Muchas cosas comenzaban a interponerse en su mentalidad, antaño calma y presumida, con la certeza de que no iba a ser vencido por ningún oponente al imponerse con sus poderes. Antes de esa faceta, el dominio diestro de la espada lo volvía una auténtica amenaza contra casi cualquier tipo de rival que hasta ese entonces se había topado, manteniendo una relajación prácticamente absoluta, sin embargo, desde que consumió esa extraña fruta y el elemento de la luz se apoderó de su cuerpo, sufrió dos derrotas que no olvidaría nunca.
La primera, de un aliado al que pasó a respetar. Observaba su rostro en el periódico que tenía entre sus manos, recibiendo la noticia de que es un tenryuubito y además, fue ascendido a Capitán, Enji Saint Vangelis. También poseía un poder venidero de las akumas, algo que le interesaba estudiar a fondo y que lo tomó por sorpresa, considerando que desde entonces las habilidades en torno al potencial lumínico fueron mejoradas por su parte, esperando pedirle una revancha de aquel entrenamiento.
Y la segunda, en medio de la red de esclavistas, que los engañaron gracias a la pantalla del New Era Joy Park. Curok Odail, teniente de la marina, y un infeliz wotan de diez metros que le dio una de las mayores palizas que había recibido en su vida aún y si durante la gran mayoría del combate pudo hacerle frente, cayendo inconsciente y siendo rescatado por su amigo, Kael. Muchas cosas pudieron haber salido mal, y prácticamente fue un milagro que tras semejante caos todos los miembros de su división y de la ochenta hayan sobrevivido, libres, algo que agradecía internamente.
Desde entonces fueron movidos por los marines a la isla que pisaba, Matsuri, y separados de la División Ochenta bajo la típica excusa de las responsabilidades. Imaginaba que en realidad y al menos durante un tiempo, no querían concentrar todo el potencial de ambas divisiones en un sólo sector, aunque ya se había establecido la idea de ejercer la justicia en conjunto. Mientras junto a la Setentaicinco esperaban y se preparaban para avanzar, proyectando la compra de algún barco nuevo antes de seguir, evitando correr prisas.
El problema, es que a pesar de todo ese ego suyo prevalecía, sumado a una gran frustración por no haber conseguido dar un mejor rendimiento, culpa de errores vitales que sólo le correspondían a él, y desde entonces desarrolló una obsesión absoluta por entrenar y entrenar, mejorando sus habilidades con la fruta del diablo que consumió, apuntando a elementos difíciles con tal de entender el funcionamiento de esa luz, los límites y los alcances máximos.
Tras un breve descanso, donde leía la actualización de los wanteds, al pirata que no dejaría de perseguir, Dharma, ascendiendo a los ciento treinta millones, y el valor de gente como Barald o Tezca, decidió seguir, dejando el periódico junto a sus cosas y reposicionándose en el campo abierto en las afueras del reino. Había dejado en claro su posición a Kuroshiro, que de alguna forma siempre rondaba en las cercanías y se preocupaba por todos con la misma intensidad, y pasó horas probando superar los límites establecidos hasta que eventualmente cayó la noche sobre la isla.
A Hasegawa no le importó, y convertido de manera completa en luz, empezó a entrenar lo que pretendía, sería una nueva técnica con la cual buscaría superar sus límites actuales, volviéndose más rápido, alcanzando distancias superiores a las actuales y capacitándolo para ejercer un daño todavía mayor al de antes. Eso lo conseguiría expandiendo su habilidad en una aura exterior que se mantendría concentrada sobre su cuerpo, visible en la zona gracias a la fuerte intensidad dorada de la luz, generando sonidos acordes y casi que estruendosos capaces de alertar a personas en los alrededores, aunque hasta donde sabía, estaba completamente solo.
Con ese combo de circunstancias, el albino apuntó hacia el cielo y buscando comprobar cuán lejos podía viajar uno de sus ataques desplegó esa brutal cantidad de energía hacia arriba, levantando una fuerte densidad de luz en forma de esfera que medía dos metros, expandiéndose en un radio de cinco cuando alcanzó una altura nada envidiable de quince metros. La noche durante la explosión pareció convertirse en día, y tras semejante exhibición cayó agotado en el suelo. No le importó llenar de tierra su pantalón holgado blanco, y mucho menos la camiseta negra ajustada, cuya tela se asemejaba a lo térmico y no le daba frío en noches gélidas como aquella.
