30-06-2026, 08:41 PM
Día 2 de invierno
Puerto de Mock town,
07:00 am
Vacié la tetera en mi taza. Tomé una rebanada de pan y esparcí en su superficie un pedazo de mantequilla. En el puerto, solo se oía la voz de algún pirata trasnochado que buscaba algo más que apuraba sus reservas de ron. Nada fuera de lo común. A decir verdad, el bullicio habitual de aquella ciudad parecía estar tomándose un descanso aquella mañana. Aquello me venía de maravilla, pues había decidido leer el periódico que había comprado el día anterior durante mi visita al árbol de oro. Estiré el noticiero con un gesto seco y me dispuse a revisar la portada otra vez. Aún me sorprendía la idea de que hubiera una tripulación pirata dispuesta a acabar con el progreso tecnológico. ¿Pero que otra explicación habría? Habían asaltado una isla del gobierno y habían destruido sus instalaciones. Tal vez, algo no salió como esperaban. O quizá, tan solo buscaban desestabilizar al gobierno mundial.
Cogí la rebanada de pan y le di un bocado a la vez que pasé de página. Realmente, aquella debía de ser una tripulación pirata temible, a juzgar por lo que narraba el artículo. No solo habían asolado la isla, sino que también habían acabado con el doctor Utakata. Sin lugar a dudas, sería un duro golpe para el Gobierno Mundial. Y estos, no habían tardado en tomar represalias. La siguiente noticia seguro que había dolido más a los Alas Negras que las anteriores. En ella se destacaba que, como respuesta a estos ataques, su antiguo capitán, Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero iba a ser ejecutado en un acto público.
—¿Ves? —dije dando un golpe con el revés de la mano a la foto de Yojimbo—. Por eso no es bueno enemistarse con el Gobierno Mundial. Siempre es mejor mantener un perfil bajo.
Pasé de página mientras daba un nuevo bocado a mi desayuno. Lo que vio hizo que el pedazo de pan en mi boca tomase una dirección equivocada. Tosí con fuerza. Aparté las migajas de pan esparcidas por el papel con la mano y leí con más detenimiento. Parecía que al fin íbamos a poder salir de aquella isla. El Shichibukai Zarutsuki había decidido celebrar una nueva edición de sus afamados juegos. Aquello que había comentado Uker, parecía que iba a ser la solución a nuestros problemas. Ese era el motivo por el cuál nuestro log pose había dejado de funcionar. No, eso no era cierto. Estaba cumpliendo muy bien con su labor. El único inconveniente era que la siguiente isla en nuestro camino no se encontraba al norte ni al sur de nuestra ubicación, sino que se hallaba arriba, a más altura. Una isla en el cielo. Parecía algo sacado de novelas fantásticas o de mitología de otras eras. ¿Cómo era posible que existiera un reino sobre las nubes? ¿Será que allí también viven dioses? Alguno capaz de reunir las nubes, o tal vez uno que las utilice a modo de ladrillos. También podría ser el reino de alguna deidad de la tormenta. Solo esperaba que no nos encontrásemos con algún dios vengativo o con la guarida de algún dragón.
Junto a esta noticia, se hablaba de un intento de golpe de estado en la isla de Drum, algo que me sorprendió, puesto que no parecía un reino tan conflictivo cuando estuvimos nosotros allí unos meses atrás. Sin embargo, estas dos noticias quedaban opacadas por la tercera que las acompañaba. El ejército revolucionario comenzaba a moverse de nuevo. Desde hacía un tiempo, no había leído muchas noticias sobre ellos, pero las pesquisas del periódico mostraban que sus intenciones no eran nada buenas. Hablaban de cosas terribles como el exterminio de la población o el secuestro de niños organizados, vaya usted a saber con qué fines. También de otras con menor malicia como el derrocamiento del Gobierno mundial. Sin embargo, también recaía sobre ellos la sospecha de algo mucho más atroz.
—Este año, pienso montar un árbol en el Black Widow. Y también pondré calcetines para mis compañeros. No permitiré a esos revolucionarios salirse con la suya.
Pasé de página maldiciendo con la boca llena aquella noticia. Di un sorbo amplio a mi té con la intención, como si el mal trago de la noticia fuese a diluirse con un trago literal.
—¡Vaya! Parece que no todos los que llevan el uniforme son buenas personas —dije con tono irónico.
La trama de sabotaje entre vicealmirantes no era algo que me sorprendiese, pues en mi vida ya había podido ver a algunos de los miembros de la marina comportarse de una manera poco adecuada. O mejor dicho, más apropiada a lo que se supone que harían los piratas. El boletín también hablaba del surgimiento de una nueva banda pirata. Un par de antiguos miembros de la mano del Hombre Muerto estaban ahora bajo las órdenes de una mujer de la antigua tripulación de lo Olvidados.
