De copas y capas |Priv (Pasado]
#1
Año 16
Isla Baterilla| Pueblo Baquella
Taberna

Después de un largo día de trabajo y aburrido era el momento de descansar, y de paso tomarse algo libertad después de tanta formalidad, por lo que tras cenar decidió que su estómago también merecía llevarse una alegría, o mejor dicho, el mismo se merecía darse una alegría por lo que pido una jarra de cerveza bien fría, al día siguiente libraba por lo que pensaba meterse por el gaznate todo el alcohol que le cupiera. ¿Resaca al día siguiente? Probablemente, pero… ¿Quién se lo iba a reprochar?

– ¡Jefe, cuando puedas! – Le dijo al camarero, cuando pasó por su lado en la barra – Una jarra de cerveza bien fría, por favor. – Le pidió sonriente.

El hombre asintió con la cabeza sonriente, debía rondar los sesenta y pico de años, pero el hombre ahí seguía atendiendo sonriente como si disfrutará de aquello. Eso le hizo darle vueltas a su situación, era cierto que estaba cumpliendo la promesa que le había hecho en su lecho de muerte, pero… ¿Acaso era eso lo que quería hacer con su vida? ¿Realmente su vocación era ser marine? Había visto cosas de ellos que no le había gustado nada.

– Bah, no importa… – Se dijo a sí mismo tratando de convencerse.

Realmente, por lo general, a él no le gustaba detener a personas que cometieran delitos leves,  especialmente si eran tales cosas como robar comida. Las situaciones de cada persona llevaban a cometer actos que generalmente no cometerían en caso de estar en una situación más favorable.

Cuando la jarra apareció frente a él, no tardó en servir el líquido dorado en su vaso, cuando observó la jarra se dio cuenta de que en ese jarra había para tres o cuatros vasos más. Tomó su vaso y lo alzó en un brindis silencioso, un brindis hacia la mujer que le dio la vida.

No pasó mucho tiempo hasta que noto que la puerta de la taberna se había vuelto a abrir, cuando giro el rostro para comprobar de quién se trataba, pudo ver el rostro de una mujer que conocía, aunque no hubiese hablado demasiado con ella, no más de un intercambio de saludos y poco más. No sabía que también estaba de servicio en Baterilla…

– Buenas noches, compañera. – Dijo girando levemente la cabeza hacia la recién llegada.

No estaba seguro de si ella andaba aún de servicio o había terminado, y como él, había ido a una taberna a descansar y relajarse un rato.
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#2
En este nuevo camino de vida que he escogido, que he decidido llamar “libertad” se supone que no todo debe ser arduo trabajo y orden por doquier, debo permitirme momentos de recreación. Y para ello he escogido visitar la taberna del pueblo o una de tantas que ha de tener.

Escogí el primer lugar que vi e identifique como una taberna, empujé la pesada puerta de roble, sintiendo dos cosas al instante en que pise el lugar. Por un lado, el bullicio interior te envolvía al instante haciendo imposible escuchar tus propios pensamientos, y por otro lado, el aroma agridulce del lugar y ese olor a madera vieja, sudor de hombres trabajadores y de cerveza es lo que flota en el ambiente y lo que percibe mi olfato gastronómico. Aunque no soy fan de tanto ruido el lugar no era nada asfixiante, ahora solo necesitaba encontrar el rincón perfecto para disfrutar de mi tarde libre.

Caminaba buscando el lugar adecuado cuando escuché el saludo, ladee ligeramente la cabeza ¿alguien me ha reconocido? la sorpresa y mi propio movimiento de cabeza permitió que un mechón de cabello se escapara de mi sitio. Hice una pequeña mueca, que puede bien haber sido una especie de sonrisa cansada pero cordial, o de desagrado, dependerá de cómo lo miren. Me acerqué con paso tranquilo, ni siquiera mis pisadas se oían ya que se perdían entre los murmullos y las risas.