—Esto no es suficiente... —refunfuñó, con una sonrisa que rozaba el orgullo y bastante ego, aunque manteniendo una diferencia vital en su porte: Insatisfacción. Hasegawa dejó el conformismo y lo reemplazó con una disciplina absoluta, donde se comprometía a alcanzar su mejor versión, a un nivel en donde nadie más pudiese cuestionar su poder, o abriese la posibilidad de darle pelea cualquier enemigo.
Seguía siendo él, pero mejor. Mucho más responsable que antes de perderlo todo.
Mucho más fino en el combate que nunca.
Let there be light
Shin hace uso de la pika.
Pika Pika No Mi
Logia
5
La Pika Pika no mi es una fruta del diablo tipo logia que permite al consumidor transformarse de manera total o parcial en luz.
Especificaciones
La fruta Pika Pika no mi otorga a su consumidor un gran poder ofensivo y destructivo, además de las características comunes a todas las logias, esta fruta cuenta con la peculiaridad de utilizar su forma incorpórea para desplazarse a una velocidad mucho más elevada. El usuario no podrá dominar sus poderes básicos hasta alcanzar 80 Puntos en Control de Akuma (CA), esto implica que cualquier contacto con su cuerpo acabará con este transformado en luz, ni si quiera será capaz de darle la mano a alguien sin transformarse. Una vez el usuario llegue a 80 Puntos en Control de Akuma, el personaje adquirirá control de su cuerpo y será capaz de no transformarse con el contacto físico. Se podrán transformar extremidades o partes del cuerpo por un coste de 25 de energía por turno. Con 240 puntos en Control de Akuma el usuario la dominará por completo y podrá transformar parte de su cuerpo o su cuerpo entero por un coste de 70 de energía. La velocidad de expansión de la luz es igual al 150% del CA del usuario. Cualquier exposición directa con tu luz en un radio menor de 1 metro de ti, de forma pasiva, en transformaciones o intangibilidad, implicará el efecto ceguera parcial durante dos turnos completos. Si es mayor de esa distancia no aplica ningún efecto.
Control de Akuma: • 80 CA: El usuario puede transformar partes de su cuerpo por 25 de energía y moverlas al 150% del Control de Akuma •240 CA: El usuario puede transformarse parcial o totalmente por un coste de 70 de energía y moverse al 150% del Control de Akuma.
Ventajas:
• El usuario es inmune a todo tipo de daños físicos no imbuidos en haki.
• El usuario puede desprender partes de luz y controlarlas a distancia.
• El usuario aplica ceguera parcial en un área de 1 metro de radio entorno a él usando las capacidades de su fruta.
• El usuario recibe un +150 puntos naturales de bono añadidos a la velocidad de desplazamiento o movimiento usando su fruta.
• El usuario puede dispersar su luz o convertirse en esta, y desplazarla o desplazarse a una velocidad del 150% del Control de Akuma como base.
Debilidades: Las habituales en las akuma no mi.
Código: Pika
Y la siguiente técnica lanzada contra el cielo.
Ōgon Kyōmei (Resonancia Dorada)
Propio
3
Información
Requisitos: 110 CA
Daño: 10 + 2.3 x CA
Coste: 113 Energía
Efecto:
Proporciona +8 de CA
Enfriamiento:
1 turno
El usuario concentra frente a sí una esfera de luz pura de unos dos metros de diámetro, que lanza en línea recta hasta una distancia máxima de 15 metros. En ese momento, la esfera se expande repentinamente, provocando una explosión lumínica dorada de 10 metros de diámetro que daña a todo aquel que se encuentre en su área de efecto.
Había pasado muchas cosas, el mar había sido muy grato, a veces muy cruel... El tiempo todo lo curaba, y algunas veces solo volvía más pesadas las cargas... La cruz en mi pecho, a veces pesaba el doble y resonaba en mi mente como promesas, nombres, rostros, hacía volver mis noches mas largas, los hombros mas pesados, los pies más densos y las noches más frías y oscuras, tal como ésta noche. A veces el mar era grato, como dije, y aquellas penas solo eran un fantasma que me acechaba de las sombras...Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar... Y, navegante, no hay camino, se hace camino al navegar. Al navegar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar... Al navegante no hay camino sino estelas en la mar... En las cuales uno solo puede continuar andando en su camino, arrepentido, o con vista hacia delante, solo dejando detrás los ecos de lo que fue y ya no ha de ser...
El mar es grato, y el mar es cruel... Pero el camino ha de ser andado, navegando, siguiendo el horizonte, cargando la cruz que se cargue, o al menos, eso quiero creer y brinda calor a mis noches y paz a mis días.
