T3 AUTONARRADA; UNA AVENTURA MÁS, UNA AVENTURA MENOS
#1
Atributos Personaje

Una Historia aventura más, una aventura menos.

Un día como aquel Daisen se encontraba dormitando sumido en un profundísimo sueño. En el sueño, Daisen estaba persiguiendo un libro enorme que él mismo había convocado y que llevaba un gran tiempo de sueño sin hacer caso a Daisen. Al principio se había dedicado a darle forma sin embargo había crecido en cuanto a tamaño se refiere. Ahora era tan grande que ocupada un área similar a la que el semigigante ocupaba si se tumbase en el suelo. De ninguna manera había visto un libro de semejante tamaño, no obstante si existiera estaba convencido de que tendría que pesar una barbaridad.

En el sueño Daisen estaba en la biblioteca, como todos los días limpiando y ordenando todos los estantes por secciones. Daisen sacaba los libros para limpiar su lomo, portada y contraportada y muchas veces usaba sus propias creaciones para usarlos de bandeja y poder apoyar sus trapos e incluso otros objetos a cuentas de avanzar más rápido en su tarea, a fin de cuentas el suelo para un semigigante estaba más lejos que para el resto(que no fueran gigantes del todo claro está. Después de ordenar y limpiar el 3 y 4 estante el libro que había convocado para ayudarse comenzó a alejarse y a moverse de forma errática. De manera habitual Daisen tenía que imaginarse el movimiento que quería que hiciera y si no lo quería hacer el libro no se movería de manera errática. Era extraño para Daisen quien estaba soñando realmente pero lo sentía como la propia realidad.
Lo más extraño del sueño fue que el libro se alejaba poco a poco de Daisen, cosa que nunca ocurría. Como máximo se alejaban de él unos 6 metros aproximadamente. Pasado un tiempo Daisen perdió de vista el libro hasta que una sombra se posó sobre él. Ya no estaba en la biblioteca, si no que se encontraba extrañamente en la zona exterior de la casa del viejo abuelo. Allí estaba el viejo, sentado y tomando un café mientras consultaba un libro de literatura, quizás porque era su tema favorito, aunque Daisen juraría que ya le había visto leyendo ese mismo libro.
No le culpaba porque al igual que alguien repite un plato, una bebida o una experiencia porque le gusta, leer el mismo libro puede replicar esa misma satisfacción en el cerebro del anciano. El viejo no reparaba en la sombra proyectada en el suelo, ni siquiera pareció reparar en Daisen a pesar de los ruidoso que siempre era. El hombre acostumbraba a prestar atención a las cosas que rodeaban aunque no les estuviera prestando atención de manera directa. El viejo, con sus lentes de media luna y sus arrugas pasaba los ojos de un lado a otro bajando poco a poco su orientación haciendo así la lectura completa de cada pagina. Cada poco se mojaba los dedos con la lengua y pasaba una nueva pagina, dando así comienzo al proceso de leer las dos nuevas partes del libro. Era algo que Daisen le había visto hacer muchas veces, más incluso de lo que podía recordad.

Daisen se despertó cuando el libro cayó lapidando al anciano. Se despertó con un vuelco en el corazón, estaba hiperventilando y tenía sudores por todo el cuerpo. Busco con los ojos en la estancia donde se encontraba y no era la Biblioteca en la que para él hacía un momento que se encontraba. Se sentía abrumado por la viveza del sueño, quizás vulnerable aunque no era plato de buen gusto para nadie.
Poco a poco se tranquilizo. Se dio cuenta que estaba algo deshidratado así que se incorporó y se puso a a buscar un barril próximo a su catre. Cuando lo localizó casi lo tira, sin embargo consiguió agarrarlo a tiempo, de tal manera que se puso a beber. Tanta sed tenía el semi gigante que se acabó todo el liquido elemento. Sin apenas darse cuenta se había desvelado y como podía ver a través de algunas ranura y huecos de la nave aledaña al hostal donde llevaba ya unas semanas alojándose, se fue directamente a la zona de la estancia donde se encontraban sus pertenencias. Daisen se vistió y se propuso salir de la ciudad en aras de entrenar un poco. Después de todo Daisen se sentía un poco fuera de sitio en estos lugares donde las cosas no estaban hechas para su tamaño. Aunque en la biblioteca del viejo nunca se sintió así, probablemente porque le permitía "viajar" fuera de allí a través de la lectura y de su propia imaginación.

