Fabricacion en el desierto[Fic de recolección y fabricación] P:R
#1
Día 89 de Invierno, Año 17


El joven arquero viajó junto a sus compañeros en el Royal Quiver, la fiel goleta que los acompaña desde sus inicios como división en el South Blue, concretamente desde la unión de Kibai y Moja a las filas tras la desaparición de Imai durante una misión sencilla, donde su abandono a mitad de la misión no fue demasiado peligrosa, pero si hubiera ocurrido en una misión como la última que hicieron en la isla de los dinosaurios las consecuencias hubieran sido nefastas, pues no solo habría muerte con casi total seguridad, sino que habría provocado que los demás estuvieran en una situación complicada, pues de la nada tendrían que ocuparse de los enemigos que supuestamente iban a ser enfrentados por él. Tras el arduo paso por la isla helada en donde no solo se enfrentaron a la fauna y a un sujeto que parecía dispuesto a sacrificar a varias personas inocentes en pos de conseguir cumplir su objetivo también se enfrentaron al clima en sí y a varias situaciones donde un paso en falso o una mala decisión podría costarles caro. Durante esos días en la isla nevada el joven artesano de la marina fabricó algunas cosas bastante útiles, y también proyectó algunas otras, para las cuales necesitaría algo más de materiales que si bien creía poder encontrar en aquella isla, sabía sería más sencillo encontrarlo en otra isla diferente, y cuando descubrió cual era la siguiente isla supo que sería el lugar ideal para fabricar uno de los objetos que tiene en mente, por lo que decidió concentrar todo el esfuerzo de creación en la misma isla, haciendo más sencillo el lidiar con el montar la zona de trabajo, incluyendo un horno para fundir los metales, cristalizar la arena para crear las lentes de la mira; una mesa para el ensamblaje de las flechas y el resto de objetos así como las demás herramientas necesarias para darle un buen acabado a cada objeto, haciendo que se vean como si hubieran sido comprados en una tienda, incluso buscaría un mejor acabado y más personal.

El viaje fue calmado y tranquilo, más de lo que el arquero esperaba teniendo en cuenta la peligrosidad de la zona y el hecho de que el barco que usan es bastante simple y no destaca demasiado por su aguante. Ya más adelante se encargarán de mejorar el barco o comprar uno nuevo, pero de momento el joven se va a centrar en lo que puede hacer y eso es la fabricación de armas, municiones y útiles varios. Debido al inmenso calor de la isla Bertram ha decidido dejar a su compañero lanudo en el barco, asegurándose de que tenga agua en abundancia y de ir con frecuencia a colocarle una enorme tela humedecida en agua bastante fría con algunos hielos encima para evitar que el calor le afecte demasiado al estar adaptado a climas mucho más fríos de lo normal, y por ende sufrir más que la mayoría en los climas como el de Arabasta donde no solo hace un calor inmenso, sino que parece no haber agua en largas extensiones de tierra y la humedad no parece ayudar a aliviar el calor. Nada más llegar a la isla el joven deja la mayoría de sus cosas en el barco, siendo que va a usar la zona próxima al mismo para montar su puesto de trabajo sino la misma cubierta del barco, llevando consigo únicamente el arco, un paquete de flechas y una carreta para poder ir reuniendo los materiales que no se encuentran a plena vista, siendo que el material más sencillo de todos es la arena pues mire a donde mire hay arena por todos lados, por lo que simplemente la irá tomando del entorno inmediato cuando vaya a lidiar con ese objeto, siendo que primero se centrará en reunir el resto de materiales, poco a poco para poder llevarlos y no quedarse varado en mitad del camino al no poder empujar la carreta por pesar ésta más de lo que el joven pelirrojo puede cargar.

El joven se prepara para el clima caluroso, protegiéndose del sol, no solo por el calor, sino que también protege su piel de quemaduras por el sol evitando herirse y complicar el trabajar más adelante en sus proyectos, además de complicar el pelear más adelante. Una vez tiene todo preparado el joven pelirrojo desembarca con la carreta y empieza a avanzar por la zona buscando, en primera instancia, indicios de la presencia de los materiales más complejos, siendo el acero pues es más complicado de recoger y trasladar por su dureza y su densidad, haciendo que tenga que hacer más viajes para la misma cantidad de acero que de madera, pues al ser mucho más denso el peso es mayor con menor cantidad de material. Sus pies se hunden en la arena dejando marcas claras, precedidas por las marcas de las ruedas  de la carreta, pues al final en lugar de una carretilla decidió que una pequeña carreta es más útil al tener más equilibrio, además de distribuir y aguantar mejor el peso que una carretilla sobre una única rueda por lo que el esfuerzo exigido para moverse es menor, así como reducir el riesgo de que se bloquee al hundirse en la arena o atascarse en algún desnivel de la zona.

Las circunstancias pueden no ser las mejores para reunir materiales, y menos aún para ponerse a fabricar cosas que requieren estar junto a un horno a una temperatura lo suficientemente alta para fundir el acero y hacer que se pueda trabajar con él y moldearlo, siendo que por fortuna el joven arquero cuenta ya con unos moldes para lo que pretende hacer con el acero por lo que una vez lo tenga fundido es verterlo en el molde y enfriarlo de manera controlada y segura para lograr el resultado deseado. Bertram se adentra poco a poco en la isla, empujando la carreta con más facilidad de la que esperaba ahora que se encuentra vacía y avanza manteniendo los ojos atentos a su entorno, una costumbre que no pierde sin importar si está en una misión, en un día libre o recolectando materiales de forma calmada y tranquila, sin necesidad de pelear. Como cazadora y luego marine se hizo costumbre en el joven pelirrojo estar siempre atento al entorno, siempre listo para cualquier suceso y para tener que actuar, de forma que si aparece una amenaza o ve a alguien cometiendo algún delito o que necesite ayuda poder actuar sin perder tiempo en procesar información que ya ha recogido al fijarse en los detalles de lo que le rodea.

Para reunir el acero el joven no se dirige a una zona natural, al contrario que en Little Garden, en Arabasta no hay un volcán que puede provocar la formación de acero en el entorno, por lo que tiene que buscar otra forma de hacerse con ese material tan preciado que necesita para sus creaciones, y la única opción viable que se le viene a la mente es ir a la zona donde acaban los restos de materiales de fabricación desechados por exceso, o donde se echan los productos defectuosos o en desuso, sea el motivo que sea, en muchas islas habitadas siempre hay una zona donde encuentras objetos hechos de acero tirados por gente que no sabe aprovecharlos o restos de acero en la fabricación que deciden tirar por no tener donde guardarlos o planes para ellos. Sus pasos calmados, medidos y pausados no destacan en el entorno, siendo que apenas se fijan en él a pesar de llevar una enorme carreta vacía de momento, algo que prefiere antes que tener que lidiar con gente haciendo preguntas molestas e innecesarias sobre de dónde viene, qué busca hacer con la carreta o si puede recoger su basura aprovechando la carreta.

El joven apenas nota el calor del entorno, por lo que descubre que su suposición sobre la mejor manera de vestir fue la acertada, al usar una ropa ancha que cubre prácticamente todo su cuerpo evita que el sol pueda provocarle quemaduras en la piel y otros problemas de salud derivados de una exposición prolongada y sin control al sol, además de que mantiene el frescor del cuerpo al ser una ropa hecha específicamente para lidiar con esas temperaturas y esas condiciones climáticas, o eso recordaba de lo que le enseñó su abuelo antes de ser asesinado cruel y brutalmente por esos malditos piratas. Pese a tener su objetivo claro, el joven marine es bastante educado y saluda a la gente con la que se encuentra en su trayecto, ayudando a algunas personas mayores cuando necesitan algo de fuerza para llevar algo a su casa, e incluso evita que unos niños se caigan en lo que parece ser un pozo mientras avanza, recibiendo agradecimientos y abrazos de sus madres que luego les reprimen y castigan para que aprendan a tener más cuidado cuando juegan.

El sol brilla con tal fuerza que se refleja en las dunas lejanas y en la arena, así como en las casas y edificios blancos de la ciudad que hay por la zona, haciendo que el joven arquero se alegre de llevar sus gafas puestas para protegerse tanto de la luz como de la arena movida por las corrientes de viento que surgen de vez en cuando pudiendo provocar que arena, polvo y otros granos acaben entrando en los ojos de cualquiera que esté descuidado en las calles. El joven ve a la gente de la zona cubrirse la cara, los ojos y prácticamente todo el cuerpo como lo hace él mientras pregunta por indicaciones hacia el lugar en el que se deshacen de lo que él necesita, parándose cada que pregunta a alguien y prestando atención antes de volver a emprender la marcha con total calma y tranquilidad, sabiendo que va por el camino correcto, y por la información que va reuniendo, sabe que el lugar está bien abastecido del acero que tanto necesita. Los pasos del joven que no destaca demasiado físicamente, ni por altura ni por musculatura, de hecho muchas veces la gente lo subestima o no cree que es un marine en el Grand Line precisamente porque se ve bastante escuálido y carente de fuerza. Realmente no están del todo equivocados, la fuerza precisamente no es en lo que destaca el arquero, sin embargo eso se debe a que su entrenamiento estaba direccionado a mejorar su dominio del arco y su puntería, convirtiéndose en un arquero de primera cualidad entre los demás cazadores de su isla natal antes del desastre.

Los pasos del joven finalmente lo llevan a la zona cercana al lugar donde están los desechos de acero que le comentaron, tanto restos de acero que sobraron de las producciones, como los productos fallidos, así como aquellos que fueron descartados por sus dueños por no encajar en su visión estética del objeto, querer que hagan algo para lo que no fueron diseñados al no haberlo mencionado al herrero en el momento de encargar el objeto o aquellos que simplemente pertenecían a personas que ya no se encuentran y los que heredaron las casas o sus pertenencias no los querían y decidieron simplemente arrojarlos al basurero. Sea como sea el marine no está allí para juzgar lo que hace cada uno con sus objetos, mientras los depositen en una zona controlada y no destruyan el entorno no entra en sus labores controlar que no tiren algo aún funcional solo por su aspecto o por no cumplir con unas funciones que no mencionaron al fabricante, el joven de pelo rojo se encuentra allí únicamente para buscar acero para sus fabricaciones, siendo que comprobará todos y cada uno de los restos, objetos y demás para asegurarse de tomar solo las piezas de acero que cumplan con un mínimo de calidad y no se encuentre mezclado con otras cosas innecesarias. Si ve que no puede encontrar la cantidad necesaria de acero sin mezclarse empezará a buscar los que estén menos contaminados por otros materiales y los que serían más sencillos de separar, para luego buscar donde depositar lo que no necesita o darle algún uso.