Había pasado la temprana parte de la noche en una colorida y ruidosa taberna donde música sonaba, se veía gente de toda índole beber, reír, gritar, discutir, bailar, ser... Yo estaba allí, escuchando sin escuchar, siendo sin ser, no me hallaba, las apuestas con los dados me favorecían, y el dinero se me acumulaba en la mesa, más no lograba conectar con aquella emoción que vibraba en mí usualmente... Era una pieza que no encajaba, como una nota un tono distinto que generaba discrepancia en el sonido harmonico de una orquesta. La sensación era asfixiante, el lugar comenzaba a apretarme, quedarme chico, simplemente ya no podía seguir allí.. Pedí una botella de licor, que demoraron unos minutos en traerme, mismo tiempo que me dió a fumar un cigarro mientras la suerte me seguía sonriendo en los dados, aunque todo estaba servido las ganas hacían lucir el brillo de su ausencia dejando un avatar como epitome del vacío allí frente a los otros presentes que me rodeaban. Al recibir la botella la tomé devolviendo el vaso con una sonrisa fugaz como una efímera luz en la noche zurcando el cielo y luego chisté casi internamente. No quería estar allí... No sabía cuanto era la cuenta que llevaba, pero era mucho inferior al dinero acumulado delante mío en la mesa. No dí muchas vueltas, di un trago a la botella directo del pico y me puse de pie ante la mirada de los otros y simplemente me retiré dando la señal a la mesera que allí en la mesa estaba lo que podían cobrarse sin importarme que el vuelto hubiera sido una ganancia en botín tranquilamente...
El caminar y la brisa, hicieron que el frío me abrazara en una irónica paradoja donde sentí el calor al fin, y empecé a encontrarme paso a paso con el camino y la sonrisa no era forzada, como ladrón por la noche que intenta abrir la cerradura, sino más bien como un soplo fresco de viento en un día de calor. Mis pasos no tenían rumbo, pero el destino no importaba cuando el proceso era quien hacía su parte. Entre el andar, cada tanto mi diestra acercaba el pico de aquella botella de licor que me llevé, a mis labios, remediando aquél frío que la noche daba en ofrenda a aquellos que habían decidido encontrarse fuera de resguardo. Sin embargo, así, me sentía al menos en ese momento, resguardado. Y así seguí tramo a tramo, andando el camino, sin un camino que seguir, con todo por delante y el mundo por detrás.
Pronto, una luz, un brillo casi celestial o divino brilló ante mis ojos en la distancia, y sus movimientos no eran naturales, o si lo eran, demasiado naturales, aunque no para algo que hiciera luz, y menos con ese brillo puro, sino más bien una luz casi humana... Claro, mis orbes, color cobre brillaron en respuesta, inmediata, sin mediación seguí la luz, que refulgía como hierro en la forja, adueñandose de la penumbra de la noche anunciando su dominancia ante lo natural. Y para alguien como yo, allí había sido más que un llamado a ver, era la curiosidad, la intriga, la emoción que volvía a mi ser luego de días. La noche que se hacía día paradojicamente había despertado cual sol naciente dentro mío aquello que se había dormido aquel día que se fracturó algo... Finalmente a unos metros comprendí... Un sujeto, solo un sujeto era capaz de hacer que algo tan etereo como la luz se manejara tan humanamente natural. Y allí, cerca, pude ver el espectáculo mientras me agaché a tomar el periódico que había allí, observando al joven que no había notado quizás mi presencia, sin querer perder el detalle. La noche dejo de ser noche y mis ojos se maravillaron y reí a carcajadas, tal demostración fue increíble y era un poder seguramente, un poder digno de admirar en su demostración. Luego pude verme en el periódico a mí mismo mientras éste caía y eché a reír... Mientras el albuno acostado a unos metros se quejó, lo escuché y seguramente el me escuchó a mí también cuando reí y dije —Vaya, me veo algo distinto creo... Quizás sea la foto— soltando al aire entre risas y acercándome al lumínico ser.
Me agaché un poco, periodico y botella en ambas manos, y le extendí la diestra, ofreciendo el licor. Y dejando el periódico en el ñiso me incorporé viéndole. —Nunca es suficiente, nunca será suficiente— le dije haciendo una pausa para encender un cigarro, dar una pitada, echar el humo, y retomar. —Sino no sería divertido... La libertad nunca es suficiente...— concluí echando a reír rostro al cielo.
Incluso en su frustración, el cielo estrellado se seguía viendo igual de bien. Una laguna hacia la nada, donde los sueños vivos y muertos convergían, navegando entre los recuerdos que los formaron, memorias de carácter irreversible, tatuadas en su alma hasta que el corazón deje de latir.
