza felina para realizar un giro completo en el aire, pasando por encima de su objetivo. Durante este giro ejecuta una ráfaga de dos cortes cruzados con su sable.
Código: getsuizangeki001
Esta técnica aumenta durante su uso la destreza de Kibai en 14, con lo que esta pasa a ser de 139
El daño de esta técnica es de (40 + 80 + 56) + (139x1.5) = 385 PV
Asimismo, Kibai asesta un golpe blanco contra el talón de Aqules de la pierna derecha de su adversario con sus garras, que unido a las punteras, ocasiona un daño total de 96 PV
Ambos golpes ocasionan contra el cuerpo y la pierna derecha del simio el Efecto Entumecimiento, lo que reduce en un 15% su Agilidad y sus Reflejos.
Inventario
Raimei
Creaciones propias
4
Especificaciones
Requisitos: 20 Fuerza | 30 Destreza
Resistencia: 2000
Daño: 80
Escalado: 1 Fuerza | 0,6 Destreza
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 99999999
Descripción: Raimei es un sable de diseño elegante, con una empuñadura negra envuelta en un patrón entrelazado y una guarda dorada curva. Su vaina, de un verde intenso, está rematada con detalles dorados tanto en la parte superior como en la inferior.
Arma de Poder Oculto
raimei001
Punteras
Objetos bélicos
1
Especificaciones
Requisitos: 7 FUE / 10 RES
Resistencia: 500
Daño: 20
Escalado: 0,2 FUE
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 5000
Descripción: Un tipo de arma que se coloca en las piernas para aumentar la potencia de los golpes. Hechos de metal, cuero u otros materiales resistentes.
punteras001
Den den mushi
Comunicación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 4000
Descripción: Animal que constituye el principal método de comunicación. Es idéntico a los caracoles y su tamaño varía entre 5 y 40 cm, aunque algunos alcanzan tamaños superiores al metro y medio. En su estado natural se comunican mediante ondas de radio.
dendenmushi001
Akuma no mi
Haibu Haibu no mi
Paramecia
3
Otorga al consumidor el poder de almacenar en su cuerpo enjambres enteros de insectos y permitirles vivir ahí, convirtiendo al usuario en un humano colmena.
Especificaciones
La Haibu Haibu No Mi otorga a su usuario la capacidad de albergar en su interior enjambres de insectos relacionados a su Control de Akuma. Es una fruta extraña y versátil cuyo potencial es solo alcanzable de manera absoluta mediante el uso de técnicas. Esta fruta se comienza a dominar al alcanzar 60 Puntos de Control de Akuma, al llegar a ese punto el usuario puede usar sus manos para dejar salir insectos y manipularlos. Estos insectos tendrán una resistencia fija y estable de 5 de Vitalidad cada uno y tan solo podrá crear 50 de ellos simultáneamente. Cada insecto gastará 1 de Energía.
Al llegar a 180 Puntos de Control de Akuma el usuario podrá crear hasta 175 insectos simultáneamente, que podrán salir desde ambas manos o desde la boca del usuario. Estos insectos tendrán una resistencia fija y estable de 5 de Vitalidad cada uno. Cada insecto gastará 1 de Energía.
Al alcanzar 240 Puntos de Control de Akuma el usuario podrá crear hasta un máximo de 360 insectos, desde cualquier parte de su cuerpo. Estos insectos tendrán una resistencia fija y estable de 5 de Vitalidad cada uno. Cada insecto gastará 1 de Energía.
Estos insectos se mueven en enjambres conjuntos de 25 miembros, a una velocidad del 60% del Control de Akuma, y se pueden alejar del usuario hasta una distancia de 1 metro por cada 6 puntos en Control de Akuma
Control de Akuma: • 60 CA: Uso básico
• 180 CA: Permite emitir insectos desde las dos manos y desde la boca, y albergar tres especies distintas simultáneamente.