El joven no tarda en llegar a la zona que le interesa, una especie de cantera abandonada reconvertida en una especie de vertedero, basurero y desguace, todo en uno pues no parece que alguien esté a cargo del lugar o se moleste en separar las cosas, simplemente parece ser el lugar donde todos decidieron tirar lo que ya no usan para que no ocupe espacio en su casa convirtiendo lo que antaño sería una cantera de alguna clase de mineral, alguna roca o similar, en un cúmulo de basura descontrolada. El joven se molesta un poco con la escena vista, pero se pone a investigar un poco el entorno y se da cuenta de que al menos no es una zona con riesgo de contaminar el agua y al tratarse de una antigua cantera tampoco afecta negativamente al ecosistema, al menos no más de lo que ya afectó la construcción de dicha cantera. El joven deja la carreta en una posición adecuada para que no moleste el proceso de búsqueda al mismo tiempo que se encuentre a una distancia que no retrase el cargarlo, sobre todo teniendo en cuenta que probablemente tenga que hacer al menos dos viajes para reunir toda la cantidad de acero que necesita, sobre todo para evitar no tener fuerza suficiente para mover la carreta o incluso que la misma se hunda demasiado en la arena y quede bloqueada, por lo que prefiere hacer varios viajes entre el barco y la cantera, o incluso montar un campamento en una zona intermedia a arriesgarse a perder todo el trabajo por pasarse de confiado.

El contramaestre no duda en adentrarse en ese depósito de basura con presteza y cuidado, manteniendo los ojos avizores ante cualquier señal de peligro así como el resto de sus sentidos en lo que busca por planchas de acero, herramientas rotas o cualquier objeto hecho de ese material que no se encuentre oxidado y corroído, pues esos no sirven al poner en riesgo la estabilidad estructural de lo que va a fabricar. El joven va estudiando cada pieza de metal que encuentra, distinguiendo el acero de otro metales que no le sirven para su propósito y entre lo que encuentra de acero distingue con total claridad y facilidad las diferentes cualidades, quedándose siempre con los mejores que encuentra, pero separando el resto por si acaso no encuentra más cantidad de una calidad superior ir rellenando lo que necesita con calidades inferiores. Muchos de los artesanos que conoce el joven Gaufrid o llenarían la carreta y no podrían moverla, o emprenderían viaje cada que alcanzaran la cantidad más adecuada para moverse por ese tipo de terrenos, teniendo que retomar la búsqueda cada vez que regrese al lugar. Él sin embargo lo que hace es ir formando grupos de metales tomando en consideración la cualidad y la cantidad, nunca haciendo una agrupación mayor de lo que considera conveniente para llevar en la carreta con una superficie nada estable como lo es la arena.

El joven se cuida de evitar aristas cortantes al tomar cada pieza y al meter la mano en montículos de basura, lo último que necesita es una herida infectada por la arena y la basura mientras busca prepararse para las futuras misiones e incluso para prepararse por si se encuentra con los asesinos de sus abuelos poder hacerles pagar por lo que hicieron, siendo de las pocas personas que no tendrán piedad y acabarán muertos por mucho que el arquero eléctrico siempre evite la muerte de sus enemigos, prefiriendo siempre reducirlos y entregarlos en un cuartel. Sus ojos rojos, apenas visibles tras las gafas y bajo todo lo que lleva para protegerse del sol y la arena, recorren la cantera con cuidado, prestando atención a todo detalle mientras su oído está alerta a cualquier señal de amenaza o peligro, incluyendo avisos de tormenta de arena. Hablando de las tormentas el joven hizo su investigación antes de salir del barco y resulta que las tormentas de arena son un fenómeno responsable de varias muertes en los lugares con ese tipo de climatología y ecosistema repleto de arena y con pocos refugios. Por lo que leyó la mayoría de las muertes se dieron por intentar correr más que las tormentas, mientras que aquellos que se detienen y erigen un pequeño refugio improvisado se salvan si es lo bastante robusto para no derrumbarse o salir volando. Con eso en mente el joven deja a mano todo lo que puede necesitar para montar un refugio en caso de que venga una tormenta de arena poder protegerse a sí mismo y a lo que recoja, confiando plenamente en ser capaz de hacer algo lo bastante amplio y robusto para ello.

-Que calor que hace, sir.-

Protesta el marine a la vez que se rasca tras la cabeza en un momento dado. Conforme el joven va buscando y descartando lo que no sirve el tiempo se hace eterno y la búsqueda empieza a tomar un buen peso en su ánimo al estar en completo silencio, por lo que en su voz más desafinada y completamente fuera de ritmo el pelirrojo empieza a cantar mientras sigue buscando, concretamente un trozo de una melodía que recordaba su madre cantaba en los días de descanso mientras observaban el bosque y disfrutaban de la suave brisa en la terraza de su pequeña casa mientras se calentaba algo de té en el horno a leña de al lado. La melodía, que suena en una zona desierta sin nadie más que el artesano que toma lo que otros ven como basura a modo de material aprovechable, es la siguiente

- Entre as nuvens vem surgindo
Um lindo avião rosa e grená
Tudo em volta colorindo
Com suas luzes a piscar
Basta imaginar e ele está partindo
Sereno indo
E se a gente quiser
Ele vai pousar-


Para muchos eso no tiene mucho sentido, y realmente no parece tenerlo en lo que es el idioma más hablado y común del mundo, pero la madre del joven Bertram hablaba un idioma propio de su tribu, una tribu hace mucho tiempo perdida y de la cual apenas quedan supervivientes que el pelirrojo conozca, siendo él uno de ellos. Por lo que le contó su madre todos en su tribu tenían el pelo y los ojos de color rojo vivo, variando los tonos de un individuo a otro siendo que la mayoría tenía el mismo tono de pelo que de ojos, siendo Bertram un caso raro al tener un tono más carmesí en los ojos, el más raro dentro de su pueblo. Las manos y los brazos del joven se sienten pesados a medida que el tiempo pasa, el calor empieza a hacer mella a pesar de la preparación para ello, por lo que el marine se detiene un momento, regresa a la carreta y saca una cantimplora para dar un bien merecido y largo trago de agua, hidratándose y refrescándose al mismo tiempo que recupera algo de aliento y aprovecha para hacer un rápido recuento de materiales, asegurándose que los grupos sean lo bastante amplios para evitar aumentar el número de viajes, pero lo bastante pequeños para ser viables de trasladar sin tener que llevar a su compañero peludo a una zona donde claramente va a pasar mucho calor.

El sol no para de brillar, siendo que muchos consideraron que el marine estaba loco de salir en pleno día a buscar algo en una de las zonas donde más se sufre por la temperatura, pero debía hacerlo si quería dejar la noche para algo que aumentará aún más la temperatura, y es el forjar el acero y demás por el calor del horno. Igualmente no le corre mucha prisa, hará lo que pueda conforme avance en la búsqueda de acero, y si ve que le falta buscará otra zona, pero por lo poco que ha visto y un cálculo rápido deduce que probablemente tenga más que suficiente acero para lo que tiene pensado, puede que incluso sin necesidad de usar materiales mezclados. El joven se seca un poco el sudor de su frente, una de las pocas zonas de piel que no está totalmente cubierta pues hasta las manos van protegidas con guantes para evitar cortes y pinchazos accidentales, y tras retomar el aliento dice

-Hora de seguir trabajando, sir.-

Tras eso el joven se pone en marcha nuevamente, asegurándose de que los metales que ya había separado por grupos siguieran bien agrupados sin mezclarse y luego se encamina a la zona de la cantera que aun no hay rebuscado para tratar de conseguir lo que le queda de acero, aunque puede que tarde más de lo que esperaba pues a pesar de tener clara la cantidad de acero, no es tan sencillo encontrar material de buena calidad en una zona donde supuestamente son desechos por no servir, estar rotos o simplemente ser sobras de un trabajo para el cual el herrero tomó más acero del que realmente necesitaba, resultando en un desperdicio de materiales. El joven artesano de la división 60  a ojos de algunos parece alguien algo caótico que no sigue un patrón o unas normas claras, pero en realidad eso solo lo piensan los que se quedan con la primera capa visible, alguien alegre, relajado y aparentemente despreocupado, pero en realidad es un marine metódico, observador y que valora la preparación por encima de todo, por lo que siempre tiene pensado múltiples posibilidades y diversos desarrollos de las acciones, estando preparado para una amplia gama de posibles desenlaces haciendo que no le cueste adaptarse al avance de las peleas o sus investigaciones.

Incluso en las ocasiones donde todo toma un rumbo fuera de los esperados y para los que se encuentra preparado, el joven tiene experiencia adaptándose a cambios inesperados y sucesos completamente imprevistos por el motivo que sea, intervención de una tercera fuerza inesperada, información errónea, imprecisa o incompleta o directamente por ser una emboscada por parte de alguien que quería que sufriera un accidente durante una cacería, pero precisamente por eso su abuelo siempre actuaba por su cuenta durante sus entrenamientos y aleatoriamente intervenía en el mismo de diferentes maneras, cada vez de forma más original e inesperada, haciendo que el pelirrojo desarrollara una extraordinaria capacidad de percibir los cambios rápidamente y adaptarse a ellos, aunque ello implicase en retroceder unos pasos para obtener una mejor oportunidad de éxito. Precisamente esa determinación a ignorar el ego y el orgullo y valorar las situaciones de forma continua e individual es lo que hace que el marine sea un enemigo temible para cualquiera que crea que la fuerza bruta es la respuesta a todo, siendo que el arquero aprendió a lidiar con ese tipo de sujetos hace mucho tiempo.