—¿Los Olvidados? Esa era la antigua tripulación de Uker. Será acaso que aquella mujer...
Sacudí mi cabeza. No quería mantenerme en aquel pensamiento. Menos aún después de lo que me había supuesto la vez que buscamos una sustituta como pareja de nuestro amigo. Moví mis ojos hacia el final de la página, donde se hablaba de la caída de la disolución de un par de bandas piratas de las que no había oído hablar en demasía y de la venta de un libro que aconsejaba el blanqueamiento de zonas que deberían estar mejor a la sombra.
Me detuve antes de cerrar el periódico. Tomé aire, profundo. Exhalé despacio. Sabía lo que venía al final del noticiario. Era la parte donde se adjuntaban los nuevo carteles de recompensa. Aún no me había acostumbrado a ver cómo subía el precio que aparecía bajo mi cara, por lo que siempre que llegaba a esta parte, necesitaba un pequeño instante para prepararme.
El primer cartel que apareció fue el de la temible mujer que también ocupaba la portada del periódico. Triana Tempesta. Una mujer de mirada aterradora, por la que el Gobierno Mundial ofrecía casi mil millones de berries. Tuve que revisar varias veces la cifra para asegurarme de que la cantidad que había leído era la correcta. Esa mujer no solo debía de hacer cosas horribles, sino que además debía de ser muy poderosa si habían puesto un precio así por su cabeza. Continué hojeando los carteles. Las primeras posiciones se las repartían entre un par de hombres que desconocía y los tripulantes de los Alas Negras. Sin embargo, el primero de los carteles que aparecía tras los de aquellos monstruos era el de nuestro cocinero y tras él aparecía Eros también. Ellos siempre querían ganar en reputación, por lo que me alegré en medida, a pesar de que eso supusiese que habría más ojos sobre nosotros. Eché un vistazo al resto de carteles, con la intención de memorizar alguna cara por si nos cruzábamos en los juegos de Skypiea. No obstante, algo en mi interior me decía que debía cuidarme más de cruzarme con marines que con alguno de aquellos piratas. Sin duda, nuestro mayor escollo no aparecía entre esos carteles.
Cerré el periódico y guardé los carteles de recompensa tras él, dejando a la vista los de mis tres compañeros. Apuré mi taza de té y me estiré. Los brazos cayeron detrás de mi cabeza y los dedos se entrelazaron en mi nuca, como si intentasen sostener el peso de las ideas que vagaban por mi mente. El mundo se estaba moviendo, pero nosotros debíamos permanecer allí varados durante algún tiempo. La espera hasta los juegos de Skypiea se iba a hacer muy larga.
Cogí la rebanada de pan y le di un bocado a la vez que pasé de página. Realmente, aquella debía de ser una tripulación pirata temible, a juzgar por lo que narraba el artículo. No solo habían asolado la isla, sino que también habían acabado con el doctor Utakata. Sin lugar a dudas, sería un duro golpe para el Gobierno Mundial. Y estos, no habían tardado en tomar represalias. La siguiente noticia seguro que había dolido más a los Alas Negras que las anteriores. En ella se destacaba que, como respuesta a estos ataques, su antiguo capitán, Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero iba a ser ejecutado en un acto público.
—¿Ves? —dije dando un golpe con el revés de la mano a la foto de Yojimbo—. Por eso no es bueno enemistarse con el Gobierno Mundial. Siempre es mejor mantener un perfil bajo.
Pasé de página mientras daba un nuevo bocado a mi desayuno. Lo que vio hizo que el pedazo de pan en mi boca tomase una dirección equivocada. Tosí con fuerza. Aparté las migajas de pan esparcidas por el papel con la mano y leí con más detenimiento. Parecía que al fin íbamos a poder salir de aquella isla. El Shichibukai Zarutsuki había decidido celebrar una nueva edición de sus afamados juegos. Aquello que había comentado Uker, parecía que iba a ser la solución a nuestros problemas. Ese era el motivo por el cuál nuestro log pose había dejado de funcionar. No, eso no era cierto. Estaba cumpliendo muy bien con su labor. El único inconveniente era que la siguiente isla en nuestro camino no se encontraba al norte ni al sur de nuestra ubicación, sino que se hallaba arriba, a más altura. Una isla en el cielo. Parecía algo sacado de novelas fantásticas o de mitología de otras eras. ¿Cómo era posible que existiera un reino sobre las nubes? ¿Será que allí también viven dioses? Alguno capaz de reunir las nubes, o tal vez uno que las utilice a modo de ladrillos. También podría ser el reino de alguna deidad de la tormenta. Solo esperaba que no nos encontrásemos con algún dios vengativo o con la guarida de algún dragón.
