[Autonarrada T3][P.A.] Con los compas no eh
#1
25 de Otoño | Año 18



— ¿QUÉ? ¿CÓMO QUE SE ACABÓ LA COMIDA?

El día inicia con una mala noticia. Mika, como sucede siempre, va a su restaurante de confianza a pedir el desayuno. De hecho, ha caído tan bien en los que frecuentan el local, así como en sus dueños, que se lo sirven gratis, hecho que ella no deja de agradecer. Además, dice que les paga dando espectáculos de canto gratis para el resto de clientes, así atrayendo más clientela. No se ha hecho un estudio para corroborar que esto sea así, pero es lo que ella dice. Sin embargo, hoy no le llenarán el estómago de buenas a primeras. Al presentarse sonriente como todos los días, las caras largas de los dueños del restaurante, un hombre y una mujer de cincuenta años, le provoca un dolor de estómago.

— Esos tipos entraron a robarnos por la noche. Subieron nuestros productos a una carreta y se la llevaron. Intenté detenerlos, pero me dieron una paliza. — Es el varón quien habla. Tanto en rostro como en brazos, pues porta una camiseta de manga corta debajo del delantal verde de cocina, tiene parches y vendas, signos de que debió ser curado debido al ataque sufrido.

Mika se muerde el labio inferior, la sonrisa de siempre desaparece y enseña una expresión de evidente enojo. Sus músculos se tensan y su cuerpo se aprieta, permitiendo que se marque aun más su imponente musculatura. — Relájate, Mika, relájate… — Quiere ir y matar a esos tipos, pero sabe que ese deseo de golpear hasta que no haya objetivo es un sentimiento que debe reprimir. En Samba, Road le comentó que a él le pasa similar, y ahí es donde la actual capitana de los Hijos de la Libertad le dio un discurso de que no puede matar sin un motivo de peso, pues lo convertiría en un ser igual a los tipos que detestan por matar animales inocentes en la selva de su isla natal. Pero, aun así, a ella, por mucho que hable, le cuesta también reprimirse, y mucho…

Y es que, en la actualidad, ya se ha enterado de que sus compañeros se encuentran en Kutsukku. Pucca fue la primera en aparecer, y luego se enteró de la llegada de Road y Eele debido a los dos desconocidos, ahora aliados, que se encontró fuera de este mismo lugar: Hanma y Vesper. Podría pedirles ayuda para resolver este asunto, pero no. Decide que ella, con sus propias manos, recuperará los alimentos robados y les dará una lección a esos malditos. — ¡Trolololo! ¡No se preocupen! — De la nada, se muestra sonriente y energética, como siempre. Pareciera que la Mika de unos segundos atrás era irreal, un espejismo que realmente no existe. Sin embargo, solo finge recuperar su forma de ser. En el fondo está molesta, pero detesta dar una imagen de sí que no le gusta. Además, así también inspirará más confianza en sus amigos. Si les deja ver sus sentimientos negativos, ella, una artista, le estaría fallando a su talento. Eso no se lo puede permitir.

— Yo, la gran Mika, me encargaré de solucionar todo, bobis. ¡Esperen y verán!
— Pero, Mika, no es necesario que te arriesgues. Podemos buscar la forma de comprar de nuevo. Solo deberemos aceptar la perdida de dinero y…
— ¡No! ¡Eso sí que no lo permitiré! Ustedes han sido buenas personas y se han convertido en mis amigos. Si necesitan ayuda con unos abusones, lo menos que puedo hacer es dar la cara por ustedes y poner fuerte espalda para que se apoyen. ¡He hablado!

Sin decir más, y por tanto, dando a entender que no atenderá más contratiempos, se retira del restaurante. En la espalda lleva sus dos alabardas y en la cintura su querido micrófono. No canta, pues no está alegre. No quiere alegrar a nadie con su voz, sino que lo hará cumpliendo con lo prometido anteriormente. En su boca se ve una goma de mascar de color rosa que muerde con ahínco, como si no estuviese disfrutando de su sabor, sino que solo sirviese para que su mandíbula se desestrese moviéndose una y otra vez.

