21-10-2023, 01:20 AM
(Última modificación: 21-10-2023, 01:22 AM por Nadja Alexeyeva.)
Atributos Personaje
— Ajá... Sí... — Nadja respondía al Den Den Mushi que había empezado a sonar a unas horas claramente intempestivas. Pero el caracol había adoptado la cara y las características de su amiga, así que... No podía obviarlo, tenía que tratarse de algo claramente importante. — ¿Estás segurrra? — Recibió una respuesta positiva del otro lado del Den Den mientras Nadja inspiraba una calada del cigarro y asentía con la cabeza. Al final resulta que la gyojin no era tan cabeza hueca... — Está bien, trrranquila, cuidarrrré de ellos por ti. — Y soltó una pequeña risita que fue correspondida por otra un poco más triste. — Que te vaya bien, querrrida. — Y ambas cortaron la conexión a la vez. Nadja se terminó el cigarro sin prisa mientras miraba por la ventana, sentada en el alféizar de la misma, el cielo estrellado y decorado con una gran luna creciente. Que tranquilidad respiraba la noche, qué solemne se antojaba. Muchos pensamientos recorrían su mente ahora mismo. Su amiga estaba claramente involucrada con la revolución, más de lo que ella se había podido llegar a imaginar. Cuando la conoció era una cabra loca, no pensaba nada de lo que hacía, no tenía objetivos ni una meta en la vida más que explorar y navegar por el mundo. Y ahora iba a dejar a un lado sus propios intereses por la causa mayor. Bufó y sonrió al pensar en eso. — Quién te ha visto y quién te ve... —
10 años antes...
— ¿¡Perrro tú estás loca en el coño o qué te ocurrre!? — Una Nadja de dieciocho años agarraba a la gyojin por la muñeca, soltándole una reprimenda y zarandeándola ligeramente de un lado a otro. — ¡Déjame! — La joven gyojin, de tan solo catorce años, intentaba librarse del agarre. Finalmente Nadja la soltó con brusquedad. — Mirrra, no puedo con esta puta niña. — Se alejó un par de metros, frustrada por no poder controlar la espontaneidad de una adolescente. Escuchó como a sus espaldas, uno de sus hermanos hablaba con la chica pez, en un tono mucho mas calmado que el que ella había empleado... Se sacó un paquete de cigarrillos del bolsillo de la chaqueta y rápidamente lo encendió y comenzó a fumar, dándole un par de breves caladas, llevada por el nerviosismo. Entonces un joven se acercó a ella. — Tienes que ser más comprensiva con ella, apenas acaba de unirse, no sabe cómo funcionan las cosas. — Nadja le miró a los ojos mientras ahora era ella la que recibía el sermón. Pero lo aceptó con gusto, el chaval le gustaba un poco. Y cómo culparla, con esa piel morena y golpeada por el sol del desierto, un cabello largo y rizado de color azabache que caía por sus hombros y esos ojos naranjas tan profundos... — Y tienes que dejar de fumar. — ¿Por qué tenía que estropearlo todo? — Si quisierrra a un padrrre ya me habrrrrría buscado uno, grrracias. — Rodó los ojos, no le gustaba la condescendencia. El chaval, Ruby, se rió con una encantadora carcajada mientras Nadja le daba otra calada. — ¡No puedo trrrrabajarrrr con ella, Rrrrruby! Es demasiado imprrredesible. — Sabía que probablemente la gyojin le estaría escuchando, pero le dio igual. — Por eso mismo os voy a dar otra misión a las dos. — La cara de Nadja se volvió un poema, ¿es que nadie la escuchaba? — Tienes que enseñarle. — El chico la agarró por los hombros y la acercó a su pecho. Acercó su boca al oído de Nadja. — Escúchame, es una gyojin adolescente que lo ha dejado todo por intentar hacer del mundo un lugar mejor, y te ve como a un referente, ¡como a un ejemplo a seguir! No puedes pasar esas cosas por alto. Sé que igual es mucha responsabilidad, pero eres la única que puede ayudar a esta chica. Y yo confío en ti. — "Joderrr... ¿porrr qué tiene que serrr así?" al final Ruby siempre hacía con ella lo que quería. Era imposible resistirse a él, tenía algo en la forma de hablar, en su voz, que te convencía de hacer cualquier cosa. Quizá por eso se unió a aquel grupo de revolucionarios... porque era imposible decirle que no. — Está bien, mierrrrda. — Nadja aceptó, no tenía más remedió, asintió con la cabeza y le apartó con la mano que no sostenía el cigarrillo. Le molestaba que se tomara tantas libertades con la cercanía física, como si no le importara en absoluto, como si fuera el completo dueño de la situación.
