22-04-2026, 10:02 AM
Año 16
Isla Baterilla| Pueblo Baquella
Taberna
Después de un largo día de trabajo y aburrido era el momento de descansar, y de paso tomarse algo libertad después de tanta formalidad, por lo que tras cenar decidió que su estómago también merecía llevarse una alegría, o mejor dicho, el mismo se merecía darse una alegría por lo que pido una jarra de cerveza bien fría, al día siguiente libraba por lo que pensaba meterse por el gaznate todo el alcohol que le cupiera. ¿Resaca al día siguiente? Probablemente, pero… ¿Quién se lo iba a reprochar?
– ¡Jefe, cuando puedas! – Le dijo al camarero, cuando pasó por su lado en la barra – Una jarra de cerveza bien fría, por favor. – Le pidió sonriente.
El hombre asintió con la cabeza sonriente, debía rondar los sesenta y pico de años, pero el hombre ahí seguía atendiendo sonriente como si disfrutará de aquello. Eso le hizo darle vueltas a su situación, era cierto que estaba cumpliendo la promesa que le había hecho en su lecho de muerte, pero… ¿Acaso era eso lo que quería hacer con su vida? ¿Realmente su vocación era ser marine? Había visto cosas de ellos que no le había gustado nada.
– Bah, no importa… – Se dijo a sí mismo tratando de convencerse.
Realmente, por lo general, a él no le gustaba detener a personas que cometieran delitos leves, especialmente si eran tales cosas como robar comida. Las situaciones de cada persona llevaban a cometer actos que generalmente no cometerían en caso de estar en una situación más favorable.
Cuando la jarra apareció frente a él, no tardó en servir el líquido dorado en su vaso, cuando observó la jarra se dio cuenta de que en ese jarra había para tres o cuatros vasos más. Tomó su vaso y lo alzó en un brindis silencioso, un brindis hacia la mujer que le dio la vida.
No pasó mucho tiempo hasta que noto que la puerta de la taberna se había vuelto a abrir, cuando giro el rostro para comprobar de quién se trataba, pudo ver el rostro de una mujer que conocía, aunque no hubiese hablado demasiado con ella, no más de un intercambio de saludos y poco más. No sabía que también estaba de servicio en Baterilla…
– Buenas noches, compañera. – Dijo girando levemente la cabeza hacia la recién llegada.
No estaba seguro de si ella andaba aún de servicio o había terminado, y como él, había ido a una taberna a descansar y relajarse un rato.
Taberna
Después de un largo día de trabajo y aburrido era el momento de descansar, y de paso tomarse algo libertad después de tanta formalidad, por lo que tras cenar decidió que su estómago también merecía llevarse una alegría, o mejor dicho, el mismo se merecía darse una alegría por lo que pido una jarra de cerveza bien fría, al día siguiente libraba por lo que pensaba meterse por el gaznate todo el alcohol que le cupiera. ¿Resaca al día siguiente? Probablemente, pero… ¿Quién se lo iba a reprochar?
– ¡Jefe, cuando puedas! – Le dijo al camarero, cuando pasó por su lado en la barra – Una jarra de cerveza bien fría, por favor. – Le pidió sonriente.
El hombre asintió con la cabeza sonriente, debía rondar los sesenta y pico de años, pero el hombre ahí seguía atendiendo sonriente como si disfrutará de aquello. Eso le hizo darle vueltas a su situación, era cierto que estaba cumpliendo la promesa que le había hecho en su lecho de muerte, pero… ¿Acaso era eso lo que quería hacer con su vida? ¿Realmente su vocación era ser marine? Había visto cosas de ellos que no le había gustado nada.
– Bah, no importa… – Se dijo a sí mismo tratando de convencerse.
Realmente, por lo general, a él no le gustaba detener a personas que cometieran delitos leves, especialmente si eran tales cosas como robar comida. Las situaciones de cada persona llevaban a cometer actos que generalmente no cometerían en caso de estar en una situación más favorable.
Cuando la jarra apareció frente a él, no tardó en servir el líquido dorado en su vaso, cuando observó la jarra se dio cuenta de que en ese jarra había para tres o cuatros vasos más. Tomó su vaso y lo alzó en un brindis silencioso, un brindis hacia la mujer que le dio la vida.
No pasó mucho tiempo hasta que noto que la puerta de la taberna se había vuelto a abrir, cuando giro el rostro para comprobar de quién se trataba, pudo ver el rostro de una mujer que conocía, aunque no hubiese hablado demasiado con ella, no más de un intercambio de saludos y poco más. No sabía que también estaba de servicio en Baterilla…
– Buenas noches, compañera. – Dijo girando levemente la cabeza hacia la recién llegada.
No estaba seguro de si ella andaba aún de servicio o había terminado, y como él, había ido a una taberna a descansar y relajarse un rato.

![[Imagen: 2ngknii.png]](https://i.imgur.com/2ngknii.png)