27-06-2026, 11:23 PM
(Última modificación: 28-06-2026, 01:15 PM por Juan Sebastian.)
Día 85 de Invierno, Año 17
El sol brillaba con intensidad, suavizando las frías temperaturas del invierno que empezaba a desvanecerse en el tiempo. Un invierno que no extrañaría, uno de los más fríos de mi vida sin lugar a dudas. Con la vista al fin de estación, era inevitable pensar en el adiós a esta extraña isla, tampoco la echaría de menos, la verdad. No era que le tuviese odio porque sí, pero el invierno tropical, los bichos gigantes y la asfixiante ausencia de civilización hacían que el lugar se sintiese más como un examen de supervivencia, que como un lugar donde capturar piratas o poder pasar un tiempo agradable.
Mientras tomaba el sol en la cubierta del barco, recostado mientras me bebía un zumo de piña, pensé —Al final no me monté en la montaña rusa…— con un aire nostálgico recordando cómo batallé junto a Sigrid y dos personas, que ahora sabía que no eran civiles, sino un pirata y una revolucionaria, contra aquel mono gigante. —Siempre estoy peleando contra animales gigantes entre una cosa y otra…—.
Pensar en los animales contra los que combatí durante mi vida me hizo recordar algo. —¡Las botas!— dijé mientras inclinaba hacia el frente mi torso, que se encontraba recostado sobre una tumbona improvisada de madera. Casi me olvidaba de apañarle las botas a mis compañeros, sería una vergüenza no hacerlas después de que Enji y Akira pusieran de su parte en traerme más cuero para trabajar en la brillante idea que había tenido.
Lo primero era lo primero, tenía que tratar los rollos de piel para poder añadirlos a las botas que tenía guardadas. No era tarea fácil hacer que la piel de un animal pudiese convertirse en cuero listo para usar, aún recordaba cómo mi padre se dejaba la coraza intentando suavizar los tejidos en su viejo taller.
El primer paso era limpiar los tejidos, por lo que bajé del barco de un salto mientras cargaba con todo el cuero que habíamos reunido. La limpieza fue rústica y algo tosca, me puse en el borde del agua, donde las olas rompían contra la arena con delicadeza, y extendí los mantos de piel para empezar a frotarlos en el mismo sitio con una gran piedra rugosa que había encontrado cerca de donde estaba, no era difícil encontrar piedras en la playa. De esta forma, las peludas pieles se quedaron completamente limpias.
Lo siguiente fue menos problemático. Para endurecer lo suficiente el material, recubrí la piel con cortezas de madera y la puse a calentar en una hoguera que estaba preparada anteriormente para preparar la comida. Este proceso fue lento, terminando cuando el sol ya empezaba a arrimarse al horizonte, dejando unos tonos naranjas que me resultaban nostálgicos.
Ya con el cuero perfectamente listo, llegó el momento de preparar las botas. El proceso no fue difícil, coloqué en la suela de acero de las punteras que tenía el cuero, con varios pliegues para aumentar el grosor y la comodidad de las suelas. Una vez apuntaladas con clavos, aproveché el cuero restante para terminar el acabado del calzado, después de todo, eran algo que tenían que vestir y un marine tiene que llevar con decoro el uniforme… Menos Enji, él ni tenía decoro, ni solía llevar puesta su ropa durante mucho tiempo, la verdad, pero más le valía cuidar las botas que le había preparado.
Repetí el proceso con todas y cada una de las botas, dejando todo listo antes de que me quedase sin luz. Una vez terminé de pulirlas y ajustar los pequeños detalles, las coloqué una al lado de la otra, para verificar que todo estuviese en orden. —Ahora que lo pienso… No les pregunté las tallas… Bueno, pequeños e insignificantes detalles ¿No?—
El sol brillaba con intensidad, suavizando las frías temperaturas del invierno que empezaba a desvanecerse en el tiempo. Un invierno que no extrañaría, uno de los más fríos de mi vida sin lugar a dudas. Con la vista al fin de estación, era inevitable pensar en el adiós a esta extraña isla, tampoco la echaría de menos, la verdad. No era que le tuviese odio porque sí, pero el invierno tropical, los bichos gigantes y la asfixiante ausencia de civilización hacían que el lugar se sintiese más como un examen de supervivencia, que como un lugar donde capturar piratas o poder pasar un tiempo agradable.
Mientras tomaba el sol en la cubierta del barco, recostado mientras me bebía un zumo de piña, pensé —Al final no me monté en la montaña rusa…— con un aire nostálgico recordando cómo batallé junto a Sigrid y dos personas, que ahora sabía que no eran civiles, sino un pirata y una revolucionaria, contra aquel mono gigante. —Siempre estoy peleando contra animales gigantes entre una cosa y otra…—.
Pensar en los animales contra los que combatí durante mi vida me hizo recordar algo. —¡Las botas!— dijé mientras inclinaba hacia el frente mi torso, que se encontraba recostado sobre una tumbona improvisada de madera. Casi me olvidaba de apañarle las botas a mis compañeros, sería una vergüenza no hacerlas después de que Enji y Akira pusieran de su parte en traerme más cuero para trabajar en la brillante idea que había tenido.
Lo primero era lo primero, tenía que tratar los rollos de piel para poder añadirlos a las botas que tenía guardadas. No era tarea fácil hacer que la piel de un animal pudiese convertirse en cuero listo para usar, aún recordaba cómo mi padre se dejaba la coraza intentando suavizar los tejidos en su viejo taller.
El primer paso era limpiar los tejidos, por lo que bajé del barco de un salto mientras cargaba con todo el cuero que habíamos reunido. La limpieza fue rústica y algo tosca, me puse en el borde del agua, donde las olas rompían contra la arena con delicadeza, y extendí los mantos de piel para empezar a frotarlos en el mismo sitio con una gran piedra rugosa que había encontrado cerca de donde estaba, no era difícil encontrar piedras en la playa. De esta forma, las peludas pieles se quedaron completamente limpias.
Lo siguiente fue menos problemático. Para endurecer lo suficiente el material, recubrí la piel con cortezas de madera y la puse a calentar en una hoguera que estaba preparada anteriormente para preparar la comida. Este proceso fue lento, terminando cuando el sol ya empezaba a arrimarse al horizonte, dejando unos tonos naranjas que me resultaban nostálgicos.
Ya con el cuero perfectamente listo, llegó el momento de preparar las botas. El proceso no fue difícil, coloqué en la suela de acero de las punteras que tenía el cuero, con varios pliegues para aumentar el grosor y la comodidad de las suelas. Una vez apuntaladas con clavos, aproveché el cuero restante para terminar el acabado del calzado, después de todo, eran algo que tenían que vestir y un marine tiene que llevar con decoro el uniforme… Menos Enji, él ni tenía decoro, ni solía llevar puesta su ropa durante mucho tiempo, la verdad, pero más le valía cuidar las botas que le había preparado.
Repetí el proceso con todas y cada una de las botas, dejando todo listo antes de que me quedase sin luz. Una vez terminé de pulirlas y ajustar los pequeños detalles, las coloqué una al lado de la otra, para verificar que todo estuviese en orden. —Ahora que lo pienso… No les pregunté las tallas… Bueno, pequeños e insignificantes detalles ¿No?—
Cajita de tortuga

![[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]](https://i.ibb.co/DX21hrt/Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg)