Los ojos del joven arquero recorren el lugar junto a sus hábiles manos de artesano, siendo que centró sus estudios en la creación y mejora de armas a distancia y municiones, concretamente arcos y flechas aunque no descarta hacerse con algún otro tipo de arma o aparato para situaciones en las que no pueda usar el arco o tenga que lograr un golpe claro en una posición desfavorable para su arco. Por ejemplo, algo que pueda disparar desde una zona poco esperada por el enemigo en caso de agarres que inutilicen su brazo o lugares donde usar el arco resulte complicado por el espacio. De la misma manera no descarta hacerse con una especie de ballesta de muñeca que se active con un gatillo en su mano haciendo que sea más rápido y sencillo de disparar, y más útil en lugares estrechos como en el interior de edificios o en caminos estrechos a pesar de que siempre encuentra la forma de hacer buen uso de su arco en esos momentos. Dejando de lado los planes a futuros y los pensamientos de si pasara esto qué podría hacer, el joven pelirrojo sigue separando los materiales con calma y atención, distinguiendo con facilidad la calidad de cada pieza y sabiendo cuales son las mejores y cuales se quedan en reserva por si le falta de mejor calidad poder completar la cantidad necesaria. El joven fue separando con total fluidez y seguridad los distintos tipos de acero en diversos montículos, y cuanto más trabaja más se da cuenta de que si quiere llevarlo todo al barco pasará todo el día en viajes, por lo que decide cambiar de planes, y planifica ir al barco a por sus herramientas y comida al terminar esta tanda de búsqueda de materiales, centrándose en tener el acero listo. Una vez lo tenga todo reunido, al menos el acero en la cantidad adecuada y con algo de margen por si acaso, montará un pequeño campamento cerca del lugar para luego quedar solo necesitando reunir la madera y el cuero, algo más sencillo de transportar por diversos motivos, entre ellos la cantidad y el peso tota de la madera y el cuero con respecto al acero, pues incluso llevando tanto el cuero como la madera juntos no pasa mucho de la mitad de material.

Mientras el joven arquero trabaja en la forja de un nuevo arco, nuevas flechas y algunos útiles, sus compañeros pueden estar entrenando, descansando o preparándose para lo que pueda ocurrir en la isla totalmente cubierta de arena, resultando casi irónico que salgan de una isla helada y acaban inmediatamente después en una isla con un clima totalmente opuesto, donde lo que les castiga es una temperatura tremendamente elevada respecto a otras islas. Bertram puede ser alguien tozudo, terco y obstinado en lo que se refiere a lograr sus objetivos, algo que afecta sobre todo a cuando se decide a cazar algunas presas para comida, cuero u otras necesidades, o cuando se propone completar determinadas creaciones en un tiempo concreto, siendo generalmente ideadas para estar listas antes de alguna nueva misión pues suelen ser creaciones pensadas para mejorar las capacidades de combate y comunicación de toda la división. Lo hizo cuando llegaron a la anterior isla, preparando una espada nueva para Kibai junto a un par de guantes que le resultarían útiles en combate al mejorar su destreza con las espadas, así como sus propias gafas y guantes para mejorar su desempeño, ahora su idea es mejorar su propio arsenal y añadir un sistema de comunicación en el que no requieran de sacar los den den mushi para ello, agilizando la comunicación y al mismo tiempo hacer que sea complicado que los enemigos sepan que están hablando entre ellos aunque estén a distancia.

El joven pelirrojo asegura que tiene todo lo que necesita, o al menos gran parte, y comprueba que los grupos de acero que fue formando se encuentran en el mismo sitio sin que nadie se haya llevado nada antes de suspirar y pensar en que quizás se pasó un poco con sus ideas al pretender hacer tantas cosas al mismo tiempo, pero de momento se limita a secarse el sudor y organizarlo todo mientras piensa en las herramientas que va a necesitar y el mejor lugar para montar el horno y la forja antes de ir a por todas las herramientas y lo que necesita para improvisar un pequeño horno portátil para tratar el metal y fundirlo para poder terminar de realizar el trabajo deseado, pues para parte de ello necesita fundir el metal, para otras simplemente hacerlo maleable, para lo cual no necesita fundirlo completamente, solamente reducir la resiliencia y aumentar su flexibilidad temporalmente, lo suficiente para modificar su estructura y forma y lograr formar lo que pretende. El joven se asegura de que todo esté en su sitio y ordenado, separado por calidades y bien dispuesto, cambiando la separación por grupos a disponerlos en una fila que va de mejor calidad a peor al no tener que mover todo el acero más lejos que unos metros, siendo que estará a una distancia razonable para acceder al acero de manera eficiente para trabajar sin que estorbe a su movimiento mientras forja.

El joven sonríe mientras se encamina hacia el Royal Quiver, una sonrisa genuina de alegría, diversión y tranquilidad que hace tiempo no esboza seguido, la cual surge siempre que tiene tiempo para dar rienda suelta a su imaginación en el momento de forjar objetos y fabricar otros tantos sin necesidad de forja. El joven va tarareando la canción de antes mientras camina, saludando a la gente con la que se cruza con una sonrisa en el rostro y un paso calmado y tranquilo como quien está en su hogar y no teme ser atacado o tener problemas mientras camina despreocupado por calle que considera totalmente seguras. Es un recién llegado como quien dice, pero su carácter abierto, cercano y afable le ayudó a acercarse a los ciudadanos y que le recomendaran un buen lugar donde conseguir materiales para trabajar, incluso preguntó donde sería un buen lugar para montar una herrería improvisada junto a un puesto de ensamblaje y algo de carpintería al trabajar la madera para el arco y las flechas, las cuales si puede hará incendiarias para buscar un daño elemental extra y si puede añadir daño en área a su repertorio.

El joven, que tomó la carreta antes de encaminarse hacia el barco a por los materiales, la bebida y algo de comer, está feliz de poder pensar en diversas ideas y trabajar en ellas durante un tiempo sin tener que preocuparse de ataques piratas, animales salvajes invadiendo la zona de trabajo o de que una repentina nevada lo complique todo, pues el frío rompe la cadena de trabajo y complica el mantener la temperatura del acero en el punto que requieren algunos de los procesos involucrados en la fabricación de algunos objetos. Mientras camina busca la forma de estructurar el comunicador de forma que, aun dependiendo de un den den mushi, puedan llevarlo encima y usarlo sin que estorbe a la hora de moverse o pelear, pues de lo contrario pierde por completo su utilidad al molestar más de lo que ayuda. En un principio no debería ser un problema al tratarse los den den mushi de objetos relativamente pequeños y fáciles de transportar y el añadido ser un sistema de cableado y activación que no dependa de sacar el pequeño caracol, y baste con un toque o algún gesto simple que active la comunicación. Su idea es colocar un pequeño botón en un auricular que se conecta con el den den mushi y, al final del sistema, se active el mismo y se transmita los mensajes directamente al auricular, que también funcionará como micrófono, de esa manera se puede hablar sin tener que tener una mano ocupada en el mismo y en caso de estar en mitad de un combate o no poder arriesgar a tener una mano ocupada poder seguir hablando con alguien que pueda tener información útil.

El contramaestre Gaufrid se acerca rápidamente a su barco, subiendo al mismo y acercándose a comprobar primero el estado de su compañero peludo, viendo que aún está bien refrescado y tiene suficiente agua para poder hidratarse bien, saludándolo y acariciándolo brevemente antes de tomar las herramientas que va a necesitar para montar la forja, el cuchillo que usará para trabajar la madera y dejarla con las formas y la estructura necesarias para las flechas y el arco, así como el carcaj. Entre las herramientas tomadas tiene un mazo de forja, un martillo de menor tamaño para los acabados y asegurar el cuero en las construcciones que lo usen, así como tijeras, reglas, tenazas y la ropa de protección para la hora de tratar el metal a altas temperaturas, puede que esté bastante emocionado por volver a trabajar en la forja, pero eso no provoca que ignore las medidas de seguridad, precisamente produce el efecto contrario, que priorice la seguridad para evitar pasar tiempo sin poder entrenar o forjar por quemaduras o heridas derivadas de trabajar sin cuidado. Una vez termina de reunir todas las herramientas pasa a por la comida y bebida, tomando comida fresca y que pueda comer cómodamente además de que no provoque que tenga calor o se le complique el manejo de las herramientas por comerlas, así como dos enormes botas repletas de agua bien fresca, el mejor recipiente para mantener el agua fresca en una isla con una climatología tan cálida como lo era Arabasta.

El joven se despide de su compañero con un abrazo y se dirige de regreso a la zona donde se pondrá a trabajar, sabiendo que apenas y ha comenzado con el trabajo y aun le queda una gran parte del trabajo, pues haciendo algo de cálculos no lleva ni un cuarto del trabajo que necesita hacer y le espera por delante, sabe que es mucho trabajo y que probablemente hubiera sido una mejor idea dividirlo en diversos días, al menos dos o tres, siendo el primero dedicado a reunir los materiales más pesados como el acero y la madera, el segundo para reunir los otros materiales y terminar de ultimar detalles en cálculos, diseños y preparación de la zona de trabajo, así como asegurar la zona de trabajo y que el entorno no va a afectar a la producción. Normalmente el joven haría eso sin dudarlo, pero teniendo en cuenta los últimos acontecimientos y lo que viene ocurriendo en el viaje de la división que fundó junto a Stroud, isla en la que paran isla donde acaban inmersos en diversos problemas y diversas situaciones delicadas y complejas, el joven artesano decide no arriesgar que su trabajo se vea interrumpido por algo similar, por lo que respira hondo y se mentaliza y convencer de hacer algo que hace mucho, pero que mucho tiempo que no hace, pasar un día entero forjando, llegando a quedar en vela para poder terminar el trabajo, dejando el descansar para cuando haya terminado de fabricar todo lo que tiene en mente, asegurado su buen estado, buen funcionamiento y recogerlo todo para dejar el entorno limpio e intacto, algunas veces incluso mejor cuidado que antes de que llegara.

La carreta, que en los viajes anteriores iba completamente vacía y solo estaba como un medio de transporte para cuando consiguiera reunir los materiales que requieren sus ideas llevarlos hasta el barco o la zona cercana que es donde, en un inicio, planeaba montar la forja, además de algunos restos de materiales que guardaba de anteriores trabajos y que siempre buscaba en qué ocuparlos, siendo este un momento perfecto para ello. Sin embargo, al ver la enorme cantidad de acero, el peso que eso tendría y calcular los viajes necesarios para evitar que la carreta se bloqueara en el camino al hundirse en la nieve por el peso decidió cambiar la ubicación de la forja. La nueva ubicación por la que se decidió es el lugar donde encontró todo el acero que va a necesitar, siendo el material que con diferencia pesará más y resultaría en ser el más complicado de trasladar en pocos viajes, siendo el más sencillo por diferencia la arena, la cual irá a un horno específico con un proceso diferente para forjar las lentes que irán en la mira, siendo una doble lente, quizás incluso triple dependiendo de lo que quiera lograr. Algunos de los aldeanos se preguntan qué pretenderá el marine con tanto viaje hacia el desguace, un lugar donde ellos solo van a tirar lo que no sirve, está obsoleto o sobra, pero ahí está la cuestión, la utilidad de las cosas depende de la perspectiva con la que no lo mira, lo que para algunos es basura, material inútil o sobras, para otro puede ser justo lo que necesita para sus ideas o algo que le resultará útil, y el joven pelirrojo a lo largo de su vida como artesano aprendió a aprovechar todo lo que encuentra, y sobre todo, a reaprovechar lo que otros ven como desperdicios o cosas inútiles.