Al día siguiente, ambas salieron a las calles de Arabasta. El plan era sencillo, tenían que entrar en el local "La Sirena Sedienta" y conseguir robar unos documentos que tenía guardados el dueño en la planta de arriba. Ya habían estudiado varias maneras de hacerlo, podían intentar colarse por la parte de arriba directamente, aunque corrían el riesgo de ser vistas desde la calle. O la opción que había preferido Nadja, que se trataba de entrar como si fuera clientela normal y... Bueno, es mejor que lo veamos, en vez de explicarlo, ¿no?
Pues ahí estaban las dos, entraron al bar y se sentaron en la barra. Actuaron con normalidad por unos minutos, se pidieron un par de refrescos para no llamar mucho la atención y llegado el momento: — Voy al baño un segundo. — Nadja se levantó del taburete y tomó dirección hacia los servicios... solo que no entró en ellos, en su lugar subió las escaleras que quedaban a mano derecha y que conducían al despacho que buscaban. Era especialmente buena en cuanto a sigilo se refería, por lo que para las operaciones de infiltración era siempre la favorita de la lista. Sin embargo Derya... Era puro nervio. Por suerte no tenía mucho que hacer, con no llamar la atención era suficiente. Nadja llegó al despacho, sabían de antemano que en ese momento estaría vacío, pues estuvieron un par de semanas pendientes de cuándo estaba ocupado y cuándo no. Aunque no tenía mucho tiempo, así que silenciosamente pero sin parar un momento, se acercó a la mesa y empezó a rebuscar entre los cajones de madera... ¡Y ahí estaban! Los papeles que buscaba, perfectamente guardados en un sobre escondido tras un falso fondo. Qué truco tan viejo. Nadja le dio un besito al sobre antes de seguir con el siguiente paso: escapar sin ser vista. Se metió el sobre, con cuidado para no arrugarlo demasiado, dentro de la chaqueta y procedió a hacer el mismo camino pero a la inversa, bajando por las escaleras que antes había subido.
Pero... el camarero escuchó algo raro, estaba charlando con Derya, pues su papel era entretenerle y que no estuviera pendiente de la extrañamente larga ausencia de su compañera. Pero un escalón rechinó bajo los tacones de Nadja, ésta frenó en seco. — ¿Qué ha sido eso? — El camarero se giró y comenzó a andar en dirección a Nadja. Tenían que hacer algo... lo que fuera, pero rápido, o el hombre les pillaría con las manos en la masa. Entonces Derya comenzó a improvisar. Tiró el vaso que recogía su refresco al suelo intencionadamente, haciendo un ruido mucho más alto. — ¡ANDAAAA QUÉ TORPE SOY, MADRE MÍA! — Y comenzó a reír a carcajadas, en voz muy muy alta. El camarero abandonó el camino que había tomado, estaba claramente aturdido por el comportamiento de la chica, pero... era una adolescente, si se le veía en la cara, tampoco podía culparla de mucho. — ¡Lo siento mucho, de veras! — Derya seguía gritando. — No pasa nada, chica, no grites. — El pobre hombre se apresuró a tomar la fregona. Y Nadja aprovechó esa brecha de seguridad para terminar de bajar las escaleras. Se metió en el baño, una idea que tuvo en el último momento, y le dio a la cisterna. Así igual no sospechaba tanto... La joven volvió al lado de la gyojin, y con prisa dejó unos berries sobre la mesa. — Muchas grrrasias, vámonos. — Ordenó, y ambas salieron escopeteadas del local. Derya salió literalmente corriendo y riendo. Qué infantil era. Nadja soltó una risita y procedió a seguirla, echando a correr detrás suya. — ¡Esperrrrra! —
