Hace quince años, en una de las dependencias del gobierno mundial…
Otra mañana más. Cada día, los soldados que se encontraban en la zona de entrenamiento se levantaban a la misma hora y tenían la misma rutina de siempre: desayuno, tareas, entreno, comida, entreno, descanso, entreno y cena. Pero, aunque le llamasen descanso, era simplemente una manera de que los tutores encargados de los entrenamientos pudiesen tomarse unas cervezas entre medias. Los soldados, sin embargo, tenían que hacer cualquier otra tarea menos sentarse o descansar. Es por esto que en el patio exterior había un cartel de aproximadamente cinco metros que estipulada que estaba prohibido descansar y ser un vago. “Ponte a trabajar ahora mismo”, era la frase que se encontraba, con menor tamaño, debajo del mensaje principal: "El trabajo gratifica". Más que un cuartel de entrenamiento, era un infierno para personas con mentalidad débil. Pero este no era el caso de nuestro protagonista. De hecho, él continuaba trabajando en los descansos, aunque su concepto de ‘trabajo’ difería enormemente de lo que allí se consideraba. En los descansos... Alzeid cultivaba su belleza exterior. Remodelaba sus outfits. Fortalecía su cuerpo. Arreglaba su pelo. A veces, incluso se probaba nuevos maquillajes para cubrir las cicatrices de forma creativa. Así pasaban los días de Alzeid en la academia. Él era una persona con demasiados talentos y muchas de las actividades y/o tareas que le encomendaban le parecían demasiado sencillos. Incluso insultantes...
Cada mañana, Alzeid se levantaba una hora antes de lo habitual para seguir una rutina de cuidado facial y corporal especial. Utilizaba diferentes cremas y aceites para mantener una piel suave y un cabello iluminado. Para él, era muy importante cuidar el cuerpo, ya que era una vasija, el recipiente de las almas, que era lo más importante que poseía una persona. Por esta rutina y por su (extravagante) comportamiento, fue objeto de varios insultos por gran parte de sus compañeros e incluso tutores. No vamos a reproducir aquí los agravios verbales que le dirigían, por lo ofensivos que resultan, pero la persona lectora puede imaginarse cuáles eran los calificativos que empleaban para referirse a él en aquel centro de entrenamiento. Aunque, de un día para otro, estos episodios cesaron hasta el punto en el que los soldados comenzaron a profesar cierta adoración hacia Alzeid, algunos de ellos incluso cediéndole parte de su comida, aunque a él esto no le interesaba. De hecho, comer no era una de sus pasiones, ya que decía que "las comidas no tienen el mismo sabor que las almas" y, por ello, no le prestaba atención. Comía para no perder las fuerzas, pero nada más. Su alimento favorito… era otro. Pero no nos desviemos. Volviendo al tema central, nadie parece saber el motivo concreto de este giro de los acontecimientos, aunque todo apunta a que se debe a la aparición de un soldado muerto en el patio interior del cuartel. La persona en cuestión estaba completamente desfigurada y, este es el detalle que más llamó la atención de las personas del centro, su pelo y su rostro eran las únicas partes del cuerpo que estaban enteras y bien cuidadas. Desde entonces, se corrió el rumor de que ‘la belleza asesina’ habitaba en aquel lugar y no se le podía enfadar. El profesorado ignoró por completo estos rumores, claramente centrados en Alzeid -la referencia a la belleza y la aparición de un cadáver maquillado eran evidencia de estas acusaciones-, principalmente porque él era el objetivo de un incesante acoso cada día desde su entrada en el centro hace más de medio año. Por ello, entendieron que una ofensiva de este calibre no podía ser llevada a cabo por alguien como él y dejaron de centrarse en él. El cambio de comportamiento en los soldados, que comenzaron a admirar a Alzeid, tampoco les llamó la atención y lo consideraron un ‘juego de niños’.