El joven no presta mucha atención a esos detalles, está canturreando feliz, golpeando alegremente el mango de la carreta al ritmo de la melodía con sus dedos mientras camina hacia la zona donde se pondrá a trabajar sin dudar en sus próximos trabajos, aunque antes de terminarlos, o más bien empezarlos, tendrá que ir a comprar un nuevo grupo de Den Den Mushis destinados al sistema que ideó, un sistema que es completamente provisional en lo que descubre una forma de sustituir los den den mushis por algo más compacto, discreto y que no requiera de cables y funcione de forma completamente independiente, reduciendo la posibilidad de que alguien ajeno a los usuarios de dicho objeto puedan interceptar los mensajes enviados por ese método. El camino del joven marine no es muy largo entre el barco y la ubicación deseada, y tampoco parece que quieran evitar que llegue allí, al final, si usa parte de lo que hay allí es menos basura de la que se tendrán que deshacer después, de forma que más que impedirle o cuestionarle lo que hace, la mayoría lo agradece en silencio, otros le sonríen y agachan la cabeza en un leve gesto de agradecimiento. Mientras la mayoría actúa en formas similares, hay un hombre distinto a los demás, un aciano que lo observa en silencio, atento y sin juzgar, sin criticar, como estudiando lo que hace fijándose en sus movimientos, su dedicación y la forma tan meticulosa con la que lo separa todo y la decisión y calma de sus pasos.

Bertram decide fingir no percatarse de ello, pese a que su manía de observar y estudiar el entorno y su percepción le hicieron percatarse rápidamente de la forma en la que él lo trata, hasta que cuando llega al lugar nuevamente, y empieza a montar la mesa donde deja la comida y la bebida, algo alejada de la zona de la basura y de la zona de la forja, que empieza a montar una vez tiene la comida protegida del viento, los bichos, la arena y el calor. El joven Gaufrid empieza a montar los hornos, empezando con el del acero apilando ladrillos especiales para tal función, dejando un hueco calculado para avivar el fuego sin arriesgarse a que sea demasiado grande como para que se apague o avive demás, estudiando simultáneamente donde colocar la mesa de ensamblaje y el otro horno. Es en mitad de eso que escucha las palabras del hombre que dice

-Hace tiempo que no veo un artesano tan concienzudo y dedicado, pero sobre todo, uno que sabe reaprovechar el material que toros desechan sin saber que muchas veces son el mejor material que pueden encontrar. Ninguno de mis aprendices tiene esa disciplina, bueno más bien ex aprendices pues ya tienen sus propios locales y yo ya me retiré, ahora solo soy un simple anciano con conocimientos de herrería, ya ni tengo mi propia herrería pues costaba demasiado mantenerla. Solo quería acercarme y decirle que es una alegría ver que aún quedan buenos artesanos, y sobre todo artesanos capaces de montar hornos improvisados de tanta calidad y tan bien calculados. Ahora le dejo trabajar, que tenga un buen día.-

Bertram hace una reverencia en agradecimiento y en muestra de respeto por un herrero experimentado que simplemente se retiró y ya no trabaja, pero cuyos ojos mantienen una gran capacidad de observación y una capacidad crítica y de evaluación forjada por años de trabajo constante y dedicación, además de demostrar una clara pasión por la forja. El joven de rojizos cabellos y orbes carmesíes no puede evitar sonreír alegre y satisfecho, que un herrero de tal experiencia le felicite y halague de tal manera es un honor, por mucho que no sea un herrero mundialmente conocido y no destaque demasiado, el hecho de que con su experiencia reconozca el valor del marine es un halago más que suficiente para cualquier artesano. Totalmente motivado por esas palabras y con más energía que al inicio, el joven continúa montando su zona de trabajo, prestando una muy concisa atención a cada detalle del montaje, asegurándose de que no hayan huecos de fuga de calor, la estructura sea estable y que dispone de todas las herramientas necesarias, colocando el recipiente del aceite de enfriado en su lugar y tapándolo de momento para que la arena no entre y contamine el aceite de enfriado, lo cual terminaría por mezclarse con el acero y bajar la calidad de lo que termine por forjar. Pese al titánico trabajo que le espera por delante, las horas sin descanso y el esfuerzo, su alma de artesano grita alto pidiendo empezar, pero antes ha de terminar de reunir los materiales restantes, siendo la madera, la cuerda, el cuero y la arena, aunque este último material no tiene pérdida, hay a patadas, mire a donde mire hay arena, pero lo más delicado será hacerse con los den den mushi necesarios para uno de sus trabajos, un trabajo que se verá sustituido por algo más elaborado y específico en cuanto el joven encuentre una forma de idearlo, y sobre todo, algo que pueda suplir la función de los den den mushis siendo lo que más se3 le escapa de sus capacidades actuales.

Pese a que aun queda material por recolectar, primero se asegura de que todo esté montado perfectamente, los hornos estén en perfecto estado para luego calentarlos y empezar a trabajar, aunque sabe de sobra que tardarán en tomar la temperatura necesaria por lo que se dedicará a hacer los objetos que no requieran de eso en lo que vigila que la temperatura sea la adecuada y el fuego se mantenga. Pese a que en ese momento su mente esté en el modo creativo, artesano, parte de su mente está atenta al entorno y otra parte, la de cazador y combatiente, está ideando nuevas formas de combatir para aprovechar sus distintos tipos de flechas y sus capacidades de disparo, además de pensar en formas de mejorar su uso del haki para situaciones en las que no pueda arriesgarse a afectar a sus compañeros en combates en grupo, además de buscar una forma de equilibrar su desarrollo del haki, mantener sus capacidades de disparo y al mismo tiempo mejorar su capacidad de reacción frente a ataques y movimientos, siendo actualmente uno de sus puntos flacos pues por mucho daño que tenga, si no logra defenderse estará en problemas si encuentra un enemigo que sepa aprovecharlo. Por ahora se limitará a potenciar su daño y su haki, manteniendo la meditación sobre qué hacer con la extraña habilidad que consiguió de esa akuma que no sabe muy bien porque tomó, puede simplemente ignorarlo y mantenerlo en un uso básico y simple de la misma, pero por otro lado si la mejora puede que le aporte un recurso de lo más útil y versátil a futuro, siendo que es algo que debe meditar concienzudamente y no precipitarse a la hora de decidir.

Finalmente el joven pelirrojo está satisfecho con la estructura de cada uno de los hornos y por ende toca ir a por el cuero y la madera, ambos materiales puede conseguirlos por la misma zona, pues puede tomar la madera de árboles desérticos mientras que el cuero lo puede tomar de animales que cace o restos que encuentre, siendo la segunda opción la menos posible y viable, pues en caso de haber animales muertos seguramente los carroñeros y los insectos necrófagos se habrán reunido junto al cuerpo para alimentarse de él. El joven se ajusta el arco sobre su hombro, las flechas en su cintura y las gafas en sus ojos para poder empezar a avanzar hacia la zona donde reunir los nuevos materiales que necesitará, llevando consigo la carreta donde irá colocando los materiales conforme los consiga. El joven arquero evalúa las posibilidades, pensando en el tipo de madera que mejor funcionará para lo que tiene pensado, la forma en la que necesita y el tamaño para algunos de los objetos pues no es lo mismo tomar ramas sueltas para las flechas que necesitar una pieza mayor para el arco, aunque tiene una idea de como aprovechar mejor la madera sin depender totalmente de encontrar una pieza de madera lo bastante larga para hacer el arco de una pieza, aunque sería lo ideal para su integridad y poder asegurarse de que el arco cumpla con los requisitos deseados, aunque puede que modifique un poco los extremos para añadirles algo de filo. El joven se mueve con la misma calma y alegría que antes, recordando los días felices, cuando caminaba junto a Titta para simplemente relajarse, reabastecer la casa o simplemente investigar más de la isla enseñando a la joven a moverse libremente, pues sus padres murieron antes de que ella pudiera aprender de ellos.

El joven cazador mantiene sus ojos carmesíes atentos a todo lo que le rodea, siendo que ahora se dirige a una zona menos transitada o vigilada, convirtiéndolo en la ubicación perfecta para una emboscada por parte de bandidos, piratas o demás criminales. La verdad es que el anciano parecía observar esa zona cuando fue a ver al arquero, y su mirada ciertamente dejaba bien claro que no es una zona en la que uno se adentre por su cuenta, solo y menos aún si se es un herrero, artesano o alguien que se gana la vida mediante la creación de objetos en lugar de estar entrenado para el combate. No es raro encontrar herreros diestros en la espada o la daga, otros aprendieron artes marciales para defenderse pero no hay ninguno conocido que domine el arco, o al menos que el joven arquero conozca. Los pasos del joven van dejando huellas en la arena, al igual que lo hacían en la nieve, pero al contrario que en la helada isla de Drum, en este reino arenoso y de clima tan cálido que uno puede salir del agua para de manera casi inmediata terminar completamente seco como si fuera lo más normal del mundo. Además de eso, al tener vientos constantes y la arena moverse con un viento mucho más suave,  las huellas no tardan en desaparecer, por lo que es complicado  seguir un rastro si no tienes conocimientos básicos de cacería, investigación y sin saber qué buscar ni conocer un poco el entorno.

Muchos en el pasado del arquero se reían del tiempo que el joven dedicaba a vagar por el bosque cuando tenía un encargo, para ellos los mejores cazadores eran los que entraban, mataban a su presa y regresaban, pero el pelirrojo aun recuerda lo que ocurrió unos días antes del ataque a su casa, hubo un cliente que solicitó varios ejemplares de facóquero, siendo que necesitaba buena carne para un banquete y además bastante cuero para preparar regalos para unos visitantes importantes. Debido a la enorme cantidad de ejemplares necesaria, aún dentro del límite impuesto por los cazadores para mantener un equilibrio en el ecosistema y la fauna, se decidió que varios de los cazadores más jóvenes se encargaría de ellos, cada uno debía hacerse con un ejemplar, cada uno siguiendo los métodos que consideraran más apropiados y eligiendo al animal que creen mejor pudiese cumplir con las espectativas del cliente. La mayoría de ellos entró al bosque sin un plan más que buscar al animal, matarlo y llevarlo, considerando que se ganarían un mejor trato por ser más rápidos y no hacerle esperar. En cambio Bertram estudió su zona habitual, observó algunos de los ejemplares y luego abatió al que consideró cumplía mejor los requisitos. Al terminar de reunir todos los animales el cliente los observó con atención, al igual que los cazadores veteranos y todos se percataron de la enorme diferencia de calidad entre las presas, y sabiendo perfectamente que el método de Bertram fue claramente el más eficiente si valoras la relación entre el tiempo invertido y la calidad del resultado. Debido a eso algunos de los cazadores más jóvenes guardaron rencor al pelirrojo, pero la mayoría buscaron consejos o le pidieron que les enseñara, algo que el joven hizo encantado.