• 240 CA: Permite emitir insectos desde cualquier parte del cuerpo, y albergar cinco especies distintas simultáneamente.
Ventajas:
• Estos insectos agrupados en enjambres dañan aplicando Veneno II, teniendo acceso al efecto Entumecimiento mediante este.
• Mediante el uso de técnicas, el usuario podrá crear insectos venenosos que puedan infligir hasta Veneno III.
• Los insectos son capaces de compartir información que hayan visto con su usuario.
Debilidades:
• Las típicas de una Akuma.
• El daño elemental ígneo afecta a los insectos x2.
Código: Haibu
Gastos de energía y regeneración
Gasto 250 de ENE en activar el Eelctro, y otros 85 de ENE en la técnica; recupero 11 por mi nivel, dano un resultado de -324 ENE.
Karmas empleados
Ojo felino
Insectos
Ninguna avispa ha sido creada ni destruida en este turno.
El corte en espiral había abierto la espalda del albino en una línea amplia y humeante, y durante un instante el olor a carne chamuscada se mezcló con el vapor volcánico que ascendía desde las grietas del suelo, creando una atmósfera aún más densa y sofocante. Sin embargo, la reacción del Sujeto A-0 no fue el alarido ciego de una bestia herida, sino una contracción violenta de toda su musculatura seguida de un giro abrupto que forzó a la herida a cerrarse parcialmente bajo la tensión de sus fibras hipertrofiadas. La sangre descendía por su pelaje blanco en regueros oscuros, pero su postura no colapsó; incluso cuando el tajo en el talón de Aquiles de su pierna derecha comprometió claramente su apoyo, el albino redistribuyó su peso con una adaptación casi inmediata, apoyando más masa sobre la pierna izquierda y flexionando la derecha lo justo para evitar que el daño lo inmovilizara por completo.
Sus ojos, sensibles a la intensidad lumínica, se entrecerraron ante el fulgor azul que recorría el cuerpo de su adversario, y durante un segundo apartó ligeramente la mirada directa, no por miedo sino por cálculo, utilizando la visión periférica y el reflejo rojizo de la lava en las paredes para seguir los movimientos sin exponerse plenamente al destello eléctrico. La leve mueca que cruzó su rostro no era de dolor, sino de reconocimiento ante la naturaleza del poder desplegado frente a él.
-Más… luz… más rápido…- gruñó con voz rasgada, articulando mejor que antes pese a la tensión del combate. -Así… mejor. Aprendo… cuando duele.-
Con una fuerza que desmentía la lesión en su tendón, golpeó el suelo con el puño izquierdo, no buscando impactar directamente sino fracturar la superficie volcánica bajo sus pies. La roca, ya debilitada por el calor interno, se resquebrajó en una explosión de fragmentos afilados que salieron despedidos en múltiples direcciones, obligando a reaccionar ante una lluvia de proyectiles irregulares. Aprovechando el breve caos generado por el estallido, el albino avanzó no con un salto amplio que exigiera apoyo pleno de su pierna dañada, sino con desplazamientos cortos y explosivos, impulsándose con la potencia de su tren superior y usando los brazos para ganar tracción contra el suelo como si fuera una bestia cuadrúpeda en plena carga.
Cuando acortó la distancia, no intentó un barrido amplio como antes, sino una secuencia más compacta y técnica: un amago alto con el brazo derecho que ocultaba un agarre bajo dirigido a la cintura, buscando capturar y aplastar en un abrazo de presión bruta que neutralizara la ventaja de velocidad otorgada por el Electro. Al mismo tiempo, su pierna derecha, pese al corte profundo en el tendón, ejecutó un movimiento inesperado; no un apoyo prolongado, sino una patada corta y violenta dirigida al suelo cercano para levantar otra nube de polvo y ceniza incandescente, intentando nublar la vista y reducir el impacto de la sensibilidad lumínica que lo afectaba.
Su voz volvió a emerger entre respiraciones pesadas pero controladas.