Sin embargo, fueron muchos los que intentaron conocer la verdad detrás de este suceso. Normalmente, se acercaban a Alzeid con un pedazo de comida o algún otro detalle -principalmente utensilios de estética- y aprovechaban el momento para preguntarle. – Oye... ¿has oído hablar sobre el ‘la belleza asesina’? Dicen que es uno de nosotros... – Era la pregunta más recurrente. Alzeid nunca dirigía su mirada hacia ninguno de ellos, sino que la mantenía firme hacia lugares que le llamaban más la atención. Como el cielo... o una pared. – ¿Crees que es importante la muerte de un cuerpo? ¿Acaso no es más interesante conocer... qué esconden nuestras almas? – Solían ser las palabras que pronunciaba después de este tipo de preguntas. – Vayamos a entrenar... Antes de que alguna otra persona vuelva a morir, ¿te parece? – Continuaba, mientras pasaba su dedo índice por el cuello del soldado en cuestión, dejando una pequeña marca debido a los filos que a veces brotaban de su cuerpo y que él era incapaz de controlar o entender en aquel momento. Pensaba que tendría algo que ver con su capacidad para entender las almas. El caso es que este tipo de detalles atemorizaban a cada uno de los jóvenes que se acercaban a él, lo que no hacía más que alimentar la leyenda detrás de ‘la belleza asesina’. De cualquier manera... nunca se descubrió qué fue lo que sucedió. Y Alzeid nunca asumió la responsabilidad por algo que él decía no haber hecho.
Seis meses después…
Eran las siete de la mañana y todos los despertadores comenzaron a sonar al unísono. Era la hora de levantarse y comenzar la rutina diaria. - ¡Alzeid! ¡¡¡Alzeid!!! – Exclamaba un señor desde una de las ventanas de las habitaciones del centro. - ¡¡¡Te he dicho mil veces que no duermas en el patio!!! ¡¡¡Tenemos camas!!! – Continuaba gritando a través de los barrotes que cubrían la ventana. – Esto es verdaderamente una cárcel… - Murmuró Alzeid, mientras sonreía y ondeaba suavemente la mano, saludando al tutor que le estaba regañando. Tan pronto como la silueta de aquel gruñón desaparecía de la ventana, Alzeid comenzó a correr hacia el interior del centro, dirigiéndose rápidamente a su habitación. Comenzaba la rutina de cuidado personal matutina. De vez en cuando, le gustaba pasar las noches fuera de la habitación porque pensaba que las almas se sentían encerradas, como con una cierta sensación de claustrofobia, y necesitaban salir al exterior. Aunque era tan sólo una excusa para poder hacer lo que quería y llamar la atención, que era algo que también le gustaba en exceso. Pero hoy necesitaba estar descansado porque… era día de visitas. Y tendría mucho que aguantar.
Un par de horas después, Alzeid estaría reunido con sus padres en el patio exterior. Llevaban una hora esperándolo, como de costumbre. – Hijo, nos han dicho que no te estás comportando como se esperaría de alguien de nuestra familia. Debes tener modales, ya lo sabes. Eres un gran músico, una persona preciosa y tienes que ser el mejor de la marina. Además… - Las palabras de su madre fueron interceptadas por su padre, que dio un paso al frente y puso su mano derecha sobre el pecho de ella, como indicándole que parara. – La noticia vendrá después de que aprenda qué tiene que hacer y cómo debe comportarse. – Fue tajante. Alzeid se acercó lentamente a él y le abrazó. – Pero papá… ¿No ves que no me aceptan por cómo soy? Siempre soy el mejor en todos los entrenamientos, pero siguen llamándome la atención. ¡Sólo porque soy mejor! – Le abrazó más fuerte. Entonces tenía tan sólo dieciséis años, pero ya sabía fingir como si lo estuviese haciendo durante más de cien años. – Claro que sí, hijo mío. Ven aquí. – Su madre se unió al abrazo. Unos minutos después, ella misma los separaría para darle finalmente la noticia, ignorando por completo a su esposo. – Verás… dentro de poco van a organizar unos entrenamientos muy, muy, muy importantes. Y si ganas podrás acceder al Cipher Pol, que es lo mejor de lo mejor dentro del gobierno. Aprenderás mucho y tendrás mucha fama y dinero. Sólo lo mejor para el mejor de todos. – Empezó a darle besos en la mejilla. - ¿A que vas a ganar por mami y papi? – Continuó con los besos. Era desesperante, pero tenía que aguantar. - ¡Claro, mami! Lo haré por ti y por papi. Seré el mejor de los mejores. – Con sus dos dedos índices, dibujo una sonrisa enorme en su rostro. Y un fuerte pitido indicó el fin de las visitas. Por fin. Para Alzeid, estaba siendo un suplicio aguantar a sus padres adoptivos, quienes nunca habían sentido afecto por él hasta que pudieron ver que podrían sacar provecho de sus habilidades artísticas y físicas. Pero él también acabaría sacando provecho de su familia… tarde o temprano.