Se le indicó el camino por el que huyeron los ladrones, por lo que lo sigue caminando. Durante el trayecto, varios civiles la observan y, aunque la conocen y se llevan bien con ella, deciden no interponerse en su camino en esta oportunidad. Sucede que su cuerpo desprende una energía negativa, se nota que está de malas pulgas. Su rostro no es el mismo de siempre; su forma de caminar, tampoco.

— Estos tipos gobiernan el territorio, así que no estarán escondidos. Para ellos, robar no existe. Toman lo que les pertenece. Normalmente intento hacerme la tonta cuando me buscan problemas, pero hoy no puedo actuar igual. Pueden intentar golpearme, arruinar mis espectáculos musicales, inclusive tirar mi comida. Pero meterse con mis amigos es algo que no puedo permitir. Me costó tanto empezar a crear amistades, ¿cómo es que ahora dejaría que las pisoteen como si fueran basura? ¡Claro que no! Golpearé tan fuerte a esos bobis que no despertarán en días.

Como previó, no le cuesta dar con el paradero de los bobis. Están en una zona algo desierta, pues no hay civiles. Consta de tres edificios y un grupo de unos 15 tipos que no dejan de reír mientras beben jarras de cerveza y comen distintos alimentos que cocinaron luego de robar. No parece ser la residencia de los peces gordos del grupo, pero sí deben permanecer a ellos. Quizás el líder la busque más tarde por lo que está a punto de hacer, pero eso poco y nada le importa. No pensará en el futuro. Resolverá el ahora.

Podría dar la vuelta e intentar tomarlos por la espalda. Al estar distraídos, podría aprovecharse del factor sorpresa. Sin duda, esa sería una táctica inteligente. Moverse por los edificios, debido a los varios pisos y pasillos que poseen sería lo que hace un depredador veloz que espera paciente a su presa. Pero ella es un cazador diferente. Va de frente, sin dudar. Además, por mucha autoestima que tenga, sabe que es aspectos de sigilo es bastante bobi, por lo que intentarlo realmente sería una perdida de tiempo. A eso le debemos sumar que no está con la cabeza demasiado fría, por lo que optar por la metodología simple y directa le viene mucho mejor.

Sus pasos cesan deteniéndose a veinte metros de distancia del grupo. Debido a su tamaño, el olor tan fuerte y característico que posee, y el sonido que hacen sus pisadas, todos se dan cuenta de su llegada. Es ella quien alza primero la voz.

— ¡Ustedes, bobis, le robaron y golpearon a mis amigos! ¡Y por eso, ahora sufrirán la ira de la gran Mika! ¿Lo entienden? ¡Recibirán el castigo de sus vidas!

Por supuesto, a ellos no les gusta recibir tal amenaza. Conocen a Mika, más de alguno ha recibido algún golpe de su parte, por lo que le tienen resentimiento. Ahora, en un grupo numeroso, se sienten lo suficientemente valientes y confiados como para ir a por ella.

— Mira, gigante estúpida. Todo lo que hay en esta ciudad nos pertenece, y pronto, la isla entera estará bajo nuestro control. Ahora, si no quieres que hagamos canibalismo contigo, mejor vete. Estamos divirtiéndonos y, realmente, una mujer como tú no nos entrega la emoción que deseamos.

Ah, que no solo se conforma con robar, sino que uno de ellos hasta se atreve a despreciarla como mujer. Firma su sentencia de muerte.

Es obvio que Mika no se irá por muchas palabras hirientes que le lancen, así que el tipo de antes realiza un movimiento con el cuello que sirve para indicarle a sus amigos que deben ir a atacar. Ninguno planea hacerlo con sus puños, sino que toman palos, bates, espadas, incluso botellas de alcohol rotas. Todo sirve para lastimar a una tipa que les saca tantas cabezas de altura.

— No los mates, no los mates, no los mates… — En voz baja, se repite eso una y otra vez. No puede olvidarlo por mucho que se encienda al momento de combatir.

