Noble errante y vagabundus vulgaris [Pasado, Social]
#1
Día 85 de primavera


Un suspiro salió de la garganta del hombre, uno pesado que denotaba cansancio y, por qué no, molestia. No había pasado demasiado tiempo desde que decidió echarse a la mar (si es que se le podía llamar a lo que hacía "echarse a la mar"), pero tampoco había necesitado más para asquearse por el estado del mundo en el que le había tocado vivir. Aquella isla, Sorbet, era un buen ejemplo de todo aquello que le molestaba. Un lugar donde las diferencias sociales estaban bien marcadas, entre aquellos que se encontraban arriba del todo en la pirámide social y... el resto. De hecho, hasta la geografía política de aquella isla parecía hacer referencia a esa situación, teniendo en cuenta que la parte norte acumulaba la riqueza y el desarrollo, mientras que la zona sur era humilde, pobre y mucho más atrasada tecnológicamente. 

Había llegado a Sorbet con la intención de documentarse más, una buena forma de ganar conocimientos consistía en ir más allá de la teoría y pasar a la práctica. Visitar islas, conocer sus costumbres, leyendas, formas de vida y problemáticas internas formaban parte de las tareas de todo erudito que se preciara como tal. Inicialmente desembarcó en la zona norte, siguiendo el recorrido que había realizado un barco de civiles. No le había tomado demasiado tiempo para darse cuenta de que aquella zona no le agradaba demasiado, aunque por el bien de su erudición la exploró hasta donde le aguantaron los ánimos. Luego, con su falta de expresividad habitual, tomó rumbo hacia la zona sur.

Y allí se encontraba en aquellos momentos, andando un poco sin rumbo mientras observaba el estado del área más empobrecida. A decir verdad, no desentonaba mucho con el ambiente general, si acaso, él podía ir hasta peor. Vestido con ropajes largos y anchos, oscuros de color y que casi podrían calificarse como harapos, Conrad se sostenía con un recio bastón de madera de metro ochenta, del que se servía para caminar. El pelo tapaba sus ojos y gran parte de sus facciones, haciendo que pareciese poco más que un pordiosero que iba a pedir limosna. Para más inri, el tipo se sentó en el suelo, recostando su espalda en la pared de madera de una cabaña destartalada. A su alrededor había poca cosa, más allá de un camino vacío y polvoriento.
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#2
El tiempo que debía permanecer en aquella isla comenzaba a llegar a su fin, por ello estaba intentando reunir algunas provisiones, podría ir fácilmente a la zona más cara de la ciudad tenía el potencial económico para ello y posiblemente para más, pero le gustaba ayudar en aquella zona, cualquier negocio local era bin agradecido por realizar sus compras allí, y ya tenía en su memoria a cada uno de los ladrones , así como ellos lo tenían en su memoria a él, Cao iba fumando de su pipa de oro mientras miraba las verduras de uno de los puestos.

Cómo voy a echarte de menos Hertrude dijo a la señora mayor del local que ante las palabras de Cao se sonrojó y añadió unos calabacines cortesía de ella de manera gratuita, termino de comprar la fruta y siguió su camino mientras le daba caladas largas que llenaban sus pulmones de humo exhalando nubes de aquel humo de oler a hierbas exóticas, entonces observó a alguien que parecía estar en un estado de indigencia absoluta, quizás incluso peor que su amigo Han Xiangzi con el que se había citado para dentro de unos días, cuentos aparte , Cao se acercó hasta él quedando a un metro del mismo, sus ojos de esclerótica negra e Iris dorado comenzaron a analizarlo de arriba abajo, sus ojos tenían una vista mejorada, por qué captó más detalles, su cuerpo a pesar de una evidente suciedad generalizada mostraba el físico de alguien saludable, era raro.