Saliendo de ese recuerdo y regresando al momento actual, el joven observa el entorno y se percata de dos cosas bastante interesantes, la primera es que tal y como observó en el rostro del hombre, el lugar se presta a emboscadas, al haber huecos en el suelo, grupos rocosos que permiten esconderse y árboles lo bastante frondosos como para que un tirador pueda esconderse entre sus ramas y esperar a su objetivo. Sin embargo, eso solo sirve contra personas que no sepan pelear y aquellos que sabiendo pelear suelen no prestar atención al entorno o no tienen costumbre de observar a lo lejos, mayormente luchadores cuerpo a cuerpo que nunca se enfrentaron a un tirador antes. El joven marine no es ninguno de esos arquetipos, es un luchador experimentado, acostumbrado a observar el entorno por su época cazando y al ser un tirador él mismo sabe qué buscar para saber si hay tiradores por la zona y cómo reaccionar de detectar o sospechar de su presencia. Además al ser un cazador es capaz de reconocer marcas de movimientos fuera de lo común en la zona, además de como buscar los animales que le interesan para el cuero. El arquero se ajusta el arco en el hombro y sigue empujando su carreta hasta dejarla en una zona segura, lo bastante retirada para que no sea una molestia para el entorno ni llamar la atención, permitiendo a la fauna moverse con total libertad y normalidad por la zona, pero lo bastante cerca para poder llevar los materiales con facilidad sin tener que hacer largos viajes a pie cargando con los materiales, siendo que sobre todo el tema del cuero sería delicado.

-Bueno, creo que es hora de ponerse en serio a buscar los materiales restantes, tengo que darme prisa y terminar aquí antes de dirigirme a la ciudad para hacerme con unos den den mushi sir. Solo espero que la tienda que los vende siga estando abierta para cuando llegue allí.-

El joven marine decidido a no desperdiciar tiempo decide hacerse primero con la madera, siendo lo más sencillo y rápido pues es solo cortar lo que necesita, midiendo bien los tamaños, grosores y el estado de la misma para evitar madera podrida, repleta de termitas o con problemas que puedan afectar al estado del arma o del objeto una vez fabricados, lo último que necesita es que su arco se rompa en mitad de la pelea por estar mal hecho o por usar madera demasiado frágil o carcomida y con poca resistencia. Sus ojos carmesíes estudian con detenimiento los árboles que ve por la zona, las sombras que proyectan, sus copas agitándose por la brisa en busca de alguna señal sospechosa, pues no solo son los tiradores quienes se esconden en los árboles, hay lagartos, serpientes e incluso algunas especies de felinos salvajes son capaces de subir a un árbol y acechar desde allí, pero estos últimos normalmente suben cuando ya tienen una presa para comerla lejos de los carroñeros o de ladrones de comida como las hienas. El joven arquero reconoce algunos rastros en lo que observa los árboles, siendo estos algunas marcas en los troncos de algunos árboles frecuentes en zonas de jabalíes o facóqueros cuando afilan o limpian sus colmillos. En algunos lugares hay osos que marcan su territorio con zarpazos, o incluso rinocerontes afilando su cuerno en los troncos, cada criatura tiene una forma de mantener sus medidas de defensa en perfecto estado. Decidido a empezar ya con el trabajo, el joven toma su cuchillo de cazador para camina por la zona, estudiando las ramas que ve a su alcance, observando su estado, si se notan marcas de desgaste por cargar peso incluso si hay alguna señal de nidos cercanos, pues de haberlos descartaría el árbol para que las aves puedan criar con calma y seguridad.

El joven ve algunas ramas en el suelo, o más bien algunos restos de antiguas ramas que parecen haber sido tiradas por alguna criatura o cedido por el paso del tiempo o un viento más fuerte del que pudieron soportar, pero tras un estudiar cada una con detenimiento, calmadamente y con total atención a todos los detalles, logra identificar unos cuantos que le sirven, no todos, pero es un buen comienzo para poder hacer las flechas que quiere. Sus pasos calmados y cuidados, su atención a todos detalles le ayudan a evitar pisar posibles ramas para la fabricación de todos los objetos que tiene en mente, mientras que también le ayuda a estar totalmente consciente del entorno y las posibles amenazas, pues en el momento que sus oídos lleguen a escuchar un ruido sospechoso, por mínimo que sea, podrá centrar su atención en el punto de origen del mismo al ser capaz de calcularlo con sorprendente precisión tras varios años en los que llegaba a pasar días durmiendo en el bosque para adaptarse al mismo aprender a entenderlo sin necesitar estar mirando en todas las direcciones, la idea es poder identificar los sonidos y distinguir los que son una amenaza de los que son simplemente la vida normal del bosque, por lo que puede centrase en actuar única y exclusivamente cuando haya una amenaza en potencia real, y no cuando un pequeño pájaro carpintero pase por la zona o un primate salte de una rama a otra.

Mientras recoge algunas ramas sueltas por el suelo, las estudia y guarda las que pueden servirle y las que no se percata que tiene que hay algo más que necesita conseguir además de la madera y el cuero en esa zona, y es cuerda. Sí, es perfectamente consciente de que puede simplemente comprar algo de cuerda en el mercado, específica para el arco, pero el joven arquero está acostumbrado a crear cuerdas para los arcos cuando se rompen en mitad de una cacería, habiendo estudiado bastante al respecto, sabiendo por experiencia los requisitos que debe cumplir la cuerda del arco para ser eficiente, sabiendo también sus preferencias sobre el estado de las cuerdas de sus arcos y considera el tacto de la cuerda algo importante, por lo que empieza a buscar algo que por el tipo de vegetación que ve por la zona cree poder encontrar en el lugar. El joven observa las plantas que hay a su alrededor, buscando un tipo de planta en concreto que sabe crece por zonas con condiciones similares a esa, una alta mezcla de calor y humedad, y acceso a agua. Los orbes carmesíes brillan con el reflejo del sol mientras recorren la zona hasta que una amplia sonrisa se esboza en su rostro iluminando el lugar, pues sus ojos posan sobre lo que está buscando, una planta muy especial en lo que se trata de fabricación de cuerdas, sobre todo cuerdas para los arcos que él usaría, pues tiene todas las características que considera indispensables en un buen arco.

El joven se acerca con calma a la zona, observando el entorno pues si no recuerda mal es habitual que haya hormigueros en las proximidades de esas plantas y no de cualquier tipo, sino de un tipo bastante peligroso pues son famosas por provocar tanto dolor como un disparo. El joven estudia la zona y ve que no hay rastros de hormigueros por esa zona, por lo que se acerca con cuidado hacia las plantas que necesita y, tras sacar suavemente su cuchillo, empieza a tomar algunas hojas de la misma, una a una; despacio, con calma y teniendo extremo cuidado de no dañarlas pues necesita seguir un proceso concreto para utilizar dichas hojas, más bien tallos de la planta junto a las hojas siendo una mezcla de ambas partes lo que da la cuerda que él desea. El joven aprendió a cortar lo que necesita de la naturaleza sin dañar el material obtenido y sin dañar tampoco el entorno, pues no pretende provocar que las plantas desaparezcan o que se rompa el equilibrio del entorno ni que la cadena alimenticia se rompa. El joven recuerda a la perfección lo que estudió sobre la forma correcta de cortar las partes de las plantas para permitir que crezcan nuevamente y no afecte a su supervivencia ni tampoco a los animales que puedan depender de la misma, y después de varios años repitiendo el movimiento con una atención absoluta a los detalles, el joven interiorizó tanto el movimiento que ya le sale natural y sin necesidad de pensar demasiado en cómo hacerlo, de la misma manera que se hizo natural el disparar para el pelirrojo, tan natural como respirar.

El joven va dejando lo que recolecta poco a poco a un lado, su respiración calmada, sus ojos fijos en la planta a cortar pues a pesar de saber de memoria como hacerlo no deja de prestar atención para evitar errores por exceso de confianza, y al mismo tiempo sus oídos están atentos al entorno para detectar cualquier posible amenaza. Muchos dirían que si la posible amenaza son hormigas o insectos los oídos no ayudan, pero eso solo ocurre con personas que no están acostumbradas a fijarse en los detalles, y en distinguir los sonidos de la naturaleza, siendo que las hormigas hacen un ruido muy característico cuando avanzan hacia lo que consideran una presa o una amenaza. Puede que una sola hormiga no sea fácilmente audible, pero si se unen varias y hacen el mismo sonido, por unión se potencia el sonido y resulta extremadamente sencillo llegar a escucharlo y distinguirlo si lo conoces. Afortunadamente para el arquero, en la zona no parece haber hormigueros destacables, y no hay rastro de las hormigas u otras amenazas cercanas por lo que el joven toma su cuchillo y poco a poco, con calma, paciencia y cuidado, va tomando lo que necesita para la cantidad de cuerda necesaria para su arco y su carcaj para ir bien preparado a las siguientes aventuras que recorra con su división o en solitario, sabiendo que en cualquier momento la vida puede dar un giro inesperado y ser objetivo de algún ataque centrado en su persona en lugar de un ataque a la marina en general.

Sus movimientos suaves y precisos no llaman la atención, por lo que incluso de haber animales cerca lo más probable es que se mantengan alejados al no tomarlo como una amenaza ni para ellos ni para su entorno. La mayoría de los artesanos y arqueros que el marine conoce simplemente buscan cuerdas ya fabricadas en los mercados, tiendas y demás, pero esas cuerdas tienen las características que tienen, y cuesta encontrar cuerdas que encajen con los estándares del pelirrojo, por lo que prefiere fabricarla él mismo. Por fortuna no necesita de mucha cuerda, por lo que no tardará mucho en reunir todo el material que necesita para crear esa cantidad de cuerda. El joven deja a su lado, en una roca cercana, las partes que va cortando de la planta y mientras las va reuniendo va calculando la cantidad necesaria para hacer la cantidad de cuerda que necesita con una cantidad razonable. Sus manos son veloces y precisas, y los guantes impiden que se dañe por accidente con ramas cercanas, otros árboles más peligrosos y espinosos ni con las propias hojas en un despiste.