Incluso más allá.
Son el recordatorio de por qué pelea. Las millones de vidas esperando a ser salvadas, los susurros de Himari haciéndole ver el mundo utópico que la llevó hasta el firmamento que sus iris cerúleas podían observar, pues al final, la nada y el todo morían en el mismo punto.
Y con sus ojos fijos allí, en compañía de toda su atención, es que ignoró los pasos acercándose hasta ser demasiado tarde. Una carcajada destronó del foco a los recuerdos que llenaban su espíritu de decisión, sentándose al instante y observando una presencia que se le hacía conocida. Entrecerró los párpados, intentando dilucidar de quién se trataba exactamente, y al observarlo sujetar el periódico, hizo la sumatoria mental que le faltaba.
Sujetó el licor, aún sin beber de la botella. También se mantuvo sentado, la confianza en sí mismo era tal, que no necesitaba ejercer alguna postura de guardia ni mucho menos, incluso con un pirata de su calibre delante. Sólo lo escuchó, intentando entender si fue el brillo de su luz lo que condujo su sendero hasta ese encuentro, o tenía alguna intención adicional. Al menos de momento, pudo detectar la misma emoción que lo consumía instantes atrás, pues Blinton se veía frustrado, tanto que ni un concepto tan amplio como la libertad era capaz de satisfacer esa insuficiencia que cargaba.
—Cill Blinton, capitán de los piratas Smokey. —alzó la botella, ligeramente más alto que su frente —Cien millones por tu cabeza, nada mal. —y entonces se dispuso a beber, un trago largo que no hacía más que reafirmar su comodidad ante un presunto peligro, especialmente luego de demostrar el conocimiento de su identidad, valor, y... "trabajo", aunque el ser pirata no podía ser considerado como tal.
Le devuelve la botella, y al mismo tiempo, adjunta una pregunta —¿Qué podría saber sobre la libertad un pirata como tú? —contrario a lo que podría parecer, la sonrisa tranquila del marine y el tono con cero agresión o retazos de ironía le demuestran a aquel hombre curiosidad genuina. Si quisiera atacarlo, ya lo habría hecho, y el mantenerse sentado era prueba suficiente de que sólo buscaba hablar.
Sujetase el cristal o no, Hasegawa hablaría un poco más, evitando dejarlo en una única incógnita —Te apuesto otra ronda a que te puedo dar una mejor definición de la que tienes. Porque nadie que entienda la libertad diría que no es suficiente. —la curva de sus labios se expande, apoyando ambas manos en sus rodillas, una pose típica de comunidades antiguas, o samuráis, pues las susodichas apuntaban a lados distintos, mientras aguardaba la respuesta del pirata con un brillo particular en su mirada.
Desafío.
Shin no se sentía intimidado, al final, de Cill sólo conocía el wanted y su capitanía en un grupo de más gente. Y si bien, estaba atento a su alrededor, previniendo una emboscada, la calma era su mayor arma, sabiendo que posee habilidades difíciles de contrarrestar para enemigos de su nivel, e incluso, de una talla superior. Bien lo sabía el teniente Curok Odail, si no fuese por los errores que cometió en aquel combate, quizás habría muerto sin saber qué era lo que lo estaba golpeando. Pretendía que sea el caso con los Smokey si se decantaban por hostilidades.
La tímida luz de la luna y las estrellas nos iluminaban de tanto en tanto entre que las nubes se lo permitían dando así una opaca noche de otoño que auguraba más frío que respuestas, sin embargo, lejos del frío de pronto una súbita y cálida sensación me abrigaba por dentro. Aquello que comenzó como una fuga de allí donde me encontraba, al no hallarme pronto se empezó a transformar en un camino que me dictaba seguir, no quedarme allí… El agua estancada se pudre, o así dicen, y no soy quién para ponerme como juez a juzgar sobre lo que se cree, menos cuando mi interior gritaba por más, por lanzarme al camino.
No podía mentir, entre esa amalgama de sensaciones brotando, fluyendo y gritando dentro mío, aquel resplandor, éste tipo, era de alguna forma la confirmación de que cuando el corazón habla a veces simplemente lo mejor es que la mente calle, y dejar que nuestro interior nos guíe. El instinto no falla. Eso quizás reforzaba mi nuevo ánimo y risa, esa que a cada sonido me renovaba el ser. Estaba vivo, y recordar las palabras de Akira y como me veía me reconfortaba y recordaba que pueden haber desvíos, pero el camino es inquebrantable y no está escrito. Que se puede olvidar quien es uno pero nunca dejar de ser. Sus palabras retumbaban en mi mente inundando mi pecho de calma, paz… “El hombre más libre del mundo” así me había llamado y por un rato había olvidado aquello, me había olvidado quien era, sin embargo aquel resplandeciente joven me había recordado quién era. Ya no habían dudas. A veces la vida te daba tortazos, y te desorienta, pero todas las piezas habían vuelto a su lugar nuevamente.