Ambas corrían por la ciudad de Arabasta. Derya le llevaba ventaja, como siempre. Nadja odiaba correr, los pechos le dolían y se cansaba mucho, y encima llevaba tacones... qué coñazo de niña. Pero también era divertido. — ¡Te he salvado el culo! — Derya se reía, le encantaba sentir que sin ella la operación habría salido mal. Era verdad, pero Nadja odiaba admitirlo. — ¡Yo sola habrrrría podido! — La gyojin frenó de repente, lo que pilló a Nadja desprevenida, obligándola a frenar también o se chocaría con ella. — Admite que lo he hecho bien. — Que cabezona era. Bueno, realmente las dos eran bastante cabezonas. Nadja se tomó unos segundos para recuperarse, tenía la respiración entrecortada, a diferencia de Derya, que parecía encontrarse perfectamente la jodida. — Vale, vaaaale... No lo has hecho mal, mierrrda. — Derya infló las mejillas, no parecida muy convencida con esa respuesta, cruzándose de brazos. — Eres una desagradecida... — Nadja solo le estaba tomando un poco el pelo, pero de repente le supo mal verla así. Entonces comprendió que no solo era una niña... era una joven revolucionaria lejos de su familia que buscaba la aprobación de sus amigos. A todos nos gusta sentirnos valiosos. Suspiró y le puso una mano sobre la cabeza. Era un poco más bajita que ella, pero no duraría mucho, la gyojin crecía a pasos agigantados. — Grrrrasias. Lo has hecho genial. — La expresión de Derya cambió enseguida, esbozando una enorme sonrisa que podría comerse a cualquiera de un bocado. Nadja le revolvió los cabellos, sabiendo que eso no le gustaba y se echó a reír. Ambas lo hicieron.
Al día siguiente, ambas salieron a las calles de Arabasta. El plan era sencillo, tenían que entrar en el local "La Sirena Sedienta" y conseguir robar unos documentos que tenía guardados el dueño en la planta de arriba. Ya habían estudiado varias maneras de hacerlo, podían intentar colarse por la parte de arriba directamente, aunque corrían el riesgo de ser vistas desde la calle. O la opción que había preferido Nadja, que se trataba de entrar como si fuera clientela normal y... Bueno, es mejor que lo veamos, en vez de explicarlo, ¿no?
Pues ahí estaban las dos, entraron al bar y se sentaron en la barra. Actuaron con normalidad por unos minutos, se pidieron un par de refrescos para no llamar mucho la atención y llegado el momento: — Voy al baño un segundo. — Nadja se levantó del taburete y tomó dirección hacia los servicios... solo que no entró en ellos, en su lugar subió las escaleras que quedaban a mano derecha y que conducían al despacho que buscaban. Era especialmente buena en cuanto a sigilo se refería, por lo que para las operaciones de infiltración era siempre la favorita de la lista. Sin embargo Derya... Era puro nervio. Por suerte no tenía mucho que hacer, con no llamar la atención era suficiente. Nadja llegó al despacho, sabían de antemano que en ese momento estaría vacío, pues estuvieron un par de semanas pendientes de cuándo estaba ocupado y cuándo no. Aunque no tenía mucho tiempo, así que silenciosamente pero sin parar un momento, se acercó a la mesa y empezó a rebuscar entre los cajones de madera... ¡Y ahí estaban! Los papeles que buscaba, perfectamente guardados en un sobre escondido tras un falso fondo. Qué truco tan viejo. Nadja le dio un besito al sobre antes de seguir con el siguiente paso: escapar sin ser vista. Se metió el sobre, con cuidado para no arrugarlo demasiado, dentro de la chaqueta y procedió a hacer el mismo camino pero a la inversa, bajando por las escaleras que antes había subido.
