[Social- PR] Nueve Vidas y un Reporte
#1
Día 27 de Invierno, Año 17.

Nueve Vidas y un Reporte
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La mañana había llegado particularmente fría...en especial para tratarse de una isla tropical como Baterilla. Era esta una de esas mañanas en las que el viento parecía colarse entre las costuras de la ropa y se quedaba pegado a la piel con una humedad incomoda. Era cerca de las nueve y Kyoshiro iba con prisa por las calles de Baquella, el pequeño pueblo costero que se extendía entre casas de paredes blancas y sus coloridostejados anaranjados. El peliblanco no corría del todo, pero caminaba a un ritmo acelerado, con sus pequeñitas alas blancas moviéndose ligeramente a su espalda que salían de su ropa por los cortes improvisados de su hoodie azul. La capucha del hoodie le caía sobre la espalda, dejando al descubierto su cabello blanco plateado, despeinado como siempre, junto con aquellas dos antenitas rematadas en pequeñas esferas claras que se balanceaban apenas con cada paso. 

Durante las últimas semanas, Kyo había estado más cerca de los escritorios, formularios y sellos viejosque de cualquier clase de aventura emocionante. La División 81 lo había mantenido ocupado con tareas administrativas. Era un puesto modesto, pero importante para mantener presencia en aquella isla. No era precisamente el tipo de trabajo para el queKyo se había enlistado...o lo habían enlistado;. El se había imaginado en mares abiertos, islas exóticas, y aventuras que pudiera contar algún día al monasterio...como si fueran historias exageradas de puerto. Sin embargo, allí estaba, cargando una vieja mochila de una sola tira cruzada en diagonal sobre el pecho, llena de papeles, carpetas dobladas, listas de nombres, registros incompletos y una verde libreta donde había intentado organizar la información de la gente de su división. Intentado, por supuesto, era la palabra clave. Varias hojas estaban marcadas con anotaciones en diferentes direcciones, flechas que no llevaban a ninguna parte y pequeños dibujos distraídos en los márgenes. Aun así, hoy tenía una tarea clara: actualizar los datos de los miembros de la División 81 y entregar la información correcta antes de que alguien notara cuántas veces había escrito un mismo nombre de formas distintas.


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Lo más inusual de todo no era verlo con uniforme marine, sino el estado en que lo llevaba. Kyo vestía una camisa blanca con el emblema de la Marina visible al frente sobre su pecho y a la izquierda, cubierta parcialmente por su hoodie azul, también marcado con el logo marine en la espalda. El día de hoy usaba tenis deportivos, prácticos y algo manchados de tierra, junto con pantalones azules cuya parte baja de la pierna derecha mostraba un rasguño evidente en la tela, como si se hubiera enganchado con algo en el camino. Su mejilla izquierda tenía pequeños arañazos rojizos, superficiales pero recientes, y su mano derecha estaba vendada con torpeza, la tela blanca dando varias vueltas irregulares alrededor de los nudillos y la palma. No parecía herido de gravedad, pero sí agitado, con la respiración un poco más rápida de lo normal y el cabello más revuelto de lo habitual. 


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El puueblo despertaba poco a poco a su alrededor. El aroma a sal, pescado fresco y madera húmeda flotaba en el aire mientras los peescadores preparaban redes cerca de la costa y algunas familias abrían las ventanas de sus pequeñas casas . Las calles eran estrechas, decoradas por la luz suave que rebotaba en los tejados anaranjados y en los muros encalados del pueblo. A lo lejos, sobre el acantilado, se alzaba el Faro de Baquella, firme y brillante, como una promesa silenciosa para quienes salían al mar embravecido. 

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Finalmente, después de tomar una calle equivocada, devolverse, preguntar una dirección y entenderla mal por unos segundos, Kyoshiro llegó (casi que por suerte) a la plaza del pueblo. Era un espacio abierto y sencillo, con suelo de piedra clara, algunos bancos de madera gastada y una fuente en el centro cuya agua caía en un murmullo tranquilo, casi musical. La fuente no era enorme ni lujosa, pero al igual que el resto del pueblo...tenía ese encanto humilde. A su alrededor, la mañana todavía avanzaba con calma: algunas ventanas apenas se abrían, el viento frío insistiendo sobre los tejados, y el sonido del mar que llegaba como un eco suave desde la costa. Kyo se detuvo cerca del borde de la fuente, apoyó una mano sobre la tira de su mochila y respiró hondo. Luego miró hacia ambos lados, esperando encontrar a la persona de la División 81 con quien había quedado de verse, pero no vio a nadie... . Por primera vez en mucho tiempo, KYoshiro había llegado antes que la otra persona. Parpadeó, sorprendido por su propia puntualidad, y luego dejó escapar una pequeña sonrisa, amplia y distraída, mientras se sentaba en el borde de la fuente con la mochila aún cruzada al pecho.



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