-Electricidad… no basta. Yo… ajusto cuerpo… ajusto ritmo…- sus labios se tensaron en una expresión que imitaba una sonrisa torcida. -Tú… rápido ahora. Yo… más resistente.-
El albino no negaba la herida ni la velocidad superior de su oponente; la incorporaba a su ecuación, reduciendo desplazamientos largos, priorizando agarres y golpes de corta distancia donde la diferencia de reflejos pudiera neutralizarse con masa y presión, todo mientras protegía instintivamente su pierna derecha dañada y evitaba exponerse directamente al brillo eléctrico prolongado que irritaba sus ojos adaptados a la penumbra.
Información
El albino recibe los golpes completamente, pero eso no le impide volver a atacarte. El amago que hace con el brazo y el polvo que levanta hace que no puedas ver correctamente el ataque. Por suerte para ti eres lo suficientemente rápido, escapas del agarre, pero no puedes evitar aun así un golpe en el costado, que te cuesta 250 PV de daño. A este daño ya se le ha restado tu resistencia pasiva. Puedes narrar el golpe como quieras.
Kibai sintió cómo la atmósfera de la cámara se contraía bajo la presión de la masa muscular del Sujeto A-0. La inteligencia del espécimen albino no era solo académica; era una inteligencia marcial, fría y adaptativa que estaba diseccionando el estilo de combate del mink en tiempo real. Cuando la enorme mole se lanzó hacia adelante, renunciando a las cargas largas para buscar un abrazo de oso definitivo, Kibai supo que el margen de error se había reducido a cero.
El aire vibró con el destello azul del Electro. Aprovechando la sobreestimulación nerviosa que su propia electricidad le otorgaba, Kibai tensó los músculos de sus piernas y ejecutó un salto acrobático hacia atrás, intentando sobrevolar el agarre del simio. Sus reflejos eran más rápidos que nunca, pero el Albino ya había previsto la evasión. Mientras Kibai aún estaba en el aire, el brazo del simio cambió de trayectoria con una velocidad antinatural para su tamaño, lanzando un impacto directo hacia el torso del mink.
Fue un movimiento que Kibai no pudo prever a tiempo. Su cuerpo, suspendido en el aire, no tenía punto de apoyo para pivotar. La muerte parecía inevitable en forma de un golpe de fuerza bruta capaz de pulverizar costillas.
Sin embargo, Kibai no estaba solo.
El enjambre de ochenta avispas que cubría su espalda reaccionó con una lealtad instintiva que superaba cualquier orden mental. En una fracción de segundo, las avispas que formaban su escudo de retaguardia se lanzaron hacia adelante, entrelazándose en una masa densa y zumbante justo en la trayectoria del puño del simio, formando un escudo viviente para detener el ataque. El impacto fue seco y brutal; el puño del simio albino atravesó la nube de insectos, pero la resistencia colectiva de las avispas absorbió la inercia necesaria para desviar el golpe lo justo. Decenas de sus compañeras aladas cayeron al suelo volcánico, carbonizadas por el choque o aplastadas por la presión, dejando un rastro de pequeños cuerpos inertes sobre la roca caliente.
Kibai aterrizó al otro lado del simio, rodando sobre el hombro para recuperar la verticalidad. Sintió un pinchazo de dolor en el pecho por el roce del golpe desviado, pero el sacrificio de sus avispas le había salvado la vida. Las supervivientes, apenas una treintena de insectos aturdidos, regresaron rápidamente a su espalda, buscando refugio en su pelaje mientras emitían un zumbido débil y lastimero.
El mink apretó los dientes, sintiendo el sabor metálico de la sangre en su boca. Sus ojos se clavaron en los cadáveres de sus pequeñas aliadas y luego subieron hacia la figura del Albino, que ya estaba rotando sobre su pierna sana para reanudar el asalto.
