Tocar Cielo | Pasado | Enji
#11
—- Pues… no diría eso… —-respondí con una leve sonrisa, restándole importancia a lo del puente. —- Aunque sí… en algún momento toqué música a cambio de dinero o comida, o quizás donde pasar la noche.

Mi mirada bajó suavemente hacia la lluvia que resbalaba desde el toldo del despacho, formando un pequeño cauce frente a mí. Después, cerré los ojos, permitiéndome volver, aunque fuera por un instante, a mis días en Samba.

—- Conocí a un chico estando en Samba… —- Mi voz era tranquila, suave y con cierto toque de cariño en la misma. —- Gracias a él me dí cuenta que hay un mundo enorme ahí afuera, y qué, más que la gloria, más que las riquezas, más que cualquier otra avaricia mundano, vale la pena explorarlo nada más por saber qué se esconde ahí, y en mi caso… quiero saberlo todo sobre la música.

—- Ahora viajo junto a él para conocer el mundo, por aventura, expandir los horizontes más allá de este muelle, de esta isla. —-- Mis pies jugueteaban a moverse y chocar contra ellos como si fuera un tic de concentración al contar la historia. —- Sin embargo… 

—- Él es pirata —- Suspire tras esas palabras, quedándome en silencio mientras el estruendo de un rayo surcaba el cielo. Con la mirada baja, me limité a observar el leve vaivén de mis pies —- Por lo tanto, al decidir caminar esa ruta con él, sabiendo las consecuencias de las mismas...

—- Supongo qué… —- Y con una verdad que de cierta manera sentí se me quitaba un peso de encima por estárselo ocultando. —- Además de ser músico, también soy pirata. 

No tenía miedo de decírselo, incluso sabiendo que él era un Marine. No me preocupaba acabar encarcelada, ni lo que pudiera ocurrir después de habérselo confesado, pero, siempre lo he creído… ¿Está bien ser Marine o pirata? Al final, la balanza empieza en equilibrio, y son los actos los que definen hacia dónde se inclina la moral de cada uno.

Tomé la mano del chico que alguna vez conocí en este lugar, en este puerto, y que ahora parecía estar frente a mí en una nueva versión, distinta… quizás mejor. Sentí lo mismo que hace un año atrás, el leve frío y la aspereza de su piel en contraste con la suavidad de la mía.

—- Sigo siendo la misma, solo que ahora… —- murmuré, antes de alzar la mirada hacia sus ojos carmesí, le sonreí nuevamente. — he trazado mi propio camino, y no pienso apartarme de seguirlo… ya sabes lo terca que puedo ser.

Tomamos caminos separados, y sin embargo, no puedo odiarle.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#12
La tormenta escupió sus últimos bufidos, desgastada por el tiempo y las fuertes corrientes  de viento que acosaban Baterilla. El agua caía a raudales pero los truenos, apiadándose de la íntima conversación, bajaron la intensidad de su rugido, cada vez más lejanos y esporádicos. El grueso del temporal estaba pasando.

—Oh, no, todo comienza con un chico —señaló Enji y se acomodó mejor de perfil, apoyó el hombro en la reja y se cruzó de brazos sobre el estómago—. Desembucha, a ver.

Estaba preparado para escuchar cualquier tipo de historia, desde estafas hasta romances, pasando por tragedias y batallas, después de ese inicio. Todo tipo de aventuras podían empezar por un “Conocí a un chico”. O a una chica. Podría decirse, genuinamente, que una nueva etapa de su vida había empezado así. “Conocí a una chica en las playas de Baterilla…”, y ahí estaba, mucho tiempo más tarde, con una historia completamente diferente. En una página distinta, de un libro distinto, después de que un simple abrazo lo instó a volver a respirar.

Lo que escuchó no estaba demasiado lejos de su propia experiencia. Otra forma, otros papeles, pero un encuadre similar. Caminos que se encontraban y daban a luz nuevos senderos, nuevas direcciones. Distintas, dispares, incluso enfrentadas. La dulce y amable Miyori subida en un barco pirata… ¿Quién lo diría? La miró a los ojos, sus manos se unieron y el tiempo pareció regresar a la noche del incendio.