"Espero que estés bien maldito viejo, te echo de menos.Wayayaya".

Como todos los días Daisen tenía una buena caja con comida lo que correspondía al desayuno que estaba incluido en la estancia. Por cortesía de la marina o de Joe aun lo desconocía. Se sentó delante de la caja justo antes de salir de la nave y comenzó a desayunar. El menú de hoy incluía; Sopa de jingsen con Naranja, la cual era capaz de despertar a un muerto prácticamente, debido al subidón de fructosa y vitaminas que aportaba. Lamentablemente la ración era una buena jarra por lo que para Daisen se le quedaba tamaño chupito. También contenía tocino, algo de fruta y una hogaza de pan horneada con aceite, ajo y perejil. Una vez que había terminado Daisen se dirigió a la entrada y salió a gatas como era habitual, previamente comprobando que no iba a entorpecer el paso de nadie, ni a derribar nada y por supuesto que no iba a caerse encima de nada ni de nadie.

Daisen salió de de la nave y se dirigió hacia las afueras. Comprobando rápidamente todos sus enseres Daisen se fue a dar una vuelta por las inmediaciones de la zona. Pensaba que como parte de su trabajo tendría que vigilar de cuando en cuando la zona donde se encontraban a fin de elaborar un perímetro de seguridad. Esto era algo que le llenaba de orgullo puesto que no lo había hablado con Joe, ni con Karglass ni Sephirot, tampoco con Tenma ni Ikirami, pero tenía claro que si alguien se aproximaba con intenciones hostiles le gustaría saberlo. Aunque no fuera a vigilar la zona de manera sigilosa al menos la presencia de un semigigante de 11 metros ciertamente amedrentaría a aquellos que pensaran seguramente dos veces si quieren hacer  algo malo a los civiles de la zona o a los propios marines.

Daisen vestido de marine se fue paseando por el pueblo desde las zonas de extrarradio hacia el centro del pueblo Kakutasu. La verdad es que el pueblo era un lugar tranquilo, no había delincuencia según tenía entendido y lo más extraño que podría pasar sería que arribara algún que otro pirata siguiendo las corrientes de la zona. Durante su camino Daisen se topó con una señora mayor parada delante de un árbol extendiendo sus brazos hasta el mismo haciendo ligeros aspavientos. La señora no medía más de 1,43m llevaba un mandil sobre un vestido de flores muy colorido típico de señora y con un pañuelo verde en la cabeza que le tapaba su pelo largo recogido en un moño.

La señora se percató de la presencia de Daisen mucho antes de que este la alcanzara y resulta que esta señora estaba haciendo aspavientos hacia el árbol porque había un gato de colores pardos en lo alto del árbol que no quería bajar o no sabía como hacerlo. El árbol era un pino muy lustroso de 18 metros de altura. Cuando la señora vio al semigigante entornó los ojos como para ver mejor y sonrió en dirección al gigante.

"¡JOVEN, JOVEN, AYUDA, MI GATO!" Decía mientras se le aproximaba.
La señora llevaba en la mano una lata de Atún con la que intentaba atraer al gato para que bajara. El lindo gatito no parecía muy contento de estar en el árbol y ciertamente parecía frustrado, como si no encontrara la forma de hacerlo bajar.
Entonces Daisen tuvo una idea.

"¿Me prestaría la lata de atún señora? Creo que puedo ayudar a su amigo gatuno". Dijo Daisen mientras escrutaba el árbol desde abajo y extendia la palma para que la señora depositara la lata de atún sobre su palma.