Kibai no permitió que su rival dictara el ritmo de nuevo. Invocó cada gramo de energía que su herencia Mink y su entrenamiento le permitían. El Electro estalló a su alrededor con una intensidad cegadora, convirtiendo su silueta en un borrón de luz cian. Sus pupilas se dilataron hasta cubrir casi todo el iris, captando cada mota de polvo y cada fluctuación en la luz rojiza de la lava.
— ¡Se te acabó el aprendizaje, engendro!
Haciendo gala de una velocidad que desafiaba la percepción visual, Kibai comenzó a correr en círculos concéntricos alrededor del Sujeto A-0. Sus pies apenas tocaban el suelo volcánico, dejando tras de sí una estela de chispas azuladas. El simio intentaba seguirlo con la mirada, pero la fotofobia provocada por el brillo eléctrico le obligaba a entrecerrar los ojos y a mover la cabeza de forma errática. Kibai trataba de saturar los sentidos de su enemigo, creando una jaula de destellos de luz de la que no había escape.
El calor de la cueva parecía alimentar su electricidad. El vapor volcánico se ionizaba al paso del mink, creando pequeñas descargas estáticas que llenaban la estancia de un olor a ozono quemado. En el momento en que el Albino levantó los brazos en un gesto defensivo, intentando localizar la fuente del zumbido eléctrico, Kibai vio su apertura.
Usando la fuerza centrípeta de su carrera, Kibai pivotó sobre una roca y se lanzó verticalmente hacia arriba. Sus garras se hundieron momentáneamente en las tuberías del techo, flexionando sus piernas para acumular un impulso explosivo que haría palidecer a cualquier resorte metálico. Desde la altura máxima, con la cámara invertida a sus pies, Kibai se dejó caer como un meteorito de justicia hacia el rostro del Sujeto A-0, que había alzado al fin la cabeza localizando a su enemigo.
La electricidad se concentró en el filo de Raimei hasta que la espada dejó de parecer metal para convertirse en un rayo sólido.
¡¡GEKKO NO ISSEN!!
El Sujeto A-0 levantó la vista, sus ojos pálidos abiertos de par en par, cegados por la magnitud del resplandor que descendía sobre él. Intentó levantar un brazo para cubrirse, pero el tendón de Aquiles dañado le falló en el último milisegundo, retrasando su reacción lo justo para que el filo de Raimei encontrara su marca.
El impacto fue un estallido de luz y sangre. La hoja de Kibai cortó el aire, la carne y el hueso con una facilidad aterradora. El resplandor del Electro iluminó por un instante final el rostro del Sujeto A-0, capturando una expresión de una cruda y eterna comprensión terminal: la realidad de que, por mucho que trataase de imitar a los hombres, nunca podría superar la voluntad de un verdadero guerrero.
Kibai aterrizó rodando sobre su hombro derecho, desactivando el Electro a la vez que resollaba fuertemente, mientras chispas residuales aún recorrían su piel y gruesas gotas de sangre caían desde el filo de Raimei.
La Caja de Pandora
Resumen
Kibai esquiva el agarre del Sujeto A-0, pero no puede esquivar por si mismo el golpe posterior. No obstante sus avispas estaban preparadas y lo escudan del impacto. Acto seguido, siguiendo el Electro para aumetnar su agilidad, describe varios circulos en torno al simiogigante para desorientarlo y salta hacai el teecho de la cueva para impulsarse hacia abajo, ejecutando su técnica Gekko no Issen contra él.
Bélico
En primer lugar, desvelo mi hide, en el cual Kibai ha preparado su técnica Shugo Gunpū con anterioridad al inicio del movimiento del Sujeto A-0.
Shugo Gunpū (Enjambre Protector)
Propio
2
Información
Requisitos: 40 insectos | 50 CA
Daño: No tiene
Coste: 72 Energía
Efecto:
Bloquea 40 + 2 x CA
Enfriamiento:
1 turno
Los insectos que viven dentro de Kibai se agrupan en un círculo compacto de aproximadamente medio metro de diámetro que lo escuda de un ataque inminente.