Las hojas y tallos se van acumulando poco a poco en la roca, mientras la mente del joven arquero mide concienzudamente la cantidad de cuerda que tiene con lo que lleva cortado, buscando completar rápidamente ese requisito previo para dos de sus fabricaciones en mente. El sol hace que el trabajo sea más pesado de lo que fue en el pasado para el joven arquero de melena roja, pues aún con una ropa preparada para evitar notar tanto el calor, la temperatura y la humedad hacen que sea agobiante y que respirar se note pesado y áspero, casi provocando asfixia por la inmensa temperatura. Cada tantos minutos el joven se saca la cantimplora con agua que lleva consigo para darle un buen trago para hidratarse y refrescarse antes de continuar con su arduo e incansable trabajo para lograr lo que pretende. En el pasado muchos se burlaban de él por pasar tiempo estudiando como fabricar cosas y como construir e improvisar flechas en lugar de llevar más de un grupo de flechas, sin embargo, eran los mismos que luego se preguntaban como podía el pelirrojo lograr tantas buenas cacerías y ser elogiado por todos los veteranos, tanto por las persas que lograba atrapar como por su eficiencia y capacidad de resolución de problemas. Muchos de ellos se acercaron al pelirrojo a preguntar como lograba solventar los problemas que iban surgiendo sin saber de antemano sobre ellos. El joven simplemente reía y decía que la razón detrás de esa diferencia era precisamente el motivo por el que solían burlarse de él, pues el estudiar la forma de fabricar objetos, improvisar flechas y demás le ayudó no solo a poder apañar algo en caso de no contar con flechas suficientes o se le rompiera el arco, sino que también ayudó a que desarrollara una mejor capacidad de observación, y una percepción más aguda producto de fijarse en todos los detalles.

Paulatinamente, como una obra planeada por expertos y destinada a abarcar un gran terreno como lo puede ser una casa, una tienda o una sede de alguna organización, los materiales necesarios por el marine van reuniéndose y alcanzando poco a poco la cantidad que necesitará para fabricar todo lo que tiene en mente. Los músculos del joven arquero todavía recuerdan la sensación de cosecha, no se perdió después de tanto tiempo simplemente peleando, buscando ayudar a la gente inocente y tratando de que no lo maten en el proceso. El joven observa el montículo de ramas que ha formado y se da cuenta de que ya tiene suficiente para construir toda la cuerda que necesita, siendo que desde ahí lo que tiene que buscar es la madera y el cuero, siendo que dejará el cuero para el final.

Pese a que tiene cierta prisa en empezar con la fabricación y terminar los objetos, sabe que debe hacer las cosas con calma, siguiendo un orden y manteniendo la seguridad y su salud por encima de todo y en todo momento. Por ello es que el joven de melena roja toma las ramas y demás que ha talado con sumo cuidado y camina hacia la carreta, para dejarlas en la misma de forma que luego solamente tenga que cargar el resto de materiales sin tener la necesidad de reorganizar la carreta para que entre todo en ella sin riesgo de que caiga por el camino. El joven camina dejando sus huellas en la arena, pues en esa zona el viento parece ser más tranquilo y no soplar con tanta frecuencia, algo que facilita el trabajo y reduce el riesgo de que algo le dañe el ojo o la arena abrase la poca piel que tiene al aire. El joven marine asegura bien las hojas en la carreta, asegurándose de que no pueda salir volando accidentalmente por una racha de viento o caerse por un obstáculo o desnivel en el camino. En esos momentos echa en falta su pequeño grupo de lobos de cuando era pequeño, aunque más bien eran de su abuelo y le obedecían por órdenes de su abuelo, quien les indicó que siguieran las indicaciones de Bertram si eran correctas, y cuidaran de él. Los movimientos del arquero son estudiados, precisos y sin gasto de energía en vano, para él cualquier movimiento sigue un propósito, al menos cuando está en misiones como marine, en un combate o reuniendo materiales y fabricando objetos, pues quien logra controlar sus movimientos y reducir el gasto de energía tiene mejores oportunidades de éxito, y es algo que aprendió de pequeño durante las cacerías viendo a su abuelo cazar.

El joven arquero observa el cielo, tiene que controlar el tiempo que pasa pues si ve que se le acaba el tiempo tendrá que dejar de lado algunas de las ideas para otro momento, centrándose en lo más urgente como lo son flechas y un nuevo arco, dejando los comunicadores para más adelante, tal vez para entonces ya tenga la capacidad de hacerlos sin necesidad de comprar nuevos den den mushi o usar los que ya tienen los miembros de la división, además, si no necesita den den mushi puede hacer suficientes para entregarlos a otros miembros de la marina aliados para comunicarse de forma más eficiente y directa, manteniendo la comunicación protegida contra sistemas de intercepción ideados para los den den mushi. El joven observa a su alrededor, buscando la mejor madera para lo que tiene pensado fabricar, y son unas cuantas cosas por lo que en lugar de buscar una madera para cada cosa, pues un arco no tiene los mismos requerimientos que una flecha, el joven para esta ocasión valora que es mejor una madera más versátil, que cubra las necesidades de todos los objetos a crear en lugar de obcecarse en encontrar la madera específica que tenga las mejores cualidades para cada objeto, lo cual alargaría el tiempo de recolección y a la larga afectaría enormemente al tiempo de fabricación, y el marine no sabe cuanto tiempo pasará en la isla, pero por algún motivo que desconoce algo en su interior le indica que no van a estar tanto tiempo en la isla como para poder dedicar varios días a buscar maderas en concreto, si es que en la isla existen todos los tipos de maderas que el joven busca.

Tras asegurarse de que todo está en orden, es seguro avanzar y que le queda tiempo suficiente para poder terminar de recolectar antes de que anochezca demasiado y que no hay rastro de bandidos, piratas u otros criminales en las proximidades, el joven toma la carreta que ahora pesa un poco más y empieza a moverse en busca de la madera necesaria, pues en este caso es más viable simplemente acercar la carreta y recolectar la madera que ir haciendo varios viajes cargando la madera que puede únicamente con sus manos, e incluso que use algo para aumentar la cantidad a cargar, también depende demasiado de su fuerza, la cual por desgracia no es demasiado elevada, siendo el motivo de usar la carreta en lugar de una carretilla además de la mayor capacidad de la misma. El joven avanza con calma, manteniendo un paso constante, asegurándose de hidratarse con frecuencia y evitar sobreesfuerzos, en cuanto nota que su cuerpo se siente más pesado por el calor se detiene a descansar un rato y retomar el aliento, mientras observa el lugar a ver si ya está en la zona deseada, aunque al parecer aun le queda un tramo bastante largo.

Los ojos rojizos del marine se fijan en todos y cada uno de los detalles de la zona, observando y estudiando el movimiento de la arena por el viento, pues por lo que el joven estudió mientras venía de camino, algunos de los mayores peligros  y que más muertes y desapariciones causan en zonas desérticas son grutas subterráneas escondidas en la arena, terreno inestable o tremendamente frágil y animales que se esconden en la arena esperando que pase una presa por encima y cazarlas. Al observar el comportamiento de la arena el joven puede reducir de forma exponencial el riesgo de caer en alguno de esos peligros, pues aunque sea mínimamente cualquier perturbación bajo la superficie afectará a la arena, y si el joven cazador aprende a distinguirlas puede evitarlas con mayor facilidad. Los pasos del joven son más cuidadosos ahora, está alejándose de la zona más segura, y por ende como buen cazador acostumbra a aumentar las precauciones y las medidas de seguridad, prefiriendo retrasarse un poco a acabar cayendo en una trampa o en un agujero por falta de atención y cuidado.
berchanpandared



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#2
La carreta aún mantiene un peso adecuado para moverla con calma, y espera que así se mantenga hasta el momento de regresar a la zona de forjado, pues sino tendrá que mover la forja hasta allí y eso sería totalmente engorroso. Los oídos del joven empiezan a escuchar un sonido que le hace esbozar una sonrisa pues es un sonido que le recuerda a presas que usaba antaño en su isla natal para conseguir cuero para todo lo que pudiera necesitar. El joven se detiene un momento y presta más atención al sonido, eliminando el sonido de sus propios pasos y de la carreta del entorno para poder concentrarse en ese y busca saber aproximadamente la cantidad de animales que producen ese sonido, sin embargo no es un cálculo fácil y mucho menos completamente preciso, es un cálculo aproximado en base a suposiciones y correlaciones con otras especies que puedan ser similares. El joven toca su carcaj y con eso se hace una idea de la cantidad de flechas que lleva encima, calculando las que pueda necesitar para eliminar a los objetivos que necesite. Por lo que escucha y tirando de experiencia, el joven arquero sospecha que es una manada formada por aproximadamente unos 10 ejemplares, y por el sonido son relativamente grandes por lo que le bastaría con tumbar a dos para conseguir la cantidad de cuero que necesita, haciendo que tenga que encontrar la forma de evitar que los otros ocho animales le ataquen al ir a por los abatidos.

El joven deja la carreta bien estabilizada, asegurándose de que está en un lugar que no va a ceder de repente, y se mueve hacia una zona algo alejada de la misma para evitar que al matar a dos de los animales y se produzca la más que probable estampida, dicha estampida pase por encima de la carreta y la destroce junto a todo lo que lleva. El joven se coloca en una zona desde donde poder disparar libremente a las presas sin miedo a ser aplastado por aquellos que permanezcan vivos y salgan corriendo despavoridos sin fijarse en lo que se encuentra en su camino, buscando únicamente ponerse a salvo y alejarse del peligro. El joven cazador de pelo rojo como el fuego se dedica a observar el entorno y encuentra un pequeño grupo de rocas que servirá perfectamente de punto de observación y de cacería. El joven se encamina al lugar, permaneciendo atento al sonido de las pisadas por si resulta inviable usar la ubicación para la cacería, pero por fortuna para el cazador el sonido indica que lo más probable es que pasen por una zona lo bastante cercana para que su arco pueda alcanzarlos, de forma que el joven pelirrojo se ubica en lo alto del pequeño grupo de rocas y, tras posicionarse de forma perfecta para una cacería agazapado con una rodilla en el suelo manteniendo la otra elevada y el cuerpo recto, de forma que su pierna no estorba al disparo al mismo tiempo que otorga un equilibrio perfecto para lanzar la flecha con total precisión.