Daisen extendió la mano apuntando hacia su palma donde se encontraba la lata y con un sencillo chasquido de dedo hizo aparecer debajo de la lata un simple libro en blanco. Daisen extendió la mano apuntando al árbol y acerco el libro "como por arte de magia" a las ramas más bajas que nacían bajo la corona del árbol, pues era el punto más próximo al que llegaba con su habilidad.

"Ayuda joven! El pobre bigotes lleva 2 días en el árbol y nadie se ha dignado en ayudarnos".

El pobre gato estaba muy intranquilo y aunque el atún llamaba su atención, el libro no le inspiraba toda la confianza necesaria así que Daisen alejó el libro acercándolo hacia el mismo y se puso a pensar mientras desconvocaba el primer libro y cogía la lata de atún.

Por suerte Daisen tenía gatos y sabía exactamente lo que le vendría bien en ese preciso instante y la clave era el confort. Tal y cual lo había hecho en su primer intento Daisen se concentró en su poder mientras miraba a su palma, justo donde se encontraba la lata de atún. Con un chasquido de su mano una voluta de humo rosita surgió de su palma y justo debajo de la lata apareció un libro de las mismas dimensiones que el primero solo que esta vez estaba adornado por fuera de lana de oveja. Es decir con una textura muy poco eludible de rascar para un gato. Los dos estímulos en su conjunto fueron más que suficientes como para que el gato, cegado por el hambre y la desesperación que le generaba el estrés de llevar allí dos días sumado al irresistible instinto de clavar sus garritas en algo peludo y mullido, hicieron que el gato de la anciana saltara desde las ramas más bajas del árbol hasta el libro. Este comenzó a comer mientras que Daisen hizo que el libro bajara volando lentamente hacia donde se encontraba la señora. Una vez llegó el libro hasta sus manos Daisen hizo desaparecer el libro pero el gato estaba tan concentrado en comer que le dio igual la bolita de humo que surgió donde él estaba.

"Muchas gracias Joven, es usted todo un caballero. De no ser por usted Bigotes seguiría todavía en ese árbol y yo aquí plantada sin saber que hacer. Me gustaría devolverle el favor si usted tuviera a bien ser recompensado".

Daisen quien instintivamente acarició al gato suavemente porque no podía evitarlo, se dirigió a la señora con su tono de voz suave que le caracterizaba.

"Señora no lo hice para ganar una recompensa, si no porque tanto usted como el gato necesitaban ayuda y estaba claro que a mi no me costaba mucho ayudarles. Creo que cualquier persona con dos dedos de frente hubiera hecho lo mismo".

"Bueno, yo pensaba invitarte a un cerdo asado. Mi marido y yo tenemos una granja y el joven bigotes se encarga de los ratones. Aunque cuando no los está cazando me da mimos y muchas veces se duerme conmigo, por eso es tan importante para mí. Acompáñame y te llevaras un cerdo grande, todo para ti o para que lo compartas con tu amigos". Dijo la señora con una sonrisa mirando a Daisen y a Bigotes.

Se trataba de comida y la señora no parecía necesitar comer, por lo que Daisen se acercó con ella y bigotes quien parecía estar agradecido con Daisen también. Llegaron a una especie de rancho donde un cercado de postes de madera diseminaban varios cercos al rededor de un par de edificaciones de madera y piedra. Una vez llegaron el olor a cerdo asado inundó las fosas nasales de Daisen haciendo que no pensara del todo con claridad.

Cuando llegaron un anciano con un peto vaquero y un sombrero de paja saludaron a los recién llegado. La señora le explicó todo y como reacción ha esto el anciano desapareció en el edificio grande para volver poco después con una carretilla y un perfecto cordero asado justo encima.

La pareja le entregó la recompensa a Daisen en agradecimiento y le  prometieron más si volvía en un tiempo, teniendo allí un par de amigos además claro está del mismo Bigotes.



Resumen

fruta

gastos
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#2
AVENTURA AUTONARRADA T3 - COMPLETADA

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