Código: shugogunpuu001
Esta técnica se ejecuta de manera dual, requiriendo 100 de CA y 80 insectos para ello.
La técnica bloquea 40+CAx2, lo que daría un total de 220+40 x2 al ser de manera dual = Bloqueo total de 520PV, que basta y sobra para frenar el golpe del Sujeto A-0. Debido al daño recibido, 50 avispas (cada una con 5PV) son destruidas.
Kibai mantiene el Electro activado. Con ello mantiene los siguientes cambios en sus características:
Agilidad: 83+50 = 133
Reflejos: 119+15 = 134
Además, el daño de Kibai pasa a ser considerado como elemental (eléctrico) y sus golpes provocan el Estado Entumecimiento.
Kibai emplea su pasiva, Cazador Implacable, para entrar en Estado de Inercia de manera automática.
Cazador Implacable
Pasiva
Tienes la morfología de uno de los depredadores más majestuosos que han reinado en la Tierra, y por ello posees una habilidad muy peculiar, exclusiva de tu especie. En concreto, por ser un leopardo, tienes la capacidad de entrar en el estado Inercia de forma inmediata. Además, los ataques que hagas con tus garras y dientes contarán como daño cortante / perforante.
Código: cazimp001
Con ello, pasa a tener un movimiento total de 19.5 (reondeado a 20 metros) y una capacidad total de salto de 10 metros.
Emplea sus 20 metros para describir círculos alrededor del Sujeto A-0 antes de saltar al techo y rebotar contra la cabeza del simio.
Kibai ejecuta contra el rostro del simio gigante su técnica Gekko no Issen
Gekkō no Issen
Propio
2
Información
Requisitos: 50 Destreza | 30 Fuerza
Daño: Arma + 2xDestreza.
Coste: 86 de Energia
Efecto:
Aumenta la destreza en 5 puntos durante el ataque.
Enfriamiento:
Un Turno.
Kibai adopta una postura baja, flexionando las piernas y apoyando una de sus manos en el suelo, imitando una pose de acecho. Su otra mano sostiene la espada con un agarre invertido, el filo apuntando hacia atrás. Acto seguido, impulsa todo su cuerpo hacia adelante y ejecuta un corte diagonal ascendente frente a él.
Código: gekko001
Esta técnica aumenta durante su uso la destreza de Kibai en 5, con lo que esta pasa a ser de 130
El daño de esta técnica es de (40 + 80 + 54) + (139x2) = 452 PV
El golpe ocasionan contra el rostro del simio el Efecto Entumecimiento, lo que extiende el efecto a todo su cuerpo y reduce en un 15% su Agilidad y sus Reflejos.
Inventario
Raimei
Creaciones propias
4
Especificaciones
Requisitos: 20 Fuerza | 30 Destreza
Resistencia: 2000
Daño: 80
Escalado: 1 Fuerza | 0,6 Destreza
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 99999999
Descripción: Raimei es un sable de diseño elegante, con una empuñadura negra envuelta en un patrón entrelazado y una guarda dorada curva. Su vaina, de un verde intenso, está rematada con detalles dorados tanto en la parte superior como en la inferior.
Arma de Poder Oculto
raimei001
Punteras
Objetos bélicos
1
Especificaciones
Requisitos: 7 FUE / 10 RES
Resistencia: 500
Daño: 20
Escalado: 0,2 FUE
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 5000
Descripción: Un tipo de arma que se coloca en las piernas para aumentar la potencia de los golpes. Hechos de metal, cuero u otros materiales resistentes.
punteras001
Den den mushi
Comunicación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 4000
Descripción: Animal que constituye el principal método de comunicación. Es idéntico a los caracoles y su tamaño varía entre 5 y 40 cm, aunque algunos alcanzan tamaños superiores al metro y medio. En su estado natural se comunican mediante ondas de radio.
dendenmushi001
Akuma no mi
Haibu Haibu no mi
Paramecia
3
Otorga al consumidor el poder de almacenar en su cuerpo enjambres enteros de insectos y permitirles vivir ahí, convirtiendo al usuario en un humano colmena.