—(...)he trazado mi propio camino, y no pienso apartarme de seguirlo.

Enji sonrió. No una sonrisa triste, melancólica o conflictuada por la situación y la posición en la que se encontraba ahora, sentado frente a una pirata declarada. Una sonrisa de genuina diversión.

—Entonces, esa es tu gran resolución, eh… —Un rayo cayó a lo lejos y la sombra de su luz se reflejó en las insondables pupilas del marine, que soltó la mano de Miyori y se levantó. Dio unos pasos hacia la lluvia y se paró en el límite del área protegida por el toldo, a un paso de volver a ser engullido por el diluvio—. Muy bien, señorita pirata. Esa es una gran forma de decirlo. ¡Es la manera correcta de decirlo!

La sonrisa de Enji se ensanchó, enseñando los dientes a la tormenta. Se volteó para mirar a Miyori por encima del hombro mientras el temporal se apaciguaba; la lluvia se volvía más fina; los rayos, más lejanos. Poco a poco el cataclismo se convirtió en otra noche lluviosa en la tropical Baterilla.

—Exploralo todo, vete lejos y luego ve todavía más allá. —Se regresó, la mirada llena de determinación y la ancha sonrisa llena de desafío—. Pero no creas que será fácil. Si tu amigo pirata se cruza en mi camino, si arman una tripulación y mi división se topa con ustedes… ¡No habrá distinciones! —Extendió su mano derecha hacia Miyori, abierta, ofreciendo su ayuda para que se levantara del suelo—. ¡Será divertido! Como gatos y ratones. ¡Consigue todo lo que puedas hasta el día en que te capture! ¡O el día en que ustedes me maten! —La emoción era permanente en su voz, en su mirada, en su gesto—. De eso se trata este juego de “héroes y villanos”, ¿no crees, Miyorcita?
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#13
“Pero no creas que será fácil. Si tu amigo pirata se cruza en mi camino, si arman una tripulación y mi división se topa con ustedes… ¡No habrá distinciones!”

Su mano se extendió frente a mí como una promesa teñida de guerra, era la advertencia anticipada de un futuro incierto. Bajé la mirada hacia su palma mientras lo escuchaba, en su voz había indicios de una ferviente emoción reflejada en una sonrisa de lado a lado para dejar implícito los caminos que habíamos elegido, y aun así… sentí una leve punzada de decepción.

¿Capturar? ¿Matar? ¿De verdad hablábamos de eso?, la tormenta a nuestro alrededor comenzaba a ceder, transformándose en una lluvia más dócil, apacible y domable, sin embargo, dentro de mí se alzaba otra tempestad casi igual a la que desaparecía, silente y a la vez inquietante. No me agradaba aquella idea… porque Enji había reducido mis palabras a un simple enfrentamiento de rojo contra azul

Entonces lo miré con un gesto que indicaba tristeza camuflada con una sonrisa de simple resignación, y mi mano nuevamente se sostuvo en la suya, aceptando su ayuda para finalmente incorporarme frente a él.

—-- Jamás huiría de ti. —-- mi voz salió serena, tranquila, y solté su mano con suavidad para disponer ahora a recoger del suelo el estuche de mi violín. Con unos pasos tranquilos me situé ahora a su lado, justo al borde de aquella cortina de lluvia que ya no representaba peligro… pero que, al cruzarla, parecía marcar el final de nuestro encuentro casi fugaz. Nuevamente reflexioné en sus palabras y en cuanto lograba lastimarme pensar un futuro donde fuésemos solo eso, enemigos.

—-- Y jamás tomaría tu vida en mis manos, ni permitiría que otros lo hicieran. —- Suspiré, dejando escapar una melancolía inevitable. Sabía quién era él, sabía quién era yo, y aunque ahora la etiqueta se reduce a Marines y Piratas, no creo que eso me importe en el futuro. Tal vez mi forma de ver el mundo no encaja con otras personas, pero, simplemente no puedo dividir el mundo en blanco y negro, yo siempre he creído en el equilibrio, y que cada accion tiene su consecuencia.