El joven fija sus ojos en el horizonte, en la dirección de la que escucha los sonidos acercarse cada vez más, respirando con paciencia y sacando dos flechas de su carcaj, preparándose para el disparo, pues en lugar de dos disparos separados, el joven lanzará dos flechas simultáneas de forma que cada una vaya en una dirección diferente, un pequeño truco que desarrolló de pequeño y que sorprendió incluso a su abuelo al verlo funcionar. El aire era cálido, tanto como el vapor saliendo de un té recién hecho y cargado de tanta humedad que a veces da la impresión de que el joven pelirrojo se encuentra en una sauna en lugar de al aire libre, esperando que un grupo de animales se ponga a tiro para hacerse con algo de cuero. El joven contramaestre de la división 60 desarrolló un sistema muy eficiente de espera en el momento de cazar, una vez encuentra la postura adecuada el joven se mantiene completamente inmóvil, congelado en la postura de forma que los únicos movimientos del marine son los involuntarios producto de las funciones básicas del cuerpo para mantenerse con vida, siendo tal su capacidad de mantenerse quieto que llega a parecer una estatua, siendo el suave sonido de los batidos de su corazón y su respiración lo único que indicaría a alguien que se acerque bastante que el joven es una persona y no una estatua.

Para mejorar el impacto de esa posición el joven meditaba con frecuencia, cada que tenía oportunidad le dedicaba un tiempo a la meditación y al control sobre sus emociones y su cuerpo, hasta el punto en el que logra calmarse tanto que sus latidos apenas son percibidos y solo lo escucha él en sus oídos, mientras que la respiración es tan suave y eficaz que parece que ni respira. La mirada aguda del marine permanece avizora ante la llegada de los animales, y finalmente, tras unos diez minutos de espera, aparece un grupo de unos 10 Adax, una especie similar a un antílope y cuya piel será perfecta para lo que tiene planeado construir el marine de las flechas eléctricas. El joven espera paciente al momento adecuado, no solo a que estén a una distancia donde su arco alcance, sino que debe esperar a un momento concreto, pues su modus operandi como cazador es el mismo, invariable en lo que se trata de cazar, variable respecto a los criminales,  y es que siempre los elimina con un disparo certero para que la muerte sea lo más rápida e indolora posible, pues si bien está acabando con la vida de una criatura al menos evita provocarle dolor innecesario.

El viento cálido de la isla agita su larga melena mientras espera respirando el momento idóneo para el disparo, una brisa que en Drum lo helaba y en otras islas resultaba agradable, aquí hace que el calor se note con fuerza al ser aire caliente, casi tanto como el entorno en sí. Poco a poco la manada de sus presas se acercan, ajenos al peligro que les acecha y al destino que les espera a dos de ellos, pero así es la vida, algunas veces el joven pelirrojo tiene que matar algunos animales para hacerse con cuero para sus productos. Poco a poco sus pasos los llevaban a una zona fatal, y mientras el marine permanece quieto, al acecho y esperando el momento idóneo para disparar, manteniendo sus ojos avizores a cualquier detalle mientras su oído está atento al resto de la zona en busca de peligro. Y es entonces cuando sus orbes lo ven, un momento en el que dos de los animales se separan un poco del resto por lo que el arquero coloca las flechas en el arco, tensa la cuerda con cuidado, sosteniendo ambas flechas al mismo tiempo, y suelta, haciendo que cada flecha vuele hacia cada una de las criaturas e impacten de lleno en su cabeza, provocando que caigan muertas al instante, no les dio tiempo siquiera a chillar de dolor. Como era de esperarse, el resto de los Adax se descontrolan y salen despedidos en todas direcciones, afortunadamente ninguno pasa por encima de los cuerpos ni tampoco se dirigen hacia el lugar donde se encuentra la carreta, por lo que no hay riesgo de perder nada. El joven cazador desciende hasta el lugar donde se encuentran sus presas y retira las flechas, limpiándolas en la ropa antes de guardarlas y arrastrar los cuerpos hacia un rincón, lugar en el que los cuelga usando un saliente de las rocas y con el cuchillo les corta la base del cuello para desangrarlos y que resulte más sencillo sacarles la piel.

Mientras la sangre va vertiéndose a la arena del desierto, el joven se dirige a la carreta y la trae hacia la zona cercana para poder guardar el cuero nada más lo saque de los animales y asegurar que esté bien distribuido en la carreta, pues una distribución eficiente no solo ahorra espacio, sino que hace que mover la carreta resulte más sencillo. El joven  espera pacientemente que la sangre termine de drenarse, manteniéndose fuera de la zona por la que discurre la misma para evitar mancharse, aunque con el calor que hace y lo absorbente que es la arena con los líquidos, es poco probable que la sangre avance demasiado, pues dos Adax no son suficientes para generar la cantidad de sangre necesaria para que llegue a la posición del marine desde donde están los cuerpos. El joven observa el cielo y las zonas cercanas, necesita quitarles la piel a los cuerpos antes de que el aroma de la sangre y la carne empiecen a atraer a carroñeros, momento en el que el joven arquero tendría que lidiar con ellos y matar a más animales de los que quería o usar su haki para paralizarlos, lo cual puede ser peligroso para ellos.

El sol sigue brillando en el cielo, cambiando su posición y su ángulo de incisión conforme el día avanza, el tiempo pasa y se aproxima a la noche y el fin del día,  por lo que lentamente la temperatura va bajando y empieza a haber más sombras en las que refugiarse del calor del ambiente, sin embargo no es conveniente estar muy alejado por la noche, si bien el desierto es un lugar terriblemente cálido, por la noche es como lo contrario por completo, las temperaturas bajan de golpe haciendo un frío casi más letal que el calor. La mirada del arquero eléctrico se centra en los cuerpos que ya están completamente drenados de sangre, por lo que el joven se acerca para empezar a sacar la piel, lo único que necesita de ellos, alegrándose de que todavía no haya llegado ninguna criatura carroñera a por su botín. El joven respira hondo, toma aire y se concentra antes de tomar a uno de los cuerpos y clavar la hoja de su cuchillo en la base de una de sus patas para empezar a despellejarlo desde allí, una vez la clava y separa ligeramente la piel de los músculos, inclina la hoja lo suficiente para que pueda avanzar suavemente mientras levanta la piel y la separa de la carne sin dañarla. Es un trabajo delicado, complejo y que lleva muchos años de práctica poder hacer limpiamente, pero eso lo hace todavía más satisfactorio, pues al lograr terminarlo tienes la sensación de haber hecho algo que muchos no logran, otros intentan aprender, pero se rinden a mitad y otros nunca llegan a entender. El joven artesano mantiene el pulso firme, un movimiento calmado y uniforme,  algo que perfeccionó con el tiempo y que aprendió era la mejor forma de quitarle la piel a un animal de forma aprovechable y con el menor riesgo de dañarla.

Poco a poco el cuchillo va separando la piel de la carne, un sonido seco del rasgar del filo del cuchillo contra la piel y el viendo moviendo la arena alrededor del joven son los únicos sonidos presentes, mientras que el desierto parece no tener más vida que el joven contramaestre que está preparándose para cualquier posible imprevisto o problema que pueda surgir, buscando mejorar sus capacidades y su armamento para evitar volver a sufrir lo que ocurrió en Drum contra el francotirador y el tal Betrug, pero sobre todo, quiere poder proteger a todos los inocentes que pueda, no quiere volver a vivir lo que le pasó el Little Garden con Flora y en Drum con ese granjero, víctima de un asesino despiadado. El joven termina con la primera criatura y pasa automáticamente a la segunda, repitiendo el mismo proceso, exactamente de la misma manera, sin cambiar nada. El joven empieza a tararear una melodía mientras trabaja, manteniéndose despierto y luchando contra el calor, haciendo pausas frecuentes para hidratarse pero sin abusar, hay que racionar bien el agua por si acaso se prolonga el trabajo de recolecta. Una vez tiene ambas pieles consigo, el joven las coloca en la carreta y al echar un vistazo alrededor una enorme sonrisa se forma en su rostro, pues al hacerlo se percata de que sin quererlo se dirigió al lugar donde está precisamente el tipo de madera que busca, por lo que empieza a recolectar toda la madera que puede llegar a necesitar, con calma y paciencia, pues de dejar que la alegría y la emoción controlen sus movimientos se agotará antes de poder terminar de cargar la madera en el carro.

El joven arquero recolecta maderas de todos tamaños, formas, pero sobre todo, de buena calidad y en muy buen estado, siendo que es lo más importante para lo que pretende lograr. Los movimientos del joven son fluidos, sin pausas ni prisa, tampoco hay movimientos innecesarios y como siempre, hay un cuidado extremo. Al contrario que con los demás materiales, el joven va colocando la madera en la carreta a medida que la recoge, es la mejor forma de lidiar con algo de tanto volumen y tamaño, y que no sea una hoja. Lentamente la carreta se va llenando y se puede ver como las ruedas empiezan a hundirse poco a poco, hasta que el joven ve que tiene todo lo necesario por lo que suspira y mientras se rasca tras la cabeza dice

-Creo que ya es hora de ponerme a fabricar sir.-

Tras eso el joven toma la carreta  y se encamina directamente hacia donde está su forja montada, aligerando el paso al conocer ya el camino y saber que es totalmente seguro, aunque mantiene una vigilancia constante del entorno y de la carreta en busca de cualquier señal de peligro o inconveniente. Conforme se aleja escucha el batir de unas alas, seguramente unos buitres se acercan a tomar lo que queda de los animales cazados por Bertram quien lentamente y con cuidado vuelve hasta donde empezó toda la búsqueda, donde está todo el acero. El joven llega relativamente rápido, siendo que como aún hay solo pero está por ponerse decide que es mejor empezar por encender el fuego y mientras va tomando temperatura, preparar lo que no necesita de la forja. El joven coloca la fuente de fuego en cada horno, calculando con precisión lo necesario para cada temperatura específica y mientras el fuego va tomando cuerpo y temperatura, toma las pieles y las corta en las formas y tamaños que necesita para cada objeto, dejando cada parche en una zona. Tras eso toma las hojas y empieza a deshilacharlas con cuidado, usando el cuchillo para empezar y luego avanzando lenta y cuidadosamente con sus diestras manos has formar pequeños hilos, lo bastante gruesos para ser resistentes, pero lo bastante finos para poder ser mezclados con cuidado y formar el tipo de cuerda que necesita para su arco.