Por aquel entonces, Alzeid ya había aprendido a fingir, a actuar y comportarse por imitación y en función de las situaciones en las que se encontraba. Aunque en esto también había influido su infancia en la tribu Tamashi y posteriormente en su estancia como esclavo en un barco pirata. A pesar de ser una persona sádica y maníaca, le gustaba estar rodeado de personas y adoptar un comportamiento y actitud bastante sociable, y esto era algo que le ayudaba a mantenerse firme en este tipo de situaciones. El camuflaje era su estilo de vida y, cuando podía... sacaba a relucir la verdadera naturaleza de su alma. De su ser.
Seis meses después…
Alzeid estaba en su último día de la academia. Durante los últimos seis meses había sido expuesto a un entrenamiento más duro que los anteriores, y todo con el objetivo de lograr unirse al Cipher Pol. Sus padres tenían razón. Tal y como le habían dicho en la anterior visita, los altos mandos habían decidido entrenar a lo mejor de lo mejor para que comenzaran a trabajar en misiones más duras y especializadas del gobierno; esto es, dentro del Cipher Pol. Alzeid fue una de las personas elegidas para ello, por sus enormes avances físicos y académicos. Por algo se había graduado como el mejor de su promoción.
Los entrenamientos fueron muchos y variados, aunque constaron inicialmente de enfrentamientos individuales entre los soldados del centro. De los diez combates que Alzeid tendría que haber luchado sólo se produjeron tres, pues los siete restantes se negaron a combatir con él. Oficialmente, porque no querían aspirar a ser parte del Cipher Pol. Extraoficialmente… tenían miedo de que los asesinara en cualquier momento y su sola presencia les generaba escalofríos en todo su cuerpo. El comportamiento de Alzeid era el más extraño de entre todos los soldados: era maníaco, tenía diálogos sobre las almas en solitario, a menudo se le veía lamiendo objetos afilados en el patio interior a altas horas de la noche… Sus actos no habían hecho más que alimentar la leyenda de ‘la belleza asesina’. Debido a estos logros iniciales, no fue difícil para él convertirse en uno de los nueve elegidos de su promoción para ser parte del Cipher Pol. Así, Alzeid abandonaba la academia obteniendo un puesto privilegiado para su edad.
Terminó de recoger sus cosas, cogió su mochila y la maleta y abandonó el centro. No se quiso despedir de nadie, pues no consideraba que fuese necesario. Sus padres lo estaban esperando en la puerta con una enorme pancarta y un regalo todavía más grande. Como de costumbre, llevaban un par de horas esperando por él. – P-pero… ¿y esto? – Preguntó, fingiendo estar sorprendido. – Es por tu cumpleaños, querido hijo. ¡Hoy cumples dieciocho! – Exclamó su madre, que fue corriendo abrazarle. Él ya lo sabía. - Qué orgullosos estamos... - Dijo su padre, mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos. Aunque parecían estar contentos por él, lo cierto es que sólo estaban interesados en la posición que su hijo había conseguido. Para ellos, esto suponía un gran impulso para el buen nombre de su familia.
Alzeid, con el rostro oculto bajo los brazos de su madre, tenía una gran sonrisa. Una tétrica y tenebrosa sonrisa que era incapaz de ocultar y contener. Pronto comenzaría otra tragedia… y su trabajo como Cipher Pol no había hecho más que comenzar.
Aclaraciones
Inventario
Akuma no mi