Especificaciones
La Haibu Haibu No Mi otorga a su usuario la capacidad de albergar en su interior enjambres de insectos relacionados a su Control de Akuma. Es una fruta extraña y versátil cuyo potencial es solo alcanzable de manera absoluta mediante el uso de técnicas. Esta fruta se comienza a dominar al alcanzar 60 Puntos de Control de Akuma, al llegar a ese punto el usuario puede usar sus manos para dejar salir insectos y manipularlos. Estos insectos tendrán una resistencia fija y estable de 5 de Vitalidad cada uno y tan solo podrá crear 50 de ellos simultáneamente. Cada insecto gastará 1 de Energía.
Al llegar a 180 Puntos de Control de Akuma el usuario podrá crear hasta 175 insectos simultáneamente, que podrán salir desde ambas manos o desde la boca del usuario. Estos insectos tendrán una resistencia fija y estable de 5 de Vitalidad cada uno. Cada insecto gastará 1 de Energía.
Al alcanzar 240 Puntos de Control de Akuma el usuario podrá crear hasta un máximo de 360 insectos, desde cualquier parte de su cuerpo. Estos insectos tendrán una resistencia fija y estable de 5 de Vitalidad cada uno. Cada insecto gastará 1 de Energía.
Estos insectos se mueven en enjambres conjuntos de 25 miembros, a una velocidad del 60% del Control de Akuma, y se pueden alejar del usuario hasta una distancia de 1 metro por cada 6 puntos en Control de Akuma
Control de Akuma: • 60 CA: Uso básico
• 180 CA: Permite emitir insectos desde las dos manos y desde la boca, y albergar tres especies distintas simultáneamente.
• 240 CA: Permite emitir insectos desde cualquier parte del cuerpo, y albergar cinco especies distintas simultáneamente.
Ventajas:
• Estos insectos agrupados en enjambres dañan aplicando Veneno II, teniendo acceso al efecto Entumecimiento mediante este.
• Mediante el uso de técnicas, el usuario podrá crear insectos venenosos que puedan infligir hasta Veneno III.
• Los insectos son capaces de compartir información que hayan visto con su usuario.
Debilidades:
• Las típicas de una Akuma.
• El daño elemental ígneo afecta a los insectos x2.
Código: Haibu
Gastos de energía y regeneración
Gasto 250 de ENE en mantener activo el Eelctro, otros 86 de ENE en la técnica Gekko no Issen, y 144 de ENE en la técnica dual de Shugo Gunpū; recupero 11 por mi nivel, dano un resultado de -469 ENE.
Karmas empleados
Ojo felino
Insectos
Un total de 50 avispas han sido destruidas este turno, quedando vivas 30, actualmente enganchadas en la espalda de Kibai.
El destello se extinguió con la misma violencia con la que había nacido, y durante un segundo la cámara quedó sumida en una penumbra rojiza interrumpida únicamente por el burbujeo distante de la lava bajo la roca. El Sujeto A-0 permaneció erguido un instante imposible, su silueta enorme recortada contra el resplandor volcánico mientras una línea oscura comenzaba a abrirse desde su frente hacia abajo, trazando el recorrido exacto del filo electrificado. Sus ojos, aún muy abiertos por el impacto lumínico y la comprensión final, perdieron progresivamente el enfoque; la tensión que sostenía su musculatura hipertrofiada se deshizo como una cuerda cortada de raíz, y el brazo que había intentado cubrirse descendió con una lentitud antinatural antes de quedar colgando sin propósito.
