10-06-2026, 03:21 AM
(Última modificación: 01-08-2026, 10:53 PM por Miyori Hoshino.)
87 Verano año 17
17:35 pm
Joyland Park, Isla Matsuri
Corriente Akai
Matsuri me parecía un paraíso hermoso, apenas habían pasado unos días desde mi llegada a la ciudad y aún no dejaba de asombrarme todo lo que me rodeaba, cada parque, cada esquina, cada calle que parece estar cuidadosamente adornada con arreglos florales y vegetación exuberante, las plantas crecían por todas partes cargadas de frutos y vida, el aire tenía una fragancia dulce a flores como si la primavera no terminara nunca aquí, era eterna.
Estaba cansada, desvelada, las pesadillas no me dejaban en paz y la fatiga del viaje desde Sabakun hasta la Isla de las Flores me dejó realmente sin energía, había tanto por ver, por explorar que un solo día no parecía suficiente para abarcar todos esos lugares tan hermosos, aun así, la suerte me había llevado a descubrir pequeños tesoros musicales en el camino, como si la propia isla me guiara entre sonidos y paisajes. Sin darme cuenta terminé cerca del parque de atracciones de la isla, no en la zona de juegos mecanicos ni en el área comercial, sino en esos espacios de descanso donde algunas familias se detienen a recuperar el aliento lejos del bullicio de la multitud, y allí estaba yo, sentada en una banca en total silencio. Observaba el atardecer extenderse sobre el cielo cuando los colores cálidos y fríos se mezclaban en una paleta imposible, formando un equilibrio casi perfecto, faltaba aproximadamente una hora o quizá menos para que la noche cayera por completo.
En aquel pequeño parque había algunos juegos construidos de metal y cemento, los típicos columpios que crujen con el viento, los sube y bajas, estructuras en forma de cuevas redondas, zonas de escalada y otros espacios donde los niños podían perderse jugando lejos, aunque no del todo, de la vigilancia de sus padres. Solté un leve suspiro y cerré los ojos por un instante, dejando que la brisa fresca que bajaba de los árboles me acariciara el rostro y el cuerpo, por fin sentía algo parecido a la paz. Pero aquel momento no duró demasiado puesto que en ese momento escuché la voz de un pequeño niño dirigiéndose a mí.
—- Disculpe, señora…
—- ¿Señora? —- respondí casi durmiente mientras giraba la cabeza para mirar al pequeño, era un niño de piel morena, con ojos verdes brillantes y el cabello azabache ligeramente despeinado, como si hubiera pasado la tarde entera corriendo sin descanso por el parque.
—-Necesitamos que alguien nos haga girar en el plato giratorio de allá —- dijo señalando con entusiasmo y una voz casi suplicante. Seguí la dirección de su dedo, mis ojos azulinos se posaron en aquella estructura, una plataforma plana con tubos en un arco que servían de apoyo, sobre ella ya había un grupo de cinco niños aferrados con fuerza, listos para girar, solo faltaba un espacio más… probablemente del niño que se lanzó en busca de una ayuda ajena a su grupo.
—-- ¿Puede ayudarnos? —- preguntó entonces, lo miré de nuevo pero ahora con una sonrisa gentil de mi parte a pesar de lo cansada que me sentí. —- Está bien.
Me puse de pie y comencé a caminar hacia ellos, sintiendo cómo el aire fresco volvía rozarme la piel, esperé paciente a que el pequeño terminara de subirse a la plataforma.
—- Bien, empezaré a girarlo ahora,sujétense… — avisé mientras colocaba las manos en la estructura. Comencé a hacer girar la rueda con cuidado, usando la fuerza justa para que tomara velocidad sin volverse peligrosa, el metal crujió suavemente bajo el movimiento y el peso de los niños quienes reían con entusiasmo, sus voces elevándose con cada vuelta. Remonté recuerdos de cuando estaba en mi hogar y jugaba mucho con mis amadas sobrinas, tal recuerdo me hizo sonreír con sumo amor. Los niños gritaban entre carcajadas que deseaban que la rueda fuera más rápido, pero no cedí, mantuve el control para asegurarme de que ninguno perdiera el equilibrio ni saliera volando por los laterales. Cuando sentí que ya era suficiente fui reduciendo la velocidad poco a poco hasta detener la rueda, no quería que el juego terminará en mareos o peor aún en vómitos.
— ¡Eso fue divertido!
— ¡Si, hay que hacerlo otra vez!
Uno a uno, los niños se fueron acercando a mí, tomándome de la mano para pedirme que repitiera el juego, no pude negarme, los complací con un par de rondas más hasta que sus propias voces comenzaron a volverse más lentas, clara señal que ya estaban mareados por tantos giros, supuse entonces que era suficiente y mi “deber” había terminado… o eso creí.
Sin darme cuenta la situación cambió por completo, el algún punto y por alguna circunstancias que todavía no termino de comprender del cómo acabé dentro de la propia rueda giratoria, aferrada a los tubos de metal mientras los niños me miraban con absoluta diversión. “Es su turno” me habían dicho antes de subirme a la plataforma, accedí pensando que no sería tan grave la situación hasta que caí en razón que era seis niños en total, prácticamente igualando la fuerza de un adulto o quizás dos, la cuestión es que aquella rueda empezó a girar con una intensidad inesperada. Demasiado tarde para bajarme.
El movimiento se volvió frenético, el mundo alrededor se difuminó en colores y luces, y el viento arrancó mi sombrero blanco que salió volando hasta caer lejos de mí, posiblemente al suelo del parque o cualquier otro lugar.
—- ¡P-por favor, ES SUFICIENTE! —-grité pero mi voz se perdió entre el viento y las risas de los niños que parecían disfrutar aún más al verme a mí girando que ellos. *Voy a vomitar en cualquier momento* — pensé aferrándome a los tubos con desesperación, o termino vomitando o termino saliendo volando de esa trampa infantil
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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