Bajo un cielo escarlata | Pasado | Barald
#1
87 Verano año 17
17:35 pm
Joyland Park, Isla Matsuri
Corriente Akai


Matsuri me parecía un paraíso hermoso, apenas habían pasado unos días desde mi llegada a la ciudad y aún no dejaba de asombrarme todo lo que me rodeaba, cada parque, cada esquina, cada calle que parece estar cuidadosamente adornada con arreglos florales y vegetación exuberante, las plantas crecían por todas partes cargadas de frutos y vida, el aire tenía una fragancia dulce a flores como si la primavera no terminara nunca aquí, era eterna.

Estaba cansada, desvelada, las pesadillas no me dejaban en paz y la fatiga del viaje desde Sabakun hasta la Isla de las Flores me dejó realmente sin energía, había tanto por ver, por explorar que un solo día no parecía suficiente para abarcar todos esos lugares tan hermosos, aun así, la suerte me había llevado a descubrir pequeños tesoros musicales en el camino, como si la propia isla me guiara entre sonidos y paisajes. Sin darme cuenta terminé cerca del parque de atracciones de la isla, no en la zona de juegos mecanicos ni en el área comercial, sino en esos espacios de descanso donde algunas familias se detienen a recuperar el aliento lejos del bullicio de la multitud, y allí estaba yo, sentada en una banca en total silencio. Observaba el atardecer extenderse sobre el cielo cuando los colores cálidos y fríos se mezclaban en una paleta imposible, formando un equilibrio casi perfecto, faltaba aproximadamente una hora o quizá menos para que la noche cayera por completo.

En aquel pequeño parque había algunos juegos construidos de metal y cemento, los típicos columpios que crujen con el viento, los sube y bajas, estructuras en forma de cuevas redondas, zonas de escalada y otros espacios donde los niños podían perderse jugando lejos, aunque no del todo, de la vigilancia de sus padres. Solté un leve suspiro y cerré los ojos por un instante, dejando que la brisa fresca que bajaba de los árboles me acariciara el rostro y el cuerpo, por fin sentía algo parecido a la paz. Pero aquel momento no duró demasiado puesto que en ese momento escuché la voz de un pequeño niño dirigiéndose a mí.

—- Disculpe, señora…

—- ¿Señora? —- respondí casi durmiente mientras giraba la cabeza para mirar al pequeño, era un niño de piel morena, con ojos verdes brillantes y el cabello azabache ligeramente despeinado, como si hubiera pasado la tarde entera corriendo sin descanso por el parque.

—-Necesitamos que alguien nos haga girar en el plato giratorio de allá —- dijo señalando con entusiasmo y una voz casi suplicante. Seguí la dirección de su dedo, mis ojos azulinos se posaron en aquella estructura, una plataforma plana con tubos en un arco que servían de apoyo, sobre ella ya había un grupo de cinco niños aferrados con fuerza, listos para girar, solo faltaba un espacio más… probablemente del niño que se lanzó en busca de una ayuda ajena a su grupo.

—-- ¿Puede ayudarnos? —- preguntó entonces, lo miré de nuevo pero ahora con una sonrisa gentil de mi parte a pesar de lo cansada que me sentí. —- Está bien.

Me puse de pie y comencé a caminar hacia ellos, sintiendo cómo el aire fresco volvía rozarme la piel, esperé paciente a que el pequeño terminara de subirse a la plataforma.

—- Bien, empezaré a girarlo ahora,sujétense… — avisé mientras colocaba las manos en la estructura. Comencé a hacer girar la rueda con cuidado, usando la fuerza justa para que tomara velocidad sin volverse peligrosa, el metal crujió suavemente bajo el movimiento y el peso de los niños quienes reían con entusiasmo, sus voces elevándose con cada vuelta. Remonté recuerdos de cuando estaba en mi hogar y jugaba mucho con mis amadas sobrinas, tal recuerdo me hizo sonreír con sumo amor. Los niños gritaban entre carcajadas que deseaban que la rueda fuera más rápido, pero no cedí, mantuve el control para asegurarme de que ninguno perdiera el equilibrio ni saliera volando por los laterales. Cuando sentí que ya era suficiente fui reduciendo la velocidad poco a poco hasta detener la rueda, no quería que el juego terminará en mareos o peor aún en vómitos.

— ¡Eso fue divertido!
— ¡Si, hay que hacerlo otra vez!