Toma desde su espalda el arma Furia Carmesí, el que usa cuando el combate es de lo más serio. Quedándose callada, se lanza hacia ellos. Mika no es el tipo de guerrero que busca bloquear y contraatacar, nunca ha sido demasiado hábil para ello. Usa armas, pero su técnica no está pulida; nunca tuvo un maestro que la guíe. Su estilo se centra en la fuerza bruta y en aguantar. Su cuerpo rápidamente se vuelve víctima de golpes y cortes, por lo que no será raro verla con moretones o cortes dentro de pocos minutos. Eso no le importa. Ella se centra en que sus piernas se mantengan firmes sosteniendo toda su figura. Mientras recibe, golpea. No se contiene. Si debe desgarrar, desgarrar. Si debe aplastar a alguien contra el piso, le aplasta. No tiene compasión, tal como ellos no la tienen con ella.

— ¡Muere, estúpida, y deja de meterte en nuestros asuntos!
— ¡Eso! ¡Eres un fenómeno, así que muere!
— ¡Le llevaremos tu fea cabeza a nuestro jefe para que se divierta jugando fútbol con ella!
— ¡Además, eres fea! ¡Vistes poca ropa para compensar!

A ver, a ver, parece que ahí se pasaron un poco. Pueden desearle lo peor, pero ¿llamarla fea? ¿A ella, que es hermosa, talentosa, preciosa, increíble, huele bien? No, eso sí que termina por enfadarla. El tipo que insultó su apariencia se lleva un embiste directo con el filo de la alabarda en el rostro, rompiéndole la nariz, lanzándolo al piso tras volar unos diez metros y cayendo sobre su propio charco de sangre. Ante tal escena, el resto queda impactado. Algunos dudan sobre si seguir peleando, pero tragan saliva, se arman de valor y continúan. Uno de los golpes que llega en el rostro a Mika la obliga a escupir la goma de mascar que llevaba dentro. Varios lo encuentran asqueroso, lanzándose con más violencia por ella.

Pero la violencia de una bestia es por mucho superior a la violencia humana.

Diez minutos después, los quince tipos yacen caídos en tierra, inconscientes. Ninguno está exento de sangre. Sin duda, la pirata los atacó con todo. A ella podemos verla de rodillas. Su alabarda está tirada a su lado. Respira con fuerza, pues está cansada. También está adolorida, pero no deja que el dolor la venza. — Mierda, creo que fui demasiado bobi… Les di demasiado fuerte. Si el bobi de Road se entera de esto, me molestará hasta cansarse. — No mató a nadie, si es que podemos tomar eso como aspecto negativo, pero seguramente esto le meta en problemas más adelante. — Quizás me convenga quedarme con los bobis para que me ayuden a no meterme en líos tan pronto. — Aunque quién sabe si esa es la estrategia correcta. Por ejemplo, entre sus compañeros se encuentra Pucca, cuya mujer tiende a intentar provocarla indirectamente para que se meta en líos. Mika no se da cuenta de esto.

— Tomaré lo robado y me llevaré la carrera también, para devolverle todo a sus dueños. Espero que no tarden demasiado en prepararme un buen desayuno, pues necesito reponer energía luego de tanto energía. — La verdad es que necesita más un médico, pero esa idea no se le pasa ni por si acaso por la mente. Se hace la fuerte. Una mujer tan espectacular como ella no puede mostrar debilidad.

Lento debido al estado físico en que está, pero termina por reunir todo lo que cree que fue sustraído de mala manera. Eso sí, ella no sabe, pero ha tomado también cosas que pertenecían originalmente a estos tipos. Inocentemente es que regresa con sus amigos, los dueños del restaurante.

Al llegar, ellos quedan con la boca abierta no por ver la carreta con sus cosas, sino por ver el estado en que está su querida amiga.

— ¡Ya está todo solucionado, bobis! — Al finalizar sus palabras, su cuerpo sucumbe y la rodilla derecha cae a tierra. Inmediatamente, ambos humanos se acercan para intentar ayudarla, pero debido a su peso les es imposible moverla para que se coloque de pie. Ella lo hace por su cuenta tras descansar unos segundos. — ¡No se preocupen! ¡Una mujer como yo jamás se rinde ante una pelea tan sencilla como esa! ¡Trolololo! — Sorprende su resistencia.

No la física, sino que la mental.

El que abre este spoiler es bobi
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