Buenas noches ¿Nos conocemos de algún lado? Pido disculpas si he olvidado tu rostro y nombre.

Por supuesto que aquello es imposible, recuerdo a la perfección cada rostro con el que he compartido una o dos palabras, pero admito que es una buena manera de iniciar conversación. Me dejé caer en la silla frente al chico que me había hablado.

No esperaba encontrar otro uniforme por aquí a estas horas, aunque supongo que todos buscamos lo mismo: un poco de silencio tras una ardua jornada de trabajo.

Hice una seña casi imperceptible al tabernero, uno que a mi juicio parecía tener claridad las señas y los movimientos de todos aquellos que llegaban en búsqueda de olvido y relajo. El tabernero se acercó y observé de reojo la jarra de mi compañero de oficio, mi tolerancia al alcohol no es tan alta como la mayoría, pero si quiero socializar he de empezar por algún lado.

Una jarra de cerveza rubia si es posible, y unas patatas fritas para acompañar. Muchas gracias.

Tono amable, sonrisa en el rostro y nada que vuelva tenso el ambiente, nunca.

¿Es la primera o ya vas como por la cuarta por culpa de un rudo día?

Me acomodé en la silla relajándome por fin, abandonado toda postura rígida que la disciplina me impone durante las horas de servicio. En ese momento, no era una oficial, ni una pieza del engranaje de la justicia del Gobierno, solo una mujer buscando un respiro.
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#3
Observó como la mujer a la que había saludado se sentó frente a él, pidiendo una cerveza y unas patatas fritas. Parecía que ella también tenía hambre. Lo cual era normal, aunque él en ese momento no había pedido todavía nada de comer, aprovecharía a que volviera el camarero con lo que ella había pedido para poder pedir algo más… Pero no muchas cosa, una hamburguesa, patatas fritas y una tabla de quesos.

Ahora era el momento de responder a las palabras de ella pues había guardado silencio hasta que ella pidiera lo que quisiera tomar.

– No estoy seguro, pero me consta que como mínimo nos hemos cruzado alguna que otra vez. – No estaba seguro al cien por cien debido a su escasa memoria, pero sabía que esa chica le sonaba y no solía equivocarse con las chicas guapas.

Ante la pregunta de si iba con su primera o cuarta copa, el pelirrojo no pudo evitar esbozar una sonrisa. Y es que Jesse si algo conocía era a si mismo, y  de su descaro solía hacer uso a menudo, pero cuando bebía era otro nivel.

– Si llevara cuatro cervezas seguramente habría empezado a tirarte los tejos. – Dijo con total seguridad y naturalidad, como si fuera lo normal. – Solo dame un rato más y lo notaras. – Dijo medio bromeando, pero era cierto, con unas cuantas cervezas se pondría en modo seductor.

Además, debía reconocer que la mujer era guapa, bastante guapa, y no solo eso, tenía un algo que la hacía atrayente, era cierto que Jesse no tenía un tipo de mujer, pues podían gustarle mujeres muy diferentes, y seguramente esa mujer podría entrar entre los gustos de Jesse.

– Por cierto, no me he presentado. – Mostró una sonrisa enseñando los dientes. – Me llamo Jesse Spencer. Pero puedes llamarme Jess. – Le habría guiñado un ojo, pero era tuerto, por lo cual era absurdo intentarlo, además de que no podía.

Esperaba que al menos pudieran tener una conversación animada y no se centrará en el trabajo, pues odiaba hablar del trabajo cuando salía de este, y esperaba que ella tampoco tuviera intención de hablar de ello, por lo que decidió tomar la iniciativa.

– Dime una cosa… ¿Hay algún motivo para que te hayas sentado en la misma mesa que yo o solo es por que te he saludado? – Su sonrisa se amplió, mostrando nuevamente sus dientes.

Tenía bastante curiosidad, pues parecía bastante osado por parte de ella, aunque ni mucho menos le había molestado. Al contrario, le gustaba eso.
[Imagen: 2ngknii.png]
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