Capitulo 4: Juego y Deudas
Lugar: Baterilla, zona comercial
Fecha: 14 de invierno del año 16
Hora: 8:30 PM
Lugar: Baterilla, zona comercial
Fecha: 14 de invierno del año 16
Hora: 8:30 PM
Que día aru…-- Musite con un suspiro cargado de pesadez mientras avanzaba por las calles rebosantes por civiles. A mi alrededor el murmullo constante de la ciudad se mezclaba con el eco de mis propios pensamientos, arrastrándose tan lento como mi estado de ánimo y mi propia voluntad. Con un paso casi ligero casi arrastrando los pies con la suela del zapato, estaba pensando en lo primero que debía hacer al llegar a la casa, pero solo podía recordar las tareas pendientes que quedaron por hacer en mi trabajo, Para ser más clara este día había sido realmente largo y en especial aburrido. No es que me quejara de mi oficio, pero prefería la acción antes que llenar documentos o pasar reporte sobre mis aventuras en conjunto, la diplomacia no era para mí.
De pronto mi estomago comenzó a rugir y guiada por el olor de un buen pan fresco, por inercia entre a una panadería en donde tome todo tipo de pan, lo coloque en su bolsa respectiva y pague por ello –¡Gracias! Aru—agradecida por el buen servicio de siempre, me seguí moviendo en aquella transitada ciudad. Estaba buscando un lugar donde relajarme un poco antes de llegar a casa, pero las calles parecían estar mas transcurridas de lo normal, seguramente porque todos regresaban a sus casas por lo tanto me era difícil encontrar un sitio ideal.
Fue entonces cuando me detuve en seco, justo a mitad de la calle, como si una idea repentina hubiera tirado de todo mi cuerpo, al desviar mi rostro hacia el costado derecho, mis ojos se posaron en un estrecho callejón que se abría entre los edificios, un atajo silencioso que desembocaba en la siguiente calle. No era precisamente el camino más rápido para llegar a mi apartamento, pero tenia algo que lo hacia tentador y eso era: la soledad y el silencio.
Desde mi punto de vista podría decir que el callejón estaba limpio, tranquilo, casi como un pequeño respiro en medio del bullicio constante. Tal vez no ganaría tiempo, pero si algo de privacidad y de descanso. Miré a mi alrededor por pura precaución, asegurándome de que nada llamara la atención, luego con un leve encogimiento de hombro, como restándole importancia a la opinión de las personas, me desvié sin más hacia el callejón.
Avance unos pasos hasta encontrar un rincón despejado, el silencio allí era casi acogedor. Me dejé caer con cuidado, acomodándome lo suficiente antes de sacar un bollo caliente, sin prisas, di el primer bocado a lo que di un pequeño grito de satisfacción –¡Delicioso aru!—confese tras dar otro mordisco, a simple vista parecía un animal comiendo entre la oscuridad, pero me daba igual.
De pronto mi estomago comenzó a rugir y guiada por el olor de un buen pan fresco, por inercia entre a una panadería en donde tome todo tipo de pan, lo coloque en su bolsa respectiva y pague por ello –¡Gracias! Aru—agradecida por el buen servicio de siempre, me seguí moviendo en aquella transitada ciudad. Estaba buscando un lugar donde relajarme un poco antes de llegar a casa, pero las calles parecían estar mas transcurridas de lo normal, seguramente porque todos regresaban a sus casas por lo tanto me era difícil encontrar un sitio ideal.
Fue entonces cuando me detuve en seco, justo a mitad de la calle, como si una idea repentina hubiera tirado de todo mi cuerpo, al desviar mi rostro hacia el costado derecho, mis ojos se posaron en un estrecho callejón que se abría entre los edificios, un atajo silencioso que desembocaba en la siguiente calle. No era precisamente el camino más rápido para llegar a mi apartamento, pero tenia algo que lo hacia tentador y eso era: la soledad y el silencio.
Desde mi punto de vista podría decir que el callejón estaba limpio, tranquilo, casi como un pequeño respiro en medio del bullicio constante. Tal vez no ganaría tiempo, pero si algo de privacidad y de descanso. Miré a mi alrededor por pura precaución, asegurándome de que nada llamara la atención, luego con un leve encogimiento de hombro, como restándole importancia a la opinión de las personas, me desvié sin más hacia el callejón.
Avance unos pasos hasta encontrar un rincón despejado, el silencio allí era casi acogedor. Me dejé caer con cuidado, acomodándome lo suficiente antes de sacar un bollo caliente, sin prisas, di el primer bocado a lo que di un pequeño grito de satisfacción –¡Delicioso aru!—confese tras dar otro mordisco, a simple vista parecía un animal comiendo entre la oscuridad, pero me daba igual.

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