RE: [FIC][Pasado] El robo del azúcar
#1
Un día cualquiera de la temporada de recolección en El Reino de Samba situado en el South Blue

Con 14 años, Juan Sebastián ya era todo un Gyojin, notablemente más fuerte que un hombre promedio, y era perfectamente capaz de acompañar a sus padres en sus viajes. Esto le llevó a pasar más tiempo en el puerto, donde conoció a Zheng, un marinero veterano con el que tenía muy buena relación. Zheng era un hombre desaliñado, en una primera mirada podía verse los años acumulados trabajando en el mar, las arrugas sobre su rostro estaban agrietadas por la sal y bronceadas por el sol de una vida de trabajo. 

Al regresar de uno de sus viajes, Zheng se cruzó con el joven muchacho y le dijo: -Juan ¿Te acuerdas del cómic del que me hablaste? Casualmente me he encontrado esto para ti- mientras sacaba un cómic de su vieja y maltratada bolsa. -Uoooo, ¿En serio viejo? Te guardo este favor.- Los dos siguieron hablando de sus rutinas hasta que 2 vecinos del pueblo se acercaron a ellos, estaban preocupados por los robos recientes que han estado ocurriendo en la isla, temían que la situación fuese a peor y acabase afectando al comercio. Sabiendo que no era un tema para niños, el viejo marinero le sacudió la cabeza al chico y le mandó de regreso a su casa. 

Juan Sebastián a su edad ya era bastante consciente de las preocupaciones de sus mayores y empatizaba con ellos. A pesar de todo, esa preocupación estaba opacada por las ganas de leer el tomo que le dio su amigo. Aunque olía a pescado y a materiales de pesca, el cómic estaba en muy buen estado en comparación con el primero que encontró bajo el mar, para él era un tesoro aún mayor porque venía de alguien especial. 

Al llegar a casa y tras saludar rápidamente a sus padres, se dispuso a leer "M, el brazo de hierro de la Justicia nº1" con una emoción que le hacía abstraerse de todo lo que tenía a su alrededor en su modesta habitación.

M, el brazo de hierro de la justicia: El nacimiento de un héroe 
Con 17 años, el joven Montoya lleva una vida austera, trabaja como herrero en un pueblo abarrotado lleno de delincuencia, cubierto con hollín, y de pelea en pelea por los barrios bajos, no ve una salida de esa vida de violencia. Su mejor amigo, Arturo, falleció en un altercado que tuvieron contra la mafia de la ciudad, impotente y consumido por un deseo imposible de venganza, pasa sus días frustrado en la herrería. 
Su vida dio un giro radical el día que se enteró de que esta mafia había estado secuestrando a chicas jóvenes para venderlas en el mercado negro. Esto cambió el deseo de venganza de Montoya en un ardiente deseo de JUSTICIA. El joven herrero con puños cargados con determinación asaltó por la noche la base de los mafiosos y aplastó los planes de aquellos criminales con la misma firmeza con la que golpea el acero con el martillo. Tras 3 días de lucha sin cuartel y a costa de su brazo derecho, acabó con Rugen, el líder de la mafia. 
Este fue el comienzo del camino de un hombre cuyas hazañas se convertirían en leyenda.

 
Juan Sebastián lo tuvo claro, era él, ese era el tipo de hombre que quería ser, no era solo valentía lo que debía guiar sus pasos, era la justicia. Con este sentimiento marcado a fuego en su corazón, decidió ir en la noche en busca de los ladrones.
La noche era tibia y cerrada, de no ser por las luces del pueblo, no se podría ver a pocos metros de distancia, era el ambiente ideal para un delito. Lo inevitable ocurrió y, por fortuna, no pasó desapercibido a los ojos del joven, Una panda de delincuentes estaba saqueando uno de los almacenes de azúcar, sin vacilar, y con la determinación de una flecha, Juan se plantó de cara a ellos y exclamó -¡¡Deteneos ahora mismo, sucios delincuentes!!-. Los criminales no mediaron palabra y sin dudar se abalanzaron sobre él. Juan luchó contra ellos con la fuerza propia de un gyojin, pero eran 10 adultos fornidos, demasiado para un niño. Tras un duro forcejeo le propinaron una paliza y lo dejaron inconsciente. Los ladrones volvieron rápidamente a su faena, pero, debido al bullicio, empezaron a acudir vecinos que estaban en distintas zonas haciendo guardia, acompañados de los guardias del pueblo. Entre todos redujeron a los forajidos y trataron rápidamente al pobre Juan, que se levantó días después. 

Sus padres le riñeron por su imprudencia, por preocupación más que nada, aunque no podían ocultar el orgullo por las acciones de su hijo. Juan estuvo un tiempo pensativo, no bastaba solo con valentía o con un gran sentido de la justicia para ser como M, debía hacerse fuerte. Esos ideales se aferrarían para siempre a él, no como las pompas que soplaba de su caracola, que explotaban rápidamente en el aire.
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
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