Poco a poco el joven va formando una larga cuerda, lo bastante fina para funcionar como cuerda de arco sin molestar al disparar, de hecho tiene el grosor idóneo para la forma de disparar del joven marine de pelos rojos, así como para que las flechas reposen con suavidad y firmeza en la cuerda, casi como si estuvieran hechas al mismo tiempo. Una vez termina con la cuerda del arco pasa a una cuerda diferente, de mayor grosor y más centrada en la resistencia que en su capacidad de lanzar flechas, por lo que usa lo que queda de las plantas que recogió para hacer la cuerda y las empieza a entrelazar con calma, cuidado y de manera meticulosa, asegurándose de que cada entrelazado es firme y resistente, pues sus flechas dependen de esa cuerda y cuanto mejor resista la cuerda, más seguras estarán las flechas. El proceso es similar al de la cuerda del arco, pero más sencillo, al no tener que hacerla tan fina puede controlar mejor la forma en la que entrelaza las partes formantes de la cuerda y asegurarse de su firmeza. Una vez termina de asegurar la firmeza de la cuerda empieza a trabajar en la forma del carcaj, tomando el cuero que cortó específicamente para este objeto, y sacando algo que hace mucho aprendió a usar pero que nunca pudo darle utilidad hasta este momento, el recuerdo de cuando le enseñaron a darle forma al cuero usando solo una cuerda sin necesidad de agujas, creando un carcaj con más de un compartimento, concretamente tres diferentes, bastante amplios para poder colocar diferentes tipos de flechas, haciendo que sea más rápido cambiar los tipos de flecha a usar en cada combate, siendo que puede ser lo que defina el cambio entre una victoria y una derrota.

El joven artesano vigila el fuego de los hornos y al ver como ya está listo el horno para el cristal termina la puntada y deja pendiente de terminar de dar los últimos retoques al carcaj para pasar a tomar la arena del entorno, obviamente no cualquiera, sino que usa un pequeño colador que tiene especializado para esta labor, para separar la mayoría de las impurezas, dejando una arena casi totalmente pura, lo cual la hace perfecta para lo que la va a utilizar, colocándola en una bandeja de metal e introduciéndola al horno, para calentar la arena desde todos los lados al mismo tiempo, pero al contrario que con el acero, lo deja en una zona desde la que pueda tener acceso a ello, pues conforme la arena se va solidificando el joven le va dando la forma de lente que necesita, pero no una, sino varias lentes, hechas para incrementar la precisión y permitir que se observe con mayor facilidad objetos lejanos. El joven vigila con tremendo cuidado que la forma de cada lente sea la adecuada, que no haya grietas ni impurezas en cada una de ellas, y que sean del tamaño adecuado para añadirlo a una mira que acoplará a su arco una vez esté terminado.

Poco a poco los cristales van tomando forma y terminando de adecuarse a lo que necesita, y conforme eso va pasando el joven los va estudiando para encontrar el momento adecuado para sacarlos, o más bien para apagar el fuego y dejarlos enfriar dentro del horno para evitar rotura por choque térmico, siendo que no tarda mucho en pasar eso, justo a la vez que la temperatura empieza a bajar afuera. Mientras el cristal se enfría con cuidado dentro del horno, bajando su temperatura simultáneamente con el horno, el joven termina de hacer el carcaj, estando completamente satisfecho con el resultado. Bertram estira los músculos, tanto de brazos como de espalda, y empieza a darle forma al arco, usando el cuchillo para talar la madera que consiguió específicamente para ello, al mismo tiempo que con una fuerza controlada lo va doblando y flexionando para comprobar como se comporta ante ese tipo de esfuerzos, estando contento pues logró hacerse con las maderas que quería, todas las diferentes que buscaba. Una vez tiene terminado el arco, o al menos la parte de agarre, toma la cuerda y la enreda poco a poco en uno de los extremos y la empieza a tirar y tensar hasta llevarla hasta el otro extremo y enredarla, o más bien atarla dejando el arco ya casi completo, siendo que toma los parches de cuero separados para el arco y los empieza a unir al mismo, en la zona adecuada para hacer que el agarre sea firme y evitar que se resbale en momentos de tensión, algo extremadamente importante para un arquero.

Revisa el arco, y lo deja listo para terminar de darle los retoques una vez termine con todo lo demás, fijándose en que el horno del acero está ya listo, siendo que ahora va a formar las mismas puntas de flecha que en Little Garden, solo que con unos moldes algo más concentrados y una punta bastante mejor pulida y afilada, facilitando el mejorar el daño causado por las flechas y propiciar más hemorragias. El joven toma el acero que va a necesitar y lo separa en tres partes, uno para cada grupo de flechas y otro para la mira, pues la estructura de la misma va a estar formada de acero en lugar de madera. El joven arquero no se queda quieto mientras el acero se va fundiendo, empieza a preparar los cuerpos de las flechas, talando la madera que consiguió para tal propósito, dejando todos bien pulidos y listos para unir a las puntas de las flechas, algo que será el final del proceso junto al pulido de las flechas y añadir las colas, para lo cual aún conserva plumas. El joven termina relativamente rápido con la preparación de los cuerpos de las flechas, por lo que toma el arco que aún no había terminado de dar los últimos retoques y lo coloca con cuidado en el banco de trabajo, dándole una mano de pintura oscura a todo el arco, pasando con cuidado cada pincelada y cubriendo cada rincón, aprovechando para preparar ya el hueco para la mira y evitando que la pintura afecte la cuerda, siendo que eso sería algo terrible pues la cuerda no está hecha para aguantar ese tipo de sustancias.

Tras la pintura lo deja secar un momento, colocando una barrera por encima para que la arena no lo estropee mientras regresa al horno, viendo como el metal ya se ha fundido empieza por la mira, vertiendo el metal en un molde hecho de forma especial para tomar la forma adecuada, controlando la velocidad con la que rellena el molde y vigilando de no pasarse, hasta que logra cubrir todo el espacio requerido del molde, llevándolo al barril de aceite de enfriado, donde hunde el molde, usando las tenazas para ello, y escuchando el sonido del metal al enfriarse de esa manera y observando el humo elevarse antes de retirar la pieza y separar el molde, viendo que está ya listo para terminar de montar las lentes y tener la mira terminada. El joven artesano abre el horno del cristal, ya a temperatura lo bastante baja para que no haya peligro, y lo abre, sacando las lentes que fabricó antes y las dispone dentro de la mira en el orden y la posición adecuados para lo que pretende lograr, para luego con un último ajuste terminar de dejar la mira completamente sellada y bien estructurada, depositándola en el banco de trabajo para luego llevarlo junto al arco al barco.

Una vez terminada la mira y viendo como el arco ya está listo, el joven se vuelve hacia el resto del acero y se dispone a terminar de una vez por todas la fabricación de las flechas. El joven deposita ambos moldes en el banco de trabajo, uno al lado del otro, pero esta vez al contrario que la última, quiere agilizar el trabajo y en lugar de hacer las flechas una a una, toma un molde por cada flecha que va a fabricar de cada tipo, y los dispone en fila, tomando el acero que va a usar para una de las flechas con las tenazas y los cuerpos de las flechas con su otra mano. Camina con calma hasta los moldes y empieza a verter el acero en el primer molde con calma y cuidado, controlando que no desborde pero no se vierta de manera insuficiente, además de controlar que se llene de manera uniforme el molde, antes de pasar al siguiente molde y repetir el mismo proceso, con calma, cuidado y atención a todos los detalles. Finalmente pasa al tercer molde de esa tanda de flechas, dejando lo que queda de acero fundido en el mismo antes de regresar al primero y colocar el cuerpo de la flecha bien tallado en el molde, hundiéndolo la distancia justa para que la unión sea firme y estable, pero no demasiado para perder distancia y reducir la posibilidad de tensar más el arco y ganar fuerza. Mantiene la misma velocidad de trabajo que antes, cuidadosa pero continua, moviéndose al siguiente molde y repitiendo el mismo proceso que la flecha anterior y haciendo exactamente lo mismo en el siguiente molde. Finalmente termina esas tres flechas, por lo que toma los moldes uno a uno y los lleva al aceite de forjado para enfriar el acero con la forma del molde y el cuerpo de la flecha incrustado, de forma que ahora todo es lo mismo.

Una vez terminado con esas flechas el joven pasa al siguiente, repitiendo exactamente la misma forma de proceder, solo que reduciendo un poco más la velocidad de trabajo, yendo con algo más de calma, lo bastante para que se asiente mejor el acero y tenga una diferencia con las flechas anteriores, pero no lo bastante para que no pueda terminar de colocar los cuerpos de las flechas en el metal fundido y luego enfriarlos para formar las flechas que desea usar. El calor del horno es mucho peor que el que sufrió durante el día con el sol, pero al ser de noche el joven pudo quitarse la ropa y al contrario que con el sol le bastaba con alejarse del horno para refrescarse y tomar algo de agua con calma, mientras se seca el sudor de la frente y observa el trabajo bien hecho y satisfactorio que es forjar sus propias municiones y su propio equipamiento, sintiendo algo similar cuando hizo la espada y los guantes de Kibai. El joven camina con cuidado entre molde y molde, asegurándose de que todo esté en perfecto estado durante la producción y que ninguna esté más adelantada o peor forjada. Una vez es el momento de enfriarlas, el joven sigue el mismo proceso que con las otras flechas, hunde una a una las flechas aún dentro del molde para que mantengan la forma, y una vez lo termina separa el molde, que ha hecho de forma específica para que pueda separarse fácilmente tras la forja, siendo su proceso habitual de fabricación de flechas encontró una manera de reutilizar los moldes sin comprometer su estabilidad.

El joven toma las flechas con cuidado en sus manos, puliendo las cabezas con cuidado, dando un repaso al cuerpo y añadiendo distintas plumas a cada una de las flechas para distinguirlas rápidamente, aunque teniendo en cuenta la forma de su carcaj, basta con memorizar en qué compartimento va cada flecha y listo. Una vez terminado de pulir, colocar las plumas y demás el joven revisa las aristas y afila las que se hayan quedado algo romas, aunque son pocas y a consecuencia del pulido, pero una vez termina con eso toca la parte más engorrosa del trabajo, recogerlo todo y regresar al barco. Pese a que lo ve como algo engorroso y aburrido, es una persona responsable y lo hace por varios motivos, aunque principalmente por no tener que reponer todo el material que perdería de no abandonarlo cada vez que lo monte siendo un gasto tremendo de esfuerzo y tiempo, y por no contaminar ni llenar de basura u objetos molestos e innecesarios el entorno donde viven otros, tanto humanos como animales, buscando tener el menor impacto negativo posible en las islas por las que pasa. El joven lo va recogiendo todo y aprovecha la carreta para ir colocando los bancos, las herramientas y demás, tras colgarse su nuevo arco al hombro, terminar el carcaj haciéndolo algo diferente y colocándolo en horizontal a la altura de sus lumbares en lugar de en la espalda sobresaliendo por arriba y las flechas en sus respectivos compartimentos, manteniendo las herramientas y los moldes en una especie de macuto que tiene específicamente para eso, teniendo un cuidado tremendo con sus cosas.

Una vez termina de recogerlo todo, el joven carga el barril con el aceite, ya cerrado, y comprueba con total detenimiento que no se deja absolutamente nada antes de encaminarse hacia su barco a descansar.

Información
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