Junto a esta noticia, se hablaba de un intento de golpe de estado en la isla de Drum, algo que me sorprendió, puesto que no parecía un reino tan conflictivo cuando estuvimos nosotros allí unos meses atrás. Sin embargo, estas dos noticias quedaban opacadas por la tercera que las acompañaba. El ejército revolucionario comenzaba a moverse de nuevo. Desde hacía un tiempo, no había leído muchas noticias sobre ellos, pero las pesquisas del periódico mostraban que sus intenciones no eran nada buenas. Hablaban de cosas terribles como el exterminio de la población o el secuestro de niños organizados, vaya usted a saber con qué fines. También de otras con menor malicia como el derrocamiento del Gobierno mundial. Sin embargo, también recaía sobre ellos la sospecha de algo mucho más atroz.
—Este año, pienso montar un árbol en el Black Widow. Y también pondré calcetines para mis compañeros. No permitiré a esos revolucionarios salirse con la suya.
Pasé de página maldiciendo con la boca llena aquella noticia. Di un sorbo amplio a mi té con la intención, como si el mal trago de la noticia fuese a diluirse con un trago literal.
—¡Vaya! Parece que no todos los que llevan el uniforme son buenas personas —dije con tono irónico.
La trama de sabotaje entre vicealmirantes no era algo que me sorprendiese, pues en mi vida ya había podido ver a algunos de los miembros de la marina comportarse de una manera poco adecuada. O mejor dicho, más apropiada a lo que se supone que harían los piratas. El boletín también hablaba del surgimiento de una nueva banda pirata. Un par de antiguos miembros de la mano del Hombre Muerto estaban ahora bajo las órdenes de una mujer de la antigua tripulación de lo Olvidados.
—¿Los Olvidados? Esa era la antigua tripulación de Uker. Será acaso que aquella mujer...
Sacudí mi cabeza. No quería mantenerme en aquel pensamiento. Menos aún después de lo que me había supuesto la vez que buscamos una sustituta como pareja de nuestro amigo. Moví mis ojos hacia el final de la página, donde se hablaba de la caída de la disolución de un par de bandas piratas de las que no había oído hablar en demasía y de la venta de un libro que aconsejaba el blanqueamiento de zonas que deberían estar mejor a la sombra.
Me detuve antes de cerrar el periódico. Tomé aire, profundo. Exhalé despacio. Sabía lo que venía al final del noticiario. Era la parte donde se adjuntaban los nuevo carteles de recompensa. Aún no me había acostumbrado a ver cómo subía el precio que aparecía bajo mi cara, por lo que siempre que llegaba a esta parte, necesitaba un pequeño instante para prepararme.
El primer cartel que apareció fue el de la temible mujer que también ocupaba la portada del periódico. Triana Tempesta. Una mujer de mirada aterradora, por la que el Gobierno Mundial ofrecía casi mil millones de berries. Tuve que revisar varias veces la cifra para asegurarme de que la cantidad que había leído era la correcta. Esa mujer no solo debía de hacer cosas horribles, sino que además debía de ser muy poderosa si habían puesto un precio así por su cabeza. Continué hojeando los carteles. Las primeras posiciones se las repartían entre un par de hombres que desconocía y los tripulantes de los Alas Negras. Sin embargo, el primero de los carteles que aparecía tras los de aquellos monstruos era el de nuestro cocinero y tras él aparecía Eros también. Ellos siempre querían ganar en reputación, por lo que me alegré en medida, a pesar de que eso supusiese que habría más ojos sobre nosotros. Eché un vistazo al resto de carteles, con la intención de memorizar alguna cara por si nos cruzábamos en los juegos de Skypiea. No obstante, algo en mi interior me decía que debía cuidarme más de cruzarme con marines que con alguno de aquellos piratas. Sin duda, nuestro mayor escollo no aparecía entre esos carteles.
Cerré el periódico y guardé los carteles de recompensa tras él, dejando a la vista los de mis tres compañeros. Apuré mi taza de té y me estiré. Los brazos cayeron detrás de mi cabeza y los dedos se entrelazaron en mi nuca, como si intentasen sostener el peso de las ideas que vagaban por mi mente. El mundo se estaba moviendo, pero nosotros debíamos permanecer allí varados durante algún tiempo. La espera hasta los juegos de Skypiea se iba a hacer muy larga.