—-- Si nos volvemos a encontrar en el futuro, y las circunstancias te obligan a cumplir con tu deber…. —- Ahora lo miré calmada, no decepcionada, no triste, lo miré con una dulzura honesta—- antes de capturarme, espero al menos puedas saludarme como a alguien a quien aprecias mucho.

—-- Y por favor… que nuestro próximo encuentro sea con un clima normal, sin incendios, sin deluvios, sin tornados, quizás…. compartir un momento juntos de un café, o una cerveza, aunque debo admitir que no soy muy buena soportando el licor.

Mis dedos se tensaron levemente sobre la correa del violín pues temí que ese futuro jamás llegará, pero aún así, el destino siempre encuentra su manera de entrelazar caminos, de darle sentido a cada encuentro, a cada vínculo que nace incluso en los lugares más improbables. En Baquella conocí muchas personas como también en Samba. Mis ojos azules conectaron en aquel denso cielo gris que dejaba ver los relámpagos perdidos ahora en la zona más alejada de la isla, ya la lluvia pronto dejaría de tocar el puerto.

—-- Estaré esperándote señor Marine…. —- Dije en un tarareo cantado, en chiste referente a su primer juego de palabras junto a una risa leve de mi parte, posterior a esas palabras crucé la cortina de lluvia, dejando a Enji bajo la protección de aquel toldo. 

—- Adiós, Enji.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#14
Existen etiquetas, montones de etiquetas, que definen y moldean la realidad de cada uno. La primera es el nombre, la identidad interna y profunda, construída a partir de los montones de experiencias distintas que acarrean la vida. Enji era Enji por quienes eran sus padres, dónde había nacido, cómo lo habían criado y qué había hecho la vida con él. El fundamento troncal de su existencia se escondía detrás de su nombre. Pero existían otras etiquetas, etiquetas secundarias o complementarias, que rellenaban con detalles los puntos huecos de su nombre.

Enji era marine, pero, después y antes de marine, Enji era Enji. Enji elegía sentarse a charlar con una mujer que ostentaba recompensa sobre su cabeza, resguardados ambos dos bajo un toldo olvidado mientras, a escasos metros, el agua fustigaba las calles desiertas de un pueblo. Enji se sentía en deuda con el trato amable y cariñoso de una mujer que le tendió la mano cuando era menos que un vagabundo. Y eso, en el gran entramado que construía su identidad, estaba por encima del título de marine.

Las consecuencias de aquello llegarían algún día. Pero, hasta entonces, elegía ese camino. Miyori y Enji podrían ser amigos. Marines y Piratas serían siempre enemigos. Tenían que elegir. Ese momento era de los amigos.

Quizá otro día, envueltos en sus propias circunstancias, deberían elegir el otro papel.

—¡Shihahaha! Ese es el punto, Miyorcita. ¡No tienes que dejarme atraparte! Tienes que escabullirte. —La sonrisa en sus labios era ancha y su petición, sincera. Habiendo tantos salvajes, abusadores y asesinos sueltos en el mundo, esperaba que las piernas más rápidas fueran las de piratas como ella—. Y darme una buena excusa cuando me pregunten por ti. Tienes que ser rápida, ¿sí? Y hacer tus aventuras lejos de mi.

El cielo chilló a lo lejos, donde rayos y truenos luchaban por capturar la atención en alta mar. Ya lejos de las costas de Baterilla.

—Sin el uniforme, yo te invitaré esa cerveza la próxima vez —dijo, llevándose las manos a los bolsillos del pantalón azúl, estándar del uniforme de soldado raso, y suspirando a la par. Miyori se internó bajo el suave manto de la llovizna, una garúa débil en comparación al diluvio previo, y el final de su encuentro llegó. Enji asintió—. Nos vemos, señorita pirata. En otro mar.

El gran suceso llegaría pronto. El New Era Joy Park y su viaje a la Gran Línea. Esa sería la última ocasión en que se encontrarían fuera de los reflectores del mar más peligroso del mundo, el cementerio de piratas, donde las leyendas iban a ser forjadas.

Enji encendió un cigarrillo y dejó que el humo fuera el único testigo de su despedida, exhalado entre sus labios al articular un último “Adiós” mientras a Miyori la consumía la distancia y el resuello del viento.
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