El tendón ya dañado no soportó el peso de su masa cuando el equilibrio se quebró definitivamente, y la rodilla derecha cedió primero con un crujido húmedo que resonó en la cámara. La sangre brotó en una cascada espesa que contrastaba violentamente con el pelaje blanco, tiñéndolo de un rojo oscuro que se extendía a cada segundo. Su torso se inclinó hacia adelante mientras la herida abierta por el último ataque terminaba de dividir tejidos y hueso bajo el calor residual del Electro, y finalmente la criatura cayó de bruces contra la roca volcánica con un impacto que hizo vibrar el suelo y levantó una nube de ceniza caliente. El eco de la caída recorrió los túneles como un último latido profundo antes de extinguirse.
No hubo último rugido ni palabra final articulada con esfuerzo; solo el sonido denso de la sangre extendiéndose entre las grietas del suelo y el leve chisporroteo de las chispas residuales que aún recorrían el aire ionizado. La enorme figura del albino quedó inmóvil, derrotada no solo por la fuerza, sino por la velocidad y la voluntad que jamás consiguió igualar pese a su aprendizaje acelerado.
La cámara principal, antes organizada como núcleo de mando, se transformó en un escenario de devastación absoluta. Los cuerpos de los diez subjefes yacían dispersos en posiciones irregulares, sus armas esparcidas sin orden, y la plataforma central mostraba cortes profundos y salpicaduras que manchaban incluso las vigas metálicas incrustadas en la roca. El vapor volcánico continuaba ascendiendo desde las fisuras, mezclándose con el olor metálico que lo impregnaba todo, mientras fragmentos de equipo humano desmontado permanecían sobre mesas volcadas sin que ninguno destacara por utilidad real. Las armas estaban dañadas, incompletas o corroídas por la humedad; las piezas de armadura improvisada no ofrecían más que peso inútil; las instalaciones eléctricas eran inestables y peligrosas, demasiado degradadas como para representar recurso alguno aprovechable.
En los corredores laterales no se percibía ya coordinación ni vigilancia activa, solo el eco distante del caos disipándose. Los documentos que alguna vez pudieron tener valor estaban incompletos, quemados o cubiertos por fluidos que los volvían ilegibles, y el equipamiento científico restante era obsoleto o saboteado por el propio uso que los simios habían hecho de él. Nada allí tenía valor estratégico, tecnológico ni material que justificara cargar con ello fuera de la montaña.
Lo único que permanecía con auténtico peso en aquella guarida eran las figuras humanas retenidas tras la estructura de barrotes improvisados al fondo de la cámara, siluetas debilitadas que observaban en silencio contenido, todavía atrapadas en un lugar que ya no tenía líder ni jerarquía. Más allá de rescatarlas y abandonar ese núcleo de experimentación fallida, no quedaba nada que mereciera ser conservado, ni trofeo que justificara el riesgo de permanecer un minuto más en un entorno inestable, saturado de calor volcánico y muerte reciente.
Información
El albino recibe los golpes y cae derrotado ante ti. Buen hide para bloquear el daño del mono. En la sala, salvo rescatar a los secuestrados, no hay nada de valor. Este es el fin de esta aventura, tu siguiente post la cierra. Tienes libertad para narrar como sacar a los secuestrados y qué hacer con ellos. Ya no hay enemigos en el lugar. Un placer haber llevado esta aventura para ti.
El silencio que siguió al desplome del Albino fue absoluto, solo roto por el siseo del vapor volcánico y el goteo rítmico de la sangre sobre el basalto. Kibai permaneció inmóvil unos segundos, con los pulmones ardiendo y el cuerpo todavía vibrando por la descarga final. Con un esfuerzo consciente, relajó la tensión de sus músculos y desactivó el Electro; el fulgor azul se extinguió de su pelaje, dejando paso a la penumbra rojiza de la cámara.
Lentamente, se acercó al cadáver del Sujeto A-0. Observó la mole de pelo blanco, ahora manchada de un rojo irreversible, y sintió una punzada de desprecio por la ambición humana que había engendrado tal aberración. Sin mediar palabra, sujetó a Raimei y usó el pelaje limpio del lomo del simio para limpiar el exceso de fluidos de su hoja, devolviendo al acero su brillo original antes de envainarla con un chasquido seco.