Pero... el camarero escuchó algo raro, estaba charlando con Derya, pues su papel era entretenerle y que no estuviera pendiente de la extrañamente larga ausencia de su compañera. Pero un escalón rechinó bajo los tacones de Nadja, ésta frenó en seco. — ¿Qué ha sido eso? — El camarero se giró y comenzó a andar en dirección a Nadja. Tenían que hacer algo... lo que fuera, pero rápido, o el hombre les pillaría con las manos en la masa. Entonces Derya comenzó a improvisar. Tiró el vaso que recogía su refresco al suelo intencionadamente, haciendo un ruido mucho más alto. — ¡ANDAAAA QUÉ TORPE SOY, MADRE MÍA! — Y comenzó a reír a carcajadas, en voz muy muy alta. El camarero abandonó el camino que había tomado, estaba claramente aturdido por el comportamiento de la chica, pero... era una adolescente, si se le veía en la cara, tampoco podía culparla de mucho. — ¡Lo siento mucho, de veras! — Derya seguía gritando. — No pasa nada, chica, no grites. — El pobre hombre se apresuró a tomar la fregona. Y Nadja aprovechó esa brecha de seguridad para terminar de bajar las escaleras. Se metió en el baño, una idea que tuvo en el último momento, y le dio a la cisterna. Así igual no sospechaba tanto... La joven volvió al lado de la gyojin, y con prisa dejó unos berries sobre la mesa. — Muchas grrrasias, vámonos. — Ordenó, y ambas salieron escopeteadas del local. Derya salió literalmente corriendo y riendo. Qué infantil era. Nadja soltó una risita y procedió a seguirla, echando a correr detrás suya. — ¡Esperrrrra! —
Ambas corrían por la ciudad de Arabasta. Derya le llevaba ventaja, como siempre. Nadja odiaba correr, los pechos le dolían y se cansaba mucho, y encima llevaba tacones... qué coñazo de niña. Pero también era divertido. — ¡Te he salvado el culo! — Derya se reía, le encantaba sentir que sin ella la operación habría salido mal. Era verdad, pero Nadja odiaba admitirlo. — ¡Yo sola habrrrría podido! — La gyojin frenó de repente, lo que pilló a Nadja desprevenida, obligándola a frenar también o se chocaría con ella. — Admite que lo he hecho bien. — Que cabezona era. Bueno, realmente las dos eran bastante cabezonas. Nadja se tomó unos segundos para recuperarse, tenía la respiración entrecortada, a diferencia de Derya, que parecía encontrarse perfectamente la jodida. — Vale, vaaaale... No lo has hecho mal, mierrrda. — Derya infló las mejillas, no parecida muy convencida con esa respuesta, cruzándose de brazos. — Eres una desagradecida... — Nadja solo le estaba tomando un poco el pelo, pero de repente le supo mal verla así. Entonces comprendió que no solo era una niña... era una joven revolucionaria lejos de su familia que buscaba la aprobación de sus amigos. A todos nos gusta sentirnos valiosos. Suspiró y le puso una mano sobre la cabeza. Era un poco más bajita que ella, pero no duraría mucho, la gyojin crecía a pasos agigantados. — Grrrrasias. Lo has hecho genial. — La expresión de Derya cambió enseguida, esbozando una enorme sonrisa que podría comerse a cualquiera de un bocado. Nadja le revolvió los cabellos, sabiendo que eso no le gustaba y se echó a reír. Ambas lo hicieron.
Vuelta a la actualidad...
Pronto amanecería, y Nadja seguía en el alféizar. Se había pasado la noche recordando viejos momentos, llevada por la melancolía. Pero ahora, mientras veía como las nubes empezaban a teñirse de color naranja, otra emoción surgía de ella: la curiosidad. ¿Cómo serían esos compañeros de Derya? Era gracioso, porque físicamente los conocía... Pocos días antes llegaron las gaviotas con el periódico y pudo ver, después de tantos años, un rostro nuevo pero conocido a la vez. Derya se había hecho mayor y tenía una recompensa por su cabeza. Qué vueltas daba la vida. — Un oso panda, otrrrro oso, un niño pelirrrrojo y un tío con sicatrrrrrises. — Si Derya había recurrido a ella para cuidar de ellos, es que debían de ser muy importantes para la gyojin. Tomó la última calada del quinto cigarro que se terminaba esa noche y lo apagó sobre el cenicero. Se moría de ganas de conocerles a todos.