¿Tienes hambre muchacho? Elevó una ceja mientras miraba la reacción del chico, tiró la ceniza de su pipa al suelo y la piso para apagarla, entonces apretó la pipa contra su cuerpo y la misma se metió dentro de él, era la mejor forma de guardar su objeto de más valor sentimental, entonces sacó unas manzanas de su bolsa y extendió la mano cortando distancias para ofrecérselas.
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#3
No es que estuviese verdaderamente cansado, ni mucho menos. Pero andar sin rumbo no era uno de sus pasatiempos favoritos, y para él era bastante mejor estar quieto para pensar qué hacer. O... para no pensar, abstraerse de lo que le rodeaba, o al menos, estar completamente a su bola era algo muy usual en su persona. Se tiró un poco hacia atrás, dejando caer su espalda por la pared. De esta manera, pasó de estar sentado en una postura mucho más adecuada y digna a parecer un tirado de manual. No es que eso le importase demasiado, las apariencias nunca habían sido su cosa, pero desde luego la apariencia exterior dejaba bastante que desear. 

Fue entonces cuando una voz ajena llamó su atención. Había estado a su aire todo ese tiempo, por lo que no se había dado cuenta que un hombre se había situado justo delante de él. Alzó ligeramente la cabeza para echarle un vistazo, aunque el pelo largo y enmarañado que tenía tapaba por completo sus ojos. A todas luces parecía un vagabundo, uno ciego si su interlocutor se molestaba en unir las piezas del puzle. Aunque cualquier observador mínimamente interesado se podría dar cuenta de que algo fallaba en la composición, tal y como Conrad se había fijado en que la pipa que ese hombre llevaba en la mano había desaparecido sin dejar rastro.

Dejando eso a un lado... ¿le había confundido con un vagabundo, o algo? Solía pasar en más de una ocasión, aunque el hombre del bastón no terminaba de cuadrar el por qué. Eso se repetía, pero cuando decía que era ciego, era obvio que no le terminaban de creer. Ese tipo de cosas, todo sea dicho, resultaban ser bastante graciosas. Como fuera, lo digno sería aclarar el malentendido, pero Conrad no era precisamente un tipo orgulloso y además, le apetecía picar algo en esos momentos. La manzana tenía buena pinta, a fin de cuentas. -Ah... muchas gracias.- Murmuró, haciendo un leve movimiento con la cabeza. Luego estiró un brazo para tomar la manzana. -No hay mucha gente que ofrezca comida así como así, es bueno encontrar a personas que sí.
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#4
A primera vista ya en un acercamiento más directo pudo con su vista mejorada observar bien que la condición física de aquel muchacho no era el de una persona que pasase hambre precisamente, no es que fuese a negarle aún así la manzana, pero cuando la tomó pudo discernir más allá de la fachada , de la primera impresión.

La generosidad en el mundo que vivimos últimamente se considera una lacra, una lástima por qué solo significa que las cadenas ya no necesitan ser físicas...divagó un poco al responderle pues cuando la humildad y generosidad ya no eran mas que problemas ante una vida segura solo significaba que el desorden provocado por las leyes actuales estaba creando una brecha económica tan grande que el odio y el miedo se había instaurado, también es posible que está era de piratería se hubiera anidado en el inconsciente colectivo de manera de alarma constante.

Cao Guojiu es mi nombre ¿Puedo saber el tuyo? No se si era cosa del South blue o quizás era simplemente el destino demostrando ser una perra caprichosa pero aquella isla le había dotado de tantas historias de viajeros que parecía algo más anormal, y eso solo había generado algo sencillo en Cao, curiosidad, mucha curiosidad, le gustaba saber sobre las personas que conocía y más si estás no eran de la isla que habitaban en ese momento, y se podía ver en el estilo de ropa que llevaba aquel muchacho de pelo alborotado.

No creo que seas un mero vagabundo, si fuera así varias en tu isla natal... Sí has llegado hasta aquí tú historia esconde algún secreto, que no tienes por qué contarme... Solo observo daría igual si se equivocaba l no, al final obtendría lo que él quería la respuesta e historia de su nuevo interlocutor, tomaría una de las manzanas y se la llevaría a la boca dando un bocado masticando y notando el dulzor de la misma recorrer sus papilas, a veces pensaba que debería haber practicado algo de cocina, pero bueno sus conocimientos de mercancías y economía ciertamente siempre le habían ayudado.
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