Uno a uno, los niños se fueron acercando a mí, tomándome de la mano para pedirme que repitiera el juego, no pude negarme, los complací con un par de rondas más hasta que sus propias voces comenzaron a volverse más lentas, clara señal que ya estaban mareados por tantos giros, supuse entonces que era suficiente y mi “deber” había terminado… o eso creí.

Sin darme cuenta la situación cambió por completo, el algún punto y por alguna circunstancias que todavía no termino de comprender del cómo acabé dentro de la propia rueda giratoria, aferrada a los tubos de metal mientras los niños me miraban con absoluta diversión. “Es su turno” me habían dicho antes de subirme a la plataforma, accedí pensando que no sería tan grave la situación hasta que caí en razón que era seis niños en total, prácticamente igualando la fuerza de un adulto o quizás dos, la cuestión es que aquella rueda empezó a girar con una intensidad inesperada. Demasiado tarde para bajarme.

El movimiento se volvió frenético, el mundo alrededor se difuminó en colores y luces, y el viento arrancó mi sombrero blanco que salió volando hasta caer lejos de mí, posiblemente al suelo del parque o cualquier otro lugar.

—- ¡P-por favor, ES SUFICIENTE! —-grité pero mi voz se perdió entre el viento y las risas de los niños que parecían disfrutar aún más al verme a mí girando que ellos. *Voy a vomitar en cualquier momento* — pensé aferrándome a los tubos con desesperación, o termino vomitando o termino saliendo volando de esa trampa infantil
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#2

Y esta, es una de las tantas historias de un soñador surcador del mar, un mortal que escuchó a su yo interior gritar por un sueño y lejos de obviarlo por la presión de la vida adulta, decidió abrazarlo y acompañarlo en su viaje para conquistarlo todo. A día de hoy no hay día que no recuerde el porque realmente abandono su vida tal y como la conocía hacía unos cuantos años; para el recordar era lo único que le hacía sentirse bien después de todo, necesitaba escucharse a si mismo y volver a exponer las razones lógicas por las que, por seguridad, optó por desaparecer después de dejarlo todo bien controlado y recordar los motivos le hacían continuar su viaje por el mundo.

Los días estaban próximos a terminar en Matsuri y pronto sus ojos conocerían otros paisajes diferentes donde aventuras de lo más espontaneas y ridículas le estarían esperando ¿o es que esperabas que las aventuras de los Hanu Mahana fueran aburridas? aunque de momento, vivía su realidad de aquel momento. Había decidido salir a pasear tranquilo por Matsuri a aprovechar el clima veraniego que venía disfrutando desde que habían llegado a la isla. Era muy común que Barald se separara de su tripulación sin decir absolutamente nada a nadie, el tenía sus propias motivaciones e intereses que llevar a cabo en solitario, tanto para el bien de los suyos, como para el suyo propio, era de esa clase de tipos que no le importan lo que piensen de el.

Ahora era catalogado como un criminal con una recompensa de 125 millones, pero aquello no le importaba lo más mínimo. Le importaba tan poco que hoy incluso salía desarmado. Durante su tranquilo paseo, con ambas manos en los bolsillos, recordaba los pasos a seguir de su plan perfecto para robar el Goldreich y hacerse con una cantidad soberbia de dinero mientras miraba al cielo. Y si, eso iba a ocurrir en cuanto llegara a la siguiente isla.

[Imagen: adadsdasdas.jpg]
- Y así haré que no tengamos que preocuparnos por el dinero, tan solo ... seguiremos siendo Piratas. -

Y ahora dime ¿de que sirve tener millones y millones de berries si no tienes con quien disfrutarlos?

De entre todos los lugares que había visitado en Matsuri, quiso volver a visitar el mismo Joyland Park. Hacía un par de semanas había recorrido el parque junto a los matatas al completo disfrutando de una jornada de atracciones y demás situaciones cómicas como montar a Tocho Morocho en una montaña rusa o hacer que Tezca asustara a la gente que trabajaba en el pasaje del terror y no al contrario. Barald desde hacía poco tiempo había decidido documentar aquellos lugares mas icónicos que visitara con una cámara de fotos profesional que había adquirido hacia relativamente poco con la intención de enseñarle a Aurald algún día todos los sitios donde le hubiera gustado llevarla con el. Así que inició su ruta.