Por lo pronto aquella botella había sido el nexo que nos unía con aquel varón de cabello albino, la calma me invadía y esos aires de libertad que siempre fluían por mi ser de pronto nuevamente emanaban como una fuente de agua viva en mi interior devolviéndome la tranquilidad de aquel que no necesita respuestas porque no tiene dudas ni preguntas. Sin embargo, como quien va recuperando el calor poco a poco después de haber estado sepultado por el frío, poco a poco volvía a reencontrarme con Cill Blinton, ese hombre al que había olvidado en algún punto del camino.
Mi vista se volvió a Hasegawa en el momento que pronunció mi nombre, le dediqué una mirada suave, tranquila con una sonrisa, como si solo me hubiese quedado con mi nombre e ignorado el resto de lo que mencionaba. ~...Smokey Pirates…~ solté una risa muda, de esas que salen en un rápido y seco reflejo de exhalar. Me parecía curioso como mi nombre viajaba más allá de lo que creía y en parte me resultaba gracioso. De cualquier modo, ver que aquel tipo aceptó mi botella y tomó un trago sellando un pacto de confianza entre caballeros fue la confirmación de esa señal que creía, que estaba donde tenía que estar en el momento que tenía que ser.
El albino devolvió la botella y con la misma soltura y naturalidad, me incliné levemente a tomar aquel licor nuevamente mientras escuchaba su réplica redoblando la apuesta. Lo miraba a los ojos, seguro, no despistado ni ingenuo, pero tampoco a la defensiva, más bien con interés genuino, su pregunta tenía matices interesantes… ~¿Un pirata como yo? ¿Será un marine acaso? Podría conocer a Polaris…~ su pregunta y tono era peculiar, claramente los piratas no le pasaban desapercibidos, me resultaba intrigante el saber el porqué, sobre todo al pensar en la posibilidad de conocer a Akira… Ya llevaba tiempo sin verle…
El peliblanco ya había terminado de sellar la apuesta en el aire. No había lugar a la negación, sonrisa en rostro me quité tranquilamente mi capa roja dejándola caer a mi lado, y desatando mi katana de la cintura para sentarme en la misma posición que mi interlocutor, estando al alcance de nuestros brazos, claro, para poder pasarnos el licor, y apoyé mi katana a mi lado.
Asentí con mi cabeza en silencio como ese que acepta sin rechistar y tomé previamente un trago y deje descansar la botella aún sujetándola, sobre mi rodilla.
—Cill Blinton, lo demás no son cosas que yo mismo haya acuñado o adoptado para mí mismo— le dije con amabilidad y calma. —Lamento decepcionarte, solo soy un simple y libre navegante que desea conocer aquello que la libertad tiene para ofrecer a los que se animan a ir tras ella— continué para finalizar con una tranquila risa y dar otro trago. —No existen tal Smokey Pirates… Y cien millones de berries es solo un número, no deberías prestar atención a ello— culminé riendo y luego de un trago le acerqué la botella.
—La última vez que recuerdo, estuve en Kutsukku hace un tiempo defendiendo la libertad de los míos, los tuyos…— le dije, inclinando mi rostro mientras enfatizaba mi mirada en sus ojos, haciendo pública mi sospecha de que pertenecía a la marina. —Y muchos más, teniendo que acabar con el capitán de la marina Landon Coates. Curioso— finalicé riendo levemente. —A veces el dorado no es oro, y a veces oculto en el fango se pueden encontrar las pepas más puras de oro.—
argumenté queriendo dejar un punto. —La libertad no la define nuestro camino, sino como lo andamos ¿No crees?— le pregunté para encender un cigarro.
—Me interesa ese debate, y la apuesta también, no tengo prisas… Solamente que creo… Que ponerle un techo a la libertad, es limitarla, me gusta creer y vivir con la idea de que nunca hay que cortarle las alas a la libertad, nunca se sabe que tan alto nos puede llevar a volar— le dije sin ahondar mucho más. —¿Cómo te llamas por cierto? Me gustaría saber con quien hablo— finalicé con una honesta sonrisa