Sin perder un segundo en recolectar trofeos innecesarios, Kibai se dirigió hacia el fondo de la estancia, donde la estructura de barrotes improvisados mantenía cautivas a las figuras humanas. Al acercarse, pudo ver los rostros demacrados de los marines y las batas blancas de los científicos. Estaban pálidos, cubiertos de suciedad y con los ojos desorbitados tras haber presenciado la carnicería ejecutada por el mink.
—Tranquilos. Se acabó el desfile —dijo Kibai con voz ronca, evaluando rápidamente su estado físico—. ¿Podéis moveros?
No esperó respuesta. Desenvainó de nuevo y, con un movimiento preciso cargado de fuerza física, descargó un tajo descendente contra el tosco candado que mantenía la celda cerrada. El metal, una aleación inferior recuperada de suministros viejos, saltó en pedazos ante el filo de Raimei. La puerta se abrió con un lamento metálico.
Kibai ayudó a los primeros en salir, comprobando que, aunque debilitados y magullados, la mayoría conservaba la capacidad de andar. Algunos marines, en un arranque de deber profesional, intentaron acercarse a las mesas volcadas para recuperar sus rifles o buscar informes, pero el mink los detuvo con un gesto imperativo de la mano. La cueva, afectada por las vibraciones del combate y la inestabilidad de las fisuras volcánicas, dejaba escapar crujidos ominosos desde el techo.
—Dejadlo. No hay nada ahí que merezca la pena salvar — sentenció Kibai, empujándolos suavemente hacia la salida secundaria—. Solo es chatarra y recuerdos de una pesadilla. Vuestra vida es lo único que tiene valor estratégico en este agujero. En marcha, ahora.
Con paciencia, el mink actuó como el pilar de apoyo para los más heridos, cargando con el peso de los que flaqueaban mientras los guiaba a través del conducto de ventilación y hacia el aire puro de la selva. La salida de la cueva fue un alivio sensorial; el olor a azufre fue sustituido por la humedad vegetal de Little Garden y la luz del atardecer, que ya empezaba a teñir el horizonte.
Una vez estuvieron a una distancia segura de la formación rocosa, Kibai se detuvo y dejó que los marines descansaran sobre el suelo de helechos. Buscó en su equipo y sacó el Den Den Mushi, que milagrosamente había sobrevivido a la refriega. El caracol despertó con un bostezo perezoso, ajeno a la violencia de las últimas horas.
Kibai pulsó el botón de comunicación, sintonizando la frecuencia de la División 60.
—Aquí Kibai. ¿Me recibís, Royal Quiver? —La señal, aunque con algo de estática, era mucho más clara fuera de las paredes de basalto—. He localizado a los resto de una División de la Marina que había sido atacada por uan especie de monos mutados. He acabado con todos los ejemplares que he visto y he rescatado a los supervivientes.
Hubo una pausa de estática antes de que una voz de mando respondiera con alivio al otro lado.
El mink miró a los hombres que tenía a su alrededor; estaban heridos, sucios y traumatizados, pero estaban vivos.
—Preparad los botiquines y debería haber algo de comida decente de esta mañana. Estamos iniciando el camino de vuelta a la costa. Kibai corto y cierro.
Guardó el dispositivo y observó por última vez hacia la montaña. Con un suspiro, el mink se puso al frente del grupo, marcando el ritmo de regreso hacia el barco.
La Caja de Pandora
Resumen
Kibai libera a los marines y cientificos atrapados en la celda de la cueva y los conduce al exterior. Acto seguido, usa su Den Den Mushi para dar noticia al Royal Quiver aceca de su hallazgo y conduce a los heridos hacia la nave.
OFF Roll
Muchas gracias Moja, ha sido una aventura muy divertida, y gracias por incrementar la cuenta de víctimas simiescas de Kibai!