Empezó fotografiando las montañas rusas, la noria gigantesca, los juegos acuáticos, muchas de las atracciones que le gustaron, hasta que llego a una de las zonas de descanso del parque y decidió fotografiarlo. - Espera pero ... ¿que hacen esos niños? -  Fue entonces cuando a través de la lupa de la cámara vio a una mujer dando vueltas en uno de los columpios giratorios para niños, parecía atrapada y su cara era de estar pasándolo francamente mal. No pudo evitar fotografiarlo. Le resulto gracioso. Se acercó de inmediato para detenerlos. - Eh niños dan helados gratis ahí atras, correr, que se acaban -  - Uhh, gracias señor! CORREEEERRRRRRR!!! YO LO QUIEEERO DE CHOCOLATE CON MENTA!!! - Tras eso los seis niños empezaron a correr descabelladamente hacia el puesto de detrás, era mentira obviamente. Barald detuvo con su zurda aquella rueda sin quitarle el ojo de encima a la mujer, era probable que perdiera el equilibrio o que le vomitara, así que andaba atento. - Esto ... ¿estabas en apuros? no quise interferir porque pensé que era un juego pero me di cuenta de que tenias mala cara. 

Barald la vio ahora más de cerca y extendió su mano izquierda para ayudarla a bajar de aquel lugar. Ahora que podía verla mejor ... pensó en si la conocía de antes, o si la había visto en algún sitio pero no creía conocerla. - Los niños son crueles dahahahahahahaha ¿necesitas una bolsa? Toma. - El azabache la veía la cara de nauseas, de estar mareada por todas las vueltas que había dado. Con su mano derecha sacó una bolsa de su bolsillo para ponerla cerca de ella, realmente no sabía si queria vomitar o no pero su cara lo decía todo.


Cofre del tesoro

[Imagen: FIRMA.jpg]
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#3
La manera en que nuevas personas lelgan a nuestras vidas siempre suele ser diferente, algunas pueden conocerte de una manera casual, otras por medio de una desdicha, y otras… aparecen ofreciendo una mano salvadora.

Me sostuve con fuerza de la baranda de la aquella rueda giratoria, encogida sobre mí misma, aunque mis pies parecían estar a punto de salir de la plataforma, no escuchaba más que las risas de los infantes quienes no dejaban de repetir “¡más rápido!”, mis manos se sentían como mantequilla sobre el metal y, cuando pensé que ya no podría resistir más… de pronto, la rueda se detuvo.

Por el impacto, reboté contra el suelo de metal, golpeándome la cabeza, un quejido escapó de mis labios mientras el mareo comenzaba a sentirse, acompañado de aquel desagradable malestar que oprimía mi estómago.

Escuché la voz de alguien aunque con mis sentidos distorsionados apenas podía comprender sus palabras, mucho menos era capaz de responderle en aquel momento. Abrí lentamente los ojos mientras me incorporaba hasta quedar sentada, “Los niños son crueles” dijo aquella voz entre risas.

En ese momento levanté la mirada para reconocer al dueño de aquella voz, de aquella persona que me había sacado de ese apuro, y desde de la posición en la que me encontraba, lo primero que pude distinguir fueron sus ojos escarlata, intensos y brillantes, contrastando con el azul de un cielo despejado que se extendía detrás cuál fondo artístico, su piel nívea y su cabello azabache destacaban aún más bajo aquella luz del cielo, y su rostro habían prueba de una historia de algún peligro al que se había enfrentado o simplemente el infortunio de una vieja herida hecha cicatriz.

— G-gracias… — dije con voz leve y temblorosa aunque cargada de agradecimiento de mi parte, mi mano derecha se aferró al tubo más cercano y, haciendo un poco de fuerza, intenté ponerme de pie. Mis rodillas temblaban mientras mi cabeza continuaba dando vueltas.

Tomé la bolsa que él me ofrecía y la acerqué a mis labios, dejando bastante claro que realmente sentía que iba a vomitar, sin embargo, solo pude tener un par de arcadas sin que mi estómago llegara a devolver nada, al menos había logrado contenerse. — Un poco más en esa rueda y creo que de verdad me habría vomitado encima… — mencioné con una sonrisa tenue, sintiéndome un poco más tranquila… – Mi nombre es Miyori Hoshino… ¿Puedo saber el nombre de mi salvador?
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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